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vol.29 número86Regiones-commodities: Crisis y contagio en ChileCities in the telecommunications age. The fracturing of geographies. James Wheeler, Yuko Aoyama y Barney Warf (2000). Nueva York: Routledge, 350 páginas. índice de autoresíndice de assuntospesquisa de artigos
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EURE (Santiago)

versão impressa ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) v.29 n.86 Santiago maio 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612003008600006 

Luis Esteban Briano, Federico Javier Fritzsche y 
Marcela Laura Vio *

El lugar de la industria. Los parques
industriales en la reestructuración
productiva y territorial de la Región
Metropolitana de Buenos Aires ** 

Abstract

This paper analyses some aspects of industry’s territorial restructuring in the Metropolitan Region of Buenos Aires (RMBA), through the consideration of three industrial parks: one that has consolidated -the case of Pilar- and two that were developed -La Plata and La Cantábrica- during the nineties. Our purpose is to characterize comparatively these parks in connection with the process of productive and territorial restructuring in the RMBA. The paper is organized as follows: first some theoretical considerations involving industrial organization and industrial parks are formulated; second, RMBA’s industrial activity and its recent evolution are described, embedded in a process of metropolitan restructuring; third, parks history in Argentina and in RMBA is synthesized; fourth, Pilar, La Cantábrica (Morón) and La Plata industrial parks are characterized; last, some thoughts involving the relationship between industrial parks and territorial organization of metropolitan industry are stated.

Keywords: Buenos Aires, industrial organization, industrial parks, territorial reestructuration.

Resumen

Este artículo aborda el estudio de algunos aspectos de la reestructuración territorial de la industria en la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA), a través de la consideración de tres parques industriales: uno que se ha consolidado -el caso de Pilar- y dos que se desarrollaron -La Plata y La Cantábrica- durante la década del ‘90. Nuestro objetivo es caracterizar comparativamente a estos parques en relación con el proceso de reestructuración productiva y territorial por el que atraviesa la RMBA. El trabajo presenta las siguientes partes: primero se formulan algunas consideraciones teóricas sobre la organización industrial y los parques industriales; luego se describe la actividad industrial de la RMBA y su evolución reciente, en el marco de un proceso de reestructuración metropolitana; más adelante, se sintetiza la trayectoria de los parques en la Argentina y en la RMBA; luego se caracterizan los parques industriales Pilar, La Cantábrica (Morón) y La Plata; por último, se formulan algunas reflexiones acerca de la relación entre los parques industriales y la organización territorial de la industria metropolitana.

Palabras clave: Buenos Aires, organización industrial, parque industriales, reestructuración territorial.

1. Introducción

La modificación de la estructura económica urbana y la reorganización territorial de las actividades productivas están en estrecha relación con el proceso de globalización de la economía.

En este marco, se refuerza el papel de las áreas metropolitanas que funcionan como un nexo substancial en la articulación de los mercados internacionales (Castells, 1998; Coraggio, 1994; De Mattos, 1998; Sassen, 1998).

En Argentina, el nuevo impulso que adquieren las regiones metropolitanas obedece a la adaptación de su espacio a las nuevas condiciones de producción, circulación, distribución y consumo, introducidas a partir del proceso de globalización y, en particular, desde la conformación del MERCOSUR. Este dinamismo está sustentado principalmente en el papel primordial que juega la inversión extranjera directa (IED), que a la vez condiciona la inserción de la economía argentina en la división regional-internacional del trabajo, posibilitada y favorecida a partir del proceso de integración. En 1991 el gobierno argentino aprobó la Ley de Convertibilidad que, asociada a la apertura de la economía nacional, permitió el logro de la estabilidad macroeconómica, y asociada a la apertura de la economía nacional y las reformas estructurales, creó el escenario propicio para el reingreso del capital global.

Cabe señalar que esta política confirma que el papel del Estado se ha modificado sustancialmente en relación a etapas anteriores del desarrollo económico capitalista. Esto se ha verificado en una escala mundial y Argentina no ha sido la excepción. Es decir, el papel activo y promotor del desarrollo industrial que tenía en el período de sustitución de importaciones (manifestado en la intervención directa a partir de empresas industriales estatales y en la intervención indirecta por medio de políticas de promoción de la actividad, tales como los regímenes de promoción industrial) ha dejado paso a un rol de "garante" de las condiciones macroeconómicas que permitan el establecimiento de IED, en el marco del proceso de globalización.

En este marco contexto, la industria manufacturera proveedora del mercado interno, y más precisamente, algunas ramas y/o firmas transnacionales que ingresan en esquemas de producción regionales-globales -automotrices, autopartes y en menor medida alimentos y bebidas- fueron una de las principales receptoras de la IED reciente, constituyendo aproximadamente el 40% del total (Russo, 2000). Durante la década del ‘90, la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA) -integrada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y 43 partidos de la Provincia de Buenos Aires (Kralich, 1995; Fritzsche & Vio, 2000b)- ha recuperado su protagonismo como el principal centro nacional de atracción de la inversión industrial (seguida por las regiones metropolitanas de Córdoba y Rosario), revirtiendo la tendencia a la desconcentración experimentada en la década anterior.

Al mismo tiempo, cobra cada vez más importancia el papel del Estado local (municipal, principalmente), en tanto comienza a diseñar e implementar instrumentos de promoción para el establecimiento de las actividades productivas. Esto puede ejemplificarse a partir de los numerosos proyectos de parques, zonas y áreas industriales con exenciones impositivas, y de los no tan abundantes proyectos de incubadoras de empresas y/o parques tecnológicos

El presente trabajo se centra en la discusión de algunos aspectos de la reestructuración territorial de la industria en la RMBA haciendo hincapié en sus aspectos territoriales, a través de la consideración de los tres parques industriales (PI): Pilar, La Plata y La Cantábrica. En particular, se considerarán las siguientes cuestiones: los procesos de desconcentración y reconcentración industrial, las pautas de localización y relocalización de las firmas, las políticas de promoción industrial, las necesidades organizacionales de las firmas, los criterios de usos del suelo, la orientación geográfica de las inversiones industriales, la refuncionalización de espacios, la articulación con el entorno local, la competencia interterritorial metropolitana, el papel de los actores intervinientes (privados, públicos) y las estrategias de planificación. El primero de los PI, creado en la década de 1970, experimentó un notable crecimiento en la venta de lotes y en la radicación de plantas industriales durante los ‘90. Los otros dos fueron creados en este último decenio, completándose su capacidad de radicación de establecimientos en pocos años. Nuestro objetivo es caracterizar comparativamente a estos parques, y a su vez, relacionar esta caracterización con el proceso de reestructuración productiva y territorial por el que atraviesa la RMBA. Reconocer los aspectos que estos PI presentan como una nueva forma de organización territorial de la industria Con este propósito,la ponencia incluye se presentan tres niveles de análisis en el tratamiento del este tema: el primero consiste en una reflexión sobre la vinculación entre organización industrial y PI, el segundo se refiere a la relación entre los PI y la reestructuración productiva y territorial de la RMBA y el tercero caracteriza comparativamente tres parques de perfiles diferentes.

El trabajo se estructura de la siguiente manera: en primer lugar se formulan algunas consideraciones teóricas acerca de la organización de la industria sobre la base de parques industriales; en segundo término, se presenta una caracterización descripción del conjunto de la actividad industrial de la región y su evolución en el último período intercensal (1985-1994), en el marco de un proceso de reestructuración metropolitana; en tercer lugar, se esbozan los rasgos principales de la trayectoria de los parques en Argentina, con especial énfasis en la RMBA; en cuarto término se realiza una caracterización de los parques industriales de Pilar, La Cantábrica (Morón) y La Plata; por último, se formulan algunas reflexiones finales acerca de la relación entre los parques industriales y la organización territorial de la industria metropolitana.

2. El parque industrial y la
reestructuración territorial de
la industria en la escala
metropolitana

En el actual contexto de globalización en el que se desenvuelven la producción y la economía mundial, el espacio geográfico se presenta cada vez más fragmentado por el sistema económico, destacándose como efecto relevante el proceso de especialización territorial. A la separación funcional y espacial de la producción y el consumo se suma un proceso de autosegregación de la industria con respecto al uso residencial del suelo, ya que la convivencia entre ambos usos resulta cada vez más conflictiva (Borello, 1998). Como resultado, surgen cambios en los antiguos patrones de localización de las actividades sociales y productivas en el ámbito geográfico metropolitano.

En este sentido, la evolución negativa de la industria en las metrópolis está contribuyendo a un progresivo abandono de espacios donde la rápida revalorización del suelo favorece su sustitución por usos alternativos y es propiciada, en parte, por la estrategia de traslado de las empresas afectadas por la crisis, como medio para sanear su economía, reorganizar su personal y modernizar y redimensionar sus instalaciones. Como contraparte, las áreas más alejadas de los centros metropolitanos están recibiendo un impulso industrial creciente, motivado principalmente por una abundante oferta de suelo más barato, menores controles urbanísticos y mejoras en las vías de transporte. Esta situación se verifica en áreas metropolitanas de ciudades como Londres, Nueva York, México, San Pablo, etc. (Méndez & Caravaca, 1993). De todas maneras, en el caso de las empresas multiplanta, la "periferización" tendería a afectar a los segmentos productivos, permaneciendo en las áreas centrales las sedes sociales de las mismas y en algunos casos las tareas anteriores y posteriores a la fabricación (gestión y planificación, investigación y desarrollo, diseño, ingeniería, control de calidad, comercialización, servicios postventa) más necesitadas de centralidad, lo que permitiría la obtención de beneficios de las específicas ventajas que ofrecen distintas localizaciones.

De esta manera, se asocia al PI a un conjunto más amplio de regulaciones del uso del suelo que tiende a diferenciar territorialmente las funciones urbanas. Esta diferenciación se manifiesta en una segregación del territorio cuya principal característica es la consolidación de espacios autocontenidos (tanto en el ámbito residencial como en el industrial y el de consumo), tal como se observa en la morfología de los barrios y pueblos cerrados, clubes de campo, shopping centers, hipermercados y centros de entretenimientos y espectáculos. Sin pretender caer en generalizaciones, puede afirmarse que estas nuevas formas de organización del espacio urbano han sido introducidas en el ámbito de la RMBA principalmente por los agentes del capital global (Robert, 1999; Rodríguez, 2000; Suárez, 1997).

En la RMBA, los PI adquieren auge en la década del ‘90, a partir de dos iniciativas. Por un lado, desde el sector público, con el propósito -al menos desde el discurso- de reorganizar territorialmente la actividad industrial, y en especial, de promover la atracción de actividades productivas en aquellas zonas menos industrializadas, como un intento de lograr el desarrollo local. Por otra parte, desde la inversión privada se consolidan como un producto inmobiliario novedoso que promete ganancias significativas, ya que se aprovecha de un contexto en el que se cuestiona crecientemente el impacto que provoca la presencia de la actividad industrial en zonas en las que predomina el uso residencial del suelo.

En cuanto a los PI, específicamente, este auge es en parte fruto del creciente valor simbólico que han adquirido a partir del éxito del Parque Industrial Pilar (PIP) en la atracción de flujos de IED. A su vez, constituyen una muestra local de la competencia interterritorial, a escala intrametropolitana, por la atracción de inversiones industriales, "bajo la premisa de que los PI reflejan cierta imagen de competitividad territorial de los municipios" (Fritzsche & Vio, 2000a: 16).

A pesar de lo que podría suponerse de acuerdo a lo expuesto anteriormente, los PI no son un fenómeno nuevo en el ámbito metropolitano. Los antecedentes se remontan a 1969, con la inauguración del hoy denominado Centro Industrial Parque Oks (CIPO), y a 1973, con el PIP. Ambos emprendimientos privados fueron desarrollados por el empresario Meyer Oks. La maduración de este último resultó bastante lenta, hasta tomar un notable impulso -en la década del ‘90- como sitio de implantación selectiva del capital global, al restablecerse las condiciones de competencia interterritorial "más igualitarias" a escala nacional por la pérdida paulatina de la importancia de los regímenes de promoción industrial regional (Briano, 2002).

La implementación de estos regímenes propició un proceso de desconcentración de la industria manufacturera argentina que se extendió principalmente durante las décadas del ‘70 y ‘80. Los beneficios consistieron en una significativa reducción tributaria para la actividad industrial radicada en las provincias promocionadas (sobre todo La Rioja, San Luis y Tierra del Fuego), lo que les confirió un atractivo mayor con respecto a otras localizaciones (Azpiazu, 1986; Borello, 1989 y 1992; Gutman et al., 1988).

Sin embargo, a pesar de esas dos experiencias -el CIPO y el PIP-, el desarrollo de la oferta de PI en la RMBA puede considerarse tardío en comparación con la totalidad del territorio nacional. En efecto, los parques se desarrollaron, en un primer momento, en provincias promocionadas con poca tradición industrial, debido a que el mercado de inmuebles industriales no podía responder a las necesidades que se generaron en muy poco tiempo gracias a los regímenes ya mencionados, mientras que los parques en Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Mendoza fueron marginales hasta la última década (Borello, 1998). Este desarrollo tardío se configura a partir de un nuevo escenario industrial metropolitano que puede sintetizarse en los siguientes aspectos fundamentales: un auge de la inversión industrial en la RMBA localizada selectivamente luego de un período de desconcentración de la actividad; un proceso incompleto de reordenamiento territorial restringido a la superación de conflictos de usos de suelo y a la satisfacción de las nuevas necesidades organizacionales de las firmas; el surgimiento de la competencia intrametropolitana entre los gobiernos locales por la atracción de capital, principalmente global; el interés de los agentes privados en este tipo de producto inmobiliario y la inclusión de la RMBA como uno de los nodos centrales de producción en el conjunto del MERCOSUR (Bozzano, 1999).

2.1. Algunas definiciones

El PI pertenece a un grupo más amplio de aglomeraciones industriales planificadas que responden a tres tipos de ocupación del suelo. Si bien existen numerosas definiciones, en este trabajo adoptaremos las de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), que las define así:

- El parque industrial es "un terreno urbanizado y subdividido en parcelas, conforme a un plan general, dotado de carreteras, medios de transporte y servicios públicos, que cuenta o no con fábricas construidas (por adelantado), que a veces tiene servicios e instalaciones comunes y a veces no, y que está destinado al uso de una comunidad de industriales" (ONUDI, 1979, citado en Borello, 1998: 11).

- Área industrial es "un terreno mejorado, dividido en parcelas con miras a la instalación de industrias y que se ofrece a la venta o en alquiler" (ONUDI, 1979). Según la normativa argentina, un área industrial -denominada "Sector Industrial Planificado"- puede convertirse en PI luego de la adecuación de su stock de infraestructura para el cumplimiento de las condiciones establecidas.

- Zona industrial es "un simple solar reservado para la industria" (ONUDI, 1979).

A su vez, la ONUDI clasifica a los parques industriales de acuerdo con distintos criterios:

- Ubicación: urbanos (por ejemplo, La Cantábrica, en Morón), semi-urbanos (CIR-2, en Berazategui) o rurales (Pilar, La Plata).

- Tipo de actividad: especializado (dedicado a un tipo de actividad, como el de Río Grande, en Tierra del Fuego, destinado a la industria electrónica), compuesto (contiene actividades diversas no relacionadas entre sí, como la gran mayoría de los PI, entre ellos, los que analizaremos aquí) y auxiliar (integrado por un grupo de pequeñas y medianas empresas -PyMEs- que trabajan para un gran establecimiento, como el caso del parque industrial autopartista CIR-2 frente a la ex planta de Peugeot, en Berazategui -Rivadulla, 2000: 15).

- Origen y motivación: parques de desarrollo o fomento de las áreas en donde se radican, como la mayoría de los radicados fuera de la RMBA; y de dispersión o relocalización, en los que se instalan predominantemente establecimientos previamente localizados en otros lugares, como los casos de La Cantábrica, en Morón, y Tortuguitas, en el partido de Malvinas Argentinas.

- Patrocinador: estatal (como el parque industrial La Plata, desarrollado por el municipio), privado (como el de Pilar) y privado con asistencia crediticia estatal. Además, incluimos aquí una categoría no considerada por la ONUDI, denominada parque industrial mixto, donde intervienen organismos públicos (Estado nacional, provincial o municipal) y privados (empresas o cámaras/asociaciones de empresas), como en el caso del parque industrial La Cantábrica (Farberoff, 1998).

2.2. Consideraciones sobre
organización industrial y parques
industriales

Desde nuestra concepción, el PI debe constituir un instrumento de planificación estratégica de la actividad industrial. Es decir que contribuya a la organización industrial, teniendo en cuenta los siguientes aspectos: a) la estructura sectorial; b) la actividad en general y c) la dimensión territorial, entendiendo al territorio como un ámbito geográfico que incluye a las relaciones sociales (en sus dimensiones política, económica y cultural) y la forma en que interactúan en dicho ámbito. Por lo tanto, este instrumento serviría de articulación entre las necesidades de la industria y los requerimientos de otras actividades económicas y usos del suelo. Sin embargo, particularmente en la Argentina, el PI ha surgido como el resultado de otros propósitos: la promoción de regiones atrasadas o no industrializadas con el fin de la atracción de inversiones, el negocio inmobiliario a partir de la venta de lotes destinados a la actividad industrial con la consiguiente promoción de áreas contiguas con usos del suelo variados, y la competencia entre municipios por la atracción de industrias, a partir del valor simbólico del PI.

En consecuencia, consideramos que la planificación estratégica constituye una instancia superadora de los instrumentos de planificación que no encaran los tres aspectos o dimensiones en conjunto. Por ejemplo, los regímenes de promoción industrial han atendido los aspectos sectorial, territorial o ambos, pero sólo desde la dimensión física del territorio, desde la metáfora de un "espacio vacío" que, en muchos casos, oculta motivaciones de índole política o geoestratégica. De la misma manera, la implementación de PI, o bien ha estado directamente vinculada con los regímenes recién mencionados, o ha atendido exclusivamente a la planificación física de un espacio industrial de manera indiscriminada, priorizando el negocio inmobiliario o el valor simbólico. Esto con el agravante, en el caso de la RMBA, que ha generado una competencia inconducente entre municipios, perdiendo de vista una visión de conjunto del territorio metropolitano.

Desde el punto de vista teórico, las características y efectos que puede generar la instalación de un PI son los siguientes: la contribución a la superación de conflictos entre distintos usos del suelo (industrial, residencial, etc.); la reducción de los costos y el aumento de la oferta de infraestructura y servicios, de acuerdo a las necesidades de las firmas; un mayor control de la contaminación ambiental, debido a reglamentaciones más exigentes, a una mayor posibilidad de vigilancia por parte de las autoridades, al abaratamiento de los costos de los sistemas utilizados y la racionalización del tránsito vehicular pesado; la posibilidad de la implementación o extensión de servicios públicos de transportes de pasajeros, mediante el aumento concentrado de la demanda; la potencial vinculación funcional del empleo industrial con el residente local; la facilitación de economías de aglomeración a las plantas radicadas, a partir de la compra conjunta de insumos y materias primas, las relaciones de compra-venta entre las firmas, y la posibilidad de la radicación próxima de proveedores y subcontratistas, permitiendo ahorro de transporte y logística; fomento a las economías de escala, mediante el desarrollo potencial de mercados intermedios de producción y servicios; la posibilidad de determinación de políticas específicas referentes a la radicación industrial local; la probabilidad de la generación de propuestas complejas de captación industrial a partir de la adecuación a usos industriales específicos; la modernización en términos tecnológicos, edilicios y logísticos de las firmas que se relocalizan.

Además, merece una mención aparte el fomento que un PI puede aportar para la circulación de información y conocimientos codificados y sobre todo tácitos, generando progresivamente vínculos de cooperación entre las firmas, propiciando una competitividad sistémica (Moori-Koenig & Yoguel, 1998) del conjunto que va más allá de la producción de las denominadas "externalidades". En este sentido, todo lo anterior puede contribuir a una mayor fertilidad del territorio (De Mattos, 1997), estimulando la atracción de inversiones a la región sobre la que el PI tiene influencia.

Por otra parte, algunas de estas características y efectos del PI pueden tornarse perjudiciales para la actividad industrial si no se cumplen ciertas condiciones. En este sentido, las economías de aglomeración pueden convertirse en deseconomías. Por ejemplo, la aglomeración de gran cantidad de plantas industriales en un mismo predio puede generar una gran circulación de vehículos ocasionando embotellamientos en el caso en que los accesos no estén preparados para tal volumen de tráfico.

Desde nuestra concepción, el parque industrial debe generar relaciones entre las firmas que lo integran, ya sea de manera espontánea, o preferentemente, fruto de una planificación. No se trata necesariamente de relaciones comerciales y de cooperación, pero al menos una coparticipación en los gastos que demanda la infraestructura y los servicios comunes. En cuanto a la actividad industrial, aumentarían la eficacia de las firmas, medidas tendientes a estimular la especialización, el eslabonamiento y la integración productiva, la radicación de empresas de servicios que atiendan las necesidades de las industrias, el fomento de la cooperación entre firmas en diversas facetas desde el intercambio y la producción conjunta de conocimientos tecnológicos, hasta el esfuerzo compartido en tareas tales como la compra de insumos y materias primas, la contratación de servicios y las actividades de colocación de la producción en el mercado y la exportación. En cuanto a la administración, consideramos que debe desempeñar un papel sumamente participativo, proponiendo continuamente a las empresas políticas destinadas a alcanzar el óptimo rendimiento del parque industrial en conjunto.

3. La industria en el contexto de
las transformaciones
metropolitanas de Buenos
Aires

3.1. Reestructuración metropolitana en
Buenos Aires

A partir de la década de 1990, en las grandes metrópolis principales de América Latina existe una tendencia hacia la globalización de su economía, favorecida por la creciente incorporación de IED. En este contexto, se observa la difusión de grandes equipamientos de consumo, y simultáneamente, la declinación de la industria como principal factor de urbanización, aunque ésta sigue siendo motor de cambio espacial bajo nuevas formas, como los procesos de crecimiento periférico, la revalorización de áreas centrales y la formación de nuevos enclaves pericentrales de actividad, favoreciendo un tipo de metropolización difusa o policéntrica (Méndez & Caravaca, 1993; De Mattos, 1998). En estas circunstancias, el Estado nacional disminuye sus intervenciones directas sobre el territorio, deviniendo en promotor de los nuevos proyectos urbanos privados, lo que posibilita que los cambios generados por la reestructuración metropolitana obedezcan antes a factores externos que a necesidades locales. Por otra parte, los Estados de menor jerarquía (provinciales y municipales) intentan desempeñar el rol que el Estado nacional dejó vacante, adquiriendo un protagonismo desconocido anteriormente, aunque sin contar con los recursos económico-financieros y técnicos, particularmente en el caso de los municipios. Las características de dicha reestructuración adoptan la siguiente fisonomía: nuevas formas de producción del espacio residencial; difusión de grandes equipamientos de consumo, entretenimiento, turismo y espectáculo; ampliación, modernización, equipamiento y localización de los distritos de comando; nuevas pautas de localización del capital industrial, y rediseño de la red de transporte metropolitano (Ciccolella, 1999).

Las mutaciones que afectan al patrón de metropolización se encuentran "-vinculadas con las transformaciones económicas, y particularmente, con el incremento y sesgo de las inversiones que viabilizan, en Argentina, las tendencias globalizantes del capitalismo flexible" (Ciccolella, 1999; Coriat, 1994; Gatto, 1990; Lipietz & Leborgne, 1990; Méndez & Caravaca, 1996). Esta dependencia creciente respecto de las condiciones capitalistas genera una presión a favor de la ampliación del mercado, en el que menos consumidores adquieren un mayor volumen de productos, tanto en términos relativos como absolutos. Asimismo, se lleva a cabo un masivo abandono de infraestructuras y equipamientos industriales en tradicionales fragmentos urbanos manufactureros, y simultáneamente, se revitalizan y consolidan nuevos espacios industriales en los bordes del área metropolitana RMBA. Asociada a esta tendencia, la ampliación y modernización de la red vial (priorizando las autopistas), que ha sido favorecida por la inversión en la década del ‘90, se convierte en un generador de nuevos procesos de urbanización, metropolización e industrialización.

Cabe destacar aquí que estos procesos se han venido desacelerando notablemente a partir de la recesión que comenzó en 1998 y se interrumpió con la crisis de fines de 2001 y la consecuente devaluación de la moneda. Sin embargo, y dada la inercia territorial propia de estos procesos de urbanización y metropolización, aún no se manifiestan con claridad y a gran escala procesos en otro sentido. De todas maneras, sí se verifica una incipiente y precaria industrialización sustitutiva de importaciones, caracterizada por nuevos fenómenos, como por ejemplo el esbozo de una recuperación rudimentaria de la actividad industrial en algunos sectores -como el alimenticio, textil y metalmecánico-, y la apropiación y puesta en marcha de empresas quebradas y abandonadas, por parte de los trabajadores, generalmente organizados en cooperativas. Estos fenómenos podrían generar en el futuro modificaciones tendientes a complejizar el patrón de metropolización antes caracterizado.

3.2. Evolución reciente de la industria
metropolitana

Antes de describir la evolución reciente de la industria en la RMBA, nos referiremos brevemente a la trayectoria previa de la actividad en Argentina. Creemos que es necesario para contextualizar y enmarcar histórica y geográficamente el desarrollo industrial actual.

3.3. Panorama histórico y geográfico de
la industria argentina

Si bien en el país hubo un desarrollo temprano de la industria e inclusive una incipiente sustitución de importaciones previa a la crisis de 1930, una gran expansión industrial tuvo lugar entre 1950 y 1975, y especialmente entre 1960 y 1975. En ese período se produjo un aumento inédito de la actividad industrial que se manifestó en todos sus indicadores: se incrementaron la ocupación, el producto, el stock de capital y los salarios reales industriales (Katz & Kosacoff, 1989). Ahora bien, desde el punto de vista territorial, la industria estuvo concentrada históricamente en la RMBA, el Gran Rosario y el Gran Córdoba. Además, también hubo actividades industriales en otros lugares del país, ligadas principalmente al procesamiento de materias primas.

Desde 1930, el Estado comenzó a promover el desarrollo industrial. En este contexto, surgieron grandes empresas nacionales y extranjeras, algunas vinculadas con los productos primarios nacionales, cuya manufactura estaba destinada principalmente a la exportación, y otras de producción de bienes de consumo no durable, dirigidas al mercado interno. El desarrollo generado por la primera fase del proceso de sustitución de importaciones fue consolidado posteriormente por la radicación de grandes plantas de empresas de bienes durables y las relacionadas con la industria automotriz durante la década del ‘50, la producción de bienes intermedios o comodities (celulosa y papel, petroquímica, acero, aluminio, etc.) en la década del ‘70 y el surgimiento de numerosas pequeñas y medianas empresas metalmecánicas en las grandes ciudades del país y en algunas ciudades menores de la Pampa Húmeda (Borello, Vio y Fritzsche, 2000).

A partir de mediados de la década de 1970, la participación de la industria manufacturera en el Producto Bruto Interno (PBI) ha venido cayendo, así como su contribución en el total de los puestos de trabajo ocupados en la Argentina y en el stock de capital. La caída de la participación de la industria en el PBI fue acompañada por una disminución en la tasa de inversión en la industria. En la década del ochenta, esa caída dio como resultado una reducción absoluta del volumen de la maquinaria y de las construcciones industriales que existían en el país y un aumento de la antigüedad promedio de las plantas y equipos industriales. Este proceso se ha revertido, en parte, durante la década del noventa. A partir de 1991 y hasta 1994 aumentó significativamente la tasa de inversión, el producto industrial y, consiguientemente, el stock de capital invertido. También se registra un cierto rejuvenecimiento del stock al haberse incorporado nuevas máquinas y dispositivos y al haberse dado de baja equipamiento obsoleto (Borello, Vio y Fritzsche, 2000).

En cuanto a la distribución geográfica de la industria, tal como ya fue mencionado, la implementación de los regímenes de promoción industrial regional propició una desconcentración de la actividad que encontró su auge en las décadas del ‘70 y ‘80. El período intercensal anterior (1974-1985) manifiesta claramente esta tendencia, particularmente en los datos de empleo y establecimientos industriales.

3.4. El desempeño de la industria en la
RMBA (1985-1994)

La comparación de los datos de los últimos dos censos nacionales económicos (1985-1994) permite identificar tres tendencias significativas en la dinámica de la producción industrial nacional que incluyen como principal protagonista a la RMBA1. En primer lugar, se produjo un aumento de la participación relativa de esta región en el total de la industria argentina; en segundo término, aumentó la participación relativa de la Ciudad de Buenos Aires en la RMBA, y por último, se registró un incremento del número absoluto de locales industriales de dicha ciudad (Borello, Vio y Fritzsche, 2000).

Las dos primeras tendencias se inscriben en el contexto de desarticulación de los mecanismos de incentivos a la relocalización por la vía de la exención de gravámenes fiscales, dando lugar a la reconcentración en la RMBA. Puede afirmarse, entonces, que al retraerse los indicadores industriales generales (empleo, valor bruto de producción, inversión, establecimientos), la tendencia desconcentradora se revirtió al desaparecer el elemento que distorsionaba el anterior proceso de concentración en la RMBA, preponderante durante toda la historia de la industrialización argentina (Fritzsche, 2001). Además, están relacionados con la caída de muchas de las agroindustrias regionales, la inversión industrial extranjera y nacional concentrada en la RMBA en la última década, y al interior de la Ciudad de Buenos Aires, la adecuación de viejas plantas industriales y una fuerte expansión de microempresas (en algunas zonas y ramas) -contrariamente a lo que mostró el período intercensal anterior, que señalaba un aumento en la participación de las PyMEs en la industria. Estos dos últimos fenómenos también aportan a la explicación de la tercera tendencia antes mencionada (Borello, Vio y Fritzsche, 2000).

Según los resultados del Censo de 1994, la industria argentina mostró signos de reconcentración geográfica. De este modo, la participación relativa de la RMBA (medida en total de ocupados industriales, promedio, durante el año anterior al Censo) pasó del 57% en 1973 al 51% en 1984, para volver a aumentar, al 53%, en 1993. La misma evolución puede apreciarse si consideramos otras variables como el número de locales industriales o el valor bruto de producción, en el que la RMBA alcanza el 60%.

Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que nos estamos refiriendo a la participación relativa y no a la evolución absoluta, que mostró, como es sabido, signos negativos, excepto en el número de establecimientos. Así, este proceso de reconcentración estuvo caracterizado por una fuerte reducción del empleo (entre 1985 y 1994) el nivel nacional y también de la RMBA (cayó un 23%). En otro sentido, estuvo acompañado por una leve expansión de los locales industriales que está más bien asociada a una dinámica de cierre de los locales medianos y grandes (más de 50 ocupados) frente a la apertura de locales pequeños, con muy pocos ocupados.

Es la dinámica de la ciudad de Buenos Aires la que explica en mayor medida la expansión relativa de la RMBA en el conjunto del país, ya que la participación de los partidos de la provincia de Buenos Aires se mantiene prácticamente constante en el último período intercensal.

3.5. Tendencias posteriores a 1994

Existen otras tendencias más allá de los datos registrados en los censos que podemos enunciar brevemente para brindar un panorama más completo. En primer lugar, se ha verificado una orientación de las inversiones industriales hacia la periferia de la RMBA, particularmente en los partidos del norte, ya sea que se trate de ampliaciones de plantas existentes o de nuevas instalaciones industriales. Esta dinámica ha adquirido un gran impulso en la década del ‘90, sobre todo en la industria automotriz, en el sector de alimentos y bebidas, y en el de derivados del petróleo y gas (Blanco, 1996; Russo, 2000).

Estos desplazamientos no se detectan a partir de los datos censales, ya que no alteran sustancialmente los indicadores de empleo y de locales por partido. Esto puede explicarse, en parte, porque estos movimientos son compensados por el cierre y reestructuración (al menos en términos de racionalización de puestos de trabajo generados) de antiguas plantas en los mismos partidos en donde se verifican las inversiones industriales (Fritzsche, 2001).

Considerando los años posteriores al Censo de 1994, el proceso de reestructuración industrial metropolitana se relaciona con las nuevas condiciones de estabilidad macroeconómica y con el ingreso de la economía argentina en esquemas de integración regional-global. Este nuevo escenario posibilitó la reemergencia productiva de los tradicionales centros urbanos del país (la RMBA principalmente, y las regiones metropolitanas de Córdoba y Rosario, en menor medida), que fueron los destinatarios principales de la IED de origen industrial en los años ‘90 (Blanco, 1996; Russo, 2000). En el caso de la RMBA, este proceso está comandado por la implantación selectiva de IED en industrias modernas para participar del mercado doméstico y complementar su producción local con filiales externas a través de una división regional del trabajo en el marco del MERCOSUR. Los partidos del norte de la RMBA han presentado el mayor dinamismo en la atracción de inversión industrial, captando el 55% de los 6.500 millones de pesos destinados a la inauguración de nuevas plantas. Por otra parte, en la zona sur de la RMBA, el partido de La Plata tiene la mayor participación en la IED no discriminada de la actividad económica (CEB, 1999; Ciccolella, 1999).

Este sesgo de las inversiones hacia el norte de la RMBA, principalmente sustentado en decisiones del capital global, obedece, entre otras razones, a las condiciones de sitio y posición de este espacio metropolitano, configurado a través del Acceso Norte (tanto en su eje troncal a Campana como en sus ramales a Tigre y a Pilar). Por un lado, posee el mejor acondicionamiento en infraestructura de circulación en la escala intra e intermetropolitana (sitio), y por el otro, al constituirse en la ruta del MERCOSUR, por su posición estratégica, se presenta con las mejores posibilidades de articulación productiva con espacios externos. Este escenario es el que favoreció el éxito del Parque Industrial Pilar, que desencadenó luego toda una serie de nuevos proyectos de aglomeraciones industriales planificadas en el territorio metropolitano (Briano, 2002; Rivadulla, 2000).

4. Antecedentes y situación
actual de los PI en la
Argentina y en la RMBA

En Argentina, los primeros proyectos de PI datan de las décadas del ‘50 y ‘60, aunque en la mayoría de los casos sufrieron atrasos de años y hasta décadas en su puesta en marcha. En 1980 se produjo una gran expansión ya que se pusieron en funcionamiento una serie de parques industriales, se poblaron algunos que durante años estuvieron inactivos como los de La Rioja y San Juan y surgieron nuevos proyectos de parques y otras aglomeraciones industriales, muchos de ellos estimulados por políticas de promoción industrial regional y sectorial. Como consecuencia de esta expansión, a mediados de la década de 1990 existían alrededor de 150 aglomeraciones industriales planificadas, localizadas mayoritariamente en provincias con trayectorias industriales breves: San Luis, La Rioja, Tierra del Fuego, Chubut y Entre Ríos. Sin embargo, gran parte de las aglomeraciones industriales planificadas presenta bajos niveles de ocupación. En este sentido, la oferta de parques y zonas industriales ha superado siempre a la demanda. De las 154 aglomeraciones existentes (hacia 1995), más del 80% no alcanzaba las 17 plantas. A su vez, la mayoría de dichas aglomeraciones eran estatales y una gran proporción presentaba una subutilización de la tierra. En general presentaban diversidad de establecimientos por tamaño, por actividad o por el tipo de firma. En cuanto al tamaño, predominaban los establecimientos medianos, mientras que las plantas pequeñas eran minoría. Esto último obedece a que la mayor parte de las aglomeraciones se instalaron en provincias promocionadas, y ésta resultó una política inadecuada para promover a las pequeñas industrias. Por último, cabe mencionar que sólo dos PI presentaban especialización, en las provincias de Tierra del Fuego (electrónica) y del Chubut (textil). En el resto existía una variedad de actividades, predominando las de más fácil traslado como la textil y de confecciones, haciendo uso intensivo de la mano de obra (Garay, 1995).

La recuperación del protagonismo industrial de la RMBA, asociada en parte con el declive de los regímenes de promoción antes mencionados, plantea una cierta relación con la proliferación de los PI en la Región. Actualmente, encontramos los siguientes: CIPO (Escobar), Pilar, La Plata, CIR-2 (Berazategui), Malvinas Argentinas (ex Zona Industrial Tortuguitas), La Cantábrica (Morón), Zárate y Campana. Además, existen numerosos proyectos de PI, entre los que podemos mencionar: Berisso -donde se encuentra un Polígono Industrial y Polo Tecnológico de Servicios-, Avellaneda, Burzaco (Almirante Brown) -donde existe un Sector Industrial Planificado-, Cañuelas, Esteban Echeverría, Ezeiza, Garín (Escobar), Guernica (Presidente Perón), José C. Paz -en la ex planta de la curtiembre Macusa-, La Tablada (La Matanza) -en la ex planta de la metalúrgica Acindar-, Lanús, Hurlingham, Moreno, Quilmes y San Miguel.

El punto siguiente presenta una caracterización de tres PI que expresan las diferencias intrametropolitanas que destacamos antes. Esas desigualdades están relacionadas con las distintas maneras en las que se articula la regulación del uso del suelo con su entorno socio-económico (o geográfico en sentido amplio), en cada caso.

5. Caracterización de tres
parques industriales con
perfiles diferentes

5.1. Parque Industrial Pilar (PIP)2

El Parque Industrial Pilar (PIP) está ubicado cerca de la Ruta Nacional Nº 8 (Autopistas del Sol, ramal Pilar), a 60 kms. de la Ciudad de Buenos Aires y a 10 kms. de la ciudad de Pilar, provincia de Buenos Aires (ver Mapa 1). Su superficie es de 920 hás., de las cuales el 96% está vendido. Fue fundado en 1973 por Lago Verde S.A., firma presidida por el empresario Meyer Oks. A partir de 1991, tanto la comercialización de los lotes como la radicación de nuevas firmas experimentó un notable incremento. Cabe aclarar que de las 170 parcelas vendidas, sólo el 60% tiene establecimientos, ya sean plantas industriales o edificios de empresas de servicios.

El factor de ocupación del suelo (FOS: 0,5) determina que el PIP no tenga la apariencia de un parque industrial tradicional, debido a lo abierto de la trama y la predominancia de superficies con cubierta vegetal (Bozzano, 1999), sumado a la gran proporción de parcelas desocupadas. El factor de ocupación total (FOT: 1) promueve la escasez de construcciones altas, sólo posibles en lotes muy grandes.

Con respecto a los accesos, el más antiguo de ellos consiste en una calle asfaltada de 2 kms., que empalma con la autopista en el km. 60. En 2000 fue habilitada una nueva vía de ingreso al PIP, la autovía El Petrel, de 4 kms. de extensión, la cual se une con la autopista en el km. 56. Por otra parte, la circulación interna está organizada según un sistema de calles pavimentadas de 25 m. de ancho, que terminan en rotondas, para facilitar las maniobras de los camiones. La longitud total de la red es de 25 kms.

Uno de los aspectos destacados del PIP consiste en la calidad de la infraestructura, el equipamiento y los servicios que ofrece, ya que desde que se estableció se ha ejercido un riguroso seguimiento y control de gestión para asegurar el uso eficiente de los mismos. Para tal fin, el consorcio y la administración han planteado un contacto permanente con las empresas que suministran servicios, los cuales presentan las siguientes características:

- El agua potable es por perforación. La napa se encuentra entre los 50 y 60 metros de profundidad y se permiten extraer hasta 240.000 litros por día por hectárea. El PIP cuenta con una subestación de la empresa Edenor conectada con una central, lo que impide cortes imprevistos de energía. Esta subestación transforma la energía recibida y la distribuye según los requerimientos de cada planta.

- El servicio telefónico lo brinda Telefónica de Argentina. El equipamiento consta de redes de fibra óptica, la Central Parque Industrial Pilar, un moderno sistema de cableado interno y 3.000 líneas telefónicas con tecnología digital.

- La empresa que distribuye el gas natural es Gas Ban. El PIP se encuentra conectado al Gasoducto del Norte, lo que asegura caudal y presión constantes durante todo el año. Una cámara reductora satisface las distintas necesidades de cada planta industrial.

- La red de desagüe de los efluentes industriales consta de 25 kms. de cañerías de hormigón y 250 cámaras de inspección. Además, las plantas cuentan con piletas de tratamiento de efluentes.

- Los desagües pluviales soportan lluvias de hasta 100 mm/hora. Son a cielo abierto a través de cunetas.

- Los efluentes cloacales, previo tratamiento mediante cámaras sépticas, cloradores y aireadores, son tratados junto a los efluentes industriales.

- La empresa de autotransportes San José vincula al PIP con la ciudad de Pilar y las localidades próximas, con una frecuencia de un coche cada 10 minutos en las horas de mayor demanda, y su recorrido abarca todas las plantas del PIP.

- La Cámara Empresaria del PIP provee servicios de bomberos y de recolección de residuos que no son suministrados por el Municipio.

Entre los aspectos que contribuyen a que el PIP sea atractivo es necesario considerar también los siguientes aspectos: el papel que desempeñan el consorcio de propietarios y el consejo de administración, las funciones que presta el centro administrativo (báscula, banco, enfermería, correo, fotocopiados, kiosco, dos restaurantes, piscina y cancha de golf con tres hoyos), un exigente reglamento de uso del suelo, el apoyo a la industria que proporcionan algunas empresas de servicios y las exenciones impositivas y condiciones normativas favorables para la radicación.

En lo que se refiere al proceso de instalación de plantas industriales, el comienzo de las actividades del PIP fue promisorio. En los primeros años, se realizaron ventas a empresas grandes, nacionales y multinacionales. En cambio, durante la década del ‘80 esta tendencia se revirtió: las ventas y radicaciones descendieron drásticamente, mientras crecía aceleradamente el número de empresas que se instalaban en provincias promocionadas, cuyos parques industriales, en general, estaban lejos de ser un modelo de diseño e ingeniería. En el siguiente decenio, la tendencia anterior dio un vuelco y se produjo una notoria aceleración en la venta de lotes y la radicación de empresas. En 1989 había 40 firmas, mientras que en 1991 el número ascendió a 60. En 1999 la cifra llegó a 117 empresas radicadas y 24 proyectadas, siendo el número total de plantas industriales en el partido de Pilar, en ese momento, 332. Actualmente existen 128 firmas (incluyendo empresas industriales y de servicios).

Las empresas nacionales constituyen aproximadamente el 60% del total del PIP, mientras que el 40% restante se lo reparten empresas extranjeras o joint ventures con empresas nacionales. La facturación anual del conjunto de las empresas radicadas oscila alrededor de los $ 2.500 millones de pesos. La mano de obra ocupada en el PIP asciende a 11.000 personas y otras 10.000, que viven en Pilar y en los partidos vecinos, prestan servicios en forma indirecta a las industrias (estimación de Caminos del Oeste, 1999).

En cuanto a la cantidad de puestos de trabajo ocupados por planta, de acuerdo con una consulta telefónica realizada en 2000, sólo contamos con la información referida a las 20 firmas que respondieron a la pregunta sobre el personal ocupado. De ellas, 14 presentan entre 6 y 50 ocupados, 3 plantas ocupan entre 51 y 100 personas, y los 3 establecimientos restantes emplean a más de 100 operarios. Si bien esta muestra no es representativa (cubre menos de un 20% del total del PIP), los datos que presenta parecen contradecir las estimaciones de Caminos del Oeste (Lago Verde S.A.), según las cuales el promedio de ocupados por planta rondaría las 100 personas, mientras que ese promedio sólo alcanzaría los 70 ocupados por planta, de acuerdo con la muestra. De todas maneras, ambas informaciones estarían revelando un predominio relativo del estrato mediano en el tamaño de planta promedio.

Con respecto a la relocalización, la consulta telefónica incluyó a 26 firmas (más del 20% del total), de las cuales, 11 ya contaban con plantas en el país, antes de instalarse en el PIP. De éstas, ninguna correspondió al caso de una empresa que tuviera una radicación previa en el partido de Pilar. Esta situación estaría evidenciando un escaso estímulo al traslado al parque industrial por parte de las firmas del partido, mientras que sí lo hay, sobre todo, para empresas localizadas en la RMBA, particularmente, de la primera y segunda coronas metropolitanas y de la ciudad de Buenos Aires.

Desde el punto de vista sectorial, el PIP no presenta especialización, tal como puede observarse en el Cuadro 1. De todas maneras, los tres sectores mayoritarios (plástico, químico y alimenticio) concentran más de la mitad de las plantas del parque (61,5% en 1999 y 56,3% en 2002). Cabe recordar que los partidos de la denominada tecera corona de la RMBA, presentan una estructura sectorial similar, concentrando un 60% de las industrias en tres ramas: alimenticia, química y productos de metal (Borello, Vio y Fritzsche, 2000). Analizando la composición por ramas, cabe destacar el comportamiento de los plásticos y de las actividades no industriales, que duplicaron el número de plantas entre 1999 y 2002. Además, estas últimas vienen creciendo ininterrumpidamente desde 1994, lo cual consideramos que contribuye a complementar la actividad manufacturera a partir de los servicios de apoyo que prestan a la industria.

Teniendo en cuenta las consideraciones formuladas en el punto 1.2. sobre organización industrial y parques industriales, el PIP presenta algunas características que no favorecen los vínculos entre las empresas y con el territorio, ni propician, por tanto, el logro de una competitividad sistémica. Como ejemplo, podemos mencionar las siguientes: se prioriza el negocio inmobiliario, ya que no existe ninguna política que garantice la plena actividad del parque; no se fomentan los encadenamientos productivos ni la radicación de empresas con redes de subcontratistas; no se promueve ningún tipo de especialización productiva, ni a las PyMEs; tampoco se estimula la relocalización de empresas con necesidades de ampliación de espacio o con plantas antieconómicas; por otra parte, no existen mecanismos de cooperación entre firmas para la compra conjunta de insumos, servicios y materias primas, ni para plantear estrategias asociativas de exportación; por último, no se han diseñado instrumentos para la difusión y circulación de la información y el conocimiento entre las firmas, tales como centros tecnológicos e institutos de investigación.

Finalmente, cabe destacar que existen algunos proyectos tendientes a complementar y mejorar algunos servicios: un complejo logístico contiguo al PIP, asociado a la prolongación del Ferrocarril (Ferrovías), cuya actual cabecera (estación Villa Rosa) se encuentra a 1 km. del predio; una zona adyacente al PIP para radicación de PyMEs; y un parque industrial próximo, en jurisdicción de los partidos de Exaltación de la Cruz y Pilar.

5.2. Parque Industrial La Cantábrica (Morón)3

A diferencia del Parque Industrial Pilar, la creación del Parque Industrial La Cantábrica (PILC) implica la recuperación productiva de un conjunto edilicio que perteneció a la firma homónima, instalada en el partido de Morón en 1902. En la fábrica La Cantábrica se laminaba acero y se producían grandes piezas de fundición. Llegó a emplear 8.500 personas en su etapa más fructífera, iniciando su declive con el quiebre del modelo de industrialización sustitutiva a mediados de los años setenta. Finalmente, la planta fue cerrada en 1992.

El predio ocupa 18,8 há. y la superficie cubierta es de 8,5 há. Se localiza en el partido de Morón, provincia de Buenos Aires, a 18 kms. del centro de la Ciudad de Buenos Aires, junto a la antigua playa de maniobras y los talleres del ex ferrocarril Sarmiento (hoy TBA), pertenecientes a la estación de Haedo, muy cerca de la Avenida Presidente Perón y a pocas cuadras del nuevo Acceso Oeste. A su vez, se ubica a seis cuadras de la Avenida Rivadavia (Ruta Nacional Nº 7) y a 14 del Camino de Cintura (Ruta Provincial Nº 4). Actualmente el PILC se encuentra en proceso de ampliación, debido a la incorporación de las 20 ha correspondientes a la playa ferroviaria en desuso (Stupenengo, 2002). Las calles que rodean al predio presentan un pavimento visiblemente deteriorado debido al abundante tránsito pesado que circula en ellas, situación agravada por el escaso mantenimiento. Se encuentra emplazado en un barrio donde se mezclan usos residenciales e industriales (CEB, 1999).

En cuanto a la infraestructura y equipamiento -financiados por el sector privado-, el parque cuenta con pavimento interior, energía eléctrica de media y baja tensión, agua corriente de red, desagües cloacales y pluviales con plantas de tratamiento, gas industrial y teléfono. Las firmas del PILC formaron un consorcio que se ocupó de las negociaciones con las empresas de servicios públicos y de acordar, en forma conjunta, las refacciones y mejoras con compañías constructoras especializadas en edificios industriales. Como resultado de estas negociaciones, en el caso del gas y de la electricidad, las empresas proveedoras se hicieron cargo de inversiones estimadas en $500.000. Por otra parte, las firmas radicadas en el parque comparten gastos comunes como los de seguridad y el control de accesos.

El PILC fue creado por medio de una ley provincial de 1997 (con un decreto reglamentario de 1999) y se enmarca en la ley de parques de la provincia, que prevé la puesta en marcha de parques urbanos. Un aspecto distintivo a resaltar es el carácter mixto (público/privado) del emprendimiento y la suma de actores intervinientes. La Unión Industrial del Oeste (UIO) fue la entidad que impulsó el proyecto en 1994, a la que se sumaron el gobierno de la Provincia de Buenos Aires y la Municipalidad de Morón. Este esfuerzo conjunto dio lugar a la formación del Ente de Promoción Industrial Buenos Aires-Morón (EPIBAM). A la iniciativa de las tres instituciones que pusieron en marcha el proyecto se les sumó la Universidad de Morón (privada), la Universidad Tecnológica Nacional, Regional Haedo (pública) -que han venido colaborando en la realización de estudios de impacto ambiental, así como en la evaluación de la infraestructura y los servicios del PILC-, y más tarde, el Instituto de Desarrollo Empresarial Bonaerense (IDEB), dependiente del gobierno provincial. Las dos universidades, junto con la UIO, han creado el Centro Tecnológico del Oeste Bonaerense (CETOB) "con el propósito de capacitar al personal de las PyMEs para aumentar su nivel de productividad y competitividad" (EPIBAM, 1999). Del CETOB dependen un centro de matricería y un laboratorio de ensayos eléctricos, que se encuentran junto al comedor y bar del parque (que está concesionado y en funcionamiento). Además, en el edificio que fue sede de la administración de la antigua metalúrgica, se encuentran el centro IDEB de Morón, las oficinas de la UIO y del EPIBAM. Este conjunto de decisiones, así como el número y la composición de los actores intervinientes, le otorgan al PILC un perfil diferente en relación a otros emprendimientos, principalmente de índole privada.

Otro aspecto destacable del PILC es que la aprobación de los 37 emprendimientos en marcha -31 empresas en funcionamiento y seis que están reestructurando sus plantas- surge de un largo proceso de selección en el que fueron analizadas unas 150 carpetas presentadas al EPIBAM. Los proyectos surgieron de diversas actividades que realizó el ente, incluyendo la recopilación de todas las iniciativas que se manejaban para la zona en el ámbito de las tres instituciones que formaron el EPIBAM y variadas actividades de difusión. Para la adjudicación de las naves industriales, las empresas solicitantes debían cumplir con algunos de los siguientes requisitos: ser PyME -en el contexto argentino, se considera que una PyME industrial emplea entre 6 y 100 ocupados y factura un máximo de unos $12 millones anuales (Gatto & Ferraro, 1997)-, poseer antecedentes industriales y proyectos de crecimiento, contar con plantas industriales antieconómicas o mal localizadas, presentar necesidades de ampliación de espacio, estar dirigidas por empresarios dispuestos a compartir una misma localización con otros industriales, contar con recursos propios disponibles y/o poseer capacidad de endeudamiento para realizar una inversión edilicia, y desarrollar procesos industriales de bajo impacto ambiental (Errandonea, 2000).

El ente evaluó la consistencia y lógica de cada proyecto, el involucramiento de los dueños en la decisión de instalarse en el parque, la aceptación plena de las condiciones y del riesgo de invertir antes de tener una titularidad efectiva del espacio en donde se efectuaría la inversión. Al momento de aprobarse el proyecto, las empresas firman un contrato de comodato con el EPIBAM, comprometiéndose a acondicionar el edificio asignado y a comenzar a producir. Si no cumplen ese compromiso el ente puede rescindir el contrato (y de hecho esto ha sucedido en algunos casos). Las empresas luego adquieren el predio asignado y pagan un monto que surge del estado original en el que encontraron el predio. El EPIBAM vende las parcelas como parte de un consorcio que, cuando se hayan transferido en su totalidad, pasará a ser manejado por los mismos industriales y hará que se disuelva el ente. Se les exigió a las empresas que hicieran un traslado completo de sus actividades de transformación y se intentó minimizar la especulación inmobiliaria típica de los parques de fomento en la Argentina (Borello, 1998). Cada aprobación ha implicado de tres a cinco reuniones con los responsables de cada proyecto. "La distribución del espacio se realizó en base a las necesidades de las empresas, teniendo en cuenta su lógica necesidad de expansión y las disponibilidades financieras para afrontar la refuncionalización de los inmuebles adjudicados. La adjudicación final se realizaría siempre y cuando la empresa culminara con las obras e instalase la planta industrial" (Errandonea, 2000: 3).

El PILC tiene, además, singulares características debido al entorno en el que se localiza. Es así que puede caracterizarse como de tipo urbano, dado que se ubica en un municipio perteneciente a la primera corona metropolitana, y por lo tanto, con un tejido urbano altamente consolidado. En estos casos, el espacio es utilizado más intensamente en comparación con los PI que se despliegan en los bordes externos de la RMBA. En consecuencia, la localización, además de la dimensión e imposibilidad física de expansión de las firmas, dificultan la radicación de plantas de gran envergadura en este parque -con la excepción de la firma Siderar, que tiene una planta lindera al parque (ARSA), que se expandirá en tres hectáreas que le han sido asignadas dentro del mismo-. Por ello, las radicaciones son emprendimientos en su mayoría de tamaño medio dentro del espectro PyME. Según datos del EPIBAM, el PILC parece haber desencadenado una relativa dinamización de la actividad industrial en el municipio, ya que ha logrado la localización de 37 empresas, las que, en promedio, ocupan unos 2.000 m2 y facturan unos $ 4 millones anuales. En conjunto, alcanzan una facturación de alrededor de $ 100 millones anuales, un 20% de la producción industrial total del municipio, y emplean directamente unas 1.400 personas. Cabe aclarar que se trata de empresas que desarrollan actividades de riesgo ambiental relativamente bajo.

El PILC fue inaugurado oficialmente el 2 de septiembre de 1999, con la puesta en marcha de ocho empresas. A fines de ese mismo año un primer grupo de 12 empresas estaba completando su instalación, mientras se preveía la instalación de un segundo grupo de 23 firmas durante el año 2000. Actualmente existen 31 plantas en funcionamiento y seis en reestructuración.

Desde el punto de vista sectorial, el PILC no está especializado en ninguna rama en particular, tal como se observa en el cuadro 2. De todas maneras, los cuatro sectores principales -caucho y plástico, maquinaria y aparatos eléctricos, productos de metal, y maquinaria y equipo- aportan más de la mitad de las plantas del parque (el 57,1%). En este sentido, los partidos pertenecientes a las llamadas primera y segunda corona de la RMBA -donde se encuentra Morón- presentan una composición sectorial de acuerdo a la cual los productos de metal, maquinaria y equipo y alimentos concentran el 54% de las plantas industriales (Borello, Vio y Fritzsche, 2000).

Desde el punto de vista de la organización industrial, el PILC -a diferencia del caso anterior- presenta algunas características novedosas que no se han hecho presentes prácticamente en ninguno de los PI existentes en la RMBA, ya que son el resultado de la asociación entre actores locales públicos y privados -con el firme sostén del gobierno provincial- en función de un proyecto que privilegia el desarrollo de la actividad industrial, fomentando específicamente a las PyMEs.

Entre estas características, cabe destacar: una política industrial activa por parte de los actores intervinientes, ya que se seleccionan los proyectos en función de su viabilidad, compromiso del empresario con la actividad, el tamaño, la posibilidad de relocalización y refuncionalización de la planta, y el impacto ambiental; mecanismos de cooperación entre firmas para la compra conjunta de insumos, servicios y materias primas y para plantear estrategias asociativas de exportación; instrumentos para la difusión y circulación de la información y el conocimiento entre las firmas, como el CETOB, la UTN y la Universidad de Morón.

Lo más significativo que caracteriza al PILC es la experiencia institucional, no la ingenieril o arquitectónica. En este sentido, se aleja del superado concepto de "country industrial", donde sólo se comparten gastos, para fortalecer los vínculos entre las empresas y con el territorio, tendiendo a alcanzar una competitividad sistémica.

Por último, y para resaltar el dinamismo de este emprendimiento, cabe mencionar el proyecto de ampliación en curso que contempla la incorporación de 20 há. a partir de la desafectación de la playa ferroviaria por parte del Estado nacional y su adjudicación al EPIBAM para la construcción de plantas industriales destinadas a 50 PyMEs, aproximadamente (Stupenengo, 2002).

5.3. Parque Industrial La Plata (PILP)4

Este agrupamiento industrial surgió a partir de una iniciativa municipal de 1995 y fue aprobado por el gobierno provincial en 1997. Se encuentra en la intersección de la Ruta Nº 2 con la Ruta provincial Nº 13 (Avenida 520), en la localidad de Abasto, partido de La Plata, y a 54 kms. de la ciudad de Buenos Aires. Cuenta con una vía férrea que lo comunica con el Puerto de La Plata.

La superficie total del PILP es de 58 há. Este parque está dividido en fracciones separadas por calles internas. A su vez, estas fracciones se subdividen en lotes que contienen una parte edificada (con plantas fabriles) y otra libre, haciendo que la trama del parque sea abierta. En este sentido, presenta las características tradicionales de un PI, al igual que el de Pilar y a diferencia de La Cantábrica. De las 58 há. totales del PILP, 40 corresponen a lotes y el resto a calles internas y espacios verdes. De esas 40 há., 31 (un 77,5%) están ocupadas por lotes con plantas en funcionamiento o en construcción. Cabe aclarar que todos los lotes están vendidos.

La Municipalidad de La Plata implementó este proyecto en una parcela rural donada por el gobierno provincial. En 1995 se creó un ente autárquico -el Instituto de Desarrollo de Parques Industriales (IDPI)- que aprobó el proyecto y se disolvió en 1998, cuando se vendieron todos los lotes, constituyéndose así un consorcio integrado por las empresas propietarias, el cual quedó a cargo de la administración. De todas maneras, la Subsecretaría de Desarrollo de Parques Industriales de la Municipalidad de La Plata, que llevó adelante el proyecto elaborado por la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), Regional La Plata, es la que gestiona y administra la compra y venta de lotes, con lo cual se busca limitar la especulación inmobiliaria. Cabe aclarar que las oficinas de la administración no se encuentran dentro del PILP, sino en la misma sede de la Subsecretaría, en el centro de la ciudad de La Plata.

En cuanto a la infraestructura y el equipamiento, el PILP cuenta con provisión de agua (en volúmenes para pequeñas y medianas industrias), gas natural, energía eléctrica, teléfonos, desagües cloacales, pluviales e industriales, así como con calles internas pavimentadas. En cuanto a los dos accesos: el de la Ruta 2 y el de la Ruta Provincial 13 (Avenida 520), cabe destacar que ambos se encuentran en buen estado de mantenimiento.

Si bien el proyecto originalmente fue diseñado para posibilitar la radicación de pequeñas empresas industriales, la falta de capacidad financiera de estas firmas impidió la concreción de esta iniciativa. De esta manera, el PILP fue principalmente ocupado por empresas medianas, cuya demanda de localización fue determinando el perfil del parque. En cuanto a las condiciones para la radicación, las firmas cuentan con exenciones impositivas provinciales y municipales. Asimismo, el PILP ofrece incentivos adicionales para las siguientes actividades: "Elaboración de productos cuya materia prima principal sean hortalizas, verduras, leguminosas o frutas en estado natural; elaboración de productos de plástico y petroquímicos, y fabricación de productos electrónicos" (IDPI, 1997: 3). Sin embargo, no se ha radicado ninguna firma dedicada a las actividades promocionadas. Del total de las 13 empresas propietarias de los lotes, 10 se encontraban en actividad y las tres restantes tenían la planta en construcción a mediados de 2000. Por último existían tres lotes adquiridos vacíos, que ocupaban una superficie de unas 10 hás. De acuerdo a las estimaciones de la Subsecretaría de Desarrollo de Parques Industriales de la Municipalidad de La Plata, con las 13 plantas en funcionamiento el PILP generaría cerca de 2.000 puestos de trabajo ocupados, lo cual resulta dudoso, ya que implicaría un promedio de más de 150 ocupados por planta, superando ampliamente los promedios del PIP (unos 80 puestos de trabajo por planta) y del PILC (aproximadamente, 40).

Con respecto a la relocalización, del conjunto de las plantas, aproximadamente el 30% corresponde a empresas del partido de La Plata que trasladaron su fábrica al PILP. El resto son nuevos emprendimientos y localización de filiales de firmas extranjeras.

En cuanto a la estructura sectorial, en el caso del PILP, como en los dos anteriores, no se observa una especialización, aunque predominan las ramas industriales ligadas a la construcción (4 plantas), como puede apreciarse en el Cuadro 3. En este sentido, dicha estructura no se asemeja a la de los partidos de la tercera corona metropolitana -donde se encuentra el partido de La Plata-, ya que las ramas predominantes son alimenticia, química y productos de metal.

Desde el punto de vista de la organización industrial, lo más destacado -a nuestro criterio- es la discordancia entre los objetivos y propósitos de los actores estatales intervinientes (municipal y provincial) en la creación del PILP, por un lado, y los resultados, por el otro. En este sentido, por ejemplo, si bien el proyecto inicialmente pretendió favorecer la radicación de pequeñas empresas industriales, la falta de capacidad financiera de estas firmas lo impidió, lo que revela la falta, por un lado, de instrumentos eficaces de planificación, y por otro, de apoyo crediticio a las firmas. Estas falencias se relacionan con una práctica corriente en los organismos de la administración pública responsables de las políticas referentes a las actividades productivas, las que, por otro lado, hacen aparecer al sector privado como la mejor opción y actor privilegiado en el impulso del desarrollo económico e industrial. Por otra parte, si bien el municipio se propone evitar la especulación inmobiliaria, no existen mecanismos eficaces que la desalienten, lo cual se comprueba en la existencia de lotes vacíos. Además, como en el caso de Pilar, no se observa la implementación de políticas industriales específicas que favorezcan encadenamientos productivos, la cooperación entre firmas y la circulación de la información y el conocimiento.

6. Reflexiones finales

A continuación presentamos algunas reflexiones que surgieron a lo largo de la elaboración de este trabajo y que pueden guiar futuras líneas de investigación acerca de la relación entre los parques industriales y la organización de la industria metropolitana.

La primera reflexión se refiere a la categoría de Parque Industrial, la cual presenta heterogeneidades en su interior que se manifiestan, por ejemplo, en el criterio de localización, el tipo de emprendimiento (privado, público o mixto), las características de la infraestructura y servicios, el tamaño, procedencia y rama de actividad de las firmas que lo integran, los actores que lo implementan (públicos o privados), y el distinto grado de articulación entre las empresas y el entorno local.

En segundo lugar, consideramos que las diferencias entre los distintos parques caracterizados se relacionan con especificidades propias de los distintos ámbitos geográficos de la RMBA. Por ejemplo, el éxito del parque industrial Pilar -en términos de venta de lotes y radicación de plantas- posiblemente esté vinculado con su localización estratégica en la ruta del MERCOSUR. Es así que los partidos del norte de la RMBA concentran gran parte de las inversiones (particularmente las IED), lo cual condiciona fuertemente la viabilidad de este tipo de proyectos en dichos partidos, generando una suerte de "círculo virtuoso".

Tercero, pensamos que aunque los PI surgen en parte como respuesta a ciertas necesidades específicas de reorganización del espacio industrial, en el ámbito de la RMBA, su desarrollo y consolidación se sustenta mayormente en una oferta conveniente de localización, por ejemplo, por exenciones impositivas y/o por cercanía a las vías de circulación rápida, y no necesariamente debido a una oferta basada en nuevas formas organizativas de la producción. Esto se observa a partir del Cuadro 4 de resumen comparativo, por ejemplo, en la escasa relación que presentan las firmas entre sí en cada uno de los parques, en la casi nula articulación con los actores locales (a excepción de La Cantábrica) y en la presencia de ramas de actividad que no obedecen a un intento planificado de estimular eslabonamientos productivos. A partir de esto, estamos en condiciones de afirmar que la presencia de parques industriales en la RMBA no puede adjudicarse a una fuerte demanda de "nuevos espacios industriales". Es más, parecen expresar la fuerte competencia intrametropolitana por atraer inversiones industriales. Esto se pone de manifiesto a partir de la gran diversidad de iniciativas municipales y privadas fragmentadas que, si bien se enmarcan en normas provinciales, no responden a una política industrial articulada en una escala mayor (provincial o nacional), es decir, en función de una planificación estratégica.

En cuarto lugar, los PI no se establecieron sólo en la tercera corona como podría esperarse, ya que hacia allí ha destinado mayoritariamente sus emprendimientos el capital privado (Pilar, Zárate, Escobar y La Plata, entre otros), sino que también han surgido en los bordes de la segunda corona (por ejemplo, Tortuguitas, en Malvinas Argentinas y CIR-2, en Berazategui) y en la primera (La Cantábrica, en Morón). En este sentido, creemos que el surgimiento de parques industriales en la tercera corona está asociado al avance del proceso de metropolización, mientras que los que aparecen en la primera y segunda están más vinculados a procesos de refuncionalización y reestructuración del espacio urbano.

En quinto lugar, en algunos casos los PI se encuentran a la cabeza de la industrialización, atrayendo firmas e inversiones "extra-locales" y representando la mayor proporción de plantas industriales locales (el PIP en relación al partido de Pilar -Blanco, 2000-, mientras que en otros constituyen una estrategia para mantener la actividad, principalmente, con un peso relativo variable en el conjunto de la industria local (PILP y PILC en relación a La Plata y Morón, respectivamente, aunque mucho mayor en el segundo). Vinculado a lo anterior, creemos que la estrategia del PIP está asociada fundamentalmente al negocio inmobiliario de los lotes y propiedades industriales, mientras que en los otros dos (PILP y PILC) existe un interés por impulsar la actividad industrial, limitando (con muy distinto énfasis y éxito) la especulación inmobiliaria. En efecto, mientras que en el caso de La Cantábrica existen medidas concretas que desalientan dicha especulación, en el PILP este propósito industrialista es meramente discursivo.

Ahora bien, si la presencia de parques industriales se presenta como única estrategia de desarrollo industrial, su repetición en toda la extensión territorial de la RMBA y sin distinción de funciones entre ellos, fomentaría la competencia entre municipios por un mismo mercado de firmas. Esto, sin lugar a dudas, sumaría cero si de lo que se trata es de un aumento en la competitividad sistémica de toda la región. En consecuencia, resulta necesario pensar en otras políticas de desarrollo industrial que no partan sólo del planeamiento físico del territorio como la única posibilidad de atraer inversiones al ámbito local. Este tipo de estrategia para la promoción de la industria no asegura la atracción de más actividades productivas y menos aún la generación de más puestos de trabajo, con el agravante de que en la medida en que este mecanismo se repita en toda la extensión de la región, el costo de oportunidad que implique esta clase de alternativas será altísimo para municipios que cuenten con pocos recursos, en particular teniendo en cuenta la merma en los ingresos fiscales que deviene de las exenciones impositivas destinadas a la promoción de la actividad.

Por último, consideramos que la planificación territorial de la actividad industrial debe estar estrechamente vinculada con la planificación de la organización industrial. Esto puede lograrse con la intervención de los actores interesados en el desarrollo industrial y territorial -tanto en la escala local, como regional y otras más amplias: el Estado en sus diferentes niveles, los empresarios industriales, los sindicatos, las universidades y centros tecnológicos, las cámaras empresariales, y otras asociaciones locales, coordinando acciones que tomen en cuenta el lugar de referencia mayor que es la región y evitando la repetición de la oferta destinada a la localización de las actividades productivas. En este sentido, el PI tiene que servir para la planificación territorial de la industria, compatibilizándola con otras actividades y usos del suelo urbano (y periurbano).

1 Los datos analizados en esta sección se refieren a la Ciudad de Buenos Aires y los 19 partidos del conurbano (hoy 24, debido a la subdivisión de Gral. Sarmiento, Morón y Esteban Echeverría), ya que la información censal se encuentra discriminada de esta manera. El Censo de 1994 mantiene las jurisdicciones tal como se conformaban antes de este proceso de división.

2 Esta sección se basa en Briano (2002).

3 Esta sección se basa en Borello, Fritzsche y Fernández (2000).

4 Agradecemos la información y la colaboración brindada por la Arq. María Villegas, de la Dirección Provincial de Desarrollo y Parques Industriales de la Provincia de Buenos Aires; la Arq. María Rosa Pastor, asesora de la Subsecretaría de Desarrollo de Parques Industriales de la Municipalidad de La Plata y el Arq. Marcelo García Basilio, del Instituto Municipal de Promoción y Empleo.

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* Luis Esteban Briano, Licenciado en Geografía, Universidad de Buenos Aires (UBA). E-mail: luisbriano@yahoo.com.ar. Federico Javier Fritzsche, Profesor de Geografía (UBA). Investigador-docente del Instituto del Conurbano (ICO), Universidad Nacional de Gral. Sarmiento (UNGS). Profesor Adjunto del departamento de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Luján. E-mail: fritzsch@ungs.edu.ar. Marcela Laura Vio, Arquitecta (UBA) y Msc. en Economía Urbana (University College London). Investigadora-docente del ICO, UNGS. E-mail: mvio@ungs.edu.ar

** Este trabajo es el resultado de una profundización del artículo "Los parques industriales en el contexto de la reestructuración productiva y territorial de la RMBA" (Briano, Fritzsche, Rivadulla y Vio), publicado en Realidad Económica, 183 (2001). Buenos Aires: IADE.

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