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Estudios filológicos

versión impresa ISSN 0071-1713

Estud. filol.  n.41 Valdivia sep. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132006000100002 

ESTUDIOS FILOLOGICOS 41: 19-30, 2006

 

Funciones en el Diario de Viaje i Navegación del padre García*

Functions in the Diario de viaje i navegación of father García

 

Juan Bahamonde Cantín

Universidad del Bío-Bío, Departamento de Estudios Generales, Avenida Collao 1202, Concepción, Chile. E-mail: jbahamon@ubiobio.cl


Este artículo intenta determinar las diferentes funciones y la diversidad de sentidos de la crónica Diario de viaje i navegación (1766-1767) del padre José García, complementado con otro relato a manera de apéndice, titulado Breve noticia de la misión andante por el archipiélago de Chiloé por el espacio de ocho meses. El análisis aplicado al texto del sacerdote jesuita, a cargo de la misión (o parroquia) de Cailín (Chiloé), es desarrollado mediante el apoyo de teorías complementarias, propuestas especialmente por Roland Barthes, Paul Ricoeur y Tzvetan Todorov.

Palabras clave: tiempo histórico, tiempo mítico, tiempo utópico, evangelizador, colonizador, navegante.


The present article is an effort to define the different functions and the diversity of senses of the chronicle Diario de viaje i navegación… (1766-1767) of Father José García, complemented with an appendix entitled Breve noticia de la misión andante por el archipiélago de Chiloé por el espacio de ocho meses. The analysis of the text of the jesuit Father, of the parish of Cailín, is developed with the support of complementary theories proposed by Roland Barthes, Paul Ricoeur and Tzvetan Todorov.

Key words: historical times, mythical times, utopian times, evangelist, colonizer, navigator.


 

1. Primeros antecedentes

La crónica en estudio lleva por título: Diario del viaje i navegación hechos por el padre José García, de la Compañía de Jesús, desde su misión de Cailín, en Chiloé, hacia el sur, en los años 1766 i 17671. Como tipo discursivo de su época, según Walter Mignolo (1998: 57-65), corresponde a las cartas relatorias, por cuanto habla de tierras hasta ese momento "nunca vistas y por ello ignotas"2.

Ahora bien, para poder situarnos en el contexto histórico-religioso-social del Diario, la parte inicial de este trabajo la haremos siguiendo de cerca el capítulo primero Descubrir, del estudio de Todorov La conquista de América. El problema del otro (1987: 13-58)3; en consecuencia, situamos la crónica en su condición de "historia ejemplar", de acuerdo al siguiente orden: 1) El Diario considera una unidad de tiempo cronológico: desde el 23 de octubre de 1766 hasta el 30 de enero de 1767 (tres meses y siete días); pero el discurso histórico corresponde al gran tiempo objetivo, con mayúscula -en palabras de Paul Ricoeur "dimensión episódica de la narración"- (1987).

Dividido en 85 jornadas (en lugar de evento o episodio hemos preferido utilizar jornada, por cuanto es un término más abarcativo, incluye funcionalmente dos aspectos: la navegación del día y las actividades prácticas efectuadas, las cuales no necesariamente se circunscriben a un día); 2) Una unidad de lugar: la misión de Cailín (situada frente a Quellón, al sur de la isla de Chiloé); 3) El extenso espacio recorrido (el viaje de ida: desde la isla Cailín, pasando por numerosas islas, cruzando el istmo de Ofqui y descendiendo por el río Lucac hasta el canal Mesier, frente a las islas Bakers, en las cercanías del paralelo 48. El viaje de regreso, aunque más breve: partiendo del canal Mesier, siguiendo un recorrido similar al de ida, visitando otras islas del archipiélago de las Guaitecas y, finalmente, culminando en la misión de Cailín); 4) Y una unidad de acción: la percepción que el padre García tiene en su expedición evangelizadora al navegar en piragua por sectores geográficos desconocidos y conocer formas de vidas diferentes a las suyas. De esta manera se acrecienta lo que Todorov denomina el descubrimiento del otro, temática que será abordada en la segunda parte de este trabajo.

En el aspecto discursivo, El Diario de viaje y navegación, en su condición de relato histórico, se estructura de la siguiente forma: a) Considera, primeramente, un discurso introductorio o inaugural. En palabras de Barthes: "…lugar donde se juntan el comienzo de la materia enunciada y el exordio de la enunciación" (1970: 40); b) Le sigue el discurso principal, escrito en tercera persona plural (cuando el enunciante, en este caso el cronista José García, "organiza su propio discurso, lo retoma, lo modifica a lo largo del camino; en una palabra, le asigna referencias explícitas"), el cual finaliza con los signos de destinación, por cuanto el colonizador-evangelizador cierra con un discurso verificativo, dirigido a un auditor específico (los representantes de su orden religiosa y de la monarquía): "Ya el terreno está descubierto, la cosecha de almas en sazón". Y complementa su deseo espiritual con un discurso apelativo dirigido a Dios: "¡Oh! quiera el cielo concedernos proporcionados medios para conquistar a Cristo estas naciones". (Día 30, p. 42). Finalmente el Diario cierra con un discurso dubitativo, por cuanto el jesuita expresa un anhelo ficticio no cumplido: "Si hai españoles perdidos por el estrecho magallánico, este es el seguro medio de saberse". Ahora bien, siguiendo a Barthes (1970: 42), en la organización discursiva se produce el roce de los tiempos: el tiempo de la enunciación y el tiempo de la materia enunciada (esto sucede, porque el enunciante del discurso es al mismo tiempo participante del proceso enunciado, en que el protagonista del enunciado es también protagonista de la enunciación; en que el cronista, actor en el momento del hecho, se transforma en narrador). Concluye el discurso con un apéndice final (narración descriptiva, alusiva a la misión andante), complementado con un extenso anexo (cuadro esquemático de 77 capillas, considerando los siguientes datos: familias, personas, comuniones, bautismos, casamientos y difuntos).

2. Antecedentes que forman la red conceptual: fines y motivos

En el aspecto comprensivo de la crónica del padre García recobrarán importancia los procedimientos teóricos del estudio Tiempo y Narración de Ricoeur (1987: 117-152), especialmente el tomo I "Configuración del tiempo en el relato histórico", los cuales serán aplicados parcialmente al análisis. En consecuencia, el estudioso plantea que "para resolver el problema de la relación entre tiempo y narración -dice- debo establecer el papel mediador de la construcción de la trama entre el estadio de la experiencia práctica que la precede y que la sucede". En este sentido, el argumento -del Diario en este caso- "consiste en construir la mediación entre tiempo y narración demostrando el papel mediador de la construcción de la trama en el proceso mimético" (1987: 119). Por lo tanto, corresponde primeramente situarnos en la etapa de precomprensión, en donde la composición de la trama se enraíza, a través de sus estructuras inteligibles, de sus estructuras simbólicas y de su carácter temporal.

En relación al documento del viaje de García, será necesario revisar la red conceptual, por cuanto las acciones implican fines, motivos, agentes, etc.

      a) Primeramente es necesario considerar los motivos o propósitos del viaje, los que se encuentran explicitados a nivel intratextual, esto es, en el discurso introductorio (mencionado antes). Son tres los propósitos que promueven la expedición del padre García: uno netamente evangelizador, se refiere al interés por evangelizar "jentiles" (paganos); el otro más práctico, de carácter geopolítico, está vinculado con la preocupación española de explorar territorios desconocidos, y el tercero, un tanto más ficticio, particular y ambicioso, está más relacionado con la preocupación de encontrar españoles cerca del Estrecho de Magallanes.

También es importante tener presente que el viaje del padre José García se enmarca en el "Proyecto Misionero Austral de 1764"4, presentado desde Chiloé al padre provincial de los jesuitas en Santiago, con el propósito de pedir un aumento de misioneros para evangelizar muchas "naciones" que se encontraban situadas hacia el Estrecho. Esto posibilitó la fundación de la villa de Chonchi y el establecimiento de la misión de Cailín, con dos religiosos. De esta manera la realización de la empresa evangelizadora en el archipiélago austral contó con financiamiento5.

A esto es necesario agregar otros antecedentes conocidos por el Rey de España, como el interés de los ingleses de posicionarse en estas latitudes del sur. Estas pretensiones inquietaron al monarca español, entendiendo la evangelización impulsada por los jesuitas hacia estas latitudes como un medio oficial y eficaz para hacer presencia y colonizar estos territorios inexplorados6.

Pero en la crónica del sacerdote jesuita, aparte de estos dos propósitos mencionados previamente, también hay evidencia de un tercer objetivo que tiene relación con una preocupación más personal en su intento de obtener noticias de la presencia de españoles en los canales magallánicos. Hay antecedentes bibliográficos que manifiestan que en esos años la existencia de la Ciudad de los Césares era una creencia muy generalizada. Se daba como un hecho que aquella ciudad se habría fundado con los náufragos de la expedición de Alonso de Camargo (Tampe 1981: 32). Este antecedente es posible analizarlo a la luz de lo expresado por el jesuita José de Acosta, quien en su tratado denuncia que los religiosos emigraban de sus tierras más por intereses económicos que netamente religiosos7.

      b) Para poder comprender la modalidad del viaje del padre García y de cómo surge el Diario del viaje como documento oficial, es necesario adentrarnos en los procedimientos religiosos y administrativos implantados por los jesuitas.

Con respecto a la modalidad religiosa, es necesario destacar las "misiones andantes o circulares", que consistían en que los padres de la Compañía de Jesús visitaban cada año las numerosas capillas de la provincia. Permanecían en cada localidad durante tres o cuatro días dos sacerdotes atendiendo a los pobladores (los indígenas llamaban Butas Patiru al misionero más antiguo y Pachi Patiru, al segundo misionero). Ya mencionamos anteriormente que el padre García complementa su Diario de viaje i navegación con una crónica informativa, a manera de apéndice, con el título: Breve noticia de la mision andante por el archipiélago de Chiloé por el espacio de ocho meses. En esta referencia ilustrativa se describe cómo se inicia la "misión circular" (visitas pastorales que comenzaban en septiembre y se prolongaban hasta el mes de mayo del año siguiente). Aparte de la importancia religiosa, estas misiones cobraban una significativa trascendencia político-administrativa, en el sentido de que en estas ocasiones se efectuaba un verdadero censo oficial de los habitantes de cada capilla, registrándose importante información (García adjunta en anexo un padrón como muestra).

Los jesuitas también crearon un cargo entre los nativos: el fiscal. Generalmente en cada capilla esta función meritoria y de gran responsabilidad recaía en el indígena más capacitado espiritualmente, capaz de representar dignamente al sacerdote.

Pues bien, estos antecedentes están formalmente relacionados con la modalidad propia de evangelizar de los jesuitas, impartida y aplicada en el viaje del misionero García, aunque necesariamente adecuada a las circunstancias específicas de esta expedición.

Por otra parte, el Diario de viaje, en cuanto informe epistolar, está basado en las cartas anuas, utilizadas por la Compañía de Jesús. Pues bien estas "formaban una especie de periodismo interno dentro de la orden. En ellas se daba primacía a lo que hacía noticia"8. El texto del padre García es una especie de "carta anua", pero más amplia9; no obstante está destinada a los mismos fines, dirigida a las autoridades administrativas y de orden religiosa, por cuanto informa detalladamente lo que ocurre día a día, en una empresa de carácter oficial, financiada con fondos del erario nacional.

      c) A los antecedentes anteriores, relacionados con los fines y motivos, también es importante agregar la experiencia anterior (conocimiento a priori) en materia de viajes expedicionarios hacia el sur, los cuales sirven de base para la decisión y elección del cronista José García. En la época existían antecedentes relacionados con el viaje y evangelización del padre Mascardi, de la Compañía de Jesús, que datan del año 1670. Además, el padre José García, junto al padre Juan Vicuña, tuvieron una experiencia dos años antes, al navegar en piraguas hacia el río Butapalena. De aquí se deriva la elección del padre José García para efectuar esta importante expedición.

Estos son los antecedentes que forman la red conceptual, los cuales han sido presentados siguiendo un orden paradigmático, en consecuencia -siguiendo a Paul Ricoeur-, "dominar la red conceptual en su conjunto es tener la competencia que se puede llamar comprensión práctica" (1987: 121).

2.1. Presencia de símbolos. En cuanto a los símbolos, dice Ricoeur: "Si la acción puede contarse, es que ya está articulada en signos, reglas, normas: desde siempre está mediatizada simbólicamente" (1987: 124). En el discurso en estudio muchas de las acciones del cronista son apoyadas a base de símbolos sacros (el bastón, la medalla, las vestimentas, etc.), los que son utilizados para solucionar una necesidad espiritual (conseguir almas) o vital (sobrevivir de las terribles tormentas en el mar). Así, en repetidas ocasiones, el abate García lanza a las olas embravecidas, sujeta de un cordel, la medalla de San Javier, consiguiendo la protección divina deseada.

También las acciones de los indígenas, hacia quien dirige sus propósitos evangelizadores el cronista, están matizadas de simbología mítica, la cual es variada. De esta manera, es común que los indígenas, frente a diversas situaciones naturales, se pinten la cara, ya sea con fines proteccionistas (como sucede, a manera de ejemplo, el día 10 de noviembre, p. 14, cuando la tripulación ingresa a la laguna de San Rafael de Ofqui) o con propósitos rogativos. Veamos un ejemplo, relatado por el misionero (día 12 de noviembre, p. 15):

…se subieron de la laguna al lugar de alojamiento… tres piraguas, por la tarde nos impidió la lluvia trabajar, pero la ocupó un indio caucahue en pintarse la cara, i preguntado por qué hacía aquello, respondió que lo hacía para que hiciese buen tiempo.

2.2. Los caracteres temporales. Finalmente, y ahora en relación al tercer anclaje de Tiempo y narración, nos preocuparemos de los caracteres temporales, los cuales en esta etapa de prefiguración se presentan en el Diario de viaje de la siguiente forma: siguiendo la trayectoria del protagonista-cronista, existe en el texto un tiempo histórico, proyectado con el inicio de la expedición (día 23 de octubre de 1766); subyacente a este tiempo aparecen los dos propósitos principales de la carta relatoria: evangelizar a los indígenas que residen en estos apartados y desconocidos territorios (en palabras del abate: "lograr la conquista de muchas almas para Dios, sacándolas del jentilismo i conduciéndolas al gremio de la santa Iglesia", p. 4) y colonizar lugares inexplorados. Pero también existe un tiempo utópico, relacionado con el tercer propósito: encontrar los españoles perdidos y, en consecuencia, la Ciudad de los Césares (este deseo indagatorio es permanente en García durante todo el viaje). A esto hay que agregar un tercer tiempo de carácter mítico, vinculado estrechamente con las creencias, supersticiones y formas de vidas de los indígenas descubiertos. En consecuencia, el tiempo histórico principal es mediador entre estos dos tiempos secundarios existentes en la crónica (utópico y mítico).

3. Las acciones del cronista (agente): evangelizador, navegante, colonizador y etnógrafo

Esta segunda etapa, en que la parte configurante de la trama recobra importancia, será analizada desde la perspectiva de las acciones individuales del cronista, quien en su papel de agente "hace y puede hacer cosas que se consideran como obra suya" (Ricoeur: 121). Por este motivo, para poder distinguir diferentes dimensiones del padre José García, en su función de narrador y héroe de un acontecimiento o historia ejemplar, nos hemos apoyado en Todorov (1987:

13-58), por cuanto analiza las dimensiones de un descubridor, refiriéndose a Colón y "su comportamiento frente al otro". En consecuencia, se hará una breve comparación entre las acciones de ambos héroes (Colón vs. García), haciendo resaltar las del evangelizador, las que detallamos a continuación:

a) García, al igual que Colón, describe y resalta lo que ve: peces, pájaros, plantas. Estos elementos naturales pasan a ser personajes principales de las aventuras que relata. En este sentido el jesuita se vuelve etólogo. Además, el evangelizador, entre los personajes que se relacionan con él, no destaca a nadie en particular, sólo los menciona y diferencia por raza y número (Ejemplo: "Dispuestas ya cinco piraguas… se embarcó la jente: cinco españoles, treinta i cuatro indios caucahues…").
b) García, como navegante, describe los relieves, los puertos, sabe elegir los lugares donde anclar, es capaz de dirigir técnicamente una navegación, usa términos náuticos, etc.; es decir, posee el sentido práctico del marino (al parecer, aquí hay un saber a priori y en este aspecto se asemeja a Colón). Y como sacerdote, las dificultades marítimas las supera simbólicamente mediante el apoyo divino; es así como -en las continuas tempestades que deben sortear las frágiles piraguas- en repetidas ocasiones encomienda sus oraciones a Nuestra Señora de Desamparados o arroja al agua la medalla bendita de San Javier, pendiente de un cordel, en acción rogativa hacia el Santo Patrono de la expedición.
c) García difiere con Colón, por cuanto no es sólo un descubridor de tierras desconocidas, ya que su acción evangelizadora trasciende el plano estrictamente religioso y colonizador. De esta manera, no existe en él mayor interés de figurar, como sucede con Colón, no toma posesión de ningún lugar y si lo hace es sólo en un sentido simbólico espiritual, clavando una cruz o celebrando una misa como testimonio de que en tal sitio estuvo un español representante de Dios10. Tampoco otorga nombres a los lugares que descubre; por el contrario, respeta la toponimia indígena (es que para él lo espiritual es primario, lo político es secundario, por lo tanto, la función nominadora está ausente). Sólo bautiza con nombres religiosos las cinco piraguas utilizadas en esta heroica misión (San Miguel, San Juan, San José, Nuestra Señora de Desamparados y Nuestra Señora del Carmen) y los lugares de asiento (Ejemplo: el rancho de Nuestra Señora de Mercedes).
d) Colón siente preferencia por las tierras, no por los hombres; además, no le interesa su lengua. El padre García, por el contrario, busca, de isla en isla a los jentiles o paganos para convertirlos en cristianos; por lo tanto, su propósito es específicamente espiritual. Y si éstos andan semidesnudos no siente asombro, por el contrario, su función es proteccionista; por este motivo -amparado en su formación religiosa y su sentimiento de superioridad- determina protegerlos regalándoles vestimentas. En este sentido el abate jesuita se preocupa del hombre, como criatura desvalida, siguiendo de cerca los preceptos de la Compañía de Jesús (la frase: primero "hombres", luego "cristianos", inspira la orientación evangelizadora desde mediados del siglo XVI hasta fines de la época colonial). En este aspecto, espiritual y cultural, García es "asimilacionista"11.
e)

El "asimilacionismo" se traduce en intenciones del héroe por sobre sus subordinados, en el Diario se produce a través de diferentes acciones: el padre García desea que los indígenas que va descubriendo anden vestidos (esto se cumple plenamente, puesto que a los indios les regalaba vestimentas); que dejen sus supersticiones (ritos, creencias, machitunes, etc.); que aprendan sus costumbres y comportamientos prácticos de la vida; que conozcan, se familiaricen y respeten los dogmas religiosos; que, si es posible, como son indios nómadas, le sigan hasta su misión de Cailín. Pues, en este aspecto, él ha descubierto que los indios son portadores de cualidades cristianas y eso conduce a una conversión ideal. El padre García, en su dimensión de evangelizador y de hombre extranjero (español), es plenamente "asimilacionista".

Ahora bien, a la inversa, esta dimensión asimilacionista es captada por los indígenas en un sentido práctico, es decir, ser evangelizados les permite, al mismo tiempo, lograr objetos elementales que les posibiliten apoyo y bienestar (ejemplo: "Aquí me dijo un viejo indio caucahue… que daba gracias a Dios de ser cristiano, que ahora ya tenía hacha, vestido i comida" día 6, p. 23). Por otra parte, los jentiles o paganos sentían verdadera admiración por este ser, enviado de Dios, con otras costumbres y que vestía de manera tan especial.

f) Pero al "asimilacionismo" se opone el "sincretismo", al cual debe someterse el padre García para poder llevar adelante su empresa, esto es, sin la cooperación12 de los indígenas de su misión no habría podido efectuar la expedición venciendo las dificultades de la naturaleza, como luchar por subsistir ante las inclemencias del tiempo; lograr navegar en mares desconocidos (canales, lagunas, golfos y glaciares), mediante el apoyo de los "prácticos"; poder alimentarse en lugares tan apartados e inhóspitos sólo de lo que el medio otorga (aves acuáticas, lobos y mariscos).

3.1. Naturaleza vs. cultura. Por otra parte, en el Diario del abate García se percibe nítidamente la dicotomía naturaleza/cultura. Esta la oposición naturaleza/ cultura es una diferencia que propone, o inventa o crea la cultura para distinguirse de la naturaleza. Para actualizar esta conceptualización nos apoyamos en Derrida, quien actualiza el concepto propuesto por Lévi-Strauss: "Pertenece a la naturaleza lo que es universal y espontáneo y no depende de ninguna cultura particular y de ninguna norma determinada. Pertenece, en cambio, a la cultura, lo que depende de un sistema de normas que rigen la sociedad y que, por tanto, pueden variar de una estructura social a otra" (1967:18).

¿Cómo se produce esta dicotomía en el discurso del sacerdote misionero valenciano? Veámoslo en tres situaciones en que el cronista cumple tres roles diferentes, como navegante, como evangelizador y como etnógrafo.

Como navegante y colonizador (puesto que su empresa es financiada por el rey), si bien es cierto que García es capaz de organizar el programa de navegación (tiempo histórico), sin embargo, son los nativos los conocedores de la ruta y la geografía y, por lo tanto, los conductores materiales de la empresa; en consecuencia, el padre García como navegante y colonizador está en una relación de dependencia de los nativos. Lo mismo sucede en el plano de la alimentación, por cuanto debe adaptarse a las costumbres de los indígenas, comiendo lo que el medio marítimo les entrega: pájaros "colmanes", huevos de pájaros "piupigues", lobos, etcétera.

Como misionero entra en conflicto con las numerosas prácticas supersticiosas que percibe, propias de la cultura de los nativos y que se inscriben en el mundo mítico (machitunes y maleficios, etc.). No obstante, en este aspecto mágico-religioso se actualizan ritos de ambas culturas; así, por ejemplo, en los momentos de navegación muy dificultosa debido a los temporales, el sacerdote español recurre simbólicamente al socorro divino, rezando letanías a la Virgen y arrojando al mar la medalla del Santo Patrono. Pero hay una diferencia importante: los ritos de los indígenas son costumbres paganas y, en consecuencia, el proyecto del misionero es erradicarlas. En cambio, los ritos del sacerdote están circunscritos a los dogmas cristianos, por lo tanto, deben ser practicados y asumidos por los indígenas.

Finalmente, en su papel de etnólogo, García, como descubridor de etnias (caucahues, calenes, taijatafes y lecheyeles), su actuación es propia del investigador, por cuanto apunta en la crónica del viaje todo lo que le llama la atención: vestimentas, atuendos, ramadas en que habitan, bailes y cantos, formas y estrategias para cazar en el mar, etc.

Resumiendo, pero ahora desde la perspectiva del tiempo, en el Diario se produce la siguiente situación: en cuanto al tiempo histórico -relacionado con la extensa expedición y los propósitos del cronista- se puede determinar que el proyecto casi se cumple plenamente al lograr explorar y evangelizar por primera vez a los habitantes de estas regiones abandonadas, llevándolos a su misión de Cailín. Dice el cronista (el día 17 de diciembre, p. 30): "… pero el no tener ya bastimento desanimó a la jente i determiné volverme a mi mision, admirando los altos juicios de Dios; pues los que el año antes quedaron concertados de venir a mi mision no se hallaron, i los que no lo pensaban fueron hallados donde no pensábamos i lograron hacerse cristianos". No obstante, como no alcanza al territorio de los taijatafes, entrega "el bastón de embajador con la laminita de San Javier al taijataf Antonio Chaya, para que fuese a su tierra, i en mi nombre juntase la jente de su nación que quisiese ir a mi mision i con ella me esperase el año siguiente" (día 18, pp. 30-31). De esta manera, García nombra simbólicamente al embajador taijataf como su representante (o "fiscal") de su "nación" o comunidad.

En relación al tiempo utópico, como se manifestó previamente, el cronista, por razones de carencia de provisiones, no alcanza hasta el Estrecho de Magallanes, es decir, no descubre la tan anhelada Ciudad de los Césares, permaneciendo, por lo tanto, en el tiempo del eterno presente. Dice el Cronista (día 20 de diciembre, p. 33): "La nacion Tayatafar, que vive entre 48 i 49 grados de altura… dice que hai por allí cerca una isla llamada Anafur, que quiere decir "isla de jente perdida", i que tiene mucha jente; quizás pueden ser descendientes de náufragos".

Finalmente, en cuanto al tiempo mítico, evidenciado preferentemente a través de ritos y machitunes, se enfrenta al tiempo histórico, pero por la fuerza cultural que posee en el pueblo indígena se mantiene. A manera de ejemplo (día 20 de enero de 1767), ya en el viaje de retorno, expresa el abate García el siguiente relato testimonial: "Fuimos a alojar a la isla Lal, en donde los jentiles a una criatura que ya días venía enferma le hicieron su machitun para que sanase; espero en Dios que en breve, siendo cristianos dejaran esto…".

4. Presencia de Bricolaje, en sentido Lévi-Straussiano

Analizando otro aspecto de la crónica del padre José García, se cumple plenamente lo afirmado por H. Neira, en su artículo "Bricolaje literario en filosofía y ciencias sociales" (1995: 142) en el sentido de que la literatura otorga crédito, es decir, un préstamo de recurso lingüístico, en este caso a la etnografía. El crédito, dice el estudioso, tiene forma de bricolaje en el sentido lévi-straussiano, es decir, de adaptación de técnicas para un fin distinto del que fueron creadas13. No se trata de forma, sino de que el contenido intelectual de algunas demostraciones requiere descripciones, tensión, tono y personajes que son literarios.

El discurso histórico del padre García, en su preocupación o tratamiento temático (evangelización y exploración de las "naciones" o tribus indígenas que poblaban la zona austral (caucahues y calenes, principalmente), aborda situaciones de carácter náuticas y etnográficas, por cuanto entrega en numerosas ocasiones antecedentes relacionados con las dificultades en la navegación por los canales y golfos, formas de vida de los indígenas (alimentación, costumbres y supersticiones), etc. Y siguiendo de cerca el artículo de Neira, se produce el hecho del bricolaje y del crédito literario, por cuanto el etnógrafo y navegante "no sólo tiene que convencer que pasó por allí, sino que, además, de que si nosotros recorriéramos los mismos sitios que él, veríamos lo mismo"14.

4.1. Presencia de diversos procedimientos discursivos. Para ello -y retomando el punto anterior-, como ocurre con las narraciones alusivas a costumbres y supersticiones, el cronista acude a diversos procedimientos discursivos (genéricos) con el propósito de dar cuenta de lo que ve, como testimonio, y de lo que escucha. Lo que ve lo transmite como un "caso" o chasco o historia15, relacionado con un hecho testimonial extraordinario, generalmente vinculado a las creencias y costumbres de los indígenas. Ejemplo de relato testimonial, centrado en la descripción que hace el cronista de un machitún (día 13, p. 37): "Luego que llegamos [a Taguahuen] se bañó un jentil de los que traíamos, i después, metido en su ramadita se sentó, i su mujer sentada a su lado empezó a refregarle las espaldas y pecho; unas veces lloraba, otras cantaba, otras se quejaba i otras aplicando la boca a la espalda, aullaba como quien se espanta de alguna cosa".

En cambio, lo que escucha el misionero (Barthes lo distingue como shifter de escucha) lo transmite como "caso" (hecho ocurrido al indígena informante o a un familiar de éste), y también como "leyenda" (suceso vigente, con huellas de verdad, que circula entre los indígenas de ese sector), como sucede el día 27 de enero (p. 40), cuando llegan a la isla Vielaiguai, en la que se ven grandes quemazones. Agrega el sacerdote: "…i me dicen es la isla donde cayó la bola o nube o fuego el año 1738". Complementamos esta información ficticia con la referencia textual citada, a pie de página, en la misma crónica, dice: "El bólido [meteorito] que cruzó de norte a sur la isla grande de Chiloé i cayó en las Guaitecas tuvo lugar el 30 de diciembre de 1737".

Finalmente -y a manera de ilustración- presentamos un ejemplo de "caso" escuchado por el misionero jesuita (día 13, p. 26):

Me contaron muchas cosas que habían hecho allí los ingleses. A un caucahue, que ya murió cristiano en mi mision, le hicieron los ingleses gobernador de aquel país i le dieron un bastón con puño de plata. Tenían los ingleses separado algunas cuadras de su alojamiento a un hombre i no le daban ración; los caucahues, aunque jentiles, lo visitaban i socorrían con marisco i carne de lobo; i el pobre hombre solo les decía señalando hacia el norte. "Chiloé, Chiloé, donde están los españoles".

Se puede determinar que a través de estos diversos tipos de narraciones se acrecienta no el evangelizador, sino el etnógrafo, quien da noticias de novedosos sucesos y curiosas formas de vida. Pero -agrega Neira- no basta con la iniciación exitosa y con que su autor haya "estado allí", sino que es necesario transmitir la familiaridad con ese ambiente, transmisión que se consigue con procedimientos discursivos. El lenguaje escrito no es parte de la naturaleza, sino de la cultura. Por ello, nada es tan poco natural como describir, tarea que requiere la transformación del orden de la sensibilidad en el que se perciben las cosas, en el orden cultural del discurso; no de cualquier discurso, sino del considerado válido para realizar dicha tarea16. Un nítido ejemplo lo entrega el cronista cuando describe el hermoso paisaje de la laguna San Rafael (día 10, p. 13):

Al entrar en la laguna, vi varios isletoncillos que iban errantes por la laguna; i uno ví de cerca que tendría cuadra de largo i poco menos de ancho, i por partes ocho a nueve varas de alto; hermosa era la vista con la variedad que formaban al paso que se deshacían. Al lado del este hai una ancha quebrada entre dos altos cerros, cubierta de muchas varas de nieve que besa la orilla del agua; de esta nieve se desmoronan los grandes pedazos que van errantes por la laguna i al desmoronarse dan un estallido como de tiro de artillería o como trueno de tempestad.

5. Conclusión

a) Retomando la etapa, ahora de refiguración de Ricoeur, se aprecia cómo en el Diario este tiempo histórico (del evangelizador, colonizador y navegante) que se desarrolla a través del viaje de ida y regreso (cuya forma es circular) se transforma en un acto humano digno de admiración.
b) El padre García se vislumbra como un evangelizador y navegante (héroe de una historia ejemplar) que vence las dificultades a través del asimilacionismo y del sincretismo.
c) La aplicación de los diversos procedimientos teóricos ha permitido descubrir la presencia de múltiples recursos en los relatos del misionero español y, además, poder percibir otras funciones del cronista no sólo como evangelizador y colonizador, sino también como navegante y etnógrafo. Esto permite que la figura del cronista indudablemente se acreciente en todos esos aspectos.
d) En una apreciación diferente, la crónica del viaje en su dimensión de documento histórico recobra un valor oficial de la orden de la Compañía de Jesús entre las autoridades españolas de la época y se presenta como apoyo técnico en la navegación del nuevo continente.

 

Notas

* Una versión inicial de este artículo fue leído en el XI Congreso Internacional de Estudios Literarios, SOCHEL 2004, Universidad de La Frontera. Mis agradecimientos al Dr. Hernán Neira por sus aportes.

1 Esta versión corresponde al Anuario Hidrográfico de la Marina de Chile, año XIV, Santiago de Chile, Imprenta Nacional, calle de la Moneda Nº 112, 1889. Dice en la página inicial: "Este diario se publicó en 1871, en el tomo 38 de los Anales de la Universidad de Chile, i al reproducirlo nosotros hemos tomado en cuenta su importancia, la necesidad de correjir algunas faltas tipográficas i poner algunas notas que faciliten su lectura a la vista de las cartas modernas". El cronista es el sacerdote misionero español José García Alsué, natural de Ayora (Valencia), perteneciente a la Compañía de Jesús, quien estuvo a cargo de la misión (o capilla) de Cailín.

2 Para Mignolo (1998:59), tanto las cartas relatorias como las relaciones "son, en el momento en que se escriben, sólo tipo discursivo textualizado que, con posterioridad, se incorpora a la formación textual literaria e historiográfica".

3 El capítulo primero está referido a Colón "Carta a los reyes".

4 Según el jesuita José de Acosta (1997: 311), la Compañía de Jesús ha sido fundada para servir a la Iglesia yendo a misiones por todo el orbe, de acuerdo al "cuarto voto de obedecer al Papa en lo relativo a misiones".

5 "El gobernador proveyó con trescientos pesos anuales a cada misionero... y cada año en que se hiciese entrada hacia el Estrecho cien pesos más". Ver: Hanisch, W. La isla de Chiloé, capitana de las rutas australes, Santiago, Academia Superior de Ciencias Pedagógicas, 1982, p. 36. Según el informe de José de Acosta (hecho en Lima a fines del siglo XVI), con el propósito de que los gastos de la evangelización no fueran exigidos a los indígenas, escribió: "Será de gran ayuda la ley que vemos ya publicada en la Nueva Recopilación: que se paguen anualmente sus haberes a los sacerdotes a cuenta del erario público", Volumen XXIV, p. 329.

6 Ver Hanisch (1982: 37), quien señala "que habiendo años pasados invernado el pingue "La Ana", de la escuadra de Anson, en el puerto de Inchen... regresado a Londres (Anson) solicitó al rey británico tener derecho a dicho puerto e isla por haberlo hallado despoblado y ocupado la tripulación de dicha embarcación. El Rey de España sabedor de esto ordenó que se poblase y fortificase...".

7 Acosta (1997:177) dice: ¿"Cuál es la razón por la que los clérigos emigran desde Europa hasta aquí?...¿Por qué se embarcan con tanto peligro de su vida a tierras desconocidas e incómodas? Dicho con mayor comedimiento creen mirar por sus propios bienes con la esperanza de remediar su indigencia o la de los suyos con la plata recogida de las Indias".

8 Hanisch (1982: 43) complementa esta información: "Las cartas anuas no eran sensacionalistas, hablaban de las buenas noticias y evitaban las malas, que se comunicaban a los superiores".

9 W. Mignolo (1998:59), desde la perspectiva discursiva las denomina cartas relatorias. Dice el estudioso al respecto: "Hablamos de "tipo de discurso textualizado", porque... se escriben con la obligación de informar a la Corona [en este caso, más específicamente a la Compañía de Jesús, como primer canal] y no con la intención de pasar a la dimensión de libro; la cultura los convierte de discurso en texto, debido a la importancia del hecho cultural que relatan. Finalmente, si las cartas y las relaciones forman parte de la "historia literaria" o de la "historia de la historiografía", no la forman por la intención de la escritura... sino por el cambio epistemológico en el cual se consolidan la historia literaria y la historia de la historiografía y se recuperan del pasado aquellos textos que "muestran", desde la perspectiva de la recepción, ciertas propiedades o historiográficas o literarias, aunque estas propiedades no sean características en la producción de tales discursos".

10 De acuerdo a la nota a pie de página Nº 38 del Diario (p. 20), "el padre García fue el primero que cruzó el istmo de Ofqui y descendió por el río Lucac". En este trayecto fue necesario trasladar las piraguas al hombro.

11 El sentido que le otorga Todorov cuando manifiesta: "Colón quiere que los indios sean como él y como los españoles. Es asimilacionista en forma inconsciente e ingenua" (1987: 50-51).

12 Dice Ricoeur (1987: 121 ), al referirse al "agente": "Además, obrar es siempre obrar con otros: la interacción puede tomar la forma de cooperación".

13 Ver cap. "La ciencia de lo concreto" (1975: 35-47), en Lévi-Strauss: El pensamiento salvaje. México: Fondo de Cultura Económica.

14 Neira (1995:142) parafrasea la referencia de Clifford Geertz, a este respecto.

15 El concepto de "caso" está extraído del proyecto de investigación "Estudio de los mitos de Chiloé: persistencia, transformación y/o anulación", código F-9311, 1993-1995, Universidad Austral de Chile, a partir de la noción de Kasus de André Jolles (Las formas simples. 1971. Santiago: Universitaria, 157-81).

16 De acuerdo a Barthes (1970: 38): el historiador recoge un "afuera" de su discurso y lo dice, en este caso en su condición de evangelizador-etnógrafo.

 

Obras citadas

Barthes, Roland. 1970. "El discurso de la historia". Estructuralismo y Literatura. Buenos Aires: Tiempo Contemporáneo.         [ Links ]

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