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Estudios filológicos

versión impresa ISSN 0071-1713

Estud. filol.  n.44 Valdivia sep. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132009000100022 

ESTUDIOS FILOLÓGICOS 44: 271-272, 2009

RESEÑAS

Fonderbrider, Jorge (selección, prólogo y notas). 2008. Una antología de la poesía argentina (1970-2008). Santiago de Chile. LOM, 382 pp. (Oscar Galindo V.)


 

La reseña de una antología crítica no es tarea fácil. Como se sabe en toda antología hay una muestra de las preferencias del autor, pero en este caso las preferencias de Jorge Fonderbrider (Buenos Aires, 1956) sobre la poesía argentina de los últimos 40 años tiene el valor de partida de estar hecha por un profundo conocedor de sus entretelones. Poeta, ensayista, traductor y periodista, Fonderbrider es ciertamente una voz autorizada. Este trabajo tiene, además, otro valor para los lectores. Forma parte del esfuerzo de LOM por dar a conocer la poesía hispanoamericana contemporánea, por medio de antologías críticas, rigurosas y muy bien editadas. Se suma a los diversos volúmenes de la Antología Crítica de la Poesía Chilena de Naín Nómez, a la Antología de la poesía boliviana. Ordenar la danza de Ménica Velásquez Guzmán y a la Antología de la poesía peruana. Fuego abierto de Carmen Ollé.

Fonderbrider se propone "dar a conocer a un público extranjero un cuerpo significativo de poesía escrita en mi país entre la década de 1970 y los primeros años del nuevo milenio" (2008: 7). Señala que ha incluido los textos más importantes del período "aun a costa de mi gusto personal" (2008:7). Este mismo gusto personal también excluye algunos textos importantes del período. Pero finalmente se obtiene una muestra fundamental de la poesía argentina reciente, tal vez la más relevante que se haya publicado en las últimas décadas. Idealmente este libro hay que leerlo en relación complementaria con otro importante trabajo de Fonderbrider. Me refiero a Tres décadas de poesía argentina (Buenos Aires, Libros del Rojas, 2006), antología de estudios sobre la poesía argentina actual.

Pero el autor no se queda en una antología. Conocedor como es de la crítica, de las revistas y polémicas que la han animado, propone un trabajo introductorio de gran utilidad. Bajo el título de "Una hipótesis de trabajo sobre terreno inestable" dedica más de 50 páginas a mostrar los principales movimientos, revistas y agrupaciones que le han dado a la poesía argentina un carácter y la condición de un sistema literario complejo y heterogéneo.

Comienza su relato con una rápida mirada a los aportes de Lugones, los modernistas, la primera y segunda vanguardia. Si bien estas secciones recogen los elementos básicos de toda historia de la literatura argentina, las notas a pie de página, que exceden tal vez en caracteres al cuerpo central, constituyen aportes eruditos a un itinerario que conduce hasta la poesía de mediados de siglo.

Reseñar la historia de la poesía argentina de las últimas cuatro décadas no es tarea fácil, pero Fonderbrider logra dejar claras las tensiones que animan cada uno de los momentos más relevantes. Suele coincidir con otros críticos en que la poesía de los sesenta se encuentra marcada y a veces agobiada por su tendencia al realismo, a las urgencias sociopolíticas, a la coloquialidad. Pero se las arregla para demostrar que el credo político no fue unívoco (2008: 25). Destaca así que ante los poetas habitualmente leídos desde una óptica política, como Gelmán, Urondo, Szpunberg, Santoro y Huasi, se observa también la apertura a opciones "románticas" en Miguel Ángel Bustos, a la presencia de autores que, si bien comparten un tono generacional, difícilmente pueden adscribirse a las fórmulas utilizadas para describir el sesentismo, como ocurre con Gianni Siccardi, Alejandra Pizarnik, Mario Morales, Susana Thénon, Luisa Futoransky y Juana Bignozzi. Sucede con los sesenta en Argentina, lo que en otros países latinoamericanos: una ampliación de las posibilidades del discurso poético por medio de la introducción de los medios de comunicación masiva, los mitos cinematográficos, la publicidad y sus slogans, la historieta. Y es que la poesía de este período también dialoga con el objetivismo realista de poetas anteriores como Joaquín Giannuzzi (1924-2004), o con el Juan Gelman de Violin y otras cuestiones (1958) o con El saboteador arrepentido (1955) y Al público (1957) de Leónidas Lamborghini (1927), poeta que será más tarde rescatado y un compañero de ruta de los poetas posteriores por su carácter renovador y experimental.

Más allá de los interesantes aportes de Fonderbrider, se extraña un acercamiento más profundo a la relación de la poesía argentina con la tradición de las vanguardias y las artes visuales. Por ejemplo, con ese antecedente notable que es el poeta visual Edgardo Antonio Vigo (1928), que desarrolla una amplia e interesantísima experiencia de poesía visual, fundamentalmente a través de la publicación Diagonal Cero. Pero está claro que los avatares experimentales no parecen ser especial debilidad de Fonderbrider.

Desde los sesenta como punto de partida de la poesía argentina actual, Fonderbrider transita por los años setenta, experiencia marcada por el golpe de estado de marzo de 1976. Como es conocido, la poesía argentina a partir de este momento rompe la ingenua identidad entre poesía y lenguaje conversacional, por la convicción y constatación de que existe un conflicto entre ambos lenguajes. Se acentúan así claves experimentales y metaescriturales. Siguiendo a críticos como Kovadloff, Ibarlucía, Avellaneda y Freidemberg, destaca los aportes de los neorrománticos (y las revistas Nosferatu y Ultimo Reino), la actitud antipoética de la revista rosarina El Lagrimal Trifulca, de los neoconcretistas y los objetivistas, para culminar sintetizando los rasgos del período en la "Incertidumbre, desconfianza, abordaje oblicuo del discurso, enmascaramiento, fractura, desplazamiento de los grandes temas a la propia subjetividad, búsqueda de un centro ubicado fuera del entorno social inmediato: tales son los términos recurrentes que utiliza la crítica para identificar estos años de transición que, ahora, con la mediación del tiempo, bien pueden servir para reflejar el ánimo de parte de la sociedad argentina durante los años de la dictadura" (2008: 31).

Los años ochenta son leídos a partir del impacto de diversas revistas publicadas en esta década: Ultimo Reino, aparecida y a en el año 1979 como resultado de la fusión de Nosferatu y El Sonido y la Furia, que recoge los aportes de los neorromán ticos de tradición fundamentalmente germana. Se agrega a esta publicación Xul que incorpora poesía experimental y concretista a sus páginas. Tampoco escapan al interés de Fonderbrider los aportes de La Danza del Ratón. Si bien estas tres revistas fueron adscritas a cada uno de los principales movimientos del período: Ultimo Reino a los neorrománticos, La Danza del Ratón a los coloquialistas y Xul a los concretistas, sus colaboradores, señala, difícilmente podrían adscribirse sólo a alguna de estas vertientes.

La lectura de Fonderbrider avanza hacia los ochenta con la revisión de dos movimientos claves para entender la poesía argentina reciente: los neobarrocos (Arturo Carrera, Támara Kamenszain, Héctor Piccoli) o neobarrosos en la denominación de Néstor Perlongher y los objetivistas (Martín Prieto, Daniel García Helder). Este escenario ha dado lugar a algunas de las más interesantes propuestas y posicionamientos de la poesía argentina de las últimas décadas, en la que el Diario de Poesía jugó un rol relevante de difusión y canalización. Claves para entender este debate son los trabajos de "El neobarroco en Argentina" de D. G. Helder (Diario de Poesía, marzo de 1987) y "Poesía argentina actual: del neo-barroco al objetivismo (y más allá)" de Edgardo Dobry (Cuadernos Hispanoamericanos, junio de 1999).

La revisión de Fonderbrider culmina con un breve repaso a los poetas de fines de siglo, "quienes no constituyeron un grupo homogéneo" (2008: 53). W. Cucurto, M. Gambarotta o R. Iannamico, entre los más conocidos. En palabras de la poeta Támara Kamenszain, citada por Fonderbrider, lo que hacen estos poetas "es forzar el punto de cese de la lengua (esa que se escribía toda junta) hasta hacer aparecer lo real" (2008: 56).

Incómodo sería analizar la selección de Fonderbrider y detenerse en los aciertos y ausencias. Por ejemplo, de Arturo Carrera extrañé algunos fragmentos de Escrito con un nictógrafo (1972), ejemplo de reemergencia neovanguardista en la Argentina de principios de los setenta. Como extrañé también a Washington Cucurto. Pero creo que no tendría sentido, porque los que están tienen buenas razones. Toda antología habla más por lo no incluido que por lo incluido. Lo cierto es que el trabajo de Fonderbrider tiene varios méritos. Es una antología amplia que da cuenta, como se propone el autor, de las principales tendencias y movimientos de la poesía argentina. Esa amplitud selectiva se expresa no sólo en la diversidad estética, sino también en la diversidad territorial, que ayuda a esa diversidad estética, pues el antologador conoce en profundidad la poesía escrita en las distintas provincias de Argentina. También hay amplitud de género y así se encuentran incluidas las principales mujeres que han complejizado el "último reino" de la poesía argentina y buena parte de sus condados.

Universidad Austral de Chile,
Instituto de Lingüística y Literatura
ogalindo@uach.cl

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