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EURE (Santiago)

versión impresa ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) v.33 n.98 Santiago mayo 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612007000100001 

 

Revista eure (Vol. XXXIII, Nº 98), pp. 5-25, Santiago de Chile, mayo de 2007

TEMA CENTRAL

 

El enigma de la contraurbanización. Fenómeno empírico y concepto caótico* *

 

Carlos Ferrás*

* Doctor en Geografía e Historia con la acreditación de Doctor Europeus. Fue becario de investigación en el Departamento de Geografía del University College Cork de Irlanda (1991-1994), profesor titular de Planificación Urbana y Regional en el Centro de Ciencias Económicas de la Universidad de Guadalajara en México (1995-1996) y actualmente profesor titular de Geografía Humana en el Departamento de Geografía de la Universidad de Santiago de Compostela. E-mail: carlosf@usc.es.


Abstract

Counterurbanization has been considered as a chaotic concept in the academic literature. It entails demographic movement and deconcentration in some urban areas and appears to be a new process of population’s spatial distribution and the definition of a new settlement pattern which may exceed the Central Place Theory. The results of this process and demographic movement have led to societal divesification and even to the emergence of new classes in the countryside and new urban-rural relationships. In such circumstances it is not surprising that both problems and opportunities arise when it comes to making territory planning policies. This paper focuses on analizing the international scientific literature on Counterurbanization -particularly that of Anglosaxon countries- with an aim to contribute to the search of meaning in the arguments which support the definition of Counterurbanization and to foster its research both in Spain and Latinamerica.

Key words: Counterurbanization, regional monographic studies, international comparative studies, spatial theory, migratory movements, settlement systems.

Resumen

La Contraurbanización ha sido calificada como un concepto caótico en la literatura especializada. Implica el movimiento demográfico y la desconcentración en las áreas urbanas, parece conformar un nuevo proceso de distribución espacial de la población y la definición de un nuevo modelo de asentamiento de la población en el espacio que puede llegar a superar la Teoría del Lugar Central. Los resultados de este proceso y movimiento demográfico generan una diversificación social e incluso la aparición de nuevas clases sociales en el campo y unas nuevas relaciones urbano-rurales. Ante estas circunstancias no nos debemos sorprender por encontrar tanto problemas como oportunidades a la hora de definir políticas de planificación territorial. Este artículo se centra en el análisis de la literatura científica internacional acerca de la Contraurbanización. La idea es la de contribuir a la búsqueda de sentido en los argumentos que sostienen la definición de la Contraurbanización y a impulsar su investigación en España y Latinoamérica.

Palabras claves: contraurbanización, estudios monográficos regionales, estudios comparativos internacionales, teoría espacial, movimientos migratorios, sistema de asentamientos.


1. Introducción

La aparición del concepto de Contraurbanización, al contrario que el de suburbanización, aún es reciente en la literatura académica internacional (Mitchell, 2004); sin embargo el proceso al que se refiere no es tan reciente pues en el mundo anglosajón sostienen que la Contraurbanización ya era perceptible en el sistema de asentamientos inglés del siglo XIX (Pooley y Turnbull, 1996). Berry (1976) habla de la Contraurbanización como un fenómeno que surge en los años setenta en los Estados Unidos para dar nombre a un proceso contrario al de Urbanización, es decir, frente al proceso clásico de Urbanización que conllevaba movimientos centrípetos de población y flujos económicos hacia las principales ciudades y grandes áreas metropolitanas, comienza a despuntar un proceso de sentido contrario, de movimientos centrífugos desde las grandes ciudades hacia los pequeños asentamientos urbanos y rurales. Los argumentos que sostiene la tesis de la Contraurbanización son un paso adelante de teorías tradicionales como la del “Lugar Central” y del “Rango-Tamaño”, basadas en una organización jerárquica de los asentamientos y la preeminencia demográfica y económica, tanto absoluta como de flujos, de los asentamientos mayores. Es decir, la Contraurbanización viene a representar una inversión de los flujos demográficos y económicos que ahora se presentan en sentido descendente, desde los mayores a los menores, en los sistemas de asentamientos de los países más desarrollados (Berry, 1976; Fielding, 1982).

En España, actualmente la Contraurbanización se presenta como un proceso incipiente y polémico; Arroyo (2001) sostiene que es visible en el contexto de la redistribución de la población en las grandes áreas metropolitanas del país, y constata la inconcreción conceptual de la Contraurbanización, además teoriza sobre su alcance e introduce dudas razonables sobre la jerarquía urbana y las relaciones centro-periferia que parecen cambiar hacia unas relaciones menos jerárquicas y multipolares en el sistema de ciudades español. Las investigaciones empíricas sobre la redistribución residencial en España son tardías, comenzaron a surgir en la segunda mitad de los años ochenta de forma muy localizada. En la literatura académica española de los años setenta destacaban estudios, alguno muy pormenorizado, sobre la multiplicación de viviendas de ocupación temporal o de segunda residencia en determinadas áreas rurales de la periferia de grandes ciudades españolas como Bilbao, Madrid o Barcelona, concibiendo estas áreas como espacios de ocio para el disfrute de las familias urbanas en los períodos vacacionales (Ortega, 1975; Valenzuela, 1976; Gómez, 1978). Durante los primeros años de la década de los ochenta se continuaba estudiando el proceso de urbanización en relación con la concentración de la población y de las actividades industriales en las ciudades (Rodríguez, 1983), lo que sin duda se relaciona con la industrialización tardía que conoció España con respecto a otros países europeos; España en los años sesenta estaba en pleno apogeo industrial-urbano, mientras en Estados Unidos o Gran Bretaña ya se conocían procesos de descentralización de la industria y de la población. Los estudios acerca de la Contraurbanización eran inéditos en España, aunque se comenzaban a estudiar los procesos de descentralización suburbana en los municipios de la periferia de Madrid (García, 1982). El antecedente más antiguo se retrae a Allende (1983) que, en un estudio especulativo-teórico, presentaba el declive urbano en los Estados Unidos y Gran Bretaña como una experiencia que se podría desarrollar en España y de la cual se debería aprender.

Las investigaciones empíricas posteriores, a partir de la segunda mitad de los ochenta, se centraban fundamentalmente en demostrar la descentralización de las empresas hacia las áreas rurales, lo que sucedía en los años setenta en Cataluña según Belil (1990), en Asturias según Benito (1991) y en Madrid según Pardo (1991), o en el conjunto del Estado, hacia los asentamientos de menos de 1.500 habitantes, según Ogando, Pedrosa y Fernández (1989), lo cual, sin duda, animaba a la aparición de flujos migratorios de personas que abandonaban las grandes áreas urbanas para dirigirse a otros asentamientos menores, y que ya fuera demostrado por Bernabé y Albertos (1986), que además afirmaban, al igual que Moreno (1987), que España se encontraba en la fase inicial de la Contraurbanización caracterizada por el crecimiento demográfico de las ciudades intermedias y pequeñas. Por otra parte, España no fue ajena al proceso de crisis urbana conocido en Europa y los Estados Unidos, tal como lo puso de relieve Ferrer (1992), sin embargo las investigaciones específicas sobre el declive urbano y la Contraurbanización son realmente escasas. Son frecuentes las publicaciones de investigadores foráneos en revistas de investigación españolas ejemplificando procesos como el declive urbano, la difusión de las nuevas tecnologías, la redistribución de la población, etc., en sus respectivos países (Frey, 1988; Stöhr, 1987; Charreyron, 1987; Hall, 1987; Chesire y Hay, 1985). En el caso español se pueden destacar, en función de la información manejada, la cual siempre es insuficiente, las siguientes publicaciones: Domingo et al. (1990), que estudió la redistribución de la población en la provincia de Valencia de 1975 a 1986, descubriendo una corriente migratoria, formada por familias jóvenes con altos niveles de estudios y por jubilados, que abandonaban la gran ciudad para irse a vivir a asentamientos menores de su periferia; y Bel (1985) que distingue un período de crecimiento de antiguos pueblos regresivos en la provincia de Murcia de 1981 a 1985, aunque sin referirse a procesos de Contraurbanización sino a la paralización de la despoblación anterior debido a una situación de crisis económica. Se pone en evidencia el desarrollo urbano-industrial de pequeñas villas cabeceras de comarcas de fuerte raigambre rural y agraria, donde se constatan importantes iniciativas de desarrollo endógeno en sectores como la agroindustria, los muebles, el textil o la extracción minera de recursos locales como la pizarra, con su tratamiento industrial, o incluso emigración de retorno hacia villas, pueblos y aldeas (Rodríguez, 1997; Ferrás, 2000; Vera, Badía y Pallarés, 2003). Torres (2006), Nello (2001), Angelet (2000), Font (1999), Sánchez (1998), Monclús (1998), López (1995), y Borja (1990) evidencian la descentralización del empleo y de la residencia en las áreas metropolitanas de Madrid, País Vasco y Barcelona, y en

Campesino, Troitiño y Campos (1995) quedan en evidencia las tendencias de crecimiento demográfico en la periferia de las ciudades españolas en general.

En Latinoamérica es claramente insuficiente la literatura académica que analice la presencia de la Contraurbanización o valore sus impactos. Es a partir de los años setenta cuando en la literatura académica se comenzaron a advertir cambios importantes en el proceso de desarrollo urbano (de Mattos, 2002) y se comienza a hablar de metropolización expandida y de los impactos de la globalización (Parnreiter, 2005), o incluso de suburbanización campesina (Armijo, 2000). Se observaron tendencias de desconcentración demográfica que se traducían en una expansión mayor de la periferia con respecto al centro, y de flujos migratorios desde los asentamientos mayores a los menores. Todo esto se relacionó con el desarrollo en las ciudades latinoamericanas de las deseconomías de aglomeración, la descentralización político-administrativa, el interés por el medio ambiente, los movimientos pendulares de población o commuting, la segunda residencia, los cambios tecnológicos en telecomunicaciones y en la percepción urbano-rural y el control sobre los movimientos migratorios. La polución y el crimen o la segregación social están actuando de factores de repulsa demográfica en las grandes ciudades latinoamericanas, las cuales comienzan a conocer movimientos migratorios desde el centro urbano hacia su periferia o hacia asentamientos urbanos menores como las ciudades medias. En México, Graizbord y Mina (1993) evidenciaron, a partir de datos demográficos por Estados, como en los años ochenta determinados Estados periféricos, todos menos el Distrito Federal, experimentaron una mayor vitalidad demográfica. Delgado (1993) analiza la conformación de una ciudad-región en Querétaro en base al estudio de los movimientos pendulares, commuting, de estudiantes y trabajadores que diariamente recorren distancias de hasta 60 kilómetros desde sus domicilios hasta sus lugares de trabajo. Corona y Luque (1992), Velásquez y Arroyo (1992), Brambila (1990), Negrete (1990) y Graizbord (1984) demostraron, a diferentes escalas y con enfoques distintos, el crecimiento relativo de las llamadas ciudades medias y pequeñas por encima de las áreas metropolitanas durante los años setenta u ochenta, y, en mayor o menor medida, sostenían que estaban a remitir los tradicionales movimientos migratorios rural-urbanos en favor de los urbanos-urbanos y urbano-rurales. Como bien se afirma en Alburquerque, de Mattos y Jordan (eds., 1990) Latinoamérica y por supuesto México, no se mantienen al margen de los cambios que la revolución tecnológica y la reestructuración productiva de fines del siglo XX genera en las formas de desarrollo y urbanización; no es algo exclusivo de las regiones más desarrolladas del mundo.

Se puede interpretar que los atisbos de Contraurbanización en España y, en menor medida, en Latinoamérica, se enmarcan en la transición postindustrial de sus sistemas de asentamientos, tal como advirtió Precedo (1986), o en los impactos propios de la Globalización (de Mattos, 1998) al reconocer la existencia de un proceso de redistribución de la población y de las actividades industriales en las ciudades medias y pequeñas a costa de las mayores y la consiguiente expansión metropolitana. O, incluso, a mi juicio, como complemento a los señalado por Precedo y de Mattos, la Contraurbanización se podría enmarcar en lo que señalan Caravaca y Méndez (1995) respecto a la reestructuración productiva-territorial al advertir en los años ochenta y noventa tendencias de redistribución espacial de actividades y empleos entre las áreas metropolitanas y ciudades y los asentamientos de menor rango; y cómo la difusión industrial trae consigo el ocaso de la ciudad nuclear a favor de la región metropolitana (Caravaca y Méndez, 2003).

En este artículo se presentan los resultados de un trabajo de investigación centrado por una parte en la clasificación y análisis de las investigaciones teóricas y empíricas que, según mi criterio, podrían ser las más significativas de las realizadas hasta la fecha acerca de la Contraurbanización y acerca de fenómenos directamente interrelacionados con ella como puede ser el declive urbano o el renacimiento rural, y por otra parte, en conseguir reunir los diferentes cuerpos teóricos que han intentado interpretar los cambios sociales y territoriales que implica la Contraurbanización; todo esto a partir de las indagaciones realizadas en publicaciones anglosajonas. Pretendo, con ello, hacer una llamada de atención sobre la necesidad de investigar con detalle la Contraurbanización en España y Latinoamérica y

mostrar, críticamente, los antecedentes teóricos y empíricos que existen al respecto en el ámbito cultural anglosajón.

2. Cuestiones metodológicas

Para abordar el trabajo de investigación y análisis propuesto fue necesario manejar una abundante literatura recogida durante los últimos diez años de entre los fondos bibliográficos de ciencias sociales de la Universidad de Santiago de Compostela, Universidad de Guadalajara en México y, principalmente, en la Boole Library del University College Cork de Irlanda, y en la British Library de Londres, lo que me permitió reunir un conjunto de obras y trabajos de investigación académica que, considero, se encuentran entre los más significativos publicados en los países anglosajones acerca del fenómeno de la Contraurbanización. Desde el punto de vista metodológico fue preciso establecer criterios claros de organización, pues el manejo de esta variada bibliografía presentaba serios problemas para poder ordenar y sintetizar las diferentes aportaciones de cada autor; inconvenientes que he intentado superar aplicando tres criterios básicos de ordenación y clasificación:

• Un criterio espacial que me ha permitido ordenar la bibliografía según su origen; en una primera escala diferenciando entre los Estados Unidos y Europa y, posteriormente, a nivel de Estados y regiones. Esta diferenciación intenta poner de relieve las singularidades de cada ámbito espacial.
• Un segundo criterio cronológico, agrupando las obras por décadas, e incluso a veces distinguiendo entre la primera y segunda mitad de la década, con la finalidad de conocer los cambios de enfoque e intenciones que se han sucedido en el tiempo. El período álgido de producción bibliográfica al respecto de la Contraurbanización y temática relacionada se ciñe a los años que van de 1980 a 2000; sin embargo, fue posible localizar documentación bibliográfica de la década de los 70 e incluso 60. Los años recientes del 2000 al 2006 son un punto de inflexión y la producción descendió considerablemente debido a la propia inconcreción y polémica conceptual suscitada por el término en la literatura académica.
• Un tercer criterio temático que me ha permitido distinguir entre los estudios monográficos realizados en algún Estado o región determinada, de los estudios realizados a una escala internacional a través de análisis comparativos. Esta distinción se ha realizado para poner en evidencia las diferencias que existen entre ambos tipos de análisis. Los análisis monográficos ponen de manifiesto la presencia de la Contraurbanización en diferentes regiones o Estados, con sus peculiaridades, y los análisis comparativos internacionales ofrecen una visión general de cuál es la verdadera dimensión del cambio y de sus características comunes.

La aplicación de estos criterios ha permitido llevar a cabo un análisis crítico de la bibliografía que se presentaba complejo. En las páginas siguientes se presentan sus resultados. En primer lugar nos inmiscuiremos en el examen de diversos estudios monográficos a nivel de Estados y regiones; posteriormente ampliaremos el punto de mira y conoceremos aquellos estudios con enfoque a nivel comparativo internacional. A continuación analizaremos las teorías socio-espaciales que intentan explicar e interpretar la Contraurbanización, tanto desde el mundo urbano como desde el mundo rural, para finalizar con unas conclusiones a modo de sumario crítico.

3. Estudios monográficos regionales

Los investigadores sociales coinciden en señalar que el proceso de cambio urbano-rural es propio de los países desarrollados del mundo occidental, señalando dos experiencias diferentes en los Estados Unidos y Europa, pero que en lo básico, como veremos a continuación, coincidirían.

En los Estados Unidos durante la segunda mitad de los años 70 se iniciaron las investigaciones empíricas que demostraban la existencia del declive urbano a través de procesos como el de Contraurbanización, destacando entre otros Berry (1976), Berry y Dahmann (1977), Bradshaw y Blakely (1979); proceso que además parece ser que no fue previsto en los años sesenta pues Hodge afirmaba que en los Estados Unidos continuaría el despoblamiento rural a favor de la concentración metropolitana (Hodge, 1966). Estas investigaciones se caracterizaban por demostrar el crecimiento demográfico de las áreas no-metropolitanas a costa de las áreas metropolitanas, siendo esta la división básica que hacían del espacio; las áreas no-metropolitanas coincidían con las áreas rurales. Los datos estadísticos en los cuales se fundamentaban sus afirmaciones se caracterizaban por ser de carácter muy general y por estar referidos al incremento de las poblaciones totales de ambas áreas. Estos autores coincidían en retraer el declive de las áreas metropolitanas y el inicio del flujo emigratorio hacia las áreas no-metropolitanas a los años sesenta, aunque observaban una aceleración del proceso en la primera mitad de la década de los setenta.

La excepción a los estudios de carácter general fundamentados en estadísticas demográficas que se realizaban durante estos años, fue el análisis global que hicieron del proceso Bradshaw y Blakely (1979) en el medio rural de California; estos autores descubren un proceso de cambio en la California rural que se inicia en los años cincuenta y llega a los setenta, presentándonos un desarrollo rural en una sociedad avanzada en la cual el sector servicios crecía fuertemente en detrimento del sector industrial, produciéndose un crecimiento demográfico y económico en las áreas rurales mayor que en las grandes ciudades, a la vez que crecían los niveles de escolarización rural y se anunciaba la llegada del bienestar social al mundo rural. Logran caracterizar lo que sería la sociedad rural en una sociedad postindustrial, contraponiéndolo con la sociedad rural de la era industrial y preindustrial.

En la primera mitad de la década de los ochenta, las investigaciones empíricas descendieron en su escala de análisis, comenzando a proliferar las de carácter temático, que analizaban las causas y consecuencias del proceso descubierto en la década anterior. Destacan, entre otros, los estudios realizados por Friendland (1982), Brown y Wardwell (1984), Fuguitt y Johansen (1984), Campbell y Garkovich (1984) y Ritcher (1985); en estos años se matiza la división espacial anterior y se utiliza una nueva categorización que diferencia las áreas metropolitanas, las áreas no-metropolitanas adyacentes a las primeras y las áreas no-metropolitanas no adyacentes, con lo que se consigue matizar el proceso de Contraurbanización con respecto a la suburbanización periférica de las grandes áreas urbanas, pero dando continuidad a las afirmaciones anteriores que sostenían el mayor crecimiento de las áreas no-metropolitanas con respecto a las metropolitanas. Se enmarca la Contraurbanización en un proceso más general que implica el renacimiento rural, relacionando esto, desde una perspectiva behaviorista, con la proliferación de los sentimientos antiurbanos producidos por el deterioro de la calidad de vida en las grandes ciudades, con la vuelta de la población al medio rural y el comienzo de un nuevo futuro rural.

En estos años cabe destacar el estudio realizado por Fuguitt y Johansen (1984) acerca de los cambios demográficos y económicos experimentados por los asentamientos de menos de 2.500 habitantes en los Estados Unidos durante el período comprendido entre 1950 y 1980, revelando el profundo cambio demográfico, sus regularidades y características, y sus tendencias de crecimiento. Es una obra de análisis riguroso fundamentada en estadísticas muy elaboradas y de gran detalle, tanto sobre la población y sus características como sobre las actividades económicas (comercio al por menor, sectores de actividad, empleo, etc.). Analizaba las políticas de planificación y sus consecuencias, además de las relaciones humanas entre los inmigrantes y nativos en las aldeas y pueblos rurales americanos. En sus conclusiones hablaba del futuro del espacio rural americano presentando la industrialización rural como una alternativa a la desindustrialización urbana, pero no realizaba predicción alguna sino que acababa haciéndose las siguientes preguntas: ¿Cómo afectará la Revolución de la Información al Sistema de Asentamientos? ¿Y el incremento de la movilidad de la población?

Durante la segunda mitad de los años ochenta y principios de los noventa, se continúa profundizando en el estudio del proceso de Contraurbanización a través de investigaciones temáticas resultando, a veces, de gran concreción. Las investigaciones empíricas que se pueden destacar, según las aportaciones novedosas que realizan, son las de Wilson (1987), Barkley (1988), Long y Deare (1988), Frey (1988), Suárez-Villa (1986), Gordon, Kumar y Richardson (1989), Plane (1989), Rudzitis (1989), Sinclair (1988), Goodenough (1992). En estas investigaciones comienzan a existir puntos de vista divergentes acerca de la verdadera dimensión del declive ubano y de la Contraurbanización, de tal forma que mientras algunos investigadores siguen analizando el proceso en sí, bien demostrando la descentralización de las empresas de alta tecnología a las áreas no-metropolitanas, o bien la génesis del declive metropolitano, en relación directa con las investigaciones que se hacían en la primera mitad de los años ochenta; otros autores comienzan a poner en duda la continuidad del proceso, tal como hacen Long y Deare (1988) que afirman que en la segunda mitad de los años ochenta se apunta un crecimiento mayor en las áreas metropolitanas que en las áreas no-metropolitanas, y que ya comienzan a denominar “Post-Contraurbanización”. Otros autores como Rudzitis (1989) afirman que el crecimiento no-metropolitano es selectivo espacialmente, y que no todas las áreas no-metropolitanas tienen las mismas oportunidades.

Por su parte, Plane (1989) desde un punto de vista economicista, encuentra que no existe una relación causal entre los cambios en el empleo sectorial y la vuelta de la población al medio rural de 1950 a 1980, y afirma que estos movimientos de población están declinando actualmente y desde mediados de los años ochenta. En una publicación más reciente, Goodenough (1992) afirmaba que en California se estaba empezando a cuestionar el fuerte crecimiento de los asentamientos medios y pequeños debido al impacto medioambiental. De esto se desprende la existencia de indicios de que en los últimos años pueda estar retrocediendo el proceso de Contraurbanización en los Estados Unidos, aunque no existe al respecto un acuerdo entre los diferentes investigadores.

Otros estudios empíricos a destacar en América son los que se realizan en Canadá a partir de la segunda mitad de la década de los ochenta, destacando Stabler (1987), Davies (1990) que sostienen que se está a producir una recuperación de las áreas metropolitanas en los últimos años, lo que se encuentra en clara consonancia con los resultados de las últimas investigaciones que se están llevando a cabo en los Estados Unidos

En suma, las investigaciones empíricas en los Estados Unidos y Canadá se han hecho más pormenorizadas con el paso de los años, se ha descendido en la escala de análisis pasando de la demostración de la existencia del proceso en base a estadísticas demográficas generales, a analizar su génesis y repercusiones en el mundo rural y urbano fundamentándose en metodologías más concretas y precisas.

Por lo que respecta a Europa, la Contraurbanización fue descubierta en primer lugar en Gran Bretaña, por lo que fue en este país donde primero se publicaron investigaciones empíricas al respecto. Hall (1981, 1983) sostiene que la experiencia europea es posterior a la de los Estados Unidos; en el primer caso la desconcentración urbana alcanzó su apogeo en los años setenta y en el segundo en los sesenta. Este autor explicaba este hecho afirmando que Europa todavía se encontraba en el desarrollo de la economía industrial y de racionalización de la agricultura, manteniéndose el éxodo rural a las ciudades, pero matizaba espacial y temporalmente tal hipótesis afirmando que en Europa existía una gran diversidad y sosteniendo que el proceso no había sido tan rápido en Europa como en los Estados Unidos, de tal forma que Gran Bretaña, el Estado que antes conoció la industrialización al igual que los Estados Unidos, ya experimentaba pérdidas demográficas en sus áreas metropolitanas en los años cincuenta; en otros países europeos como Alemania, España, Portugal o Italia las áreas metropolitanas continuaban creciendo en los años setenta, aunque con indicios de un desarrollo pausado de la Contraurbanización.

La literatura sobre el declive urbano en Gran Bretaña ha evolucionado al igual que en los Estados Unidos en cuanto a la escala de análisis, pasando de los enfoques generales basados en estadísticas de evolución de la población en números absolutos, a estudios concretos bien contrastados empíricamente. En una selección de los estudios empíricos más relevantes realizados hasta la actualidad, en base a las cuestiones novedosas que aportaron, destacaría a los siguientes autores: Cloke (1978) y Grafton (1982) demostraron la existencia de un flujo migratorio en las áreas rurales remotas británicas a finales de la década de los años sesenta y que conocía su apogeo durante los setenta. Hacían una división espacial de gran interés, diferenciando las áreas rurales remotas de las franjas rururbanas inmediatas a las ciudades que era donde tenían lugar los procesos suburbanizadores. Otros autores posteriores, como Robert y Randolph (1983), Dean, Shaw, Brown, Perry y Thorneycroft (1984), Jones, Caird, Berry y Dewharst (1986) y Champion (1986), continuaron estudiando el proceso de Contraurbanización iniciado en los años setenta, logrando demostrar su continuidad. A través de estos estudios se hicieron importantes aportaciones teóricas para el entendimiento del cambio urbano-rural, que tendremos oportunidad de ver en páginas posteriores, aunque también demostraciones empíricas en ámbitos espaciales concretos; sobre todo en las Highlands de Escocia y en Cornwall. En estos años se consiguió un nivel de análisis más profundo que en estudios anteriores, aunque se siguieron estudiando sobre todo las tendencias demográficas generales y las características de los inmigrantes a las áreas rurales.

Investigaciones posteriores, de finales de los años ochenta, comenzaron a sacar importancia a las dimensiones del proceso de cambio. Champion (1987) afirmaba que las áreas metropolitanas británicas ya conocían un declive demográfico mucho más suave a la vez que los espacios rurales ralentizaban su crecimiento demográfico y económico. Por otra parte Weekley (1988) demuestra en un estudio a nivel parroquial que la Contraurbanización no siempre conllevaba crecimiento demográfico en las áreas rurales, pues podía representar la “geriatrificación” de las aldeas debido al predominio de inmigrantes jubilados. Ambos autores aportaron nuevos elementos para comprender y explicar en su justa medida el renacimiento rural asociado a la Contraurbanización, y quizás apuntar la tendencia del fenómeno en los años noventa.

Por otra parte, fueron elaboradas recapitulaciones acerca del proceso de urbanización en Gran Bretaña. D. Clark (1989) publicó el primer libro sobre el declive urbano con un enfoque de manual de consulta para estudiantes universitarios, por lo que parecía el reconocimiento académico de la Contraurbanización. Esta obra consta de una parte teórica y otra empírica fundamentada en estadísticas referentes a la pérdida de población y empleo en las principales ciudades de Gran Bretaña, y sus aportaciones al conocimiento profundo del proceso de declive urbano son bastante reducidas, tan solo tiene de novedoso la interpretación política que hace del proceso; sostiene, con respecto a Gran Bretaña, que la pérdida de poder de las ciudades con la abolición de los County Borough, que eran sus antiguos órganos de gobierno y administración, dictada en 1974 por el gobierno conservador, influyó decisivamente en el declive de las ciudades; el autor en sus conclusiones se posiciona a favor de potenciar de nuevo las áreas urbanas desde los órganos británicos de decisión política. Por su parte, Champion y Watkins (1991) presentan la vuelta de la gente de la ciudad al campo durante los años setenta y ochenta, como la última fase del proceso de urbanización británico, que se caracterizó por el despoblamiento rural a favor de las áreas urbanas durante todo el siglo XX a excepción de un intervalo de tiempo durante las postguerras mundiales. Explican el declive urbano en relación a los avances técnicos que implicaron la mejora de las comunicaciones y el proceso de industrialización rural.

En Irlanda, un país con un nivel de desarrollo inferior al de los Estados Unidos o Gran Bretaña pero que se engloba en términos genéricos en el ámbito cultural común anglosajón, en las últimas décadas la Contraurbanización fue objeto de estudio de diferentes investigadores. El Renacimiento rural en relación con la Contraurbanización fue advertido por Brady (1988) y Gillmor y Jeffers (1987); el primero demostró que el centro de Dublín perdió población a favor de áreas rurales y suburbanas de su periferia, y los segundos descubrieron un fuerte crecimiento demográfico y económico en pequeños pueblos del Condado de Louth entre 1961 y 1981 debido a un fenómeno de emigración de retorno. Por su parte, Grimes (1987) estudió el crecimiento del empleo no agrícola en los condados occidentales tradicionalmente más rurales y atrasados de Donegal, Leitrim y Sligo, identificando un proceso doble: de inmigración de retorno de adultos y de emigración de jóvenes. Coward (1989) y Cawley (1990) estudiaron las tendencias demográficas de 1970 a 1986, identificando el fuerte crecimiento rural y suburbano de los años setenta, a la vez que el mayor crecimiento relativo de los condados occidentales con respecto a los tradicionalmente más dinámicos y prósperos orientales. Hourihan (1992) puso en evidencia el hecho de que en la actualidad continúa la fuerte pérdida demográfica de las tres principales ciudades irlandesas, Dublin, Cork y Limerick, iniciada en los años setenta, en beneficio de los espacios suburbanos. Por su parte, Brunt (1989), desde el punto de vista de la distribución espacial del empleo industrial, propuso una periodización del proceso de “cambio espacial” en Irlanda, observando cómo desde los años 60 hasta los 80 la mayoría de las nuevas empresas eligieron centros urbanos de menos de 5.000 habitantes, y relacionándolo con el declive demográfico de las principales ciudades irlandesas.

Por último, en la segunda mitad de la década de los años ochenta y en los noventa aparecieron publicados estudios empíricos sobre el proceso de Contraurbanización en diferentes países europeos ajenos al ámbito cultural anglosajón, entre los que cabe destacar Court (1985) en Dinamarca, Ogden (1985), Anglade (1992) y Soumagne et al. (1992) en Francia, Dematteis y Petsimeris (1989) y Muscará (1991) en Italia, etc., que tienen como denominador común el hecho de poner en evidencia el declive urbano a partir de estadísticas demográficas y económicas, en unos casos como un proceso maduro, caso de Francia, y en los demás como un proceso incipiente.

4. Estudios comparativos internacionales

Los estudios comparativos internacionales son más escasos que los monográficos sobre ámbitos espaciales concretos, a pesar de la gran importancia que poseen para conocer la verdadera dimensión de los procesos de redistribución de la población y de las actividades económicas entre el mundo urbano y rural. Esto se relaciona con la gran dificultad que presentan investigaciones de este tipo ante la diversidad socioeconómica, política y cultural de los diferentes países o regiones. La mayoría de estos estudios internacionales realizan comparaciones a partir de macromagnitudes demográficas que evidencian movimientos poblacionales a tres escalas diferentes: a nivel intraurbano, desde el centro de la ciudad a su periferia suburbana; a nivel interurbano, de los asentamientos mayores a los menores, y a nivel regional, desde las regiones centrales, más pobladas y desarrolladas económicamente, hacia las regiones periféricas menos pobladas y tradicionalmente con menor potencial económico. Aunque, como veremos a continuación, no faltan investigaciones en detalle sobre regiones muy localizadas en las cuales se estudian la génesis e impactos de la Contraurbanización.

Los primeros estudios de estas características se realizaron en Europa a comienzos de los años ochenta, destacando los realizados por: Fielding (1982, 1986) y Van den Berg (1982, 1987). Ambos estudios coincidieron en el marco espacial, basado en la Europa Occidental, pero difieren en el análisis, escala y enfoque.

Van den Berg (1982, 1987) en colaboración con otros investigadores estudió, a niveles intraurbano e interurbano, el crecimiento y declive de las grandes áreas urbanas europeas de 1950 a 1975. Se basó en datos de tendencias demográficas muy generales para a partir de ahí proponer un modelo cíclico, que diferencia cuatro estadios en la evolución de las áreas metropolitanas: Urbanización, Suburbanización, Desurbanización y Reurbanización. Descubrió un proceso de descentralización demográfica interurbana, que identifica con el declive urbano o Desurbanización, en varios países europeos, haciéndolo coincidir con la tercera fase de la evolución de las áreas metropolitanas. Estudió el desarrollo urbano de 100 áreas metropolitanas pertenecientes a Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Italia, Holanda, Suecia y Suiza; de las cuales 23 se encontraban en el estadio de Desurbanización en el período 1970-1975. En las conclusiones afirma que es necesario cortar esta tendencia para evitar los altos costes económicos que conlleva la dotación de servicios a una población muy desconcentrada; dice que es necesario que las políticas de planificación promuevan la “Reurbanización” (cuarta fase) buscando soluciones al problema del tráfico, mejorando la calidad de las viviendas, localizando nuevas viviendas en las regiones urbanas, etc. Afirma que se debe evitar la ruina de la cultura urbana del siglo XX.

Por su parte, Fielding (1982, 1986) estudia a nivel interurbano la Contraurbanización en Europa Occidental durante los años setenta, entendiendo por Contraurbanización los flujos migratorios de personas que abandonan las grandes aglomeraciones para dirigirse a los asentamientos menores; para esto elabora un índice estadístico relacionando emigración y densidad de población, obteniendo unos resultados positivos, es decir la emigración es mayor cuanto mayor es la densidad de población, en todos los países de Europa Occidental a excepción de Italia, Austria, Noruega, Portugal y España. También estudia en profundidad las relaciones entre la Migración y el tamaño de los Asentamientos en Francia de 1954 a 1982, comprobando cómo las principales ciudades se despueblan a favor de los espacios rurales y de las ciudades más pequeñas: las que más crecían eran las que tenían una población entre 15.000 y 1.000 habitantes. Concluye afirmando y presentando un modelo de “migración y tamaño de los asentamientos” en el cual la inmigración aumenta progresivamente desde los años cincuenta hasta los años ochenta a medida que desciende el tamaño demográfico de los asentamientos.

Otro estudio comparativo importante, diferente a los anteriores por el gran nivel de detalle y concreción de sus análisis, fue el elaborado por Perry, Dean y Brown (1986). Estudia el proceso de Contraurbanización en las “regiones célticas”: Cornwall, Bretaña francesa, los Highlands e islas de Escocia, la región occidental de Irlanda y las áreas rurales de Gales, y en California, aunque orientó sus intereses fundamentalmente hacia la región de Cornwall, en el extremo sur occidental de Inglaterra, donde realizan un estudio empírico profundo. En este estudio se puede observar cómo la Contraurbanización no es un proceso uniforme ni homogéneo en el tiempo ni en el espacio, por lo que no tiene una explicación universal sino que conlleva varios procesos que varían de unos ámbitos espaciales a otros en función de las características económicas, sociales, culturales, etc. En las conclusiones se afirma que los modelos solo existen en la mente de los teóricos. Sin embargo, Perry Dean y Brown, definen las principales dimensiones demográficas de la Contraurbanización a modo de características comunes a todas las regiones estudiadas:

• La vuelta de la población al medio rural (repoblación).
• La inversión en el flujo de la migración neta. A un largo período de pérdida de población le sucede un período de crecimiento.
• La afluencia de inmigrantes económicamente activos al medio rural.

Otros investigadores también matizaron el carácter universal del declive urbano a partir de macromagnitudes: Cloke (1988) evidencia procesos de Contraurbanización en Gran Bretaña, Canadá, Estados Unidos y Australia, pero hace una acotación espacial afirmando que en estos países todavía continuaban existiendo áreas rurales estancadas a expensas de la Contraurbanización. Además, Frey (1988) demuestra, una vez más, cómo la desconcentración demográfica no es un proceso universal en todos los países desarrollados.

Por su parte, en Champion (1989) se presenta un estudio de la Contraurbanización a nivel internacional, pero a una mayor escala y con un enfoque distinto al de Perry, Dean y Brown (1986) que estudian los movimientos de población entre asentamientos. En este estudio se realiza un análisis comparativo a nivel de varios Estados de la Europa Occidental, de Estados Unidos, Australia y Japón. Un especialista por cada país presenta un diagnóstico de la Contraurbanización de su propio país, dando como resultado una variedad de situaciones y de marcos de trabajo diferentes. El marco espacial de análisis y la propia naturaleza de la obra obligan a los diferentes autores a basar sus afirmaciones en datos estadísticos generales, que en gran parte se refieren a tendencias demográficas y de empleo por sectores económicos. No ofrecen al lector explicaciones empíricas en detalle acerca del proceso. Lo más interesante de la obra es un capítulo final en el cual Champion realiza una recapitulación de las aportaciones de los diferentes autores, presentando el proceso de Contraurbanización desde tres puntos de vista diferentes: una anomalía temporal, una tendencia duradera y una fase transitoria, que básicamente coinciden con las interpretaciones teóricas reconocidas por otros autores anteriormente (Bourne, 1980; Berry, 1976; Van den Berg, 1982). Básicamente, en este libro se refuerza la tesis de Perry, Dean y Brown (1986) de que la Contraurbanización todavía no ha alcanzado el status de universal, y que sus características y génesis varían de un estado a otro o de una región a otra.

En definitiva, tras lo expuesto, estamos en condiciones de afirmar que la Contraurbanización se encuentra presente en la mayoría de las sociedades del mundo occidental, tanto en Europa como en América, beneficiándose de ello determinadas áreas rurales que conocen un nuevo período de desarrollo económico y de crecimiento demográfico tras una fase oscura de declive. Estos cambios urbano-rurales se encuentran íntimamente relacionados con las nuevas formas de urbanización difusa y representan la superación de la urbanización industrial. Los estudios empíricos al respecto han descendido en su escala de análisis desde la utilización de macro-magnitudes, la mayoría de las veces demográficas, a la realización de investigaciones muy localizadas utilizando micro-magnitudes, tanto demográficas como socioeconómicas o de otra índole, preocupándose de las consecuencias e impactos que pueden traer consigo la superación de las tradicionales relaciones entre el mundo rural y el urbano. Los investigadores sociales se han interesado en estudiar el proceso de cambio a partir de los años setenta. El denominador común de los estudios realizados es la preocupación por el análisis de las tendencias migratorias que logran invertir su dirección, para convertir los antiguos flujos rural-urbanos en urbano-rurales, dando pie a elaborar modelos teóricos generales, que bajo mi punto de vista podían resultar prematuros. El cambio rural-urbano asociado a la Contraurbanización parece no haber sido investigado suficientemente a nivel comparativo internacional. Las investigaciones empíricas llevadas a cabo en la mayoría de los casos no han sido lo suficientemente profundas para explicar las causas, consecuencias y dimensiones del proceso y fenómeno de cambio asociado, ya que sus argumentaciones empíricas se han basado en datos estadísticos muy generales casi siempre de carácter demográfico.

En las páginas siguientes abordaremos la clasificación y análisis de las diferentes teorías espaciales que tratan de explicar la Contraurbanización.

5. Las Teorías

El cambio que han experimentado las clásicas relaciones urbano/rurales fue analizado desde diferentes interpretaciones o puntos de vista epistemológicos, dando explicaciones diferentes, pero no contrapuestas, según el diferente posiciona-miento científico-ideológico de los investigadores. Estas explicaciones en su mayoría resultan ser especulativas, tal como lo suelen demostrar las investigaciones empíricas (D. Clark, 1989), y más que posturas estrictamente teóricas son interpretaciones basadas en enfoques y paradigmas diferentes. A continuación nos detendremos a examinar las teorías socio-espaciales de la Contraurbanización, que se pueden considerar la gran aportación del paradigma geográfico a las ciencias sociales.

Desde que fue identificado el fenómeno de involución demográfica y económica de las ciudades en beneficio de las áreas rurales, se abrió un debate teórico acerca de cuál era la verdadera dimensión del mismo y cuál era su explicación. Se elaboraron teorías, que a veces resultaban contradictorias y otras veces complementarias, como veremos en las páginas siguientes; dichas teorías se caracterizaban, en general, por no estar basadas en investigaciones empíricas contrastadas internacionalmente, al contrario, sus razonamientos se basaban en estadísticas, la mayoría de ellas demográficas, de carácter muy general y hasta parcial. Estas teorías se sucedieron cronológicamente desde la segunda mitad de los años setenta hasta la actualidad, unas fueron desarrolladas en los Estados Unidos y otras en Europa. La diversidad teórica y de interpretaciones, indudablemente, sirven en la actualidad para poner de relieve la existencia de un amplio proceso de cambio en los flujos migratorios y económicos, que se generaliza poco a poco en los países desarrollados; además de servir de incentivo para investigaciones posteriores. Cabe diferenciar dos enfoques diferentes en las interpretaciones espaciales de la Contraurbanización: las realizadas por los investigadores urbanos y las realizadas por los investigadores del mundo rural; que, además, son dos enfoques tradicionales en las ciencias sociales.

Un acercamiento a la literatura anglosajona que trata sobre la Contraurbanización permite observar que la mayoría de las investigaciones la conciben desde y para el espacio urbano; todas ellas se fundamentan en análisis de la evolución de las áreas urbanas de los países desarrollados. Son verdaderas interpretaciones del cambio experimentado por las grandes áreas urbanas y pretenden servir de marcos explicativos de su evolución. La mayoría coinciden en reconocer la existencia de un declive urbano actual, pero lo conciben de forma diferente: desde posiciones que ven en este fenómeno una fase transitoria hacia un renacimiento urbano (Van de Berg, 1982) hasta otras que lo consideran una tendencia duradera (Berry, 1978), pasando por posiciones escépticas que sacan importancia al declive urbano afirmando que no es más que una ilusión estadística (Gordon, 1979).

Las investigaciones y teorizaciones desde la óptica rural son menos numerosas. Los análisis del impacto o de las consecuencias que trae consigo parecen tener menos interés para los investigadores y planificadores. En general, los estudios realizados desde un enfoque rural se preocupan sobre todo por demostrar el llamado renacimiento rural, regeneración rural o recuperación rural (Cloke, 1985; Brandshaw y Blakely, 1979; Fuguitt y Johansen, 1984; Kaiser, 1990), aunque, a diferencia de los estudios con enfoque urbano, se interesan más por la demostración empírica y por el impacto que representa la llegada de habitantes culturalmente urbanos al campo, en lo referido al choque cultural, cambio de hábitos, niveles de aceptación, procesos de segregación, etc. Sus investigaciones están más documentadas y son más profundas, no se ciñen en exclusiva a las estadísticas demográficas. En las páginas siguientes tendremos oportunidad de conocer el contenido genérico y las características principales de los diferentes cuerpos teóricos.

5.1. El Clean Break o la ruptura con el pasado

Su origen se remonta a la segunda mitad de la década de los años setenta en los Estados Unidos, donde primero se percibió la existencia de un declive demográfico y económico en las grandes áreas metropolitanas. Esta interpretación la mantienen autores como Berry (1976), Vining y Kontuly (1978), y Fielding (1982); y se caracteriza por sostener que el declive marcará el futuro de las áreas metropolitanas tal como el crecimiento caracterizó el pasado. Hacen especial énfasis en demostrar los defectos y problemas ambientales y sociales que presentan las áreas urbanas: polución, crimen, racismo, etc., presentándolos como factores de expulsión demográfica hacia los asentamientos menores y áreas rurales de mayor calidad ambiental y de relación humana.

Sostienen que el proceso de concentración demográfica y urbanización que caracterizó la industrialización no se volverá a repetir, ya que las innovaciones tecnológicas y la mejora de las comunicaciones abren una nueva fase en la evolución de las ciudades y en la jerarquía de los asentamientos. Se produce una redistribución de la población en dirección contraria a la de los procesos clásicos de concentración, favoreciendo la dispersión de la población desde las grandes ciudades hacia los pequeños asentamientos urbanos o áreas rurales. Insisten en la existencia de un cambio en las preferencias residenciales de la gente y familias que esencialmente toman una orientación antiurbana, además de subrayar la relajación de los contrastes que tradicionalmente separaban las áreas urbanas de las rurales, promovido, fundamentalmente, por la mejora de las comunicaciones y el incremento general de la accesibilidad.

Rechazan la interpretación que mantiene que los cambios en la distribución de la población y las actividades económicas constituyan una perturbación temporal causada por la recesión económica y se identifican con las tesis que sostienen que se está produciendo el paso de la sociedad industrial a la sociedad post-industrial a través de la sustitución de las economías industriales por las economías de los servicios y de la tecnología de la información.

5.2. El Spillover o derramamiento urbano

La interpretación del Spillover o derramamiento urbano es posterior al Clean Break; su origen se debe a Gordon (1979) que no aceptó las afirmaciones del Declive urbano y desconcentración demográfica en sentido literal; sostiene que, en gran parte, fue una ilusión estadística debido a la variabilidad de los límites de las áreas metropolitanas americanas a nivel de la recogida de datos estadísticos (Burns, 1987).

Esta interpretación sostiene que lo sucedido no es más que una continuación con el pasado, es decir, la continuación de los procesos de suburbanización hacia la periferia de las ciudades, o si se quiere, una nueva suburbanización en áreas oficialmente designadas como rurales. Lo consideran como un proceso de descentralización que conlleva la reinstalación tanto de personas como de empleos en la periferia de las áreas urbanas debido al crecimiento de sus áreas de influencia en relación con los avances técnicos en los transportes y el incremento de la accesibilidad espacial. Según Champion (1989) esta interpretación no reconoce la Contraurbanización y lo único que viene a demostrar es la continuación de la suburbanización en el territorio adyacente a las áreas urbanas.

De todas formas, esta interpretación deja entrever ciertas dudas cuando afirma que lo máximo que pudo suceder fue una perturbación temporal derivada de la crisis económica de los años setenta.

5.3. Los Ciclos Espaciales o Spatial Cycles

La interpretación de los Ciclos Espaciales surge en Europa en la década de los años ochenta de la mano de Hall (1981) y Van de Berg (1982, 1987). Estos autores elaboran verdaderos modelos de evolución de las áreas urbanas, relacionando los estados por los que pasan con el nivel de desarrollo económico de los países a los que pertenecen. Relacionan directamente el hecho urbano con los estados de desarrollo a través de una dialéctica que sostiene que al crecimiento le sucede el declive y al declive el crecimiento.

Reconocen la existencia de un proceso de declive urbano y desconcentración demográfica de los habitantes y actividades económicas de las grandes ciudades, pero no reconocen el proceso de Contraurbanización y la ruptura con el pasado (Clean Break). Se distancian claramente de las posiciones de Berry (1976) cuando afirman que el declive de unas aglomeraciones genera el crecimiento de otras aglomeraciones distintas.

Diferencian cuatro estadios sucesivos en el proceso de desarrollo urbano: Urbanización, Suburbanización, Desurbanización y Reurbanización. Para esto hacen una diferenciación espacial entre centro y anillos periféricos en las áreas urbanas, y de la dinámica demográfica de estos dos ámbitos espaciales deducen los estadios de desarrollo urbano. Evitan el concepto de Contraurbanización para el estadio de declive urbano, cuando tanto el centro como el anillo periférico pierden población, denominándolo Desurbanización. No relacionan este proceso con los sistemas de asentamientos y su interpretación está más próxima a la que relaciona el Declive urbano con la crisis económica, que a la de la ruptura de los modelos clásicos de concentración demográfica y urbanización.

Hacen especial énfasis en el papel que las políticas públicas deben jugar para frenar el declive urbano y el proceso de desconcentración que lleva parejo; afirmando que en el pasado estas se preocupaban por frenar el proceso de urbanización y concentración para evitar desequilibrios territoriales y las aglomeraciones excesivas. Ahora, corresponde a los poderes públicos incentivar la recuperación urbana. Observan un deterioro generalizado de las infraestructuras y equipamientos urbanos que deterioran la calidad de vida y una falta de adecuación de las mismas a las nuevas necesidades de las industrias avanzadas.

En último término son unos defensores a ultranza de la ciudad y la cultura urbana como uno de los valores fundamentales de las sociedades humanas, y pronostican un estadio de Reurbanización tras el declive transitorio. En definitiva, consideran que el declive urbano es una fase transitoria.

5.4. El Continuum Rural-Urbano y la Urbanización del Campo

Esta teoría se fundamenta en la superación de la dicotomía rural-urbana basándose en el conocimiento de las similitudes de ambos ámbitos espaciales y de las comunidades que habitan en ellos. Su origen se remonta a los años sesenta cuando Pahl (1966) (ver Clouth 1976, p. 71), desde un enfoque sociológico, afirmaba que las diferencias entre ciudad y campo y entre las comunidades rurales y urbanas cada vez eran más difusas. Esta afirmación se basaba en la observación de un proceso contrario al de la concentración de la población en las ciudades después de la II Guerra Mundial, cuando en muchos países desarrollados los habitantes de las ciudades empezaban a trasladarse al campo en busca de viviendas y esparcimientos. Pahl (1966) designaba los lugares donde se instalaban estos ex-urbanitas como partes del campo mentalmente urbanizadas pero físicamente rurales, en un estudio que realiza sobre este proceso en Gran Bretaña; en este estudio se advertía cómo la proliferación de la segunda residencia implicaba el movimiento de habitantes urbanos al campo y la concreción de sistemas agrarios a tiempo parcial, que Pahl ya denominaba de obreros-campesinos, convirtiendo a las áreas rurales en espacios habitados por “commutadores” que viajaban con frecuencia diaria o temporal a la ciudad o al campo según el caso. La segunda residencia y los “obreros-campesinos” actuaban como generadores del proceso de urbanización del campo. En relación con todo esto se produce una desconcentración general de la ciudad en el campo gracias a la mejora y eficiencia del transporte individual y colectivo, al aumento de la movilidad de las personas con el fuerte incremento del número de vehículos particulares y la mejora de las redes de carreteras y de los medio de comunicación en general.

Esta teoría mantiene que existe una dicotomía rural-urbana en cuanto a la morfología y paisaje, pero con límites entre ambos muy poco precisos; los espacios abiertos, las áreas de cultivo, los asentamientos de pequeñas dimensiones, la morfología de las viviendas, etc., son rasgos diferenciados del campo con respecto a la ciudad. El Continuum Rural-Urbano se manifiesta culturalmente a partir del ámbito urbano que se extiende sobre el campo. Se produce una difusión de las ideas y actitudes urbanas de forma generalizada en el espacio.

Desde un punto de vista más espacial, aunque sin abandonar los presupuestos del Continuum Rural-Urbano de Palh (1966), Clout (1976) interpretó los cambios económicos, sociales y del uso de la tierra en las áreas rurales del mundo desarrollado como la Urbanización del Campo. Afirmó que no se puede definir lo rural por lo agrario ya que las actividades económicas urbanas, industria y servicios, cada vez se encuentran más presentes en las áreas rurales, bien directamente con su instalación física o bien indirectamente a través de los movimientos pendulares de población que reside en el campo y se desplaza a trabajar a la ciudad. Sin embargo, Clout realiza una matización al Continuum Rural-Urbano cuando afirma que lo más adecuado espacialmente es concebir una escala más que una dicotomía para clasificar la población con sus características urbanas o rurales.

En suma, estas interpretaciones se fundamentan en un razonamiento válido y representan la superación en los años setenta de la visión que consideraba lo rural y lo urbano como algo contrapuesto. Pahl, desde un enfoque sociológico, interpretó los cambios que operaban en las áreas rurales como la invasión de la cultura urbana en el campo, y consiguientemente elaboró la Teoría del Continuum Rural-Urbano para hacer notar que las diferencias cada vez eran menores. La componente espacial la introdujo Clout afirmando que lo más acertado era hablar de un proceso de Urbanización del Campo que se manifestaba gradualmente a medida que aumentaba la distancia a la ciudad.

5.5. El Modelo Cíclico de Lewis y Maund

El Modelo Cíclico de Lewis y Maund (1976) representa un avance en la interpretación del cambio social que trae consigo el proceso de Urbanización del Campo. Critica el punto de vista del Continuum Rural-Urbano al considerarlo simplista y genérico, pues considera el cambio social como un proceso de difusión de nuevas ideas y actitudes concibiendo la sociedad como un todo homogéneo sin tener en cuenta la localización geográfica. Lewis y Maund creen que la difusión es socialmente y espacialmente selectiva, y consecuentemente produce diferentes aspiraciones y códigos de conducta basados en las diferencias de clase social y ciclo de vida.

Lewis y Maund elaboraron un modelo para poder interpretar la evolución de las comunidades rurales combinando factores socioeconómicos, culturales y demográficos. En dicho modelo se diferencian tres estadios sucesivos: Despoblación, Población y Repoblación, como componentes de un proceso de difusión urbana y cambio social en el campo.

El primer estadio de “Despoblación” se caracteriza principalmente por la emigración, que afecta a las personas más jóvenes y mejor cualificadas de la sociedad rural, las cuales se trasladan a las ciudades creando una estructura demográfica envejecida, unas muy flojas perspectivas de desarrollo económico y una estructura social piramidal, además de contribuir al mantenimiento de sistemas de valores tradicionales con pocas posibilidades de cambio en las comunidades de origen. Este estadio acontece en el campo al mismo tiempo que las ciudades conocen el proceso de urbanización e industrialización, ofreciendo oportunidades de empleo en los sectores secundario y terciario a los que aspiran las gentes rurales. Se generan los movimientos migratorios campo-ciudad.

Posteriormente, y cabe interpretar que coincide con la llegada de la etapa Postindustrial, se sucede un estadio denominado de “Poblamiento”, caracterizado por el crecimiento demográfico de las comunidades rurales en relación con un flujo inmigratorio de población de origen urbana que se encuentra en un estadio temprano del ciclo vital, alterándose las estructuras económicas, sociales y demográficas. Los nuevos pobladores inmigrantes fijan su residencia en el medio rural pero mantienen su empleo urbano y tienden a ser relativamente jóvenes y pudientes, a menudo con estilos de vida de clase media. Generalmente no se relacionan con los autóctonos y no presentan interés alguno por integrarse en la sociedad local; se constatan procesos de segregación social aunque las estructuras económicas, sociales y demográficas se encuentran en franca expansión en esta fase.

En el tercer estadio denominado de “Repoblación” se produce la retirada de gentes o familias enteras que se encuentran en un estadio avanzado de su ciclo vital, contribuyendo al envejecimiento demográfico y al incremento de los residentes de clase media en el campo, con lo cual se sigue incrementando la dependencia urbana. Los procesos de segregación siguen presentes, manteniéndose las tendencias demográficas del estadio anterior y la estructura social en expansión.

Cuando las sociedades rurales conocen estos estadios cambian sus sistemas de valores, pasando de los meramente locales o rurales, presentes en el estadio de Despoblamiento, a los propiamente urbanos de los estadios de Poblamiento y Repoblamiento. Lewis y Maund consideran el sistema de valores urbano como el dominante en el conjunto de la sociedad, correspondiendo a los estadios de Poblamiento y Repoblación la difusión de los mismos en las áreas rurales.

En suma, el modelo de Lewis y Maund viene a interpretar el proceso de urbanización del campo desde una perspectiva diferente a los modelos de Dicoto-mía/Continuum Rural-Urbano, al considerar el proceso de difusión urbana espacialmente y socialmente selectivo. Representa la superación de los enfoques tradicionales de los investigadores rurales que estudiaban la apariencia física, tamaño de los asentamientos y uso de la tierra, morfología y paisaje, para pasar a estudiar las estructuras socioeconómicas, la conducta humana y los sistemas de valores.

5.6. La Perspectiva Rural de la Contraurbanización de Cloke

Cloke en 1985 hace una interpretación de la Contraurbanización desde la perspectiva rural, intentando explicar los factores que intervienen en la recuperación demográfica de las áreas rurales. Para ello hace una diferenciación de dos ámbitos espaciales diferentes: las áreas rurales sometidas a una directa presión urbana, que identifica con los suburbios, y las áreas rurales remotas; siendo en estas últimas donde él encuentra significado y contenido a la Contraurbanización que, por otra parte, considera sinónimo de Regeneración Rural.

Diferencia una dinámica de Despoblación-Repoblación en las áreas remotas, identificando la fase de Despoblación, al igual que las interpretaciones del Continuum Rural-Urbano y del Modelo Cíclico de Lewis y Maund, con el proceso de industrialización que traía consigo la concentración de la población y la urbanización. La segunda fase o de Repoblación se asocia con la llegada de la Sociedad Postindustrial en materia de comunicaciones, nuevas tecnologías, nuevas industrias, etc. y el proceso de desconcentración demográfica de las grandes áreas urbanas, dando lugar a un flujo migratorio que se dirige a las áreas rurales.

Según Cloke la Repoblación de las áreas rurales remotas se puede explicar a dos escalas diferentes: a una macroescala que hace referencia explícita a los cambios generales experimentados por las sociedades avanzadas, como descentralización de industrias y de servicios, nuevos estilos de vida, mayores distancias en los movimientos pendulares de las personas, incremento generalizado de los niveles de accesibilidad, etc.; pero esto no siempre se cumple, tanto espacialmente como socialmente, y no deja de ser una generalización simple a la hora de estudiar casos concretos. La aportación novedosa de Cloke es la explicación del proceso de Contraurbanización en base a una serie de factores locales que actúan como elementos de atracción de nuevos habitantes en las áreas rurales remotas, dejando claro de antemano que las áreas rurales con mayores atractivos son las que mayor flujo reciben de inmigrantes. Estos factores son los siguientes:

• El mercado de la tierra: los buenos precios son atractivos a los ojos de las industrias y de las familias que quieren construirse una nueva casa, bien de primera o segunda residencia.
• El medioambiente y su calidad.
• La calidad de los asentamientos: en lo que se refiere a la estética, grado de conservación, infraestructuras, etc.
• El precio de las viviendas.
• Factores sociales y comunitarios: como pueden ser la tranquilidad social, las relaciones humanas, etc.

Además Cloke realiza un razonamiento demográfico que viene a enfatizar la gran importancia que en la actualidad poseen los movimientos migratorios en el crecimiento poblacional de los países desarrollados. Afirma que el crecimiento demográfico de las áreas rurales, y de todos los ámbitos espaciales, actualmente viene dado por el saldo migratorio, pues el crecimiento natural tiende a ser nulo o negativo, o está muy cerca de serlo en las sociedades occidentales que cada vez se encuentran más envejecidas y con menores tasas de natalidad.

5.7. Los tipos de Contraurbanización de Clare J. A. Mitchell

Recientemente Clare Mitchell (2004), en un documentado artículo publicado en el Journal of Rural Studies, acomete un intento de ordenar los contenidos plurales del concepto de Contraurbanización. A partir del análisis de la bibliografía existente en los países anglosajones observa la existencia de una gran diversidad de visiones e interpretaciones de la contraurbanización que llega a tener diferentes significados según el autor y su subjetividad. Observa cómo la afirmación de Halfacree (1994) de calificar a la Contraurbanización como un concepto caótico es una realidad en la literatura especializada. Mitchell (2004) habla de tres conceptos para describir los cambios en la redistribución espacial de la población:

• El modelo contraurbano referido a la superación del modelo clásico de urbanización industrial y concentración en las grandes ciudades y que se relaciona con la postindustrialización y el desarrollo de la ciudad desconcentrada y la metropolización del espacio rural.
• El proceso de Contraurbanización a través del cual el espacio se va urbanizando de forma difusa en detrimento del paisaje rural y del urbano tradicional de corte industrial.
• El movimiento de Contraurbanización referido a los desplazamientos demográficos en el sistema de asentamientos y a la redistribución de la población entre grandes y pequeños asentamientos.

Por otra parte, Mitchell (2004) desde un enfoque demográfico logra diferenciar tres tipo de Contraurbanización según el perfil social y los motivos que llevan a las personas a desplazarse desde las áreas urbanas a las rurales: la ex-urbanización protagonizada por familias e individuos originarios de la ciudad que construyen y perciben una imagen bucólica del campo (limited dream), donde creen poder alcanzar un nuevo estilo de vida más vinculado con la naturaleza y más tranquilo; la urbanización por desplazamiento o “Displaced-Urbanization” protagonizada por familias y personas que buscan nuevos empleos en el medio rural, bien jóvenes con profesiones liberales o familias con miembros desempleados que ven una oportunidad laboral lejos de la ciudad, o incluso familias que son atraídas por los bajos precios del suelo y la oferta de viviendas más baratas que en la ciudad; y, en tercer lugar, la anti-urbanización que es la postura adoptada por gentes que aspiran a vivir en aldeas, pequeñas ciudades, etc., casi siempre en áreas rurales remotas, que huyen de los peligros sociales, polución y masificación de las grandes ciudades.

6. Conclusiones

Se puede afirmar como conclusión general que la Contraurbanización es conocida en diferentes países y regiones del mundo occidental desarrollado, a expensas de las singularidades y características propias de cada caso, y falta saber sus implicaciones en los países en vía de desarrollo y su reconocimiento y concreción conceptual. Podemos interpretar que se enmarcaría en un nuevo paradigma explicativo del proceso de urbanización; es decir, a la concentración de actividades económicas y población de la sociedad industrial le sucede la desconcentración de las mismas en la sociedad postindustrial, en relación con un cambio estructural y tecnológico en las economías desarrolladas y unas predisposiciones culturales negativas de la población urbana hacia las grandes aglomeraciones. La verdadera dimensión de fenómeno de cambio es cuestión de debate e investigación en la actualidad, parece que se están descubriendo nuevas tendencias reurbanizadoras en las grandes ciudades.

Los estudios realizados hasta el momento acerca de la Contraurbanización directamente, o acerca de fenómenos asociados como el declive urbano o el renacimiento rural, han sido elaborados fundamentalmente a partir de estadísticas demográficas generales, y ha correspondido a los investigadores anglosajones realizar teorizaciones al respecto. Se echan en falta estudios de detalle, sobre todo a nivel comparativo internacional, que permitan un mayor conocimiento de las implicaciones e impactos que generan en las comunidades rurales y en el significado para la urbanización, para las ciudades del futuro y para las políticas territoriales.

Los investigadores urbanos afirman que el declive urbano, que se manifiesta en la pérdida de población de las grandes concentraciones humanas, es una fase de la evolución de las ciudades, aunque no existe acuerdo acerca de si esta es irreversible o transitoria; y los investigadores rurales afirman que la urbanización del campo es un proceso que adquiere mayor relevancia con el paso del tiempo. La Contraurbanización contribuye a la difusión de la urbanización en el territorio y en la sociedad, pues implica la difusión de los valores, hábitos, cultura, actividades económicas, etc., en el espacio. Con la Contraurbanización se invierte la dirección de los tradicionales flujos migratorios campo-ciudad para convertirse en ciudad-campo, las áreas rurales dejan de despoblarse para comenzar a ganar población. Estos nuevos flujos migratorios se pueden considerar los principales agentes urbanizadores del campo.

Hoy en día los investigadores sociales deben admitir la existencia de una degradación de lo urbano en el espacio, teniendo presente, al mismo tiempo, que la difusión de lo urbano es espacial y socialmente selectiva. La Contraurbanización parece que se encuentra íntimamente relacionada con el concepto de ciudad desconcentrada, que se opone al tradicional de ciudad compacta o agrupada, bien delimitada en el espacio, que era propio de las sociedades industriales. La ciudad desconcentrada se caracteriza por la dispersión en el espacio de la población urbana, entendiendo por tal la que no se encuentra funcionalmente vinculada a las actividades propias de las áreas rurales, es decir, a la población que reside en las áreas rurales y que no se encuentran ocupadas en las actividades agrarias; es un concepto propio de la sociedad postindustrial y se puede considerar la forma dominante desarrollada en el sistema de asentamientos tras la II Guerra Mundial, forma que consiste en la diferenciación de dos partes, una concentrada y con construcción compacta y otra dispersa y abierta. En definitiva, podemos llegar a definir la Contraurbanización como un nuevo proceso de urbanización, un modelo de distribución espacial de la población e, incluso, un movimiento demográfico a través del cual se produce un desplazamiento de personas y actividades económicas desde las áreas urbanas hacia las rurales, llegando a conformar un modelo de urbanización desconcentrada opuesto al tradicional de la urbanización concentrada; la concepción de la ciudad que emana de la Contraurbanización se encuentra en íntima relación con la urbanización del campo. Sin embargo surgen muchas preguntas acerca de cuál es la dimensión del nuevo proceso, su origen y desarrollo, duradero o efímero, planeado o espontáneo; quiénes son los actores sociales que protagonizan los movimientos de retorno desde las grandes ciudades hacia los asentamientos menores y regiones rurales, por qué y por qué ahora, son preguntas que requieren investigación empírica de casos a diferentes escalas y a nivel comparativo internacional.

En Latinoamérica y en España la investigación de la Contraurbanización puede llegar a ser un reto científico y académico. Sus implicaciones para las políticas de desarrollo rural, regional y urbano, para la demografía y los flujos migratorios urbano-rurales y rurales-urbanos, para los sistemas de asentamientos desequilibrados, etc., deben ser objeto de atención preferente. La Contraurbanización conlleva fuerzas reequilibradoras de la distribución de la población en el territorio y entre los asentamientos, corrigiendo desigualdades e injusticias en cuanto a la distribución del bienestar social en el territorio, pero también impactos negativos en relación con el medio ambiente. Son temas relevantes para una agenda de investigación los análisis en profundidad de sus consecuencias e impactos, del estudio de casos concretos en diferentes países y regiones, que lleguen a evaluar sus posibilidades para el diseño de decididas y equilibradas políticas de desarrollo regional y planificación urbana y rural. La Contraurbanización planeada podría llegar a ser un factor de equilibrio y justicia territorial capaz de vencer la tradicional marginación de la periferia frente al centro y el final de la jerarquización vertical en los sistemas de asentamientos.

 

Notas

** El presente trabajo ha sido realizado con el apoyo financiero del Ministerio de Educación y Ciencia del gobierno español, en el marco de proyecto del Plan Nacional de I+D+i Sociedad de la Información y desarrollo urbano y regional (SINDUR) (Sec2002-01874) (Sej2006-08889). Enviado el 23 de mayo de 2006, aprobado el 10 de julio de 2006.

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