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EURE (Santiago)

versión impresa ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) v.27 n.82 Santiago dic. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612001008200008 

Ramos, Marcela y Guzmán, Juan A. (2000). La Guerra y la Paz Ciudadana.
Santiago: LOM, 217 p.

Diego Campos Alvarez
Licenciado en Sociología (PUCCh).

La delincuencia, la preocupación por control del delito y la seguridad ciudadana se han convertido, durante la década de los 90, en los principales temas de la agenda pública en Chile. Desde comienzos de la década, en la sociedad chilena se ha vuelto cada vez más presente un sentimiento difuso y generalizado de inseguridad, cuya característica principal la constituye el temor de la población a ser víctima de la delincuencia. En esta perspectiva, el debate se ha centrado fundamentalmente en las estrategias de control y represión del delito, a fin de responder a la creciente preocupación de la ciudadanía por su seguridad. Esta preocupación, expresada como la percepción -ampliamente difundida- de una situación de violencia delictual descontrolada, se muestra disociada, sin embargo, de los índices efectivos de comisión de delitos, en tanto existe una diferencia considerable entre la probabilidad de ser víctima, y los casos reales de victimización.

La Guerra y la Paz Ciudadana corresponde al último trabajo de dos jóvenes periodistas chilenos, Marcela Ramos y Juan Andrés Guzmán, los cuales, a lo largo de las poco más de doscientas páginas del texto, y en base a una abundante bibliografía, abordan este tema en cuanto "discurso", en el sentido más foucaultiano del término (Foucault, 1987). De esta manera, proponen entender la problemática de la seguridad ciudadana como un corpus doctrinario polarizador del entorno social, donde sólo es posible la pertenencia a una de dos categorías, la de "amigo" o "enemigo"; dentro de esta última se encuentra el delincuente, mientras que en la primera cabe todo el resto de la sociedad, en guerra declarada contra aquél. Esta concepción de la seguridad ciudadana presenta también un componente de control social muy poderoso, y a la larga, de acuerdo con los autores, constituye una suerte de paradigma desde el cual es posible entender y dar respuesta a todos los problemas sociales, en la medida que es el "miedo al otro" el que se erige como principio rector de las interacciones sociales (PNUD, 1998). De esta manera, y en tanto discurso, la seguridad ciudadana sería más un problema político que social, con claras connotaciones ideológicas. De este modo, así como durante los 70 fue la doctrina de la seguridad nacional la que marcó la pauta de los sucesos que más influyeron en la región, en los 90 emerge con fuerza la doctrina de la seguridad ciudadana, casi monopolizando la discusión pública.

Tal es la conclusión a la que el lector atento puede llegar al término de la lectura de este libro, dado que una de sus principales falencias es la ausencia de reflexión teórica que permita integrar, en un nivel más acabado de análisis, la gran cantidad de datos que presenta el texto. Más aún, no se logra trascender, en términos argumentativos, la dimensión política que los autores descubren en la problemática de la seguridad ciudadana, y que les interesa denunciar. De esta manera, el trabajo de Ramos y Guzmán, si bien constituye una panorámica descriptiva bastante certera de la manera en que se ha entendido la seguridad ciudadana en Chile, a partir de un nutrido acervo de hechos y anécdotas, se ve limitado en dos sentidos; no sitúa el objeto de estudio en un contexto más global (operación absolutamente necesaria, considerando que el fenómeno de la seguridad ciudadana, en estos términos, responde también a tendencias globales, y presenta elementos comunes en varios países), y tampoco indaga en los niveles más profundos que se articulan en la conformación de este pensamiento orientado a la seguridad y la defensa, acotándose, en general, a la exposición detallada de los episodios más relevantes relacionados con el tema, limitando así la posibilidad de enriquecer las claves interpretativas del problema que, sin embargo, se esbozan a lo largo de las páginas.

La aproximación al tema investigado la realizan los autores en varios frentes, que son los que estructuran el libro y organizan los capítulos. El temor en la población a los ataques delictuales, la Fundación Paz Ciudadana, las empresas de seguridad privada, Carabineros de Chile y los jóvenes pobres de las ciudades son los actores de este complejo entramado, a cada uno de los cuales se dedica un capítulo completo. Al final se incluyen dos anexos que complementan el cuerpo central del texto.

En el primer capítulo, titulado "Botón de pánico", los autores presentan algunos casos paradigmáticos, recogidos por la prensa en su momento, que sirven para ilustrar los ribetes dramáticos que puede alcanzar el temor a la delincuencia entre la gente. De esta manera se introduce el problema de la seguridad ciudadana, como un escenario donde la preocupación pública principal, en el Chile de la transición a la democracia, versa en torno a la nueva amenaza de la delincuencia. No obstante, la percepción generalizada del aumento en la frecuencia e intensidad de la violencia criminal no tiene un correlato en las estadísticas de criminalidad; esta situación, de acuerdo a Ramos y Guzmán, obedecería a una disolución de los vínculos sociales, una suerte de debilitamiento de la sociedad civil producto de la fractura con que emerge el país después de un régimen militar. En ausencia de una amenaza a la seguridad de la nación, se posiciona como el nuevo enemigo la figura del delincuente; en esta operación, la consecuencia más nefasta sería la criminalización de la pobreza, situación de la que también dan cuenta Wacquant (2001) y Bourdieu (2000) para el contexto estadounidense y francés, respectivamente. Tiene lugar en este capítulo el aporte más sustantivo que realizan los autores a la comprensión del tema, al postular que la delincuencia deviene «(...) una clave que explica y resuelve la compleja sociedad de fines de siglo. En ese radical viraje, el delito deja de ser una suma de infracciones a la ley para convertirse en una forma de ver y construir la realidad» (Ramos y Guzmán, 2000: 35).

El segundo capítulo lleva por título "Un mordisco a Paz Ciudadana", y constituye una mirada tras las bambalinas de la institución que mayor figuración pública ha tenido como portavoz de la ciudadanía amenazada por la delincuencia. La Fundación Paz Ciudadana, nacida como un centro de estudios y asesorías en materias relacionadas con el delito, es presentada aquí como el producto de los miedos y las obsesiones de Agustín Edwards Eastman, dueño del diario más influyente de Chile, y "portavoz de los sectores más conservadores de la sociedad chilena", El Mercurio. En el directorio de la Fundación confluyen representantes de la derecha y la centro–izquierda política, del mundo de los empresarios y de la cultura; esta heterogeneidad en su composición es considerada por los autores como una metáfora del consenso que despierta en la sociedad chilena la seguridad ciudadana como la más importante preocupación pública. Sin embargo, Paz Ciudadana aparece también, en tanto dispone del acceso a los más importantes medios de comunicación para difundir sus postulados, como la principal responsable en la criminalización de la pobreza que acompaña la preocupación por la seguridad pública. De acuerdo con los autores, en la medida en que esta institución es depositaria de las ideas del Manhattan Institute, sería responsable de la traducción nacional de la teoría de las ventanas rotas y la versión chilena de la tolerancia cero, que ha logrado hacerse parte fundamental de los programas políticos de uno y otro signo.

"El negocio de la delincuencia" es el título del capítulo tres, y en él se describe en detalle el auge que ha tenido en los últimos años en Chile el negocio de la seguridad privada: sistemas de alarma, guardias de seguridad, cámaras de vigilancia, rejas y condominios cerrados, etc. Al mismo tiempo, los autores denuncian el énfasis represivo que ha suscitado la problemática de la seguridad ciudadana, en tanto se asume que la manera de enfrentar y responder a la delincuencia pasa exclusivamente por fortalecer los mecanismos policiales y judiciales, recurriendo al encierro carcelario como la única forma eficaz de proteger a la sociedad.

El capítulo cuarto, "Orden y Patria", constituye una breve recuento de los casos más emblemáticos de abuso policial en Chile durante los 90, los cuales son situados en la perspectiva de una demanda social por mayor control sobre los delincuentes, y también los sospechosos de serlo; de esta manera, el equilibrio entre el ejercicio constitucional de la fuerza y las libertades civiles se vería problematizado. Esta situación se ejemplifica en el número comparativamente alto de arrestos por sospecha (o por ebriedad, que según los autores constituye una modalidad encubierta de la anterior, actualmente derogada) que realiza Carabineros, la que afecta principalmente a los jóvenes varones de sectores de escasos recursos; así, se recalca el fuerte componente de discriminación presente en las ideas de la seguridad ciudadana. De acuerdo con Ramos y Guzmán, la militarización de las fuerzas policiales en Chile, producto de la lucha antisubversiva a la que fueron destinadas durante el régimen autoritario, se vería reforzada por las presiones de la sociedad que demandan «mano dura» en el control de la delincuencia, desvirtuando así su función originaria de salvaguarda del orden público y de protección de todos los ciudadanos.

Finalmente, en el capítulo cinco, titulado "Enemigo interno", tiene lugar un contrapunto entre la situación de los jóvenes de extracción popular, estigmatizados como delincuentes por la seguridad ciudadana por el mero hecho de ser pobres, y la situación de los delincuentes de «cuello blanco», ante los cuales el rigor de la ley se ejerce con una benevolencia que no conocen los primeros. Para los autores, sin embargo, los criminales más peligrosos para la sociedad son estos últimos, por la cuantía de sus delitos, la cantidad de personas que se ven afectadas por ellos, y por la impunidad en que operan.

El libro concluye con dos anexos, el primero de los cuales, "Los mitos sobre la delincuencia", constituye una suerte de desmentido a las ideas más difundidas entre la población acerca de la delincuencia, quienes la ejercen, y quienes se acusa de hacerlo, sintetizando, de alguna manera, los puntos más relevantes de la argumentación de los autores. Por su parte, el segundo anexo es un compendio de los delitos económicos cometidos en Chile desde 1982, a los que acompañan las resoluciones de la justicia respecto de cada uno. Este anexo, presentado en forma de cuadro sinóptico, no incluye ningún texto o comentario; sin embargo, la relación con el último capítulo del texto se hace evidente, por cuanto la mayor parte de las causas referidas fueron absueltas o sobreseídas.

Este libro puede inscribirse dentro de lo que genéricamente se ha denominado "periodismo de investigación", y que en Chile cuenta con algunos antecedentes en investigaciones realizadas a partir de la década de los 80, interesadas sobre todo en iluminar capítulos oscuros de la historia del régimen militar. En cierto sentido, La Guerra y la Paz Ciudadana responde a esta tradición, en cuanto se vincula a un pensamiento de izquierda cuyo principal referente explicativo lo constituye la figura del autoritarismo; sin embargo, en este trabajo cobra mayor fuerza la dimensión de denuncia que de investigación propiamente tal, como si las formalidades del género, junto con proponer los marcos por los que transcurre la argumentación, limitara también las posibilidades de explicación y comprensión de la misma.

A pesar de las debilidades aquí señaladas (a las que cabría agregar una utilización excesiva de las notas a pie de página, lo cual hace la lectura sumamente fatigosa, la mala calidad de los gráficos que se incluyen, y un par de errores ortográficos de grueso calibre), este texto supone un esfuerzo por examinar con cierta perspectiva un discurso que en nuestra sociedad ha adquirido ya el estatus de «sentido común»; en esta dirección, toda reflexión crítica que se haga cargo de estos temas resulta bienvenida. Sin embargo, llama la atención el escaso tratamiento que los autores hacen de ciertas dimensiones de la cuestión relativa a la seguridad ciudadana, y que resultan de capital importancia para proporcionar una mirada más completa sobre ésta. Pensamos, por ejemplo, en las problemáticas asociadas a la utilización de los espacios públicos; el nuevo protagonismo de los barrios y condominios cerrados; las distintas dimensiones de la segregación espacial; la inseguridad e incertidumbre que supone la flexibilización de los mercados de trabajo, producto de las condiciones impuestas por la integración a un entorno globalizado.

Referencias bibliográficas

Bourdieu, Pierre (2000). Contrafuegos. Reflexiones para servir a la resistencia contra la invasión neoliberal. Barcelona: Anagrama.         [ Links ]

Foucault, Michel (1987). El orden del discurso. Barcelona: Tusquets.         [ Links ]

Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (1998). Informe de Desarrollo Humano en Chile: las paradojas de la modernización. Santiago: PNUD.         [ Links ]

Wacquant, Loïc (2001). Parias urbanos. Marginalidad en la ciudad a comienzos del milenio. Buenos Aires: Manantial.         [ Links ]

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