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Estudios filológicos

versión impresa ISSN 0071-1713

Estud. filol.  no.56 Valdivia nov. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132015000200015 

RESEÑAS

 

Andrés Claro. 2012. Las vasijas quebradas. Cuatro variaciones sobre 'la tarea del traductor'. Santiago: Ediciones Universidad Diego Portales. 1143 páginas. (Niklas Bornhauser Neuber).

 


 

Durante las últimas décadas, la atención prestada al problema de la traducción como resultado de un conjunto sobredeterminado de razones relativamente fáciles de entrever, entre las cuales se conjugan aspectos políticos, históricos y epistemológicos, ha experimentado un auge exponencial. Como consecuencia de este renovado interés se ha armado un debate polifónico y heterogéneo sobre las concepciones, los alcances, las posibilidades y las limitaciones de la traducción y sus relaciones con el problema del sujeto y de la comunidad, al interior del cual cabe destacar el reciente libro de Andrés Claro titulado Las vasijas quebradas. Cuatro variaciones sobre 'la tarea del traductor'. Su primera edición corresponde al año 2012, y fue realizada por Ediciones Universidad Diego Portales, en el marco de su colección Pensamiento contemporáneo.

Ya la primera aproximación a la materialidad del libro -piénsese solamente en su extensión: nada menos que 1143 páginas, así como su cuidada edición y su estilo prolijo y trabajado-sugiere una genealogía escritural lata y enrevesada, que identifica al texto como el resultado de un complejo proceso de producción que va más allá de todo antecedente o precursor inmediatamente reconocible. El diseño de la portada exhibe un detalle de la obra Shevirat ha-Kelim del artista alemán Anselm Kiefer, presentada en el marco de la exposición Monumenta que fue realizada entre el 30 de mayo y el 8 de julio de 2007 en el Grand Palais en París. La obra en cuestión se expuso como parte de unas instalaciones que llevaron por nombre Chute d'étoiles (Sternenfall), y que comparten con el libro tanto su relación con el espacio -la exposición, acogida por un edificio construido para la exposición mundial del 1900, ocupó más de 13000 metros cuadrados, cobijada por un techo de vidrio gigantesco y una cúpula de 45 metros de altura-, como la exquisita complejidad de su composición. Shevirat ha-Kelim, que puede ser traducido como "la rotura de los receptáculos", corresponde a un concepto cabalístico de la cábala luriana, que explicaría la rotura de las sefirot inferiores a kéter, jojmá y biná. La contraparte de la portada se encuentra al interior del libro, más específicamente: entre el epílogo y las notas, y consiste en un fotografía de la segunda de las esculturas monumentales de Kiefer, instaladas ambas bajo la mentada cúpula, denominada Sonnenschiff, 'barca solar', expresión alusiva al trayecto o recorrido del sol.

El texto mismo, mediante una primera localización histórica de las reflexiones acerca de la traducción, no tarda en entregar algunos antecedentes que permiten conjeturar cuál sería su lugar en la historia intelectual de Occidente -un lugar tensionado, situado entre la tradicional marginalidad de los textos dedicados a pensar este problema, y la centralidad reciente del problema-. En el prólogo, a propósito del carácter episódico y discontinuo del discurrir de las reflexiones sobre la traducción a lo largo de la historia del pensamiento occidental, se distinguen sumariamente al menos cuatro momentos. Un primer momento, que se extiende desde la Antigüedad -específicamente, entre otros, hace alusión a la obra De optimo genere oratorum de Cicerón- hasta fines del siglo XVIII, es decir, lo que podría considerarse como la antesala del romanticismo alemán, estaría configurado por dos hebras discursivas: la retórica de raigambre clásica, por un lado, y la exégesis de las Escrituras, por el otro.

Un segundo momento, situado en las postrimerías del siglo XVIII, estaría caracterizado por un giro radical y decisivo que sufre la reflexión sobre la traducción respecto a la doble genealogía anteriormente esbozada. Entre los principales textos que marcarían este paso se encuentran: Sobre los diferentes métodos de traducir de Friedrich Schleiermacher (1813), Sobre la nueva literatura alemana de Johann Gottfried Herder (1768), "Prólogo" a la traducción del Agamenón de Esquilo (1816) y Acerca del carácter nacional de las lenguas (1822) de Wilhelm von Humboldt, además de Poesía y verdad (1811) y El diván de Oriente y Occidente (1819) de Johann Wolfgang von Goethe. Es, principal aunque no exclusivamente, por medio de estos textos que la traducción es pensada, por primera vez, como un movimiento reflexivo, entre cuyas principales características estarían la versatilidad, la diversidad y la movilidad, por un lado, y su proyección hacia el infinito, su apertura y su exuberancia, por el otro. De este momento surgirían diversas reflexiones sobre la base de una nueva orientación adoptada por el pensamiento acerca de la traducción en el contexto del clasicismo y romanticismo alemanes, fundamentalmente, a través de figuras como Friedrich Nietzsche, Franz Rosenzweig, José Ortega y Gasset, Benedetto Croce, Rudolf Pannwitz, Martin Heidegger, Hans-Georg Gadamer, Paul Ricoeur y Jacques Derrida.

En un tercer momento, delimitado desde la segunda mitad del siglo XX, comenzarían a surgir consideraciones ya definitivamente sistemáticas, a veces con pretensiones acentuadamente científicas, las cuales sobrepasarían con creces el impulso testimonial que había dominado la reflexión acerca de la traducción durante veinte siglos. En concreto, en este periodo se consolidarían disciplinas como la Lingüística Formal, la Lógica, la Teoría de la Información y los Translation Studies.

El cuarto momento estaría marcado por la publicación de La tarea del traductor de Walter Benjamin (1912), "prólogo" que se antepone a sus versiones de los Tableaux Parisiens de Baudelaire, a partir del cual parte y hacia el cual retorna el texto en cuestión. No obstante, el privilegio asignado a Benjamin, lejos de conformar un plan programático, es sólo estratégico y, a menudo, intermitente. Estratégico, en tanto forma parte de la elección de medios para llegar a una meta, en otras palabras, de la racionalidad empleada para alcanzar un objetivo, sin por ello imponer un esquema imperativo y rígido a seguir. Intermitente, porque la relación con el texto no es invariable, imperiosa o autoritaria, sino más bien lúdica, caracterizada por un movimiento retozón y, a veces, enmarañado, conformado por una serie de vaivenes. Dicho movimiento consiste en el despliegue de un conjunto de diferenciaciones a partir de algunas de las concepciones e imágenes del texto de Benjamin, con el propósito de entrelazar los conceptos y los motivos procedentes de otros testimonios históricos.

De este modo, el texto resultante es un tejido espeso, tupido, pero no por ello impenetrable o cerrado. Más bien, Las vasijas... impresiona por su apertura irreductible, su voluntad radical de sostener un diálogo en el sentido estricto del término, que invita a realizar más de una lectura de un mismo párrafo, pasaje o fragmento. En ese sentido, las variaciones propuestas se asemejan a una variación musical, ya que parecieran ser una sucesión de composiciones caracterizadas por contener un tema musicalizador, más o menos central, que se imita en otros subtemas, los cuales guardan el mismo patrón armónico del tema original, donde cada parte se asocia con la otra. Es inevitable no pensar, a propósito de lo anterior, en Clavier Ubung bestehend in einer ARIA mit verschiedenen Verœnderungen vors Clavicimbal mit 2 Manualen, compuesta por Johann Sebastian Bach, conocida como las Variaciones Goldberg.

En relación con su organización (musical), la estructura del libro se perfila a través de cuatro variaciones, entretejidas en torno a Die Aufgabe des Übersetzers de Walter Benjamin, mediante las cuales se pone en juego el despliegue -y la interrogación crítica- de ciertas nociones y figuras de La tarea..., a la luz de la experiencia y reflexión de otros testimonios históricos. Dicha estructuración, lejos de conformar un mero ejercicio esteticista, cumple un objetivo al menos doble a través de sus diferentes pliegues argumentativos: primero, determinar la estricta especificidad de lo que ocurre en la traducción poética, es decir, levantar una idea lo suficientemente precisa de lo que se discierne como la estricta especificidad de la traductibilidad poética; segundo, en un sentido más amplio, extender su experiencia y su reflexión para esclarecer la constitución y los problemas de paso entre los sujetos, las culturas, los tiempos y las Weltanschauungen. El supuesto básico e intransable que guía la exploración conceptual por la sagaz proyección de las citadas variaciones es el siguiente: el encadenamiento de las múltiples facetas de esta discusión policéntrica y plural, ya sean semánticas, éticas, historigráficas o utópicas, descubiertas mediante el encadenamiento armonioso de una fecunda procesión de reflexiones sobre (las teorías y las prácticas de) la traducción.

En lugar de bastarse a sí misma, se funda y debe ser aclarada a partir de lo que el autor -mediante su lectura de Benjamin- distingue como ciertas actuaciones (operaciones, performances) de lenguaje, entre las cuales el ejercicio de la traducción constituye tanto la operación como el modelo privilegiado para oficiar dicha aclaración. La referencia a Benjamin es, en todo momento, precisa, rigurosa y serena, y se distingue del imperio de la moda postmodernista que, al modo del everything goes, ve en Benjamin un pensador a su medida, al tiempo que establece hacia su pensamiento una relación tan utilitaria como frívola. Al respecto, Andrés Claro denuncia los numerosos usos y abusos de Benjamin en quienes encuentran en sus escritos un estilo lo suficientemente críptico para descansar en sus enigmas sin intentar comprenderlos a partir de su opacidad constituyente, limitándose, en cambio, a extraer, de un modo superficial y oportunista, reflexiones de orden onto-teológico bajo la manga. Incluso, uno podría ir un paso más allá y atribuir la existencia de Las vasijas... al malestar generado en el autor por "la inflación mistificante de epígonos abusivos que entran en su obra como una cantera de la que extraer citas a ser invocadas como formulaciones incantatorias" (p. 30). El propósito de las indagaciones presentadas por Andrés Claro es dilucidar y desplegar los alcances de las concepciones y figuras más o menos enigmáticas que se ponen en escena en La tarea. , para lo cual resulta indispensable confrontarlas e iluminarlas a partir de otros testimonios decisivos, así como de la experiencia de grandes traductores literarios.

En cuanto a la organización de la obra, ésta consta de un prefacio, cuatro variaciones y un epílogo. Concretamente, el prefacio titulado "El motivo de la traducción", delimita el corpus textual sobre el cual se va a trabajar, precisa el punto de vista desde el cual se va a trabajar, y esboza el programa según el cual se va a trabajar. La primera de las variaciones, que lleva por título "La copa rota. Contrato amoroso y renuncia a la apropiación: Resistencia a la posesión, traslado e imitación del sentido", está abocada a introducir y pensar el problema de los límites, principalmente semánticos y epistemológicos, de la traducción. Buena parte de ella está conformada por una lectura atenta y minuciosa de La interpretación de los sueños ([1899] 1900) de Sigmund Freud, y no duda en incursionar, cuando hace falta, en otros textos del psicoanalista vienés. En esta sección, mediante una suerte de corolarios iniciales, Andrés Claro no solamente se pronuncia acerca de las demarcaciones y las diferencias entre lo extranjero y lo propio, sino que se desmarca decididamente de las posiciones más clásicas vinculadas con la tradición hermenéutica filosófica occidental, representada por la asimilación entre traducción e interpretación filosófica activa en el pensamiento de Martin Heidegger. El énfasis de este gesto liberador está puesto en subrayar la imposibilidad infranqueable de apropiación de los materiales en cuestión, sin que ello implique, necesariamente, renunciar a la tarea de la traducción, reparando, precisamente, en la trascendencia de lo extranjero como forma de significación anterior al sentido.

La segunda variación titulada "Symbolon. Vasija quebrada como pacto de hospitalidad: La ley de acogida entre las lenguas", se entrelaza con la primera toda vez que propone pensar la traducción -como respuesta a la ley de hospitalidad- a partir del examen de las relaciones entre lo extranjero y lo propio. Las reflexiones acerca de dicha hospitalidad giran en torno a la pregunta por las relaciones -de poder y de dominación- entre conquistadores y extranjeros en el contexto de la traducción. Tras examinar un conjunto de fenómenos resumidos bajo el rótulo del desplaza-miento del poder imperial en el mundo moderno, Andrés Claro explora lo que él distingue como la hospitalidad limitada entre las lenguas, concepción que sugiere pensar la literatura como cultivo divino de la formación de lo propio a través del tránsito por lo extranjero. Sin embargo, esta hospitalidad limitada no será sino un paso previo para su modalidad incondicionada, ilustrada mediante el llamado giro benjaminiano. Si en la primera de las variaciones el protagonismo le correspondía a Sigmund Freud, en esta segunda variación dicho protagonismo es compartido por el mentado Walter Benjamin y por Ezra Pound. Concluye esta variación con la introducción de tres claves de la traducción poética para una ética de la hospitalidad.

Con la tercera de las variaciones titulada "Ticún. Vasijas quebradas como exigencia de rescate histórico: Diferimiento de la ley en la historia - la hospitalidad en el tiempo", emerge un concepto -conocido como tikum olam, o también tikkun olam oder tiqqun olam-, cuya genealogía se remonta al judaísmo temprano que después sería retomado por la cábala, y que significa, aproximadamente, reparación del mundo. En ella se introduce la conceptualización de la traducción como positividad histórica, examinando el diferimiento de la ley en la historia, proceso que distingue como la hospitalidad en el tiempo. Se repiten las referencias centrales de la variación anterior, ya que, en primer lugar, se examina la ejemplaridad del Homenaje a Sexto Propercio de Ezra Pound como ejemplo de la posvida de la subversión al ethos imperial y, en segundo lugar, las reflexiones subsiguientes se encaminan, en la senda de Walter Benjamin, hacia una concepción de la historia bajo el rendimiento traductivo.

El título de la cuarta variación "Shevirat ha-Kelim. Vasijas quebradas como símbolo de exilio. El lenguaje puro - parentesco como desplazamiento y contagio" explicita su anudamiento a la variación precedente. A su vez, ella se descompone en tres momentos lógicos: primero, el parentesco entre las lenguas como lenguaje puro; segundo, el lenguaje puro como contagio recíproco entre las lenguas y las literaturas, y; tercero, el lenguaje puro como ley de constitución de la lengua y la cultura: el sujeto, el hogar y la comunidad.

Finalmente, el libro concluye con un epílogo cuyo título es "El mito de Babel. La interrupción de la totalidad». En él se exploran cuatro modos de interrumpir la totalización, discernibles en la posvida del relato de Babel, los cuales, a su vez, sancionan otras imposibilidades. Andrés Claro insiste en la necesidad de distinguir el aprovechamiento cínico de la coyuntura de la moda post, de una conciencia de la fragmentación e incompletud constitutivas del habitar humano, lo que exige repensar las instituciones modernas nacidas al alero del gran ideal ilustrado. Las vasijas quebradas ha de ser leído como un decidido alegato a favor del esfuerzo por repensar y rearticular, que no se conforma con el placer pueril asociado a la mera destrucción en el sentido coloquial del término. Si bien la torre, las vasijas quebradas o lo que ellas representan develan su condición de fragmentariedad, se trata de una incompletud positiva y no de una merma o defecto a ser subsanado, sino más bien de un llamado a "obrar para que sus competencias fragmentarias se sigan unas a otras, amorosamente, hasta en los más mínimos detalles, generar un habitar más vasto" (p. 1031). El libro, debido a la serena pulcritud de su razonamiento, la pasmosa abundancia de sus ejemplos y el exuberante despliegue de su extraordinaria erudición, no solamente constituye un valioso aporte intelectual al debate contemporáneo, sino que representa un gesto ético de acogida de lo extranjero mediante lo que uno podría distinguir como un pensamiento ilustrado, consciente de sus determinaciones, interesado en dar lugar a la diferencia.

 

Niklas Bornhauser Neuber
Universidad Andrés Bello

nbornhauser@unab.cl

 

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