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EURE (Santiago)

versión impresa ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) v.28 n.85 Santiago dic. 2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612002008500007 

Las mega-ciudades y las periferias expandidas. 
Ampliando el concepto en Ciudad de México1

Adrián Guillermo Aguilar2

Abstract

This article suggests a line of research about the growth and development of mega-cities, focused in their regional outskirts. Specifically, some elements seeking research on peri-urban areas on metropolitan expanded outskirts of the mega-cities are introduced, since it is in these zones where the biggest part of the metropolitan growth is taking place. The most important interests of this article laid both on the metropolitan Ciudad de México, about wich a urban pattern, more scattered than the ones in most part of the regional territory, is shown, and on the springing up of many a great number of urban sub-centers, wich are reflected on a multinuclear structure, which in turns becomes the basic structure of the metropolitan territories. At the same time, it is stated that the discussed theoretical and methodological aspects are also relevant for other big metropolitan areas, what may contribute to a more systematic analysis of the regional outskirt of the mega-cities, and in particular to its new territorial patterns.

Keywords: urban growth, mega-cities, peri-urbanization, extended outskirts, Ciudad de México.

Resumen

Este artículo propone una línea de investigación sobre el crecimiento y desarrollo de las mega-ciudades enfocada a la periferia regional de éstas. Específicamente, se plantean elementos en orden a ampliar la investigación sobre las áreas peri-urbanas o periferias metropolitanas expandidas de las mega-ciudades, ya que es en estas zonas donde gran parte de la dinámica de crecimiento metropolitano está teniendo lugar. El interés principal de este artículo lo constituye el área metropolitana de Ciudad de México, respecto de la cual se indica un patrón urbano mucho más disperso en la mayor parte del territorio regional, y el surgimiento de una multitud de subcentros urbanos, manifestándose una estructura multinuclear que constituye la estructura básica de los territorios metropolitanos. Al mismo tiempo, se afirma que los aspectos teóricos y metodológicos discutidos son también relevantes para otras grandes áreas metropolitanas, lo que puede contribuir a un análisis más sistemático de la periferia regional de la mega-ciudad, y en particular sus nuevos patrones territoriales.

Palabras clave: crecimiento metropolitano, mega-ciudades, periurbanización, periferias extendidas, Ciudad de México.

1. Introducción

Este trabajo tiene por objetivo destacar una línea de investigación acerca del crecimiento y desarrollo de las mega-ciudades, que se enfoque particularmente a la periferia regional de estas grandes urbes, ya que es aquí donde varios de los más importantes cambios asociados a su función nacional y a la inserción global de estas ciudades están teniendo lugar. Como parte de esta tarea, se hace referencia a análisis de grandes ciudades en otras regiones del mundo para destacar la importancia que este tema ha adquirido. De manera particular se plantean elementos que ayuden a ampliar la investigación sobre las áreas periurbanas, o lo que aquí caracterizamos como periferias metropolitanas expandidas de las mega-ciudades, identificando variables y formas de tratamiento que puedan ser usadas para analizar información y contribuir a un estudio comparativo entre grandes zonas metropolitanas. El interés principal de este trabajo lo constituyen las áreas metropolitanas de América Latina, sobre todo el caso de Ciudad de México, respecto de la cual se presentan resultados preliminares3; el argumento principal es que los aspectos teóricos y metodológicos que se discuten en este trabajo tienen un amplio valor genérico para otras grandes áreas metropolitanas en otras regiones del mundo, lo que de esta manera puede contribuir a un análisis más sistemático de la periferia regional de la mega-ciudad, particularmente en sus nuevos patrones territoriales.

Considero que los análisis recientes de las grandes ciudades se han enfocado en temas cuyo interés central no es el desarrollo de las periferias metropolitanas. Más bien, en la literatura internacional sobre las grandes ciudades es común encontrar un predominio de trabajos que examinan el papel de las grandes ciudades dentro de la economía global, generalmente desde el punto de vista de su importancia como centros de control en los ámbitos productivos y financieros. Ejemplos clásicos de estos estudios son la hipótesis de la "ciudad mundial" de Friedmann (1982, 1995), y durante los años ’90, el trabajo de Sassen (1991) sobre Nueva York, Londres y Tokio (Knox & Taylor, 1995); las consecuencias de la reestructuración económica sobre una "nueva" pobreza y organización social en estas grandes ciudades (Mollenkopf & Castells, 1991; Sernau, 1997; Sassen, 2000)4; el margen de maniobra de los gobiernos nacionales y locales frente a las fuerzas internacionales; y la necesidad de enfocarse en el análisis del nexo "global-local" (Dicken, 1994; Cox et al., 1997; Parnwell & Wongsuphasawat, 1997). Varios de estos temas, además, se han desarrollado para grandes ciudades de países desarrollados y en desarrollo (Lo & Yeung, 1998).

En este contexto, es de vital importancia prestar atención a las transformaciones que las grandes ciudades están experimentando a principios del siglo XXI, particularmente en lo que toca a la dinámica y los cambios territoriales que están ocurriendo en sus áreas urbanas periféricas.

La evidencia reciente muestra que la expansión metropolitana está adquiriendo una forma diferente a aquella del pasado reciente. Mientras que las tasas de crecimiento en las grandes ciudades en general se han desacelerado en las últimas dos décadas, la concentración económica persiste en un alto grado, y la expansión metropolitana continúa incorporando nuevos municipios adyacentes. En términos territoriales, de un espacio metropolitano relativamente compacto, la mega-ciudad contemporánea presenta una expansión más policéntrica, creando un patrón más asociado con redes y con límites y fronteras menos precisas difícilmente definibles. Lo anterior genera un patrón de expansión con tendencias de dispersión urbana que incorpora progresivamente pequeños pueblos y periferias rurales dentro de un sistema metropolitano cada vez más amplio y complejo. Según lo anterior, las mega-ciudades están experimentando nuevas dinámicas, y en consecuencia, están enfrentando nuevos retos espaciales y organizacionales dentro de un mundo globalizante.

2. Desarrollo económico y estructura territorial metropolitana

A partir de los años ‘80, las transformaciones de la economía global han desatado importantes cambios en la dinámica metropolitana de las grandes ciudades en los países en desarrollo. Mientras que estas transformaciones tienden a redefinir la base económica de tales ciudades, ellas también reconfiguran sus patrones territoriales en relación a las nuevas condiciones productivas. Aunque las mega-ciudades muestran una disminución en el crecimiento metropolitano como un todo, así como en los niveles de concentración industrial, permanecen como el principal destino de la inversión extranjera y se consolidan como los principales centros de servicio, particularmente de los más avanzados (financieros, profesionales, alta tecnología) que apoyan el proceso productivo; esta situación se ejemplifica muy bien en Ciudad de México (Garza, 2000a).

A mediados del siglo pasado, las más grandes ciudades de América Latina fueron ampliamente favorecidas en su desarrollo y explosivo crecimiento durante el periodo de la Industrialización Sustitutiva de Importaciones (ISI). Hasta 1970, estas ciudades mostraron una importante dinámica económica al atraer la mayor parte de las plantas manufactureras; concentraron la toma de decisiones política, un creciente aparato burocrático y un amplio sector de servicios, lo cual, a su vez, las convirtió en las principales metrópolis de cada país con altos índices de primacía. Este proceso inhibió el crecimiento de ciudades vecinas, ya que la ciudad principal fue capaz de consolidar sus ventajas locacionales a través de sus altas tasas de crecimiento económico, su gran atracción de migrantes y mercado cautivo. En términos generales, el modelo se agotó a principios de los años ‘80, cuando un modelo orientado a la exportación, mucho más comprometido con el libre comercio y las fuerzas del mercado fue adoptado (Gilbert, 1996).

En los últimos veinte años, los gobiernos latinoamericanos han estimulado una mayor integración a la economía global a través de importantes medidas como privatización de empresas del sector público, atracción de inversión extranjera y apoyos a empresas nacionales para buscar mercados de exportación, además de volver más competitivas a las exportaciones. Al mismo tiempo, las economías nacionales han eliminado sus esquemas proteccionistas previos y sus restricciones sobre el capital extranjero, y han abierto sus mercados a las importaciones; estas acciones en muchos casos se han hecho en el marco de la firma de tratados de libre comercio, como fue el caso de NAFTA5 (North-American Free Trade Agreement) entre Canadá, Estados Unidos y México, que inició en 1994.

Claramente, las grandes ciudades están funcionando en un contexto productivo muy diferente, y su desempeño depende en gran medida de las condiciones de su respectiva economía nacional. Algunos países mostraron signos de recuperación después del ajuste estructural de los años ‘80, en el sentido de hacerlos más competitivos internacionalmente; datos de crecimiento económico reciente muestran grandes diferencias entre países, que revelan que mientras algunas economías han logrado crecer, otras se han estancado. Los datos en el Cuadro 1 señalan, casi sin excepción, que las economías nacionales se recuperaron del impacto de los ‘80 y entraron en la fase de liberalización con diferentes resultados: mientras que la primera mitad de los ‘90 mostró comportamientos económicos positivos, para la segunda mitad de esa década resurgieron los crecimientos económicos negativos, lo cual parece mostrar un comportamiento cíclico. Esta situación se observó en países como Argentina, México, Uruguay y Venezuela. Así, estas cifras tienden a mostrar cómo los impactos y beneficios locales de la liberalización varían considerablemente, de región a región y de ciudad a ciudad.


México es un buen ejemplo del anterior proceso. Durante los ’80, la integración económica provocó una enorme expansión del empleo manufacturero a lo largo de la frontera norte, una frontera de tres mil kilómetros con los Estados Unidos. El número de trabajadores en la Industria Maquiladora se incrementó de 75.000 en 1976 a 470.000 en 1993, y a 750.000 en 1996 (según datos de INEGI citados en Gilbert, 1996; MacLachlan & Aguilar, 1998). Al mismo tiempo, Ciudad de México y otros importantes centros industriales perdieron empleo manufacturero, y muchas empresas poco competitivas en el nuevo contexto, fueron cerradas ante la llegada de las nuevas importaciones manufactureras y el establecimiento de corporaciones multinacionales y sus firmas afiliadas. Para el periodo 1986-1994, Ciudad de México mostró un interesante balance entre ganancias y pérdidas de empleos en sus sectores económicos: la ciudad perdió más de 20.000 empleos industriales, particularmente en los subsectores de química, productos metálicos y de precisión, productos maderables y minerales no metálicos; pero por otro lado, registró un alto incremento en los sectores de servicios y comercio, con alrededor de 394.000 empleos (Aguilar, 1999a). Estos datos señalan dos tendencias opuestas: primero, un proceso de desconcentración de actividades industriales hacia ciudades intermedias cercanas dentro de la Región Centro de México -aunque en menor medida también hacia otras regiones-, contribuyendo con ello al surgimiento de una estructura policéntrica regional; y segundo, una marcada tendencia de aglomeración de actividades terciarias en la mega-ciudad, con rasgos de polarización debido a la llegada tanto de servicios al productor (sobre todo financieros) como de servicios al consumidor (generalmente de baja calificación).

Sin embargo, es importante hacer notar que aunque la liberalización causó cierto declive y reestructuración en la importancia económica de las mega-ciudades, ellas aún representan un motor económico, y en diferentes formas, un polo muy atractivo para el capital nacional e internacional en sus respectivos países. Ciudad de México es un ejemplo representativo de esta concentración; en el caso del sector industrial, en 1970 concentraba el 42% del empleo manufacturero y el 48% de la contribución de este sector al PIB nacional; para 1993, estas proporciones eran del 26% y del 33% respectivamente. En esencia, Ciudad de México perdió importancia relativa a nivel nacional (en 15 puntos porcentuales), pero aún mantiene un papel prominente, con cerca de una tercera parte del empleo y del valor de la producción en ese sector. Este protagonismo económico es más marcado para el sector terciario: mientras que en 1970 Ciudad de México concentraba el 35% del empleo nacional y contribuía con el 45% del PIB nacional, para 1993 estas proporciones fueron del 30% y del 40% respectivamente. En este caso la pérdida de importancia relativa fue mucho menos significativa.

En términos comparativos, a finales de los ‘80 y principios de los ‘90, otras mega-ciudades en América Latina mostraron tendencias similares en relación a ambos sectores económicos. En el caso del gran Sao Paulo, mientras que de 1980 a 1988 el número de trabajadores industriales cayó de 64% a 62% de la fuerza de trabajo total, el número de empleados en actividades informales se incrementó en 271% de 1971 a 1990 (Santos, 1996). En Buenos Aires y Río de Janeiro se reportaron tendencias similares de pérdida de dinamismo industrial, crecimiento del terciario, y en general, deterioro de las condiciones laborales (Ainstein, 1996; Tolosa, 1996).

Un importante indicador de la relevancia económica de estas grandes aglomeraciones en la economía global es el flujo de inversión extranjera. Entre 1994 y 1997 la Región Central de México atrajo el 71% de la inversión extranjera total que llegó al país en ese periodo. Dentro de esta región existió una notable concentración en las dos entidades federales que sirven de receptáculo a Ciudad de México: el Distrito Federal y el Estado de México, que absorbieron el 97% del total de inversión extranjera en la mencionada región6 (Aguilar, 2002). Podemos referir también el caso de otra mega-ciudad latinoamericana como es Buenos Aires, la cual entre 1990 y 1997 recibió el 25% del total de inversión extranjera en Argentina, que se concentró fundamentalmente en nuevas firmas manufactureras y centros comerciales (Ciccolella, 1999). Así, es altamente significativo cómo el capital extranjero muestra una marcada preferencia por las grandes metrópolis nacionales.

No es sorprendente, por lo tanto, observar cómo la inversión extranjera ha tenido importantes impactos en la periferia metropolitana; estos impactos incluyen sobre todo desarrollos residenciales privados, generalmente con sitios recreativos como campos de golf o country clubs; grandes obras de infraestructura, por ejemplo aeropuertos; y complejos corporativos de oficinas o centros comerciales en las localizaciones más accesibles. Inevitablemente, la distribución de todos estos diferentes tipos de desarrollos puede provocar polarizaciones más acentuadas en el espacio metropolitano, particularmente en aquellas zonas donde los grupos más privilegiados se segregan de los grupos más pobres (por ejemplo comunidades cerradas) y de otros usos del suelo no compatibles.

De esta manera, a la vez que las grandes ciudades han experimentado una reestructuración económica, ellas gradualmente incorporan elementos que las sitúan en una posición para competir en la esfera global. Los datos indican que así como su sector manufacturero se ha contraído, su aparato económico -como un todo- va adquiriendo importantes ventajas dentro de sus sistemas urbanos nacionales, en el sentido de desempeñar ciertas funciones en las redes internacionales de los flujos financieros, las relaciones de oficinas matrices-filiales de grandes corporaciones, servicios de alta tecnología y telecomunicaciones.

Como último punto, hay que resaltar que este proceso de globalización introduce una dinámica territorial tanto de dispersión como de concentración urbana. Por una parte, hay una dispersión territorial de la actividad económica a nivel metropolitano y regional, facilitada por los desarrollos de las telecomunicaciones, que contribuye a una especie de expansión de las funciones centrales; es decir, los procesos productivos se fragmentan en el espacio, con lo que se favorece el proceso de suburbanización y difusión urbana de tareas productivas y de servicios de carácter rutinario y menos especializadas, que a su vez pueden localizarse en zonas más periféricas. Por otra parte, se sucede una reconcentración de funciones administrativas de alto nivel, de control de operaciones y de toma de decisiones dentro de los procesos productivos, como resultado de las todavía destacadas economías de aglomeración de la gran metrópoli y de su masiva concentración de información, particularmente en el campo de las innovaciones tecnológicas (Sassen, 1998). En consecuencia, podemos hablar de una nueva forma de "centralidad metropolitana" donde junto al tradicional centro urbano -históricamente concentrador de oficinas directivas- surgen otros complejos corporativos y subcentros urbanos, que son los nuevos nodos de la concentración y desconcentración de la dinámica metropolitana.

3. La mega-ciudad y las periferias metropolitanas expandidas

Particularmente desde los años ‘80, en América Latina se empezó a reportar la desconcentración de funciones urbanas y de población de las grandes ciudades, siguiendo en gran medida un patrón urbano policéntrico con el crecimiento de ciudades intermedias, tendiendo hacia una estructura urbana nacional más balanceada, que se interpretaba como una reversión de la polaridad (Townroe & Keene, 1984; Gilbert, 1993). En años más recientes, podemos apreciar que a la vez que ha disminuido el crecimiento de la gran metrópoli, ha continuado un importante crecimiento de las ciudades intermedias cercanas a la primera, con lo que se ha ampliado una marcada concentración de actividades productivas y de población urbana en una "región central" que contiene a la más grande ciudad del país, pero cubre un territorio mucho más amplio (UNCHS, 1996). En otras palabras, este proceso de desconcentración urbana nos señala dos niveles de análisis: (i) la desconcentración de población y actividades productivas hacia ciudades secundarias localizadas fuera de la principal región metropolitana, proceso que sucede a nivel nacional, donde todas las regiones están involucradas; y (ii) desconcentración al interior de la mega-ciudad hacia zonas periféricas, a lo largo de corredores de transporte y otros subcentros urbanos, dentro de la "región central". Este último proceso es el objeto central del análisis que aquí se presenta.

Con respecto a este tema, la investigación urbana en la última década ha postulado el surgimiento de nuevas formas territoriales particularmente asociadas a las grandes ciudades de los países en desarrollo. Estas formas han sido principalmente el resultado de lo que se puede llamar una urbanización de base regional, que muestra un mayor alcance territorial que una urbanización de base urbana, en la medida en que la influencia de la ciudad se expande a una región más amplia, lo cual se ve facilitado por los avances en la tecnología. Entre los rasgos más sobresalientes podemos mencionar tasas de crecimiento metropolitano más bajas, que han coincidido con una más intensa circulación de mercancías, población y capital entre el centro de la ciudad y su periferia regional; límites cada vez más difusos entre lo urbano y lo rural; y una desconcentración manufacturera en dirección de áreas periféricas de la gran ciudad, hacia una franja metropolitana externa que rodea a las mega-ciudades.

En América Latina, tales formas territoriales emergentes ya se han identificado para las más grandes metrópolis con términos como concentración expandida, metropolización expandida o metrópoli-región, para ciudades como Buenos Aires y Santiago de Chile (Ciccolella, 1999; De Mattos, 1999); desarrollo poligonal, campo de aglomeración o urbanización extendida para Sao Paulo y Río de Janeiro (Campolina, 1994; Lopes de Souza, 2001); y mega-urbanización con estructura policéntrica para Ciudad de México (Ward, 1998; Aguilar, 1999a, 1999b y 2002). Cabe señalar que estos trabajos se han realizado muy recientemente y necesitan continuarse de manera más sistemática.

En otras regiones del mundo análisis similares se refieren al mismo fenómeno. Para las ciudades del sureste de Asia existe un énfasis en la fusión o integración de espacios urbanos y rurales y de sus correspondientes funciones; tal mezcla de actividades urbano-rurales está teniendo lugar en zonas de la periferia metropolitana de las grandes ciudades, lo que un autor ha denominado desakota , término que esencialmente significa una región metropolitana expandida. En otros casos, el término de región mega-urbana ha sido adoptado, y en diferentes partes de Asia ha existido investigación en esta línea desde principios de los años ‘90 (Ginsburg, Koppel y McGee, 1991; McGee & Robinson, 1995; Firman, 1996; Forbes, 1997). Estos estudios se han referido sobre todo a las ciudades de Singapur, Kuala Lumpur, Jakarta, Manila y Bangkok, y entre las características que se destacan para las regiones desakota7 se mencionan las siguientes: (i) alta proporción de población dedicada al cultivo del arroz en pequeñas propiedades; (ii) rápido incremento de actividades urbanas, principalmente comercio, transporte e industria en áreas anteriormente agrícolas; (iii) una extrema fluidez y movilidad de población y de bienes; (iv) una característica mezcla de usos del suelo con agricultura, agroindustrias, parques industriales y desarrollos residenciales suburbanos; (v) fuerte expansión de la economía global con políticas ad hoc de fomento; y (vi) zonas "oscuras" desde el punto de vista de la ausencia de regulaciones urbanas para las realidades rural-urbanas (McGee, 1991).

En el caso de ciudades en países en desarrollo, los análisis han enfatizado los desarrollos suburbanos y el fin de la ciudad compacta y el modelo monocéntrico, y el surgimiento de un espacio urbano mucho más disperso y fragmentado. Ejemplos de estas interpretaciones se pueden encontrar en los conceptos de edge cities (Garreau, 1991) y la ciudad dispersa (Monclús, 1998).

El argumento central es que dentro de este nuevo y emergente orden espacial asociado a las mega-ciudades, varias áreas de análisis han sido poco atendidas; específicamente podemos identificar tres principales aspectos: (i) la rápida y creciente expansión de las actividades económicas y de la población urbana en la periferia metropolitana regional, es decir, aquellos espacios más allá de los suburbios; (ii) la necesidad de nuevos criterios y métodos que apoyen una delimitación más clara de las fronteras metropolitanas y del área de influencia inmediata de la mega-ciudad; y (iii) la multiplicidad de jurisdicciones y gobiernos locales que tienden a formar una "balcanización" de la estructura administrativa dentro de la región mega-urbana, junto con la ausencia de un único órgano de gobierno metropolitano que abarque la mayoría de la ciudad como un todo. Las expandidas y cada vez más difusas periferias metropolitanas alrededor de estas grandes ciudades se han vuelto sumamente importantes para entender la naturaleza cambiante de las mega-ciudades, y sobre todo para desarrollar políticas urbano-regionales que aseguren mayor sustentabilidad de las áreas metropolitanas, particularmente en la base de recursos naturales de su hinterland.

En términos territoriales, la mega-ciudad presenta en la actualidad una expansión más policéntrica a través de centros y subcentros urbanos, siguiendo un patrón de red que tiende a ampliarse a lo largo de las principales carreteras y/o vías férreas que en forma radial salen del centro de la gran ciudad. En los intersticios de este patrón surge una mezcla de usos del suelo en una región expandida, donde la agricultura tradicional se puede encontrar al lado de nuevos proyectos de vivienda urbana, parques industriales, desarrollos corporativos, sitios de recreación y toda clase de desarrollos suburbanos. De esta forma, una nueva arquitectura y configuración espacial del desarrollo metropolitano emerge.

Para interpretar mejor los ritmos de expansión periférica y los diferentes elementos territoriales que surgen, haré referencia a dos esquemas que tratan de ejemplificar estos procesos. En primer lugar, la Figura 1 muestra un modelo temporal en cuatro fases, que se refiere a la redistribución de crecimiento urbano del centro hacia la periferia. La primera representa un patrón monocéntrico que atrae una alta concentración social y económica en el centro urbano, el cual registra el más alto crecimiento demográfico; este ha sido el origen de la mayor parte de las áreas metropolitanas. La segunda representa el inicio del proceso de suburbanización: el crecimiento demográfico en el centro disminuye y la población se desplaza hacia la periferia, que empieza a mostrar un alto crecimiento. En la tercera fase, el centro urbano registra un crecimiento negativo debido a la salida de población, mientras que una periferia interna muestra un crecimiento promedio, y la periferia externa inicia un crecimiento acelerado. En la última fase, crecimientos negativos persisten en las áreas centrales, y los más altos incrementos suceden en las zonas periféricas; la expansión urbana incorpora polos de crecimiento conformando así una estructura policéntrica. Esta última fase tiene rasgos característicos de la actual expansión metropolitana de las principales mega-ciudades de América Latina.


El segundo esquema, que se presenta en la Figura 2, tiende a identificar de manera esquemática los componentes territoriales básicos de una urbanización territorialmente expandida. En primer lugar, la ciudad central, que generalmente corresponde a los límites de la ciudad histórica que existía antes de la fase de expansión del modelo de la ISI; segundo, los anillos urbanos construidos, que generalmente se pueden dividir en dos (el intermedio o interior y el suburbano o exterior, que en su mayor parte representa el área construida continua y contigua que surgió durante la acelerada fase de expansión del ISI); tercero, la zona metropolitana, que además del área construida, abarca una franja rural-urbana funcionalmente vinculada a la ciudad central, y que ha sido delimitada según cada país por criterios particulares como flujos de población, uso del suelo, o vínculos económicos; y cuarto, una periferia expandida que se extiende más allá de la frontera metropolitana formal, y que aún se encuentra bajo influencia directa de la ciudad central, y cuyo probable límite se puede definir por los movimientos diarios de carácter laboral de la población. En este esquema destaca la presencia de otras ciudades más pequeñas en la región de influencia de la gran ciudad, en dirección de las cuales se puede apreciar el desarrollo de corredores y subcentros urbanos8.


Un objetivo central de este trabajo es destacar esta periferia regional del área metropolitana, por la cual entendemos una especie de aureola o halo rural-urbano que se extiende más allá de lo que se denomina el límite o frontera metropolitana establecida. Se trata de territorios que presentan algunas de las características metropolitanas, o presentan varias de ellas pero no con la misma intensidad. Lo importante, en todo caso, es que existe una clara difusión -en estos espacios- de población y modos de vida urbanos en zonas con un paisaje quizá predominantemente rural; de aquí su denominación de áreas metropolitanas expandidas. Es una especie de región colindante o adyacente sobre y dentro de la cual la mega-ciudad impacta e interactúa.

Por supuesto, la influencia metropolitana se extiende en diferentes grados más allá de la frontera metropolitana a lo largo de una gradiente (o series de gradientes) que necesitan ser definidas para cada mega-ciudad en particular. Hay que examinar los cambios sociales, económicos y territoriales que gradualmente se difunden de las municipalidades metropolitanas interiores hacia aquellas más remotas, fuera del límite metropolitano. Dentro de ese espacio, naturalmente, es muy posible encontrar tanto sitios en declive como en expansión, que representan áreas que por una u otra razón se han rezagado o han acelerado su desarrollo respecto a la dinámica promedio circundante, lo cual generalmente ha sucedido debido a las relaciones o vínculos que se establecen con el núcleo urbano.

4. Los nuevos tipos de desarrollos en la periferia metropolitana

¿Cuáles son los procesos particulares de suburbanización y metropolización expandida que caracterizan esta reciente fase del desarrollo urbano? Diversas evidencias se pueden aportar en el caso de cada mega-ciudad para tratar de contestar esta pregunta. A partir de la revisión de la literatura, se pueden destacar para América Latina tres principales rasgos distintivos de la reciente expansión metropolitana que merecen nuestra atención: (i) las periferias metropolitanas expandidas; (ii) los corredores urbanos; y (iii) la multiplicación de subcentros urbanos que tienden a consolidar una estructura policéntrica.

(i) Periferias Expandidas. Son el resultado de una ampliación de la influencia urbana de la gran ciudad más allá de su frontera metropolitana, integrando áreas rurales adyacentes. En estos territorios, una multitud de pueblos distantes y pequeñas ciudades se ven integradas a la influencia cotidiana del complejo metropolitano. Se puede apreciar una creciente influencia funcional de la ciudad principal sobre municipalidades remotas, la cual se ejerce sobre todo a través de importantes transformaciones socio-económicas y del uso del suelo en la periferia regional. Gran parte del crecimiento en estas municipalidades se deriva de flujos centrífugos del núcleo metropolitano, así como de una moderada migración directa a esas áreas que se origina en otras zonas periféricas, y que en menor medida proviene de más lejanas localizaciones de la misma región.

(ii) Corredores Urbanos. Constituyen desarrollos lineales que pueden concentrar una mezcla de actividades, donde generalmente predominan los siguientes usos: desarrollos corporativos, parques industriales, infraestructura deportiva, áreas residenciales de clase media y urbanización popular; y donde la densidad varía de áreas muy compactas, a densidades urbanas bajas, con paisajes rurales intermedios. Son estos ejes los que en gran medida le dan una fisonomía metropolitana a todas las ocupaciones urbanas discontinuas. Asimismo, son muy importantes para el movimiento de personas y mercancías, y señalan las tendencias de las futuras expansiones de la gran ciudad.

(iii) Los subcentros urbanos en la periferia de la mega-ciudad, que generalmente son de origen tanto planeado como no planeado. Por un lado, pueden ser pueblos tradicionales alguna vez dominados por actividades primarias, que gradualmente entran a un proceso de consolidación con funciones cada vez más urbanas. Por otra parte, pueden ser también nuevos desarrollos residenciales (en muchos casos de bajos ingresos) orientados a población urbana en las municipalidades de rápido crecimiento, que tienden a incorporarse al complejo metropolitano por primera vez. Según su etapa de desarrollo, cada subcentro desarrolla su respectiva periferia, la cual tiende a fusionarse con otras áreas construidas cercanas, dando lugar a ocupaciones urbanas más extendidas.

Todos estos subcentros constituyen la estructura básica del policentrismo en la periferia metropolitana, y desempeñan varias funciones importantes como núcleos "urbanos" emergentes: abastecen de mano de obra barata, proveen de un amplio rango de servicios, y en varios grados, sirven de ciudades dormitorio o satélites a la gran ciudad y su economía metropolitana. Estos subcentros constituyen pequeñas localidades, que por ejemplo en el caso de Buenos Aires tienen de 30 mil a 100 mil habitantes, y se localizan en la orilla de la frontera metropolitana, a una distancia de entre 50 a 70 kilómetros del núcleo urbano9.

Algunos de estos subcentros son predominantemente de clase trabajadora, representando concentraciones de mano de obra barata, usualmente con mala calidad de la vivienda, deficiente dotación de servicios y bajos niveles de consumo. En esencia, los núcleos de reproducción social de la fuerza de trabajo se están desplazando hacia la periferia, y ya no sólo existen en los suburbios de bajos ingresos de años anteriores. De manera similar a la clase trabajadora de la fase del ISI, la población actual, sus localidades y sus municipios casi metropolitanos, están indirectamente vinculados a la globalización económica; sin embargo, parecen recibir muy pocos beneficios de ello.

En la siguiente sección de este trabajo propongo un primer esquema que pueda servir de base para analizar estos cambios en una perspectiva comparativa. Como punto de partida y ejemplo he seleccionado a Ciudad de México, y aunque hay que hacer hincapié en que cada ciudad es única, considero que muchas de las medidas y los procesos que trataré de identificar para Ciudad de México pueden ser generalizables a otras situaciones, sobre todo en América Latina.

5. Crecimiento y expansión metropolitana de la Ciudad de México

A fin de caracterizar el crecimiento y expansión metropolitana de Ciudad de México en los últimos treinta años, cuatro principales procesos se analizan a continuación: (i) desde el punto de vista demográfico, el más lento crecimiento de la ciudad como un todo, y la tendencia centrífuga en la redistribución de su población; (ii) en términos territoriales, una creciente expansión metropolitana, que incorpora municipios cada vez más lejanos y tiende a consolidar subcentros urbanos; y (iii) una dispersión de actividades manufactureras que tiende a aglomerarse en corredores urbanos y en periferias expandidas10.

Antes de pasar al análisis de dichos temas, en el Mapa 1 se presenta la zona de estudio. En el centro de dicho mapa se localiza la mancha urbana de la Ciudad de México, e inmediatamente después su límite metropolitano; alrededor de la gran ciudad se presentan las manchas urbanas de otras zonas metropolitanas como Cuernavaca, Puebla, Toluca y Pachuca. Se presenta un círculo que delimita un perímetro de 100 kilómetros a partir de la ciudad central, y casi coincidente con éste, se sitúa la delimitación de la zona de estudio a partir de límites municipales. Destacan en este mapa las características topográficas a partir de las cuales se aprecia cómo hacia la parte sur y poniente existen barreras naturales que dificultan enormemente la expansión urbana en esa dirección; por el contrario, en dirección oriente y norte se facilita la expansión de la ciudad con un relieve menos accidentado.


5.1. Cambios demográficos

El comportamiento demográfico de la Zona Metropolitana de Ciudad de México (ZMCM) en las últimas décadas se ha caracterizado por una caída en el crecimiento urbano de la ciudad central y por un fuerte incremento periférico. La afirmación general de que el crecimiento urbano de la ZMCM como un todo ha declinado en las últimas dos décadas, esconde un fuerte contraste entre la ciudad central y la periferia exterior; en esta última, algunos municipios metropolitanos están creciendo hasta seis veces más que la tasa de crecimiento promedio de toda la mega-ciudad.

Durante el periodo de la ISI y hasta 1970, Ciudad de México recibió una gran proporción de migrantes y concentró un importante porcentaje de actividades productivas. Durante este lapso, la ciudad experimentó las más altas tasas de crecimiento de su historia: poco más del 5% por año durante los ‘50 y ‘60. Pero después de 1970, su crecimiento empezó a descender; en la década de 1970 y 1980 se registró una tasa del 2,61% para toda la ZMCM, mientras que en la siguiente esa tasa cayó a 1,65% promedio anual (cuadro 2).


Varios factores contribuyeron a este menor ritmo de crecimiento. Las crisis y la inestabilidad económica en los ‘70 y ‘80 redujeron la generación de empleo manufacturero y convirtieron a la ciudad en un lugar mucho más caro para vivir. Asimismo, las políticas de desconcentración que iniciaron de manera más sistemática en los ’70, empezaron a dejar sentir sus efectos y estimularon el crecimiento de ciudades intermedias; esta situación se fortaleció con la adopción de un modelo de desarrollo orientado a la exportación, sobre todo en la segunda mitad de los ‘80. Más intensas relaciones comerciales con EE.UU. favorecieron una desconcentración del empleo industrial de la ciudad capital, y en su búsqueda de mejores ventajas locacionales (sobre todo mano de obra barata), la inversión extranjera se dirigió a ciudades de menor tamaño. Otros factores que también han influido en este proceso han sido los altos niveles de contaminación atmosférica, el terremoto de 1985 en su momento, crecientes tasas de delincuencia y un deterioro general de la calidad de vida.

En términos de la redistribución de la población a nivel intrametropolitano, tres grandes tendencias se pueden identificar en las últimas décadas: primero, un despoblamiento del centro histórico de la ciudad; segundo, una mayor concentración demográfica en la zona urbana correspondiente al Estado de México con respecto al Distrito Federal; y tercero, un crecimiento acelerado de la periferia metropolitana, destacándose una periferia expandida.

Respecto del primer proceso, en la década de los ’50, cuando la ciudad capital crecía aceleradamente, la ciudad central representaba la mayor parte de la metrópoli, concentrando el 66% de la población, en su mayoría dentro del Distrito Federal. En esa época se inició la desconcentración de comercios y de servicios del centro hacia la periferia inmediata de la ciudad; en ese momento, el término Ciudad de México correspondía aproximadamente al actual territorio de las cuatro delegaciones centrales (Benito Juárez, Venustiano Carranza, Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo)11, y la periferia se refería al resto de delegaciones del Distrito Federal y el municipio de Tlanepantla del Estado de México (Unikel et al., 1976). En las siguientes décadas, la expansión urbana y el deterioro del centro histórico comenzó a expulsar población del núcleo urbano hacia lo que en esos tiempos eran nuevos desarrollos residenciales periféricos. Sin embargo, aunque hasta 1970 el centro de la ciudad aún incrementaba su número de población, su función residencial claramente estaba en declive, con el 32% de la población total. En los siguientes años, la población urbana mostró una fuerte tendencia de concentración en los vecinos municipios del Estado de México; este proceso se mantuvo, y para 1990 la proporción de población en el centro de la ciudad cayó a 13%, con las delegaciones centrales mostrando ya tasas de crecimiento negativas. Para el año 2000, este crecimiento negativo se expandió aun más a otras delegaciones contiguas (como Azcapotzalco e Iztacalco), y con ello la pérdida de población del núcleo central fue más marcada, al llegar su proporción de población al 9% en ese año.

En cuanto al segundo aspecto, un rápido proceso de suburbanización, y la adopción de controles de uso de suelo algo más estrictos que en años anteriores en las laderas de las zonas montañosas del sur de la ciudad, ocasionaron un desplazamiento del crecimiento urbano hacia los municipios metropolitanos del vecino Estado de México. La proporción de población urbana contenida en el Distrito Federal disminuyó a 54% en 1990, y en el año 2000 esta proporción por primera vez pasó a representar menos de la mitad de la población total de la ciudad, un 48%. Estos datos ya muestran una gran disparidad en el ritmo de crecimiento urbano al interior de la ZMCM; mientras que el Distrito Federal está creciendo muy lentamente (menos del 1% en el periodo 1990-2000), y algunas de sus delegaciones registran tasas de crecimiento negativas, los municipios metropolitanos pertenecientes al Estado de México están registrando tasas promedio de crecimiento tres veces más altas (entre 3 y 4%) que aquellas del Distrito Federal. De hecho, algunos de esos municipios crecen a tasas por arriba del 5% por año (por ejemplo Chimalhuacan, Ixtapaluca, Nextlalpan, Temamatla y Tultepec). Es obvio que un proceso de urbanización acelerado y a gran escala, en términos de desarrollos residenciales e industriales, está teniendo lugar en dichos municipios; en consecuencia, la influencia metropolitana de la ciudad se está expandiendo rápidamente a las periferias inmediatas de la ZMCM, más notablemente en los territorios de los estados de México y de Hidalgo.

En cuanto al tercer proceso, la distribución del crecimiento demográfico en la periferia metropolitana ha mostrado un patrón diferenciado en los últimos 30 años. En el periodo 1970-1990, las más altas tasas de crecimiento se registraban en la periferia metropolitana interior, particularmente en la frontera de la zona construida y en una amplia franja hacia el noreste, y sobre todo a lo largo de las principales carreteras hacia Puebla (al oriente) y Pachuca (al noreste). En el caso de una supuesta Periferia Expandida (más allá de la frontera metropolitana), los valores de las tasas de crecimiento estaban dentro del promedio de toda la ZMCM, con algunas excepciones o sitios destacados a lo largo de las carreteras hacia Querétaro y Tulancingo (noroeste), pero nunca dentro del grupo de los más altos crecimientos. En el periodo 1990-2000, las más altas tasas de crecimiento demográfico muestran una tendencia centrífuga hacia una Periferia Expandida. Aunque algunas de las más altas tasas de crecimiento están todavía presentes en la mayor parte del territorio de la Periferia Metropolitana interior, específicamente en dirección norte y oriente, ahora algunos de los mayores crecimientos se dispersan hacia la Periferia Expandida, particularmente a lo largo de la carretera a Pachuca, en un territorio periférico ampliado y contiguo a la frontera metropolitana de la ZMCM (mapas 2 y 3).



Como último punto, si analizamos el crecimiento de población a nivel de Área Geoestadística12 en la ZMCM, que sólo se refiere a la zona construida, podemos confirmar claramente la tendencia centrífuga en los altos crecimientos demográficos (mapa 4): mientras que en las zonas centrales se concentran los crecimientos negativos, los cuales tienden a ampliarse a espacios contiguos, en la periferia urbana, ya dentro de los municipios del Estado de México, se concentran los más acelerados incrementos poblacionales.


5.2. Expansión metropolitana y periferia expandida

En los últimos treinta años, la ZMCM ha experimentado la más dramática expansión territorial en su influencia metropolitana. El carácter metropolitano de la ZMCM se reconoció desde los años ’60, y para 1970 se elaboró una de las primeras y más conocidas delimitaciones de dicha área, la cual incluía 15 delegaciones del Distrito Federal y 8 municipios del vecino Estado de México. A partir de ese momento, la expansión metropolitana continuó incorporando municipios adyacentes prácticamente sin interrupción. Para la primera mitad de los ‘80, 14 nuevas municipalidades se incorporaron, lo cual -en números absolutos- significó casi un millón de habitantes adicionales. Para el 1990, se adicionaron 10 municipios más, que en números totales representaron casi medio millón de habitantes adicionales. Finalmente, para el año 2000 se integran 9 municipalidades más, que representaron 650 mil habitantes adicionales. Los datos muestran que durante los ‘70 se dio una acelerada expansión metropolitana, la cual experimentó una disminución en su ritmo de crecimiento en los siguientes diez años, que coincidió con los años de crisis económica, para que en la última década se observen signos de una reactivación del proceso de metropolización.

El aspecto más importante es que en los últimos 30 años, y con las periódicas actualizaciones de la frontera metropolitana, nuevos grupos de municipios se han incorporado a la ciudad central; un aspecto que sobresale es que esta influencia no se ha expandido de manera uniforme en el territorio, sino que las tendencias señalan una marcada e intensa metropolización hacia el norte y oriente de la ciudad, donde existen factores favorables a dicho crecimiento (por ejemplo relieve más plano, la presencia de un amplio distrito industrial e infraestructura carretera de buena calidad y tráfico intenso). Lo anterior ha dado lugar a que las nuevas y mayores expresiones metropolitanas en el territorio sean más frecuentes en ciertas localizaciones que en otras. Esta realidad señala la necesidad de identificar aquellos lugares de alto atractivo desde diversos puntos de vista (habitacional, de equipamiento, industrial etc.) dentro de la periferia metropolitana para explicar los núcleos detonantes de las nuevas configuraciones espaciales; en este sentido, podemos mencionar la consolidación de corredores industriales, grandes desarrollos corporativos, construcción de aeropuertos o extensos desarrollos inmobiliarios residenciales, que van marcando la pauta para la formación de periferias expandidas. Aunque también es imprescindible identificar los territorios rezagados y en cierto sentido pobres, que representan el polo opuesto y que ponen en evidencia las enormes desigualdades intrametropolitanas.

Con el fin de demostrar la existencia de una periferia expandida y medir de manera preliminar su extensión, para este trabajo se aplicó primero un análisis factorial para todos los municipios de la zona de estudio, a fin de conocer el número de grupos de acuerdo al criterio de los eigenvalores mayores que la unidad (uno), lo que va a determinar el número de grupos o clusters. En segundo término se aplicó el cluster análisis, donde se identificó a cada municipio en el grupo donde tiene mayores similitudes, resultando un total de 15 grupos cuyo agrupamiento se puede observar en el Mapa 5. En este análisis se incluyeron siete variables que se considera son representativas de características urbanas, las cuales son: total de población en 1995 y 2000; densidad de población; porcentaje de actividades urbanas (manufactura, comercio y servicios); productividad industrial; productividad en servicios; y porcentaje de población en localidades urbanas.


A partir de los resultados se puede apreciar en el mapa correspondiente cómo las características urbanas -que también podemos llamar metropolitanas- se encuentran presentes más allá de la frontera metropolitana. Estas características (agrupamiento 3 en el Mapa 5) se destacan particularmente en zonas periféricas inmediatas a las zonas metropolitanas de Ciudad de México, Toluca (poniente), Puebla (oriente) y Cuernavaca (sur), y a lo largo de ciertos corredores económicos, como es el caso de la autopista hacia Querétaro (norponiente). Estas periferias expandidas emergen más como extensiones zonales o desarrollos lineales, en gran medida discontinuas a partir de las zonas metropolitanas, que como áreas extensas y homogéneas bajo la influencia de la ciudad. Por otro lado, también hay que reconocer y destacar cierta homogeneidad en el agrupamiento 12, que en gran medida coincide con la periferia expandida; sin embargo, se observa cómo en esa gran zona poco a poco se van formando penetraciones de carácter urbano que van disminuyendo su uniformidad.

Como muestra de lo anterior, se seleccionó una variable que se ha vuelto muy representativa de la nueva dinámica demográfica interna de la zona metropolitana: la llegada reciente de migrantes a Ciudad de México y su periferia regional. En el Mapa 6 se representa esta variable que indica el número absoluto de migrantes que llegó a cada municipio en los últimos cinco años (de 1995 al 2000). En dicho mapa son evidentes dos aspectos fundamentales: primero, dentro de la zona de estudio las zonas metropolitanas -incluida Ciudad de México- muestran todavía un marcado poder de atracción de la población migrante que llega a la zona; segundo, es muy claro cómo la periferia expandida también juega un papel relevante en la atracción de esa población inmigrante. Estos datos muestran la manera en que se ha ampliado el ámbito de la concentración metropolitana desde el punto de vista de la movilidad de la población.


5.3. Policentrismo y formación de sub-centros urbanos

El término policentrismo denota fundamentalmente la existencia de múltiples centros en un territorio, y se ha convertido en una de las características definitorias de la estructura urbana de las grandes ciudades. Por algunos años, las regiones urbanas policéntricas se han analizado en los países en desarrollo, y el principal énfasis se ha puesto en la actividad económica que tiende a concentrase en subcentros urbanos periféricos.

Sin embargo, la interpretación conceptual de esta nueva configuración urbana no está muy bien definida todavía, y no es posible encontrar una topología clara acerca de lo que el policentrismo realmente significa. Es más correcto afirmar que existe una amplia variedad de interpretaciones cuando llegamos al punto de tratar de operacionalizar el concepto. En esta línea podemos plantear algunas interrogantes: ¿cuál es el punto de partida del concepto?, ¿cuál es el área de referencia: la ciudad o la región?, ¿cuál es la evidencia normativa y empírica para evaluar el concepto?, etc. (Kloosterman & Musterd, 2001).

En primer término, el policentrismo se puede referir a patrones intraurbanos de concentración de población y económica; en una fase particular del desarrollo urbano, los subcentros urbanos surgen en el territorio suburbano fundamentalmente atrayendo actividades comerciales y de servicio en su calidad de lugares centrales. En segundo lugar, el concepto puede aludir a patrones interurbanos que surgen regularmente en regiones con la presencia de sistemas urbanos dominados por una multitud de centros urbanos de diferentes rangos. Un aspecto fundamental es que los estudios para conceptualizar el policentrismo no se refieren a regiones donde existe una ciudad dominante, como es el caso de Ciudad de México en la Región Centro del país.

Con el fin de analizar el policentrismo para la ZMCM, se estableció una división entre aquellos subcentros que se localizan fuera de dicha frontera metropolitana, y que más bien pertenecen al nivel interurbano o regional, y aquellos otros que se han desarrollado dentro de la frontera metropolitana, pero que aún no forman parte del área urbana construida, es decir el nivel intrametropolitano.

(a) Nivel interurbano. Para identificar estos subcentros se seleccionaron todas aquellas localidades mayores de 15.000 habitantes en el año 2000, que estaban fuera de los límites de las zonas metropolitanas, tanto de la ZMCM como de otras ciudades importantes que rodean a la gran ciudad, y que evidentemente ya constituyen importantes concentraciones de población. Para la presentación de los datos, el espacio periférico de la ZMCM se dividió en cuatro sectores que se toman de base para la descripción: norte, noreste, sureste y suroeste. En términos generales, todos estos centros mostraron una rápida dinámica demográfica en el periodo 1970-1990, registrando tasas de crecimiento de entre 3 y 10%, lo que llevó a varios de ellos a duplicar su población en ese periodo. En la siguiente década se registró una marcada disminución en su ritmo de crecimiento; las tasas promedio fueron de alrededor del 1,5% en la porción norte, con algunas excepciones de ciudades que todavía crecen por arriba del 2%, como es el caso de Tepeji de Ocampo -un centro industrial importante alrededor de un complejo petroquímico- y Tulancingo -que con 100.000 habitantes es la ciudad más grande y un importante lugar central en la parte noreste (mapa 5 y cuadro 3). En toda la porción sur los crecimiento promedio se mantuvieron más altos, arriba del 2,5%, y en este caso se destacan centros como San Rafael, con el crecimiento más alto de todo el grupo, y que está en transición de centro industrial a centro de servicios, y Capulhuac, Santiago Tianguistenco y Villa Cuauhtémoc, que destacan como pequeños centros industriales muy cercanos a la zona metropolitana de Toluca. Cabe destacar que si separamos a la ciudad de Tulancingo, que contiene casi 100 mil habitantes, el resto de los subcentros tenían en el 2000 una población promedio de 23 a 26 mil habitantes, mientras que en 1970 su población promedio era de alrededor de 8.000 habitantes; es decir, triplicaron su tamaño promedio en 30 años.


En términos de población ocupada por sector económico, se nota un predominio de las actividades terciarias, las cuales llegan a representar hasta el 70% de la población activa residente, aunque cabe hacer notar que en aquellos sectores con mayor incidencia de actividades industriales (el norte y el suroeste), este predominio terciario disminuye y se ubica por abajo del 50%. Por otra parte, y de acuerdo a la localización de estos centros (mapa 5), se aprecia que la presencia de la infraestructura carretera y la proximidad de las áreas metropolitanas ha sido fundamental para su desarrollo. Este fenómeno es más claro en la zona noroeste, en dirección de la ciudad de Querétaro, y alrededor del complejo industrial de Tula-Tepeji, y en la zona suroeste, en la periferia de la zona metropolitana de Toluca. En el futuro próximo, es posible prever su inminente integración de varios de ellos a las zonas metropolitanas cercanas.

Para complementar el análisis anterior se analizó la localización del empleo industrial en todos aquellos municipios que contienen a los subcentros urbanos ya mencionados. La principal diferencia con los datos anteriores es que los datos de población ocupada por sector económico ya referidos se refieren a la población ocupada que vive en dichos subcentros, pero que no necesariamente trabaja en esa ciudad, sino que incluye población que se desplaza a otros centros urbanos o a la ciudad central a laborar. En cambio, los datos que se presentan a continuación se refieren a la localización de los empleos manufactureros, lo cual es un buen indicador de la dispersión de la actividad manufacturera en la periferia regional de la gran metrópoli.

Para evaluar la importancia de la actividad manufacturera en los municipios que contienen a los más importantes subcentros urbanos exteriores a la ZMCM, se presenta la población ocupada en un periodo aproximado de cinco años, 1993-1999, calculándose las diferencias respectivas para tener un primer indicador de donde se están localizando los mayores crecimientos de empleo industrial. Posteriormente se calculó el cociente de localización13 para la actividad industrial en ambos años a nivel municipal, y teniendo como referencia la Región Centro del país para obtener los promedios a nivel municipal. Los resultados se presentan en el Cuadro 4 y en el Mapa 6, donde se observan a los municipios más especializados y con el mayor peso específico de la actividad manufacturera.


Los resultados indican tres aspectos fundamentales: primero, el número de municipios especializados de manera significativa en actividades manufactureras es muy limitado; por arriba de un cociente mayor a 2,0 únicamente tenemos dos municipios, que son Tepeji de Ocampo en el sector norte, y Santiago Tianguistenco en el sector oriente; adicionalmente, con un cociente entre 1,5 y 2,0, se agregan cuatro municipios más: Tepeapulco, Ocoyoacac, Otzolotepec y Tlalmanalco. Segundo, estos municipios coinciden en registrar altas tasas de crecimiento demográfico, y según su localización, son de los más próximos -e incluso contiguos- a las zonas metropolitanas. Tercero, los elementos anteriores son bastante determinantes para sostener que los subcentros urbanos en estos municipios son los que más están cumpliendo un papel funcional muy relevante en concentrar empleo y población, y en generar un fuerte efecto multiplicador; más aun, estos seis municipios están jugando un papel polarizador en su periferia inmediata, que tiende a difundir su influencia en municipios contiguos y a consolidar corredores urbanos. El resto de los municipios tiene un predominio muy claro de actividades terciarias, y parecen estar más orientados a funciones residenciales. En otras palabras, la urbanización en esta periferia metropolitana expandida, aparte de la existencia de otras zonas metropolitanas, parece mostrar una urbanización muy difusa o dispersa, con un muy reducido número de nuevas polaridades o subcentros urbanos.

  1. El nivel intrametropolitano. Como se mencionó anteriormente, dentro de la frontera metropolitana de Ciudad de México también se identificaron aquellos subcentros urbanos mayores a 15.000 habitantes que aún no se integran al área construida de la ciudad. Su localización se puede apreciar en el Mapa 7, donde salta a la vista su muy particular distribución: una especie de anillo en el oriente, y en el norte una multitud de centros a lo largo de un corredor que sigue la carretera que se dirige a la ciudad de Querétaro.

  2.  
En este caso, se destacan inmediatamente las altas tasas de crecimiento demográfico de estos centros: las tasas promedio se ubican entre 7 y 10% en el primer periodo (1970-1990), y de 3 a 4% en la siguiente década (cuadro 5). Lo anterior pone en evidencia el acelerado crecimiento de esta periferia metropolitana interior, particularmente en cabeceras municipales, pueblos tradicionales que se han venido integrando a la expansión urbana y nuevos desarrollos residenciales e industriales de los últimos veinte años. Evidentemente, el crecimiento promedio es mucho mayor que el ya reseñado para los subcentros fuera de la frontera metropolitana. Se puede destacar el caso de varios de estos subcentros que en la última década registraron crecimientos muy acelerados; por ejemplo Tultepec, San Francisco Acuautla, San Miguel Coatlinchan e Ixtapaluca, con tasas arriba del 5%.


Resulta impactante observar cómo se ha multiplicado el tamaño promedio de todos los subcentros: a principios de los años ‘70 éstos contenían en promedio alrededor de 6.000 habitantes, y para el año 2000 su población se incrementó en más de seis veces, hasta alcanzar un tamaño promedio de más de 40.000 habitantes. Naturalmente, hay casos extremos muy conocidos, como los asentamientos de Ixtapaluca y Chalco, que son parte de un fenómeno de urbanización informal masiva hacia el oriente de la ciudad que los llevó a concentrar cada uno más de 100.000 habitantes, y que implicó no sólo una fuerte ampliación de la zona urbana, sino la reconfiguración del espacio agrícola periurbano en ese espacio (Aguilar & Olivera, 1991; Hiernaux, Lindon y Noyola, 2000). Cabe señalar que los tamaños promedio de estos subcentros urbanos son en gran medida mayores que aquellos reseñados con anterioridad fuera de la frontera metropolitana.

En términos de la población ocupada residente por sector económico, se aprecia un proceso muy distintivo, sobre todo en el sector norte, que coincide con el principal distrito industrial; la población dedicada a actividades manufactureras ha disminuido gradualmente desde 1970 a la fecha, para ocuparse básicamente en actividades terciarias. Mientras que en 1970 un 40% (en promedio) de esta población se ocupaba en industria, para 1990 se incrementa al 50%, pero en el 2000 el porcentaje cae al 35%. Claramente, en estas cifras se refleja, en términos generales, la baja creación de empleos en el sector manufacturero y la creciente terciarización de la economía urbana en todos los niveles.

Al igual que con los subcentros fuera de la frontera metropolitana, en este caso también se analizó la localización del empleo manufacturero en aquellos municipios que contienen a los subcentros urbanos, y se calcularon los cocientes de localización de la misma manera ya citada. Estos resultados se pueden apreciar en el Mapa 8 y en el Cuadro 6, a partir de los cuales podemos enfatizar tres aspectos. Primero, también en este caso el número de municipios con especialización manufacturera es reducido; sobresale el municipio de Tizayuca, al norte, con un cociente mayor a 2,0, y tres municipios entre los valores 1,5 y 2,0, los cuales son Acolman, Cuautitlan, Tepotzotlan y Tultepec. Segundo, prácticamente todos coinciden en registrar altas tasas de crecimiento (entre 3 y 4%), y todos están localizados en el sector norte; es decir, son parte o están contiguos al distrito industrial más importante de la ciudad, lo cual evidentemente influye en su función económica. Y tercero, estos municipios tienen un papel destacado en consolidar dos corredores urbanos; el que sale hacia el oriente en dirección a Texcoco-Acolman-Teotihuacan con una desviación a Tizayuca, y el que se desarrolla a lo largo de la carretera hacia la ciudad de Querétaro, que prácticamente atraviesa Tultitlan-Cuautitlan-Tultepec-Tepotzotlan.



6. Conclusiones

En este trabajo he tratado de demostrar la necesidad de adoptar una nueva categorización de los espacios periurbanos más allá de la clásica frontera metropolitana, ya que es ahí donde muchos de los procesos más acelerados y definitorios de la mega-ciudad están teniendo lugar. Mientras que el desarrollo metropolitano de la gran ciudad como un todo a menudo se percibe en declive, el adoptar una definición y un marco de referencia más amplio para el espacio urbano, e incluir las "periferias expandidas" o las áreas de influencia regional inmediata, nos obliga a revisar nuestra manera de entender las tendencias de crecimiento en las mega-ciudades. Mi propuesta central es que en el futuro, el análisis de las mega-ciudades debe incorporar lo que sucede más allá de la franja rural-urbana, y a menudo el espacio que se localiza a considerable distancia del límite construido, ya que es ahí donde mucha de la mayor dinámica de crecimiento metropolitano está teniendo lugar.

Para ejemplificar mi argumento central he utilizado el caso de Ciudad de México, a fin de ofrecer ciertos lineamientos acerca de cómo, en el futuro, el análisis de base regional de las mega-ciudades puede abordarse. He tratado de mostrar que un importante paso es identificar el territorio que puede ser considerado de manera significativa como la "periferia expandida" para cualquier mega-ciudad. Naturalmente, esto variará de ciudad a ciudad dependiendo de la topografía, la presencia o ausencia de otros importantes centros urbanos, de la red carretera, etc. Pero el punto principal es que actualmente en este territorio ensanchado o periurbano importantes procesos están sucediendo, a menudo en sitios o localizaciones en expansión, que una vez identificadas, constituyen los espacios de mayor escrutinio y trabajo de campo.

Estos procesos están muy vinculados a la expansión de Ciudad de México, y se refieren a la consolidación de corredores económicos y al surgimiento de nuevos subcentros urbanos a nivel metropolitano, ambos elementos jugando un papel crucial en la forma y estructura que adopta la reciente expansión de la mega-ciudad en su periferia regional. El análisis presentado indica un patrón urbano mucho más disperso en la mayor parte del territorio regional, y el surgimiento de una multitud de subcentros urbanos relacionados a la dinámica metropolitana, que muestran una estructura multinuclear que constituye la estructura básica de los territorios metropolitanos. Estas localidades han estrechado sus vínculos productivos y laborales con el núcleo urbano debido a la influencia de varios factores, sobre todo buena infraestructura carretera y la disponibilidad de suelo predominantemente plano. La red carretera que conecta las principales metrópolis proporciona los ejes que dan forma a esta nueva estructura de la mega-ciudad en su región inmediata. Es evidente que el proceso metropolitano ha expandido su influencia en varias direcciones a localizaciones cada vez más distantes.

En la medida en que estas áreas periféricas han permanecido ampliamente ignoradas dentro de la investigación urbana anterior, sería perverso ignorar cualquier consecuencia negativa del cambio económico sólo porque estos espacios anteriormente no se consideraban vinculados intrínsecamente a las áreas centrales de la mega-ciudad. La dinámica y construcción de la mega-ciudad ha cambiado. El examen de la urbanización contemporánea de base regional de Ciudad de México proporciona argumentos para reconsiderar los criterios que se usan para delimitar el espacio metropolitano y estimular un análisis más detallado y extensivo de las mega-ciudades en México y otras regiones del mundo en desarrollo.

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1El autor agradece la colaboración de las maestras Josefina Hernández y Clemencia Santos en el análisis estadístico y la elaboración de mapas y figuras.

2Investigador Titular, Instituto de Geografía, UNAM.

3Este artículo presenta resultados del proyecto "La expansión metropolitana de las megaciudades. La Ciudad de México y la transformación de su periferia regional", que recibe apoyo financiero del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). Algunos planteamientos iniciales que se incluyen en este trabajo se incluyeron con anterioridad en Aguilar y Ward (2001).

4Algunos argumentos asociados a los trabajos anteriores son los que señalan que la integración regional y la toma de decisiones industrial y financiera están crecientemente dominadas por corporaciones transnacionales, que de alguna manera han usurpado parte de la soberanía de los Estados nacionales.

5Según sus siglas en inglés. En español es conocido como TLCN, Tratado de Libre Comercio de Norteamérica.

6Las cifras se refieren a la localización de las oficinas centrales de empresas que recibieron inversión extranjera, lo cual no significa necesariamente que las unidades productivas asociadas a tales oficinas estén localizadas en aquellas entidades.

7Desakota es un término indonesio definido como "regiones de una intensa mezcla de actividades agrícolas y no agrícolas (urbanas), que generalmente se extienden a lo largo de corredores que comunican grandes centros urbanos" (McGee, 1991: 7).

8En Europa, esta área es prácticamente equivalente al término de Región Urbana que comprende la ciudad central y un área de influencia laboral, que se define por la amplitud e intensidad de los desplazamientos laborales hogar-centro de trabajo (Precedo, 1996). McGee (1995) indica que en las ciudades asiáticas, tres principales unidades territoriales son importantes: el núcleo urbano, el área metropolitana y el área metropolitana expandida.

9El surgimiento de subcentros urbanos como una tendencia reciente en Buenos Aires se puede consultar en Ciccolella (1999).

10En algunos trabajos recientes sobre Ciudad de México se ha dado atención a la periferia metropolitana, aunque no de una manera integral, y más bien sobre aspectos particulares. Por ejemplo: regularización de la tenencia de la tierra en zonas ejidales y análisis de indicadores agropecuarios (Cruz, 2001); patrones de expansión urbana en pueblos rurales y colonias populares en la parte sur de la ciudad (Bazant, 2001); abastecimiento de agua para la ciudad en general y relación entre la población y recursos forestales (Izazola, 2001; Salazar, 2000); carácter megalopolitano del crecimiento de la ZMCM (Garza, 2000b); transformación de la franja periurbana desde una perspectiva histórica (Banzo, 2000); e identificación de una corona regional alrededor de Ciudad de México (Delgado et al., 1999).

11En los años ‘40 el término Ciudad de México correspondía a 12 cuarteles que posteriormente se transformaron en las cuatro delegaciones que aquí se mencionan.

12Las áreas geoestadísticas básicas son las unidades más pequeñas para las cuales desde 1990 se cuenta con estadísticas socioeconómicas. En la ZMCM, para 1990 existían un total de 3.456, y para el año 2000 se incrementaron a 4.737.

13El cociente de localización es una medida para saber el grado de especialización de una unidad territorial con respecto a una unidad de mayor tamaño; por ejemplo, un municipio con respecto a una región o a un estado. Se calcula con la siguiente fórmula: CL=(Eij/Ej)/(Ei/Et), donde Eij= empleo en la unidad espacial j en el sector i; Ej= empleo total en la unidad espacial j; Ei= empleo nacional en el sector i; Et= total del empleo nacional.

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