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EURE (Santiago)

versión impresa ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) v.29 n.86 Santiago mayo 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612003008600008 

Françoise Dureau,
Véronique Dupont, Éva
Lelièvre, Jean-Pierre
Lévy y Thierry Lulle
(coords.) (2000).

Metrópolis en
movimiento: una
comparación
internacional.

Bogotá: Alfaomega, 552
páginas.

Este libro corresponde al resultado editorial de un taller con el mismo título, que fuera llevado a cabo en diciembre de 1998 en París. Se presentan en él estudios de caso, completos o parciales, de 19 ciudades: dos de Europa, seis de Africa, seis de América del Sur y una del Norte, y cuatro de Asia.

En rigor, este libro -a pesar de su forma original- no constituye un compendio de trabajos presentados en una reunión: antes bien, se trata de un esfuerzo de elaboración de una obra colectiva, donde se intenta obtener resultados de síntesis del trabajo realizado, tanto en términos de generar elementos comparativos entre ciudades tan diversas como Uagadugú y París, o Bangkok y Santiago de Chile, como de elaborar una interpretación general en extensión sobre nuevas tendencias urbanas, aprovechando para ello todas las experiencias develadas en el trabajo. Este esfuerzo, meritorio en muchos sentidos, conlleva también algunas desventajas, en especial en su fase expositiva: a fuerza de generar análisis comunes comparables entre todas las ciudades, se fraccionan los estudios de caso hasta el punto que la comprensión general de muchas ciudades estudiadas se pierde ante esta forma disectada, y a veces forzada, de la presentación.

El eje de análisis del conjunto de las ciudades está dado por dos cuestiones que se definen como centrales: el concepto de metrópolis, aplicable al conjunto de las aglomeraciones bajo análisis, y la lectura de las movilidades intraurbanas como hilo conductor de la comprensión de las dinámicas metropolitanas. El concepto de metrópolis es asumido aquí en relación al crecimiento poblacional, que se considera expresión de un proceso global y -en este sentido- generalizado, que tiene lógicas distintas en diferentes áreas del mundo, pero que genera jerarquías y redes urbanas necesarias de considerar. Las movilidades intraurbanas, por su parte, se leen a partir de las consideraciones de localización residencial y localización de los empleos en el contexto de ciudades en crecimiento, ya sea poblacional o en superficie, con distintas alternativas de densificación y centralidad.

El desafío de crear una interpretación general no deja de ser interesante, aunque debe lamentarse que la selección de las ciudades no obedezca a priori a ninguna lógica comparativa ni aglomerativa. Una selección menos casual de las ciudades hubiera permitido probablemente extraer conclusiones más enriquecedoras. En cambio, del conjunto seleccionado, puede afirmarse que hay ciudades que sobran (probablemente Bamako y Uagadugú, en Africa) y ciudades que faltan (en particular, más de alguna de Estados Unidos, además de México y Tokio). Con todo, se logran obtener algunos resultados novedosos, que significan una contribución al pensamiento sobre las ciudades. Resulta interesante, por ejemplo, observar y analizar los modos de vida a través de estrategias residenciales que contienen, de una ciudad a otra, más elementos en común que lo que en principio se hubiera podido suponer: poca relación entre localización del empleo y localización de vivienda; uniformidad en los barrios de acuerdo a características socioeconómicas comunes; creciente periferización de los sectores de bajos ingresos más preocupados del valor de la vivienda que de los gastos de viaje; existencia de verdaderos mapas de redes sociales, a veces más prácticos e importantes que los criterios económicos de la localización.

La presentación de la obra está dividida en dos aspectos, los cuales se abren luego en cuatro: las consecuencias espaciales de las interacciones entre habitantes y políticas (dentro del cual se explicitan la expansión espacial y la redistribución de las densidades, y la segregación residencial y la especialización funcional del espacio metropolitano), y la lógica de actores (donde caben las estrategias residenciales y prácticas de movilidad, y las políticas urbanas y actores no-institucionales).

El crecimiento urbano, más allá de las lógicas diferentes entre ciudades en general y entre ciudades de distintos continentes, arroja resultados comparables: reducción en las tasas de crecimiento poblacional y expansión del área de la ciudad. Aunque en los procesos de expansión periférica se encuentra una fuerte tendencia de localización de sectores más pobres en estas áreas de expansión (a través de políticas públicas de vivienda más barata en la periferia, o simplemente a través de procesos más espontáneos de los propios actores), los sectores de mayores ingresos igualmente se extienden hacia la periferia, en un continuo radial desde el centro. La generación de subcentros (planificados o espontáneos), con densidades urbanas variables, y el despoblamiento de los centros tradicionales, pero sin pérdida de dinámica, parecen ser todos elementos reconocibles en las ciudades estudiadas.

La segregación residencial recupera aquí todas las expresiones clásicas de diferenciación espacial de localización e incluso -en algunos casos- de conformación de enclaves sociales homogéneos. Sin embargo, se constata también la tendencia a la disminución de las distancias físicas entre zonas residenciales socialmente diferentes, cuestión que tampoco es nueva. La conclusión que se extrae de esta última constatación es que a pesar de la reducción en escala, la segregación continúa expresándose con igual fuerza en el acceso diferenciado de estos sectores -ahora más próximos- a ciertos lugares, en las distintas movilidades de cada uno y en los distintos espacios de consumo a los que acceden.

En cuanto a las estrategias residenciales de los actores, aunque varíen los grados de libertad en su definición de acuerdo a los niveles socioeconómicos de la población, es posible constatar que todos estos cuentan con una estrategia, con diferentes prioridades según la condición económica de la población.

Por otra parte, en relación a las políticas urbanas, los paradigmas parecen no haber variado desde la planificación física hasta las prácticas de gestión urbana, todo ello acompañado de procesos de descentralización y transferencia de competencias y de recursos a los niveles locales.

Un esfuerzo por comparar la oposición norte-sur permite concluir también algunas cuestiones que no por conocidas dejan de ser importantes: no hay reproducción de experiencias a partir de una historia única y lineal del desarrollo urbano; la complejidad urbana se verifica tanto en unas metrópolis como en otras; las políticas urbanas en algunos casos pueden ser comparables, pero los resultados pueden ser bastante divergentes...

De la revisión de estas variables y de las monografías de casos surgen probablemente más preguntas que respuestas, lo que constituye probablemente un mérito de la obra. En este sentido, la primera cuestión que vale la pena consignar es el paralelo entre procesos contemporáneos y procesos de globalización. No parece que los autores hayan buscado una especificidad en la segunda dirección, a pesar de que se menciona como un objetivo del trabajo. Es posible que de esta variada selección de ciudades no pueda leerse con facilidad un proceso jerarquizado, que tiene dinámicas históricas específicas (la alineación de las jerarquías de ciudades y sus roles con relación a aquellas hegemónicas) y también distintos grados de desarrollo de los sectores líderes y sus tecnologías. Observado desde este punto de vista, el análisis comparativo no permite extraer conclusiones, así como tampoco crear secuencias entre las jerarquías de las ciudades y entre las evoluciones de la globalización. Las políticas urbanas, más o menos permeables a propuestas de privilegiar la gestión, no han conseguido en igual medida abrirse hacia inversiones extranjeras ni generar las adecuadas modalidades de conjunción de las iniciativas ciudadanas, del Estado y de las empresas privadas.

En cambio, la lectura urbana a partir de las movilidades espaciales representa un muy acertado valor agregado de este libro. Aunque no se explicite ni se proponga una metodología común o comparable para realizar esta tarea, se puede identificar una propuesta más innovadora, donde las lecturas urbanas arrojan luces desde una diferente perspectiva. Aquí se rescata tanto la validez de la movilidad como variable interpretativa de las dinámicas urbanas en general, como una forma de abordarla que traspasa y supera las simples constataciones numéricas o simplificaciones vectoriales. El conjunto de revelaciones permitidas, en cuanto a estrategias residenciales de los ciudadanos, pero también a las modalidades del crecimiento urbano y a los énfasis que las ciudades ponen en sus políticas públicas -por nombrar los aspectos más relevantes-, demuestra la importancia de este enfoque rico en interpretaciones.

Queda por último la pregunta respecto de si la generalización del término "metropolitano" para todos los casos aquí presentados es un criterio suficientemente pertinente. Probablemente esta disquisición lleva más bien a intentar comprender varias acepciones de este término. La metrópolis puede quedar definida de acuerdo a su tamaño poblacional, a su complejidad administrativa o a la verdadera superficie donde se detectan relaciones económicas y sociales significativas. Claramente, aquí se habla de la segunda definición, mientras que se adelantan algunos (aunque insuficientes) elementos de análisis de la tercera modalidad.

La obra analizada tiene además otros méritos importantes; en especial, su cartografía de calidad y la capacidad de los autores para leer tendencias generales o generalizables desde experiencias tan específicas. En todo caso, debe lamentarse que, como a menudo sucede con trabajos dirigidos desde el Norte, las referencias bibliográficas revelen un insuficiente conocimiento -o reconocimiento- de los trabajos aportados por autores locales.

Oscar Figueroa

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