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Estudios filológicos

versión impresa ISSN 0071-1713

Estud. filol.  no.63 Valdivia  2019

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132019000100181 

Artículos

Estudio histórico de quimón, quimono y quimona en la lengua española

Historical study of quimón, quimono and quimona in the Spanish language

Rafael Fernández Mata a  

a Universidad de Córdoba, Departamento de Ciencias del Lenguaje. España. Correo electrónico: rafaelfernandezmata@gmail.com

RESUMEN:

Desde la cuarta edición del DRAE, de 1803, se viene conservando en lengua española el vocablo “quimón”, para el que la Academia propuso un étimo japonés; si bien la RAE ha variado su descriptor etimológico en la última edición del Diccionario de la lengua española, donde se indica que la lengua portuguesa ha actuado como intermediaria entre el japonés y el español. Por otro lado, en español actual contamos con el japonesismo “quimono”, introducido recientemente en las lenguas occidentales. Los objetivos principales de este artículo han sido examinar al detalle los descriptores etimológicos ofrecidos por la RAE y estudiar el comportamiento histórico de dichas voces desde sus primeros registros. Asimismo, hemos analizado una variante americana, “quimona”, que parece ser una especialización morfológica con un significado derivado de la primera acepción de “quimono”.

Palabras clave: quimono; quimón; quimona; préstamos léxicos; etimología; lexicografía española

ABSTRACT:

The word “quimón” appears in the fourth edition ofDRAE, from 1803, for whose etymology the Academy proposed a Japanese etymon; however, RAE, in the latest publication of the Diccionario de la lengua española, changed the etymological descriptor for “quimón”, explaining that Portuguese acted as an intermediary language between Japanese and Spanish. On the other hand, in current Spanish we also use the Japanese loanword “quimono”, which seems to have been introduced into the Western languages quite recently. Thus, the main objectives of this article are to examine in detail the etymological descriptors offered by the RAE and study the historical behavior of those loanwords from their first documented occurrences. Besides this, we have also analyzed an American variant, “quimona”, which seems to be a morphological specialization with a derived meaning from the first definition of “quimono”.

Key words: quimono; quimón; quimona; loanwords; etymology; Spanish lexicography

1. INTRODUCCIÓN

Al igual que hicimos en nuestro análisis del doblete catán-catana (ver Fernández Mata 2015a), en el presente artículo trataremos de despejar las diferentes incógnitas relativas al estudio histórico de lo que, a priori, parece un triple cognado de origen japonés, “quimón”, “quimono” y “quimona”.1

Como inicio de la investigación, recabaremos todo el material, presente o pasado, concerniente a estos japonesismos. A continuación, dividiremos los datos en dos grandes grupos: aquellos relativos a la descripción actual y los que pertenecen a etapas pretéritas del español. Estos, a su vez, quedarán repartidos en tres apartados: en el primero describiremos, desde todos los planos lingüísticos, la situación de “quimono”, “quimón” y “quimona” en el sistema léxico de la lengua española actual. En el segundo expondremos los primeros registros escritos, textuales y lexicográficos, de los japonesismos “quimono”, “quimón” y “quimona”, para, en una tercera parte, responder a las interrogantes etimológicas, formales y semánticas que se nos plantean. Por último, ofreceremos una serie de conclusiones al respecto de los datos obtenidos.

2. ANÁLISIS DE “QUIMONO”, “QUIMÓN” Y “QUIMONA” EN EL ESPAÑOL ACTUAL

2.1. “Quimono”

El japonesismo “quimono”, cuya distribución geográfica es panhispánica, cuenta en el CORPES XXI con una frecuencia normalizada variable: desde los 0,20 casos por millón (para la adaptación quimono/s) hasta los 0,50 casos por millón (para kimono/s).

Figura 1 Distribución geográfica de quimono/s. Fuente: CORPES XXI

Figura 2 Distribución geográfica de kimono/s. Fuente: CORPES XXI 

En efecto, la historia de esta voz en los corpus del español presenta una alternancia gráfica que se ha mantenido desde el CORDE hasta el CORPES XXI: kimono / quimono, siendo la primera, como acabamos de comprobar, la más usada en español actual.

Cuadro 1 Frecuencia de uso entre kimono y quimono. Fuente: CORPES XXI

En CORDE contabilizamos 44 casos de kimono(s) y otros 44 de quimono(s). En CREA se produce una ligera diferencia entre kimono(s), con 60 casos, y quimono(s), con 56 casos. En CORPES XXI se agudiza la distancia entre la forma extranjerizante y la españolizada: 124 ejemplos de kimono(s), frente a los 50 de quimono(s), por lo que no es de extrañar que la RAE haya optado por la transcripción más extendida, con k inicial.

Figura 3 Evolución de kimono(s)/quimono(s). Fuentes: CORDE, CREA y CORPES XXI 

En lo que concierne a las obras lexicográficas hispánicas, estas dan cuenta de la posible variación gráfica entre ki- y qui- (DVUA, DEA, DRAE 2001, GDUEA, DUEAE, DUE, DClave y DRAE 2014). La ausencia de tildes en las muestras de los corpus y la información fónica proporcionada por el GDUEA y el DClave reflejan que este japonesismo ha sido adaptado en español con patrón acentual paroxítono, similar al de la lengua de origen.

En el plano morfológico, tanto por las muestras que recogemos en los corpus -en los que el japonesismo aparece junto a adyacentes masculinos: el-los, un, del, otro, este, atado, viejo, gracioso, pardo, japonés, bordados, fabulosos, etc.- como por la información de los diccionarios hispánicos, sabemos que esta voz ha sido adoptada en español como sustantivo masculino. En otras lenguas romances también se utiliza con género masculino: francés (DFL y LPR), portugués (DHLP y DPLP) e italiano (DOVLI y Zingarelli). Los corpus demuestran que existe una forma plural con /-s/, quimonos / kimonos, bastante asentada. En cuanto a su combinación junto a otros elementos, observamos la siguiente recurrencia sintáctica: “quimono(s)” de seda (CORDE -2 casos en singular-, CREA -8 casos en singular y 2 en plural- y CORPES XXI -7 casos en singular y 2 en plural-). Por otro lado, existe una combinación léxica inventariada en diferentes diccionarios occidentales: kimono sleeve2 en MWCD y OED, (à) manches kimono en LPR y Trésor, manga japonesa en DHLP, manica / maniche a chimono / kimono en DOVLI y Zingarelli; se utiliza para designar ‘un tipo de manga amplia que suele cortarse conjuntamente con el canesú de la prenda en una sola pieza, aunque también pueden hacerse con costura en el hombro’; las obras lexicográficas hispánicas no ofrecen datos al respecto, pero sabemos, gracias a los corpus, que, con esta acepción, pueden aparecer las siguientes fórmulas: manga(s) japonesa(s) -de mayor actividad en español- y con mangas quimono.3

Antes de adentrarnos en los descriptores semánticos que proponen los diversos diccionarios del español, hemos de indicar que el diccionario japonés Daiyirín señala que el étimo 着物, [ki·mono],4 posee dos acepciones en lengua japonesa: (1) ‘Objeto con el que se viste el cuerpo. Ropas’; (2) ‘[En oposición a la ropa occidental] Ropa japonesa, en particular se refiere a los “nagagui” (ropajes largos)’. Las obras lexicográficas hispánicas recogen dos significados: el primero deriva directamente de la segunda definición ofrecida por el Daiyirín, esto es, se utiliza para describir la ‘túnica / bata de origen japonés con forma de T, hecha de tela ligera, que se caracteriza por sus mangas anchas y largas. Es abierta por delante y se cruza ciñéndose mediante un cinturón o faja’ (DEA, DRAE 2001, GDUEA, DUEAE, DUE, DClave y DRAE 2014). El segundo valor semántico que registran los diccionarios del español está muy relacionado con las artes marciales: ‘vestimenta / conjunto deportivo de color blanco que está compuesto por una chaqueta y un pantalón anchos de tela fuerte, utilizado para practicar las artes marciales; la chaqueta se abrocha por delante con un cinturón de color que indica la categoría del luchador’ (DRAE 2001, DUEAE, DUE, DClave y DRAE 2014). Esta acepción, no inventariada por el Daiyirín para el japonés, también funciona en otras lenguas romances: en francés e italiano, en cuyos diccionarios se explica que se trata de la vestimenta normalmente empleada por los practicantes de yudo (DFL, LPR, DOVLI y Zingarelli) o carate (DFL y LPR). Puesto que tales deportes fueron tomados recientemente,5 es de esperar que el segundo valor semántico sea posterior a la primera acepción. De hecho, el primer caso escrito de “quimono” con significado de ‘vestimenta para practicar yudo o carate’ lo hallamos en el CREA, en 1994. No obstante, gracias al famoso anuncio del “quimono” de Wipp Express®, sabemos que su uso oral data, como mínimo, de 1988 en España.6

2.2. “Quimón”

El significante quimón, descrito en DRAE 2001, DUE y DRAE 2014, no aparece en los corpus hispánicos (CORDE, CREA y CORPES XXI), por lo que no resultaría arriesgado afirmar que su empleo en el español de hoy es inexistente.

Tanto los DRAE como el DUE indican que se utiliza para hacer referencia a ‘la tela de algodón, de buena clase, que se vendía en piezas de 6 metros y medio; cada una hace un corte de bata; es tela muy fina, estampada y pintada, y las mejores venían del Japón’. Además, dichas obras señalan que se trata de un sustantivo masculino; por tanto, inferimos que su plural debe ser “quimones”, como así lo hacen otros elementos similares: limón-limones, cartón-cartonés, camión-camiones, etc., ya que no podemos recurrir a muestras reales en los corpus.

A excepción del portugués, no encontramos ejemplos similares en otras lenguas próximas a la española: inglés (MWCD y OED), francés (DFL y LPR) e italiano (DOVLI y Zingarelli). En la lengua lusa, existe un significante similar, escrito quimão. También se trata de un sustantivo masculino y cuenta con las siguientes acepciones: (1) ‘quimono’; (2) ‘[por extensión con la acepción anterior] vestido (femenino) con manga japonesa o de estilo japonés’; (3) ‘[en la antigua India portuguesa] abrigo de algodón con estampado en colores, largo y corto, usado por las chicas solteras y pobres’ (DHLP y DPLP).

2.3. “Quimona”

La variante femenina “quimona” no se inventaría en ninguna de las obras lexicográficas que venimos utilizando (DVUA, DEA, DRAE 2001, GDUEA, DUEAE, DUE, DClave y DRAE 2014). Solamente hallamos dos casos cubanos de 1938 en CORDE, transcritos como kimona, y una muestra nicaragüense, de 2003, con la forma adaptada quimona en CORPES XXI.

En todos, la voz ha sido adaptada como sustantivo femenino: una kimona negra, sembrada de…; abierta la kimona; en las bolsas de la quimona. Y también en todos los casos, dicho japonesismo parece emplearse para denominar lo que el Diccionario de americanismos define como ‘bata de mujer para estar en casa’.

A excepción de la lengua inglesa (OED), en donde se emplea en la expresión kimona sleeves, ninguna otra lengua próxima conserva en su inventario una adaptación con -a final (DFL, LPR, DOVLI, Zingarelli, DHLP, DPLP).

3. PRIMEROS REGISTROS DE “QUIMONO”, “QUIMÓN” Y “QUIMONA”

3.1. “Quimono”

Manejamos varias fechas para la primera documentación textual de “quimono” en lengua española. De un lado, el CORDE indica que su primer registro, situado en España, con el significante plural kimonos, se produce el 11 de agosto de 1907. Tras examinar las muestras del CORDE, la distribución geográfica de [kiˈmono] en los dos primeros tercios del siglo XX podría resumirse en la siguiente tabla:

Cuadro 2 Documentaciones textuales de kimono(s)/quimono(s). Fuentes: CORDE 

No obstante, gracias a la Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España, podemos situar las primeras documentaciones españolas en décadas anteriores, casi todas a finales del XIX:

Cuadro 3 Documentaciones textuales de kimono(s)/quimono(s). Fuentes: Hemeroteca digital 

Por otro lado, en la obra de Gil (1991: 162, 163 y 167), hemos descubierto cuatro plurales -transcritos quimones-: tres en las relaciones del viaje que don Rodrigo de Vivero y Velasco hizo a Japón (datadas en 1609) y uno en los Sucesos de las islas Filipinas,7 de Antonio de Morga, también de 1609.

En otras lenguas próximas al español, la datación textual varía. Así, para el inglés, los primeros testimonios son de finales del siglo XIX, con la forma kimono (1886, según el MWCD y el OED). Para la lengua francesa, el Trésor y LPR indican que el significante moderno, kimono, se documenta por primera vez en 1899, mientras que otras variantes se sitúan en siglos anteriores: kimona en 1796 y quimon8 en 1603 y 1680. En cuanto al italiano, el DOVLI sostiene que el vocablo data del siglo XVIII, mientras que el Zingarelli aclara que es de 1708, aunque ninguno de los dos aporta la forma encontrada o la fuente.9 La primera referencia textual a kimono en portugués, según el DHLP, data de 1897, lo cual coincide con las informaciones descritas por las fuentes inglesas y francesas. Además, sitúa un significante antiguo, quimão, en 1544.

Por lo que se refiere a su documentación lexicográfica en español, el DCECH de Corominas y Pascual señala que la Academia lo recoge por primera vez en la decimoquinta edición de 1925. Si bien, de nuevo podemos situar un caso lexicográfico más temprano en la obra de Alemany y Bolufer (1917), donde se inventaría quimono y kimono.

Así, los testimonios escritos de esta voz en la lengua española pueden resumirse mediante la siguiente línea temporal, en la que ordenamos las primeras documentaciones textuales y lexicográficas de la palabra “quimono” de acuerdo con las fuentes consultadas:

Si cruzamos estos datos con los que hemos conseguido para el resto de lenguas analizadas, la documentación se organizaría cronológicamente de este modo:

Se observa que las fórmulas modernas, pronunciadas [kiˈmono], encuentran sus primeros testimonios en las dos últimas décadas del siglo XIX. Sin embargo, en la primera mitad del XVI y en el primer decenio del siglo XVII, se documentan adaptaciones que resultan, cuando menos, extrañas en comparación con el étimo actual japonés. En cuatro lenguas romances: portugués, francés, italiano y español, hallamos significantes del tipo quimão, quimon o quimón10 respectivamente. Asimismo, existe otro significante, kimona, registrado a finales del XVIII en la lengua francesa, y de uso circunstancial (plural) en inglés del siglo XX.

3.2. “Quimón”

En los corpus de la RAE no observamos un solo ejemplo de quimón o quimones, pero sí encontramos tres muestras de quimón y varios casos de quimones (en ocasiones acompañados con el complemento de China) en diarios y revistas de la Hemeroteca digital, en el Corpus diacrónico y diatópico del español de América y en Frago Gracia (1999: 204):

Cuadro 4 Documentaciones textuales de quimon-quimones.  

Fuentes: Frago Gracia, Corpus diacrónico y diatópico del español de América y Hemeroteca digital

Estas muestras (de 1768 a 1886) conectan con los registros lexicográficos de la voz: su primer testimonio, con valor de ‘vestido japonés’, se sitúa en el Diccionario de voces americanas, de Manuel José de Ayala, redactado entre 1751 y 1777. Desde el primer DRAE donde se registra esta voz, 1803, el vocablo se emplea para aludir a un ‘tipo de tela’.

En portugués, parece ser que los primeros testimonios tuvieron lugar en 1544, según la datación que realiza Dalgado (1919-1921: 237) tras establecer una cronología interna entre la vida del autor, Fernão Mendes Pinto, y los capítulos de su obra, A Peregrinação:

Aquella, a quem a boca do meu rosto beija continuamente o rico quimão11 do seu vestido, o qual por poder de grandeza senhorea os cetros da terra. (Mendes Pinto: capítulo 120). Vestido em hum quimão roxo a modo de opa, recamado de perolas. (Mendes Pinto: capítulo 122). Por fora destas fileyras, com a mesma ordem dellas, vinhão outros muytos homens com alabardas guarnecidas de prata, & com quimoẽs & calças de seda verde & parda, & seus treçados em talabartes quasi ao nosso modo. (Mendes Pinto: capítulo 130). A que nos todos postos de joelhos, & beijãdolhe o queimão que tinha vestido respondemos que assi o esperauamos nelle. (Mendes Pinto: capítulo 223).

Sin embargo, el texto fue redactado en la última etapa de la vida de Mendes Pinto y publicado en 1614, tres décadas después de su muerte (1583). Por tanto, convendría estimar como primeras documentaciones textuales otros testimonios, cartas escritas por misioneros desde Japón, inventariadas por el propio Dalgado (1919-1921: 237 y 238) y que datan de 1559 y 1582 respectivamente:

Acudio logo, e trazia sobre si quatro vestidos, tanto que chegou a nos, começou com grande furia apartar, e tirar dos quimões (que são hũs vestidos de pelles de veados muito grandes e finos) e tirou-nos das mãos dos que nos tinham. (P. Baltazar Gago, Cartas de Japão, I). Apanharão hum sombreiro, e hum quimão, que trazia vestido em riba do corpo. (P. Luís Fróis, Cartas de Japão, II).

3.3. “Quimona”

No hallamos referencias en el Corpus diacrónico y diatópico del español de América. Según el CORDE, su primer y único registro textual hemos de ubicarlo en 1938, en la novela cubana de Enrique Serpa, Contrabando, donde leemos:

Luego se levantó, se envolvió en una kimona negra, sembrada de zurcidos y metió los pies desnudos en unas chancletas de madera. Cuando la hube obedecido, la mujer se sentó al borde del lecho, con sus rodillas pegadas a las mías y abierta la kimona.

Parece no haber muestras textuales del siglo XX más recientes, de acuerdo con el CREA, aunque el CORPES XXI sí recoge un caso, transcrito quimona, situado en la novela de la nicaragüense Marisela Quintana, titulada Tras la rendija, publicada en 2003:

No le abría la puerta pero bien que nos ponía a recoger los motetitos y se los entregábamos y ella se los echaba en las bolsas de la quimona.

De nuevo, gracias a la Hemeroteca digital, podemos adelantar el primer registro de esta voz, esta vez en España. La encontramos en el diario madrileño La Época (el 14 de julio de 1897), que publica una carta escrita en París por el secretario japonés del marqués de Ito:

¡Decirnos á nosotros que no llevamos sombreros japoneses, ni kimona (bata), ni obi, ó sea cinturón, ni gheta, vulgo zapato, ni otras japonerías […]

Observamos una forma plural en La Correspondencia militar (España), el 3 de mayo de 1909, donde se habla de un espectáculo teatral:

[…] para exhibirse en los altos con señoras de postín envueltas en blondas y kimonas.

Asimismo, hallamos un ejemplo cubano anterior al propuesto por el CORDE:

En su quimona de color de rosa, cuya seda espejea cuando en ella se posa como un ave estelar el cantor rayo de sol […] Cuba contemporánea, enero de 1917.

4. ESTUDIO HISTÓRICO DE “QUIMONO”, “QUIMÓN” Y “QUIMONA”

4.1. La reintroducción del “quimono”

Existe una clara diferencia morfológica entre los primeros testimonios de “quimono”, ubicados siempre fuera de la península ibérica a inicios del XVII, transcritos como quimones, y aquellos de mayor semejanza fónica con el étimo japonés, quimono(s) / kimono(s), los cuales se sitúan ya en España en las últimas décadas del siglo XIX. La historia de la lengua española cuenta, pues, con dos variantes, (a) quimones y (b) quimono(s)-kimono(s), para designar una ‘túnica tradicional japonesa’; si bien, solo la última se ha conservado hasta la actualidad con dicho valor semántico.

La transcripción kimono se halla en la Hemeroteca digital desde 1887. Su plural, kimonos, aparece en los corpus desde 1907 y en los diccionarios hispánicos desde 1917. De acuerdo con la información del NTLLE, la primera obra lexicográfica en inventariar quimono/kimono es la de Alemany y Bolufer (1917), con dos acepciones: ‘túnica larga, usada en el Japón por los dos sexos’; y ‘especie de bata de mujer, muy parecida al quimono’. La primera es una clara referencia al elemento exógeno, mientras que la segunda parece una aclimatación a la cultura occidental del elemento tradicional japonés, lo cual exigiría un conocimiento previo y una adopción progresiva. Hemos detectado, además, otras pruebas que demuestran que esta prenda japonesa se encontraba deambulando entre los hablantes y académicos de la época: en primer lugar, la decimotercera edición del diccionario de la RAE, la de 1899, propone el siguiente descriptor etimológico para la voz quimón: “(Del japonés quimono)”. Por otro lado, de los ejemplos que recoge Dalgado (1919-1921: 237-38) para la lengua portuguesa, hasta 1896 encontramos muestras de quimão-quimões, pero desde 1897 aparece ya kimono-kimonos. El propio Dalgado (1919-1921: 237) realiza la siguiente apreciación sobre la reciente incorporación del vocablo quimono, usado en el portugués de su época: “O étimo é o jap. kimono, que agora está em voga em portugués como uma grande novidade”.

Considerando la información recién expuesta, en nuestro caso, preferimos pensar que la voz volvió a injertarse en torno a las dos últimas décadas del XIX, como resultado de un fenómeno cultural de vital importancia, hecho que parecen haber olvidado los investigadores:12 la apertura de Japón en la era Meyi -recordemos que se extiende desde 1868 hasta 1912 (Cabezas 1994; Almazán 1998, 2003 y 2011; Benson y Matsumura 2001; Takeshita 2012)-, lo que supondría la influencia nipona en todo Occidente, incluida España e Hispanoamérica. En efecto, como consecuencia de esta fase aperturista, Japón aceptó participar en actos internacionales como las exposiciones universales13; en concreto, nos interesa la que se celebró en Barcelona en 1888, en la que participó Japón con un rotundo éxito y que supondría un contacto directísimo entre ambas sociedades (Garrut 1976; Roig 1995; Alagón Laste 2016). ¿Acaso los japoneses no expondrían con orgullo sus preciosos y coloridos quimonos de seda? Relacionado con esto, no descartamos el influjo de la capital del Arte en aquel periodo: París. Como ya demostramos en otro de nuestros artículos (Fernández Mata 2016: 64), el estímulo cultural de Japón en Occidente -arte, decoración, diseño, literatura, moda, espectáculos14 y publicidad- se extiende desde mediados del siglo XIX hasta el primer tercio del XX, lo que coincide con el periodo aperturista de la era Meyi y de las exposiciones universales. París se convirtió en el principal foco de irradiación del japonismo europeo, punto de referencia para los artistas españoles e hispanoamericanos, que acudían a ella para nutrirse las nuevas ideas orientales (Almazán 1998, 2003 y 2011; Fernández del Campo 2001; Alagón Laste 2016).15 Con todo, el que París fuera La Meca del japonismo no quiere decir que las adaptaciones en lengua española de “quimono” provengan de las francesas, cuyos primeros registros, volvemos a insistir, hemos de situarlos doce años después de los españoles.

4.2. Procedencia de “quimón” y sus valores semánticos

Aplicando la lógica interna de la morfología española, los primeros registros de 1609 -quimones- constituirían el plural de una forma singular -quimón-. Existe, por tanto, un contraste de significantes entre los primeros testimonios y las adaptaciones del XIX:

Cuadro 5 Adaptaciones de [kimono] en la historia del español.  

Si los primitivos plurales, quimones, hacían referencia a ‘la típica prenda de vestir japonesa’, ¿cómo es posible que en la actual edición del Diccionario de la lengua española (2014) su significado sea otro?

Imagen 1 Definición de “quimón”. Fuente: Diccionario de la lengua española (2014) 

Cabe preguntarse, por tanto: (i) ¿en qué momento y lugar se produjo la especialización semántica?; (ii) ¿es cierto que la forma española deriva de la portuguesa?

Para despejar la primera incógnita basta con ordenar las muestras que hemos documentado y comprobar el significado (‘vestimenta’ o ‘tipo de tela’) de todas ellas:

Cuadro 6 Documentaciones textuales y lexicográficas de quimon-quimones.  

Fuentes: Corpus diacrónico y diatópico del español de América, Hemeroteca digital, NTLLE, Frago Gracia y Quesada Pacheco.

Después de estudiar los datos de que disponíamos, todo apunta a que:

  1. (i) Hasta la primera documentación lexicográfica peninsular16, la del Diccionario de voces americanas (1751-1777) del panameño Ayala, la voz “quimón” se empleaba para aludir a una ‘vestimenta’; en efecto, la minuciosa descripción física y cultural del objeto en cuestión, realizada por un panameño que escribe en Madrid, no deja lugar a dudas: todavía en la segunda mitad del siglo XVIII, a un lado y otro del Atlántico, se empleaba “quimón” con valor de ‘túnica tradicional japonesa’ -no olvidemos el texto jurídico mexicano de 1768, en el que el singular parece usarse con valor de ‘vestimenta’-.

  2. (ii) La primera referencia textual de “quimón” como ‘tipo de tela o tejido’ se documenta en 1780 en México; observamos ejemplos próximos en el tiempo, tanto en México como en España, que dan cuenta de este recién estrenado valor semántico (México 1788 y 1796, España 1796 y 1801).

  3. (iii) Puesto que las documentaciones mexicanas son anteriores a las españolas, creemos que el cambio hubo de gestarse -como mínimo- en tierras mexicanas, desde donde se propagó a latitudes muy dispares (véanse las muestras españolas y la chilena). Téngase en cuenta, además, que el comercio y transporte de productos asiáticos entre la metrópoli y Manila tuvo como base principal los puertos mexicanos -véanse Lipski (1996: 49-50) y Frago Gracia (1997: 101-08 y 1999: 197-208)-. Probablemente se gestó en la boca de mercaderes, marineros y navegantes, quienes modificaron la noción referida -de la ‘túnica tradicional japonesa’ al ‘tejido con que esta túnica se fabricaba’- antes de desembarcar en la península ibérica y en otros territorios americanos.

  4. (iv) En menos de medio siglo el cambio de significado se había completado con éxito (vid. el diccionario de la RAE de 1803), barriendo el contenido originario de “quimón”: ‘vestimenta japonesa’. Este nuevo uso pervivió de manera textual hasta finales del XIX (España 1886), pero, aunque no se documenten en textos posteriores a 1886, se mantiene en los diccionarios académicos hasta la última edición del Diccionario de la lengua española de 2014.

La versión portuguesa, quimão, no solo aumentó de significado, también adquirió variantes gráficas. En los primeros testimonios registrados por Dalgado (1919-1921: 237), la voz se emplea para denotar una ‘túnica tradicional japonesa’, sin embargo, en la actualidad, ha sumado otras acepciones -muchas de las cuales son propias de Brasil-. En el DPLP y el DHLP se indica que quimão o sus variantes quimau y queimão, además de ‘túnica tradicional japonesa’ (sinónimo de quimono), pueden referirse también al ‘vestido (femenino) con manga japonesa o de estilo japonés’ y ‘[en la antigua India portuguesa] abrigo de algodón con estampado en colores, largo y corto, usado por las chicas solteras y pobres’.

Dejando a un lado las adiciones semánticas en lengua portuguesa, a continuación, pasaremos a resolver si el significante hispano “quimón” procede directamente de la adaptación portuguesa quimão.

En primer lugar, hemos de señalar, como advierte Gregorio Salvador (1967: 239-40), que el estudio de los lusismos supone un complejo proceso de análisis, dado que estos no tienen “ese aire de extranjería, de artículo de contrabando, que presentan, por lo menos durante cierto tiempo, palabras procedentes de otras lenguas”. Por este motivo, el investigador se ve obligado a “atender a la fecha de aparición de la palabra en cada una de las dos lenguas y su alcance y frecuencia en sucesivos estadios cronológicos”.

En efecto, en las primeras documentaciones y hechos sociológicos se basaron autores como Corominas y Pascual (2012 [1991-1997) para determinar la procedencia lusa de “quimón”. Los primeros registros en lengua española, quimones, datan de 1609, mientras que las primeras documentaciones textuales portuguesas más fiables están fechadas en 1559 (quimões) y 1582 (quimão). Por tanto, desde un punto de vista documental y cronológico, parece ser que el portugués pudo actuar como lengua intermediaria entre el étimo japonés y la solución hispánica. Además, si tenemos en cuenta que -como hemos podido comprobar en nuestra tesis inédita (Fernández Mata 2015c)- desde los primeros contactos la cultura hispánica ha adoptado los japonesismos con patrones muy próximos a los de la lengua japonesa, dada la fonética similar entre ambas lenguas, podemos considerar anormal la adaptación quimón del siglo XVII, máxime si la comparamos con su segunda reincorporación, mediante la fórmula quimono -tanto en español como en portugués-, en el siglo XIX. ¿Explicaría la influencia portuguesa esa extraña adaptación del XVII?

Con objeto de zanjar de una vez este asunto, creemos que es pertinente comenzar por establecer la pronunciación del étimo en el japonés de los siglos XVI-XVII, cuando se produjo el contacto entre los pueblos ibéricos y el nipón. Las investigaciones acerca de la historia de la lengua japonesa (Vance 2008; Frellesvig 2010 17; Labrune 2012) no describen ningún fenómeno en el japonés de la época por el que [kimono] tuviera una pronunciación arcaica o dialectal, *[kimon].18 Descartamos, pues, que la lengua japonesa estuviera relacionada con este anómalo resultado.

¿Se produjo, entonces, la reducción [kiˈmõ·no] > [kiˈmõn] en la lengua española? En opinión de Gil (1991: 162), quimones fue adaptado siguiendo la tendencia de la época a transcribir los japonesismos de acuerdo con el paradigma nominal vocal tónica + /n/ (singular) y vocal tónica + /nes/ (plural). Gil lo equipara al caso japón-japones, muy frecuente en los primeros contactos para designar nuestros actuales japonés-japoneses.19 Nosotros hemos examinado la historia de otro ejemplo representativo de este paradigma nominal: catán-catanes (Fernández Mata 2015a). Podemos afirmar, de este modo, que en nuestra lengua existía una tendencia a la reducción silábica de este tipo de préstamos mediante la apócope de la vocal final20. Además, no pasemos por alto que, gracias a esta restructuración silábica, la voz se adaptaba a uno de los paradigmas morfológicos más recurrentes en español: limón-limones, algodón-algodones, millón-millones, etc. Actuó, por tanto, la fuerza de la analogía paradigmática. En cuanto a las adaptaciones de voces asiáticas al portugués, sucede el mismo fenómeno fónico-morfológico. Gonçalves Viana (1906: 315 y 1910: 176) fue el primero en sostener que los escritores lusos aportuguesaron la forma kimono a quimão o queimão. Dalgado (1919-1921: xxvii) apoyó esta teoría, al explicar, en su regla 2, que una de las principales alteraciones fonéticas que las palabras asiáticas sufrían al ser adoptadas en portugués era la transformación de la nasal final (previo apócope en on’) en el diptongo -ão. En definitiva, dado que el funcionamiento fonético-fonológico y morfológico en ambas lenguas es similar, no podemos recurrir a la fonología ni a la morfología para resolver nuestra incógnita: tendremos, así, que considerar parámetros lingüísticos (adaptación de otros lusismos de fonética similar, ampliación o modificación semántica del término) y extralingüísticos (relaciones histórico-culturales, primeras documentaciones).

4.2.1. Razones para considerar que el portugués actuó como lengua intermediaria

De aceptar que la adaptación lusa influyó en el resultado español, el proceso de adopción podría resumirse en el siguiente esquema:

En primer lugar, desde un punto de vista fónico, existen otras unidades cuyo diptongo -ão ha sido adaptado en nuestra lengua mediante -ón: gavión ‘amante’ < gavião (Gregorio Salvador 1967: 259); mejillón < mexilhão (Gregorio Salvador 1967: 249; DRAE 2014); monzón < monção o moução (Gregorio Salvador 1967: 244; DRAE 2014); repartición ‘negociado, sección de un Ministerio’ < repartição (Gregorio Salvador 1967: 259); tifón < tufão (DRAE 2014).

El pueblo luso estableció vínculos con los nipones mucho antes que los castellanos (Gil 1991; Cabezas 1994; Takeshita 2012). No es de extrañar que el primer registro se documente para la lengua portuguesa en 1559, mientras que en español el texto es posterior, 1609. De hecho, los primeros testimonios portugueses que se han descubierto son anteriores a los hispánicos.

Las afirmaciones de Gonçalves Viana (1906: 315) sobre la exportación de la voz a las colonias portuguesas en África (Mozambique) y las aclaraciones de Dalgado (1919-1921: 237) sobre la especialización semántica de dicha voz en las colonias asiáticas (Goa y Macao) no dejan lugar la especulación, puesto que la lejanía entre las colonias portuguesas y Japón y la especialización del término son innegables exponentes de que los mercaderes, misioneros y navegantes portugueses pudieron ser los primeros en dar a conocer la voz y el producto al resto de pueblos occidentales.

4.2.2. Razones para considerar que el portugués no actuó como lengua intermediaria

Desde una perspectiva fónica, aunque muy inferior al listado de voces que hemos apuntado en el apartado anterior, existen otros lusismos terminados en -ão que fueron convertidos al castellano con diferentes fórmulas: sarao < serão / sarão (Gregorio Salvador 1967: 253; DRAE 2014); golfán ‘nenúfar’ < golfão (Gregorio Salvador 1967: 259; DRAE 2014). Estas adaptaciones restarían fuerza reguladora a la hipótesis fonética.

No solo en portugués se produjo la ampliación semántica de la voz, en español también tuvo lugar el nacimiento de variantes morfológicas a uno y otro lado del Atlántico -véase en el próximo apartado la historia de quimona- y la transformación semántica del término “quimón”, como hemos explicado en epígrafes precedentes.

Contra la teoría que sostiene que fueron los portugueses en dar a conocer este tipo de ‘vestimenta japonesa’ al resto del mundo, podemos aducir que el cotejo de las primeras adaptaciones a otras lenguas (latina, francesa e italiana) no resulta favorecedor para la lengua portuguesa, más bien indica que las adaptaciones castellana y portuguesa se hallan en igualdad de condiciones. En Histoires des Indes (1603), una traducción francesa del texto latino escrito por el italiano Giovanni Pietro Maffei, podemos leer que portugueses y castellanos son considerados partícipes igualitarios en el descubrimiento, navegación y conquista de las Indias (véase: faicte tant par les Portugais que Castillans):

En esta misma traducción francesa (capítulo 12, pág. 701) se encuentra el primer testimonio galo, transcrito Quimon:

En el manuscrito latino del que procede la versión francesa (de 1590, capítulo 12, pág. 559), observamos el acusativo singular quimonem, puesto que el verbo voco es transitivo:

En la página 215 (capítulo 12) de la traducción italiana (1589), realizada por Francesco Serdonati, leemos Quimone:

A lo largo de los manuscritos latín e italiano se emplean los grafemas chi o qui para establecer los sonidos [ki] o [kwi], respectivamente, por lo que ninguno de los autores -Maffei y Serdonati- conocía la verdadera pronunciación del vocablo japonés. En cambio, la versión francesa resulta ambigua: ¿utilizó el traductor galo quimon porque conocía la pronunciación nipona o porque se limitó a readaptar la transcripción latina? ¿Si conocía la articulación japonesa, por qué no usó la grafía quimono? En efecto, teniendo en cuenta las adaptaciones actuales en francés e italiano (véase LPR, DFL, DOVLI y Zingarelli), si los autores hubieran conocido la verdadera pronunciación del vocablo japonés, lo podrían haber transcrito como quimono / kimono / chimono. Esto demuestra que un significante -sonoro o escrito- de carácter exógeno formó parte en el proceso de adopción: japonés > italiano / francés.

Casi con certeza total, podríamos determinar que las variantes francesa e italiana no proceden de un significante sonoro, sino gráfico, puesto que son traducciones. Estas siguen la lógica fonológica y morfológica de la evolución lingüística en dichas lenguas, esto es, si sermo, sermonis (lat.) > sermon (fr.), sermone (it.), parece indiscutible que los traductores usaran quimon (fr.) y quimone (it.) para la forma latina quimonem. Por otro lado, Maffei, en su versión originaria latina, emplea quimonem, cuyo grafema qui es claro exponente de que el autor desconocía la pronunciación, fuera esta japonesa, portuguesa o castellana. Tuvo, por tanto, que basarse en una forma escrita. Lamentablemente, tras el cotejo de los textos anteriores, nos resulta imposible determinar si esta fue la castellana, quimón, o la portuguesa, quimão, pues el autor cita fuentes lusas y españolas, y podría haber utilizado la lógica reconstructiva para el significante latino: si sermo, sermonis (lat.) > sermón (cast.), sermão (port.), tanto quimón como quimão podrían ser la fuente de quimonem.

Con todo, creemos haber hallado dos testimonios que podrían insuflar energía a la hipótesis de que el castellano fue la lengua transmisora de la vestimenta japonesa en Occidente. Por un lado, en una traducción francesa, realizada por Montanus (1680: 45), de textos neerlandeses leemos:

¿Es que ya estaba asentada la fórmula quimon en francés -iniciada su andadura en 1603- o acaso esos documentos neerlandeses, a los que no hemos podido tener acceso, ofrecían una forma próxima a la castellana? Una muestra más evidente es la que recoge Gemelli Careri en su Giro del mondo (1708: 194), donde leemos claramente quimon, y no la adaptación italiana, quimone, de Serdonati (1589):

Giro del mondo fue estampado en Nápoles en 1708 -todavía bajo el mando español (vid. Álvarez-Ossorio, García y León 2007)-, ¿pudo ser ese el motivo por el que Gemelli Careri usó detto Quimon, porque lo escuchó directamente de los castellanos? Al inicio del capítulo (1708: 186) donde emplea la voz, aclara que una de sus fuentes es Maffei:

Si este último utilizó quimonem, ¿por qué Gemelli Careri no hizo como Serdonati y lo tradujo a quimone? Esto podría ser indicio para pensar que, al menos los italianos, estaban más familiarizados con el significante castellano quimón.

4.3. El americanismo “quimona”

En las muestras descubiertas, el japonesismo “quimona” hace referencia a un ‘tipo de bata similar al “quimono”’. Parece ser, pues, que se produjo la especialización del término en lengua española: “quimono” equivale a la ‘vestimenta japonesa’, mientras que “quimona” es una ‘bata similar al “quimono”’. La morfología del español ayudaría a mantener esta distinción nocional: el “quimono” es un objeto perteneciente a la cultura nipona, la “quimona” es una bata occidental cuyas cualidades están inspiradas en el “quimono”. El referente principal de “quimona” es ‘bata’, de ahí que su género sea el femenino.21

Desde un punto de vista semántico, la frontera que separa ambos conceptos es muy débil; ya en las definiciones actuales del propio “quimono” se emplean palabras como túnica y bata: ‘túnica / bata de origen japonés con forma de T, hecha de tela ligera, que se caracteriza por sus mangas anchas y largas. Es abierta por delante y se cruza ciñéndose mediante un cinturón o faja’ (DEA, DRAE 2001, GDUEA, DUEAE, DUE, DClave y DRAE 2014). Otras lenguas próximas también dan cuenta de la fina línea significativa que separa ambas nociones y de la especialización semántica de kimono en Occidente como una ‘especie de bata’: portugués (DHLP y DPLP), francés (LPR) e inglés (MWCD y OED).

El rastreo de información en diferentes obras lexicográficas, más que arrojar luz al respecto, parece ensombrecer cualquier atisbo de explicación histórica:

  1. (a) En primer lugar, sabemos que los Manuales de la Academia inventarían la fórmula kimona en el español de Cuba como sinónimo de quimono, desde 1927 hasta 1989. Sin embargo, otra obra más actual, el Diccionario del español de Cuba (2000), no recoge dicha voz.

  2. (b) Morínigo, en su Diccionario del español de América (1993), también como sinónimo de quimono, indica que kimona se utiliza en Cuba y México.

  3. (c) Tanto los diccionarios académicos (1927-1989) como el diccionario de Morínigo (1993) redirigen a “quimono”, tratando así de evitar la duplicación genérica y la especialización semántica de la forma femenina, pese a que los corpus ya den fe de su significante femenino con un nuevo valor semántico y a que Santamaría la inventaríe en su Diccionario de mejicanismos (1959: 650): kimona: ‘especie de bata larga, de estilo japonés, por lo general de gayos y abigarrados colores, que usan las mujeres como traje de casa. Las hay lujosísimas’. Esta es la obra lexicográfica que define por vez primera “quimona” con su valor semántico de creación hispánica, esto es, la primera que no redirige a “quimono”.

  4. (d) Recientemente, 2010, la Asociación de Academias, en su Diccionario de americanismos, realizó cambios en el descriptor semántico de quimona, ahora con grafía adaptada: ‘bata de mujer para estar en casa’, pero desconocemos la causa por la que sitúa el término en Puerto Rico, ya que no hay muestras en los corpus y Malaret, en su Vocabulario de Puerto Rico (1999), no incluye dicho término.

En definitiva, los primeros testimonios del significante femenino, kimona(s), se documentan en España (1897 y 1909), pero esta variante femenina solo arraigó en tierras americanas (Cuba, México y Nicaragua22). En cuanto a la ampliación semántica del término, se mantiene a ambos lados del Atlántico con significantes diferentes:

Cuadro 7 Especialización semántica de “quimono” y “quimona” en las modalidades de la lengua española. 

Creemos, asimismo, que la especialización morfológica femenina parece tardía: su primer registro está fechado en 1897, esto es, después de la reincorporación de “quimono” (1887) al sistema léxico del español. En una lengua que comparte este significado derivado del primitivo, el portugués, sus adiciones semánticas también pudieron ser recientes, pues en las muestras de Dalgado, que van desde el siglo XVI hasta el XX, no las detectamos.

5. CONCLUSIONES

  1. (i) La palabra “quimono” en el español de hoy cuenta con tres valores semánticos: (1) ‘túnica tradicional japonesa’; (2) ‘bata similar al “quimono”’; (3) ‘vestimenta utilizada para practicar las artes marciales’. Los significados (1) y (3) también son usados en japonés, mientras que la acepción (2) es propia de las lenguas occidentales. En español europeo, con valor de ‘bata’, solo se emplea “quimono”, pero en el español americano se utiliza la variante femenina “quimona” (al menos en México, Cuba y Nicaragua).

  2. (ii) Aunque ninguna de las obras lexicográficas del español ofrece información acerca de manga(s) japonesa(s) y con mangas quimono, en la lengua española actual, al igual que en otros sistemas lingüísticos próximos existen dichas combinaciones.

  3. (iii) La reimplantación del japonesismo “quimono” no solo tuvo lugar en la lengua española, sino también en otros sistemas lingüísticos próximos, como el inglés, el francés, el portugués y el italiano. En todos, esta voz fue introducida en torno a los últimos años del siglo XIX -coincidiendo con parte de la apertura Meyi (1868-1912)-. Las lenguas romances difieren del inglés en que en estas el vocablo se emplea también con el significado de ‘vestimenta utilizada para practicar las artes marciales’. En español, hemos de situar el uso de la voz con este valor semántico, como mínimo, en la década de 1980.

  4. (iv) No hemos hallado pruebas -cronológicas o culturales- válidas para considerar que la reincorporación de “quimono” estuviera condicionada por otras lenguas como la francesa y la inglesa; es decir, en la adopción de “quimono” en el siglo XIX no hubo intermediación por parte de ninguna otra lengua entre la forma japonesa y el resultado español.

  5. (v) En español y portugués observamos que el proceso de adopción es muy similar: se produjo una primera introducción en los siglos XVI-XVII con un patrón morfológico en el que tenía lugar la apócope de la -o etimológica final, mientras que las formas actuales responden a la reintroducción del XIX, con una articulación mucho más próxima al étimo japonés. Las adaptaciones de los siglos XVI y XVII para estas lenguas ibéricas demuestran que la morfología de estos sistemas lingüísticos funcionaba de manera diferente.

  6. (vi) Hasta la fecha, nos resulta imposible determinar qué pueblo, castellanos o portugueses, fue el primero en dar a conocer esta clase de vestimenta al resto de territorios occidentales. Aunque existen indicios que nos hacen creen en la influencia de la forma castellana.

  7. (vii) Por el momento, el único parámetro que podemos considerar para determinar que nuestro quimón procede de la adaptación lusa, quimão, es la cronología de las primeras documentaciones. Desde un punto de vista fonológico y morfológico, ambos sistemas lingüísticos llegaron a la misma solución: la apócope de la vocal final etimológica -existen otros casos similares en las dos lenguas (japones, japões)-. De este modo, consideramos inexacto el descriptor etimológico de la última edición del DRAE (2014) para “quimón”.

  8. (viii) En la segunda mitad del siglo XVIII, se produjo un cambio semántico en la voz “quimón” -usada en las primeras documentaciones (1609) como ‘túnica tradicional japonesa’-, la cual pasó a delimitar un ‘tipo de tejido’ (1780). Incluso considerando que el diccionario de Manuel José de Ayala se redactara en Madrid (entre 1751-1777), este sería el único caso encontrado en España de “quimón” con significado de ‘vestimenta japonesa’, pues todos los demás ejemplos hacen referencia al ‘tejido’. Este hecho constituye indicio suficiente para suponer que el cambio semántico se gestó en territorio americano (México), por cuyos puertos pasaban productos asiáticos antes de desembarcar definitivamente en la metrópoli23. Pese a que ambas acepciones tocaron suelo español -dudamos que “quimón” llegara a ser conocido en la península como referente de ‘vestimenta japonesa’-, en territorio europeo solo prosperó la nueva acepción, definida como ‘tipo de tela’ desde la Academia, en 1803.

  9. (ix) Desde 1886 no se documentan registros textuales de “quimón”, solo lexicográficos. Por este motivo, estimamos que este japonesismo, al igual que ocurrió con “catán”, se convirtió en un arcaico tesoro lexicográfico, un elemento ornamental con un empleo muy restringido en la lengua pretérita e inservible en la actual.

  10. (x) En último lugar, el análisis etimológico de las voces indica que no podemos considerar el par de cognados quimón-quimono como un doblete en sentido estricto, ya que, mientras que el segundo es una clara adaptación de la voz japonesa, cabe la posibilidad de que el primero proceda de la lengua portuguesa. En cambio, sí es posible afirmar que quimono-quimona constituyen un caso de doblete léxico, pues ambos derivan del mismo significante, [kimono], solo que “quimona” es resultado de la variación de la forma masculina española, “quimono”.

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1Para la transcripción de las voces japonesas al alfabeto latino, seguiremos el método que expusimos en [xref ref-type="bibr" rid="r23"]Fernández Mata (2018c)[/xref]. Siempre que una voz japonesa haya sido adaptada en lengua española, esta aparecerá entre comillas (“”).

2El OED recoge dos extraños casos de plural: kimona sleeves.

3Para la combinación singular, manga japonesa, descubrimos dos muestras españolas en CREA, una en 1976 y otra en 1998. El CORPES XXI nos ofrece también dos casos españoles, uno en 2004 y otro en 2010. En cuanto a la fórmula plural, mangas japonesas, en el CREA hallamos dos casos, uno español, de 1984, y otro mexicano, de 1996. El CORPES XXI registra cuatro casos: dos españoles (2003 y 2010), uno argentino (2004) y otro cubano (2008). El CORPES XXI únicamente inventaría un caso español de con mangas quimono en 2006.

4Simplificamos el método de transcripción fonética que desarrollamos en nuestra tesis inédita ([xref ref-type="bibr" rid="r27"]Fernández Mata 2015c[/xref]). Para la pronunciación de esta voz, hemos recurrido a la página virtual Forvo (<http://es.forvo.com/>), donde se recogen realizaciones articuladas de informantes nativos. Apréciese, asimismo, cómo hemos marcado en negrita los segmentos que, a nuestro parecer, se realizan con mayor fuerza espiratoria.

5Como podemos observar en [xref ref-type="bibr" rid="r22"]Fernández Mata (2018b)[/xref]: “yudo” y “yudoca” se sitúan en la década de 1960, “doyo”, “yudogui”, “carate”, “carateca”, “sumo” y “siasu” en los 70, mientras que “aiquido” y “quendo” pertenecen a los 80.

6Según nos informa Thomas Seidel, archivista de la compañía Henkel (en Düsseldorf, Alemania), el anuncio original, en alemán, fue doblado al español y al griego entre 1987 y 1988, y emitido en 1988 en España.

7Se trata de un facsímil parisino de 1890, anotado por José Rizal y que [xref ref-type="bibr" rid="r33"]Juan Gil (1991[/xref]: 162) consultó. Nosotros hemos podido también acceder al facsímil parisino en el siguiente enlace, de la Universidad de Michigan: <https://archive.org/stream/ahz9387.0001.001.umich.edu#page/XXIV/mode/2up>.

8Corregimos la forma gimon dada por LPR, ya que el Trésor ofrece una mayor descripción para la fuente de 1603, para la que propone la forma quimon, también hallada en otro documento de 1680 —además, hemos consultado ambos documentos y en ellos se emplea la adaptación quimon—.

9Después de consultar el Dizionario etimologico della lingua italiana, creemos que la referencia de 1708 a la que DOVLI y Zingarelli aluden es la del libro Giro del mondo, de G. F. Gemelli Careri, por lo que la forma documentada en italiano sería quimon. En lo concerniente a la reintroducción del término en los siglos XIX y XX, según el Dizionario etimologico, parece ser que la primera documentación en italiano tuvo lugar en 1905, con la fórmula de origen francés kimonò.

10Forma singular inferida para la lengua española en el siglo XVII. Las primeras documentaciones del significante singular, quimón, están fechadas en la segunda mitad siglo XVIII.

11El facsímil en línea al que hemos podido acceder (<http://alexcastro.com.br/wp-content/uploads/2012/02/Peregrinacao.pdf>) ofrece el significante quimão, aunque [xref ref-type="bibr" rid="r18"]Dalgado (1919-1921[/xref]: 237) transcribe como queymão. No es el único ejemplo: nuestra fuente usa beija y Dalgado beyja. El DHLP advierte que en portugués existen otras variantes antiguas, como queimão —recién expuesto— y timão. Si Mendes Pinto escuchó de boca de los propios japoneses la articulación [kimono], ¿cómo es posible la transcripción queimão de su capítulo 223?

12Ni [xref ref-type="bibr" rid="r8"]Álvarez de Miranda (2004[/xref]: 1055), quien cita a Seco (2000-2001: 269), ni el propio Seco, consideran siquiera la participación de la lengua japonesa en el proceso de adopción.

13 Alagón Laste (2016: 627) afirma que “Japón ha participado de forma activa en este tipo de exhibiciones desde 1862 hasta la actualidad”.

14[xref ref-type="bibr" rid="r37"]Gutiérrez Machó (2016[/xref]: 643-653) analiza cómo, por influencia de las exposiciones universales y de óperas y operetas foráneas de tema oriental, el japonismo musical se instaló con éxito en España.

15En la Hemeroteca digital tropezamos con noticias (fechadas en 1902 y 1920), que prueban esta tendencia o gusto artístico.

16Catalogamos de peninsular, pese a tratarse de un Diccionario de voces americanas, porque, de acuerdo con las investigaciones llevadas a cabo por el editor crítico de la obra, Quesada Pacheco (xv-xvi), su autor, Manuel José de Ayala, redactó el grueso de la obra en España, probablemente en la biblioteca del Palacio Real de Madrid.

17Agradecemos la colaboración del propio Frellesvig, quien amablemente nos ha confirmado que no tiene constancia de una pronunciación [kimon].

18Tampoco nos lo atestiguan nuestras entrevistas a hablantes nativos japoneses, quienes no conocen ninguna variedad dialectal nipona en la que pudiera existir una pronunciación similar, conservada desde antaño.

19La lengua portuguesa da también fe de esta adaptación morfológica. En [xref ref-type="bibr" rid="r18"]Dalgado (1919-1921)[/xref] hallamos infinidad de ejemplos, japões, situados en las mismas fechas que los casos castellanos.

20Independientemente del alto valor morfológico de las vocales finales en lengua española: catana > catán; quimono > quimón.

21La especialización morfológica del término responde a la necesidad de los hablantes de distinguir entre la procedencia y autenticidad de ambos objetos: la marca del género establece diferencias entre ‘un verdadero “quimono” de origen japonés’ y ‘una bata occidental que se asemeja a un “quimono”’.

22Lévêque no inventaría “quimona” en su Diccionario del español de Centroamérica.

23Por otro lado, no podemos olvidar la variedad formal y significativa que quimão, para el portugués, adquirió en las colonias asiáticas y americanas.

ANEXO:

LISTADO DE ABREVIACIONES EMPLEADAS

CORDE Corpus diacrónico del español

CORPES XXI Corpus del español del siglo XXI

CREA Corpus de referencia del español actual

Daiyirín大辞林 > Daiyirín

DCECH Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico

DClave Diccionario Clave: diccionario de uso del español actual

DEA Diccionario del español actual

DFL Dictionnaire de français Larousse

DHLP Dicionário Houaiss da Língua Portuguesa

DPLP Dicionário Priberam da Língua Portuguesa

DOVLI Il Devoto-Oli: vocabolario della lingua italiana

DRAE Diccionario de la lengua española

DUE Diccionario de uso del español

DUEAE Diccionario de uso del español de América y España

DVUA Diccionario de voces de uso actual

GDUEA Gran diccionario de uso del español actual

LPR Le Petit Robert de la langue française

MWCD Merriam-Webster’s Collegiate Dictionary

NTLLE Nuevo tesoro lexicográfico de la lengua española

OED Oxford English Dictionary

Trésor TLFi: Trésor de la langue française informatisé

Zingarelli lo Zingarelli 2015. Vocabolario della lingua italiana

Recibido: 25 de Mayo de 2017; Aprobado: 11 de Julio de 2018

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