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EURE (Santiago)

versión impresa ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) v.26 n.78 Santiago set. 2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612000007800003 

Rasgos territoriales en los cambios del
sistema agroalimentario pampeano
(Argentina)

(Recibido 06/05/2000
y aceptado 30/08/2000)
Silvia Gorenstein1

 

Abstract

The article examines the main apporaches in the theoretical discussion about the agrofood systems’s transformation process and its impact on the evolution of their related urban sites. These contributions suggest a new framework for the analyisis of the urban-rural linkage. This theoretical discussion settles the point of departure for an analyisis of the recent transformation process experienced by the "pampeano" agrofood system wich, in turn, have impacted on the evolution of the rural environment and its linkages with its related urban structures. The rural system and the rural-urban links at the pampean region had been critically influenced by recent changes in the regional agrofood sector. The declining intensity of local technical and market interdependencies, the increased depopulation in small agrarian districts, the high mortality of small food processing firms and the diffusion of new forms of integration mechanisms between the food manufacturing and the retailing sector wich stresses social polarization of urban structure. A set of trends that seem to weaken territorial articulations constructed during previous expansion phases of the area.

Key Words: Agri-food Systems, Small and Medium Enterprises, Urban-rural Linkages, Agrarian Change , Rural Space.

Resumen

El artículo examina los componentes principales del debate teórico en torno a los cambios en los sistemas agroalimentarios y el impacto sobre la dinámica de los ámbitos locales de base agraria. Estas visiones, sugieren un nuevo espacio conceptual para el análisis de las relaciones campo-ciudad. Desde esta perspectiva, se analizan los recientes cambios en el sistema agro-alimentario pampeano que han repercutido sobre el funcionamiento del medio rural y en los vínculos rural-urbanos. Se reduce el alcance local de las interdependencias técnicas y de mercado generadas por el agro; se acentúa el despoblamiento en los pequeños centros de los distritos agrarios; declinan o desaparecen pymes agroalimentarias locales; y, se difunden nuevos mecanismos de articulación agroindustrial que profundizan la polarización de la estructura urbana. Un conjunto de tendencias que parecieran diluir las articulaciones territoriales gestadas durante los anteriores ciclos de desarrollo del interior pampeano.

Palabras clave: Sistemas Agroalimentarios, Pequeñas y Medianas Agroindustrias, Vínculos rural-urbanos, Agricultura, Espacio rural.

1. Introducción

Desde hace algún tiempo asistimos a una renovación del debate teórico global en torno a la organización espacial de los sistemas productivos, acompañado de nuevas visiones sobre los procesos de desarrollo territorial. En el campo de los estudios agroalimentarios, han surgido enfoques que de alguna manera modifican las formas tradicionales de abordar el desarrollo agrario y rural, desde perspectivas analíticas que convergen en un replanteo crítico sobre las relaciones rural-urbanas.

Las reflexiones que realiza Hervieu (1991) traducen bien el núcleo de preocupaciones que da sustento a estas reformulaciones: "Como los otros sectores económicos y socioprofesionales, la actividad agrícola está a un paso de volverse una actividad de localización precaria y revisable (…) El mundo agrícola y su economía está participando en un movimiento de ruptura, aún relativa, entre producción y territorio (...) una verdadera revolución técnica, pero también jurídica y económica, ha permitido la invención de la agricultura sin suelo (hors sol), y, más ampliamente, de la producción sin suelo (...) Los fenómenos de desplazamiento hasta ahora propios de las actividades industriales comienzan a incidir también sobre el sector agrícola". (Hervieu, 1991, pp. 63, 64, 66, 70, traducción propia).

La industria de alimentos, hasta hace poco una de las actividades industriales que manifestaba una menor concentración geográfica, muestra patrones de asentamiento espacial cada vez más semejantes a las restantes industrias. El tema ha sido tratado en profundidad por Sanz Cañada (1993) quien observa que la "tendencia de mayor desequilibrio espacial en la industria agroalimentaria se ha venido reforzando en los últimos años a causa de la creciente internacionalización del sector y de la puesta en marcha de políticas menos proteccionistas en el sistema agroalimentario". Aun en las actividades agroindustriales de primera transformación, históricamente vinculadas a los sistemas agrarios, "ha dejado de existir una alta correlación espacial entre la concentración de la producción agraria y la correspondiente a la transformación agroindustrial" (Sanz Cañada, 1993a, pp. 79 y 81).

El primer interrogante que se plantea es sobre las formas que adoptan estas tendencias en el ámbito rural pampeano. Esto involucra las cuestiones vinculadas con la estructura y dinámica reciente del sector agropecuario y, más ampliamente, de las actividades de transformación agroalimentaria, en el marco de una visión integrada de los cambios del sistema agroalimentario (SAA).2 Ambos aspectos plantean una serie de vínculos de carácter territorial. Este trabajo intenta abordar estas cuestiones, articulando dos planos analíticos en torno a las nuevas dinámicas de la actividad agropecuaria: el que redefine sus relaciones económicas con el espacio rural y el vinculado con las tendencias de articulación agroindustrial. Un abordaje selectivo que, a nuestro juicio, permite rastrear algunos rasgos de cambio que estarían moldeando las vinculaciones rural-urbanas en el ámbito pampeano.

En la primera sección, se examina la literatura que se ocupa del análisis de los factores que inciden en las nuevas dinámicas agrarias y rurales. Se incluyen también algunos enfoques que abordan el impacto territorial que ejercen los factores de articulación agroindustrial. En la segunda sección, se analizan algunos cambios tecnológicos y organizacionales de la agricultura pampeana, como marco en el que se integran las transformaciones del medio rural. La tercera sección discute las relaciones rural-urbanas, desde la perspectiva de los condicionantes que emanan de las articulaciones agroindustriales, enfatizando en las pequeñas y medianas agroindustrias localizadas en el interior pampeano. Finalmente se plantean algunas reflexiones preliminares que surgen de este estudio.

2. Dinámicas agroalimentarias y espacio rural-urbano

2.1. La relación agricultura-territorio

Las nuevas visiones sobre el espacio rural parten de la modificación de las condiciones históricas de la producción agraria, en el marco de las tendencias que asumen los procesos de cambio tecnológico y modernización agroindustrial en los países altamente industrializados. Desde la segunda posguerra, se produce la aceleración del éxodo rural, la reducción progresiva del número de explotaciones, un aumento del tamaño relativo de las mismas, la reducción del empleo agrícola y, entre otros aspectos, el crecimiento del empleo de los productores fuera de sus explotaciones.3

Existe una vasta literatura que se ocupa del estudio de los procesos que sustentan esta transformación. Nos interesa, particularmente, el conjunto de aportes que permiten un encuadre de los factores territoriales asociados a esta problemática. Se trata de las contribuciones que surgen en el marco de:

a) La corriente de investigaciones que ponen el acento en las nuevas dinámicas del espacio rural. Desde estas visiones, el rol tradicional del medio rural, como espacio productivo, se inscribe en una tendencia de cambios que amplifica su funcionalidad como espacio de ocio y reserva ambiental. De este modo, el ámbito rural ya no es considerado únicamente por el valor de la producción agraria, sino también por el que se deriva de su condición de espacio residencial y recreativo, otras fuentes de ventajas comparativas para este tipo de áreas (Saint Julien, 1995). Se suman así nuevas formas de uso y explotación vinculadas con el esparcimiento (turismo rural, segunda vivienda, servicios de granja) y con los nuevos valores ecológicos que se difunden en la producción/consumo de alimentos (la búsqueda de alimentos sanos y más naturales, las preocupaciones medioambientales). En este marco, las proposiciones emergentes en torno a la agricultura rescatan su rol "multifuncional" y plantean la "pluriactividad" o la "agricultura de servicios" como estrategias que responden a la nueva lógica de los espacios rurales (Le Roy, 1998; Laurent et al, 1998; Triboulet, Langlet, 1999).

b) Los trabajos que realizan una lectura espacial de la "filière agroalimentaria", desde la perspectiva analítica de los "sistemas localizados de producción e innovación" —distritos, milieu innovateur—, haciendo hincapié en las dinámicas de proximidad, las relaciones de interdependencia y las sinergias territoriales que se manifiestan en determinadas áreas de especialización agraria (Fanfani y Montresor, 1991; Di Fara, 1995.; Sanz Cañada, 1993b). Especialmente en los "nuevos productos agrícolas" o los incluidos en las estrategias de diferenciación —"denominación de origen"— se rescata la vinculación producto agroalimentario/territorio como uno de los aspectos que interviene en la elaboración de los nuevos factores de calidad y competitividad (Gatti y Valli, 1995; Dubois, 1998; Caldentey y Gómez Muñoz 1997). Este proceso, que hace a la especificación del producto según los atributos del suelo, la tradición y saberes productivos y/o la incorporación de innovaciones propias, constituye a su vez un mecanismo para la creación de "rentas diferenciales" en las cuencas de producción agraria (Pecquer, 1996; Birlouez y Episteme, 1998).

c) Las elaboraciones teóricas que examinan las condiciones del desarrollo económico local o regional, integrando distintos factores de impulso inducidos por la modernización del medio agrario. También en esta literatura la noción de "sistemas locales de producción" ha suscitado un gran interés analítico, por sus potencialidades para interpretar los cambios en los espacios rurales y, más específicamente, los factores que inciden en los vínculos entre el medio rural y el urbano. Dentro de este esquema, numerosos estudios examinan las interdependencias rural-urbanas marcadas por el funcionamiento de los mercados locales de trabajo.4 Otros análisis aluden a los efectos de eslabonamiento (hacia atrás y hacia adelante) inducidos por la articulación de la agricultura con la agroindustria y los servicios. Estos efectos, enfatizados hace algún tiempo desde influyentes enfoques de la teoría del desarrollo económico, como el de A. Hirschman (1958), son rescatados conceptualmente y la integración de los espacios rural-urbano se concibe como una especie de cluster5 agroalimentario (Paniagua, 1997), inductor de nuevas demandas y espacios económicos, de cambios innovadores en la oferta agrícola y de nuevas fuentes de empleo urbano. En este marco, un eje de discusión importante gira en torno a las nuevas condiciones estructurales que replantean la viabilidad y alternativas de desarrollo de las pequeñas unidades de producción agraria.6

Estas visiones sugieren algunas de las nuevas condiciones y mecanismos que influyen en los ámbitos locales/regionales de base agraria. Por un lado, pese a que la actividad agropecuaria sigue siendo fundamental en la ocupación del suelo, ejerce una influencia económica decreciente en la dinámica de los espacios rurales. Por otro lado, bajo los nuevos patrones de competitividad de los mercados agroalimentarios determinadas características del espacio de producción rural integran el sistema de diferenciación y valorización de los productos alimentarios (apelación de origen, marca regional). En otros términos, una forma de enfrentar el endurecimiento competitivo que experimentan los mercados agroalimentarios pasa por estas formas de diferenciar el origen y/o trayectoria del producto agrario. Y aquí se ubica en el centro de la escena la calidad, entendida como un proceso de construcción de las condiciones de competitividad agroalimentaria, pero también el "lugar" (la "cuenca de producción") como ámbito localizado y diferenciado de producción (Wilkinson, 1996; Rastoin,1998).

Por último, existen nuevos factores, inducidos por un largo proceso de cambios de distinto tipo (económicos, tecnológicos, sociales, culturales, políticos), que alteran la naturaleza, intensidad y dinámica de las relaciones campo-ciudad. Las transformaciones que se producen en la agricultura diluyen la clásica dicotomía rural-agrario/urbano-industrial, creando el espacio conceptual para su incorporación como un factor explicativo de las nuevas formas de articulación sistémica de estos ámbitos.7

2.2. De la "filière" al sistema rural-urbano

Las lecturas sobre los factores que inducen la articulación subordinada de la producción primaria a la lógica industrial son conocidas8, sólo resumimos aquí los ejes más generales que redefinen los mecanismos de intercambio y las respectivas relaciones entre las fases de la cadena agroalimentaria.9

Por un lado, se produce la "industrialización" de la producción primaria a través de un doble proceso: la creciente transformación de la producción agropecuaria en materia prima industrial y el reemplazo de insumos agrícolas, antes generados por las actividades realizadas en la explotación rural, por productos industriales (semillas, abonos, implementos de trabajo). Por otro lado, se amplía "la distancia" entre el productor primario y el consumidor; el producto agrario, pasa a formar parte de un proceso bastante complejo de transformación e incorporación de valor agregado en servicios, bajo la hegemonía de las decisiones de la IAA (industria agroalimentaria) y la gran distribución.

Estas transformaciones tecnológicas y productivas del sector primario también se reflejan en los vínculos rural-urbano. Si se tienen en cuenta los procesos involucrados en modernización de las unidades de producción primaria, se pueden identificar tres tipos de efectos:

a) El de la exteriorización de funciones de las explotaciones agropecuarias, inductor de diferentes actividades y tareas (provisión de insumos, asesoramiento técnico y otros servicios), distribuidos en el medio urbano (red de poblados y centros urbanos).

b) El de la mayor tecnificación, con el consecuente aumento de la productividad por persona ocupada, y el acortamiento de los tiempos del trabajo agrícola, que libera fuerza de trabajo (familiar y salarial) y mejora la disponibilidad de tiempo de los productores, favoreciendo la urbanización de las familias rurales.

c) El de la ampliación de la cadena de valor agregado (entre el producto agrario y el producto agroalimentario), impulsor de encadenamientos sobre otras actividades, industriales, comerciales y de servicios a la producción, mayoritariamente localizadas en el medio urbano.

En la dinámica de estos procesos, las funciones urbanas relacionadas con el ámbito rural se complejizan. El rasgo más notable es, por cierto, la disminución absoluta de la población rural. Como señala Schejtman (1998), las migraciones campo-ciudad forman parte del propio proceso de modernización de la agricultura y los cambios en la distribución espacial de la población han seguido, y seguirán, una tendencia "natural" marcada por el predominio del asentamiento urbano. Además del conocido rol del mercado de trabajo urbano, "el fortalecimiento urbano-industrial beneficia el desarrollo agrícola" (Schejtman, 1998 p. 149). Los centros urbanos constituyen los puntos de origen y difusión de los cambios tecnológicos, del mejoramiento productivo y, entre otros, de la difusión de nuevos conocimientos en el entorno rural.

A la luz de las discusiones anteriores, nos interesa remarcar dos aspectos que parecen relevantes para la lectura territorial que intentamos en este trabajo: i) la disociación entre la dinámica de la agricultura y la dinámica de los espacios rurales; y ii) los efectos de "reasociación", de rearticulación espacial, impulsados por las nuevas modalidades de inserción de la actividad primaria en el SAA. Más que una dicotomía, se trata de dos caras de un mismo proceso que permiten integrar la dimensión productiva en el análisis de la dinámica territorial, en el marco de las secuencias específicas del caso pampeano.

3. Agro y entorno rural-urbano en el contexto pampeano

Como señalamos más arriba, la clásica asociación medio rural-especialización agraria va cediendo espacio a otras interpretaciones sobre las dinámicas rurales. Existe una tendencia estructural que, entre otros aspectos, reformula el rol de motorización económica ejercido por la producción primaria sobre el medio rural. Pese a la distancia entre los escenarios territoriales de observación,10 este fenómeno se podría extrapolar al ámbito pampeano.

3.1. La disminución del rol propulsor de la actividad agropecuaria

Conviene aclarar rápidamente que la forma específica que presenta este proceso está asociada a las repercusiones de los aspectos organizacionales vinculados, a su vez, con una gama muy heterogénea de situaciones espaciales. Ciertamente, no son los indicadores globales de producción y rendimiento agrícola los que están descendiendo. La producción pampeana de cereales y oleaginosas se recuperó de la caída que experimentó durante la década del 80 (rondaba los 26 millones de toneladas), alcanzando el nivel de los 40 millones de toneladas en la campaña 199l/92 para pasar a más de 66 millones de toneladas en el ciclo de cosecha 1997/98. Entre las primeras campañas de la década del 80 y las últimas de los años 90 los rendimientos de los cereales aumentaron a una tasa media anual del 1.51%, mientras que los oleaginosos lo hicieron en 1.34% (Estefanelli, 1997).

Los cambios tecnoproductivos del agro pampeano tuvieron otras incidencias sociales, económicas y territoriales. La actividad agropecuaria fue el motor del proceso de acumulación territorial en la etapa agroexportadora11 y mantuvo su rol estratégico durante el modelo sustitutivo. Pero, desde hace más de dos décadas, pueden ubicarse señales sobre su alcance directo más limitado en los entornos económicos locales del interior pampeano.12

En las causas convergen varios fenómenos decisivos. La reconversión de la actividad agropecuaria pampeana integra una secuencia de ciclos, de cambios tecnológicos y productivos, iniciada hace bastante tiempo. Las tendencias que se van afirmando a lo largo de estos procesos revelan, al menos, tres rasgos fundamentales: (i) una mayor concentración de la propiedad de la tierra;13 (ii) la profundización de los procesos de desplazamiento rural por razones tecnológicas y económicas, afectando especialmente a los estratos productivos pequeños y medianos, y iii) el agravamiento de las condiciones de reproducción de los grupos familiares localizados en el medio rural.

Desde el período de la agriculturización,14 se agudizan los problemas de inserción de las explotaciones familiares. "Este proceso ha sido conducido, en primer lugar, por las nuevas pautas tecnológicas que implican la incorporación del conocimiento en bienes de capital e insumos adaptados, en general, a escalas mayores de producción" (Geymonat y Wehbe, 1999, p. 81). Las formas más concentradas del capital que se difunden en la totalidad del sistema agroalimentario, dentro de la tendencia estructural que subordina al sector primario a las decisiones del capital industrial, comercial y financiero, junto con los alcances específicos de las políticas de ajuste estructural que se implementan en la última década, completan las razones del proceso de exclusión que sufren los pequeños y medianos productores de la pampa húmeda.15

Estos cambios en la estructura agraria, combinados con otros fenómenos que se difunden en la agricultura pampeana, tienden a menguar la intensidad de las interacciones del medio rural con las economías locales más cercanas. En otros términos, se reduce el alcance local de las interdependencias técnicas y de mercado generadas por la actividad primaria y los ingresos de la base agropecuaria regional se reciclan cada vez menos a este nivel.

Una serie de evidencias recientes de distinta índole avalan esta interpretación. Los trabajos realizados en diferentes municipios del interior bonaerense presentan resultados donde queda claro que la evolución socioeconómica declinante de estos distritos obedece al debilitamiento de los efectos impulsores del agro zonal.16 En la misma dirección, un estudio referido a la región del sur de la provincia de Córdoba señala que: "Se intensifica la desviación de los excedentes generados por el sector primario, a través de los circuitos de comercialización de insumos y productos, la reinversión de las utilidades fuera de la región y la transferencia de flujos financieros" (Geymonat y Wehbe, 1999, p. 81).

Las nuevas formas organizacionales (pools de siembra y los fondos de inversión directa) son factores claves en este proceso de desviación del excedente agrario.

La estrategia principal de los consorcios de siembra consiste en aprovechar economías de escala a través del alquiler de grandes extensiones de campo. El pool intenta replicar el comportamiento de diversificación de riesgo de los grandes productores pampeanos, arrendando explotaciones en distintas zonas y produciendo diferentes cultivos, según la evaluación de la rentabilidad relativa en cada campaña (Basualdo, 1996). Estas operaciones son financiadas tanto por inversores provenientes del sector agropecuario como de otros sectores de actividad, ubicados en la región o en otros ámbitos.17 También los fondos de inversión directa (FID) son integrados por cuotas de capital accionario de origen diverso,18 si bien se diferencian de los pools de siembra porque se constituyen como un instrumento financiero con objetivos que pueden trascender el negocio agropecuario.

De lo anterior se puede inferir el impacto de estas nuevas modalidades productivas sobre el entorno rural-urbano. Se trata de un circuito deslocalizado de agentes e inversiones cuya lógica de acumulación es esencialmente "desterritorializada" (de Mattos, 1990) y, por lo tanto, que condiciona algunos de los tradicionales mecanismos de endogeneización del excedente generado por el agro regional.

Los cambios que se han dado en el proceso productivo también redefinen algunos eslabonamientos locales. En un trabajo anterior señalábamos que el sistema agropecuario recompone en forma progresiva una red de abastecimiento (reparaciones, almacenaje, otros servicios) que ya no se limita necesariamente a la oferta de servicios disponibles en el entorno urbano más cercano de las explotaciones agropecuarias (Gorenstein y Burachik, 1999).

Estos procesos están en buena medida vinculados con la flexibilidad locacional que introducen los contratistas de maquinaria agrícola. En su desplazamiento espacial, siguiendo los ciclos de siembra/cosecha desde el norte al sur de la pampa húmeda, van trasladando el equipamiento y la fuerza laboral contratada, incorporando tareas relacionadas con los servicios de reparación, mantenimiento y otras actividades de apoyo. La fisonomía de las rutas pampeanas muestra que estas dotaciones móviles (maquinarias, casillas rodantes) se concentran en la entrada de los pueblos, o más precisamente en los nodos de rutas, reemplazando una serie de demandas relacionadas con el ciclo productivo del agro regional, antes provistas desde los pequeños centros urbanos.

Pero, además, otros eslabonamientos del agro hacia las actividades metalmecánicas locales, que fabricaban partes y piezas para maquinarias e implementos agrícolas, también se "desectructuran" (Dirven, 1999) porque el nuevo equipamiento, muchas veces importado, anula este tipo de demandas y sólo incorpora una serie de servicios provistos externamente. Respecto a las funciones de almacenamiento, existen numerosas evidencias sobre la progresiva desarticulación y quiebre de empresas acopiadoras locales (privadas y cooperativas), en el marco de un proceso que profundiza la concentración de la intermediación comercial de los productos de exportación tradicional (Gorenstein et. al., 1999).

Por último, los fenómenos de polarización y exclusión que se producen en la estructura agropecuaria también repercuten en la magnitud de la corriente de ingresos inducida por el agro zonal. Al respecto, los resultados de un diagnóstico realizado por el INTA en el año 1992 son elocuentes: un 57% de los productores pequeños y medianos de las zonas pampeanas mixtas (agrícola-ganaderas) tenían ingresos que no superaban el nivel crítico, definido como la corriente de ingresos suficiente para cubrir las necesidades del grupo familiar y generar inversiones que permitieran, al menos, el mantenimiento operativo de la explotación agropecuaria (INTA, 1992, citado en Geymonat y Wehbe, 1999).

3.2. Algunas imágenes en torno a la estructura rural-urbana

Para analizar los cambios recientes en la estructura rural-urbana de la región pampeana, cabe resaltar un aspecto territorial distintivo. La mencionada tendencia "natural" (urbanización) de la población rural, ha estado vigente, prácticamente, desde fines del siglo pasado. Históricamente, el espacio pampeano se ha caracterizado por un elevado índice de urbanización derivado, entre otros factores, de los rasgos tecnoproductivos que sustentaron la trayectoria de la actividad agropecuaria desde la etapa agroexportadora.19 En consecuencia, el análisis de la dinámica reciente debe encuadrarse en este rasgo estructural.

En las diferentes áreas de producción agropecuaria se distribuyen ciudades de distinto tamaño y pequeñas localidades, articuladas en forma jerárquica a lo largo de las redes camineras y los corredores ferroviarios. No todos los centros presentan el mismo grado de dependencia respecto al hinterland rural, ni el mismo tipo de vinculaciones.

En aquellos con una estructura productiva diversificada, industrial, comercial y/o de servicios, las repercusiones directas del agro son mucho más débiles, si bien habitualmente son ámbitos de atracción de los flujos migratorios rurales o de las pequeñas ciudades regionales, así como los sitios donde suelen reciclarse ciertos ingresos del agro (inversiones inmobiliarias, flujos financieros, bienes de consumo, etc.) y desde donde se proveen los servicios más complejos (asesoramiento tecnológico, provisión de algunos insumos, sistemas de información y comercialización, etc.). Schejtman (1998), resalta el papel de estos núcleos urbanos en la difusión de innovaciones y los procesos de fertilización cruzada que estimulan el desarrollo agrario.

Los entornos locales menos diversificados son funcionalmente dependientes del agro zonal. Sin realizar un análisis exhaustivo de la información estadística sobre la composición de estas estructuras productivas, se puede asumir como hipótesis que en las pequeñas ciudades y pueblos de las provincias pampeanas la organización económica está muy ligada a la dinámica de la base agropecuaria. Por lo tanto, la intensidad de los impactos de los procesos reseñados en el apartado anterior está directamente relacionada con estos perfiles urbanos. Para delinearlos se puede recurrir a ciertos indicadores demográficos.

La información de los Censos de Población (de 1970, 1980 y 1991), permite una primera descripción cuantitativa de los aglomerados que se distribuyen en las áreas de producción agropecuaria de las provincias pampeanas20 (Ver Cuadro 1).

Cuadro 1
Estructura rural-urbana en las zonas de producción pampeanas

Fuente: Elaboración propia en base a información de CNPV, 1970, 1980, 1991-INDEC.
(*) Más de 250.000 habitantes, excepto La Pampa (más de 100.000).
(**) Entre 30.000 y 250.000 habitantes, excepto La Pampa (entre 10.000 y 100.000).
(***) Entre 10.000 y 30.000 habitantes, excepto La Pampa (entre 2.000 y 10.000).
(****)Menos de 10.000 habitantes, excepto La Pampa (menos 2.000).

Siguiendo la tipología de municipios elaborada en un trabajo reciente,21 se observa que el asentamiento de la población en localidades rurales varía entre el 1% y el 3% de los totales provinciales respectivos en 1991. La provincia de Buenos Aires es la que presenta el mayor número de municipios rurales y pequeñas ciudades, si bien ambos pierden peso entre las dos décadas. Esta caída también se observa en el grupo de pequeñas ciudades de las provincias de Córdoba y La Pampa, junto con las localidades rurales en el último caso. El número de ciudades intermedias crece en todas las provincias, excepto en Santa Fe donde se mantiene constante. En el caso de Córdoba, este tipo de centros concentra más del 90% de la población localizada fuera del ámbito metropolitano.

La información del Cuadro 2 permite constatar que son las aglomeraciones de tamaño intermedio las que absorben la mayor proporción de la población que reside en las áreas de producción pampeana. Sin embargo, es el grupo de ciudades grandes el que presenta los mayores niveles de crecimiento entre las dos décadas, en el marco de la mencionada caída poblacional que experimentan las pequeñas aglomeraciones urbanas y los municipios rurales. En el caso de la provincia de Buenos Aires, donde la presencia de este tipo de centros es cuantitativamente importante, algunas cifras son elocuentes: unas 16 ciudades, cabeceras de distritos agrarios manifiestan tasas de crecimiento intercensal negativas y algunas con valores que rondan entre el 10 y el 50%. En Córdoba, todas las localidades rurales han expulsado población, mientras en La Pampa en la mitad de estos pueblos se han dado caídas superiores al 20%.

Cuadro 2
Distribución y dinámica de la población pampeana según tipo de asentamiento

Fuente: Elaboración propia en base a información del CNPV 1970, 1980, 1991- INDEC.
(*) Las referencias de cada provincia son las mismas que las del Cuadro 1.
(1) Excluidos los 19 municipios del Conurbano.
(2) Excluido el municipio de Córdoba capital.
Excluidos los municipios del norte: General Obligado, Nueve de Julio, San Cristóbal, San Javier, San Justo y Vera.

Esta situación puede atribuirse al deterioro de los impulsos generados por la agricultura, en un contexto local con escasos atributos como para activar nuevas energías productivas. Como veremos en la sección siguiente, aun cuando en muchos de estos centros se han dado procesos de industrialización en base a los recursos del agro zonal, no pareciera que estén presentes los efectos multiplicadores sobre el ingreso y el empleo que suelen argumentarse en la literatura especializada.

4. Agroindustrias, servicios rurales y articulaciones rural-urbanas

Existe un consenso generalizado respecto al desarrollo de actividades agroindustriales, como fórmula de integración de estructuras rurales dinámicas, de capacitación técnica, de incremento de la capacidad de generación de ahorro local y multiplicación de las conexiones internas y externas. Naturalmente, las características productivas y la dimensión de la estructura agroindustrial tienen mucho que ver con las posibilidades de estos procesos. Además, no todos los productos primarios presentan la misma modalidad y capacidad para inducir articulaciones con la agroindustria.

En este trabajo hemos priorizado el análisis de los principales productos primarios del agro pampeano (oleaginosos, cereales y carne). En este marco, plantearemos un enfoque que hace hincapié en las características territoriales de los procesos de desarrollo agroindustrial, jerarquizando algunos aspectos como hipótesis de trabajo que permiten vincularlos con el comportamiento de las pequeñas agroindustrias locales. Por su parte, teniendo en cuenta algunos intentos locales/regionales orientados al desarrollo del turismo rural, presentaremos algunos elementos de discusión preliminar en torno a los condicionantes que se presentan para la amplificación de la funcionalidad territorial del medio rural pampeano.

4.1. Modalidades de articulación de la producción agropecuaria pampeana

Como señalamos, la expansión agrícola de las ultimas décadas impulsó un significativo incremento de la productividad, junto con la irrupción de nuevos cultivos como el sorgo primero y la soja después, que dieron como resultado una producción agrícola sustentada mayoritariamente en cinco cultivos (trigo, maíz, sorgo, soja y girasol) y un comportamiento que tendió al desplazamiento de la actividad ganadera.

Con estas transformaciones productivas, surgen nuevas relaciones técnicas y económicas entre los productores primarios con otras empresas y agentes proveedores de insumos y medios de producción (semilleras, contratistas de maquinarias agrícolas), de intermediación comercial (acopiadores, corredores y exportadores), de financiamiento y de asistencia técnica. Además, se plantean nuevas necesidades de adaptación de los productos primarios pampeanos, según los requerimientos industriales22 o ciertas demandas de calidad diferencial que se difunden dentro del circuito agroexportación.

Vale la pena hacer notar que la forma de articulación más importante de la actividad agrícola pampeana se da en el proceso de circulación. El grado de autonomía que logra mantener el productor está subordinado a múltiples factores, cuyo análisis escapa a los objetivos de este trabajo. Sólo interesa resaltar aquí los elementos que inciden en estas modalidades, los que podemos resumirlos en: profundización de la configuración oligopólica de la estructura de comercialización (firmas acopiadoras, exportadoras e industriales); estrategias empresariales que tienden a una creciente integración de los distintos eslabones de la cadena, partiendo de la financiación de la producción hasta su embarque; eliminación de los organismos y mecanismos estatales que cumplían la función comercial de asegurar los precios al momento de la cosecha (Gorenstein, et. al., 1999).

En el caso de los cultivos oleaginosos, la vinculación con la industria se realiza mayoritariamente a través de los agentes de la intermediación comercial. No se han desarrollado experiencias de contractualización para "originar" semillas o porotos oleaginosos (Ghezan, et. al., 1997). La implementación de contratos, donde en general intervienen las firmas acopiadoras, ha comenzado a difundirse en las variedades de trigo candeal,23 estimulando el aumento de la superficie sembrada en toda la región pampeana.24 También las malterías desarrollan la práctica de contratos de compra con productores y acopiadores (Teubal y Pastore, 1995).

Asimismo, se observan ciertas innovaciones técnicas y organizacionales que incorporan un mayor valor agregado (servicio) a la producción ganadera. Se trata de la difusión de las actividades de feedlot,25 desarrolladas por productores, intermediarios comerciales o los propios establecimientos de matanza de ganado. También algunas plantas de procesamiento de alimento para animales están incorporando el servicio de feedlot como forma de integrar y diversificar su oferta.

4.2. Algunos rasgos destacados de la estructura agroindustrial

El esquema de desarrollo del sector agropecuario pampeano, con sus cíclicas orientaciones productivas (ganadería, cereales, oleaginosos), dejó poco espacio para los procesos de elaboración ulterior y se tradujo en acotados impactos dinámicos hacia otras ramas productivas. En esta línea, Schwarzer (1998) destaca que aun en el caso de la industria aceitera, claro exponente del "suceso" agroexportador más reciente, se agrega poco valor a los oleaginosos, mientras que la mayor proporción de la producción de trigo o maíz sigue exportándose como materia prima antes que como harina o derivados.26

En la última década el aumento en las exportaciones de la industria alimentaria inducido, en buena medida, por la conformación del Mercosur, no ha alterado sustancialmente esta característica. "La proporción mayoritaria de exportaciones de alimentos al Mercosur está conformada por alimentos sin elaborar o semielaborados (commodities o semi-commodities, en cuya producción predominan grandes firmas)" (Gutman, 1999, p. 98). En el ámbito pampeano, la principal incidencia se ha dado sobre las industrias molinera (harina de trigo) y láctea (leche en polvo y otros derivados).

Este esquema de desarrollo agroindustrial definió una matriz locacional determinada. Desde principios de siglo, las principales industrias alimentarias se concentraron en los más importantes centros del litoral pampeano atraídas, según los rubros, por la cercanía a las zonas de producción, las salidas portuarias y el tamaño del mercado de consumo.27 Indicadores recientes confirman estas observaciones: el 80% de la producción y el 72% del empleo de la industria de alimentos se localizan en la región pampeana y el área metropolitana (Capital Federal y Gran Buenos Aires) (Estefanelli,1997). El flujo de inversiones extranjeras en el sector agroalimentario durante los 90 no ha alterado este patrón de localización, si bien se observa que en el marco de sus estrategias ampliadas (a escala Mercosur) van perfilando cierta preferencia por las áreas litorales de la provincia de Santa Fe.

Las actividades de primera transformación, como la molinería, aceiteras, malterías y frigoríficos, son las que presentan una mayor dispersión territorial dentro del interior pampeano. Sin embargo, este esquema locacional responde, en gran medida, a las estrategias multiplanta que implementan unas pocas grandes empresas, especialmente en los tres primeros rubros (Gutman, 1999).

Habitualmente se utilizan algunos indicadores relacionados con las pequeñas y medianas agroindustrias (distribución de locales y empleo) para argumentar sobre el mayor grado de difusión territorial que posee la industria de alimentos en relación con otros sectores manufactureros del país. En general, un grupo seleccionado de variables (en términos de demanda y de oferta) parece explicar este rasgo de comportamiento y las principales instancias en la trayectoria evolutiva de estas firmas agroindustriales: (i) el crecimiento poblacional y el proceso de urbanización, (ii) las características y dinámicas de cambio en la rama agroalimentaria a la que pertenecen, (iii) las transformaciones en el mercado de materias primas, (iv) expansión y/o cambios en el sistema de transporte, y (v) modificaciones en los patrones de distribución y comercialización.

Esto da una idea, al menos en términos globales, acerca de los fenómenos endógenos y exógenos que inciden en los procesos de industrialización rural basados en pequeñas y medianas agroindustrias locales. Veamos ciertas evidencias para el caso pampeano.

4.3. Pymes agroalimentarias: ¿inductoras de articulaciones rural-urbanas dinámicas?

Distintos estudios sobre los procesos de industrialización rural que se produjeron en los países avanzados, tanto en Europa como en Estados Unidos, señalan que una parte importante de los procesos de transformación agroalimentaria se organizaban sobre bases locales o regionales hasta fines de la Segunda Guerra Mundial. En este marco, las pequeñas y medianas industrias alimentarias tuvieron un rol significativo.

En la Argentina, "el sector alimentario es una actividad que, desde los inicios, muestra una presencia significativa de las empresas transnacionales tanto en lo vinculado estrictamente con la producción industrial (por ejemplo, frigoríficos) como en la inversión en infraestructura física (por ejemplo, ferrocarriles, puertos, distribución de electricidad)" (Azpiazu y Kosacoff, 1985, citado en Gutman y Gatto, 1990). Esta presencia se combinó con un grupo importante de grandes firmas nacionales en las diferentes ramas de producción de alimentos.

El peso de las pequeñas y medianas agroindustrias se ha manifestado en aquellos rubros agroalimentarios con menores requerimientos de capital y por mano de obra ocupada, orientadas hacia mercados diferenciados por tipo de producto y/o ámbito de localización. Las panaderías, la elaboración de pastas artesanales, la fabricación de quesos, de chacinados, son algunas de las actividades que históricamente se han organizado bajo el formato predominante de empresas familiares (micro, pequeñas y medianas), con presencia importante en los centros urbanos de interior pampeano.

Resumiendo los principales resultados de un estudio reciente (Gutman, 1999), basado en un panel representativo de pymes nacionales, e incorporando algunas observaciones que surgen de trabajos en centros urbanos pampeanos (Gorenstein y Dichiara, 1996; Gorenstein, et. al., 1998), se observa que:

a) Las pymes alimentarias representan el 23% de las pymes industriales del país, y muestran una tendencia descendente en número de locales y ocupación entre 1983-93. Este proceso se explica, fundamentalmente, por el cierre de empresas;

b) mayoritariamente son productoras de bienes finales diferenciados. Unas pocas empresas medianas, dentro del estrato pyme, participan en el procesamiento de los cultivos básicos pampeanos (aceites, molienda de cereales) y se observa una tendencia decreciente en la industria frigorífica;

c) en su mayor parte se orientan hacia las actividades no transables internacionalmente como las panaderías, fábricas de pastas artesanales, soderías, elaboración de chacinados, derivados lácteos, etc. En los casos donde se han dado exportaciones, se trata de productos para el consumo final poco diferenciados, orientados hacia el Mercosur, especialmente Brasil;

d) operan, en general, en un reducido ámbito geográfico (mercados locales o regionales) en el marco de una creciente vulnerabilidad por la presencia de grandes competidores tanto de la industria de la alimentación como por las estrategias de la gran distribución;28

e) están raramente integradas con la producción primaria y, en su mayor parte, no manifiestan relaciones estables o acuerdos con sus proveedores, ni con sus clientes. Tienden a vincularse con productores primarios marginales, lo cual condiciona la calidad de sus productos, agravada por el retraso tecnológico que presentan.

Las evidencias de los estudios realizados en distintos centros urbanos de la provincia de Buenos Aires, donde se destaca la presencia de estructuras agroindustriales de cierta importancia relativa como la de Bahía Blanca y Tres Arroyos, pueden proporcionar un punto de partida razonable para el análisis de los factores que han condicionado la evolución de las pymes alimentarias locales durante la última década.

Uno de los principales problemas que ha enfrentado este tipo de firmas es la declinación de la demanda, dentro de un contexto de endurecimiento competitivo en los mercados agroalimentarios que intervienen. Analizando las actividades agroindustriales pymes de mayor peso en los principales centros urbanos del sudoeste bonaerense, se pueden distinguir los rasgos de comportamiento siguientes:

En la industria de la carne: i) los pequeños y medianos frigoríficos que abastecen mercados locales y/o regional experimentan un endurecimiento de la competencia debido a los problemas de sobrecapacidad, exacerbados por la estacionalidad de la oferta, el ciclo ganadero y la baja tasa de retorno. A ello se suman, el aumento de los controles, las exigencias sanitarias y la mayor presión tributaria. La creciente participación de las cadenas de venta minorista en la comercialización de la carne elevó las barreras de entrada (exigencias de calidad, diferenciación de cortes, formas de entrega, plazos de pago, etc.) y plantea nuevas necesidades organizacionales porque estos agentes apuntan a una logística organizada con el fin de englobar el negocio de la carne; ii) las empresas de tipo familiar que elaboran chacinados y embutidos para el mercado local se han difundido en toda la región durante los últimos años, en el marco de una alta rotación (entrada/salida) derivada de las crecientes restricciones que imponen las nuevas tendencias de comercialización (gran distribución).

En la industria molinera, con plantas ubicadas en distintos centros urbanos y poblados de la región, se observan las mismas pautas de comportamiento que a nivel nacional. Esto es: i) crecimiento en la capacidad de molienda; ii) un proceso de concentración en molinos más grandes, a través de la compra de molinos chicos, nuevas instalaciones y el cierre de plantas pequeñas; y, iii) avances productivos hacia harinas mejoradas. También entre las empresas de segunda elaboración, como las fábricas de pastas secas, se profundiza la concentración económica y técnica, por la absorción de firmas locales por empresas extranjeras y el cierre de establecimientos de capitales locales.

En la industria láctea29 predominan las pequeñas empresas especializadas en productos de tipo artesanal (quesos) con marca propia, dirigidos a ciertos nichos de mercado de alcance local/zonal. La importancia de su marca en estos ámbitos, unido a la imagen artesanal y las ventajas de proximidad (menores costos de recolección de la materia prima y de distribución del producto), explican su permanencia en estos espacios económicos, aunque con crecientes dificultades por la competencia que ejercen las grandes marcas lácteas nacionales e internacionales.

Entre los nuevos emprendimientos agroalimentarios (la mayoría microempresas), se pueden englobar las muy pequeñas instalaciones con una orientación predominante hacia los rubros que no requieren del dominio de una técnica de manufactura específica (fabricación de dulces, quesos artesanales, embutidos y chacinados, panificación, elaboración de miel y pollerías), de alcance local. En algunos casos surgen de la integración hacia adelante de pequeñas y medianas explotaciones rurales, como una forma de complementar y/o diversificar los ingresos del agro, constituyendo la base de ocupación del grupo familiar (mujer, hijos). Pese a la heterogeneidad de este grupo, se observan dos patrones de comportamiento comunes: i) la "informalidad" en términos de funcionamiento empresarial, y ii) la superpoblación de pequeñas unidades de producción en un mismo rubro productivo y ámbito de localización.

Aun teniendo presente las limitaciones de la información disponible, los datos relevados habilitan una conclusión inequívoca: la mayor parte de las pymes alimentarias locales tienen dificultades de ventas y han estado expuestas a una mayor presión competitiva durante los últimos años. Como respuesta a esta situación, muchas de ellas manifestaron una respuesta centrada en la reducción de los planteles laborales.

En lo atinente al perfil de las firmas, las evidencias revelan que tienen problemas de escala y de adecuación tecnológica, frente a los nuevos requerimientos que plantea la inserción en estos mercados. Aun en el ámbito local o regional donde se desempeñan, enfrentan serios problemas para no ser desplazadas por nuevos competidores externos. Hay aquí un factor clave: las posibilidades de explotar ventajas competitivas en "nichos" geográficos tienden a diluirse con la apertura económica y las estrategias que despliegan las grandes firmas, junto con los agentes de la distribución minorista concentrada.

Por su parte, en su gran mayoría, no se plantean vínculos productivos con productores primarios de las zonas rurales circundantes. A excepción de las pequeñas firmas integradas con la explotación familiar, el abastecimiento de materias primas se rige por relaciones aleatorias de mercado, lo que, además, confirma las observaciones anteriores acerca del circuito marginal de proveedores en el que se mueven.

Por último, se plantean barreras (tecnológicas, productivas, de mercado, financieras, etc.) cuya superación requeriría: "reestructuración empresarial, organizativa y de gestión, como del tejido institucional en el que están insertas; exigen una reingeniería de las instituciones e infraestructura de apoyo a estas empresas" (Gutman, 1999, p. 108). Con todo, serían lineamientos posibles en aquellos centros intermedios o grandes, que poseen condiciones iniciales favorables por la presencia de una "masa crítica" de pequeñas y medianas empresas especializadas y cierto entramado industrial.

Esta última observación tiene derivaciones importantes. Las posibilidades de las unidades muy diminutas (familiares), ubicadas en poblados o pequeñas ciudades, para continuar aprovechando ciertas ventajas de proximidad e informalidad, están cada vez más expuestas a las nuevas condiciones que impone la apertura generalizada de los mercados agroalimentarios. Las nuevas reglas del juego implican la entrada de nuevos competidores que avanzan, directa o indirectamente, sobre la anterior segmentación geográfica de los ámbitos de consumo a través del mayor alcance de las cadenas propias de distribución y/o las estrategias de despliegue espacial que efectúan los agentes de la distribución minorista concentrada. Además, las tendencias desarticuladoras que operan desde el medio rural (declive económico, pérdida de población) afectan la reproducción de los factores territoriales inductores de aquellas sinergias productivas que pueden sustentar y/o permitan incubar un proceso de formación de modernas pymes agroalimentarias, en los centros de menor tamaño relativo.

4.4. Turismo rural: ¿desarrollo de nuevas demandas en el medio rural pampeano?

Frente a los anteriores elementos de diagnóstico, parece interesante indagar, aunque muy brevemente, sobre las potencialidades del medio rural pampeano para la explotación de su "atractividad" (natural o construida).

En el período reciente se observan algunos lineamientos de política que apuntan a la revalorización de ciertos atributos del medio rural (lagunas aptas para la pesca recreativa, fuentes de aguas termales, colonias de inmigrantes, estancias, etc.). En este sentido, numerosos municipios han comenzado a incorporar en su agenda de gobierno líneas de acción específicas, locales o intercomunales (agenda estratégica para el desarrollo del turismo local o regional, corredores turísticos, etc.). Una orientación que se combina con el apoyo a pequeños emprendimientos de alimentos, artesanales o "típicos", para completar la oferta de turismo rural.

Este énfasis es consistente con las visiones que amplifican la funcionalidad del medio rural como espacio de ocio, señaladas en el primer apartado. Sin embargo, tanto la naturaleza de los factores que impulsan el desarrollo de nuevas ventajas en el espacio rural como los atributos de los entornos en los que estos procesos han tenido lugar, difieren de las condiciones y características del caso pampeano.

Por un lado, muchos de los atributos naturales que se intentan revalorizar carecen de las condiciones mínimas, en términos de proximidad y articulación territorial del paisaje, lo cual constituye una traba importante para la atracción de cierta demanda potencial. Por otro lado, y más allá de la posibilidad de alguna oferta diferenciada para el "turismo de estancia", se plantea el problema de los rasgos que reúne la típica explotación pampeana (extensividad, ausentismo) para la incorporación de los servicios que se requieren para la atención de cierta demanda recreativa (granja, alojamiento, etc.).30

Una cuestión no menos importante es la que surge de las sustanciales diferencias con los niveles de ingreso y las pautas de consumo de las sociedades que se toman como referencia. Aun en los países avanzados la opción del turismo rural como impulso al desarrollo de los espacios rurales es criticada desde ópticas similares. Algunos autores enfatizan en las problemáticas de la duración del fenómeno "turismo y recreación rural" y la tendencia cíclica que suele atravesar este tipo de actividad, teniendo en cuenta que tanto el alojamiento como los espacios recreativos y el tiempo libre son bienes superiores donde la elasticidad ingreso de la demanda es superior a uno.

Por último, en los modelos que se toman como ejemplo la salida hacia la pluriactividad de las explotaciones rurales se combina con la posibilidad de un empleo part-time fuera del campo, una alternativa más que limitada frente al deterioro económico y desempleo que atraviesan gran parte de los pequeños y medianos centros urbanos pampeanos.

5. Conclusiones preliminares

Durante la década del 90, los indicadores globales de la región pampeana muestran signos de crecimiento productivo en casi todos los niveles. No obstante, se extiende la noción de crisis agraria. Si miramos el conjunto de aspectos comentados en este trabajo, queda claro que el problema trasciende las cuestiones técnicas vinculadas con los rendimientos y el aumento cuantitativo de la producción. La profundización del proceso de modernización agrícola iniciado en los 70, la difusión de nuevas formas de organización de la producción, más deslocalizadas, la penetración del capital extranjero en distintos segmentos agroindustriales, son algunos de los factores de cambio que repercuten en el funcionamiento del medio rural.

En este trabajo se ha intentado mostrar de qué modo han operado estas transformaciones sobre los vínculos rural-urbano. Sin desconocer la incidencia de otros fenómenos, de muy diversa índole (culturales, políticos, económicos), se ha hecho hincapié en aquellas fuerzas de alcance local que estarían redefiniendo las relaciones entre las ciudades del interior pampeano y sus hinterlands rurales.

Los cambios en la estructura agraria, reducen el alcance local de las interdependencias técnicas y de mercado generadas por el agro con la consecuente disminución de los ingresos que se reciclan a nivel regional. Uno de los procesos disparadores de esta nueva dinámica debe asociarse a la flexibilidad locacional que introducen las nuevas modalidades tecnoproductivas (contratistas de maquinarias agrícolas, pool de siembra, fondos de inversión) que sustituyen algunas funciones de los centros de servicios agrarios y/o desplazan sus demandas (almacenamiento, intermediación comercial, reparaciones de maquinarias, etc.) hacia ámbitos más lejanos. Por su parte, la profundización del proceso de concentración de la actividad agropecuaria, con una creciente presencia de grandes agentes extralocales, también repercute en la magnitud de los ingresos agrarios acumulados localmente.

Este patrón tiene claras implicancias que podemos resumir en: declinación del efecto propulsor de la base agrícola regional en los centros y localidades más cercanas; aceleración del despoblamiento en este tipo de aglomeraciones y mayor crecimiento de las ciudades de mayor tamaño; mecanismos de articulación agroindustrial que profundizan la polarización de la estructura urbana pampeana; deterioro y/o desaparición de pymes agroalimentarias locales. Tendencias que, en conjunto, parecieran diluir las articulaciones territoriales gestadas durante los anteriores ciclos de desarrollo del interior pampeano.

La literatura que reseñamos en este trabajo muestra que las tendencias de cambio que afectan a los espacios rurales se han combinado con nuevos impulsos tanto desde el sector agroalimentario como desde otras actividades económicas. Sin embargo, la salida del turismo rural o de los espacios de recreación ambiental está planteada en otro tipo de sociedades (con ingresos más altos, otras pautas de consumo…) y configuraciones territoriales (el "campo urbanizado" del sur europeo). No parece una posibilidad generalizada para el medio rural pampeano, más allá de unos pocos lugares aislados con paisajes o condiciones agroambientales.

Por su parte, las estrategias de revalorización de ciertos atributos del espacio de producción rural, como forma de diferenciar y valorizar productos alimentarios, han pasado por procesos de construcción social y política de mediano y largo plazo. Ello remite, entre otros aspectos, a las innovaciones técnicas y a los modos de gestión y coordinación que se han impulsado en las cadenas alimentarias, así como a la diversidad de efectos de variedad y de calidad que se han difundido en la agricultura, considerada globalmente. Naturalmente, estas consideraciones no significan pasar por alto las características de los productos primarios en los que se especializa el agro pampeano, ni las condiciones que impone su inserción en el mercado internacional de commodities agrícolas. Pero aun en este tipo de productos las tendencias que se afirman en las economías avanzadas muestran que el concepto de competitividad está cambiando, hay mayor diferenciación y hay nuevas estrategias de calidad en cuya construcción los niveles locales (servicios a la producción, organizaciones empresarias, entidades de gobierno local/regional) tienen una presencia importante.

Esto da una idea, al menos en términos generales, de otras limitaciones que se derivan de la propia dinámica espacial del sistema agroalimentario pampeano. El punto central es que en el funcionamiento del espacio rural se jerarquizan las condiciones del entorno como factores de fuerte peso en la creación de los nuevos requerimientos competitivos. Como señala Houée (1990), los factores determinantes de los cambios en las estructuras agrarias provienen de los ámbitos industrial y comercial más que de la propia evolución rural. Son estas dinámicas las que impulsan la redefinición de los vínculos rural-urbano.

Una pregunta que queda planteada, y a la cual intentamos avanzar en otro trabajo, es si en un contexto como el interior pampeano donde numerosos eslabonamientos locales y regionales del agro se han desestructurado, donde los efectos de desertificación poblacional y polarización urbana se profundizan, pueden impulsarse otras interconexiones estratégicas (tecnológicas, institucionales, infraestructura, etc.), para inducir articulaciones rural-urbanas que puedan convertirse en alternativas adecuadas para paliar la situación de marginación de una buena parte de las pequeñas economías urbanas del medio rural.

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1 Investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET), Profesora del Departamento de Economía de la Universidad Nacional del Sur, 12 de Octubre y Perú, (8.000) Bahía Blanca, Argentina, sgoren@criba.edu.ar. La autora agradece a Carlos de Mattos por sus comentarios a una versión anterior de este trabajo.

2 La noción de sistema agroalimentario refiere a la red interdependientes de actores (empresas, instituciones financieras, organismos públicos y privados) localizados en un espacio geográfico dado (región, Estado, espacio plurinacional) que participan directa o indirectamente en la creación de flujos de bienes y servicios orientados a la satisfacción de las necesidades alimentarias de uno o numerosos grupos de consumidores locales o del exterior de la zona considerada (Rastoin, 1998). En este marco, se considera a la totalidad de la producción agropecuaria, su comercialización, procesamiento industrial y distribución final.

3 Un análisis de estos temas, referido al agro europeo y francés, puede verse, entre otros, en: Hervieu (1991); Houée (1990); Charvet (1994). Las modalidades que asumen estos cambios en el caso de EE.UU., se discuten en Teubal (1995) a partir de una amplia revisión de la literatura especializada.

4 Desde la década del 80, en numerosos países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) se observa que la distribución del empleo ya no se corresponde con el grado de ruralidad o urbanización de los mercados locales (OCDE, 1996, citado en Saraceno, 1998). El desarrollo de desplazamientos alternativos entre empleo urbano y residencia rural, la corriente de ingresos no agrícolas en las zonas rurales, las tendencias de diversificación en ciertos espacios rurales son algunos de los aspectos contemplados en estas discusiones. Para una visión de estas perspectivas, puede verse: Schmitt, 1995; Dirven, 1997 y Saraceno, 1998.

5 Este concepto, propio de la economía y la geografía industrial, hace referencia a la concentración geográfica de empresas e instituciones interconectadas en la elaboración de determinado producto final. Agrupa una amplia gama de actividades (industriales y de servicios) eslabonadas en torno a una actividad núcleo (por ejemplo, la producción de vino, leche, cuero…), junto a otras no necesariamente ligadas a este núcleo. La mayor competitividad deriva de las externalidades, economías de aglomeración, spillovers tecnológicos e inno-vaciones que surgen de las interacciones entre las empresas, actividades y agentes (económicos, públicos, científicos…) que conforman el cluster (Dirven, 1998).

6 En los últimos años, esta corriente de investigación ha tenido cierta difusión en las propuestas de política para el desarrollo agrario o rural de países periféricos, con una presencia importante de agricultura de subsistencia o "campesina". Un ejemplo de ello son los estudios sobre diferentes experiencias de articulación entre la agroindustria y pequeños agricultores en países de América Latina, en el marco de una línea de trabajo conjunta de la CEPAL y la FAO. Véase entre otros: Schejtman (1998); Dirven y Ortega (1996). Desde otros ámbitos de observación, el trabajo de Hilhorst (1996) señala la importancia de la pequeña agricultura en las estrategias de desarrollo local/regional, rescatando algunos estudios en áreas periféricas que muestran la importancia de la pequeña agricultura en los eslabonamientos hacia adelante y hacia atrás.

7 En realidad, hace bastante tiempo que este debate se ha delineado en la literatura sobre el desarrollo económico regional. En particular, el esquema propuesto por la teoría de base de exportación (North, 1955), aplicado para explicar el desarrollo de regiones nuevas con recursos naturales, demandados externamente, se discute una serie de condiciones para que se produzcan los efectos multiplicadores sobre actividades conexas y diversificadas dentro del ámbito urbano. Véase, además: Schwartzman, 1975.

8 Veáse, entre otros: Malassis 1979; Malassis y Padilla, 1986; Fanfani et. al. 1991; Rastoin, 1998; Montigaud, 1992; Gutman y Gatto, 1990 y Teubal,1995.

9 La noción de «filière agroalimentaria» (Malassis, 1968, 1979) alude a las sucesivas etapas de un proceso técnico de transformación que va "desde la semilla hasta la mesa del consumidor" y al espacio económico e institucional configurado por los agentes y relaciones que se establecen a lo largo de este itinerario.

10 Para un cuerpo importante de trabajos las observaciones se nutren de los procesos que se produjeron en los ámbitos rurales del sur de Europa, muy especialmente de Francia, Italia y, en menor medida, España.

11 Más aún, como subraya Schwarzman (1998), la producción de carne y cereales para el mercado mundial fue el núcleo central de la economía argentina, a través del cual se desarrolló desde el sistema de transporte y servicios hasta la propia organización política del Estado nacional.

12 Desde una perspectiva más general, Lattuada (1995) plantea que a partir de los 90 los cambios en la economía argentina (apertura, desregulación y ajuste económico) también significan la pérdida de la importancia estratégica del sector agrario. Entre otros aspectos, por la disminución de su poder de veto en las decisiones de política pública y la consecuente redefinición de la estructura de representaciones sectoriales.

13 Las características que asume este proceso durante las dos últimas décadas han sido ampliamente analizadas y documentadas en el estudio de Basualdo y Khavisse (1993): ".. la expansión de las sociedades y la con-formación de grupos de sociedades que pertenecen a los mismos accionistas indican que en el agro se registran procesos similares a los que se expresan en la industria y en el con-junto de la economía argentina…..Al respecto, es pertinente recordar que dentro de la cúpula de los propietarios agropecuarios se encuentran múltiples sociedades e incluso muchos accionistas de los grandes grupos económicos a nivel nacional y de conglomerados extranjeros de larga data en el país… Asimismo, gran parte de los que actualmente son los mayores propietarios agropecuarios tienen un comportamiento similar al descrito por Jorge F. Sábato para los grandes terratenientes desde principios de siglo, No sólo son los propietarios de buena parte de la estructura de comercialización del sector, sino que también operan en base a la diversificación de riesgo donde la valorización financiera tiene un papel muy destacado cuando las condiciones macroeconómicas lo permiten " (Basualdo y Khavisse, 1993, pp. 29, 281, 282).

14 Este término alude a los cambios que experimenta el espacio productivo pampeano a partir de la década del 70 y que se expresa, entre otros aspectos, en la incorporación de un nuevo paquete tecnológico (agroquímicos, semillas mejoradas, maquinarias de mayor escala, etc.) y la expansión de los cultivos agrícolas, especialmente los oleaginosos (soja y girasol) y los trigos de ciclo corto.

15 Unas pocas cifras permiten ilustrar la envergadura de este proceso. Entre 1994 y 1997 habrían desaparecido 50.000 explotaciones agropecuarias, localizadas fundamentalmente en el espacio productivo pampeano. El nivel de endeudamiento (garantizado por hipotecas y prendas sobre las explotaciones y equipos de capital) que enfrenta el agro pam-peano en su conjunto explica gran parte de la deuda agropecuaria global (cerca de los 6.700 millones, a fines de 1997) y la morosidad acumulada en el sector agropecuario (un promedio del 24% del total de los préstamos). (Información de la Federación Agraria Argentina; Cámara de Diputados del Congreso de la Nación, informes comisiones asesoras).

16 Estas evidencias se analizan en una serie de documentos de trabajo elaborados en el marco del sub-programa "Diagnóstico y propuestas asociativas para los Consorcios Productivos" y "Diagnóstico del Potencial asociativo de los municipios bonaerenses" del Instituto Provincial de Acción Cooperativa (IPAC), Ministerio de la Producción de la provincia de Buenos Aires, efectuados por el Departamento de Economía de la Universidad Nacional del Sur durante los años 1996, 1997 y 1998.

17 En general, los pools de siembra se constituyen en una organización de cooperación empresaria bajo la forma institucional de una sociedad anónima. Esta sociedad, integrada por inversionistas de diverso origen (industrias, servicios, rentistas urbanos, etc.), es asesorada por las empresas y/o consultores tecnológicos que impulsaron la conformación del pool. La consultora, integrada generalmente por técnicos y profesionales ligados con el agro y/o por empresas inmobiliarias especializadas en el mercado de tierras, juega un rol clave en la operación económica y constituye el nexo entre los inversionistas y los productores agropecuarios que desean alquilar sus campos. La contratación de las tierras puede abarcar varios ciclos productivos, especialmente en el caso de los pools grandes (Estefanelli, 1997).

18 En su conformación intervienen varios agentes: los inversionistas, el agente colocador, el organizador y/u operador técnico, la empresa que gerencia el FID, el auditor y los produc-tores agropecuarios (en general medianos y grandes). Se constituyen a través de un ope-rador técnico, en general una consultora y administradora de fondos, ligado a una entidad financiera internacional. Por ejemplo, el FAID 2003 (Fondo Agrícola de Inversión Directa 2003) está integrado con 20 millones de dólares repartidos en 400 cuota-partes de 50.000 dólares. En esta sociedad, la Corporación Financiera Internacional (CFI), entidad crediticia para el sector privado del Fondo Monetario Internacional, integra el 25% del capital (Estefanelli,1997).

19 El proceso de apropiación de la tierra y la funcionalidad de la estancia pampeana, en el primer patrón de inserción internacional de Argentina, son factores que ayudan a explicar la conformación de un sistema de explotación extensivo con bajo nivel de absorción poblacional.

20 Buenos Aires, Córdoba, centro y sur de Santa Fe, Entre Ríos y La Pampa, excluyendo el Area Metropolitana de Buenos Aires y la capital cordobesa.

21 En el Informe Argentino Sobre Desarrollo Humano (1997) se discute la aplicación generalizada del criterio censal que considera que en Argentina es rural todo asentamiento de menos de 2.000 habitantes. Teniendo en cuenta las grandes heterogeneidades entre las estructuras urbanas provinciales, se incorporan factores de diferenciación regional para establecer las escalas de tamaño que permiten distinguir a los municipios rurales de las ciudades pequeñas, intermedias y grandes.

22 En realidad este comportamiento no es novedoso. Como lo destacan Devoto y Posadas (1998), un elemento constitutivo importante de las exportaciones agroalimentarias pampeanas ha sido la histórica adaptación a los patrones de la demanda internacional. En línea con este argumento, plantean dos preguntas sugerentes: "¿Cómo se explica el boom de la soja si no es por la demanda real y potencial para los alimentos balanceados de las carnes industriales europeas? ¿Qué fue la gloriosa época del chiled, sino el desarrollo de un producto cárnico de especial aceptación por parte de un grupo de consumidores ingleses?" (Devoto y Posadas, 1998, p. 57).

23 Los productos de la molinería (panificación, pastas frescas y secas, galletitas y bizcochos) constituyen uno de los subsectores industriales de mayor dinamismo en los últimos años. Este proceso, está estrechamente vinculado con el aumento del consumo de productos diversificados y de las pastas semielaboradas que se da en las franjas de ingresos medios y altos. Se relaciona, además, con las nuevas modalidades de venta minorista (super e hipermercados) que, entre otros aspectos, acentúan sus estrategias de venta en base a una mayor competitividad en productos frescos, como las distintas variedades de pan y confituras.

24 De 22.700 hectáreas en la campaña 1985/86 a 83.200 en 1996/97 (Demarie et. al., 1998).

25 Se trata de un sistema de engorde intensivo, "a corral", en lugar del tradicional engorde "a campo" utilizando los pastos naturales o con implantación de pasturas.

26 La discusión sobre los condicionantes que emergen de un patrón de inserción internacional basado en los commodities agroalimentarios no es novedosa. Una reciente revisión de estos debates, desde la óptica de los estudios rurales en la Argentina, puede verse en Giarraca (1999).

27 En términos generales, la orientación locacional basada en la proximidad a las fuentes de materia prima o las áreas de consumo depende de una serie de aspectos productivos y tecnológicos (grado de perecibilidad de la materia prima o el producto final, costos y requerimientos de conservación, formas de aprovisionamiento y regularidad de las entregas, costos de transporte, etc.). Véase: Sanz Cañada, 1993a.

28 Sin embargo, han tenido un menor grado de exposición externa que las pymes de otras ramas productivas. Véase el estudio de Gatto y Ferraro (1998) donde se analizan estos indicadores para toda la estructura industrial pymes del país.

29 Cabe hacer notar, sin embargo, que la producción primaria es relativamente marginal dentro de este ámbito de la provincia de Buenos Aires. Dentro del conjunto heterogéneo de tambos, los más numerosos producen apenas unos 200 litros diarios de leche fluida y sólo venden en los mercados locales o de proximidad. Otro grupo alcanza entre 1.000 y 2.000 litros diarios, escala que les permite acceder al abastecimiento de las firmas líderes del mercado lácteo nacional (La Serenísima y Sancor).

30 Esto no significa que no se combinen actividades intensivas, como la huerta o la cría de pequeños animales. Lo importante en este punto es el predominio de una cultura productiva y económica asentada en el manejo de cultivos o actividad extensiva (agro y ganadería).

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