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Estudios filológicos

versión impresa ISSN 0071-1713

Estud. filol.  no.52 Valdivia nov. 2013

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132013000200013 

RESEÑAS

 

Rodrigo Cánovas, Literatura de inmigrantes árabes y judíos en Chile y México. Iberoamericana - Vervuert, Pontificia Universidad Católica de Chile. 2011, 295 pp. (Iván Carrasco M.).

 


Por lo general, nuestra literatura chilena e hispanoamericana se ha estudiado desde perspectivas que toman como base criterios expresos o tácitos de estandarización lingüística, étnica y cultural. Por ello, se consideran de preferencia los textos escritos en la lengua española de las Américas en sus variedades nacionales, la cultura de los criollos que sustituyeron a los antiguos invasores, dejando de lado a los indígenas que habitaban estos territorios desde tiempos ignotos; asimismo, a los emigrantes establecidos por períodos considerables y con suertes dispares. Todo ello nos da la imagen de países conformados a modos de collages, de manera desigual e injusta desde un punto de vista social, ya que los criollos y extranjeros avecindados con posterioridad tienen más derechos, posibilidades, recursos y prestigio que los antiguos habitantes.

También, en los últimos tiempos en los estudios literarios se han dejado de lado los estudios históricos, prefiriéndose la comodidad de analizar autores o textos singulares, muchas veces separados de sus procesos y sistemas de conjunto, a veces reemplazados por fundamentos o contextos extraliterarios, desarrollando o copiando conceptos a teorías e ideologías filosóficas y científicas europeas o estadounidenses construidas para objetos textuales distintos, pues vienen de orígenes, finalidades y usos propios de otros ámbitos.

Pero, en forma simultánea a la línea dominante, han aparecido autores, estudiosos y lectores que han preferido o destacado los textos de grupos etnoculturales contemporáneos, desarrollándose áreas literario-culturales distintas, algunas más valoradas que otras, como las tendencias regionales y hasta locales, las etnoliteraturas indígenas, las literaturas inter- o etnoculturales, como las de lengua o cultura mapuche, chilota, colona, antropológica, etc.

En una línea convergente ha aparecido este libro del profesor Rodrigo Cánovas sobre la literatura de los emigrantes árabes y judíos afincados en dos países diferentes y lejanos, Chile y México. La conexión la realizó de manera curiosa el investigador: en el intento de romper el ghetto de lo nacional chileno decidió trazar una línea vertical en el espacio de América y establecer una figura que reuniera el Sur y el Norte. Los elementos análogos serían, por una parte, el espacio político y cultural que se abrió en Chile después de la dictadura militar (los sistemas democráticos de representación ciudadana) y un orden existencial que trasciende los discursos programáticos, la convivencia con el otro no necesariamente un semejante, los nuevos límites que surgen en torno a las minorías. Indagando por las voces inmigrantes en un material letrado chileno fuera de las imágenes nacionales de lo propio, Cánovas descubrió dos series de relatos, judía y árabe. Las voces árabes existen desde hace tiempo y en el nuevo siglo apareció el testimonio de las mujeres sobre la inmigración, una primera persona en clave femenina preocupada de los órdenes familiares y del país. Las voces judías han aparecido en la postdictadura chilena representando distintas generaciones que presentan sus testimonios, en la apertura de un nuevo tiempo más tolerante de la exposición de sensibilidades particulares y el reconocimiento de la legitimidad de la diversidad.

En cuanto a México, que fue solidario con el exilio político chileno, también vive tiempos de incertidumbre que permiten la aparición de acciones, discursos y representaciones más dialógicas, como el levantamiento zapatista y los intentos de redemocratización de la institucionalidad política. Observar la identidad nacional mexicana desde las voces inmigrantes es un ejercicio necesario para expresar formas identitarias menos rotundas. Una diferencia interesante en comparación con la situación chilena es que el corpus judío se establece en una lengua propia, el idish, y luego en español, primero por parte de mujeres y luego de testimonios de hombres jóvenes.

Siendo las temáticas principales la experiencia de árabes y judíos en Chile y en México, mediante géneros, en particular cuentos, novelas, biografías y diarios de viaje, estos textos conforman registros de memorias personales y comunitarias y se pueden adscribir a las escrituras del yo: se escriben en primera persona, en un ejercicio de hibridación de ficción y realidad, literatura de inmigrantes, emparentada con la llamada literatura menor (Deleuze y Guattari), enunciación de las historias menores de árabes y judíos que interfieren las sagas nacionales con otros registros lingüísticos, étnicos y religiosos, en palabras del autor.

Además del Prólogo en que Cánovas explica el origen, características y proyecciones de su investigación, el libro está conformado por tres amplios capítulos: "De los judíos en Latinoamérica: México y Chile"; "De los árabes en Latinoamérica: México y Chile"; y "Diálogo americano", además del Epílogo y la Bibliografía. Los dos primeros capítulos están subdivididos en tres partes equivalentes, Migraciones, Letras mexicanas y Letras chilenas, además de un cuarto acápite diferenciado.

En "Migraciones: ashkenazis, sefarditas y judíos" se relata su historia en forma sintética e informada, desde su expulsión de España en 1492 y su instalación en América a través de diversas olas inmigratorias, enfatizando sus sufrimientos con la Inquisición, el nazismo y el antisemitismo, sus diversas identidades, su integración en variados países, su éxito económico, etc., hasta llegar al presente. Luego se examinan las letras mosaicas en el ámbito mexicano, destacando la obra de Angelina Muniz-Huberman, quien reinventó el Sefarad como utopía, refiriéndose al holocausto relatado por otros novelistas (Sefchovich, Nissán), la memoria desarrollada de diversas maneras, la tematización de Israel y el kibutz, hasta llegar a las nuevas generaciones entre la traición y la bastardía (Sefamí, Kleinburg). Voces híbridas que conforman un relato que siempre se retoma, volviendo a los orígenes para despejar su sentido y no volverlo a extraviarse, indica Cánovas, escrituras que convergen en un espacio textual, el tiempo presente mexicano, para enunciar lo judaico como espacio privilegiado.

El tercer subcapítulo se refiere a los pliegues de la memoria judía en las letras chilenas, en obras sobre el ser judaico aparecidas principalmente al término de la dictadura militar en forma de novelas biográficas, alegorías, memorias, bitácoras de viaje, sicodramas y cuentos populares de Dorfman, Jodorowsky, Agosín, Brodsky, Rimsky, Jeftanovich, que tematizan la diáspora del exilio político, la orfandad de la familia, la nación, los credos religiosos, los sitios de origen y arraigo, etc. Al parecer, al término de los años de crisis, la sociedad chilena ilumina sus malestares desde sus discursos literarios que escenifican sujetos y sensibilidades que reinventan la tradición, tanto en las voces mosaicas como mapuches y femeninas. De este modo, la escritura judaica como ejercicio ritual de reafirmación de los orígenes se observa en Vásquez-Bronfman, Sherman, Szmulewicz, Berman, que han desarrollado aspectos de sus exilios, personajes, identidades, recuerdos, discursos, afectos. Estas perspectivas se amplían con una serie de obras de autores judaicos de distintas latitudes de América.

La segunda parte está dedicada a los árabes en Latinoamérica, específicamente en México y Chile. Tal como lo ha hecho con los judíos, el profesor Cánovas describe y explica con mucho detalle la situación de los árabes, especialmente libaneses, desde su permanencia en la península ibérica hasta llegar a América, México y Chile, donde han sufrido prejuicios, choque culturales, fobias, huyendo de las guerras y las persecuciones. En el ámbito literario, en México destacaron Sabines, Martínez, Jacobs, Azar, en poesía, pastiches y mímesis de la mexicanidad, lo cómico, lo siniestro, el paria, la marginalidad, la familia.

En la literatura chilena existen relatos de la partida, el viaje, la instalación en un lugar lejano, en forma de testimonios, biografías, novelas y cuentos que conforman una pequeña saga que instala a los árabes en este país, lo que puede distinguirse en la casa, el sujeto cultural y la escritura. Se escribe con intención documental para instalarse en otro territorio sin olvidar el origen. El iniciador fue Benedicto Chuaqui con sus Memorias de un emigrante, en que da a conocer la cultura de los emigrantes, al mismo tiempo que el conocimiento a los descendientes que serán la continuidad de la estirpe (Sarah, Chaín, Garib, Massís, Rafide y otros), para continuar un diálogo intercultural entre chilenos, árabes, turcos, sirios.

El capítulo tercero es "Migraciones: las otras opciones de América", en que se hace una síntesis de los contactos producidos en estos territorios, junto a los factores que los han complicado, como el antisemitismo, la turcofobia, los distintos modos de interacción, para constituir una nueva constelación americana. Las sagas y genealogías diaspóricas, la fe del recuerdo, los cobijos, orfandades, utopías, las voces inmigrantes, conectan con el exilio político, el retorno a la patria, los pueblos originarios, la identidad nacional, los espacios híbridos, la migrancia. Cánovas concluye que estamos constituidos históricamente como seres híbridos, pero ello no bloquea la identificación de pertenencias sometidas a la mudanza del tiempo.

Literatura de inmigrantes árabes y judíos en Chile y México es un libro singular, estimulante, crítico, agresivo, una ampliación y revaloración de sectores de nuestra literatura y cultura que han sido considerados marginales, secundarios o ajenos, porque representan otras etnias, culturas extranjeras imbricadas con la nacional. Sin duda la concepción del país como una entidad unitaria homogénea y de la literatura como reflejo, es la base del dibujo porque no puede comprender que hay fenómenos más complejos y amplios, variables, mutantes, que pueden crecer en zonas extranjeras y transformándose allí.

Este libro de Cánovas es un avance no sólo en los estudios literarios, sino también en los culturales y sociales, que abre expectativas impredecibles en nuestro ambiente intelectual. Como el autor ofrece la posibilidad de continuación y perfeccionamiento en una eventual segunda edición, le puedo pedir que amplíe su visión con los estudios mapuches surgidos en el sur de Chile antes que en la metrópoli y que han obtenido recepción internacional desde el siglo pasado, para reforzar la visión santiaguina, también muy valiosa, pero limitada en este campo. También, considerar que todos estos nuevos textos y escritores son de condición intercultural, lo que podría desarrollarse para ampliar todavía más las perspectivas de este estudio.

 

Universidad Austral de Chile
Instituto de Lingüística y Literatura
icarrasc@uach.cl

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