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EURE (Santiago)

versión impresa ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) v.26 n.78 Santiago set. 2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612000007800001 

La transformación económica
y migratoria de la región Centro
de México en el contexto de la crisis

 

(Recibido 13/07/1999
y aceptado 08/05/2000)
Ana María Chávez
Julio Guadarrama
*

Abstract

In the central region of Mexico, where the great national metropolis is located, the principal industrial states underwent, during the eighties, a severe economic crisis that led to a process of industrial restructuring, a cutback in immigration, a striking rise in emigration, and therefore a negative migratory balance for the region. In the first half of the nineties, however, those states and the region as a whole partially recovered their economic and migratory dynamism.

Key words: Crisis, Economic-regional Restructuring, Migratory Changes, Mexico.

Resumen

En la región Centro de México, donde se ubica la gran metrópoli nacional, los principales estados industriales experimentaron durante los años ochenta una severa crisis económica que propició su reestructuración industrial, la reducción de la inmigración, un aumento notable de la emigración y, en consecuencia, un saldo migratorio negativo para la región. En la primera mitad de los noventa, no obstante, esos estados y la región en conjunto recuperaron parcialmente su dinamismo económico y migratorio.

Palabras clave: Crisis, Reestructuración Económica-regional, Cambios Migratorios, México.

1. Introducción

En este documento se exploran algunas relaciones entre los cambios migratorios de la región Centro de México y su reestructuración económica que tuvo lugar durante la crisis de largo plazo de los años ochenta y noventa. Partimos de la premisa de que los nexos entre las transformaciones que ocurren en la estructura de una economía regional y los movimientos de población que entran y salen de ella no son lineales, inmediatos ni ubicuos, y planteamos que una forma de examinarlos consiste en analizar, de un parte, los impactos diferenciales de la crisis y el ajuste en la estructura económica de los distintos estados que componen la región Centro, y de otra, el cambiante mapa de las zonas de expulsión y atracción de migrantes.

Considerando que la crisis y la reestructuración económica de México no son procesos aislados de lo que acontece en la economía mundial, en primer lugar se expone una breve reflexión sobre estos fenómenos desde una perspectiva global. Posteriormente se analizan los efectos que han producido la crisis y los programas de ajuste en la región Centro, diferenciando los sectores económicos y las entidades federativas que han ganado y perdido en relación con los años setenta. Enseguida se explora la complejidad territorial de la emigración y la inmigración en el Centro del país, particularmente los cambios en su magnitud, crecimiento y distribución estatal. Finalmente, se establecen algunas relaciones generales entre las transformaciones productivas y migratorias de la región.

2. El contexto global de las transformaciones económicas y migratorias

A finales de los años sesenta el pacto social que sustentó la organización de las sociedades occidentales -el fordismo- confrontó diversas contradicciones que condujeron a una crisis de larga duración, como lo han documentado varios autores (Aglietta, 1983; Palloix, 1980; Fajnzylber, 1983; Caputo & Estay, 1987; Lipietz & Leborgne, 1990; De la Garza, 1993; Dussel, 1997). Desde entonces, han surgido respuestas diversas para revertir y superar sus contradicciones estructurales y, en consecuencia, la crisis global del capitalismo.

Las estrategias de respuesta a la crisis pueden englobarse bajo el concepto de reestructuración. La reestructuración de la economía mundial es un proceso de amplio espectro que comprende "cambios de largo plazo en la composición de la demanda, en la producción y en los patrones ocupacionales; nuevas tecnologías; una división internacional del trabajo diferente; cambios en los precios relativos, y cambios en los patrones de localización de la industria y de la migración" (Glickman, 1987, p. 81). En otras palabras, la reestructuración del capitalismo es un conjunto de respuestas contracíclicas para abatir las presiones derivadas de la competencia entre capitales y de las relaciones laborales, implicando cambios en la base tecnológica, en la organización industrial, en las relaciones capital-trabajo, en las geografías de la producción y en la distribución y movilidad de la población.

Los programas neoliberales de ajuste son la respuesta hegemónica a la crisis y se basan en un modelo político y económico más o menos articulado que establece una nueva correlación de fuerzas: el Estado disminuye drásticamente sus funciones de intervención y regulación del sistema productivo; la competencia entre capitales se redefine sustancialmente a través de la fórmula de privatizar empresas públicas y de promover el libre comercio dando lugar a nuevos procesos de centralización y concentración del capital, así como a la reasignación sectorial y territorial de la inversión privada en una búsqueda incesante de "ventajas" comparativas; y el proceso de trabajo experimenta una ostensible desregulación por medio de la administración y organización flexible y de las relaciones laborales informales. Sin embargo, el neoliberalismo no es la única respuesta reestructuradora, también hay otras: por ejemplo, las innovaciones tecnológicas producidas en el marco de la denominada "Tercera Revolución Industrial", que se han basado en el uso intensivo de la información y del conocimiento más que de los hidrocarburos (Castells, 1989).

La dinámica productiva y migratoria de la región Centro de México no se ha mantenido inmutable ante el conjunto de transformaciones impuestas por la crisis y la reestructuración. Así, al perder dinamismo las actividades que constituyeron el motor del crecimiento económico durante la fase de industrialización sustitutiva de importaciones (ISI), los mercados laborales de las regiones y ciudades del país en que tradicionalmente se habían desarrollado esas actividades perdieron la capacidad de absorber los flujos crecientes de inmigrantes que arribaban a ellas en busca de fuentes de empleo. De este modo, la región Centro no sólo redujo su dinamismo económico, sino también su capacidad de atraer población inmigrante y de retener a la población nativa, situación que trastocó los patrones de distribución y movilidad de la población a escala intrarregional e interregional. Este escenario, no obstante, parece haberse revertido o por lo menos "relajado" en la primera mitad de los años noventa, ya que el Centro del país se reactivó en términos económicos y atrajo mayores flujos de población inmigrante. El objetivo de las siguientes secciones consistirá en examinar los cambios en la estructura económica de esta región durante la crisis y los programas de ajuste, para explorar posteriormente algunas relaciones generales con sus transformaciones migratorias.

3. Crisis y ajuste estructural en la región Centro de México

La crisis de las últimas décadas no sólo tiene una expresión sectorial, sino también, y muy notablemente, territorial. Así, desde los años ochenta, se aprecia una mayor heterogeneidad económica de las regiones del país derivada principalmente de los cambios impuestos por la crisis y los programas de ajuste a la región más importante de México: el Centro (mapa 1). En efecto, la región Centro fue la zona del país que mostró mayor vulnerabilidad a la crisis del paradigma industrial por sustitución de importaciones; sin embargo, al finalizar los años ochenta y a lo largo de la primera mitad de los noventa dio signos de reactivación económica y demográfica.

Una forma de identificar las transformaciones en la estructura económica de la región Centro consiste en comparar su desempeño durante el período de crisis con el de la fase de auge previa, ya que las transformaciones estructurales resultan ininteligibles si se abordan desde una perspectiva de corto plazo o en el marco temporal de la propia crisis. El indicador que se ha elegido para mostrar las variaciones en el desempeño económico del país, de la región Centro y de los diferentes sectores de actividad, compara el incremento neto del PIB en términos reales entre 1970-1980 y 1980-19931. La elección de estos períodos se explica por las fechas de levantamiento de los Censos Económicos que son el insumo básico para el cálculo del PIB por entidad federativa que realiza el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI), y aunque no cubren exactamente las fases de auge y crisis del ciclo de largo plazo de la economía mexicana, para los fines de este trabajo pueden considerarse representativos de ellas, además de que permiten confrontar el crecimiento económico del país bajo el modelo económico anterior y el modelo actual.

Al comparar el incremento real del PIB entre 1970-1980 y 1980-1993, se aprecia que en este último período la región Centro experimentó una severa contracción económica, pues su PIB sólo se incrementó 334 millones de nuevos pesos, en comparación con el incremento registrado entre 1970 y 1980 que fue de 990 millones. Si se iguala a 100 el incremento del PIB registrado durante los años setenta, lo anterior significa que el Centro del país redujo casi a un tercio (34%) el incremento de su PIB durante la crisis de largo plazo de la economía mexicana, y que su recesión fue en términos proporcionales más aguda que la nacional (55%) (cuadro 1). Por otra parte, al aplicar el mismo criterio para comparar su desempeño económico con el de otras regiones del país, la situación no es más afortunada ya que ocupó el último lugar de las nueve regiones definidas por el Programa Nacional de Desarrollo Urbano 1990-1994: la región Golfo redujo a 40% el incremento de su PIB entre 1980-93 en relación con la década del setenta; la Occidente a 43%; la Noreste a 49%; la Pacífico Sur a 64%; la Norte a 70%; la Noroeste a 86%; y las únicas regiones que lograron incrementar su PIB respecto a los años setenta fueron la Centro Norte con 110% y la Península de Yucatán con 339%.

La contracción de la producción en la región Centro estuvo determinada básicamente por los efectos devastadores que la crisis ocasionó en el Distrito Federal y el Estado de México, ya que el incremento de su PIB total entre 1980 y 1993 representó, respectivamente, 14% y 34% en relación con el de los años setenta. El retroceso económico de estos dos estados evidencia en buena medida la situación por la que atravesó la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM), principalmente entre 1980 y 1988. Además, al retroceso económico de los estados de mayor primacía metropolitana se sumó la recesión de los estados de Puebla e Hidalgo, pues si igualamos a 100 el incremento de su PIB del período 1970-80, durante el período de crisis lo redujeron a 48 y 67%, respectivamente.

Por el contrario, las entidades que ganaron en la zona Centro del país entre 1980 y 1993 son Morelos y Querétaro, ya que registraron un incremento real en su PIB mayor al de los años setenta: 167% y 158%, respectivamente. La única entidad que prácticamente mantuvo invariable el incremento de su PIB en los dos períodos referidos fue Tlaxcala (gráficos 1 y 2).

La crisis y el ajuste de los años ochenta y noventa tuvieron efectos diferenciales en las entidades federativas que integran la región Centro, de tal manera que a lo largo de este período se ha acentuado la heterogeneidad productiva de los estados, se han desarrollado nuevas especializaciones en la producción de bienes y servicios y se ha configurado una nueva división regional del trabajo.

3.1. Contracción de la producción de bienes

Hay que recordar que la crisis del régimen de acumulación fordista es, en principio, una crisis de su modelo de industrialización y de la geografía de la producción asociada a él. En otras palabras, cuando el fordismo entró en crisis las regiones que sustentaron y concentraron sus industrias también se colapsaron. Así, en la década de los ochenta y principios de los años noventa los sectores que soportaban la producción material de la región Centro disminuyeron drásticamente sus niveles de producto respecto a los años setenta: la minería a -7%, la construcción a 29%, la industria manufacturera a 39% y el sector eléctrico, que a escala nacional fue el único ganador, en esta región redujo el incremento de su PIB a 44%. Además, a la crisis industrial de la zona Centro se sumó la del sector agropecuario.

El mapa de los sectores productores de bienes que ganaron en términos reales, es el siguiente: Morelos destacó como el único ganador de los años ochenta en la producción agropecuaria de la región Centro; Puebla y Tlaxcala tuvieron incrementos reales en su producción minera; la generación de electricidad mostró avances en Querétaro y Tlaxcala; y la industria manufacturera incrementó de forma significativa su PIB en Morelos, Tlaxcala y Querétaro (cuadro 1)

Respecto a la producción manufacturera es importante detenerse brevemente en los cambios que se configuraron durante la crisis, pues los estados que ocuparon los tres últimos lugares por su contribución al incremento del PIB manufacturero de la región Centro en el decenio 1970-80, para el período 1980-93 lograron avances importantes: Querétaro pasó de la posición 5 a la 3, Morelos de la 6 a la 4 y Tlaxcala de la 7 a la 6. En los años setenta estos tres estados aportaron el 7.1% del incremento real del PIB manufacturero, en tanto que en el período 1980-93 contribuyeron con el 31.4%. Estos cambios principalmente se explican por la drástica contracción de la industria manufacturera en el Distrito Federal, Estado de México, Puebla e Hidalgo, aunque también son consecuencia de un mayor impulso al proceso de industrialización en Morelos, Querétaro y Tlaxcala2.

El ascenso de estos estados como nodos secundarios de desarrollo industrial en los años ochenta y principios de los noventa está asociado a una nueva división espacial del trabajo en el Centro del país, que se caracteriza principalmente por la desconcentración de industrias específicas hacia un reducido número de áreas urbanas periféricas a la gran metrópoli, por una mayor articulación funcional de los sistemas productivos de estas urbes y por la concentración en la Ciudad de México de lo que la literatura anglosajona denomina FIRE (finanzas, seguros y bienes raíces, por sus siglas en inglés), o servicios avanzados. De este modo, la gran metrópoli de la Región Centro, al ser el núcleo de difusión del proceso de desindustrialización que se registra durante los años ochenta, también es el punto de irradiación del proceso opuesto: la terciarización financiera.

3.2. Terciarización financiera

La literatura que ha explicado la decadencia de las viejas regiones y metrópolis manufactureras como producto de la crisis del fordismo en el mundo desarrollado también ha reconocido el creciente peso de ciertas actividades terciarias en la base económica de algunas de esas metrópolis, particularmente los servicios financieros y otros tipos de servicios a la producción.

Sassen (1991) muestra que en torno a este "complejo productivo" se están reestructurando no sólo las grandes ciudades globales, sino la economía mundial en su conjunto. Sin embargo, esta autora plantea que los servicios vinculados a la producción han tenido un comportamiento diferente a los relacionados con el consumo, pues estos últimos se han mantenido relativamente estancados. Así, el auge de los servicios a la producción principalmente ha respondido al avance de la inversión privada y al consiguiente incremento de la demanda de las empresas, mientras que el estancamiento de los servicios al consumo, particularmente los de carácter público, se explica por el retroceso de la intervención y regulación del Estado de la esfera económica en las últimas décadas.

Estas tendencias parecen operar con cierta claridad en la región Centro, pues los servicios financieros e inmobiliarios, al igual que en el ámbito de la economía mexicana, resultaron ser el sector de mayor dinamismo: el incremento real de su PIB durante el período 1980-1993 representó 140% del registrado en el decenio 1970-80. Además, este sector fue el único en el que ganaron los estados más afectados por la crisis (el Distrito Federal y el Estado de México), así como las entidades federativas que se beneficiaron con ella (cuadro 1).

Por otro lado, los servicios comunales, sociales y personales, donde la intervención pública aún mantiene una importancia sustancial aunque con tendencias a la baja, particularmente en los rubros de salud y educación, pierden en la región Centro al igual que a escala nacional, ya que el incremento de su PIB en el período 1980-93 representó en términos reales 46% con relación al de la década anterior. Las entidades que ganaron en este tipo de servicios fueron Querétaro, Morelos e Hidalgo.

El resto de actividades terciarias de la región Centro experimentaron una reducción significativa en sus niveles de actividad durante los años ochenta y principios de los noventa. El incremento del PIB del sector comunicaciones y transportes en el período 1980-93 representó 56% en comparación al decenio 1970-80, figurando únicamente como ganadores los estados de Querétaro y Morelos. En el sector comercio la contracción fue más drástica, pues representó 5% respecto al incremento del producto de los años setenta. De nuevo, los estados beneficiados fueron Hidalgo, Querétaro y Morelos.

3.3. El período 1988-1993, ¿reversión de tendencias?

Los años ochenta y el primer lustro de los noventa representan una fase recesiva de largo plazo respecto a las décadas anteriores, tanto para el país como para la región Centro. No obstante, al examinar más detenidamente el período 1988-1993, es evidente que hubo una efímera reactivación económica que conviene explorar brevemente por sus implicaciones en la dinámica migratoria de la región Centro, como veremos en la cuarta parte de la exposición.

La reactivación de la región Centro en el período 1988-93 se basó en la recuperación económica de las tres entidades federativas de mayor industrialización y urbanización: el D. F., Estado de México y Puebla. Estos estados atravesaron por un franco estancamiento entre 1980 y 1988, registrando tasas de crecimiento del PIB de –1.7%, 0.6% y 0.5%, respectivamente; sin embargo, entre 1988 y 1993 mostraron una reactivación al crecer a tasas del orden del 4.0%, 2.8% y 3.6%. Este relativo y efímero "auge" económico que se registró durante el salinismo le permitió al D.F. revertir el descenso de su participación en la producción nacional que tuvo lugar principalmente entre 1980 y 1988, redefinir su importancia a escala regional y nacional y abrir una nueva etapa de reconcentración y recentralización en torno a la zona metropolitana de la Ciudad de México (cuadro 2 y mapa 2).

Con relación a los tres estados que mostraron el mayor dinamismo económico entre 1980 y 1993, es interesante señalar que durante el período que nos ocupa (1988-93) Morelos y Querétaro aceleraron aún más su crecimiento económico respecto a 1980-88, en tanto que Tlaxcala lo disminuyó ligeramente. Por otra parte, Hidalgo fue la única entidad que empeoró su situación económica en relación con 1980-88.

La reactivación del D. F., Estado de México y Puebla, así como el mayor dinamismo económico de Morelos y Querétaro, se conjugaron para que la región Centro recuperara parcialmente en 1993 la participación cedida a otras regiones del país: su contribución al PIB nacional fue de 43.5% en 1980, disminuyó a 39.9 en 1988 y subió a 41.5% en 1993.

Por otra parte, hay evidencias de que la reactivación económica de la región Centro se sustentó de manera significativa en el sector industrial del Distrito Federal, Estado de México y Puebla, situación que torna inconsistentes los escenarios en los que se preveía una desindustrialización permanente de las principales áreas industriales del país, particularmente de la gran metrópoli nacional. En lugar de ello, las principales áreas urbano-industriales del Centro, y quizás también de las regiones Noreste y Occidente, experimentaron un proceso de reestructuración que les permitió redefinir su posición y funcionamiento en las redes de producción mundial de manufacturas.

Sin embargo, la reestructuración productiva de la región Centro dista mucho de ser un proceso exclusivamente de signo positivo, pues también ha contribuido a crear nuevos desequilibrios y a profundizar las inequidades existentes. Así, entre 1988 y 1993, la industria del Distrito Federal, del Estado de México y de Puebla mostró una menor capacidad de difundir su recuperación y dinamismo al sector terciario, situación que indirectamente puede apreciarse al comparar las tasas de crecimiento de ambos sectores en la década del setenta con las registradas entre 1988-1993 (cuadro 2).

La menguada capacidad de "arrastre" de la industria de la región Centro respecto al resto de actividades económicas es una expresión territorial de la polarización que está creando el tipo de reestructuración en la que se ha basado el régimen de acumulación cuya estrategia central es la apertura y la liberalización comercial, tal como lo han documentado diversos autores. Para De la Garza (1993, pp. 201-202), la reestructuración productiva en México "es un hecho, pero reducido a un número pequeño de empresas, sobre todo a los grandes consorcios [...] Esta reconversión aumenta la brecha entre la nueva industria moderna y la mayoría de las empresas que continúan en crisis, dirigidas al mercado interno y sin posibilidades ciertas de modernizarse. Se trata, por tanto, de una reestructuración que polariza a la economía, la segmenta sin existir instrumentos suficientes para lograr los encadenamientos productivos entre los estratos industriales". En la misma línea de argumentación, Dussel (1997, p. 291) plantea que "el cambio estructural del sector manufacturero desde la estrategia de la liberalización refleja una creciente desarticulación con el resto de la economía [...] El sector manufacturero mexicano no se ha caracterizado por adoptar y posteriormente crear tecnología y procesos de trabajo y productivos, sino por una industrialización orientada hacia las importaciones". Aunque con su propia lógica, los servicios financieros de la región Centro pueden encontrarse en una situación similar a la descrita para el reducido segmento de empresas industriales que se han reestructurado, ya que su modo de funcionamiento está regido cada vez más por los mercados internacionales.

Finalmente, conviene mencionar que la reactivación económica de la región Centro y de sus principales estados industriales en la etapa referida, probablemente fue revertida por los "errores de diciembre" de 1994, que abrieron una nueva y profunda recesión en todo el país. Si se considera lo sucedido entre 1980 y 1988, puede plantearse la hipótesis de que esta nueva crisis activó una vez más la desconcentración productiva y demográfica, sujetando el destino de la metrópoli a una evolución cada vez más cíclica. Desafortunadamente las estadísticas más recientes del PIB estatal son de 1993, lo que impide documentar la orientación de las tendencias descritas a partir de la crisis de 1995.

4. Cambios económicos y migratorios de la región Centro: un examen de sus nexos

El cambio del patrón migratorio en la región Centro durante los años ochenta guarda una correspondencia significativa con sus transformaciones productivas descritas en la sección anterior. Así, puede observarse que los estados que tuvieron una drástica depresión en su sector industrial también registraron las corrientes de emigración más cuantiosas. En sentido inverso, aquellos cuya industria manufacturera tuvo crecimientos reales respecto a los años setenta, registraron tasas migratorias positivas al captar importantes flujos de inmigración. Por último, algunas de las entidades federativas que lograron recuperarse de su severa crisis económica entre 1988 y 1993, en el primer lustro de los años noventa tuvieron nuevamente incrementos de la población inmigrante.

4.1. Tendencias de largo plazo del crecimiento económico y de la migración interna en México

Antes de abordar el análisis de los cambios migratorios de la región Centro es interesante mencionar brevemente que a escala nacional se observa cierta correlación inversa entre el crecimiento del producto interno bruto y de la migración interna4. Esta correlación, es importante subrayarlo, se aprecia en el largo plazo y no con base en acontecimientos económicos de corta duración. Así, al tiempo que la industria manufacturera mostró los primeros signos de desaceleración en los años setenta y la economía mexicana entró en una larga recesión durante los años ochenta, la migración absoluta5 registró una tendencia al alza en su ritmo de crecimiento. Posteriormente, en la primera mitad de la década de los noventa, justo cuando la economía nacional registró su tasa de crecimiento más baja desde la etapa 1921-1930, los inmigrantes acumulados crecieron a una tasa aún mayor (gráfico 3).

Una evidencia más de la relevancia que ha adquirido la migración interna en las décadas recientes es que entre 1940 y 1970 la población inmigrante absoluta se incrementó en 4.9 millones de personas, mientras que entre 1970 y 1995 se registraron 10.3 millones más de inmigrantes, de los cuales solamente 3.3 millones se sumaron entre 1990 y 1995.

4.2. Territorios en crisis y flujos de emigración

En los años ochenta y noventa se observa una mayor complejidad territorial de la migración interna en México, debido principalmente al gran volumen de población que salió del núcleo de la gran metrópoli nacional. Así, por ejemplo, se registraron cuantiosos movimientos intra-metropolitanos, del D.F. hacia el Estado de México; movimientos entre zonas metropolitanas, de la Ciudad de México hacia las zonas metropolitanas de las ciudades de Toluca, Cuernavaca, Cuautla, Querétaro, Puebla y Pachuca; migraciones interregionales, del D.F. hacia las entidades y ciudades fronterizas; y migraciones internacionales, del D.F. hacia Estados Unidos. Esta complejidad territorial de la migración, por lo tanto, está relacionada básicamente con la emigración masiva de población de la zona metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM), y fue producto de su profunda crisis industrial, de la consecuente degradación socioeconómica de sus clases medias y del incremento de la pobreza metropolitana.

Los procesos antes referidos confirman el argumento de que la crisis del fordismo no ocurrió en el vacío, o sólo al nivel de la estructura industrial, sino también a escala territorial. La experiencia de diversos países muestra que la decadencia del paradigma industrial fordista generó una miríada de territorios en crisis durante los años setenta y principios de los ochenta, particularmente las regiones industriales de varios países desarrollados: West Midlands y Noroeste en el Reino Unido; Ile de France, Nord y Lorraine en Francia; Noroeste de Italia; Centro y Norte de Alemania; Nordeste y Medio Oeste de Estados Unidos (Gordon, 1984; Ewers, Goddard & Matzerath, 1986; Rodwin & Sazanami, 1989 y 1991).6

El cambio del patrón migratorio de la región Centro en los años ochenta, por lo tanto, es expresión y consecuencia de la crisis del paradigma industrial que dominó desde los años cuarenta en el país y de los programas de ajuste que no han podido dar salidas a esa crisis. Así, en el contexto de la década perdida, el Centro de México se transformó de una región que históricamente había sido receptora de población a zona expulsora, pues entre 1985 y 1990 registró un saldo neto migratorio de 154 mil emigrantes. Esta situación contrasta con la de veinte años antes, pues la migración del período 1965-1970 indica que el Centro registró en este último año un saldo neto de 579 mil inmigrantes7. Asimismo, cabe destacar que de la emigración total que se registró en esta región entre 1965-1970, el 79.9% tuvo lugar a nivel intrarregional y sólo 20.1% se dirigió hacia otras regiones de México. Para el período 1985-1990 la situación cambió en favor de la emigración interregional, ya que 63.6% de los emigrantes permaneció en el Centro y 36.4% se desplazó hacia otras regiones (cuadros 3 y 4).

El saldo migratorio negativo de la región Centro durante los años ochenta fue reflejo de una alteración significativa en el patrón migratorio que imperó durante el presente siglo en México: el cambio del Distrito Federal de entidad de fuerte atracción a entidad de fuerte expulsión de población, ya que para el período 1985-1990 registró un saldo migratorio de 738 mil emigrantes.

Al comparar la migración de los períodos 1965-70 y 1985-90, es evidente que desde 1970 el D.F. ya mostraba un saldo negativo con la región Centro en conjunto (155 mil emigrantes), que sin embargo fue más que compensado por el mayor arribo de inmigrantes procedentes de otras regiones del país. Para 1990, el déficit con el Centro se incrementó más de tres veces (536 mil emigrantes) y se extendió al resto del país (202 mil emigrantes), como producto del descenso de su inmigración y del aumento exorbitante de su emigración. Así, entre 1965-70 y 1985-190, la emigración total del D.F. se multiplicó 2.2 veces; su emigración hacia la región Centro 1.7 veces y su emigración hacia otras regiones del país 4.3 veces.

Es importante aclarar que el incremento de la emigración del D.F. hacia otras regiones del país tuvo como contrapartida el descenso de la emigración hacia el Estado de México, aunque esta entidad sigue siendo el destino principal de los defeños. Así, entre 1970 y 1990 decrecieron en términos relativos los emigrantes del D.F. que cambiaron su residencia a ese estado: de 77.1% en el primer año a 53% en el segundo. El resto de los estados del Centro, por el contrario, incrementaron su importancia como receptores de la emigración procedente del D.F., tanto en números absolutos como relativos: en 1970, Puebla, Morelos, Querétaro, Hidalgo y Tlaxcala captaron 28 mil emigrantes del D.F., equivalentes a 6% de la emigración total de esa entidad; y para 1990 recibieron 139 mil emigrantes, es decir, 13.5%.

El caso del Estado de México es especial, pues la relación entre recesión industrial y expulsión de la población, aparentemente parece no aplicar en esta entidad ya que la significativa contracción que experimentó en el producto total e industrial entre 1980-1993 no fue congruente con el hecho de que registrara el mayor volumen de inmigrantes de todos los estados de la región Centro entre 1985-1990. Sin embargo, es importante considerar tres aspectos que pueden ayudar a tomar con reservas esta excepción.

En primer lugar, la notable expansión de la ZMCM hacia el Estado de México ha generado una fuerte integración territorial entre el Distrito Federal y esta entidad, que con frecuencia se olvida cuando la problemática económica y migratoria de ambos estados se aborda a escala estatal. ¿Qué sucedería si estos dos estados se consideraran como uno solo? ¿Cuál sería su situación económica y migratoria? Los resultados de un ejercicio de este tipo arrojarían, inequívocamente, una situación mucho menos favorable para el Estado de México, ya que su estatus de entidad de fuerte atracción básicamente está determinada por la inmigración que procede del Distrito Federal. Así, los saldos migratorios del Estado de México con Puebla e Hidalgo han disminuido y son negativos con Morelos, Querétaro y Tlaxcala. Con el resto del país, su saldo migratorio es positivo, pero se ha reducido notablemente si se compara la migración registrada entre 1965-70 y 1985-90.

En segundo lugar, el descenso relativo de la emigración del D. F. hacia el Estado de México, y la mayor preferencia de los defeños por otros estados de la región Centro o de otras regiones, parece evidenciar que la recesión del Estado de México sí repercutió negativamente en su poder de atraer población inmigrante en los años ochenta.

En tercer lugar, y como prueba de que la crisis de los principales estados industriales activó de manera significativa las corrientes de emigración, puede destacarse que entre 1970 y 1990 la población inmigrante total del Estado de México se incrementó 20.6% (134 mil personas) y la emigrante 90.5% (129 mil), de tal manera que sólo después del D.F., el Estado de México es el de mayor importancia por el volumen de su emigración en la región Centro. Así, entre 1985 y 1990, la emigración de ese estado (271 mil personas) superó la emigración conjunta de Puebla e Hidalgo (225 mil), los dos estados que históricamente han registrado los mayores volúmenes de población emigrante en la región.

En Hidalgo y Puebla también se confirman las relaciones entre depresión económica y emigración, pues la contracción de su PIB total e industrial en los años ochenta tiene como correlato un saldo migratorio negativo durante el período 1985-1990. Sin embargo, los saldos migratorios negativos de ambos estados disminuyeron entre 1970 y 1990, debido al descenso de su emigración y al arribo de un mayor número de inmigrantes procedentes del D. F.

Es importante subrayar que la desindustrialización de la principal metrópoli del país y los cuantiosos flujos de emigración asociados a los efectos directos e indirectos de ese proceso, constituyen en sí un fenómeno inédito en la historia económica de la región Centro y del país a lo largo del presente siglo, pues no había ocurrido algo análogo: crisis y estancamiento de su industria manufacturera; emigración y despoblamiento del núcleo central; y un crecimiento urbano disperso que refuerza la concentración a escala ampliada.

4.3. Los espacios del crecimiento económico y de la inmigración

A diferencia de la emigración causada por la desindustrialización, la inmigración ocasionada por la industrialización no denota nada nuevo, pues ambos fenómenos han ido de la mano en diversas etapas históricas y en diferentes regiones del orbe: por ejemplo, desde la segunda mitad del siglo XIX fueron evidentes las corrientes de inmigración que engrosaron la población de las regiones y ciudades industriales de las actuales economías avanzadas; y más tardíamente, a lo largo de la segunda mitad del siglo actual, tales fenómenos también tuvieron lugar con el proceso de industrialización y urbanización de los países "subdesarrollados".

Sin embargo, lo que constituye un fenómeno relativamente novedoso en la historia económica de la región Centro y del país durante el presente siglo es la emergencia de la industrialización y de la inmigración con mayor intensidad en lugares diferentes a las grandes metrópolis donde se concentraron preponderantemente en la fase previa, es decir, la Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. Tal fenómeno supone una división regional del trabajo diferente, en la cual Morelos, Querétaro y Tlaxcala se han consolidado como polos secundarios de crecimiento económico y de atracción de población migrante.

En estas tres entidades federativas converge el incremento real del PIB total entre 1980 y 1993, y sus saldos migratorios positivos en el período 1985-1990. Además, entre 1965-1970 y 1985-1990, Morelos, Querétaro y Tlaxcala incrementaron notablemente sus saldos migratorios positivos con la región Centro y, con excepción de Morelos, también con el resto del país. La mayor fuente de inmigración de estos estados, como ya se había mencionado con anterioridad, es el Distrito Federal y en menor grado el Estado de México (cuadros 3 y 4).

Esta situación indica que la inmigración procedente del Distrito Federal se ha constituido en un importante eje de expansión metropolitana y de articulación intrarregional, pues en todas las entidades federativas de la región Centro la población que proviene del D.F. representa entre 30% y 70%. Prueba de ello es que para el período 1985-1990 todas las entidades de la zona Centro recibieron más población procedente del D.F. que la que enviaron a esta entidad, incluso los estados que tradicionalmente habían mantenido saldos migratorios negativos con el núcleo de la gran metrópoli como es el caso de Puebla, Hidalgo y Tlaxcala (mapa 3).

El proceso anterior se hace más evidente para la región Centro en conjunto, pues los flujos de inmigración tendieron a incrementar los vínculos intrarregionales en esta zona del país, a diferencia de la emigración que tendió a favorecer el incremento de las relaciones inter-regionales. Lo anterior se aprecia, una vez más, al comparar los períodos 1965-70 y 1985-90, pues en la primera etapa el 49.8% de la inmigración total tuvo como procedencia alguna entidad de la zona Centro y 50.2% procedía de otras regiones. Para el segundo período se carga la balanza por completo hacia los movimientos intrarregionales (70.2%) y la inmigración procedente de otras zonas del país se reduce en términos relativos (29.8%) y también en números absolutos.

4.4. ¿Hacia una nueva reversión del patrón migratorio de la región Centro en los noventa?

Como se mostró en la parte final de la sección anterior, la reactivación económica de la región Centro entre 1988 y 1993 revirtió la tendencia de desconcentración productiva que predominó en esta zona del país durante la mayor parte de los años ochenta. Este proceso no se encuentra desvinculado de los cambios en la dinámica migratoria de la región Centro en el primer lustro de los años noventa, como puede apreciarse al comparar la información sobre migración que presenta el Censo de Población de 1990 y los Tabulados Complementarios de la Encuesta del Conteo de Población y Vivienda de 1995 (ver nota 7).

El primer cambio que vale la pena destacar en los años noventa es el incremento de la inmigración en el D. F. y el Estado de México, al considerarlos como una sola unidad territorial debido a su creciente integración metropolitana. Lo anterior se deriva del arribo de 498 mil inmigrantes al D. F. y de 1 millón 33 mil personas al Estado de México entre 1990-95, superando así las cifras del quinquenio 1985-90 (298 mil y 786 mil inmigrantes, respectivamente). Por otro lado, la emigración del D. F. entre 1990-95 fue de 1 millón 66 mil personas, manteniéndose en un nivel muy similar al del período 1985-90; en cambio, en el Estado de México se incrementó de 271 mil a 473 mil. El saldo migratorio para el D. F. fue de 568 mil emigrantes y para el Estado de México de 560 mil inmigrantes, lo que significa que al considerarlos de forma conjunta registraron un saldo neto migratorio de 8 mil emigrantes, muy inferior a los 223 mil emigrantes del período 1985-90 (cuadro 5 y mapa 4).

Los cambios migratorios de los estados de mayor nivel de urbanización e industrialización de la región Centro en el período 1990-95, en términos relativos parecen ser congruentes con los de su crecimiento económico del período 1988-1993: por un lado, la reactivación económica del núcleo de la gran metrópoli (el D. F.) contribuyó a la atracción de nuevos inmigrantes al incrementarse 67.1% el volumen de éstos entre 1990 y 1995, y al mantenerse casi invariable el volumen de emigrantes respecto a 1990; por otro, el menor dinamismo económico del Estado de México redujo en términos relativos su ventaja de atraer población respecto al D. F., pues entre 1990-95 la inmigración se incrementó 31.4% y la emigración 74.4%.

La situación migratoria de estos dos estados expresa de forma muy aproximada lo que sucedió con la Ciudad de México en la primera mitad de los años noventa, indica muy probablemente un cambio en el saldo migratorio de la gran metrópoli de negativo a positivo, y muestra que la expulsión de población y actividades productivas de esta urbe durante los años ochenta fueron procesos que estuvieron asociados tanto a la crisis del paradigma industrial que prevaleció desde los años cuarenta, como a los intentos por redefinir su posición en la división internacional del trabajo que se configuró a finales del milenio.

Un segundo cambio está relacionado con el estado de Hidalgo, clasificado como zona de fuerte expulsión durante por lo menos cuatro décadas, pues para 1995 registró un saldo migratorio de 3 mil inmigrantes. Este cambio fue producto del notable incremento de la inmigración, pues la magnitud de la emigración se mantuvo en un nivel similar al de 1990. En tal sentido, cabe destacar que la inmigración que captó el estado de Hidalgo entre 1990 y 1995 (93 mil personas) fue superior a la que captaron los estados de Morelos (89 mil) y Querétaro (67 mil), lo que contrasta con lo sucedido entre 1985 y 1990.

La transformación de Hidalgo de entidad de expulsión a entidad de equilibrio ocurrió no obstante su tendencial desaceleración económica entre 1980-93. Esta paradoja probablemente se debió a los propios cambios territoriales del proceso de industrialización en el estado, pues el crecimiento industrial que ha experimentado Tepejí del Río en los últimos años podría estar atrayendo población inmigrante; sin embargo, el impulso industrial de esta ciudad no ha sido suficiente para contrarrestar la recesión de las antiguas áreas industriales, como Ciudad Sahagún, que son las que configuran la tendencia estatal. Otros procesos que también pudieran dar luz de este fenómeno aparentemente contradictorio –en los que por cierto la inmigración procedente del D.F. tiene un papel relevante– son, por un lado, el avance del proceso de integración de las urbes de este estado a la megalópolis de la región Centro, y por otro, los movimientos de retorno al lugar de origen de la población que en décadas anteriores migró a la ZMCM, y que preponderantemente se dirigen a las zonas rurales (Chávez, 1999, capítulos V y VI).

Un tercer cambio que apunta en el mismo sentido que el anterior, aunque más avanzado, es el de Tlaxcala. Sin embargo, a diferencia del estado de Hidalgo, el saldo migratorio positivo de Tlaxcala se debe a la reducción de la emigración ya que el volumen de inmigrantes fue prácticamente igual entre 1985-90 y 1990-95. Esta transformación pudiera ser producto de la consolidación industrial de algunas de las ciudades de esta entidad (como Apizaco), de la creciente articulación de las zonas metropolitanas de las ciudades de Tlaxcala y Puebla y del crecimiento económico que mostró esa entidad entre 1980 y 1993.

En cuarto lugar, se observa que los dos estados periféricos que incrementaron sustancialmente la captación de inmigrantes entre 1985-90 mantuvieron prácticamente igual sus saldos migratorios en números absolutos entre 1990-95: en Morelos pasó de 52 mil inmigrantes a 51 mil; y en Querétaro de 39 mil a 40 mil. Sin embargo, en términos relativos, estos estados disminuyeron el porcentaje de inmigrantes que captaron de la región Centro en 1995, debido al incremento de la inmigración en el D. F. y el Estado de México.

En general, la condición migratoria de Morelos y Querétaro es consecuente con su desempeño económico entre 1980-1993, pues se mantuvieron como zonas de atracción de población entre 1990-1995. Sin embargo, en términos más específicos se observa que el mayor dinamismo económico de Morelos entre 1988 y 1993 no mejoró su situación como zona de atracción, pues su saldo migratorio disminuyó ligeramente entre 1990 y 1995, a diferencia de lo que ocurrió en Querétaro, donde la aceleración del crecimiento económico entre 1988-93 sí parece haber repercutido en su capacidad de atraer más población, ya que su saldo migratorio se incrementó exiguamente en ese período. Si consideramos que los datos de migración del Conteo captan la crisis de 1995, lo anterior probablemente se deba al hecho de que la industria de Querétaro ha sido menos afectada que la de Morelos, cuando el país y la ZMCM han entrado en fuertes recesiones. En este sentido, cabe mencionar que el crecimiento del sector industrial de Querétaro ha sido mayor al de Morelos, principalmente en la fase de mayor recesión (1980-1988). Además, la posición de ese estado como puerta de entrada a la región Centro-Norte, donde el proceso de industrialización se intensificó entre 1980 y 1993, le confiere una posición más ventajosa en su desempeño industrial y en su capacidad de sostener, o incluso incrementar, su atracción de migrantes durante las crisis.

Por último, el estado de Puebla se mantuvo como zona expulsora de población en el primer lustro de los años noventa, al haberse incrementado más en términos proporcionales el número de emigrantes que el de inmigrantes. Este hecho no es congruente con la reactivación económica que registró entre 1988 y 1993, y abre la interrogante sobre la posibilidad de que la reactivación haya tenido más efectos en el comportamiento migratorio de Tlaxcala que de Puebla, si se considera la creciente integración metropolitana de sus ciudades capitales. Lo anterior nos hace recordar lo planteado al inicio del trabajo en el sentido de que las relaciones entre los cambios económicos y migratorios no son lineales, inmediatas ni ubicuas.

En suma, las transformaciones migratorias que acontecieron en los diferentes estados de la región Centro en el primer quinquenio de los años noventa se sintetizaron en el aumento del volumen de inmigrantes y en la invariabilidad del volumen de emigrantes que concentró esta zona: en 1990 captó al 42.4% de los inmigrantes de todo el país y para 1995 al 48.7%; en esos mismos años dio cuenta, respectivamente, del 46.9% y del 46.5% de la emigración nacional. Lo anterior se tradujo en el cambio del saldo migratorio de la región Centro de 154 mil emigrantes en 1990, a 90 mil inmigrantes en 1995, situación que en términos generales resulta consecuente con la reactivación económica que experimentó entre 1988 y 1993.

5. Conclusiones

Las transformaciones migratorias de la región Centro de México pueden entenderse como uno de los diversos ejes de cambio que experimentó esta zona del país al confrontar, primero, la crisis del modelo económico basado en la industrialización sustitutiva de importaciones, y después, las "salidas" a la crisis que han emanado de los diferentes programas neoliberales de ajuste. Sin afán de agotar la complejidad de los cambios económicos y migratorios del Centro, podemos identificar cuatro expresiones generales de su crisis y reestructuración productiva, en las cuales la migración adoptó diferentes manifestaciones.

En primer término, la severa crisis de las entidades federativas de mayor primacía industrial y metropolitana de la Región Centro, caracterizada principalmente por la recesión de los sectores productores de bienes, pero también por la de diversas actividades terciarias exceptuando los servicios financieros, contribuyó de manera significativa al crecimiento acelerado de la emigración y a la reducción de la inmigración debido a sus efectos presumiblemente adversos en los niveles de inversión y empleo. Este proceso operó principalmente entre 1980 y 1988 en el Distrito Federal y también, aunque en menor grado y quizás no en todas sus dimensiones, en el Estado de México y en Puebla. La recesión de estos estados fue condición y resultado del declive del régimen de acumulación basado en la industrialización sustitutiva de importaciones.

En segundo lugar, el auge de algunas entidades con un desarrollo económico menor al de los antiguos centros industriales, como es el caso de Morelos, Querétaro y Tlaxcala, basado principalmente en el crecimiento de la industria manufacturera, pero también del comercio, los transportes, las comunicaciones y los diferentes tipos de servicios, representa la otra cara de la moneda de la crisis de los estados industriales entre 1980 y 1988, tanto en términos económicos como migratorios.

Desde el punto de vista económico, estas entidades salieron beneficiadas de la crisis de los estados industriales gracias a que lograron consolidar una planta industrial relativamente diversificada así como un sector terciario sin la hegemonía de los servicios financieros. Esto significa que los cambios estructurales impuestos por la crisis y los programas de ajuste a las grandes metrópolis industriales
—es decir, su desindustrialización y terciarización financiera—, condicionaron y determinaron la ocurrencia de procesos cualitativamente diferentes en otros estados de la región y del país. Por ejemplo, el avance productivo de Morelos mostró diferencias con las tendencias que dominaron el panorama económico nacional entre 1980 y 1993, ya que en esta entidad el sector agropecuario y la industria manufacturera tuvieron un importante dinamismo, y el auge de los servicios financieros no obstaculizó el crecimiento de otras actividades terciarias que a escala nacional se mantuvieron deprimidas, como el comercio y los servicios comunales, sociales y personales.

En términos migratorios, Morelos y Querétaro se conformaron como nuevos polos de atracción para la población inmigrante procedente de los estados en crisis de la región Centro y de otras regiones, y Tlaxcala logró retener a su población nativa a través de la consolidación industrial de algunas de sus principales ciudades. Estas tendencias se dieron en los ochenta y continuaron en el primer lustro de los años noventa, pero el ascenso de la inmigración en el D. F. y el Estado de México en este último período les restó importancia relativa a Morelos y Querétaro, en tanto que la creciente integración de las zonas metropolitanas de Puebla y Tlaxcala favoreció que en esta última entidad disminuyera aún más la expulsión de población.

Sin embargo, en tercer lugar, la crisis de los estados industriales no sólo benefició a ciertos estados periféricos de la región Centro, sino que también perjudicó a otros que tradicionalmente han mostrado altos niveles de pobreza. Tal es el caso de Hidalgo, que entre 1980 y 1993 registró una desaceleración de su crecimiento económico. De este modo, la crisis de las zonas industriales más desarrolladas del país por un lado favoreció la reducción de las desigualdades económicas entre éstas y un puñado de regiones periféricas, aunque por otro amplió las diferencias entre las propias regiones periféricas, y entre éstas y la gran metrópoli.

Los impactos negativos de la crisis en Hidalgo produjeron un incremento proporcionalmente mayor de la inmigración que de la emigración en los años noventa. Esta paradoja abre varias interrogantes en relación con los retos que implica para esta entidad confrontar un crecimiento social al alza con una economía tendencialmente en recesión, pero también con relación a los factores que determinaron que tuviera un saldo migratorio positivo entre 1990 y 1995.

Por último, la reactivación económica del D.F., Estado de México y Puebla, así como el mayor dinamismo económico de Morelos y Querétaro entre 1988 y 1993, condujo a la reversión de la desconcentración económica que prevaleció entre 1980 y 1988 en la región Centro, y al cambio de su saldo migratorio entre 1990 y 1995.

En el centro de esta transformación productiva y migratoria tuvieron un papel de primer orden el Distrito Federal, el Estado de México y, por lo tanto, la ZMCM. La reactivación económica del núcleo de la gran metrópoli nacional en el período referido constata lo sucedido en otras latitudes desde finales de los años ochenta: la reconversión económica de las grandes metrópolis hacia los servicios avanzados y su competencia por captar inversión extranjera y por ganar una posición en la jerarquía de la reducida red de ciudades globales en torno a las cuales se sostiene el nuevo orden económico mundial basado principalmente en la operación de los servicios financieros.

Pero la reactivación económica y migratoria del D. F. y del Estado de México revela además otro aspecto interesante: la revitalización de la gran metrópoli y sus consecuentes presiones de concentración como condición para reinsertar el país al sistema económico mundial. Este fenómeno pone en entredicho el carácter "irreversible" de las tendencias de desconcentración de la gran urbe, al tiempo que sugiere un posible desplazamiento de la inversión extranjera de la Frontera Norte hacia el Centro entre 1988 y 1993, pues ante los beneficios derivados de la apertura y la liberalización comercial, la ZMCM y algunas ciudades circundantes a ella pudieron resultar más atractivas por la mayor concentración de servicios a la producción que ofrece la gran metrópoli. En este sentido, es importante mencionar que hay indicios de que el auge de ciertos estados periféricos de la región Centro en el período referido, particularmente Morelos y Querétaro, estuvo influenciado por la inversión extranjera directa y por sus estrategias globales de operación (Ramírez, 1995)8.

En suma, la región Centro no ha perdido importancia pues sus transformaciones productivas y migratorias, y los costos y beneficios que se derivan de ellas, afectan al país en su totalidad. Esto nos lleva a la cuenta de que las tendencias nacionales se constituyen aun en la región Centro. Sin embargo, el proceso que quizás debiera estar cada vez más en el centro de las investigaciones regionales es la manera en que las transformaciones productivas impuestas por el orden mundial que se instaló desde la década pasada han implicado el abatimiento del poder de los estados nacionales sobre las regiones y, principalmente, sobre las grandes metrópolis. Siguiendo a Taylor (1995), la globalización ha socavado la mutualidad que durante largo tiempo mantuvieron los estados nacionales y sus ciudades principales, de tal manera que el fenómeno que pareciera estar operando en la región Centro del país es su creciente desconexión del funcionamiento del sistema productivo nacional al quedar sujeta cada vez más a la hegemonía de un reducido conjunto de actividades industriales y financieras, cuyos intereses y modos de operación son de base mundial. Este proceso es característico de las principales ciudades globales, como lo muestra el trabajo de Sassen (1991), pero parece tener resonancia en la megalópolis de la región Centro de México.

En general, los resultados de esta investigación sobre las relaciones de las transformaciones económicas y migratorias de la región Centro de México son consistentes con los obtenidos en otro estudio más extenso sobre el país, la propia región Centro y la Frontera Norte, donde se analizó la complejidad sociodemográfica de la migración interna para el período 1970-1990 (Chávez, 1999). Sin embargo, falta explorar en estudios futuros los impactos de la crisis de 1994-1996 en los sistemas productivos de los diferentes estados que constituyen la región Centro del país, así como sus implicaciones en el patrón migratorio que se configuró en la primera mitad de la década actual. Pero además queda pendiente el análisis de otros procesos que median la relación entre economía y migración, por ejemplo: la diversificación o especialización económica de las regiones; la distribución regional y sectorial de la inversión productiva, destacando la de origen extranjero; el ritmo de crecimiento del empleo y la calidad de las ocupaciones; el auge de los mercados laborales no regulados, es decir, el ascenso de las relaciones laborales flexibles y del trabajo no remunerado; y finalmente, el diferencial de remuneraciones por actividades económicas entre zonas de expulsión y zonas de atracción de migrantes. A través del estudio específico de cada una de estas vertientes de investigación puede profundizarse el análisis de las relaciones entre la reestructuración productiva de las diferentes regiones de México y sus transformaciones migratorias. Este trabajo sólo ha dado un paso en ese camino.

* Programa de investigación sobre Estudios en Población y Procesos Urbanos, Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Avenida Universidad s/n Circuito 2º, Col. Chamilpa, Cuernavaca, Morelos, México, C.P. 62210. E-mail: amcg@servidor.unam.mx y juliog@correo.crim.unam.mx

1 Los incrementos reales del PIB en dos períodos de tiempo sólo permiten comparar la capacidad de acrecentar la riqueza socialmente producida por el país, por una región o por una actividad económica. Este indicador no considera la distribución del excedente generado por la sociedad entre los diferentes agentes que contribuyen a ello, ni tampoco da cuenta de los niveles de vida de la población, por lo que los planteamientos de este apartado, particularmente los relacionados con las actividades económicas y las entidades federativas que "ganan" y "pierden", deben acotarse al comportamiento de esta variable que principalmente da cuenta de su crecimiento económico.

2 Es necesario recordar que estos razonamientos se basan en la contribución de los estados al incremento neto del PIB entre 1970-1980 y 1980-1993 y no en la distribución del PIB en un año específico. Siguie-ndo este último criterio, los escenarios y las jerarquías cambian, pues si observamos la distribución del PIB manufacturero, por ejemplo en 1993, entonces el Distrito Federal y el Estado de México mantienen indudablemente su hegemonía industrial, seguidos por Puebla, Querétaro, Hidalgo, Morelos y Tlaxcala. Sin embargo, la distribución del PIB en un año específico no nos dice nada sobre los cambios en el dinamismo económico de los estados a lo largo de la fase de crisis y ajuste, que es lo que en este trabajo se ha querido ilustrar.

3 La economía mexicana transitó por un proceso de reactivación entre 1988 y 1993 que fue publicitado por la administración salinista como un "gran auge". En realidad, la reactivación no alcanzó ese rango, pues el crecimiento medio anual de la economía nacional durante el sexenio 1988-1994 fue de 3.1%, muy inferior al 6.0% del período 1934-1982. Además, el "auge" salinista comprendió solamente el período 1988-1990, y a partir de 1991 el país experimentó una desaceleración que fue interrumpida en 1994 por las elecciones presidenciales, pero profundizada dramáticamente con la crisis de 1995.

4 La migración interna se refiere a los cam-bios definitivos en el lugar de residencia de la población que implican el cruce de alguna división político-administrativa. En el caso de México las principales fuentes periódicas que captan directamente los cambios de residencia de la población al interior del país (los Censos de Población), solamente registran los movimientos que efectúan los habitantes entre entidades federativas, por lo que se excluyen los traslados de residencia que tienen lugar al interior de éstas. Más recientemente otras fuentes han captado los cambios de residencia en ámbitos urbanos o municipales, como es el caso de la Encuesta Nacional de Migración en Areas Urbanas (ENMAU) o de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID); sin embargo, la amplitud del período cubierto en este trabajo obligó a trabajar con la infor-mación censal.

5 Los Censos de Población de México permiten medir la migración interna definitiva de dos maneras. La primera combina la información relacionada con el lugar de nacimiento de la población y con su lugar de residencia actual, y a partir de ella puede cuantificarse la migración absoluta o acumulada, que es igual al volumen de población cuya entidad de residencia en el año censal fue diferente al de su entidad de nacimiento. Sin embargo, este tipo de medición capta de forma acumulada los movimientos migratorios ocurridos en diferentes épocas, lo que impide identificar las circunstancias económicas y sociales que podrían haber motivado los cambios de residencia de la población al momento del levantamiento censal. Para subsanar esta limitación los censos han combinado el estado de residencia actual de la población con el estado de residencia n años atrás (generalmente 5), salvando de este modo el problema de no contar con un intervalo de tiempo que acote la ocurrencia de los movimientos migratorios y permitiendo cuantificar la migración reciente. Este último tipo de medición es el que se emplea más adelante para analizar los cambios migratorios de la región Centro.

6 El hecho de que todas estas regiones tuvieran un gran stock de capital físico en estado de obsolescencia, heredado de la industrialización del siglo pasado, permite suponer que las tendencias desconcentradoras en estos países se fraguaron en sus viejas regiones y metrópolis industriales, primero debido a la crisis del fordismo y segundo por la transición de este régimen de acumulación a uno en el que los procesos de valorización y de trabajo tienden a reproducirse bajo es-quemas de acumulación flexibles. Ambos procesos propiciaron que las industrias tradicionales de las viejas metrópolis manufactureras se desplazaran hacia otros destinos geográficos de sus propios territorios, o hacia otros países de la periferia mundial, cediendo su lugar a las funciones corporativas que impuso la nueva fase, principalmente los servicios financieros.

7 Por su cobertura temporal y geográfica los Censos de Población son las fuentes periódicas más consistentes y amplias que captan directamente la migración interna definitiva. Sin embargo, de un censo a otro ha habido cambios que es necesario considerar debido a que dificultan la comparación de los movimientos migratorios en el tiempo, en particular los de carácter reciente. Por ejemplo, mientras que el Censo de 1970 comprendió los cambios de residencia de toda la población que ocurrieron durante el período 1965-1970, al preguntar la "entidad federativa de residencia anterior" y el "tiempo de residencia en la entidad actual", el Censo de 1990 solamente captó los cambios de residencia realizados por la población de 5 y más años de edad considerando una fecha fija, pues la pregunta se centró en la "entidad federativa de residencia en 1985". En el caso de la información correspondiente a 1995 también se contabilizaron los cambios de resi-dencia realizados por la población de 5 y más años de edad considerando una fecha fija (1990), pero a diferencia de los Censos de 1970 y de 1990, los datos son muestrales pues pro-ceden de la encuesta que se levantó de manera simultánea al Conteo (o enumeración) de Población y Vivienda realizado en 1995. De las consideraciones anteriores se desprende que la información del período 1965-1970 no es estrictamente comparable con la de 1985-1990 y 1990-1995, situación que no anula su utilidad para ilustrar y comprender las transformaciones migratorias de la región Centro desde una perspectiva de largo plazo. Finalmente, vale la pena mencionar que la información del Censo de 1980 no se utilizó debido a los problemas de sobreenumeración que presentó.

8 A manera de ejemplo comentemos brevemente que los subsectores manufactureros de mayor dinamismo a escala internacional —maquinaria y equipo (38) y productos químicos y derivados del petróleo (35)— son de gran relevancia en la producción industrial de Morelos y Querétaro, lo que indica que ambos estados son puntos estratégicos para la operación de ciertas ramas que son motrices para el sistema industrial mundial.

Cuadro 1
Centro. Comparación del incremento real del PIB por entidad federativa y sector económico, 1970-80 y 1980-93
(Millones de pesos a precios de 1980)

  D.F. México Puebla Hidalgo Tlaxcala Querétaro Morelos Región Centro Nacional
                   
  70-80-80-93  70-80-80-93  70-80-80-93  70-80-80-93  70-80-80-93  70-80-80-93  70-80-80-93  70-80-80-93  70-80-80-93 
Sectores (a) (b) (b/a)* (a) (b) (b/a)* (a) (b) (b/a)* (a) (b) (b/a)* (a) (b) (b/a)* (a) (b) (b/a)* (a) (b) (b/a)* (a) (b) (b/a)* (a) (b) (b/a)*
                                                       
                                                       
Total 498.9 71.5 0.14 315.3 107.9 0.34 75.5 36.3 0.48 38.0 25.4 0.67 12.0 11.9 0.99 25.1 39.7 1.58 24.8 41.3 1.67 989.7 334.0 0.34 2,129.3 1,179.6 0.55
                                                       
Agropecuario, Silvicultura y Pesca 1,1 -0,8 -0,73 11,5 -5,8 -0,50 7,4 0,4 0,05 4,2 0,3 0,07 2,1 -0,2 -0,12 1,8 0,0 -0,02 0,5 5,1 9,67 28,6 -1,1 -0,04 105,5 46,4 0,44
                                                       
Minería 1,9 -1,4 -0,73 1,2 0,4 0,34 0,2 1,1 4,98 1,5 -0,3 -0,22 0,0 0,0 1,15 0,3 -0,3 -1,04 0,1 0,1 0,53 5,3 -0,4 -0,07 82,4 50,6 0,61
                                                       
Industria Manufacturera 117,3 14,7 0,13 92,3 46,1 0,50 20,8 8,2 0,40 14,3 2,0 0,14 2,9 5,6 1,95 9,5 13,9 1,47 6,2 13,0 2,10 263,2 103,8 0,39 449,8 282,1 0,63
                                                       
Construcción 25,5 22,8 0,90 25,1 -7,3 -0,29 4,7 -0,1 -0,02 1,8 1,3 0,72 0,9 0,6 0,70 1,8 1,2 0,67 3,4 -0,3 -0,10 63,2 18,2 0,29 141,6 16,8 0,12
                                                       
Electricidad, Gas y Agua 3,2 1,9 0,60 3,7 0,8 0,21 0,5 0,4 0,86 3,0 1,1 0,37 0,1 0,1 1,21 0,3 0,4 1,47 0,2 0,1 0,56 10,9 4,9 0,44 25,7 42,5 1,65
                                                       
Comercio, Restaurantes y Hoteles 158,0 -33,3 -0,21 109,2 3,8 0,03 21,6 8,8 0,41 4,7 11,0 2,32 2,5 2,3 0,91 5,2 11,8 2,25 6,8 9,7 1,41 308,1 14,1 0,05 683,1 195,1 0,29
                                                       
Transportes y Comunicaciones 49,6 22,5 0,45 17,7 13,6 0,77 6,2 2,3 0,37 3,1 0,0 0,00 1,0 0,9 0,96 1,8 3,5 1,97 1,8 2,4 1,33 81,1 45,2 0,56 170,1 122,4 0,72
                                                       
Servicios Financieros y Seguros 41,1 55,8 1,36 19,6 27,4 1,40 4,9 7,0 1,42 1,7 3,2 1,88 0,9 1,2 1,32 1,8 3,0 1,68 1,9 2,9 1,54 72,0 100,6 1,40 150,5 257,2 1,71
                                                       
Servicios Comun., Soc. y Pers. 110,9 15,6 0,14 36,5 29,3 0,80 10,0 9,6 0,96 3,9 7,0 1,80 1,7 1,4 0,79 3,0 6,5 2,13 4,0 8,6 2,16 170,0 77,9 0,46 345,1 213,0 0,62
                                                       
Servicios Bancarios Imputados -9,8 -26,4 - -1,6 -0,5 - -0,7 -1,4 - -0,1 -0,2 - 0,0 -0,1 - -0,3 -0,2 - -0,2 -0,3 - -12,7 -29,1 - -24,5 -46,3 -

Fuente: Cálculos propios con datos de: INEGI (1985), (1986), (1990), (1992b), (1994a), (1994b), (1994c) y (1996b).

(*) Estos cocientes fueron calculados a precios de 1980, considerando el incremento real del PIB del período 1980-93 como dividendo y el del decenio 1970-80 como divisor.
Las cifras mayores a la unidad indican que una entidad federativa "ganó" en ese sector respecto a la década de los años setenta; las cifras inferiores a la unidad, positivas o negativas, denotan que un estado "perdió" en esa actividad.

Cuadro 2
Centro. Distribución y crecimiento del PIB por entidad federativa y
grandes sectores económicos, 1970-1993

  Millones de $ a precios de 1980 Distribución Tasa de crecimiento medio anual
Estados 1970 1980 1988 1993 1970 1980 1988 1993 1970-80 1980-88 1988-93 1980-93
                         
Nacional 2.340,8 4.470,1 4.883,7 5.649,7 100,0 100,0 100,0 100,0 6,7 1,1 3,0 1,8
Centro 1.019,2 2.008,9 1.947,6 2.343,0 43,5 44,9 39,9 41,5 7,0 -0,4 3,8 1,2
D.F. & México 859,4 1.673,7 1.551,6 1.853,1 36,7 37,4 31,8 32,8 6,9 -0,9 3,6 0,8
                         
D.F. 660,3 1.159,2 1.010,0 1.230,7 28,2 25,9 20,7 21,8 5,8 -1,7 4,0 0,5
México 199,1 514,5 541,6 622,4 8,5 11,5 11,1 11,0 10,0 0,6 2,8 1,5
Puebla 75,3 150,9 156,6 187,2 3,2 3,4 3,2 3,3 7,2 0,5 3,6 1,7
Hidalgo 31,2 69,2 87,3 94,7 1,3 1,5 1,8 1,7 8,3 2,9 1,6 2,4
Tlaxcala 9,3 21,3 28,4 33,2 0,4 0,5 0,6 0,6 8,7 3,7 3,1 3,5
Querétaro 18,5 43,7 61,8 83,4 0,8 1,0 1,3 1,5 8,9 4,4 6,2 5,1
Morelos 25,4 50,1 61,9 91,4 1,1 1,1 1,3 1,6 7,1 2,7 8,1 4,7
Actividades Primarias1
Nacional 262,5 368,0 394,9 414,4 100,0 100,0 100,0 100,0 3,4 0,9 1,0 0,9
Centro 36,8 65,4 51,4 64,3 14,0 17,8 13,0 15,5 5,9 -3,0 4,6 -0,1
D.F. & México 13,0 25,7 19,1 19,1 5,0 7,0 4,8 4,6 7,0 -3,7 0,0 -2,3
                         
D.F. 1,6 2,7 1,2 1,9 0,6 0,7 0,3 0,5 5,5 -10,0 10,3 -2,7
México 11,4 23,0 17,9 17,2 4,4 6,2 4,5 4,2 7,2 -3,1 -0,8 -2,2
Puebla 10,2 17,6 16,2 18,0 3,9 4,8 4,1 4,3 5,6 -1,0 2,1 0,2
Hidalgo 4,6 8,8 7,5 9,1 1,8 2,4 1,9 2,2 6,6 -1,9 3,8 0,2
Tlaxcala 1,0 3,1 2,0 2,8 0,4 0,8 0,5 0,7 11,9 -5,1 7,0 -0,6
Querétaro 3,1 4,9 2,7 4,8 1,2 1,3 0,7 1,2 4,7 -7,2 12,5 -0,1
Morelos 4,8 5,3 3,9 10,4 1,8 1,4 1,0 2,5 1,1 -3,8 21,8 5,3
Actividades Industriales2
Nacional 764,9 1.464,4 1.559,3 1.856,3 100,0 100,0 100,0 100,0 6,7 0,8 3,5 1,8
Centro 377,7 720,4 673,3 846,8 49,4 49,2 43,2 45,6 6,7 -0,8 4,7 1,3
D.F. & México 325,6 595,8 534,9 674,0 42,6 40,7 34,3 36,3 6,2 -1,3 4,7 1,0
             
D.F. 214,8 362,6 302,7 400,8 28,1 24,8 19,4 21,6 5,4 -2,2 5,8 0,8
México 110,9 233,2 232,2 273,3 14,5 15,9 14,9 14,7 7,7 -0,1 3,3 1,2
Puebla 23,3 49,5 44,1 59,2 3,0 3,4 2,8 3,2 7,8 -1,5 6,1 1,4
Hidalgo 12,0 32,6 33,4 36,7 1,6 2,2 2,1 2,0 10,5 0,3 1,9 0,9
Tlaxcala 2,9 6,8 10,3 13,2 0,4 0,5 0,7 0,7 8,9 5,4 5,1 5,3
Querétaro 6,9 18,7 29,2 33,9 0,9 1,3 1,9 1,8 10,4 5,7 3,1 4,7
Morelos 7,0 16,9 21,5 29,8 0,9 1,2 1,4 1,6 9,3 3,0 6,7 4,4
Actividades Terciarias3
Nacional 1.313,4 2.637,6 2.929,4 3.379,0 100,0 100,0 100,0 100,0 7,2 1,3 2,9 1,9
Centro 604,7 1.223,1 1.222,9 1.431,8 46,0 46,4 41,7 42,4 7,3 0,0 3,2 1,2
D.F. & México 520,8 1.052,1 997,6 1.159,9 39,7 39,9 34,1 34,3 7,3 -0,7 3,1 0,8
             
D.F. 444,0 793,9 706,1 828,0 33,8 30,1 24,1 24,5 6,0 -1,5 3,2 0,3
México 76,8 258,3 291,5 331,9 5,8 9,8 9,9 9,8 12,9 1,5 2,6 1,9
Puebla 41,8 83,7 96,3 110,0 3,2 3,2 3,3 3,3 7,2 1,8 2,7 2,1
Hidalgo 14,6 27,8 46,4 48,8 1,1 1,1 1,6 1,4 6,7 6,6 1,0 4,4
Tlaxcala 5,4 11,5 16,1 17,2 0,4 0,4 0,6 0,5 7,8 4,4 1,3 3,2
Querétaro 8,5 20,1 29,9 44,6 0,6 0,8 1,0 1,3 8,9 5,1 8,3 6,3
Morelos 13,6 27,9 36,5 51,2 1,0 1,1 1,2 1,5 7,4 3,4 7,0 4,8
Fuente: Cálculos propios con las mismas fuentes del Cuadro 1. 
-
Incluye agricultura, ganadería, silvicultura, caza y pesca.
-
Incluye minería; industria manufacturera; construcción; y electricidad, gas y agua. 
- Incluye comercio, restaurantes y hoteles; transportes y comunicaciones;
servicios financieros y seguros, servicios comunales,
 sociales y personales, y servicios bancarios imputados.             

 

Cuadro 3
Centro. Población inmigrante, emigrante y saldos netos migratorios por entidad federativa,
1965-1970 y 1985-1990*

Entidades deProcedenciao Destino D.F. México Puebla Morelos Querétaro Hidalgo Tlaxcala Centro
1965-70 1985-90 1965-70 1985-90 1965-70 1985-90 1965-70 1985-90 1965-70 1985-90 1965-70 1985-90 1965-70 1985-90 1965-70 1980-90
                                 
                                 
Inmigración Total 709.047 298.235 651.933 786.367 62.058 125.686 61.369 91.227 19.319 67.857 20.658 66.964 11.213 35.858 1.535.597 1.472.194
I. Del Centro 239.606 152.798 443.814 631.958 28.203 70.169 23.488 54.704 7.463 42.298 13.057 51.772 8.782 30.015 764.413 1.033.714
Distrito Federal 0 0 365.951 548.974 10.992 38.213 7.111 32.463 3.477 27.553 5.214 28.686 1.663 12.462 394.408 688.351
México 79.662 80.905 0 0 6.195 17.505 8.405 14.648 2.247 9.733 3.723 16.336 1.741 6.160 101.973 145.287
Puebla 67.520 31.200 29.594 34.199 0 0 6.635 5.680 441 1.030 2.259 4.125 4.272 9.121 110.721 85.355
Morelos 13.799 7.802 5.857 8.413 1.857 3.043 0 0 146 610 323 556 237 296 22.219 20.720
Querétaro 12.723 4.568 9.322 5.345 337 533 267 434 0 0 666 1.006 56 191 23.371 12.077
Hidalgo 49.615 22.947 25.474 29.191 3.128 4.331 852 1.057 1.088 3.151 0 0 813 1.785 80.970 62.462
Tlaxcala 16.287 5.376 7.616 5.836 5.694 6.544 218 422 64 221 872 1.063 0 0 30.751 19.462
II. De Otras Regiones 469.441 145.437 208.119 154.409 33.855 55.517 37.881 36.523 11.856 25.559 7.601 15.192 2.431 5.843 771.184 438.480
                                 
Emigración Total 474.766 1.035.758 142.474 271.421 145.890 139.132 31.724 39.613 32.630 29.264 95.418 85.909 33.395 25.028 956.297 1.626.125
I. Al Centro 394.408 688.351 101.973 145.287 110.721 85.355 22.219 20.720 23.371 12.077 80.970 62.462 30.751 19.462 764.413 1.033.714
Distrito Federal 0 0 79.662 80.905 67.520 31.200 13.799 7.802 12.723 4.568 49.615 22.947 16.287 5.376 239.606 152.798
México 365.951 548.974 0 0 29.594 34.199 5.857 8.413 9.322 5.345 25.474 29.191 7.616 5.836 443.814 631.958
Puebla 10.992 38.213 6.195 17.505 0 0 1.857 3.043 337 533 3.128 4.331 5.694 6.544 28.203 70.169
Morelos 7.111 32.463 8.405 14.648 6.635 5.680 0 0 267 434 852 1.057 218 422 23.488 54.704
Querétaro 3.477 27.553 2.247 9.733 441 1.030 146 610 0 0 1.088 3.151 64 221 7.463 42.298
Hidalgo 5.214 28.686 3.723 16.336 2.259 4.125 323 556 666 1.006 0 0 872 1.063 13.057 51.772
Tlaxcala 1.663 12.462 1.741 6.160 4.272 9.121 237 296 56 191 813 1.785 0 0 8.782 30.015
II. A Otras Regiones 80.358 347.407 40.501 126.134 35.169 53.777 9.505 18.893 9.259 17.187 14.448 23.447 2.644 5.566 191.884 592.411
                                 
Saldo Neto Migratorio 234.281 -737.523 509.459 514.946 -83.832 -13.446 29.645 51.614 -13.311 38.593 -74.760 -18.945 -22.182 10.830 579.300 -153.931
I. Región Centro -154.802 -535.553 341.841 486.671 -82.518 -15.186 1.269 33.984 -15.908 30.221 -67.913 -10.690 -21.969 10.553 0 0
Distrito Federal 0 0 286.289 468.069 -56.528 7.013 -6.688 24.661 -9.246 22.985 -44.401 5.739 -14.624 7.086 154.802 535.553
México -286.289 -468.069 0 0 -23.399 -16.694 2.548 6.235 -7.075 4.388 -21.751 -12.855 -5.875 324 -341.841 -486.671
Puebla 56.528 -7.013 23.399 16.694 0 0 4.778 2.637 104 497 -869 -206 -1.422 2.577 82.518 15.186
Morelos 6.688 -24.661 -2.548 -6.235 -4.778 -2.637 0 0 -121 176 -529 -501 19 -126 -1.269 -33.984
Querétaro 9.246 -22.985 7.075 -4.388 -104 -497 121 -176 0 0 -422 -2.145 -8 -30 15.908 -30.221
Hidalgo 44.401 -5.739 21.751 12.855 869 206 529 501 422 2.145 0 0 -59 722 67.913 10.690
Tlaxcala 14.624 -7.086 5.875 -324 1.422 -2.577 -19 126 8 30 59 -722 0 0 21.969 -10.553
II. Otras Regiones 389.083 -201.970 167.618 28.275 -1.314 1.740 28.376 17.630 2.597 8.372 -6.847 -8.255 -213 277 579.300 -153.931

Fuente: Elaboración propia con datos de: SIC, IX Censo de Población y Vivienda 1970, México; e INEGI (1992a).
(*) Las estimaciones no son estrictamente comparables por la forma de captar la migración en el Censo de 1970 y en el de 1990. En el primer caso, la migración incluye todos los movimientos registrados durante el periodo 1965-1970; en cambio, en 1990 sólo se captan los movimientos que ocurrieron en 1985 para la población de 5 años y más de edad.
A pesar de esto, los datos permiten generar una visión aproximada de los cambios acontecidos en la dinámica migratoria de la región Centro durante las últimas décadas.

Cuadro 4
Centro. Distribución de los flujos de inmigración y emigración
por entidad federativa, 1965-1970 y 1985-1990

                  Otras
Regiones
 
Estados D.F. Méx. Pue. Mor. Qro. Hgo. Tlax. Centro Nacional
           
  Inmigración 1965-1970  
D.F. 0,0 56,1 17,7 11,6 18,0 25,2 14,8 25,7 6,7 17,4
Méx. 11,2 0,0 10,0 13,7 11,6 18,0 15,5 6,6 3,4 5,2
Pue. 9,5 4,5 0,0 10,8 2,3 10,9 38,1 7,2 3,0 5,4
Mor. 1,9 0,9 3,0 0,0 0,8 1,6 2,1 1,4 0,8 1,2
Qro. 1,8 1,4 0,5 0,4 0,0 3,2 0,5 1,5 0,8 1,2
Hgo. 7,0 3,9 5,0 1,4 5,6 0,0 7,3 5,3 1,2 3,5
Tlax. 2,3 1,2 9,2 0,4 0,3 4,2 0,0 2,0 0,2 1,2
Centro 33,8 68,1 45,4 38,3 38,6 63,2 78,3 49,8 16,1 35,1
Otras regiones 66,2 31,9 54,6 61,7 61,4 36,8 21,7 50,2 83,9 64,9
Nacional 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
  Inmigración 1985-1990  
D.F. 0,0 69,8 30,4 35,6 40,6 42,8 34,8 46,8 17,4 29,9
Méx. 27,1 0,0 13,9 16,1 14,3 24,4 17,2 9,9 6,3 7,8
Pue. 10,5 4,3 0,0 6,2 1,5 6,2 25,4 5,8 2,7 4,0
Mor. 2,6 1,1 2,4 0,0 0,9 0,8 0,8 1,4 0,9 1,1
Qro. 1,5 0,7 0,4 0,5 0,0 1,5 0,5 0,8 0,9 0,8
Hgo. 7,7 3,7 3,4 1,2 4,6 0,0 5,0 4,2 1,2 2,5
Tlax. 1,8 0,7 5,2 0,5 0,3 1,6 0,0 1,3 0,3 0,7
Centro 51,2 80,4 55,8 60,0 62,3 77,3 83,7 70,2 29,7 46,9
Otras regiones 48,8 19,6 44,2 40,0 37,7 22,7 16,3 29,8 70,3 53,1
Nacional 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0

                  Otras
Regiones
 
Estados D.F. Méx. Pue. Mor. Qro. Hgo. Tlax. Centro Nacional
  Emigración 1965-1970  
D.F. 0,0 77,1 2,3 1,5 0,7 1,1 0,4 83,1 16,9 100,0
Méx. 55,9 0,0 4,3 5,9 1,6 2,6 1,2 71,6 28,4 100,0
Pue. 46,3 20,3 0,0 4,5 0,3 1,5 2,9 75,9 24,1 100,0
Mor. 43,5 18,5 5,9 0,0 0,5 1,0 0,7 70,0 30,0 100,0
Qro. 39,0 28,6 1,0 0,8 0,0 2,0 0,2 71,6 28,4 100,0
Hgo. 52,0 26,7 3,3 0,9 1,1 0,0 0,9 84,9 15,1 100,0
Tlax. 48,8 22,8 17,1 0,7 0,2 2,6 0,0 92,1 7,9 100,0
Centro 25,1 46,4 2,9 2,5 0,8 1,4 0,9 79,9 20,1 100,0
Otras regiones 26,5 11,8 1,9 2,1 0,7 0,4 0,1 43,6 56,4 100,0
Nacional 26,0 23,9 2,3 2,3 0,7 0,8 0,4 56,3 43,7 100,0
  Emigración 1985-1990  
D.F. 0,0 53,0 3,7 3,1 2,7 2,8 1,2 66,5 33,5 100,0
Méx. 29,8 0,0 6,4 5,4 3,6 6,0 2,3 53,5 46,5 100,0
Pue. 22,4 24,6 0,0 4,1 0,7 3,0 6,6 61,3 38,7 100,0
Mor. 19,7 21,2 7,7 0,0 1,5 1,4 0,7 52,3 47,7 100,0
Qro. 15,6 18,3 1,8 1,5 0,0 3,4 0,7 41,3 58,7 100,0
Hgo. 26,7 34,0 5,0 1,2 3,7 0,0 2,1 72,7 27,3 100,0
Tlax. 21,5 23,3 26,1 1,7 0,9 4,2 0,0 77,8 22,2 100,0
Centro 9,4 38,9 4,3 3,4 2,6 3,2 1,8 63,6 36,4 100,0
Otras regiones 7,9 8,4 3,0 2,0 1,4 0,8 0,3 23,8 76,2 100,0
Nacional 8,6 22,7 3,6 2,6 2,0 1,9 1,0 42,4 57,6 100,0
Fuente: Las mismas del Cuadro 3.

 

Cuadro 5
Centro. Población inmigrante, emigrante y saldos netos migratorios por entidad federativa,

1985-1990 y 1990-1995*

Estados 

Población de
5 años y más

Inmigración

Emigración

Saldo Neto Migratorio

Distribución Por Estado

 

 

 

 

 

 

Inmigración

Emigración

 

1990

1985

1985-90

1990-95

1985-90

1990-95

1985-90

1990-95

1985-90

1985-90

1985-90

1990-95

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nacional

70.562.202

79.895.083

3.468.508

4.026.712

3.468.508

4.026.712

0

0

100,0

100,0

100,0

100,0

Centro

23.739.933

26.947.159

1.472.194

1.961.399

1.626.125

1.871.503

-153.931

89.896

42,4

48,7

46,9

46,5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

D.F. y Estado de México

15.936.777

17.944.237

1.084.602

1.531.391

1.307.179

1.539.617

-222.577

-8.226

31,3

38,0

37,7

38,2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estados Ganadores1

2.608.690

3.125.234

194.942

191.155

93.905

73.469

101.037

117.686

5,6

4,7

2,7

1,8

Estados Perdedores2

21.131.243

23.821.925

1.277.252

1.770.244

1.532.220

1.798.034

-254.968

-27.790

36,8

44,0

44,2

44,7

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

D.F.

7.373.239

7.654.688

298.235

498.320

1.035.758

1.066.298

-737.523

-567.978

8,6

12,4

29,9

26,5

México

8.563.538

10.289.549

786.367

1.033.071

271.421

473.319

514.946

559.752

22,7

25,7

7,8

11,8

Puebla

3.565.924

4.027.995

125.686

145.813

139.132

167.967

-13.446

-22.154

3,6

3,6

4,0

4,2

Morelos

1.048.065

1.266.865

91.227

88.807

39.613

38.006

51.614

50.801

2,6

2,2

1,1

0,9

Querétaro

898.199

1.083.952

67.857

67.422

29.264

27.099

38.593

40.323

2,0

1,7

0,8

0,7

Hidalgo

1.628.542

1.849.693

66.964

93.040

85.909

90.450

-18.945

2.590

1,9

2,3

2,5

2,2

Tlaxcala

662.426

774.417

35.858

34.926

25.028

8.364

10.830

26.562

1,0

0,9

0,7

0,2

Fuente: Cálculos propios con datos de: INEGI (1992a) y (1997).

* La información de migración de los períodos 1985-1990 y 1990-1995 es comparable debido a que en ambos casos se miden los cambios de residencia realizados por la población de 5 y más años de edad que en 1985 y 1990 residía en una entidad federativa distinta a la de los años censales 1990 y 1995.
En los dos períodos se excluye la población que residía en otro país o que no especificó su lugar de residencia.

1
Incluye a los estados que en 1990 tuvieron saldos migratorios positivos: Morelos, Querétaro y Tlaxcala.

2
Incluye a los estados que en 1990 tuvieron saldos migratorios negativos: Distrito Federal, Estado de México, Puebla e Hidalgo.
Esta clasificación considera al D.F. y al Estado de México como una sola unidad territorial.

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