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Estudios filológicos

Print version ISSN 0071-1713

Estud. filol.  no.64 Valdivia Dec. 2019

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132019000200053 

Literatura

¿Con qué sueñan las mujeres? La interpretación de los sueños en revista Idilio

What do Women Dream About? The Interpretation of Dreams in Idilio magazine

Andrea Kottowa  * 

a Universidad Adolfo Ibáñez, Facultad de Artes Liberales, Departamento de Literatura.Chile

RESUMEN:

Entre los años 1948 y 1951, el sociólogo argentino Gino Germani fungió bajo el seudónimo Richard Rest de analista de sueños en la sección “El psicoanálisis te ayudará” de la revista femenina Idilio. La sección instaba a las mujeres a desplegar sus secretos nocturnos para poder liberarse y ser más felices. Siguiendo la lógica de un consultorio sentimental, pero revestido de un lenguaje psicoanalítico, Germani tipificaba los sueños de las lectoras, que luego eran provistos de un fotomontaje de la artista vanguardista Grete Stern. En este artículo se pone en relación la sección de Germani con las múltiples formas en que los discursos psicoanalíticos van asentándose en la primera mitad del siglo XX en la cultura bonaerense, incluyendo recepciones y resignificaciones poco ortodoxas. No solo se evidencia así la presencia popularizada, a mitades del siglo XX en la Argentina urbana, de los así llamados discursos psi, sino también los diálogos en que entran con los discursos de género. Siendo la revista Idilio un magazine dirigido a amas de casa, vehiculando más bien una imagen conservadora del género femenino, en la sección psicoanalítica esta propugnación tradicional se entreteje y contradice con modelos de mujeres más rupturistas. El inconsciente revelado por los análisis de sueño de Germani, entonces, se evidenciaría como instancia tanto de conservación como de resquebrajamiento de los imaginarios de género dominantes de la época.

Palabras clave: psicoanálisis; revista Idilio; Gino Germani; Grete Stern; discursos psi

ABSTRACT:

Between 1948 and 1951, the Argentine sociologist Gino Germani operated with the pseudonym Richard Rest as analyst of dreams in the section “Psychoanalysis will help you” of the women magazine Idilio. The section invited women to tell their nocturne dreams in order to liberate themselves and be happier. Following the logic of a problem page, but invested with psychoanalytic language, Germani organized the dreams of the readers, which were provided with a photomontage of the avant-garde artist Grete Stern. This article puts Germani’s section in relation to the diverse forms in which psychoanalytic discourses circulated in the first half of 20th century in the culture of Buenos Aires, including less orthodox receptions and resignifications. By doing this, what shows is not only a strong presence in Argentine urban culture of the so called, psi discourses, but also the dialogues with gender discourses. Being Idilio a magazine for house wives with predominantly conservative images of femininity, in the psychoanalytic section this traditional propagation appears intertwined with more subversive role models of women. The Unconscious revealed by Germani’s analysis of dreams shows itself both as an instance of conservation and of rupture with the dominant gender imagery.

Keywords: Psychoanalysis; Idilio Magazine; Gino German; Gerte Stern; Psi discourses

1. PLANTEAMIENTOS INTRODUCTORIOS

La ciudad de Buenos Aires emerge con sorprendente rapidez y espontaneidad en el imaginario colectivo al pensar en espacios donde el psicoanálisis goza de prestigio y popularidad. La capital argentina se suma a metrópolis de la índole de Nueva York, París o Viena -la primera probablemente popularizada como escenario psicoanalítico por el cineasta Woody Allen, y París y Viena por ser, respectivamente, las cunas de las teorías de Lacan y Freud- en donde se puede hablar de neurosis obsesiva, de pulsiones, represiones y del superyó no solo con unos pocos iniciados. Pareciera ser constitutivo de una buena educación, así como formar parte del buen tono, el someterse a las indagaciones del propio yo, el confrontarse a sus fantasmas, y el haber seguido -al menos por el período de un par de años- el ritual de tenderse en un diván y hablar a un desconocido, quien además cobra grandes cantidades de dinero por ello, de nuestros más recónditos secretos. Buenos Aires se nos figura como una ciudad psicoanalizada, familiarizada con el vocabulario psicoanalítico, donde el lenguaje puesto en escena se colma con marcas que remiten, aunque sea de forma salvaje y poco ortodoxa, a las teorías psicoanalíticas. El historiador Mariano Plotkin (2003) lo pone del siguiente modo, postulando que, en un país como Argentina, “cualquier persona que se atreviera a cuestionar la existencia del inconsciente o del complejo de Edipo en una reunión social en alguna ciudad importante […] se sentiría del mismo modo que alguien que estuviera negando la virginidad de la Virgen María frente a un sínodo de obispos católicos” (13). A pesar de este guiño al cuasi endiosamiento del psicoanálisis y la naturalidad en el uso de sus teorías en Argentina, pareciera ser que no siempre fue así; al rastrear la historia de las formas de entrada de las presunciones freudianas en el ambiente médico y cultural de Buenos Aires en las primeras décadas del siglo XX, es sorprendente la resistencia y sospecha con las que son recibidas. Solo a partir de 1930 -y eso que los primeros hitos del aterrizaje de las ideas de Freud en Buenos Aires datan de 1910- puede observarse que el psicoanálisis se ha transformado en un artefacto cultural, rebasando límites disciplinarios y permeando a la cultura porteña en diversos niveles. En este sentido, se entiende el psicoanálisis acá en un sentido amplio, considerándose, como plantea Plotkin, “la combinación de los modos particulares de difusión y recepción en diversas culturas y sociedades” (18) de las ideas psicoanalíticas. De este modo, una aproximación al psicoanálisis en tanto artefacto cultural, implica rebasar los espacios y autores en los que ciertas ideas llegan a encarnarse, para así abrirse a la “historia de la implantación, la apropiación y la reelaboración [de ideas] en culturas diferentes” (18). Mariano Ruperthuz (2015) invita a hablar no del psicoanálisis sino de pluralizar el término, planteando que se trata de “un sistema de saberes y de creencias […] que […] ha tenido la capacidad de constituir una ‘subcultura’ en diversos lugares del mundo, es decir desbordar ampliamente el ámbito inicial de utilización difundiéndose por canales diversos tanto dentro de la cultura letrada y científica como de la cultura popular” (27).

En el siguiente artículo se propone una aproximación a una de las formas en que se tradujo la recepción de las teorías de Freud en el Buenos Aires de la primera mitad del siglo XX. Entre 1948 y 1951, el sociólogo Gino Germani comentó los sueños de las lectoras femeninas de la revista argentina Idilio, que le escribían con los relatos de sus desvaríos nocturnos. Esta publicación masiva, cuyo subtítulo rezaba La Revista Juvenil y Femenina, comenzó a editar una sección titulada “El psicoanálisis te ayudará”, que divulgaba las cartas de sus lectoras, las respuestas interpretativas que diera el consultor Richard Rest -el seudónimo de Germani- así como los fotomontajes, estéticamente cercanos al surrealismo, que acompañaban los textos, a cargo de la artista Grete Stern.

Germani opera en sus análisis oníricos, sobre todo, con dos mecanismos interpretativos que el mismo Freud señalara como fundamentales para la interpretación de los sueños y para la comprensión del inconsciente: la condensación y el desplazamiento. Lo que quisiera revisar son las maneras en que Germani hace de los sueños individuales de sus seguidoras, sueños “tipo” -emulando la manera en que Freud articula sus Relatos clínicos- generando verdaderos “casos”. Estos van vehiculando no tan solo ciertas taxonomías para ordenar el inconsciente que emergería en estos relatos de sueños, sino también va generando estereotipos femeninos, así como una manera de instalar y popularizar las ideas psicoanalíticas. Lo que buscaré mostrar en el presente artículo es que el psicoanálisis, en este y en otros contextos, participa de un carácter ambiguo y a veces contradictorio con relación a las ideas hegemónicas sobre el deseo, la sexualidad y el género, impulsando reflexiones “nuevas” e inusitadas, pero también confirmando y acentuando proyecciones tradicionales y conservadoras.

Los análisis que se han hecho, sobre todo en el ámbito argentino,2 de esta sección de la Revista Idilio han privilegiado la reflexión histórica acerca de la asunción de las teorías y el lenguaje psicoanalítico en Buenos Aires, por un lado, y el análisis desde las artes visuales de los fotomontajes de Stern, por el otro; por encima de los textos de Germani. Siendo de gran belleza e instalándose en cercanía al arte vanguardista, específicamente, surrealista, las obras de Stern se han vuelto objeto de reflexión de varios artículos que trabajan la construcción de la imagen, las influencias estéticas vanguardistas, las reproducciones y quebraduras irónicas de las imágenes dominantes del género femenino. Este artículo propone centrar la mirada en los discursos de Germani para complementar las perspectivas ya existentes de “El psicoanálisis te ayudará.”3

2. ACERCA DE LA RECEPCIÓN DEL PSICOANÁLISIS EN LA ARGENTINA

A comienzos del siglo XX, una serie de psiquiatras argentinos se muestran receptivos frente a los postulados psicoanalíticos de corte freudiana, por ver que con ellos podía removerse el panorama psiquiátrico que, según opinión de algunos, se encontraba en una encrucijada marcada por una mirada que tendía a reducir los modelos explicativos de la psique a su base fisiológica. El psicoanálisis así prometía aires nuevos y acercamientos renovados a las enfermedades mentales, y a la compleja relación entre cuerpo y mente. Una figura que marca un hito en la historia del psicoanálisis latinoamericano, específicamente para el caso chileno y argentino, es el Congreso Internacional Americano de Medicina e Higiene, que se celebra en la ciudad de Buenos Aires en 1910. El médico chileno de origen alemán, Germán Greve Schlegel, presenta en este contexto un trabajo titulado “Sobre psicología y psicoterapia de ciertos estados angustiosos”, el cual expone algunos de sus resultados al introducir el psicoanálisis en el trabajo clínico. Greve será uno de los primeros latinoamericanos en hacer referencia explícita a Sigmund Freud en el continente.

Las ideas psicoanalíticas comienzan a circular en un inicio de forma bastante tímida por los círculos médico-psiquiátricos de Buenos Aires, y se tienden a entremezclar con otras propuestas en boga de la época, de las cuales destacan la teoría de la degeneración del francés Benedict Augustín Morel y las teorías criminalísticas del italiano Cesare Lombroso. En la década del ’50 del siglo XIX, Morel intentaba dar respuesta a un vacío explicativo que quedaba con relación a los recientes descubrimientos en el ámbito de los estudios de la herencia. ¿Cómo surgían, en familias en apariencia completamente sanas, enfermos con cuadros psiquiátricos graves? El modelo de la degeneración proponía que pequeños desvíos de orden físico y/o psíquico, al ser traspasados vía material hereditario de una generación a otra, bajo ciertas circunstancias sufrían un aumento o un agravamiento, hasta, incluso, poder llevar a la extinción de la familia. Las teorías de Morel cayeron en suelo fértil dentro de la cultura finisecular europea, obsesionada en varios niveles con el tema de la degradación y con lo que llegó a conocerse como el clima y la estética de la décadence. La idea de algo invisible que el ser humano acarrea consigo y que se trasfiere de una generación a otra se encuentra, asimismo, si bien de otra forma, estructuralmente en la base del psicoanálisis4.

Por el otro lado, los postulados de Cesare Lombroso, formuladas durante la segunda mitad del siglo XIX, vinculan a la figura de la locura con la aparición de la genialidad, lo que resquebraja un ideal de salud perfecta y difumina la línea divisoria entre enfermedad y salud. Si bien esta idea no era nada nueva -algo similar postulaba Aristóteles en su famoso Problema XXX acerca de la melancolía, en el que se preguntaba por qué todos los grandes hombres, incluyendo a filósofos, poetas, gobernadores, habían sido al mismo tiempo melancólicos- sí gana mucho terreno al terminar el siglo XIX, nuevamente por un ambiente proclive a cuestionar desde varias trincheras los ideales de la sociedad burguesa.

En este sentido, no es de extrañar que Freud, Morel y Lombroso fueran leídos por los mismos simpatizantes en búsqueda de dar respuestas a interrogantes que atañían a la psique y que no parecían responderse desde el modelo fisiológico. Y no solo desde la perspectiva del reducido círculo de psiquiatras se produce este entretejido, sino lo que las tres teorías tienen en común es que ejercen una fuerza de atracción muy grande para el público lego.

De esta manera, y nuevamente haciendo referencia a Plotkin, prontamente no es posible distinguir en la Argentina entre una recepción médica y una cultural del psicoanálisis (2003: 28). Mariano Plotkin propone organizar la recepción del psicoanálisis freudiano en Argentina a partir de tres momentos: la primera recepción, de corte mayoritariamente médica, abarcaría la década entre 1910 y 1920, y se mostraría desconfiada frente a ideas percibidas como extranjeras y en exceso preocupadas por la cuestión de la sexualidad. En la segunda etapa de la recepción psicoanalítica identificada por Plotkin, que incluye la década del ’20 hasta finales de los ’30, el psicoanálisis es incorporado por los psiquiatras más progresistas en sus métodos diagnósticos y terapéuticos, simultáneamente expandiéndose la recepción de las ideas freudianas a círculos que exceden el marco médico. Freud es considerado un referente ineludible, incluso por aquellos que critican sus ideas, y el psicoanálisis se convierte en un objeto de consumo cultural. Entre las décadas del ’30 y ’40, el tercer momento vislumbrado por Plotkin, el psicoanálisis se institucionaliza en tanto disciplina autónoma, creándose en 1942 la Asociación Psicoanalítica Argentina, y los saberes psicoanalíticos ya están instalados de manera prominente en la cultura urbana argentina. Para el primer período, el mismo médico chileno Germán Greve es considerado el hito con su referencia a Freud en el Congreso Internacional Americano de Medicina e Higiene, momento a partir del cual se comienzan a discutir las ideas freudianas en Argentina, si bien con tendencia a rechazarlas. La tradición psiquiátrica se orientaba en los contextos franceses e italianos, lo que implicó una recepción desconfiada y tibia del psicoanálisis. Destaca para este primer momento el psiquiatra José Ingenieros, quien, aunque se oponía al psicoanálisis, mostraba interés en fenómenos como la hipnosis, los sueños y la sexualidad, que permeaban los marcos de discusión para la entrada de las ideas psicoanalíticas (Vezzetti 1996). Plotkin pone en relación la paulatina apertura hacia el psicoanálisis en Argentina con un creciente interés por parte de la intelectualidad latinoamericana en corrientes filosóficas de origen europeo continental, alejadas del positivismo. Tanto los postulados antiimperialistas de un Rodó, como más tarde las reacciones a la Primera Guerra Mundial van fundando un antimaterialismo y antipositivismo, poniéndose en evidencia el potencial destructivo de la ciencia y la tecnología. José Ortega y Gasset, quien visita Argentina por primera vez en 1916, introduce la filosofía alemana y acentúa la desconfianza frente a miradas positivistas. Además, Ortega y Gasset escribe el prólogo a la primera traducción de Freud al castellano, y en la Revista de Occidente que dirige se publican numerosos artículos sobre psicoanálisis. Todos estos factores ayudan a una recepción más positiva del psicoanálisis, tanto en círculos médico-psiquiátricos, como en un público más amplio.

En 1929 se forma la Liga Argentina de Higiene Mental que se interesa en el psicoanálisis en tanto terapia para prevenir y curar enfermedades mentales. Junto a este paulatino ingreso del psicoanálisis en la psiquiatría, las teorías psicoanalíticas comienzan a difundirse con creciente fervor en círculos no médicos. En la revista El Hogar, de circulación popular, se discuten las ideas psicoanalíticas junto a temas de interés general, como la hipnosis y la literatura de la actualidad. A partir de los años treinta, entonces, puede hablarse del psicoanálisis como una moda intelectual, debatida tanto en contextos de izquierda como desde posiciones más conservadoras. La siguiente referencia de Beatriz Sarlo, acerca de la revista que dirigía el escritor Raúl González Tuñón, ilumina este panorama: “De las citas con que la dirección de Contra organiza el álbum de recortes de la izquierda, podría armarse un collage, muy de época, entre psicoanálisis y política en la versión de los tempranos años treinta” (1997: 140). Lo que se evidencia es la clara presencia de las ideas psicoanalíticas en la cultura argentina: “El psicoanálisis se fue transformando en un objeto de consumo cultural. Si en la década del ’20 los críticos afirmaban que ‘la naturaleza literaria’ del psicoanálisis era una prueba suficiente de su falta de fundamento científico, en los años ’30, la misma ‘naturaleza literaria’ era evaluada favorablemente” (Plotkin 2003: 55-56). Hugo Vezzetti ha destacado la coincidencia de una serie de factores que hacen posible que el psicoanálisis viva una expansión en sectores más populares: un creciente interés en la sexología; la biografía, ampliamente leída, de Stefan Zweig sobre Freud; y las ediciones a bajo costo de divulgación masiva de las ideas psicoanalíticas. A modo de resumen del panorama dibujado, la recepción del psicoanálisis debe vincularse a una serie de cambios sociales vinculados a los discursos sobre la modernidad, la urbanización, la salud e higiene pública, la nación y la raza, la sexualidad, etc., formando también parte de “esta zona gris definida entre la ciencia y la cultura popular” (Plotkin 2003: 62).

De este modo, los así llamados saberes psi van instalándose en la cultura porteña, permeando diversos ámbitos -el psiquiátrico, el literario, el pseudocientífico, el periodístico- convirtiéndose en lo que podemos llamar un verdadero fenómeno cultural. La revista Idilio, con su sección dedicada a la interpretación psicoanalítica de sueños debe ser inscrita en este contexto, y participa de esta naturaleza híbrida y múltiple, impulsando a una recepción que se abra a la heterogeneidad de los fenómenos allí convocados.

3. LOS SUEÑOS EN REVISTA IDILIO

Gino Germani se radica en Argentina en 1934, después de haber estado preso, bajo el gobierno de Mussolini, en su natal Italia. Si bien Germani estudiara filosofía, es en el ámbito de la sociología en el que sus aportes serán significativos y reconocidos. Permeó de manera importante, desde sus lecturas de la sociología de Durkheim y por sobre todo de la tradición anglosajona practicada en EEUU con autores como Parsons, Lundberg, y Robert y Helen Lynd, a la sociología no solo argentina sino latinoamericana. Entre los años 1948 y 1951, Germani adoptó el pseudónimo Richard Rest para fungir de psicoanalista, quien interpretaba los sueños de las lectoras de la revista Idilio. Tal como plantean los prologuistas de la edición que sacara la editorial transandina Caja negra en 2017 con la reimpresión de las respuestas que diera Germani a las lectoras soñadoras y las imágenes de la artista Grete Stern que acompañaban estos textos:

La originalidad de este consultorio psicológico y sentimental radica en la articulación del psicoanálisis, la sociología y el arte. Su rescate cobra relevancia por su inscripción en las condiciones de producción y difusión que logró el psicoanálisis en Buenos Aires. Estas ideas, que habían surgido en la escena del arte e intelectual de la mano del surrealismo y de los círculos psicoanalistas, repercutieron en una audiencia masiva contribuyendo a la popularización del freudismo y su terminología como parte de la cultura general y de la terapia psicoanalítica como una actividad más de la vida cotidiana convirtiéndola en algo positivo antes que en un estigma que ocultar para los pacientes (2017: 8).

En colaboración con Enrique Butelman, psicólogo colega de Germani, este interpretaba, en el apartado “El psicoanálisis te ayudará”, los sueños que las lectoras le relataran. La revista Idilio mostraba un perfil parecido a muchos magazines de la época, enfocados a mujeres amas de casa, mayoritariamente de clase media. Idilio aunaba secciones sobre moda, consejos de limpieza para la casa, anuncios -que iban desde electrodomésticos que aliviaban y ayudaban a cumplir mejor las demandas del hogar, hasta artículos de belleza- y crucigramas, cuyas soluciones estaban dadas por nombres de artistas de cine de la época. La sección psicoanalítica prometía apoyo, entonces, a un segmento femenino de la población que se suponía dedicado a cuidar del hogar, ser respetables esposas y buenas madres. He ahí uno de los aspectos interesantes al reflexionar sobre el papel que cumplía este apartado -novedoso para la época en una publicación con las características recién expuestas- y que dice relación con cierta subversión de los modelos femeninos de la época.5 Si Idilio, en términos generales, parecía más bien fundamentar y apoyar modelos tradicionales de femineidad, la sección psicoanalítica invitaba a las lectoras a indagar en las profundidades de su yo, enfrentarse a sus miedos, deseos e ideales, así como a escarbar en recovecos más oscuros de su psique. El así firmante Profesor Richard Rest invita con las siguientes palabras a las mujeres a enviar sus relatos: “Queremos ayudarla a conocerse a sí misma, a fortalecer su alma, a resolver sus problemas, a responder sus dudas, a vencer sus complejos y a superarse” (Idilio, web). Luego seguía: “En esta sección queremos poner a su alcance, en la medida en que lo permita el medio empleado, la ayuda que el psicoanálisis puede proporcionarle para resolver sus problemas. […] Invitamos pues a todos los lectores y lectoras a escribirnos sin miedo, sin vacilaciones, pues solo encontrarán humana comprensión y leal ayuda” (Idilio, web).

Interesante resulta, en primeros términos, que la sección se ofrece como una instancia de ayuda y soporte, siendo el psicoanálisis, entonces, una herramienta que vía autoconocimiento impulsa a la resolución de conflictos y problemas. Pero, a su vez, al transitar por este camino desconocido abre la posibilidad de emergencia y/o visibilidad de problemáticas que no necesariamente estaban ahí antes de la oferta de su solución, o no, al menos, de esa manera. En este sentido, no puede tomarse, también en términos más generales, una decisión a priori acerca de si el psicoanálisis es una teoría de corte más bien liberal o, por el contrario, si sirve para la conservación de ciertos poderes y órdenes sociales. El psicoanálisis exhibe más bien una doble naturaleza, ya que, como postula Silvana Vetö (2013), “articula en una teoría el malestar que inunda al individuo producto de dichas relaciones [vinculadas a la familia burguesa], por una parte, y por otra, es una práctica que pretende librarlo del mismo” (35).

Este doble movimiento también está presente en la interpretación de los sueños realizada por Germani, desde la creación de la sección en una revista dedicada a mujeres, que ostenta una comprensión bastante tradicional de lo femenino -tanto en el sentido de sus supuestas características como de su rol social- hasta el llamativo hecho de que las ilustraciones a los análisis de Germani estuvieran a cargo de la artista Grete Stern, una fotógrafa y diseñadora nacida a comienzos de siglo XX en Alemania. Su fama internacional la obtuvo a partir de su colaboración con Ellen Auerbach, con la que en los años ’30 formó el estudio de fotografía ringl + pit, cuyos trabajos fueron considerados una significativa innovación en el mundo de los retratos fotográficos, así como en la fotografía publicitaria, influyendo a numerosos artistas europeos y americanos de la época. A comienzos de la década del 30, Stern participó del curso de fotografía impartido por Walter Peterhans -artista a cargo del taller de fotografía de la Bauhaus-, que impartía clases tanto en Dessau como en Berlín. En este contexto Grete Stern también conocería a Horacio Coppola, su futuro marido, un fotógrafo argentino, con el cual decidió emigrar a Argentina, después de haber primeramente pasado por Londres, tras la toma del poder por parte del nacionalsocialismo. En las cercanías de Buenos Aires, Stern y Coppola abrirían un estudio de fotografía y publicidad en el año 1937. Su casa-estudio se convertiría en punto de encuentro para escritores, artistas de origen judío emigrados a Argentina, artistas e intelectuales progresistas, así como como, entre otros, los escritores Jorge Luis Borges y Pablo Neruda, el artista Clément Moreau, la escritora María Elena Walsh y la psicoanalista Maria Langer. Stern trabajaría hasta su muerte en los años ochenta como fotógrafa.

Stern confeccionaba los fotomontajes a partir de los textos que Germani escribiera interpretando los sueños de las lectoras de Idilio. No se conserva la totalidad del material que se elaboró en el marco de “El psicoanálisis te ayudará”, pero los fotomontajes atesorados muestran a una artista vanguardista, fina, creativa e influenciada, sin lugar a dudas, por el surrealismo. Las imágenes creadas por Stern no son las que se esperarían encontrar en una típica revista para mujeres de la década del ’50 y contrastan con el restante material visual, por ejemplo, de los avisos publicitarios, que muestran sonrientes amas de casa abogadas a alguna labor hogareña. Los de Stern son retratos muchas veces ominosos, alegóricos, humorísticos y paródicos también, en los cuales la superposición de elementos que no imaginamos en continuidad hacen alusión al funcionamiento de las imágenes oníricas.6

La historiadora del arte María Laura Rosa plantea, de forma convincente, que Grete Stern se mueve con sus fotomontajes en el terreno de la problematización de la mujer relegada al espacio doméstico. Teniendo presente que el voto femenino se alcanza en Argentina en 1949, los años de la publicación de la sección “El psicoanálisis te ayudará” coinciden con un momento en el que el tema de los derechos de las mujeres ocupaba una tribuna importante en la discusión pública.7 Sea entonces consciente o inconscientemente, o de forma voluntaria o involuntaria, Stern, sin lugar a dudas, remueve con sus fotomontajes publicados en Idilio el imaginario de la ama de casa dominante en la época, denunciando, como plantea Rosa, “la naturalización de los deberes ser del patriarcado” (63). Es más, Rosa repara en que muchas veces las imágenes con las cuales Stern ilustra los sueños analizados por Germani, apuntan a direcciones que el analista no ha intencionado, refiriendo al peso de las obligaciones domésticas del así llamado “ángel del hogar”, en conflicto, a partir de sus deseos, con lo que se espera de él. Por su lado, Paula Bertúa plantea al respecto:

Stern genera relatos desviados o alternativos de los modelos dominantes que anticipan, de algún modo a nivel discursivo y plástico-visual, la crisis en la representación de la idea de familia y el cambio de roles de la mujer en la sociedad que se cristalizan en la década del ’60 pero que tienen sus antecedentes en el comienzo del ciclo modernizador iniciado en la década del ’40. En este sentido, en los Sueños, lo específico femenino aparece dado no sólo por el tema, no por una autoría sexuada sino fundamentalmente por una manera femenina de mostrar a la mujer hablando de su mundo a través de objetos, poses, actitudes, situaciones y conflictos femeninos (2008: 17).

Más allá de los fotomontajes de Stern, que por su carácter vanguardista indiscutiblemente contribuyen, tanto en el pasado como en el presente, al atractivo que emana de la sección de Germani para Idilio, también en los textos que confeccionara este último puede reconocerse una serie de elementos que resquebrajan la imagen de la abnegada madre, fiel esposa y perfecta dueña de casa. En este sentido, quisiera analizar algunos movimientos impulsados por los textos de Germani que se moverían entre la afirmación, por un lado, de una imagen tradicional de la mujer, y una ruptura de esta, por el otro.

3.1. Entre subjetividades y casuísticas

A pesar de que una sección como la de Germani, Butelman y Stern repetía el gesto que en esa época se popularizaba, instalando, dentro de las revistas femeninas, plataformas que sirvieran de consultorio sentimental para las lectoras y, como bien se sabe, participaban de una utilización poco ortodoxo de los discursos científicos que parecían darle legitimidad -vinculados a los así llamados saberes psi- hay un movimiento en el que debe reparase y que sigue en gran medida la construcción de los casos clínicos de Freud. Todos los relatos clínicos de Freud ostentan una estructura más o menos similar. Suelen comenzar con la narración de la visita de una joven a la consulta del médico. La joven sufre de determinados síntomas -una molesta tos, un dolor en la pierna, angustia, etc.-, sin sospechar su proveniencia. Muchas veces el recuento incluye un episodio que evidencia el fracaso de la medicina tradicional, de orientación fisiológica, para diagnóstico y terapia de los padecimientos de la muchacha. Tras algunas sesiones conversacionales, el médico -Freud- logra reconstruir la historia reprimida por la joven, asociada a traumas ocurridos en la infancia, de orden sexual. Al poder contar, poner en palabras, lo que el consciente había desplazado, en aras de no ofender a la estricta moral burguesa de la Viena finisecular, la paciente se cura. Los síntomas son la manifestación latente del inconsciente donde el trauma se ha inscrito y es el cuerpo el que habla en lugar del lenguaje consciente y coherente. La tarea del analista es ayudar a la paciente a recuperar el habla, para así acallar al cuerpo y su sintomatología: en este movimiento consiste la cura. Se trataría, entonces, de una transposición de un decir corporal -el cuerpo habla a través del lenguaje de los síntomas- al decir de las palabras, que introduce linealidad y causalidad en la trama relatada. Esta recuperación solo es posible a partir de la intervención del médico.

Los relatos clínicos de Freud construyen una imagen de él mismo como figura de autoridad y saber que, desde su conocimiento, realiza la operación de traducción del hablar histérico del cuerpo al hablar cohesionado del lenguaje consciente. Como escribe Freud en su caso “Catalina”: “La sintomatología histérica puede compararse a una escritura jeroglífica que hubiéramos llegado a comprender después del descubrimiento de algunos documentos bilingües” (2017: 22). La paciente es curada a partir de la injerencia médica. No es en absoluto irrelevante el hecho que el médico sea un hombre mayor -asentamiento de la calma, de la razón y del saber-, mientras que las pacientes son mujeres jóvenes, cuyos cuerpos hablan por ellas. Se ha insistido en numerosas ocasiones en los componentes que vinculan a la histeria y al psicoanálisis freudiano a las problemáticas de género. Como puede verse en el siguiente diálogo construido por Freud en el mismo caso “Catalina” citado más arriba: “-Qué es lo que pasó? ¿Quiere usted contármelo? -A un médico se le puede decir todo” (2017: 20), la paciente se entrega al médico, confiándole su relato y su persona. Por un lado, entonces, la estructura del relato clínico freudiano prototípico reproduce las relaciones de poder patriarcales que sitúan a la mujer en una posición de inferioridad frente al hombre. Por el otro lado, habría que considerar que la instancia de la terapia abre la posibilidad para las pacientes de hablar de asuntos que antes no encontraban tribuna y que no solo dicen relación con los traumas sexuales de las mujeres, sino también con un despliegue de su subjetividad. Véase, ejemplarmente, el siguiente diálogo, que ya inicia el cierre de la terapia de “Catalina”: “Bien. Entonces, dígame usted exactamente… Ahora es usted ya una mujer y lo sabe todo. -Sí, ahora ya sí” (2017: 25). La mujer toma consciencia de sí y se vuelve dueña de su propio saber y decir. También se ha reparado en el hecho de que el caso más famoso de histeria estudiado por Freud es uno que no logra finalizar -el caso Dora- en el que la paciente interrumpe su análisis y Freud no logra alcanzar la anhelada cura, que no solo hubiera significado la restauración de la salud para la analizada, sino también la afirmación de las teorías freudianas y de la figura de Sigmund Freud mismo.

A partir de la narración del caso de una mujer -muchos casos clínicos de Freud llevan el nombre propio de la paciente-, Freud va construyendo sus teorías. El movimiento que permite este paso de la praxis clínica a la teoría psicoanalítica, y de la particularidad a la generalidad, es justamente la configuración de un caso. El caso clínico produce este tránsito de lo propio a lo genérico. Tener y constituir un caso implica la convicción de que aquello con lo que uno se encontró puede ser aplicado a otros casos, al reconocer los elementos taxonómicos que impulsan a ese tránsito.

Esta misma figura puede ser reconocida en la manera en que Germani organiza sus análisis de sueños, si bien en el nivel este analista “impostado” genera este movimiento, hay más de emulación y de performática que de encarnación de la posición real del analista. Pero, de todas formas, asimismo Germani va constituyendo casos de sueños, sueños tipos, a partir de los relatos particulares en los que las lectoras escriben sus vivencias oníricas8. También aquí Germani se convierte en configurador de casos, identificando ciertos elementos para constituirlos, y convertir los sueños en algo más que la experiencia nocturna de una sola mujer9. A su vez, participa de la figura de autoridad, capaz de leer, dar orden y significado a un cúmulo de componentes que no parecen tenerlo para quien los soñó. Es así como la sección “El psicoanálisis te ayudará” está organizado a partir de una tipología de sueños. De hecho, en muchos de los casos, Germani invierte la operación descrita más arriba de los casos clínicos de Freud. Primero establece “el caso” para luego retrotraerlo a un sueño específico de una de las lectoras. Es decir, el sueño se vuelve el ejemplo de una taxonomía que desde su comienzo se postula como un conocimiento más o menos afianzado, produciendo el efecto de estar analizando desde un saber constituido y probado, en el cual, así especulo, cualquier lectora podría reconocerse.

3.2. Las advertencias morales del inconsciente

Quisiera dedicar las siguientes líneas a comentar algunos análisis de sueños en los que Germani parece advertir a sus analizadas de los peligros que implica entregarse a ciertas relaciones y pulsiones que, así sugiere el analista, pueden devenir nefastas.

En “Los sueños del cuerpo”, la soñante ve la parte inferior de su cuerpo desprendida del resto de su figura acercándose a un hombre sentado, en actitud de espera. En la proximidad de la muchacha se encuentra una sombra oscura, una especie de silueta negra. Germani vincula este sueño con la situación vital en que se encontraba esta joven que, como nos dice el texto de Germani, era una “[m]ujer muy necesitada de afecto y de sostén moral” (2017: 33), que había trabado amistad con un hombre considerablemente mayor que ella. Sin embargo, este hombre esperaba otra cosa de su amiga, “quedando a la espera del logro de sus deseos para cuando llegara la oportunidad” (2017: 33). Según el analista, el inconsciente le revela a la joven las verdaderas intenciones de este hombre, obligándola a darse cuenta de un hecho conscientemente negado por ella, pues “[h]abía una parte de ella que se sentía atraída por ese hombre, y era la parte menos noble de su ser” (2017:34). Las cursivas introducidas por Germani mismo son reveladoras del gesto que puede ser reconocido en este análisis. El deseo sexual que hace que el hombre esté, de alguna forma, acechando a su presa en espera del momento más oportuno para aprehenderla, se reitera en aquella parte señalada como “inferior” de la joven. El hombre mayor, entonces, es un aprovechador que quiere solo sexo con la joven y no se contenta con la pura y prístina amistad, mientras que ella, desde un recoveco de su ser al cual no debe atender, por no formar parte de las cualidades deseables, también siente atracción sexual por él. El inconsciente revelado por el sueño y puesto en perspectiva por el analista acá claramente se plantea en tanto instancia que debe salvar a la joven de no cometer ningún acto que atente contra la moralidad, fuertemente vinculada a cierta moral sexual. La conclusión de Germani en su análisis reza: “El sueño reveló […] que, en su inconsciente, la soñadora condenaba como inmoral la atracción hacia ese hombre; tal es el sentido de la silueta negra (el diablo) que simboliza el pecado. De este modo, al revelar a la luz de la conciencia la naturaleza de sus propios impulsos, la joven evitó males peores” (2017: 34).

El sueño redime de la entrega sexual a un hombre que no puede, así debemos suponer por la diferencia de edad tan marcada que se acentúa, cumplir posibles proyecciones de un futuro en común. Por lo tanto, la joven debe desatender sus deseos ilícitos, guiada por la emergencia de la advertencia de su propio inconsciente, leído y descifrado por la voz revestida de autoridad del analista. En este sueño impera una voluntad, sin lugar a dudas, moralista y preservadora de la pureza sexual de la joven, quien desecha las invitaciones poco honrosas del hombre mayor, asociadas al diablo y al pecado, introduciéndose, de ese modo, un lenguaje explícitamente cristiano.

En “Los sueños de peligro”, el fotomontaje de Stern nos muestra a una mujer que balancea sobre un techo a gran altura, lo que se infiere dado que más allá de mujer y tejado solo es posible vislumbrar nubes. Como postula Germani al comienzo de su texto, los sueños de peligro son indicadores simbólicos del miedo frente a situaciones amenazadoras. En el sueño analizado, “la mujer se halla en inminente peligro de caer” (2017: 44). La caída que teme sufrir la mujer se vincula con la relación que tiene, en el trabajo, con su superior. Se trata de un hombre nuevamente mayor, además de casado, muy admirado por la soñante, quien aprecia sus capacidades profesionales y su inteligencia. Por la admiración profesional que le profesa, la muchacha había estrechados los lazos laborales con su jefe. “Pero en realidad se trataba de una situación peligrosa para la que ella no estaba preparada, al ignorar el verdadero alcance de la atracción que inconscientemente sentía hacia el hombre” (2017: 43). Siguiendo un patrón de análisis muy parecido al desplegado en “Los sueños del cuerpo”, el inconsciente funge como un tipo de vara moral que recuerda lo que el consciente parece querer olvidar: que hay ciertos hombres -por ejemplo, los mayores y casados- que no convienen a una joven, que debe desestimar cualquier atisbo de deseo que sienta por ellos.

En “Sobre el abismo”, Germani analiza el sueño de una mujer aparentemente feliz: “sus anhelos de mujer parecían haberse realizado: un esposo, un hogar; nunca había pedido más” (2017: 49). A pesar de la supuesta culminación de sus expectativas de vida, la mujer sueña en repetidas ocasiones con abismos. Un vacío interior le advertía que debía atender a alguna parte insatisfecha: “había que hacer algo para recuperar el sentido de la vida, para arraigarse de nuevo en la realidad” (49)”. En este caso, Germani hace referencia a un análisis salvador al que se habría sometido la mujer, quien se pudo dar cuenta que “su amor-pasión había naufragado en el matrimonio, y ya no quedaba ‘nada’. Había, sin embargo, que hallar algo vital que la salvara: lo halló en la maternidad” (2017: 50).

El análisis acá sella el sueño de la felicidad burguesa: lo que puede faltar a una mujer en su matrimonio se completa con los niños. El hogar no es perfecto hasta que la pareja no lo colme con sus descendientes. Los sueños de abismos son el aviso del inconsciente para cumplir con el mandato de la familia burguesa: la reproducción.

En los tres sueños, Germani instala en el inconsciente de las mujeres un aparato moral, que parece producir lo que en realidad más bien reproduce: el precepto de una moral sexual de corte tradicional y patriarcal, a partir del cual la mujer no debe volverse sujeto de su deseo y debe velar para no convertirse en el objeto del deseo de hombres moralmente inconvenientes. La felicidad para la mujer pareciera residir en controlar su entrega, administrar su sexualidad de forma pertinente, para solo entregarse a ella en el seno de su matrimonio. Lo que aparece en tanto vida plena y feliz, como podemos inferir a partir del último sueño analizado, es la vida en familia y en torno a la armonía doméstica. El inconsciente se superpone, para decirlo en términos freudianos, al superyó y pareciera agotarse en él. Los llamados que el inconsciente hace se descifran a partir del deber ser, en tanto mecanismo, entonces, de control. En este caso, por lo demás, un tipo de control fácilmente identificable con las prácticas de género patriarcales, que restringen la soberanía de la mujer sobre su cuerpo y su sexualidad, y codifican la realización de los anhelos femeninos en el hogar y en la familia.

Sin embargo, no todos los sueños analizados por Germani le sirven a la sección de Idilio para afianzar y corroborar imágenes conservadoras de la femineidad. Hay una serie de sueños que son interpretados a partir de deseos de sus soñantes cuya represión se llama a resquebrajar.

3.3 El precio de la negación de sí

Una mujer sueña que debe realizar una tarea que se le hace muy difícil y se siente embargada por un cansancio muy grande. Germani plantea que los sueños de cansancio se originan a partir de conflictos irresueltos. En este caso, la situación de la soñante que detona la imagen onírica sería un noviazgo excesivamente largo que está a punto de culminar en el casamiento. Si bien la mujer conscientemente cree que esta boda es la cúspide de su felicidad, su inconsciente le estaría revelando, según el análisis, que este noviazgo no es lo que ella desea. En las palabras de Germani: “el camino que sigue la soñadora (hacia el casamiento) es muy difícil (una cosa muy empinada) y no tiene otro fin que el de arrastrar una piedra, un objeto inútil (una piedra, un peso muerto). En lo íntimo de su ser, la soñadora se oponía a ese casamiento, que conscientemente deseaba” (2017: 48).

Germani parece alentar, a partir de sus conclusiones, la ruptura del compromiso, en aras de atender a los llamados del inconsciente. Por lo tanto, acá el inconsciente se muestra como una instancia que sincera un deseo que se vuelca en contra de lo socialmente esperado. El análisis abre un espacio de libertad potencial para la mujer, al legitimar las supuestas ansias de romper con el compromiso. El deseo debe imponerse por sobre la convención social.

Más explícito es el llamado a la liberación en “Los sueños de encarcelamiento”. El sueño consiste en que la mujer se ve a sí misma encerrada en una jaula. Dictamina Germani: “Pero no solo en sus sueños era prisionera, sino también en la vida cotidiana. Gran cantidad de falsos prejuicios le impedían la libre y franca manifestación de su ser, convirtiéndola en una persona tímida y carente de iniciativa” (95). La ayuda que parece poder brindar en este caso el psicoanálisis -pensando en el nombre de la sección: “El psicoanálisis te ayudará” - dice relación con un llamado a la liberación en pos de mayor autonomía, confianza en sí misma, capacidad de decisión sobre la propia existencia y habilidad para gestionar la vida. También en este análisis lo que prima es el convencimiento de que la mujer debe escuchar a su inconsciente y a sus deseos. No debe vivir aprisionada por los prejuicios, es decir, por el sentido común y por lo que se esperaría socialmente de ella, sino que debe traer a la consciencia sus deseos y anhelos, para poder llevar una vida más plena. Una vida “auténtica” implica la posibilidad de desplegar de forma libre y franca los propios deseos, para retomar la formulación de Gino Germani. La sentencia final del analista es clara: “Era preciso, entonces, romper los barrotes de la cárcel de los falsos prejuicios” (95).

En una línea muy parecida está el análisis ofrecido por Germani en “Los sueños de máscaras”: “Tratábase de una joven que por falsas convenciones sociales habíase creado una personalidad ficticia que deformaba su carácter. Felizmente, terminó dándose cuenta de ello y decidió concluir de una vez por todas con toda una cantidad de cosas que no eran la expresión sincera de sus anhelos” (98). El sueño, relatado al concluir el análisis, después de generalizar el asunto a lo perjudicial que resulta vivir ocultados detrás de máscaras, nos muestra el final feliz ocurrido después de que la joven mujer ha podido desechar las máscaras: “[…] la joven contempla una máscara (su antigua y fea personalidad) con una sonrisa de alegría, al comprobar qué horrible era antes y cuánta hermosura posee en la actualidad” (98). Las máscaras operan como las jaulas del sueño de los encierros comentado anteriormente: las convenciones sociales no deben ser aceptadas sin más por las mujeres. Estas deben encontrarse consigo mismas, en pos de una vida más auténtica y sincera, que solo es posible obtener al prestarle atención a los propios deseos. En este sentido, estos análisis más bien operarían abriendo las posibilidades vitales para las mujeres, en el sentido de no poner las normas por encima de la pregunta por la propia existencia. Si bien en ambos casos el análisis permanece en un nivel de abstracción muy alta con respectos a estos “anhelos” y sus posibles cumplimientos, sí están pensados desde la satisfacción -en un sentido muy amplio- de las inquietudes femeninas.

En “Los sueños de inadaptaciones”, Germani pone en relación estos potenciales deseos de autorrealización de las mujeres con su nivel educacional. En el sueño una mujer se figura muy grande al lado de varias casitas pequeñas. La casa, como nos explica Germani, es de capital importancia en la vida de todo ser humano y representa el hogar. Sin embargo, en algunas ocasiones esta casa se puede hacer muy estrecha. Para el caso de la soñadora se trataba de un contraste entre sus aspiraciones intelectuales y el nivel de formación de su familia: “El hogar de la soñadora era un hogar de gente buena, sencilla, honesta, pero sin mayores ambiciones ni inquietudes espirituales. A ella, en cambio, la educación habíala transformado en una joven brillante, de grandes méritos intelectuales y de promisorio porvenir en el terreno artístico” (110). Pareciera que acá se vislumbra la mirada sociológica de Gino Germani, quien presenta un diagnóstico de cambios que están ocurriendo en la sociedad argentina de mitades del siglo XX. Recordemos que la fecha de publicación de la sección coincide con el año de obtención del voto femenino, que, a su vez, dice relación con la paulatina entrada de las mujeres en el mundo de la educación, de la cultura y del arte.10

4. A MODO DE CONCLUSIÓN

En los desciframientos de sueños que Gino Germani realizó en la sección “El psicoanálisis te ayudará” se pueden identificar claramente dos grandes grupos de análisis, ordenados según la imagen de lo femenino que propugnan. En los primeros sueños, que según esta propuesta servirían de advertencia moral a quien los sueña, Germani parece mostrar a las mujeres el peligro de entregarse a deseos sexuales ilícitos, vinculados, específicamente, a relaciones extramatrimoniales. Las mujeres son llamadas a cuidar su cuerpo y a administrar su libido, en pos de la preservación de una moral en torno a la sexualidad y al género coincidente con las imágenes hegemónicas sobre la femineidad de la época. El psicoanálisis se alía, por lo tanto, con la moral patriarcal, según la cual la mujer no debe ejercer soberanía sobre su corporalidad para así evitar caer en desgracia social. El inconsciente se vuelve, en los análisis de Germani, la voz de la sensatez, el superyó que recuerda el deber ser y salva a las mujeres de la entrega a sus perjudiciales deseos sexuales.

En el segundo grupo de sueños, en cambio, Germani utiliza el inconsciente de las mujeres como un llamado a la no represión, fungiendo las imágenes de los sueños en tanto aviso de los peligros que conlleva el seguir ciegamente lo socialmente esperado y exigido. Las mujeres son convocadas a atender a sus deseos y anhelos, y a no subordinarse al deber ser sin más. Jaulas y máscaras, junto a cansancio e inadaptaciones revelan las brechas que puede separar a la mujer y sus necesidades, de la vida que se espera ella lleve. La apariencia de una vida feliz no debe sobreponerse a la verdadera completitud de la vida que se vincula con escuchar a la propia interioridad. La mujer puede y debe autorrealizarse aunque esto implique la ruptura con la tradición, con la historia y con las figuras tradicionales del matrimonio y del hogar.

Se encuentran entonces tanto imágenes que confirman el statu quo de la categoría del género femenino -coincidente, por lo demás, con los contenidos de la revista Idilio más allá de la sección comentada-, con la circulación de aspectos del imaginario sobre el ser mujer que vehiculan ciertas rupturas con respecto a la imagen tradicional del mismo. El inconsciente adopta figuras contrapuestas: una vez en tanto instancia de advertencia moral, y otra vez, como un llamado a la liberación.

Esta oscilación entre dos mundos valóricos incompatibles es paradigmática no solo para los discursos sobre lo femenino de la primera mitad del siglo XX, sino también, y es ahí donde he querido poner el acento, para los usos y abusos que del psicoanálisis se hacen en la época de su popularización. Los análisis de Germani no obedecen a una adscripción ortodoxa a las teorías psicoanalíticas. Más bien, se trata de un recurso mediático, a partir del cual cierto prestigio que emanaba de los discursos psicoanalíticos es utilizado para atraer a las lectoras de las revistas de mujeres. Demás está decir que los análisis realizados por Germani tienen muy poco que ver con lo que Freud planteó en su obra La interpretación de los sueños. En Germani, los sueños parecen reducirse a una imagen -la que luego es captada por Grete Stern- que condensa todo el contenido onírico. Nada hay de lo confuso que suelen ser las tramas que se urden en nuestros desvaríos nocturnos. Y nada hay, tampoco, de las dificultades que Freud señala en su texto sobre trabajar con sueños en tanto acceso al inconsciente: “Esclarecer los sueños como proceso psíquico nos resulta imposible porque explicar significa remitir a lo conocido, y por el momento no existe conocimiento psicológico ninguno al que podamos subordinar lo que puede deducirse del examen psicológico de los sueños como base de una explicación” (2016: 518). Mientras que Freud escribe -ya en los apartados finales de su obra sobre los sueños- titubeante con relación a las maneras en que los sueños nos revelan contenidos psíquicos inconscientes, Germani no duda nunca de la traducción unívoca de las imágenes de sus soñadoras. Reitero, entonces, lo que explicité al comienzo de este artículo, y es que el psicoanálisis debe ser comprendido en tanto artefacto cultural, que participa de diversas maneras del, y en mayor o menor cercanía al, psicoanálisis “originario” freudiano, y se abre así a la “historia de la implantación, la apropiación y la reelaboración en culturas diferentes” (Plotkin 2003: 18). Para Mariano Ruberthuz, el psicoanálisis debe ser sustituido por los psicoanálisis, pues al utilizar el término plural se evidenciaría que se trata de “un sistema de saberes y creencias […] que […] ha tenido la capacidad de constituir una ‘subcultura’ en diversos lugares del mundo, es decir desbordar ampliamente el ámbito inicial de utilización difundiéndose por canales diversos tanto dentro de la cultura letrada y científica como de la cultura popular” (2015: 27).

Los comentarios de sueños de Gino Germani se revisten de ropajes psicoanalíticos, poniendo en circulación ideas y términos de las teorías freudianas, en un diálogo silvestre -tanto homenajeando como parodiando la posición cultural del psicoanálisis en la Argentina- con los discursos sobre la femineidad de la época. En conjunto con los sorprendentes fotomontajes de Grete Stern representan una pequeña joya de las maneras en que el psicoanálisis circula por la cultura porteña de mediados de siglo, proponiendo una indagación en los recovecos del mundo onírico de las mujeres

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NOTAS

Este artículo forma parte del Proyecto Fondecyt N° 1180599: “La literatura en el diván: escenas psicoanalíticas en las literaturas chilenas y argentinas”, a cargo de Andrea Kottow y Ana Traverso

OBRAS CITADAS

Bertúa, Paula. 2008. “Sueños de Idilio: los fotomontajes surrealistas de Grete Stern”. Boletín de Estética, Año III, N° 6: 2-32. [ Links ]

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Freud, Sigmund. 2016. La interpretación de los sueños. Trad. Afredo Brotons Muñoz. Madrid: Ediciones Alkalá. [ Links ]

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Krochmalny, Syd y Mariana Mariasch. 2017. “Prólogo. El psicoanálisis te ayudará. La escritura de los sueños de Gino Germani”. En: Los sueños: Gino Germani en la revista Idilio con fotomontajes de Grete Stern. Ed. Sud Krochmalny y Marina Mariasch. Buenos Aires: Caja Negra . [ Links ]

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2En el campo cultural argentino la “intervención psicoanalítica” de Germani, Butelman y Stern es ampliamente conocida. Ha sido objeto de estudio de artículos y libros (véase por ej., “Las promesas del psicoanálisis en la cultura de masas” y “El psicoanálisis y los sueños en Idilio” de Hugo Vezzetti; “Tell me Your Dreams: Psychoanalysis and Popular Culture in Buenos Aires, 1930-1950” de Mariano Plotkin; el libro de Paula Bertúa,La cámara en el umbral de lo sensible. Grete Stern y la revista Idilio (1948-1951)). Esto asimismo explica la reedición reciente (2017) de los textos de Germani por la editorial transandina Caja negra. En cambio, en el contexto chileno, Germani y Stern son prácticamente desconocidos y solo recientemente puede observarse una creciente dedicación, dentro de la historia de las ideas, a hacerse cargo de la asimilación de las teorías psicoanalíticas en el campo cultural chileno y latinoamericano. En los estudios existentes de la sección psicoanalítica de Idilio predominan, por un lado, la obra de historiadores que estudian la implantación del psicoanálisis en Argentina y Buenos Aires (como Vezzetti y Plotkin) o los análisis más enfocados en la obra visual de Grete Stern (como Bertúa y Rosa).

3Desde el análisis del discurso, el artículo “Saber, práctica, sujeto: el consultorio psicoanalítico en la revista Idilio” de Karina Savio, se hace cargo de ciertos gestos discursivos que marcan el consultorio psicoanalítico en la revista. Se trata de un texto muy esclarecedor, no obstante, predomina en él la opinión de que el psicoanálisis es utilizado de forma dominantemente autoritaria y conservadora en la revista, que es un punto a discutir en el presente texto. Postula Savio: “[…] nos preguntamos ¿a qué apunta el psicoanálisis como saber científico del mundo interior en esta sección?, ¿cuál sería su meta terapéutica? La lectura de las respuestas publicadas en este consultorio no deja lugar a dudas: la adaptación. Por ello –como ya hemos advertido en el apartado anterior–, se hace referencia permanentemente a la ‘normalidad’ y a la ‘normalidad’. El psicoanálisis interviene allí donde se está por fuera de la norma y donde el sujeto no puede actuar debido a problemas de distinta índole” (2017: 113-114). Uno de los objetivos del presente trabajo apunta a develar las contradictorias maneras en que actúa el dispositivo psicoanalítico en Idilio, por un lado, reforzando imágenes conservadoras de la familia de y de los roles de género, pero permitiendo, por el otro, una apertura a terrenos menos explorados y asegurados.

4Carlo Ginzburg reconoce en el psicoanálisis un “paradigma indiciario o adivinatorio” (1989: s/p), que compartiría Freud tanto con el modelo detectivesco de un Conan Doyle como con el historiador de arte Morelli. En el psicoanálisis la mirada se desplaza al síntoma, como en el modelo detectivesco a la huella y en el análisis de arte al detalle. Lo que parece secundario o accidental, se propone como central para la comprensión de las claves de un fenómeno.

5En un artículo que se propone rastrear y analizar la aparición del psicoanálisis y de Sigmund Freud en revistas argentinas de la década del cincuenta, Karina Savio se detiene en 4 revistas de diversas conformaciones y dirigidas a públicos heterogéneos. Analiza las publicaciones El Hogar, Para ti, Sur, Imago Mundi. Ninguna de ellas cuenta con una sección parecida a la de Idilio, y las referencias muestran la siguiente prevalencia: entre 1950 y septiembre de 1955, el estudio encontró catorces textos en que se nombra al psicoanálisis (o a su fundador); entre fines de 1955 y mayo de 1958 (es decir, entre el golpe cívico-militar y la presidencia de Frondizi), 5 artículos; en 1959, 3 textos. A Savio le interesa destacar con esta subdivisión de períodos, la relación entre la difusión en revistas del psicoanálisis y el peronismo. Para este artículo, lo que interesa acentuar es que si bien, por supuesto, en las revistas estudiadas hay presencia del psicoanálisis, este es más bien exiguo y se destaca el espacio privilegiado, con una sección interactiva con sus lectoras, que ocupa en Idilio. Savio reconoce diversas maneras en que el psicoanálisis hace su aparición en estas revistas estudiadas, y llega a la conclusión que lo que prevalece es una visión nociva de los efectos del psicoanálisis: “[…] en estos textos, se producen dos movimientos simultáneos: se admite el aporte de la teoría freudiana del inconsciente al saber, al estudio de la psiquis, pero se pone el foco fundamentalmente en el daño que esta teoría generó y/o genera en el espacio social” (2017: 73).

6Paula Bertúa, quien se ha dedicado a estudiar específicamente el recurso artístico utilizado por Stern para Idilio, destaca el fotomontaje, por considerar la artista “su utilización … el más adecuado para representar la realidad onírica en la medida en que, mediante las operaciones de condensación y yuxtaposición de elementos de distinta naturaleza, permite presentar realidades distintas” (2008: 8).

7Rosa retoma en su análisis de las imágenes de Stern el testimonio de la hija de la artista, Silvia Coppola, que le sirviera entre los 12 y 14 años de modelo para muchas de sus obras y quien, en una entrevista en el año 2000, con ocasión de una inauguración de una exposición con las fotografías de su madre, la imaginaba recién arribada a la Argentina: “Cuando ella llegó acá, era como un bicho raro. Imagínate, venía de los círculos de Berlín y Londres donde las mujeres eran mucho más libres, se vestían como querían. Mi madre se instaló en Ramos Mejía en los cuarenta y caminaba por la calle tan tranquila en pantalones. María Elena Walsh todavía se acuerda del escándalo que provocaba. […] Pero mi mamá no se sentía una transgresora, ella pensaba que tenía derecho a hacer lo que se le diera la real gana. No registraba toda la incomodidad o sorpresa que despertaban sus actitudes.” (2008: 63)

8Karina Savio (2017) repara sobre esta construcción de casos en el consultorio psicoanalítico de Idilio, destacando a su vez que muchas veces se acompañan de un diagnóstico clínico.

9A nivel visual, este mecanismo y efecto se reitera en los fotomontajes. Tal como destaca Bertúa: “Los sueños de las fotos no son sueños individuales sino colectivos: de clase y de género […]” (2008: 13).

10Paula Bertúa insiste en su análisis de los fotomontajes de Stern en que Idilio era una revista para mujeres de clases populares y medias. En este sentido, las marcas de género y clase que tienen las imágenes de Stern se vinculan también con los deseos de ascender socialmente, que las mujeres lectoras de Idilio alimentaban: “Estas imágenes, en tanto se ubican en una publicación popular, responden a las necesidades de un público lector femenino, joven y de sectores populares con aspiraciones de movilidad social. En este sentido, las figuras de mujer no sólo re-presentan modelos sociales reales, sino que también, como construcciones, postulan ideales y elaboran mitologías que se hacen eco de las expectativas de las lectoras” (13).

1Este artículo forma parte del Proyecto Fondecyt N° 1180599: “La literatura en el diván: escenas psicoanalíticas en las literaturas chilenas y argentinas”, a cargo de Andrea Kottow y Ana Traverso.

Received: June 17, 2019; Accepted: September 15, 2019

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