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Estudios filológicos

Print version ISSN 0071-1713

Estud. filol.  no.41 Valdivia Sept. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132006000100017 

ESTUDIOS FILOLOGICOS 41: 277-284, 2006

 

Sincronía y diacronía en el habla dialectal chilena*

Synchrony and diachrony Chilean dialectal spanish

 

Claudio Wagner

Universidad Austral de Chile, Instituto de Lingüística y Literatura, Valdivia, Chile. e-mail: cwagner@uach.cl


Con material procedente del Atlas Lingüístico y Etnográfico de Chile _en desarrollo_, se pretende demostrar que la distribución geográfica de determinadas palabras da cuenta, en el presente, de la existencia de diversos estratos lingüísticos de diversa extensión areal, que revelan procesos anteriores de sustitución, difusión o pérdida de palabras, cuya explicación hay que buscarla en hechos de carácter extralingüístico, como dominio geográfico de pueblos originarios, efectos de la colonización territorial, contacto de culturas, impacto de los medios de comunicación, especialmente de la televisión, y algunos otros.

Palabras clave: estratigrafía lingüística, dialecto, español de Chile.


Taking information from the Atlas Lingüístico y Etnográfico de Chile _a research project in progress- our interest is to demonstrate that at present the geographic distribution of certain words shows the existence of different linguistic strata of various lengths which reveal previous processes of substitution, loss of words whose explanation must be looked for in extra-linguistic facts, among others the geographic scopes of native towns, effects of territorial colonization, culture interaction, impact of mass media communication and some others.

Key words: linguistic stratification, dialect, Chilean spanish.


 

Es un hecho que los hablantes de una lengua cualquiera desconocen, normalmente, la historia de la lengua que hablan, aunque, junto con no prestar atención al pasado de la misma, suelen tener una cierta conciencia diacrónica, un conocimiento de formas que ya no se usan, que ellos ya no usan, aunque reconocen, y que se han convertido en parte de su vocabulario pasivo.

La lengua de una comunidad idiomática determinada, en un momento dado, siempre podrá revelar al analista estados anteriores de evolución, explicable por que los miembros de esa comunidad, además de estar sujetos a las variables situacional, geográfica, étnica, sexual, cultural y de pertenencia social, conviven como generaciones diferentes en una suerte de sincronías paralelas. Coseriu es categórico cuando dice: "…la descripción de un estado de lengua ("simultaneidad de las estructuras funcionales") deberá (…) registrar la pluralidad de las "sincronías" en él implicadas, es decir, las diferencias diacrónicas conocidas y utilizadas (o utilizables) por los hablantes" (1977: 112).

La diferente edad de las personas es, de hecho, una de las variables sociales determinantes del cambio lingüístico, al permitir la sincronía de estructuras que corresponden, en rigor, a diacronías diferentes.

Desde la perspectiva geolingüística, si en una primera fase del proceso, a nivel individual, la edad se constituye en factor facilitador de una innovación, o en factor de resistencia, según si se la acepte o se la rechace, a nivel social la aceptación y consiguiente difusión de la innovación, o su rechazo, dependerá, según la teoría de los modelos de gravedad propuesta por Chambers y Trudgill (1994: 229 ss) y otros, de varios factores que siempre será conveniente tener en cuenta, aunque no haremos un análisis estricto que incluya el cálculo de cada potencial, como lo hace Juan M. Hernández Campoy (2001) al aplicar este modelo al Reino Unido. Ellos son el potencial de población o tamaño del foco innovador, el potencial de interacción o efecto de vecindad (distancia a que este se encuentra con respecto a la eventual área o localidad de contagio) y el potencial de influencia lingüística, es decir, el grado de semejanza lingüística de una determinada innovación con las características intrínsecas de una variedad dialectal dada. A estos factores quizá haya que agregar otro: el grado de disposición o receptividad de una población para incorporar una innovación proveniente de un centro de gravedad al que se siente dotado de prestigio, lo que podríamos denominar "potencial de influencia político-cultural".

En este proceso de cambio lingüístico, el tiempo juega, por cierto, un papel fundamental. Es un hecho que, por regla general, antes de que se imponga la norma innovadora o se mantenga la arcaizante se suela comprobar la existencia de un periodo, más o menos largo, de pugna entre ellas muy difícil de pronosticar.

Nuestro propósito en esta ocasión es estudiar _a través de algunos materiales léxicos provenientes del Atlas lingüístico y etnográfico de Chile por regiones (ALECh) en elaboración (Wagner 1998)_ los procesos de pugna entre formas innovadoras y formas arcaizantes que permiten identificar estratos léxicos diversos que revelan procesos anteriores de sustitución, difusión o pérdida de palabras, así como la distribución espacial de ellas, cuya explicación hay que buscarla en hechos de carácter extralingüístico, como: dominio geográfico de pueblos originarios, efectos de la colonización territorial, contacto de culturas, impacto de los medios de comunicación, especialmente de la televisión, y algunos otros.

Dado el espacio de que disponemos, seleccionamos sólo dos mapas descriptivos que permiten demostrar este planteamiento.

El primero se refiere a <hijo ilegítimo>, que corresponde a la pregunta 76 del cuestionario del ALECh, y cuyas respuestas pueden verse en el mapa 1.

Sin contar respuestas aisladas, como entenado, bastardo, huérfano, hijo adoptivo y vuchén, que individualmente no sobrepasan las 5 ocurrencias, se han recogido hijo ilegítimo, (hijo) natural y huacho como variantes mayoritarias que se encuentran a lo largo de todo el país, pero distribuidas de manera diferente según las zonas.

Hijo ilegítimo es, lejos, la variante de menor uso, con sólo 47 ocurrencias (frente a (hijo) natural, con 87, y huacho, con 98), y, como variante canónica, constituye, a nuestro modo de ver, el primer estrato léxico que debió haberse extendido por todo el país. Pero, probablemente, la connotación negativa del término habría estimulado su remplazo por formas eufemísticas en la mayoría de las localidades: una de ellas es hijo natural, que habrá que entender semánticamente como hijo nacido de una relación libre, sin ataduras, en el marco de la naturaleza, en oposición entonces al hijo nacido dentro de los marcos legales, establecidos por el hombre1. Y dado que huacho aparece con distribución y volumen muy semejante, habrá que concluir que ambas corresponden a un segundo estrato léxico que ha roto la homogeneidad areal configurada por el término canónico. También huacho _proveniente, según Lenz (1987: § 544), del cruce de dos palabras quechuas, "huacchu" `hijo ilegítimo' y "huaccha" `huérfano'2_ debió ser inicialmente _sobre todo por su condición de préstamo_ un eufemismo por hijo ilegítimo, pero hoy ya no lo es, pues se ha transformado en una palabra transparente al recoger el sentido despectivo, incluso de insulto (Morales 1986: 2367), que tiene hijo ilegítimo3.

Ambos neologismos aparecen en diferentes localidades a lo largo de todo el país, tanto con otras variantes _habitualmente uno como término de uso habitual (primera mención) y el otro como variante_ como solos, es decir, como única respuesta. En este último caso _a juzgar por nuestros datos_ le ha costado menos imponerse como neologismo a (hijo) natural que a huacho (en el 63% de los puntos es única respuesta, frente al 55% de huacho), y esto se ha dado preferentemente en la zona central, donde con 28 ocurrencias supera fácilmente a huacho (18) e hijo ilegítimo (16), y en la zona sur, donde con 25 ocurrencias compite de igual a igual con huacho (24), reduciendo prácticamente al mínimo a las otras variantes.

Para explicarnos la distribución geográfica del vocablo huacho en todo el territorio chileno, en circunstancias de que la dominación incásica en Chile no pasó más allá del valle del río Maipo, cercano a Santiago, hay que recurrir, por cierto, a los datos que nos proporciona la historia.

Durante su segunda invasión al país, realizada en 1495, los incas se enfrentaron en el centro del país con una etnia poco numerosa, los "picunches" o gentes del norte, a la que debieron someter, aunque por breve tiempo, ya que a la llegada de los españoles _hacia 1536_ la mayor parte de las guarniciones incaicas ya habían abandonado el país a consecuencias de la guerra civil por la sucesión, y de la reciente conquista española del imperio inca con asiento en lo que hoy es Perú.

Pero ese aproximadamente medio siglo de dominación parece haber sido suficiente para que el vocablo fuera asumido por los "picunches", a esas alturas ya asimilados a los "mapuches". El contacto posterior hispano-mapuche puede explicar su incorporación parcial en el habla española de la zona central _sin delimitación de áreas específicas_, de la que no pudo desalojar la expresión hijo ilegítimo, y su expansión por el resto del país, según se muestra en el mapa 1. La hipótesis de la introducción del término huacho por los conquistadores españoles provenientes de Perú, donde la habrían adquirido de los incas en remplazo de la expresión castiza _otra suposición plausible (León 1976: 102)_, no tiene mucho asidero porque no podría explicar la presencia de hijo ilegítimo en el español de Chile.

El predominio de huacho en el norte y en toda la región sur del país, especialmente en la zona sur-austral (a partir de 39,5º) tiene, a nuestro entender, dos explicaciones diferentes: en el norte se debe al refuerzo que ha significado el contacto permanente con peruanos y bolivianos _muchos de ellos hablantes de quechua, además de español_ desde antes del conflicto limítrofe de fines del siglo XIX; en la zona sur, más allá del río Itata (36º) se puede explicar por la presencia de los "mapuches", asentados preferentemente entre los 37º y 39º, que habrían incorporado como préstamo a su lengua, el mapudungu, el término en cuestión, que de esta habría pasado al español de la zona, en razón del fluido contacto que hasta fines del siglo XVIII mantuvieron _aun en guerra_ mapuches y españoles. Considérese que en ambas culturas la gestión del espacio doméstico _que, por cierto, incluye la crianza de los niños_ era responsabilidad exclusiva de las mujeres, y que en la sociedad fronteriza del norte del río Biobío el número de mujeres indígenas llegó a ser varias veces mayor que el de las españolas (Cerda-Hegerl [2000]: 40-51).

Una primera mirada de conjunto al mapa 2 dedicado a <chaqueta> (pregunta 41 del cuestionario del ALECh) nos demuestra que son cuatro, y nada más que cuatro, las variantes léxicas utilizadas en Chile para expresar dicho concepto _vestón, chaqueta, paletó y saco_, y que ellas se distribuyen de distinta manera a lo largo del territorio, sin que falten localidades en que convivan dos o tres de ellas, y hasta las cuatro.

Según el número de ocurrencias, quedan claras tres cosas: 1. que el vocablo saco es el que tiene la menor preferencia (no más de 21 ocurrencias, el 6,8% de las respuestas) y siempre, salvo en una ocasión, aparece en competencia con cualquiera de los otros; 2. que pal(e)tó le sigue en ocurrencias (65, es decir, el 21,2% de las respuestas), y 3. que vestón y chaqueta son las respuestas más comunes entre los chilenos para el concepto que nos ocupa, ya que, con leve superioridad del primero sobre el segundo, concentran el 72% del total de las ocurrencias (307).

Ahora bien, la distribución geográfica de estas últimas palabras es significativa: mientras chaqueta se concentra en la zona central (42 ocurrencias de 105), con la zona sur como área de contagio (36 ocurrencias), es decir, con sobre el 74%, el comportamiento de vestón es el contrario: aparece aglutinada en los extremos norte y sur del país, áreas marginales, con 39 y 29 ocurrencias respectivamente sobre 117, esto es, el 58%. En un análisis areal ortodoxo, y bajo este supuesto, los comportamientos descritos son complementarios: mientras chaqueta aparece como innovación en la zona central (por el alto potencial de población del centro irradiador que es Santiago), tratando de desalojar a las formas vestón y paletó y debilitándose en su expansión hacia el norte y hacia el sur en razón de las distancias (bajo potencial de interacción), vestón va cediendo lugar a la innovación en esas mismas macrorregiones para ir quedando arrinconada en el norte y en el sur y extremo sur-austral del país.

El análisis del origen de las voces tratadas y su fecha aproximada de introducción a la lengua permiten, por una parte, corroborar esta última interpretación relativa a los vocablos vestón y chaqueta, y, por otra, postular a paletó como el estrato léxico más antiguo que da cuenta del concepto que nos ocupa, y a saco, por el contrario, como el estrato más reciente.

"La lengua puede comportarse de dos maneras respecto a una nueva moda y, sobre todo, respecto a un nuevo objeto" _decía Jaberg (1959: 48) a propósito de su estudio sobre el mapa culotte `pantalón', del ALF_: "o se introduce una nueva voz con la moda, o solamente se acepta la nueva moda, conservando por el contrario la antigua voz". Como veremos, hay una tercera opción: se introduce una nueva voz sin que haya cambio de moda.

En efecto, paletó proviene del fr. a. "paltok", y este probablemente del ing. med. "paltok", de origen incierto. La primera documentación en francés data del siglo XV. Bajo la forma paletoque aparece en aragonés ese mismo siglo, con referencia a una vestimenta tosca de sobreponer, como escapulario, larga hasta las rodillas y sin mangas. Sólo a mediados del siglo XIX está documentado paletot en español (Corominas y Pascual 2002: 353, vol. IV), y ahora como una prenda de paño grueso, largo hasta la rodilla y entallada, semejante a la levita (Moliner 1981: 612). Lo más probable es que los hablantes peninsulares hayan tomado la palabra francesa junto con el objeto que designaba, tal como lo atestigua Moliner. Lo interesante del caso, sin embargo, es que paletot en francés hace referencia hoy a una vestimenta de sobreponer, corta, con mangas y abotonada por delante. Es decir, en francés se ha conservado la misma voz para una nueva moda. En Chile _como en Venezuela, Colombia, Costa Rica y otros países latinoamericanos_ habría ocurrido lo mismo (Sala et al. 1982, 451, t. I), dada la tradición española imperante, a pesar de su independencia política de España a comienzos de siglo: la palabra paletó debió asignarse primero a la prenda de vestir larga y entallada, y luego a la corta y abotonada por delante.

En consonancia con nuestro planteamiento, la distribución regular de esas 65 ocurrencias por todo el territorio constituye el residuo del estrato de pal(e)tó que llegó a cubrir en el pasado el territorio mencionado, y que posteriormente comenzó a ser permeado por varios neologismos, con desigual éxito según las localidades.

La palabra vestón es quizá uno de esos neologismos más exitosos, en buena medida, porque se trata de una forma dialectal que se incorporó al español de Chile directamente y no a través del español peninsular _como ocurrió con paletó y ocurrirá con chaqueta_, lo que explica su ausencia en España y en el resto de Hispanoamérica, donde se utilizan las voces chaqueta, saco, blazer, americana o pal(e)tó (Molero 2003; Sala et al. 1982: 451, t. I).

Vestón fue tomada del francés "veston", con el significado moderno de `vestimenta corta, con mangas, abierta y abotonada por delante y que se lleva sobre otras prendas más delgadas', es decir, con la equivalencia de paletó. Está documentada en Francia en la segunda mitad del siglo XVIII, hacia 1769, como derivado de "veste" (Petit Robert 1973: 1895), por lo que allí aparece como innovación frente al más tradicional paletot, ya estudiado.

La presencia de vestón en Chile por vía directa se explica por la creciente influencia francesa en Chile ya a partir de la primera década del siglo XIX, como resultado de la incorporación a la lucha por la independencia, que libra Chile contra España, de contingentes de oficiales dados de baja por la Restauración, y de veteranos desilusionados con la experiencia de las guerras revolucionarias y napoleónicas. En momentos en que todo estaba por hacer, porque el Chile de la Independencia era un país inacabado, la inmigración europea era la gran solución para fortalecer a la naciente república. El gusto por lo francés _que se manifestó en el comercio, en la arquitectura y las artes en general, en la educación, en la ciencia, en la moda y la vida social, en las costumbres y, naturalmente, en el lenguaje_ unido al paulatino mayor poder adquisitivo producto del enriquecimiento proporcionado por la explotación de los minerales de la zona norte del país, terminó por provocar no sólo un cambio de estilo de vida en la aristocracia de la sociedad chilena del siglo XIX, sino también un profundo influjo en distintos organismos e instituciones públicas y privadas del país (Blancpain 1987). En la segunda mitad del siglo XIX, la influencia francesa en Chile fue profunda e impregnó todos los campos por más de medio siglo, y el predominio de París en el campo específico de la costura y la moda, indiscutido. Y al igual que hoy, la moda parisina se difundió por todos los continentes. En el caso de Chile, se fue imponiendo paulatinamente hasta predominar, a fines de siglo, no sólo en las clases altas, sino también en las medias, no sin por ello dejar de tener cierta influencia en los sectores populares.

La palabra vestón en el español de Chile, pues, hay que situarla lo más temprano hacia finales de la segunda mitad del siglo XIX, incorporada por esos "afrancesados" que querían vivir al estilo parisino. Con ella no ha habido cambio en la moda, en el sentido de que no ha cambiado el objeto, pero sí cambio en la lengua, ahora por moda lingüística.

La voz chaqueta, en cambio, igualmente tomada del francés, en su uso moderno está documentada para el español peninsular en 1804, aunque ya había sido tomada del francés "jaquette" hacia 1400 como jaqueta, y caído luego en desuso. En esta segunda adopción (Corominas y Pascual 2002: 334-5, vol. II), el préstamo es acogido con ch en lugar de j y con el significado de `vestimenta corta, con mangas, abierta por delante y que se lleva sobre otras prendas más delgadas' (equivalente, entonces, a vestón y pal(e)tó), y no con el original de `vestimenta masculina de ceremonia que a partir de la cintura se abre hacia atrás en dos faldones', para el cual el español común ha especializado la voz chaqué, proveniente de la misma fuente.

Si la palabra chaqueta es relativamente nueva en el español peninsular, mucho más lo es en el de Chile, donde tiene que haber surgido como innovación sólo a mediados del siglo XX, constituyendo así el tercer estrato léxico que da cuenta del concepto <chaqueta>.

El neologismo saco, finalmente, presenta un comportamiento atípico en cuanto se habría esperado estuviera concentrado en la zona central, en torno al foco irradiador de la capital. No es así, sin embargo, ya que se lo encuentra disperso por todos lados: norte (N22, N24, N40), centro (C18, C54, C60), sur (S23, S25, S31), sur-austral (A13, A38, A40). Un indicador proporciona la más probable explicación: en todas las localidades fronterizas extranjeras _peruanas, bolivianas y argentinas_, se recogió siempre la misma expresión: saco, por donde se puede inferir que la presencia, escasísima _12 ocurrencias, sin contar las 9 de los dialectos vecinos_, de esta voz en Chile se podría atribuir a la presión de los dialectos vecinos. De hecho, el examen de algunos documentos muestra, coincidentemente, que este neologismo es americano y no peninsular. En el Atlas lingüístico de Colombia, ALEC, es la voz mayoritaria, ya que sólo en algunas localidades alterna con chaqueta; en el Atlas lingüístico de las Islas Canarias, ALEICan, sólo aparece 2 veces, frente a chaqueta, que tiene 28 ocurrencias, y americana, 22; mientras en el Atlas lingüístico y etnográfico de Andalucía, ALEA, ya no se registra, pues sólo se recogen chaqueta y americana.

En su vocabulario comparado entre América y España, Molero (2003: 33) entrega las siguientes soluciones para seis países de habla hispana: saco, blazer, para Argentina, México y Uruguay; saco, paltó, blazer, para Venezuela; chaqueta, vestón para Chile, y chaqueta, americana, para España. Finalmente, es interesante destacar lo que Corominas y Pascual (2002: 121-2, vol. V) dicen a propósito de saco: primero, que es el nombre de una prenda de vestir que deriva de la 2ª acepción del lt. "saccus", que alude a una prenda rústica campesina, y segundo, que "hoy en América se ha convertido en el nombre general de la chaqueta o americana, y así se dice en todas partes, desde Argentina y Chile hasta las Antillas, México y Nuevo México, pasando por Colombia" y otros países. El área de saco `chaqueta' se extiende incluso a Canarias, pero es acepción completamente inaudita en el uso común español.

Los autores citados hacen una referencia que, aunque sea efectiva, es muy imprecisa, puesto que no indican el peso que esta voz tiene en las distintas regiones latinoamericanas ni las otras formas con las que compite, lo que sí se logra con la geolingüística, como creemos haber demostrado.

El examen de los materiales lingüísticos correspondientes a dos conceptos específicos ha corroborado la existencia de ciertas palabras en determinadas localidades, cuestión indispensable para fijar su geografía y su grado de vitalidad, y junto con ello la distribución que estas asumen a lo largo y ancho de un territorio. Todo lo cual ha permitido descubrir diferentes estratos léxicos y observar procesos de pugna entre formas arcaizantes y formas innovadoras, que en más de un caso han llevado a la sustitución léxica y a provocar con ello un cambio en el sistema de la lengua. Pero, de paso, ha revelado también la influencia de lenguas vernáculas que han estado en contacto con el español, ha informado sobre los caminos de adopción de ciertos préstamos y su eventual difusión geográfica por efectos de colonización territorial, y dado cuenta de los interesantes efectos del contacto de culturas diferentes en una lengua determinada.

 

Notas

* El presente trabajo utiliza parte del material registrado para el proyecto Nº 1030463 (2003), financiado por FONDECYT, Chile, y constituye la versión ampliada de la comunicación presentada en el XIV Congreso Internacional de la Asociación de Lingüística y Filología de América Latina, ALFAL, llevado a cabo en la Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey, México, entre el 17 y el 21 de octubre de 2005.

1 Revisando otros atlas lingüísticos de habla hispana se advierte que en el norte de España hijo ilegítimo no aparece ni una sola vez, por haber sido remplazado por borde y bardaliego (ALEANR VIII, 1085 y ALECant II, 804); en el sur, se recoge en un par de ocasiones (ALEA V, 1348), pues allí predomina abiertamente hijo putativo, seguida muy atrás, por natural; en el centro, por el contrario, (ALCyL III, 742) es una de las variantes mayoritarias, junto con natural y de moza. En Colombia (ALEC III, 61) casi no se usa (4 registros), ya que allí el territorio es disputado por hijo natural y bastardo.

2 No es difícil la confusión entre `huérfano' e `hijo ilegítimo' de uno de los padres, lo que se comprueba con la existencia precisamente de la variante huérfano, recogida en algunos puntos.

3 Sólo el uso diminutivo _huachito/a_ parece neutralizar esta connotación _cuando se quiere_, y permite su uso precisamente con un sentido opuesto, como expresión de confianza, de afecto.

 

Obras citadas

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