SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.29 número86Inversiones urbanas en el contexto de la competitividad y globalización: los eventos en CuritibaRegiones-commodities: Crisis y contagio en Chile índice de autoresíndice de assuntospesquisa de artigos
Home Pagelista alfabética de periódicos  

Serviços Personalizados

Journal

Artigo

Indicadores

Links relacionados

Compartilhar


EURE (Santiago)

versão impressa ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) v.29 n.86 Santiago maio 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612003008600004 

Juan-Luis Klein, Jean-Marc Fontan y Diane-Gabrielle
Tremblay
* 

Mundialización, acción colectiva e iniciativa
local en la reconversión de Montreal ** 

Abstract

This text presents an analysis of the role played by communitarian based local initiatives in the process of local development, within the frame of the metropolitan economic reconversion driven by globalization. Reconversion makes metropolis specialize in high economic sectors, both technically and scientifically developed. This fact puts in danger the viability of the more traditional sectors and overall, fragilizes the endowment of intrametropolitan spaces (municipalities, districts, neighbourhoods) in wich those sectores had been specializated, as ways of life and labour. From the case of Montreal, it will be seen that these spaces shelter alternatives experiences whose objective is that of involving those communities wich have become excluded of the reconversion experienced by high technological sectors, wich is driven by market forces. This patterns auspices a reconversion wich becomes more involving form a social point of view and in wich technological innovation combines itself with social innovation. But, it also shows that this social association is the result of a process in wich local initiatives structure the territory and set the limits of identity spaces through collective actions, building in this way the foundations of a develpment pattern in wich the economic issue inserts itself in the social one, and in wich territorial environment is progressively constructed.

Key words: Montreal, collective action, globalization, economic reconversion.

Resumen

Este texto presenta un análisis del rol que juegan las iniciativas locales de base comunitaria en los procesos de desarrollo local, en el marco de la reconversión de las economías metropolitanas impulsada por la mundialización. La reconversión lleva a las metrópolis a especializarse en sectores económicos de alto tenor científico-técnico. Esto pone en peligro la viabilidad de los sectores más tradicionales, y sobre todo, fragiliza a la dotación de los espacios intrametropolitanos (municipios, distritos, barrios) en los cuales estos sectores se habían especializado, en tanto que medios de vida y de trabajo. A partir del caso de Montreal, se verá que en estos espacios tienen lugar experiencias alternativas cuyo objetivo es el de conectar a las colectividades excluidas de la reconversión que se experimenta en los sectores de alta tecnología, la cual es impulsada por las fuerzas del mercado. Esto auspicia una vía de reconversión más incluyente desde el punto de vista social, en la cual la innovación tecnológica se combina con la innovación social. Pero también muestra que esta asociatividad es el resultado de un proceso en el cual las iniciativas locales, a través de acciones colectivas, estructuran el territorio, delimitan espacios de identidad y construyen las bases de un modelo de desarrollo en el cual lo económico se inserta en lo social, y en el cual el medio territorial se construye progresivamente.

Palabras clave: Montreal, acción colectiva, globalización, reconversión económica.

1. Conversión metropolitana y
desigualdad socio-territorial

La crisis del fordismo puso en evidencia los cambios profundos a los cuales asistían progresivamente las aglomeraciones metropolitanas de la zona industrial nororiental de América del Norte, también conocida como el "Manufacturing Belt", zona que incluye a Montreal. El crecimiento de esta zona fue provocado en un principio por la industrialización de fines del siglo XIX y principios del XX y luego por las políticas keynesianas de gestión de la economía y de apoyo al consumo. A partir de los años ‘70, a causa de las posibilidades que estaban ofreciendo las economías emergentes de entonces (entre otras el sudeste asiático y el norte de México), los sectores industriales que habían caracterizado a las economías de la primera industrialización norteamericana -y de cuyo crecimiento dependió en gran parte la "salarización" de la población, el crecimiento urbano y la puesta en práctica de un modo de vida de inspiración fordista- fueron perdiendo peso.

Una gran cantidad de empresas cerraron sus puertas con el fin de trasladarse hacia regiones más "competitivas" o simplemente para cesar las actividades productivas en sectores considerados como poco rentables. En gran medida, estos sectores productivos habían orientado la urbanización, habiendo sido los principales factores de la construcción de vastos barrios obreros que se localizaron en lo que en un principio fueron suburbios industriales, pero que progresivamente fueron integrados en la ciudad adquiriendo características de zonas centrales. Es lo que hemos llamado "barrios pericentrales" (Klein, Fontan, Tremblay y Tardif, 1998).

En un principio se creyó que este fenómeno de desindustrialización anunciaba el ocaso de estas economías metropolitanas industrializadas en una "era" anterior (Piore & Sabel, 1989). Sin embargo esto no fue así. La crisis de la industria tradicional, con el consiguiente desempleo, pero también la terciarización de la economía que aparecía como la única vía del desarrollo metropolitano, estaban ocultando otro proceso, que se desarrollaba paralelamente. Se trata de la emergencia y del crecimiento de sectores nuevos, de alta tecnología. En el caso de Montreal, estos sectores fueron principalmente la aeronáutica, las telecomunicaciones y la industria bio-farmacéutica1. Estos sectores sirvieron de base de la reconversion productiva de las aglomeraciones urbanas y regionales afectadas por el proceso de deslocalización industrial, lo que les permitió en varios casos -como en el de Montreal, donde estos sectores tienen un gran auge en los años ‘80 y ‘90-, reencontrarse con los senderos del crecimiento (Benko & Lipietz, 2000).

El ejemplo más típico de este retorno es el de la ciudad de Pittsburgh, donde el crecimiento se debió a cambios radicales en la estructura productiva y a la emergencia de una gobernabilidad metropolitana (Mitchel-Weaver, Deitrick y Rigopoulou, 1999). De la siderurgia se pasó a una economía basada en los sectores que se conocen como la "nueva economía", es decir, aquellos sectores donde el saber científico ocupa un papel importante (learning economy). Y por otra parte, de un modo de regulación donde primaba la conflictualidad, propia de la industria fordista, se pasó a un modo de regulación basado en el "partenariado" (asociatividad) y en la gobernabilidad (gouvernance) regional de los conflictos sociales.

Se trata de un nuevo universo productivo, pero también social y político, que de alguna manera ilustra la "nueva trinidad" explicada por Storper (1997), donde se asocian, en el marco de un territorio regional, el saber tecnológico -del cual son depositarias las instituciones científicas-, las organizaciones socio-políticas -donde se toman las decisiones que orientan el desarrollo- y las empresas (Amin & Hausner, 1997) Por cierto, lo que no siempre se dice es que la reorientación de la economía de Pittsburgh tuvo lugar en el marco también de una importante transformación demográfica, donde los sectores poblacionales pobres tuvieron que emigrar (Kutay, 1989), lo que evidentemente contribuyó a bajar las tasas de pobreza y de cesantía.

Es en este tipo de dilema socio-territorial en el cual hay que situar la reconversión industrial de Montreal2, la cual compite con las otras metrópolis norteamericanas y mundiales por atraer empresas de alta tecnología y consolidar así el paso a la economía del saber. Por una parte, en la Región Metropolitana de Montreal, entre 1991 y 2000, las exportaciones de productos de alta tecnología aumentaron en un ritmo cuatro veces mas rápido que el crecimiento del producto interno bruto (Montreal TechnoVision, 2002), lo que muestra el vigor de estos sectores, aunque las ramas tradicionales como la industria textil y la industria alimentaria, a pesar de haber perdido peso, siguen siendo las que ocupan a la mayor parte de la población activa manufacturera (Shearmur & Terral, 2002). Por otra parte, también hay que resaltar que los sectores de alta tecnología se han localizado en zonas diferentes de aquellas donde se habían implantado los sectores tradicionales, lo que contribuye a una fuerte dislocación espacial. Mientras los barrios pericentrales concentran los problemas sociales provocados por la pérdida de empleos, cuyos efectos sobre los sectores con escasos recursos se intensifican por la consiguiente tendencia a la "gentrificación", las zonas periféricas donde se ubican las empresas de alta tecnología gozan de niveles de vida muy superiores, pues concentran también las capas sociales de altos ingresos.

La producción de alta tecnología se concentra en ciertos polos periféricos, sobre todo en periferias de crecimiento reciente, crecimiento favorecido por las infraestructuras viales y de transportes en general. La polarización de la alta tecnología contribuye a constituir un espacio "policéntrico" (Coffey, Manzagol y Shearmur, 2000), donde el crecimiento en materia de ingresos y de servicios, contrasta con los problemas crecientes de los barrios pericentrales, como lo indican los indicadores de la Tabla 1.

Esta dislocación territorial se traduce en una situación paradójica. Si se le compara con las principales metrópolis norteamericanas, Montreal ocupa el quinto lugar en lo que corresponde al sector aeroespacial, el octavo en lo que respecta a la industria bio-farmacéutica y el noveno en cuanto a las tecnologías de comunicación, índices calculados a partir del empleo (Montréal TechnoVision, 2002). Pero al mismo tiempo, ella ocupa el vigésimo primer lugar entre las regiones metropolitanas canadienses -y hay que recordar que la agencia oficial de estadística canadiense identifica sólo 25 regiones metropolitanas en Canadá- en lo que respecta a las tasas de cesantía, y que 25% de la población vive con ingresos inferiores a los que se considera en Canadá como el umbral de los bajos ingresos.

La crisis que afecta a los barrios pericentrales centrales de Montreal ha provocado una fuerte desvitalización económica y demográfica en su población. Pero al mismo tiempo, esta crisis ha sido un factor de vitalidad social, porque en estas zonas, los actores sociales se han movilizado para luchar contra los efectos de la deslocalización industrial. La gravedad de los problemas que afectan a los barrios pericentrales ha generado una respuesta social. La población residente se moviliza y aporta un nuevo dinamismo social a estos barrios, exigiendo de los gobiernos provincial y federal los recursos necesarios para asegurar su revitalización, pero también -y esto constituye una innovación en el movimiento social- implicándose directamente en el desarrollo económico y en la creación de empleo. Uno de los resultados de estas movilizaciones reside en la creación de las Corporaciones de Desarrollo Económico Comunitario (CDEC)3, que marcan un cambio en el movimiento social de Montreal y de Quebec (Figura 1).

2. La acción colectiva local
frente a la
desindustrialización

Como acabamos de expresar, la crisis causada por la obsolescencia industrial en las zonas de primera industrialización provocan la desvitalización económica de las comunidades que habitan estas zonas. Pero también puede ser la causa de su revitalización, si los problemas que genera reúnen a los actores y los movilizan en torno a la defensa de la viabilidad del medio de vida que constituyen estas zonas. La movilización de los actores sociales puede influenciar la toma de decisiones de los dirigentes políticos y empresariales en lo que respecta a la localización de empresas y de actividades generadoras de empleo. El estudio de estas movilizaciones nos lleva a reconocer la especificidad de un nuevo tipo de movimiento social, cuya raíz se encuentra en la comunidad local4. Este tipo de movimiento no está dirigido por consideraciones ideológicas ni políticas partidarias. Tampoco tiene una finalidad histórica. Se trata de acciones, espontáneas en apariencias, que tratan de modificar la relación de fuerzas en favor de sectores desfavorecidos frente a una clase política considerada como opositora al cambio (Melucci, 1992 y 1993).

2.1. La acción colectiva como respuesta
a la crisis

Para orientarnos en el estudio de este tipo de movimiento social nos hemos inspirado en una de las vertientes de la teoría de los movimientos sociales. Nos referimos a aquel acercamiento que estudia a los movimientos sociales a partir de la tesis de la acción colectiva y de la movilización de recursos, donde se destacan los trabajos ya clásicos de autores como McCarthy y Zald (1973), Oberschall (1973), Tilly (1984), y también aquellos más recientes publicados por Tarrow (1994) o Cefaï y Trom (2001). A partir de estos trabajos, un movimiento social puede ser definido como una serie de acciones colectivas que movilizan recursos con el fin de influenciar la toma de decisiones y de penetrar en la esfera del poder. El objetivo es luchar por una causa y obtener decisiones que hagan avanzar esta causa con la perspectiva de un cambio social.

De acuerdo con esta perspectiva, este tipo de acciones colectivas se produce en general en una situación de crisis, en la cual una parte importante de individuos de una colectividad se siente marginada desde el punto de vista político o social. Es el sentimiento de exclusión el que lleva a estos individuos a reaccionar frente a una situación que los afecta negativamente. Este tipo de reación frente a la crisis le da cuerpo social a lo que en un principio es un conjunto de acciones individuales, en la medida que les dota de un objetivo común. La acción toma caracteres políticos a medida que la reivindicación se transforma en una lucha frente al poder cuyo objetivo es influenciar la toma de decisiones. La fuerza de la acción colectiva depende de la dotación organizacional del grupo, es decir, de la capacidad de poner en acción diversas organizaciones y de influenciar a otras para transformarlas en aliados. Por cierto, de esto depende también el efecto de la acción sobre la colectividad en general y la consiguiente obtención de un apoyo popular. De esta manera, la generalización de la lucha en un medio dado institucionaliza al grupo social, le da legitimidad social a la acción y la transforma en un movimiento estructurado, con antagonistas, representantes, organizaciones y objetivos bien definidos.

El método propuesto por los autores que han elaborado la perspectiva de la acción colectiva y la movilización de recursos permite observar cambios en el "repertorio de acciones" de los movimientos sociales. Si se observa el caso de Montreal, se puede constatar que de la huelga -acción colectiva clásica de los movimientos obreros- y de la protesta contra el Estado -acción típica de los movimientos urbanos de los años ‘60 y ‘70-, se ha pasado a formas de acción que implican a los actores en el desarrollo económico. Los cambios en el contexto económico y social mundial han generado una sociedad más globalizada, donde las acciones colectivas adquieren formas nuevas (Castells, 1997), contándose entre ellas la defensa del territorio local como medio de vida y de trabajo. Frente a la globalización, la lucha por el derecho al trabajo se transforma en una lucha por la diferencia, por la especificidad, contra la movilidad sin límites de las capitales y de la mano de obra que tratan de imponer las fuerzas dominantes del capitalismo globalizado.

Las nuevas formas de la acción colectiva puestas en práctica en el nivel local tienen como objetivo el desarrollo económico, particularmente de empleos. Para ello, las organizaciones sociales locales aspiran a generar actividad productiva, sea a través de emprendimientos de origen endógeno o como resultado de inversiones exógenas adecuadas para dar una respuesta a las necesidades sociales. En Montreal, estas acciones colectivas adquieren una forma comunitaria y popular, donde los grupos representativos de las capas sociales desfavorecidas tratan de establecer un liderazgo local creando organizaciones de desarrollo donde se implican también otras capas sociales (comerciantes, industriales, etc). Es lo que se denomina en Montreal el "desarrollo económico comunitario", fuertemente inserto en una visión de "economía social" (Favreau, 1995 y 1997).

Los proyectos e iniciativas locales puestos en práctica para generar emprendimientos y empleo tienen lugar, sin embargo, en un marco económico global, donde factores globales y locales se compenetran a través de procesos contradictorios motivados por la competencia impuesta por la mundialización. La mundialización, la estructura del capital, las características nuevas de los inversionistas y las nuevas tecnologías crean un contexto distinto al fordista y keynesiano, donde primaban las estrategias nacionales de crecimiento. En el nuevo contexto reina una economía especulativa, y la producción se lleva a cabo según modalidades organizacionales y territoriales que ponen en jaque a las colectividades locales y a sus proyectos de desarrollo. Es por ello que nos parece necesario detenernos, aunque someramente, en estas características.

2.2. Contexto postfordista de la acción
colectiva

El "mundo de la producción" postfordista se configura como una red de envergadura mundial (Amin & Thrift, 1992; Salais & Storper, 1993). Pero no se trata de una red unidimensional. Cada fase -es decir la inversión, la fabricación y la distribución- toma una configuración reticular, en la cual lo fundamental es obtener los beneficios más amplios posibles en el plazo más corto posible. Cada una de estas fases configura una espacialidad delimitada territorialmente de manera distinta.

Mientras en el mundo de las inversiones el capital financiero actúa en tiempo real a través de las bolsas de valores en un espacio continuamente activo, donde reina la volatilidad, el mundo de la fabricación tiene mayores restricciones territoriales (Cox, 1997). Esto explica en parte la delimitación de espacios productivos de escala diferente. Por una parte, se configuran espacios de escala continental, los cuales garantizan a las empresas la posibilidad de una estructuración internacional de la fabricación. Esta es una de las consecuencias por ejemplo del tratado de libre comercio norteamericano (NAFTA) firmado por Estados Unidos, Canadá y México, el cual determina en gran parte la evolución de la estructura productiva de Montreal, así como su economía en general. Pero también se configuran espacios locales donde la proximidad crea ambientes de confianza que favorecen las interrelaciones productivas y permiten la aplicacion del principio del just in time (Scott, 1999).

En el mundo de la fabricación, la exigencia principal es la competitividad, que se adquiere esencialmente bajando los costos de producción sin que esto signifique una disminución de calidad. La fabricación postfordista tiene dos características fundamentales que la distinguen de la fabricación fordista. Estas son la flexibilidad y la movilidad. Se trata de dos condiciones para alcanzar los niveles de "competitividad", es decir los ritmos y tasas de ganancia exigidos por los inversores a través de los mercados financieros5. Estas dos condiciones orientan el comportamiento espacial de las empresas y tienen consecuencias directas sobre las decisiones que éstas toman, en lo que respecta a la creación o a la disminución de empleo en un lugar determinado.

La flexibilidad consiste esencialmente en la capacidad de variar los ritmos y los tipos de producción en función de la demanda. Esto implica la transformación de la integración vertical interna típica de la producción fordista, que se traducía en grandes empresas que integraban las diferentes etapas de la producción de un producto, lo que le daba a la empresa una cierta protección contra los avatares del mercado, pero también un gran nivel de rigidez. La integración vertical persiste pero es externa, expresándose a través de la generalización de diversas formas de subcontratación y de relaciones asociativas entre empresas grandes medianas y pequeñas, lo que le permite a las grandes empresas mantener el comando de la producción sin asumir todas sus etapas, aunque conservando por cierto las etapas estratégicas (como por ejemplo la concepción del producto, la investigación científica en ciertos casos y el montaje). Esto permite, por un lado, la externalización de costos de producción, y por otro, una mayor flexibilidad.

En cuanto a la movilidad, ella consiste en la capacidad de trasladarse hacia los espacios donde priman los costos más bajos y también las mejores condiciones. Se trata en el fondo de utilizar al máximo las ventajas comparativas que ofrecen las diversas regiones, ciudades o barrios, sea mudándose, implantando sucursales o estableciendo relaciones productivas con empresas de estos espacios a través de subcontratos. Por cierto, como hemos establecido, se trata de ventajas comparativas de diverso tipo, algunas de las cuales tienen que ver con materias primas y por lo tanto obedecen a condiciones más bien naturales, pero otras -las más influyentes en la creación de valores agregados y por lo tanto en la rentabilidad- son construidas socialmente. Éstas tienen que ver con la disponibilidad de capas específicas de trabajadores, con reglamentaciones ambientales o del trabajo, con instituciones de investigación, con el nivel y la calidad de vida, con la seguridad financiera y personal, con las infraestructuras de transporte y de comunicación, y obviamente, con las posibilidades de obtener ayuda de los gobiernos y de las instituciones municipales a través de subvenciones, préstamos y exención de impuestos.

Las comunidades locales elaboran estrategias para ofrecer ventajas comparativas. Estas ventajas se sitúan en una amplia gama de posibilidades, que van desde la oferta de mano de obra barata y de reglamentaciones poco exigentes, como en el caso del norte mexicano con la industria maquiladora, hasta la existencia de un medio humano, institucional y empresarial de alta calidad, como en el caso de la región de Boston. En el fondo, las nuevas reglas de la competitividad ponen el espacio en el centro de las estrategias postfordistas de competitividad y rentabilidad: los capitales buscan espacios y las colectividades locales ofrecen espacios.

2.3. La lucha por el empleo local y el
desarrollo comunitario como
respuesta a la mundialización

Es en el marco antes descrito que se desenvuelven los actores locales comunitarios de los barrios pericentrales de Montreal, elaborando estrategias para generar y atraer empresas. Y es en esto donde reside el cambio en las acciones colectivas del movimiento social de Quebec y de Montreal. A causa de la mundialización, ciertos tipos de acciones colectivas tradicionales han tenido que ser reemplazados. Tomemos como ejemplo el caso de la huelga, que constituyó por decenios la forma de acción privilegiada por el movimiento obrero durante el periodo de la industria fordista. A causa de los cambios en el espacio económico y en la producción industrial, donde priman la movilidad del capital y la flexibilidad, la huelga pierde su eficacia. En el caso de zonas donde las industrias cierran y se trasladan hacia espacios considerados como más competitivos, la huelga no sólo es inútil, sino que en ciertos casos, resulta perniciosa en la medida que le da al propietario un pretexto más para cerrar la empresa. Los sectores involucrados en este tipo de situación han tenido que innovar en lo que respecta a la acción social, lo que significa cambiar el repertorio de la acción colectiva (Fontan & Klein, 1990; Klein & Fontan, 2002).

Esta misma situación se traduce en cambios en el marco de la protesta social urbana. De la denuncia y la presión por mejorar las condiciones de vida o por la democratización de la toma de decisiones, luchas típicas de los años ‘70, se ha pasado a la lucha por preservar el empleo y el acceso a los servicios. El referente territorial de estas luchas también ha cambiado, pasando del marco nacional, representado por el Estado -y particularmente el gobierno-, a un marco mucho más local, como lo muestra la creación de las "Corporaciones de desarrollo económico comunitario" en Montreal (Favreau, 1995). Se constituyen, de esta manera, nuevas esferas de la acción colectiva en las zonas urbanas con dificultades económicas, que incluyen la reivindicación por el empleo local, la equidad en lo que respecta a los gastos públicos y la lucha contra la relocalización de empresas y servicios. Todas estas reivindicaciones estructuran lo que hemos llamado la lucha por la viabilidad de las comunidades locales, en tanto que medio de vida y de trabajo (Klein, Tremblay y Dionne, 1997).

3. El desarrollo comunitario y la
iniciativa local en Montreal

Para los actores comunitarios, el espacio tiene un sentido diferente del que le atribuyen las instituciones de poder en el marco del capitalismo globalizado, como lo muestra la lucha de las colectividades locales de Montreal por el empleo local y por el desarrollo local. Estos actores luchan por un desarrollo local y comunitario que respete los intereses de la base poblacional y empresarial local. Esto plantea, sin embargo, un problema fundamental: ¿Deben los actores locales limitarse únicamente a los recursos locales? ¿Debe limitarse el desarrollo local a lo que es posible a partir de los recursos de los actores locales? Esta es una cuestión central en el debate sobre el desarrollo local. El caso de Montreal, que hay que entender en el contexto quebequense, muestra que los actores del desarrollo local no pueden aislarse y limitarse a los recursos endógenos. El desarrollo local debe basarse en recursos locales, por cierto, pero también en recursos externos que los actores locales son capaces de movilizar, de lo cual pueden sacar provecho tanto la comunidad local como la colectividad en general. Demostraremos esta proposición con el estudio más detallado del caso de el Tecnopolo Angus. Pero antes, es necesario dar algunas informaciones sobre el contexto social global en el cual se insertan los movimientos sociales y la acción colectiva de los actores locales en Quebec y en Montreal.

3.1. El contexto político-institucional: el
modelo quebequense

Quebec no es un estado soberano, sino que una provincia canadiense. Sin embargo, por razones culturales, religiosas, lingüísticas y -en general- sociales, la sociedad quebequense constituye una sociedad distinta de la canadiense. Esto se expresa a través de una tensión continua entre Quebec y Canadá con respecto a la autonomía de la sociedad quebequense y a su afirmación "nacional"6. Frente a instancias políticas y económicas de nivel federal que tratan de integrar completamente a la sociedad quebequense, ésta se ha dotado de diversas instituciones que le permiten asegurar una gobernabilidad y una representación societal. Estas instituciones constituyen lo que se ha dado en llamar el "modelo quebequense" (Bourque, 2000). Al no contar con todos los instrumentos macroeconómicos propios de un estado soberano, la sociedad quebequense se ha dotado de instituciones erigidas a partir de la base, que integran lo económico y lo social, y que constituyen recursos importantes a los cuales tienen acceso los actores del desarrollo local7.

3.1.1. El movimiento cooperativo

En primer lugar, citemos a título de ejemplo la institución financiera cooperativa, en particular lo que se conoce como el "Mouvement Desjardins" desarrollado en la primera mitad del siglo XX a partir de cajas de ahorro (caisses populaires) diseminadas a través del territorio y apoyadas por la iglesia. Hoy en día esta institución tiene un gran poder de financiamiento, y aunque respetando por cierto los cánones y exigencias de las instituciones bancarias, es un actor financiero de primer orden. Por lo demás, el sector cooperativo se ha ampliado y existen diversas cajas de ahorro muy activas en el plano de la creación de empresas y de empleo.

3.1.2. Los dispositivos de la acción
pública

En segundo lugar, refirámonos a las instituciones públicas de intervención económica, creadas en gran parte por el gobierno provincial en los años ‘60 durante lo que se denominó "Revolución Tranquila". Se trató concretamente de un cambio social importante que se tradujo en la modernización del aparato gubernamental y en la adopción de las políticas keynesianas en materia de gestión económica y de servicios públicos, como la salud y la educación, que son de jurisdicción provincial en Canadá. Se destacan las instituciones públicas creadas con el objetivo de administrar los recursos naturales, como la hidroelectricidad, y aquellas cuyo objetivo es el de invertir en el desarrollo económico, las cuales cuentan con una importante capacidad financiera.

En los últimos años, el gobierno de Quebec ha adoptado ciertos cambios en sus políticas con respecto al empleo. Por una parte se ha dotado de instituciones de apoyo a la reconversión productiva y a la creación de empleos de alta tecnología. Entre estas instituciones se destaca "Investissement Québec", creada con el fin de aumentar las inversiones privadas generadoras de empleos a través de programas que otorgan deducciones fiscales importantes a las empresas en función del empleo creado, lo que difiere del apoyo tradicional a la creación de empresas. Por otra parte, el gobierno de Quebec ha creado instancias locales cuyo objetivo es el apoyo al desarrollo local. Es el caso de los "Centros Locales de Desarrollo" (Centres Locaux de Développement), que reúnen a los actores socioeconómicos locales y que planifican y administran la utilización de los fondos públicos de origen provincial destinados a la creación de empleo en el medio local.

3.1.3. Las nuevas modalidades de la
acción sindical

En tercer lugar, destaquemos la presencia de organizaciones sindicales "nacionales" como la Federación de Trabajadores del Quebec (Federation de Travailleurs du Québec), la Confederación de los Sindicatos Nacionales (Confédération des Syndicats Nationaux) y la Central de la Enseñanza del Quebec (Centrale de l’Enseignement du Québec), las cuales han contribuido -a través de sus luchas y de sus posiciones sociales, económicas y políticas- a estructurar los compromisos sociales sobre los cuales reposa el modelo quebequense. El movimiento sindical se ha adaptado a las condiciones impuestas por la mundialización. Sin abandonar las formas de lucha tradicionales en lo que respecta a las reivindicaciones salariales y a las condiciones de trabajo, el movimiento sindical se ha dado la misión de intervenir en la toma de decisiones económicas, pero no a través del poder del Estado, como ha sido la estrategia tradicional del movimiento sindical, sino que creando dispositivos de intervención empresarial.

El mejor ejemplo, que también constituyó el primer antecedente de esta estrategia, es la creación de fondos provisionales cuyo objetivo es disponer de capitales para combatir la deslocalización de empresas y para crear empleos. Citemos el caso del Fondo de Solidaridad (Fonds de Solidarité) creado en 1983 por la federación sindical mas importante de la provincia de Quebec, la Federación de trabajadores del Quebec (FTQ), con el fin explícito de crear empleo. Este fondo, creado y -aunque autónomo-íntimamente ligado a una organización sindical, con 500.000 accionistas y más de 4,4 mil millones de dólares canadienses en 20028, presente en una gran cantidad de empresas y de fondos menores de envergadura regional y local, se ha transformado en un aspecto primordial del modelo quebequense (Lévesque, 2000). En otro marco, pero también con el objetivo de luchar por el empleo, se puede citar el caso de organismos creados por las organizaciones sindicales con el fin de anticipar las crisis en las empresas y de sugerir cambios que permiten evitarlas. Es el caso de un servicio creado también por la FTQ denominado "Urgencia-Empleo" ("Urgence-Emploi"). Este servicio asesora a los sindicatos con el fin de prevenir los despidos colectivos, elaborando, en conjunto con las empresas afectadas, planes de relanzamiento de las empresas, lo que implica la participación de los trabajadores en la gestión de éstas. Una investigación reciente ha mostrado que estos dos organismos son palancas importantes en la lucha por el empleo local (Fontan & Klein, 2000; Klein & Fontan, 2002).

3.1.4. Las corporaciones de desarrollo
económico comunitario

Por último, es necesario abordar las nuevas formas de intervención que se ha dado el movimiento comunitario, directamente afectado por la crisis industrial de los años ’80, puesto que sus raíces están en los barrios industriales pericentrales. El movimiento comunitario ha creado corporaciones de desarrollo cuyo objetivo es reunir a los actores locales, a nivel de los distritos locales en los cuales se divide la ciudad de Montreal (arrondissement). Estas corporaciones se denominan Corporaciones de Desarrollo Económico Comunitario (Corporations de Développement Économique Comunautaire, CDEC).

Luego de una primera etapa de experimentación en ciertos barrios (Sud-Ouest, Centre-Sud y Hochelaga-Maisonneuve), estas corporaciones han llegado a ser una estructura de concertación generalizada en el conjunto de la ciudad de Montreal, operando en escala de distrito. En los barrios pericentrales, las CDEC se han transformado en actores ineludibles del desarrollo económico (Favreau & Ninacs, 1993), erigiéndose en interlocutores representativos del medio (Morin, 1995), representando a todas las capas sociales. Sobre todo en sur primeros años, las CDEC fueron verdaderos semilleros de iniciativa social. Con el tiempo, y con la consiguiente institucionalización, su vocación se ha transformado, siendo hoy en día principalmente organismos de servicios locales con respecto al empleo y a la creación de empresas. Pero su característica de interlocutor válido del medio local no ha cambiado.

Financiadas por diversas instituciones, gubernamentales y municipales, las acciones de las CDEC se inscriben en tres grandes ejes: la concertación, el empleo y los servicios a las empresas. La concertación es uno de los principales objetivos estratégicos de las CDEC. La colaboración de los diferentes tipos de actores y la negociación local de sus intereses constituyen un primer paso hacia la movilización de las fuerzas locales en función de la revitalización de su colectividad. En efecto, la concertación permite a los actores ponerse en relación y descubrir sus objetivos comunes. Su segunda gran misión tiene que ver con la reinserción de los desempleados en el mercado de trabajo. En estos barrios, devastados por el desempleo y por el cierre de empresas, esta misión se ha traducido en proyectos que se orientan hacia la capacitación de los individuos para que se puedan reintegrar en un mercado de trabajo en reestructuración acelerada. La tercera misión de las CDEC se refiere al apoyo al empresariado y a la creación de empresas. Un primer tipo de servicio ofrecido por las CDEC a las empresas tiene que ver con la información y la capacitación. Además, ciertas CDEC aseguran también un apoyo financiero a las empresas locales, con el apoyo de fondos públicos descentralizados. Últimamente, es ésta la misión que domina la acción de las CDEC puesto que luego de una reforma de las políticas gubernamentales, las CDEC se han convertido en el organismo central de administración de los recursos y programas del gobierno provincial en materia de desarrollo económico local.

Es importante subrayar también que ciertas CDEC exploran vías estratégicas susceptibles de atraer inversiones económicas mayores y de canalizar colaboraciones locales que puedan ser suscitadas por estas inversiones. Por supuesto, este tipo de proyectos son difíciles de poner en marcha, puesto que exigen un nivel de concertación que desborda el marco de acción de una CDEC, necesitando además recursos financieros importantes. Sin embargo, tratándose de proyectos estructurantes que podrían tener consecuencias importantes sobre el conjunto de la economía de Montreal, este aspecto merece un análisis más detallado. Uno de estos proyectos es el del Tecnopolo Angus en el barrio de Rosemont, que analizaremos con más detalles a continuación.

3.2. El Tecnopolo Angus: una acción
colectiva de lucha por el empleo de
origen comunitario

La acción colectiva que lleva a la creación del Tecnopolo Angus tiene lugar en el barrio Rosemont, uno de los más antiguos barrios industriales de Montreal. A partir de 1992, este barrio se transforma en el teatro de un importante proyecto de reconversión económica. Se trata de la reutilización de un terreno baldío de 46 hectáreas inutilizado como resultado del cierre de una importante fábrica, los Talleres Angus. El principal objetivo de este proyecto es el de crear un parque industrial que actúe como locomotora del desarrollo de toda la zona. Se trata pues de una experiencia voluntaria de reconversión, aunque diferente de las experiencias voluntarias clásicas, en donde el principal instigador y actor es o bien el gobierno o bien las instancias municipales. En este caso, el instigador y principal actor del proyecto es una organización del medio, creada por la CDEC de Rosemont-Petite-Patrie, es decir por la colectividad local. Se trata de la Sociedad de Desarrollo Angus (Société de Développement Angus, SDA).

Implantados en 1904, los Talleres Angus constituían un gran complejo industrial que pertenecía a la compañía Canadian Pacific Rail (C.P.), una de las grandes firmas canadienses. Esta fábrica constituía el principal establecimiento industrial de un barrio creado a causa de su presencia. Angus producía y reparaba locomotoras y vagones para ferrocarriles, empleando a un número de trabajadores que variaba entre 2.000 y 7.000 según los años. Típicamente fordista, Angus fue una las primeras fábricas de Montreal en asociar el taylorismo, el trabajo en cadena, los salarios elevados, e incluso ciertas ventajas sociales. Estas fueron conquistadas paulatinamente luego de épicos conflictos de trabajo. Muy productiva y eficiente durante la primera mitad del siglo, la empresa comenzó a decaer durante los años ‘60. En 1974, mientras se iniciaba el desmantelamiento de diferentes unidades productivas, la fábrica empleaba apenas 1.000 personas. Este desmantelamiento continuó hasta enero de 1992, momento de su cierre completo y definitivo.

El cierre de Angus planteó el problema de la reconversión del sector, y por supuesto, del sitio en el cual la fábrica trabajaba. Una controversia se plantea entre los propietarios de la empresa y los actores locales representados por la CDEC local, que desde su creación en 1989, reagrupa a los representantes de diversos sectores socioeconómicos (comercio, sindicatos, medio asociativo, etc.). La empresa propietaria del sitio promueve un desarrollo de tipo multifuncional basado en la construcción residencial y de grandes centros comerciales. En cuanto a los actores locales, representados por la CDEC, estos reivindican la conservación de la vocación industrial del terreno.

La posición de la empresa implicaba una derogación en el reglamento de usos del suelo de la ciudad, ya que el sitio estaba destinado a un uso industrial. Para obtener esta derogación se necesitaba el acuerdo del Ayuntamiento, el cual, por cierto, fue objeto de importantes presiones por parte de los actores locales. Frente a la evidencia del rechazo de su opción por el medio local y por el Ayuntamiento, la CP emprendió negociaciones con la CDEC en lo relativo al futuro del sitio. La CDEC se transformó en la punta de lanza de una extensa movilización del medio local. Representados por la CDEC local, los actores sociales proponían el relance de la industria del sector implantando un parque industrial sobre el sitio de las fábricas Angus. Este parque estaba destinado a ser, según el proyecto de la CDEC, el motor de un sistema productivo local.

En mayo de 1994 la CDEC recibe el mandato, luego de una asamblea pública, de adquirir el terreno. Se llega a un acuerdo en septiembre de 1994, según el cual la C.P. se compromete a vender la mitad del terreno a la CDEC por alrededor de diez millones de dólares canadienses. Según el mismo acuerdo, la otra mitad sería consagrada al desarrollo residencial bajo la administración de la propia C.P. A partir de este momento, y luego de una serie de estudios técnicos, entre los cuales se encuentra una investigación-acción sobre los sistemas productivos locales realizada por un equipo de la Universidad de Quebec en Montreal conjuntamente con representantes de la CDEC (Lévesque, Klein y Fontan, 1996), se concluye que el desarrollo de la parte industrial del terreno tomaría la forma de un parque de empresas concebido a partir de los conceptos de distrito industrial y de medios innovadores, y que el proyecto sería dirigido por una corporación independiente, representativa del medio: la Sociedad de Desarrollo Angus (SDA). Para financiar el proyecto, la SDA hace un llamado a los principales actores económicos y sociales del medio local: bancos, empresas públicas y privadas, organizaciones, y por supuesto, la CDEC.

Paralelamente, para asegurarse de que la población local pueda sacar provecho de las repercusiones del proyecto, se crea un comité paralelo, cuyo mandato es el de prever las medidas necesarias para la formación de mano de obra local. Compuesto por 19 miembros, representando una amplia gama de actores (medios comerciales, asociaciones, instituciones, medio sindical, etc.), este comité ha elaborado un Plan Estratégico de adaptación de la mano de obra que estudia, entre otras cosas, el modo apropiado para asegurar la capacitación necesaria para desarrollar empresas de tipo ambiental. Estos trabajos han sido realizados en relación con los organismos y las instituciones de la comunidad, lo que ha permitido un amplio consenso alrededor de sus proposiciones.

Los trabajos de infraestructura destinados a la implantación del parque industrial debutan en 1998, contemplando varias etapas que deben realizarse durante un periodo de 10 años. La primera etapa, empezada en 1998 y terminada en el año 2000, fue la construcción de un complejo industrial multilocativo, aprovechando el único edificio industrial que había quedado en pie (Locoshop). Este edificio fue restaurado, reacondicionado y adaptado para recibir empresas en su interior. Luego se han ido construyendo otros edificios, de los cuales uno fue terminado en el año 2001. Tres edificios nuevos están en construcción. Uno de ellos, denominado "Centre de Developpement des Nouvelles Technologies", se terminará a fines de 2002 y ya tiene alquilada una parte de su superficie. Los otros dos deben construirse en el año 2003.

Por cierto, el problema principal en un principio fue el de atraer empresas. Esto tomó algún tiempo, porque el costo del arriendo era superior al precio del suelo en los barrios periféricos. Sin embargo, la SDA fue capaz de ofrecer servicios distintos a aquellos disponibles en estos barrios, además de situarse muy cerca del centro de la ciudad. A ello se ha agregado el apoyo gubernamental que ha designado al Tecnopolo Angus como uno de los lugares donde las empresas pueden obtener exenciones fiscales como contrapartida de la creación de empleo de alta tecnología. Actualmente, 15 compañías han elegido sitio en el Tecnopolo Angus (Tabla 2).

Ampliamente inspirado en los conceptos de distrito industrial y medio innovador, este proyecto se orienta tanto al desarrollo local como a la inserción del Tecnopolo en una red tecnológica de envergadura norteamericana. El Tecnopolo es mucho más que un parque industrial, puesto que pone el acento en la sinergia entre actores del medio local e incluso del conjunto de la ciudad de Montreal. Así, la resistencia de los actores locales a un proyecto que según ellos amenazaba sus intereses y su decisión de promover un proyecto industrial con objetivos sociales, ha contribuido a la revitalización social del medio, a la creación de instituciones representativas y a la elaboración de nuevos proyectos; en fin, a un conjunto de innovaciones sociales susceptibles de provocar el desarrollo económico.

Es importante recalcar que el hecho que la SDA haya podido adquirir el terreno ha sido muy relevante en el proceso, en la medida que le ha permitido a la SDA asociarse con diversas instituciones e incluso empresas sin que esto haya significado la pérdida del liderazgo del proyecto. Por una parte, el hecho de poseer un terreno avaluado hoy en día en quince millones de dólares canadienses permite a la SDA contar con un activo que la transforma en un partner económico de importancia. Y por otra parte, este mismo hecho la transforma en el principal interlocutor de las autoridades gubernamentales y municipales con respecto al proyecto.

La estrategia adoptada por la SDA se basa en la movilización de los activos que representa la comunidad en cuanto a su dotación social y organizacional, de manera de contrarrestar la tendencia natural de las empresas a emplazarse en las zonas periféricas. Se trata de una estrategia "proactiva" apoyada en el liderazgo de las organizaciones locales. La SDA ha tratado de crear en el Tecnopolo ciertos factores de localización industrial que habitualmente se asocian con la "nueva economía", creando condiciones que favorecen la innovación, las interrelaciones y el aprendizaje colectivo. Se está tratando de crear redes de cooperación entre las empresas. También se han creado importantes lazos con instituciones del medio local en el barrio mismo, pero también con instituciones que no son locales pero que participan en el desarrollo local, como las universidades y los centros de formación profesional. También se han implicado diversos organismos sindicales.

Pero la SDA no se ha contentado con promover el Tecnopolo de manera de atraer empresas. Entre sus más importantes realizaciones se encuentra también la de haber creado tres empresas de tipo social. Se trata de empresas de economía social destinadas a formar y a reinsertar al personal sin formación, sobre todo a jóvenes con problemas sociales, y al personal con formación obsoleta.

El Tecnopolo Angus es el resultado de una acción colectiva de origen comunitario, aunque los recursos movilizados no se limitan a la comunidad local. En el fondo, este proyecto nos lleva a redefinir el sentido mismo de la noción de local, en la medida que se ha estructurado una red de solidaridad y cooperación que va mucho más allá del barrio. También el efecto del proyecto, aunque evidentemente le da al barrio un nuevo dinamismo, va más allá de él. Su impacto se hace sentir en el conjunto de la ciudad.

4. Conclusión

El trabajo presentado en este texto muestra que la implicación de los actores sociales locales en el desarrollo no es automática. Se ha demostrado que esta constituye el resultado de una lucha. Nuevas formas de acciones colectivas son puestas en práctica con el fin de conservar medios de vida y de trabajo. También se ha mostrado que la importancia de la acción colectiva y de la movilización social, siendo local, va mucho más allá de lo local. No se limita simplemente a una reacción social frente a una agresión, sino que puede ser el inicio de un proceso cíclico que instaure una dinámica de desarrollo basada en la iniciativa local y en la movilización de recursos endógenos y exógenos. Para interpretar el efecto de la acción colectiva sobre el desarrollo, proponemos un modelo que pone en juego diversos elementos que contribuyen a crear el "medio local", que consideramos como una "construcción social". Este modelo ha sido validado por el caso de Angus (Figura 2).

Proponemos una primera etapa que es el proyecto, dirigido por líderes locales a título individual o bien en el marco de una organización. En esta primera etapa, un proyecto de creación de empleo se confronta a otros. Lo que influye en el hecho de que este proyecto individual en su origen se transforme en un proyecto colectivo es esencialmente la fuerza y la capacidad de interpretar las necesidades locales de sus principales promotores. Al imponerse como un proyecto colectivo, éste se transforma en un objetivo de los actores y grupos sociales que constituyen una colectividad local. En su defensa, los actores locales realizan acciones colectivas que tienden a mostrar la importancia del proyecto y a desarrollar el apego de la colectividad a este proyecto. En esta etapa, los actores locales orientan su capacidad financiera y organizacional en torno a asegurar la viabilidad del proyecto, asociándose también con instituciones y organizaciones externas. La lucha por la realización del proyecto actúa como aglutinador entre los diversos actores, creando entre ellos un sentimiento de solidaridad. La solidaridad orienta la acción de los actores locales, llevándoles a poner énfasis en lo que los une y no en lo que los desune. Los actores desarrollan así una conciencia colectiva delimitada territorialmente, la cual constituye, como lo subraya Arocena (2001), una base esencial de la acción conjunta de los actores locales sociales y económicos, una base de emprendimientos "partenariales". Esta base puede cristalizaje en formas organizacionales que sedimentan la experiencia dejada por la acción colectiva y que a través del aprendizaje actúan como medio favorable al lanzamiento de nuevas iniciativas y proyectos. Es el caso de las CDEC, de la SDA y de otras organizaciones de apoyo al desarrollo en Montreal.

El modelo propuesto se basa en la hipótesis, cuya validez hemos tratado de demostrar, que el desarrollo local no puede limitarse a los recursos locales. La movilización de recursos endógenos y exógenos contribuyen a reconstruir la economía metropolitana en un sentido ascendente. Al movilizar recursos privados y públicos, individuales y colectivos, la acción local de desarrollo establece una relación ascendente entre lo local y lo global, entre lo social y lo metropolitano, entre lo territorial y lo económico. En el fondo, lo que importa no es tanto el origen de los recursos movilizados por los actores locales como la dinámica social que permite que un conjunto de recursos pueda ser movilizado en beneficio de la comunidad local.

El caso del Tecnopolo Angus muestra que la reconversión de una metrópolis como Montreal es el resultado de diversos procesos que en ciertos casos son en apariencia contradictorios, pero que convergen en tanto que componentes de la reconversión de la economía metropolitana a la nueva economía. Los actores sociales locales, en su lucha por el empleo, pueden transformarse en piezas importantes del dinamismo económico e incluso productivo de una colectividad metropolitana. Esto debe ser subrayado porque en general, como lo muestran diversos casos (Ciccolella, 1999; De Mattos, 1999), las instancias políticas y económicas ejercen una dominación absoluta sin considerar el potencial de dinamismo económico que puede generar la acción local. Existen, sin embargo, ejemplos que muestran que lo local y lo global no están desvinculados y que las comunidades locales pueden actuar dando una cierta orientación a las fuerzas del mercado, dándole pluralidad a la reconversión a la nueva economía y por consiguiente a la metropolización. Estos casos no constituyen la mayoría pero existen, como lo muestra el ejemplo del Parque Tecnológico Industrial de Montevideo, que es un caso bastante similar al caso del Tecnopolo Angus que hemos estudiado en este artículo.

Diversos estudios muestran el interés intelectual y normativo de articular lo productivo y lo social en una perspectiva de economía social y solidaria (Lévesque, Bourque y Forgues, 2001). En lo territorial, esto se traduce en una visión estratégica pluralista donde tienen cabida tanto los proyectos del capital financiero como aquellos que provienen de la sociedad civil. Por cierto, esta estrategia implica una visión participativa de la governance, abierta a la participación de los actores de la sociedad civil9.

1 Los autores de este texto han relizado una encuesta sobre el comportamiento espacial de las empresas de estos tres sectores en Montreal. Los primeros resultados de esta encuesta fueron presentados en el Congreso Anual de la Asociation de Science Régionale de Langue Fraçaise, realizado en Trois-Rivières en agosto de 2002 (ver Klein & CRIEST, 2002).

2 Las tensiones socioterritoriales que provoca la conversión de las economías metropolitanas a la nueva economía y al contexto impuesto por la mundialización constituyen una característica de las grandes ciudades, como lo muestran los trabajos de, Ciccolella (1999), De Mattos (1999) y Hiernaux-Nicolás (1999).

3 Describiremos la acción de las CDEC en el punto 3. Sobre este tipo de organización en Montreal se pueden leer los trabajos de Fontan (1991 y 1994), Favreau (1995) y Morin (1995). Describiremos la acción de las CDEC en el punto 3. Sobre este tipo de organización en Montreal se pueden leer los trabajos de Fontan (1991 y 1994), Favreau (1995) y Morin (1995).

4 Este tema ha sido tratado en los textos siguientes: Klein (1997), Klein, Tremblay y Dionne (1997) y Klein, Fontan y Tremblay (2001).

5 Este tema ha sido tratado en Klein (1998).

6 Esto se manifiesta a través de ciertos símbolos que no engañan. El congreso legislativo provincial se llama "Asamblea Nacional" ("Assemblée Nationale"). La ciudad de Quebec, capital provincial, se presenta como la "Capital Nacional" ("Capitale Nationale"). Lo que se ha dado en llamar "cuestión nacional" está en el centro de un debate entre el gobierno provincial y el gobierno federal.

7 Hay que precisar que el modelo quebequense suscita críticas de analistas teóricos y ataques de dirigentes políticos que ponen en duda la capacidad de las instituciones públicas en lo que respecta a encontrar soluciones eficientes a los problemas sociales. Este debate, aunque importante, no será abordado en este texto, puesto que no está directamente ligado con el tema tratado. Pero hay que tener en cuenta que, por un lado, en el modelo quebequense no todo es idílico, y por otro, que ciertos sectores inspirados por posiciones neoliberales lo cuestionan.

8 Un dólar canadiense equivale (en 2002) a 64 centavos de dólar estadounidense.

9 Un evento mayor, realizado con el auspicio de la Universidad de Quebec en Montreal, del Tecnopolo Angus y del OCDE, tuvo lugar en Montreal en el mes de mayo de 2002. El tema de este evento fue el de la reconversión económica a partir de la sociedad civil. Además de académicos de reputación internacional, este evento reunió a 20 representantes de casos de intervención económica por actores sociales locales provenientes de América del Norte, de América del Sur y de Europa. Un libro con las principales contribuciones a este evento está siendo preparado por Jean-Marc Fontan y Juan-Luis Klein y será publicado por la casa editora "Presses de l’Université du Québec".

5. Referencias bibliográficas

Amin, A. & J. Hausner (eds.) (1997). Beyond Market and hierarchy. Interactive Governance and Social Complexity. Cheltenham, UK: Edward Elgar.        [ Links ]

Amin, A. & N. Thrift (1992). "Neo-Marshallian Nodes in Global Networks". International Journal of Urban and Regional Research, 16, 4: 571-587.        [ Links ]

Arocena, J. (2001). El desarrollo local: un desafío contemporáneo. Montevideo: Taurus-Universidad Católica.        [ Links ]

Benko, G. & A. Lipietz (eds.) (2000). La richesse des régions. Paris: Presses Universitaires de France.        [ Links ]

Bourque, G. (2000). Le modèle québécois de développement: de l’émergence au renouvellement. Sainte-Foy, Qc.: Presses de l’Université du Québec.        [ Links ]

Castells, M. (1997). The Power of Identity. Cornwall: Blackwell.        [ Links ]

Cefai, D. & D. Trom (eds.) (2001). Les formes de l’action collective. Paris: Éditions de l’EHESS.        [ Links ]

Ciccolella, P. (1999). "Globalización y dualización en la Región Metropolitana de Buenos Aires. Grandes inversiones y restructuración socioterritorial en los años noventa". EURE, 25, 76 : 5-27.        [ Links ]

Coffey, J. W., C. Manzagol y R. Shearmur (2000). "L’évolution spatiale de l’emploi dans la région métropolitaine de Montréal, 1981-1996". Cahiers de Géographie du Québec, 44, 123: 325-339.        [ Links ]

Coffey, W. J. & R. Drolet (1994). "La décentralisation intramétropolitaine des activités économiques dans la région de Montréal". Cahiers de géographie du Québec, 38, 105: 371-394.        [ Links ]

Cox, K. R. (ed.) (1997). Spaces of Globalization. Reasserting the Power of the Local. New York: The Guildford Press, 45-63        [ Links ]

De Mattos, C. (1999). "Santiago de Chile, globalización y expansión metropolitana: lo que existía sigue existiendo". EURE, 25, 76: 29-56.        [ Links ]

Favreau, L. (1995). "Économie communautaire, mobilisation sociale et politiques publiques au Québec". Klein, J.-L. & B. Lévesque (eds.), Contre l’exclusion: repenser l’économie. Sainte-Foy, Qc.: Presses de l’Université du Québec, 175-186.        [ Links ]

__________ (1997). "Mouvement associatif et économie sociale: contribution à une nouvelle gestion du social au plan local et régional". Coté, S., J.-L. Klein y M.-U. Proulx (eds.), Action collective et décentralisation. Rimouski: GRIDEQ, 65-86        [ Links ]

Favreau, L. & W. Ninacs (1993). Pratiques de développement économique communautaire au Québec: de l’expérimentation sociale à l’émergence d’une économie solidaire. Rapport de recherche, Santé et Bien-être Canada, Montréal, IFDEC.        [ Links ]

Fontan, J.-M. (1991). Les corporations de développement économique communautaire montréalaises. Du développement économique communautaire au développement local de l’économie. Thèse de doctorat non publiée. Sociologie, Université de Montréal, Montréal.        [ Links ]

Fontan, J.-M. & J.-L. Klein (2000). "Mouvement syndical et mobilisation pour l’emploi: renouvellement des enjeux et des modalités d’action". Politique et société, 19, 1: 79-102.        [ Links ]

Fontan, J.-M., J.-L. Klein y D. Tremblay (eds.) (1999). Entre la métropolisation et le village global. Sainte-Foy, Qc.: Presses de l’Université du Québec.        [ Links ]

Hiernaux-Nicolas, D. (1999). "Los frutos amargos de la globalización: expansión y reestructuración metropolitana de la ciudad de México". EURE, 25, 76: 57-78.        [ Links ]

Klein, J.-L. (1997). "L’espace local à l’heure de la globalisation: la part de la mobilisation sociale". Cahiers de géographie du Québec, 41, 114: 367-377.        [ Links ]

__________ (1998). "Mondialisation et État-nation: la restructuration territoriale du système-monde". Klein, J.-L. & S. Laurin (eds.), L’Éducation géographique. Conscience territoriale et formation du citoyen. Sainte-Foy: Presses de l’Université du Québec: 34-70.        [ Links ]

Klein, J.-L. & CRIEST (2002). "Systèmes productifs locaux et métropole à Montréal: la place du territoire dans la reconversion productive". Association des sciences régionales de langue française, www.uqtr.ca/screg/.        [ Links ]

Klein, J.-L. & J.-M. Fontan (2002). "Syndicats et communautés dans la gouvernance locale: une recherche exploratoire sur Montréal". Recherches sociographiques (sous-presses).        [ Links ]

Klein, J.-L., J.-M. Fontan y D.-G. Tremblay (2001). "Les mouvements sociaux dans le développement local à Montréal: deux cas de reconversion industrielle". Géographie Économie Société 3, 2: 247-280.        [ Links ]

Klein, J.-L., J.-M. Fontan, D.-G. Tremblay y C. Tardif (1998). "Les quartiers péri-centraux: Le milieu communautaire dans la reconversion économique". Manzagol, C. & C. Bryant (eds.), Montréal 2001. Montréal: Presses de l’Université de Montréal, 241-254.        [ Links ]

Klein, J.-L., P.-A. Tremblay y H. Dionne (eds.) (1997). Au delà du néolibéralisme: quel rôle pour les mouvements sociaux? Sainte-Foy, Qc.: Presses de l’Université du Québec.        [ Links ]

Kling, J. (1993). "Complex Society/Complex Cities: New Social Movements and the Restructuring of Urban Space". Fisher, R. & J. Kling (eds.), Mobilizing the Community. Local Politics in the Era of the Global City. Newbury Park, CA.: Sage Publications, 28-51.        [ Links ]

Kutay, A. (1989). "Prospects for High Technology Based Economic Development in Mature Industrial Region: Pittsburgh as a Case Study". Journal of Urban Affairs, 11, 4: 361-377.        [ Links ]

Lévesque, B. (2000). "Le Fonds de solidarité FTQ: un cas exemplaire de nouvelle gouvernance". Université du Québec à Montréal, CRISES.        [ Links ]

Lévesque, B., J.-M. Fontan y J.-L. Klein (1996). Les systèmes locaux de production. Conditions de mise en place et stratégie d’implantation pour le développement du projet Angus. UQAM, Services aux collectivités.        [ Links ]

Lévesque, B., G. Bourque y E. Forgues, E. (2001). La nouvelle sociologie économique. Paris: Desclée de Brouwer.        [ Links ]

Manzagol, C. & C. Bryant (1998) (eds.). Montréal 2001. Montréal: Presses de l’Université de Montréal.        [ Links ]

Markusen, A. (2000). "Des lieux-aimants dans un espace mouvant: une typologie des districts industriels". Benko, G. & A. Lipietz (eds.), La richesse des régions. Paris: Presses Universitaires de France, 85-119.        [ Links ]

McAdam, D., J. D. McCarthy y M. N. Zald (1988). "Social Movements". Smelser, N. (ed.), Handbook of Sociology. Newbury Park: Sage.        [ Links ]

McCarthy, J. D. & M. N. Zald (1973). The Trend of Social Movements in America: Profesionnalization and Resource Mobilization. Morristown: General Learning Press.        [ Links ]

Melucci, A. (1992). "Liberation or Meaning? Social Movements, Culture and Democracy". Development and Change, 3, 3: 43-77.        [ Links ]

________ (1993). "Vie quotidienne, besoins individuels et action volontaire". Sociologie et sociétés, 25, 1: 189-198.        [ Links ]

Mitchell-Weaver, C., S. Deitrick y A. Rigopoulou (1999). "Linkages Between Reconversion of Old Industrial Milieux, Intra-Regional Dynamics and Continentalization of the Economy: The Case of Pissburgh". Fontan, J.-M., J. L. Klein y D.-G. Tremblay (eds.), Entre la métropolisation et le village global; les scènes territoriales de la reconversion. Sainte-Foy, Qc.: Presses de l’Université du Québec, 191-214.        [ Links ]

Montréal TechnoVision (2001). Montréal métropolitain. Indicateurs de performance 2001. Montréal, TechnoVision. Document diffusé sur le Web.        [ Links ]

Morin, R. (1995). "Communautés territoriales et insertion socio-économique en milieu urbain". Klein, J.-L. & B. Lévesque (eds.). Contre l’exclusion: repenser l’économie. Sainte-Foy, Qc.: Presses de l’Université du Québec, 247-266.        [ Links ]

Oberschall, A. (1973). Social Conflict and Social Movements. Englewood Cliffs: Prentice Hall.        [ Links ]

Piore, M. J. & C. F. Sabel (1989). Les chemins de la prospérité, de la production de masse à la spécialisation souple. Paris: Hachette.        [ Links ]

Polèse, M. & W. J. Coffey (1999). "A District Metropolis for a District Society? The Economic Restructuring of Montreal in the Canadian Context". Canadian Journal of Regional Science, 22, 1 y 2: 23-40.        [ Links ]

Scott, A. (1999) Les bases géographiques de la performance industrielle. Géographie, Économie, Société, 1, 2: 259-280.        [ Links ]

Shearmur, R. & L. Terral (2002). "Structures spatiales de l’économie montréalaise: le high-tech joue-t-il un rôle". Géographie, Économie, Société, 4, 1: 19-36.        [ Links ]

Salais, R. & M. Srorper (1993). Les mondes de production. Paris: Éditions de l’EHESS.        [ Links ]

Storper, M. (1997). "Les nouveaux dynamismes régionaux: conventions et systèmes d’acteurs". Coté, S., J.-L. Klein y M.-U. Proulx (eds.). Action collective et décentralisation. Rimouski: GRIDEQ: 1-17.        [ Links ]

Tarrow, S. (1994). Power in Movement. Social Movements, Collective Action and Politics. Cambridge: Cambridge University Press.        [ Links ]

Tremblay, D.-G. & J.-M. Fontan (1994). Le développement économique local: la théorie, les pratiques, les expériences. Sainte-Foy, Qc.: Presses de l’université du Québec.        [ Links ]

Tilly, C. (1984). "Social Movements and National Politics". Bright, C. & S. Harding, (eds.), Statemaking and Social Movements. Ann Arbor: University of Michigan Press, 297-317.        [ Links ]

Veltz, P. (1996). Mondialisation, villes et territoires. L’économie d’archipel. Paris: Presses Universitaires de France.        [ Links ]

* Juan-Luis Klein es profesor y director del Departamento de Geografía de la Universidad de Quebec en Montreal (UQAM) e-mail: juan-luis.klein@uqam.ca. Jean-Marc Fontan es profesor en el Departamento de Sociología de la misma universidad. Diane-Gabrielle Tremblay es profesora de economía y trabajo en la Tele-Universidad de la Universidad de Quebec (TELUQ). Conjuntamente con estudiantes de doctorado y de investigación, los tres autores constituyen un colectivo de investigación que forma parte del Centro de investigaciones CRISES (Centre de recherches sur les innovations sociales dans l’économie sociale, les entreprises et les syndicats).

** Este trabajo es tributario de una presentación en el Seminario Internacional de la Red Iberoamericana de investigadores sobre Globalización y Territorio (noviembre de 2002, Camagüey, Cuba).

Creative Commons License Todo o conteúdo deste periódico, exceto onde está identificado, está licenciado sob uma Licença Creative Commons