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EURE (Santiago)

versión impresa ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) vol.40 no.121 Santiago set. 2014

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612014000300008 

ARTÍCULOS

 

Desigualdad, clase media y territorio en Chile: ¿clase media global o múltiples mesocracias según territorios?1

 

Oscar Mac-Clure.
Universidad de Los Lagos, Santiago, Chile.
Oscar Mac-Clure, oscar.macclure@gmail.com

Emmanuelle Barozet.
Universidad de Chile, Santiago, Chile.
Emmanuelle Barozet, ebarozet@uchile.cl

Víctor Maturana.
Nazca Consultores, Santiago, Chile.
Email: Victor Maturana, vmaturana.victor@gmail.com


RESUMEN | Se estudian las desigualdades entre territorios subnacionales según clases sociales en Chile, discutiendo si existe un único proceso de mesocratización. Para esto se analiza el proceso de urbanización, distinguiendo territorios de acuerdo con sus mercados de trabajo, donde diferentes clases medias habitan y desarrollan su actividad laboral. Se revisan definiciones de la clase media desde el punto de vista de los ingresos y de las ocupaciones, aplicándolas a esos territorios, argumentando que la clase media tiene características particulares según el territorio de que se trate.

PALABRAS CLAVE | centros urbanos, ciudades intermedias, desigualdad social, clase media.


ABSTRACT | This article analyzes the inequalities between social classes based on sub-national territories in Chile, contributing to the discussion on whether or not there is a single, discernable process of mesocratization. The urbanization process is analyzed, distinguishing between different territories according to their job markets, in which different middle classes live and develop their job-related activities. Definitions of the middle class are reviewed from the point of view of income and occupation, and consequently applied to the established territories, arguing that the middle class has particular characteristics according to each of the territories considered.

KEY WORDS | urban centers, intermediate cities, social inequality, middle class.


 

Introducción

El veloz crecimiento que están experimentando las clases medias en los países emergentes o en desarrollo desde hace cuatro décadas ha generado intensa atención en los años recientes (Birdsall, Graham & Pettinato, 2000; Ravallion, 2009; Pewglobal, 2009; Birdsall, 2010; Kharas, 2011; Organisation for Economic Co-operation and Development [OECD], 2011a; Dobbs et al., 2012; Ferreira et al., 2012). Más aún, diversos analistas consideran que estas clases medias de dichos países continuarán expandiéndose en el planeta durante las próximas décadas (Birdsall, 2010; Kharas, 2011). El crecimiento económico y las políticas sociales focalizadas habrían sido clave para la reducción de la pobreza a nivel global, un proceso cuya otra cara ha sido la emergencia de la clase media global (Ravallion, 2009; Birdsall, 2010, Ferreira et al., 2012; Torche & López-Calva, 2012). La expansión de este grupo cambiaría la capacidad de consumo de los países en desarrollo y, para algunos, se trataría de "una de las características más importantes del paisaje económico global de la actualidad" (Kharas, 2011, p. 2).

En ese contexto global, desde finales del 70 Chile ha pasado por diversas transiciones que han significado un importante crecimiento y una mutación de su clase media, transformando a este sector más bien homogéneo durante las décadas previas, en una constelación de grupos muy distintos desde el punto de vista de las variables que los definen y de sus identidades (León & Martínez, 2001; Franco, Hopenhayn & León, 2011; Barozet & Fierro, 2011; Mac-Clure, 2012a). Tanto en economía como en sociología la búsqueda de definiciones que permitan acotar qué es la clase media ha llevado a elaborar un corpus de conocimientos importante, pero no exento de polémicas2. Como nuestra meta en este artículo no consiste en repasar la totalidad de esta literatura, propondremos como punto de partida una aproximación sintética desde la sociolo3. Se puede señalar que las clases medias corresponden a agregados amplios, grupos heterogéneos que se encuentran entre los sectores más pobres y los más ricos. Desde el punto de vista laboral, sus integrantes suelen estar adscritos, por un lado, a ocupaciones asalariadas no manuales de rutina; y por otro, a profesiones liberales e independientes, o actividades que ejercen con pocos empleados a su cargo. Sus ingresos suelen definirse por un rango estándar alrededor de la mediana del ingreso del país, punto sobre el que volveremos más adelante.

Dentro de las múltiples variables que se puede elegir para definir o estudiar la clase media, una de las dimensiones relevantes de este grupo dice relación con su adscripción territorial. En efecto, investigaciones a nivel internacional vinculan la emergencia de la clase media global a la galopante urbanización que tiene lugar en distintos países y, en especial, al surgimiento de "megaciudades" como São Paulo, Ciudad de México, Buenos Aires y Rio de Janeiro en América Latina, resultado del crecimiento de una economía de servicios (Birdsall, 2010), de la elevada participación de estas ciudades en el producto global bruto y de la expansión de su infraestructura básica (Dobbs et al., 2012). Sin embargo, el vínculo entre clase media y territorio es más amplio y complejo. Constituye una de las dimensiones menos estudiadas acerca de los cambios que ha experimentado esta clase social, a lo que nos referiremos en este artículo analizando su desarrollo en relación con los lugares donde reside y trabaja.

A ese respecto, en el caso de América Latina, el crecimiento económico y urbano generó históricamente desequilibrios territoriales (Williamson, 1965; Redwood, 1975; Gilbert & Goodman, 1976; Quijano, 1972); en la actualidad, la globalización acentúa la urbanización de la economía y el papel predominante de las grandes ciudades, lo que acarrea la coexistencia de territorios subnacionales prósperos con territorios de menores ventajas comparativas en la dinámica global (De Mattos, 1998, 2009). En América Latina, y en particular en Chile, durante el período reciente se ha estudiado la relación entre pobreza y territorios (Gross, Galilea & Jordán, 1988; Ramírez, Tartakowsky & Modrego, 2009), grupos sociales y segregación ambiental (Gross & Rodríguez, 1988; Sabatini, Rasse, Mora & Brain, 2012), desigualdad en los niveles de bienestar y desarrollo en los territorios (Larraín & Toledo, 1990; Uribe-Echeverría, 1996; Srary, 1997), clases sociales y regiones del país (Barozet, Espinoza, Holz & Sepúlveda, 2009). Dentro de estas tradiciones de estudio y al contrario de muchos análisis optimistas sobre el crecimiento económico, urbanización y expansión de las clases medias, se ha observado que, en América Latina, otra cara de la concentración de población en grandes ciudades se refleja en fenómenos como la violencia y la inseguridad, la falta de planificación y la contaminación (Hiernaux & Lindón, 1997; Cadena et al., 2011). Sin duda, la clase media forma parte de este complejo panorama en que se vinculan desigualdad y territorio, una interrelación a la que nos aproximaremos en este trabajo.

En cuanto al estado del arte más preciso en el caso chileno, se ha estudiado la configuración actual del territorio, analizando el nivel de diversificación y especialización de las ciudades generado por la globalización de la economía, a partir de datos sobre ocupación según sectores o ramas de actividad económica, lo que permite distinguir diversos tipos de ciudades (Escolano, Ortiz & Moreno, 2007). También enfatizando la división funcional generada por el proceso de globalización, se ha analizado tanto la composición sectorial como las categorías ocupacionales de mayor peso en las principales ciudades, observándose la concentración relativa de las funciones directivas y más intensivas en capital humano en la red urbana del país (Lufín & Atienza, 2010). A la inversa, con énfasis en el mundo rural y analizando las relaciones entre las diversas comunas del país según el empleo total y la movilidad territorial o conmutación por motivos laborales, se han identificado diversos grados y formas de ruralidad (Berdegué et al., 2011) o conformación de espacios de producción agrícola (Canales & Hernández, 2011). Basándonos en los estudios anteriores, para contextualizar territorialmente a la clase media en el estado actual del proceso de urbanización que vive el país, distinguiremos diversos tipos de territorios a partir de la localización comunal de la ocupación de los individuos considerados de clase media.

Sostendremos que la clase media en cada tipo de territorio tiene características particulares. Afirmaremos que, dependiendo de los territorios donde habitan y se desempeñan laboralmente, surgen diferentes clases medias, de modo que no existe un único fenómeno de mesocratización, como está implícito en algunos de los estudios sobre el desarrollo de una clase media global. Para el análisis, se usan datos censales y la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN, 2011). En primer lugar, fundamentaremos la tipificación de territorios subnacionales en Chile. Enseguida, revisaremos definiciones de la clase media desde el punto de vista de los ingresos, aplicándolas a los diversos tipos de territorio del país. Finalmente, distinguiremos diversos estratos de clases medias chilenas según las ocupaciones desempeñadas en cada uno de los tipos de territorio identificados.

Clases medias y territorio

Cuando se realizan estudios de estratificación social en relación con la dimensión territorial se suele considerar que las regiones administrativas no son un buen lente de análisis, debido a que son excesivamente amplias, heterogéneas y que abarcan zonas de diversos rasgos internos, incluyendo zonas urbanas y rurales (Barozet et al., 2009). Al otro extremo de la escala, se puede usar la comuna como nivel de análisis; así se ha hecho, por ejemplo, en el caso de Chile en estudios sobre la pobreza y la desigualdad de ingresos a nivel comunal (Agostini, Brown & Góngora, 2008; Ramírez et al., 2009). Sin embargo, los municipios constituyen unidades demasiado reducidas para un análisis capaz de abarcar a las clases medias. De todos modos, las comunas pueden constituir la unidad básica para un análisis empírico más agregado, como haremos en este trabajo, aprovechando la disponibilidad de datos a ese nivel. La agregación de comunas de acuerdo con datos de ocupación es un método válido, que en función de los fines de este estudio permite dar cuenta de las características territoriales de las clases medias4.

Para caracterizar la distribución espacial de las desigualdades y de las clases medias en Chile adoptamos en este artículo la perspectiva de que el trabajo de las personas es central no solamente para definir su pertenencia a clases sociales5, sino también para describir su integración a los territorios. Se trata de una postura usual en sociología, donde se considera que la ocupación ofrece una información mucho más rica sobre lo que son las personas en otras variables -como, por ejemplo, los ingresos-, debido a que el empleo está en general asociado a un determinado nivel de estudios, a un nivel de ingreso y a un estilo de vida. Insertándonos en la tradición que relaciona la definición de clase social con la inserción en el mercado laboral (Weber, 1922), resulta primordial identificar dónde se localizan los mercados de trabajo, como factor distintivo de los territorios, lo que ha sido estudiado por una corriente importante en el ámbito internacional (Antikainen, 2005; Fitzsimmons & Ratcliffe, 2002; OECD, 2002; Coombes & Casado-Díaz, 2005; Office of Management and Budget [OMB], 2010). Esto permite precisar nuestra hipótesis, en términos de que los territorios delimitados de acuerdo con los mercados de trabajo geográficos son en parte definitorios de las clases sociales. Como punto de partida, podemos asumir el criterio de que el lugar donde trabajan las personas, muchas veces fuera de la comuna de residencia, representa el área efectiva de los mercados laborales. Esto implica identificar la presencia de un mercado laboral compartido en un espacio territorial, procedimiento que aplicamos en este trabajo. El método consiste en averiguar si existe una elevada proporción de viajes diarios desde el lugar de residencia al lugar de trabajo, utilizando datos censales.6 La movilidad territorial o conmutación por razones de trabajo entre comunas, como indicador de interrelación económico-social, es utilizada en otros países con propósitos similares (Anti-kainen, 2005; Fitzsimmons & Ratcliffe, 2002; Coombes & Casado-Díaz, 2005). En Chile, los viajes al interior de una comuna o entre comunas para el desarrollo de actividades como las laborales, han sido analizados en diversos estudios con enfoque territorial (Aroca & Atienza, 2008; Berdegué et al., 2011; Carrasco & Cid-Aguayo, 2012). Estos desplazamientos, incrementados por el desarrollo de los sistemas de transporte, constituyen una forma de inserción en una economía de la que forman parte central las ciudades y que gravita sobre las áreas vecinas. La medida del intercambio de empleos entre dos comunas o áreas es definida como el flujo equivalente a la suma de quienes conmutan entre ellas, dividida por la cantidad de ocupados en la comuna más pequeña7. Para mantener una consistencia de este indicador con estándares internacionales (Antikainen, 2005; OMB, 2010), el nivel de intercambio de empleos que aplicamos para establecer la presencia de un territorio consiste en un flujo mínimo de 15%8.

Al interior de las grandes ciudades de Chile -Santiago, Valparaiso y Concepción-, los datos muestran que todas las comunas que las integran tienen un flujo de al menos 15% con el conjunto de la ciudad de la que forman parte, un mínimo que en muchos de los municipios de esas metrópolis es superado con creces, de manera que los viajes por trabajo ocurren preponderantemente al interior del área de la ciudad. Lo anterior justifica considerar cada una de estas ciudades como un solo conglomerado, lo que también constituye el punto de partida de análisis similares en otros países (Antikainen, 2005; OMB, 2010).

Elevados flujos de movilidad interna por razones de trabajo se producen también dentro de las principales ciudades intermedias del país, que -de acuerdo con definiciones ampliamente aplicadas y relativamente aceptadas- abarcan 24 áreas urbanas desde Arica hasta Punta Arenas (Secretaría de Planificación de Transporte [SECTRA], 2008). Estas ciudades intermedias cuentan con una población de al menos 50.000 habitantes y son relativamente autónomas de las grandes ciudades. La diversificación económica aparejada a la globalización contribuyó en las últimas décadas al crecimiento de los núcleos urbanos intermedios y se redujeron los desequilibrios en el sistema urbano del país, aunque Santiago mantiene una marcada preeminencia (Escolano et al., 2007). Además de estas ciudades, podemos distinguir a los municipios vinculados a ellas, considerando el flujo mínimo definido como indicador de la presencia o ausencia de mercados de trabajo interrelacionados. En las restantes comunas están las que superan dicho flujo mínimo definido, abarcando las que se integran entre sí y que tienen centros urbanos menores, con al menos 10.000 habitantes, si se aplica el estándar norteamericano (OMB, 2010). Finalmente, se encuentran las comunas desvinculadas entre sí, sea que cuenten con centros urbanos menores o bien carezcan de una localidad de al menos 10.000 habitantes. Las comunas desvinculadas entre sí y sin centro urbano, en su mayoría son las que tienen un mayor grado de aislamiento en el país, según criterios físicos, sociales, económicos e institucionales (Subsecretaría de Desarrollo Regional y Administrativo [SUBDERE], 2008). No obstante, al medir el flujo de viajes al trabajo, muchos de tales municipios resultan estar integrados a los mercados de trabajo de ciudades o centros urbanos menores, sin formar parte de estas urbes pero manteniendo una relación de interdependencia con ellas.

De acuerdo con esta tipología de territorios, los resultados que se aprecian en cuanto a cantidad de territorios incluidos en cada tipo, número de comunas que integra y porcentaje de la población del país abarcada, se presentan en la Tabla 1.

TABLA 1 | Tipos de territorios: cantidad de territorios, comunas y población, Chile, 2011
 
 
FUENTE CENSO 2002 Y ENCUESTA CASEN 2011

En el conjunto del territorio nacional los datos muestran una marcada concentración de la población en comunas pertenecientes a ciudades grandes e intermedias, con 73% de los habitantes. Diversas comunas se vinculan con estas ciudades grandes e intermedias integrándose estrechamente al sistema urbano. Otras se articulan al sistema urbano por centros urbanos menores, ya sea interrelacionándose entre sí o girando en torno a su propio centro. Una proporción comparativamente pequeña de la población corresponde a comunas desvinculadas de otras y sin centro urbano.

Territorio, desigualdad de ingresos y clases medias

Desde una perspectiva económica, se ha sostenido que la desigualdad de ingresos constituye uno de los principales problemas de la sociedad chilena (Larrañaga & Herrera, 2008), donde el coeficiente de Gini es bastante más elevado que el promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, 2011b). Se trata de una información relevante antes de entrar a la medición más precisa relativa a clases medias, pues la desigualdad en una determinada sociedad no es inocua en cuanto a la definición de los grupos que la conforman. En el caso de América Latina, la existencia de una elite económica que concentra una parte importante de las riquezas nacionales tiende a posicionar la mediana de los ingresos más arriba de lo que ocurre en países más desarrollados. Como punto de partida para apreciar si la desigualdad de ingresos es mayor o menor en diversos tipos de territorio, se utiliza el coeficiente de Gini en la Tabla 2, en la que se presentan también los coeficientes de Theil.

TABLA 2 | Coeficientes de Gini y Theil según tipos de territorio, Chile, 2011
 
 
FUENTE ENCUESTA CASEN 2011

En relación con los ingresos autónomos que generan las personas por el trabajo, el coeficiente de Gini promedio en el país es de 0,51. Se aprecian, sin embargo, diversos niveles de desigualdad territorial de ingresos según este coeficiente. Con un valor cercano a la media se sitúan Santiago, Concepción y Valparaíso. En un nivel bastante inferior se encuentran las ciudades intermedias y las comunas correspondientes a los demás tipos de territorio. Así, en las grandes ciudades se concentra la mayor desigualdad de ingresos.

Según el lugar donde ocurren las mayores diferencias de ingreso, otros dos índices diferentes al coeficiente de Gini son utilizados frecuentemente: el coeficiente de Theil T o GE(1) y el coeficiente de Theil L o desviación media logarítmica o GE(0)9. El índice de Theil T o GE(1), de modo análogo al coeficiente de Gini, asigna el mismo peso a la desigualdad en cualquier parte de la distribución de ingresos, sean estos bajos o altos. En cambio, la desviación media logarítmica es más sensible a diferencias en la parte inferior de la distribución de los ingresos, es decir, entre quienes perciben menos ingresos. Diferencias en los valores de ambos indicadores pueden sugerir cuáles son los perceptores de ingresos que más contribuyen a la desigualdad. Según los resultados obtenidos, el índice de Theil en los diversos tipos de territorios muestra marcadas diferencias entre las grandes ciudades y los demás territorios, comportándose así de modo similar al coeficiente de Gini. En segundo lugar, la desviación media logarítmica o GE(0) permite observar particularidades de interés. En comparación con la generalidad de los tipos de territorio, la desviación media logarítmica es marcadamente baja en las comunas interrelacionadas que cuentan con un centro urbano menor sin estar vinculadas a ciudades grandes o intermedias. Además, la desviación media logarítmica es menor en las ciudades intermedias, en las comunas vinculadas a ciudades grandes o intermedias y en las comunas más aisladas, que en las grandes ciudades. Esto indica que en los territorios que no son grandes ciudades existe poca desigualdad de ingresos entre quienes perciben menos ingresos.

Resulta de interés examinar cómo se manifiesta esta desigualdad en las clases medias y, en comparación, en los demás estratos sociales. Como señalamos en la introducción, en el campo de la economía se ha desarrollado un debate en torno a la emergencia de nuevas clases medias a nivel global durante las últimas décadas, para ello se ha propendido a definir los sectores medios de acuerdo con sus ingresos. Se han privilegiado formas de medición que permitan comparaciones internacionales sobre el tamaño de las clases medias, con estándares a escala mundial. Considerando el ingreso, un primer criterio ha consistido en estimar el tamaño de la clase media en términos relativos, como aquellos sectores cuyo gasto -o su ingreso como proxy- se encuentra en un rango predefinido, dentro de valores que varían dependiendo de cada país. Algunos estudios distinguen entre pobres, clase media y ricos, considerando quintiles de ingreso relativo (Solimano & Torche, 2008). Otros autores plantean como tope para las clases medias a quienes se ubican por debajo del percentil 90 o 95 de la distribución del ingreso en su propio país (Birdsall, 2010). Para establecer rangos, en otros estudios se utiliza la mediana del ingreso, debido a que en los países con una alta desigualdad económica, los ingresos máximos tienden a distorsionar el ingreso medio (OCDE, 2011a); los rangos en torno a la mediana se pueden establecer según diversas modalidades (Barozet & Fierro, 2011).

Un segundo criterio de estratificación social según ingresos, basado en ingresos absolutos, ha consistido en definir montos monetarios dentro de rangos iguales para todos los países, evitando mediciones que varíen según el nivel de vida en cada país (Banerjee & Duflo, 2008; Ravallion, 2009; Kharas, 2011; Dobbs et al., 2012; Ferreira et al., 2012). El sector medio correspondería a una consuming class (Dobbs et al., 2012) integrada por quienes perciben los ingresos necesarios para realizar un monto mínimo de gasto diario. La ausencia de una definición consensual sobre el corte entre un estrato y otro muestra la dificultad de establecer diferencias absolutas y universales en los niveles de ingresos para distinguir a los estratos medios. Especial relevancia en este debate actual tiene la definición del Banco Mundial, tanto en Chile como en otros países, que distingue a la clase media de otros tres estratos de ingresos por persona del hogar (Ferreira et al., 2012). Se define a la población que vive en la pobreza como aquella con un ingreso inferior a 4 dólares al día. Un segundo segmento corresponde a la población vulnerable, con un ingreso de 5 dólares o inferior a 10 dólares. Por encima del segmento vulnerable, pertenecen a la clase media las personas que viven con un ingreso diario de 10 dólares pero inferior a 50 dólares. La clase alta incluye a quienes cuentan con un ingreso superior a 50 dólares al día. Los tipos de territorio que hemos distinguido pueden caracterizarse de acuerdo con esos estratos de ingreso definidos por el Banco Mundial, considerando los ingresos autónomos del trabajo per cápita en el hogar. Al efectuar este ejercicio con los datos disponibles (Encuesta CASEN 2011), sumando la clase media y la clase alta definidas según ingresos de acuerdo con el Banco Mundial, ellas tienen una mayoritaria presencia en las ciudades grandes e intermedias y su proporción es superior a los demás tipos de territorio. Dentro de esas ciudades, la clase media según ingresos es mayoritaria por sí sola en Santiago, Valparaíso y las ciudades intermedias. En contraste, los sectores medios de acuerdo con sus ingresos son menores en los restantes tipos de territorios. En los territorios que no son ciudades grandes o intermedias, los sectores pobres y vulnerables son mayoritarios, al mismo tiempo que la desigualdad es menor y existe una mayor homogeneidad de ingresos "por abajo". Obviamente, dentro de los corchetes que representan a un amplio sector medio según sus ingresos, se encuentra una importante diversidad de grupos sociales, como lo ha señalado para Chile un conjunto de estudios sobre clase media (Martínez & Tironi, 1985; Méndez, 2007; Barozet & Fierro, 2011).

Clases medias según ocupación en el territorio

Desde una perspectiva sociológica, como complemento de las diferencias de ingresos, interesa examinar la presencia de desigualdades sistémicas y revisar si se producen diferencias categoriales más que graduales, distinguiendo de esta forma clases sociales, en el sentido clásico -marxista y weberiano- del término. Para ello, es posible combinar diversos criterios, como ocupación, ingresos y bienes de consumo disponibles en el hogar (Franco, Hopenhayn & León, 2011). En sociología, se tiende a considerar respecto de las diferencias sociales que lo que hacen las personas en materia de ocupación es un dato central en términos sociales e identitarios. Esto también permite definir a los subgrupos o subclases que conforman las clases medias, cuya composición analizaremos a continuación, caracterizando su presencia en diversos tipos de territorio.

Aplicando un criterio ocupacional, la composición de la estructura de clases puede ser estudiada a partir de diversas clasificaciones (Leiulfsrud, Bison & Jensberg 2005; Portes & Hoffman, 2003). Entre ellas, y manteniendo estándares de comparabilidad internacional, utilizamos la escala EGP (elaborada por Erikson, Goldthorpe y Portocarrero; véase Erikson & Goldthorpe, 1993). Desde la sociología, constituye una de las clasificaciones más aplicadas a nivel internacional y en estudios recientes en Chile (Torche & Wormald, 2004; Torche, 2005; Mac-Clure, 2012a; Espinoza, Barozet & Méndez, 2013). Si bien este esquema fue elaborado inicialmente para el caso inglés, ha sido adaptado para comparaciones dentro de Europa (Rose & Harrison, 2010) y fuera de ella (Li, 2012), siendo probada su eficacia en el caso de Chile desde hace ya más de diez años.

Esta tipología distingue categorías a partir de la combinación de tres criterios: propiedad y control de los medios productivos, prestación de servicios con mayor o menor autonomía, y manualidad con mayor o menor grado de calificación10. La escala parte de las variables que definen la ocupación, tal como son elaboradas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Busca reflejar la jerarquía que existe en las sociedades, incluyendo los cierres entre los distintos grupos y las identidades que los unen, estableciendo cierta homogeneidad dentro de cada grupo. En su máximo detalle, la tipología EGP consta de once clases sociales, pero según las necesidades de la investigación, estas categorías pueden confluir en una menor cantidad de clases. La escala permite realizar interesantes mediciones cuantitativas, utilizando datos de encuestas de hogares, como la Encuesta CASEN 201111. La composición de las clases sociales en Chile utilizando esta tipología con diez clases se presenta en la Tabla 3, como proporción de la totalidad de los ocupados de 25 años o más en el país.

TABLA 3 | Clases sociales según ocupación: porcentaje de los ocupados, 2011
 
 
FUENTE ENCUESTA CASEN 2011. N OCUPADOS DE 25 AÑOS O MAS (100%) = 5.792.795

Un primer grupo de ocupaciones corresponde a la clase de Servicios, cuyo estrato alto podemos considerar como la clase media-alta12. Este estrato está integrado predominantemente por profesionales y técnicos de nivel superior contratados tanto en el sector privado como público, ejecutivos de empresas y funcionarios con cargos directivos en el Estado. En un escalón más abajo, la clase de Servicios Baja está compuesta por profesores, profesionales de servicios administrativos, técnicos con formación superior, profesionales de nivel medio de la salud y profesionales de la comunicación.

Se distingue en seguida un segundo conjunto de ocupaciones que corresponde a la denominada clase de Rutinas No manuales, claramente integrante de la clase media. En su estrato alto se incluye principalmente a personas contratadas como empleados administrativos, secretarias y enfermeros, la clase de Rutinas No manuales Alta. En su estrato bajo se agregan vendedores de tiendas, cajeros y camareros, la clase de Rutinas No manuales.

También dentro de la clase media se encuentran en tercer lugar los Pequeños Empresarios, es decir, quienes se declaran Empleador o Patrón con dependientes, en un establecimiento de menos de diez trabajadores. Bastante más numerosos en el caso chileno, los Trabajadores Independientes abarcan a personas que declaran ser Trabajadores por Cuenta Propia y que no son profesionales. Se trata de personas que poseen una tienda, un almacén o un puesto de venta, taxistas y diversos prestadores de servicios personales a particulares, quienes en gran parte también pueden ser considerados de clase media13.

Enseguida, entrando en los sectores populares, es decir, fuera de las clases medias, se distingue una clase de Trabajadores Manuales, diferenciando en su interior según el grado de calificación en el trabajo. Los Trabajadores Manuales Calificados están constituidos por asalariados que desempeñan oficios, como cocineros, carpinteros, mecánicos, electricistas de obras y panaderos14. Por su parte, los Trabajadores Manuales No calificados incluyen personal doméstico, limpiadores de oficina y otros establecimientos, conductores de camiones, peones de la construcción y vigilantes, entre otros.

Finalmente, en actividades vinculadas directa o indirectamente a la agricultura se encuentran las clases de Agricultores y Trabajadores Agrícolas. La clase de Agricultores incluye a quienes declaran ser Patrón o Empleador en el sector agrícola, pero en una proporción bastante mayor abarca en Chile a quienes se definen como Trabajador por Cuenta Propia y en su mayor parte trabajan solos o con un máximo de cinco personas. En cambio, quienes integran la clase de Trabajadores Agrícolas corresponden en su mayoría a asalariados que laboran en predios o establecimientos de cinco o más personas.

Resumiendo, y de acuerdo con un criterio convencional en estudios sobre el tema, podemos considerar que las clases medias están integradas por los trabajadores no manuales, incluyendo varios estratos de la clasificación EGP: la clase de Servicios -exceptuando los grandes empresarios-, la de Rutinas No manuales, la de Pequeños Empresarios y en alguna medida la de Independientes. En su conjunto, las clases medias han pasado de tener un peso cuantitativamente menor en el pasado histórico, a alcanzar en la actualidad una importante participación en la ocupación, transformando la configuración de la estructura de clases (Barozet, et al., 2009; Mac-Clure, 2012b).

La participación de estas clases sociales, distinguiendo los diversos tipos de territorios del país, es analizada a continuación, en primer lugar respecto de la participación territorial de la clase de Servicios y los dos estratos en su interior, de acuerdo con el siguiente Gráfico 1.

GRÁFICO 1 | Clase de Servicios: porcentaje de los ocupados en cada tipo de territorio, 2011
 
 
NOTA EXCLUYE PATRÓN O EMPLEADOR EN LA CLASE DE SERVICIOS ALTA.
FUENTE ENCUESTA CASEN 2011

La clase de Servicios es proporcionalmente mayor en el Gran Santiago que en los demás tipos de territorios, donde alcanza 23,6% de la ocupación total de 25 años o más en la ciudad capital. Esta clase es también porcentualmente importante en la composición del empleo de las otras dos grandes ciudades chilenas, Valparaíso y Concepción. Su tamaño es un poco menor en las ciudades intermedias, pero en ellas supera ampliamente a los restantes tipos de territorios, especialmente las comunas desvinculadas sin centro urbano.

En cuanto a la composición interna de la clase de Servicios, se aprecia una mayor proporción de la clase de Servicios Alta en Santiago y Concepción, seguida por Valparaíso y, en menor medida, por las ciudades intermedias. En Santiago se concentran servicios financieros, servicios a las empresas y sedes de empresas, esto es, funciones relacionadas con la toma de decisiones y más intensivas en conocimiento, de las que depende funcionalmente el resto del sistema de ciudades (Escolano et al., 2007; Lufín & Atienza, 2010), lo que se expresa en que algo más de la mitad de los integrantes de la clase de Servicios Alta reside en la capital, pero la participación de este estrato medio alto en la ocupación total de la ciudad es similar a su proporción en Concepción. Más aún, se observa que tanto en Santiago como en las demás grandes ciudades y en las intermedias, la clase de Servicios Alta es de un tamaño menor que la clase de Servicios Baja, de modo que la concentración de ciertas funciones en estas ciudades se asocia no solo al estrato alto de la clase de Servicios, sino también a la considerable presencia de su estrato bajo. En los restantes territorios, la clase de Servicios Baja tiene una participación marcadamente superior a la de Servicios Alta.

Continuando con la clase que sigue inmediatamente a la clase de Servicio en la escala que utilizamos -escala EGP-, podemos analizar la participación de la clase de Rutinas No manuales en el territorio, como se observa en el Gráfico 2.

GRÁFICO 2 | Clase de Rutinas No manuales: porcentaje de los ocupados en cada tipo de territorio, 2011
 
 
FUENTE ENCUESTA CASEN 2011

Se aprecia que las clases de Rutinas No manuales participan más en el empleo de las ciudades que en los demás tipos de territorios, como ocurre con las clases de Servicios. Sin embargo, se observan particularidades entre las ciudades al comparar con las clases de Servicios. En las grandes ciudades, las clases de Rutinas No manuales son de un tamaño similar a las clases de Servicios cuantificadas previamente. En cambio, en las ciudades intermedias tienen una mayor participación que las clases de Servicios, y esta superior proporción se observa también en los demás tipos de territorio. En cuanto a la composición interna de las clases de Rutinas No manuales, se aprecia una participación porcentual similar de la clase de Rutinas No manuales Alta y la Baja en el empleo de cada uno de los tipos de territorios. Así, las clases de Rutinas No manuales son de una importancia cuantitativa similar a las clases de Servicios en las grandes ciudades, mientras que tienen un marcado predominio respecto de estas últimas en las ciudades intermedias y los restantes tipos de territorios.

Enfocando a continuación el grupo de los pequeños empresarios y cuentapropistas, que también son en gran medida parte de la clase media, veremos cómo participan en los diversos territorios de acuerdo con el gráfico 3.

GRÁFICO 3 | Clases de Pequeños Empresarios e Independientes: porcentaje de los ocupados en cada tipo de territorio, 2011
 
 
FUENTE ENCUESTA CASEN 2011

Los Pequeños Empresarios corresponden en promedio al 0,9% de los ocupados en el país, sin mayores diferencias según tipos de territorios. Los Trabajadores Independientes son bastante más numerosos que los Pequeños Empresarios y son proporcionalmente mayores en el empleo de Santiago y Valparaíso que en los restantes tipos de territorio. En comparación con otros estratos, en las ciudades grandes e intermedias los Independientes son de un tamaño inferior tanto a la clase de Servicios como a la de Rutinas No manuales. En cambio, los Independientes superan en tamaño a la clase de Servicios, pero no a la clase de Rutinas, en las comunas vinculadas a ciudades grandes o intermedias y en las comunas interrelacionadas entre sí. En el otro extremo, los Independientes superan tanto a la clase de Servicios como a la de Rutinas No manuales en las comunas desvinculadas entre sí que no son ciudades.

Aun sin considerar a parte de los Independientes, podemos concluir que las clases medias predominan cuantitativamente en Santiago y Valparaíso, al mismo tiempo que tienen una notoria presencia en Concepción y las ciudades intermedias. La composición interna de las clases medias tiene particularidades en cada uno de estos tipos de territorios. Específicamente en las ciudades intermedias, diferenciando entre ciudades intermedias diversificadas -La Serena-Coquimbo, Talca, Chillán, Arica- y ciudades más especializadas -Iquique, Antofagasta, Copiapó, Rancagua, Los Ángeles, Temuco, Puerto Montt, Osorno, Punta Arenas y Valdivia-(Escolano et al., 2007), los datos muestran que la composición de las clases medias es similar, destacando en general la mayor participación de las clases de Rutinas No manuales. En contraste con la amplia participación cuantitativa de las clases medias entre los ocupados de las ciudades grandes e intermedias, estas clases son menores en las comunas vinculadas a ciudades grandes o intermedias, en las comunas con centro urbano menor que se encuentran interrelacionadas excepto a ciudades y en las comunas desvinculadas pero que cuentan con un centro urbano menor. En un polo extremo, tienen una muy escasa presencia en las comunas desvinculadas a otros municipios y sin centro urbano.

Una síntesis de las desigualdades observadas y de las clases medias examinadas según tipos de territorios puede apreciarse en la Tabla 4.

TABLA 4 | Resumen: desigualdad y clase media según tipos de territorios
 
 
FUENTE ELABORACIÓN PROPIA BASADA EN DATOS PRESENTADOS ANTERIORMENTE

Conclusiones

A partir de los resultados del análisis que considera diferentes tipos de territorio se concluye que las tendencias son más complejas que un diagnóstico general sobre la emergencia de las clases medias. Las clases medias son heterogéneas desde un punto de vista territorial y esto contribuye a interpretar diferencias en la distribución de los ingresos según tipo de territorio.

La posición dominante de Santiago en las funciones de dirección y más intensivas en capital humano características de la dinámica de la globalización se corresponde con una numerosa clase de Servicios Alta, pero sin prescindir de una marcada presencia de la clase de Servicios Baja y las clases de Rutinas No manuales. La centralización de esas funciones en esta gran metrópoli no excluye que otras ciudades grandes también cuenten con una marcada presencia de las clases de Servicios. El mayor equilibrio de los núcleos urbanos intermedios en relación con la principal metrópoli del país durante las últimas décadas se ve contrabalanceado por la mayor proporción de las clases de Rutinas No manuales en comparación con las clases de Servicios en las ciudades intermedias, donde predominan asalariados en labores administrativas, en servicios como enfermería y en ventas. En las minoritarias clases medias de los territorios que no constituyen ciudades grandes o intermedias, en los cuales la agricultura ha ido perdiendo peso en el empleo en un proceso de larga duración, predominan los Independientes o la clase de Rutinas No-manuales. Allí las reducidas clases medias son de todos modos de mayor tamaño que las clases de Agricultores y Trabajadores Agrícolas, excepto en las comunas más aisladas y sin centro urbano menor, que se siguen caracterizando por una muy escasa proporción de clases medias y, sobre todo, por una mayor cantidad de Agricultores y Trabajadores Agrícolas.

En definitiva, en Santiago se concentra un alto porcentaje de las clases medias, pero además de esta metrópoli principal del país, una elevada proporción se localiza también en ciudades intermedias y otras ciudades, así como en menor medida en los restantes tipos de territorio. Hay una mayor homogeneidad "por abajo" en las comunas que no pertenecen a ciudades grandes y, además, otras características de las clases medias difieren de un tipo de territorio a otro, por lo que no existe una sola clase media. Considerando el tamaño relativo de las clases medias en cada uno de los territorios y su composición interna, "la" clase media en cada territorio tiene características particulares.

 

NOTAS

1 Este artículo se inscribe en el proyecto Fondecyt Regular 1130800 y en el proyecto Enlace VID-CEPIA de la Universidad de Chile. Agradecemos el apoyo financiero de Conicyt, la Universidad de Chile y la Universidad de Los Lagos. También agradecemos los comentarios de Jorge Ortiz y Felipe Hugo, así como el apoyo de nuestro equipo de investigación.

2 Incluso, desde una perspectiva histórica, dependiendo de los países, los grupos de clase media no responden a los mismos segmentos de la sociedad. Por ejemplo, en Gran Bretaña, 10 que se entendía por middle class hasta bien entrado el siglo xx corresponde a segmentos profesionales y acomodados. En América Latina, en cambio, al igual que en varios países de Europa continental, las clases medias corresponden a sectores profesionales y no profesionales, con ingresos bastante más reducidos. Los trabajos de comparación internacional a partir de la segunda mitad del siglo xx buscan homogeneizar las definiciones y las variables usadas.

3 Las variables habituales usadas en economía y sociología para definir a las clases medias son los ingresos, el nivel educacional y la ocupación, o, en algunos casos, una combinación entre variables. Menos frecuentemente -más para su análisis que para su definición- se agregan variables o dimensiones como capital social, consumo, edad, sexo, impacto de las políticas sociales; o, en el caso que nos interesa tratar en este artículo, adscripción territorial (para el caso de Chile, véase la propuesta del Proyecto Desigualdades, www.desigualdades.cl).

4 La validez analítica de la agregación de comunas desde una perspectiva ocupacional y considerando los desplazamientos residencia-trabajo, ha sido reconocida al ser aplicada en países como Francia y otros integrantes de la OCDE (Brutel & Levy 2011; Institut National de la Statistique et des Études Économiques [INSEE], 2010; OCDE, 2002).

5 Retomando la doble tradición marxista y weberiana, podemos señalar que una clase social corresponde a un grupo social de grandes dimensiones, en general definido por el lugar que ocupa en la jerarquía social y en relación con los otros grupos sociales, en cuanto a la posesión de bienes de producción, prestigio y otros activos sociales o simbólicos.

6 En este trabajo se usan datos censales del 2002, 10 que constituye una limitación, de modo que cuando estén disponibles los resultados del próximo censo se abrirá la posibilidad de realizar análisis más actualizados. Una descripción detallada del método aplicado se expone en Mac-Clure & Calvo (2013).

7 Este procedimiento de cálculo de flujo permite apreciar la agregación que afecta al mercado de trabajo de las comunas menos numerosas, debido a la movilidad territorial.

8 Se aplicó un análisis de conglomerados o clusters para establecer niveles sucesivos de agregación de comunas en un mismo territorio, en cada caso por sobre el flujo mínimo definido.

9 En ambos índices, la igualdad perfecta equivale al valor 0.

10 Se reparten las ocupaciones en una serie de categorías, primero separando entre las ocupaciones en las cuales las personas son dueñas de los medios de producción, los autoempleados y los empleados o asalariados, de manera similar a como se establece en la separación marxista clásica entre dueños de medios de producción y los demás (relaciones laborales). En un sentido más weberiano, se consideran también jerarquías basadas en la educación formal y las habilidades que las personas deben desplegar en sus ocupaciones.

11 La variable clases sociales (EGP) para la Encuesta CASEN fue elaborada por Vicente Espinoza, a quien agradecemos su apoyo.

12 Excluimos de nuestro análisis y de los datos posteriores a 37.867 empresarios grandes o medianos pertenecientes a la clase de Servicios Alta, definidos como quienes declaran ser Empleador o Patrón en un establecimiento de diez o más trabajadores según los resultados de la Encuesta CASEN; es decir, dejamos de lado a la que podría denominarse la clase alta propiamente tal, para delimitar así en forma más nítida a la clase de Servicios. Además, respecto de dichos empresarios se requeriría analizar sus ingresos provenientes del capital, 10 que no se obtiene con precisión de encuestas de hogares aplicadas en Chile como la que utilizamos.

13 Sin embargo, se ha argumentado que en América Latina las clases medias estarían integradas solo por quienes cuentan con una ocupación formal entre los pequeños empresarios y trabajadores no manuales, como los técnicos, profesionales de menor nivel educativo y empleados administrativos (Portes & Hoffman, 2003). El tamaño de las clases medias puede variar sustancialmente dependiendo de cómo se defina la pertenencia de los Trabajadores Independientes a dichas clases.

14 Aunque existe discusión acerca de si algunos son o no parte de la clase media baja, en este artículo no los consideraremos como tal.

 

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Recibido el 14 de enero de 2013, aprobado el 29 de abril de 2013.