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EURE (Santiago)

Print version ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) vol.41 no.122 Santiago Jan. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612015000100001 

ARTÍCULOS

 

Transformaciones territoriales contemporáneas. Desafíos del pensamiento latinoamericano1

 

Silvia Gorenstein.
Universidad Nacional del Sur, 11ESS-C0N1CET,
Bahía Blanca, Argentina.
sgoren@criba.edu.ar

Correspondencia a:


RESUMEN | En este artículo, la discusión gira en torno al ascenso teórico y político de la dimensión espacial en su tránsito a la actual jerarquización de la referencia territorial· Con particular énfasis en el pensamiento y experiencias latinoamericanas, se estilizan aportes del referencial teórico-metodológico que parecen más adecuados para interpretar las nuevas dinámicas socioespaciales del capitalismo. Estos procesos son ilustrados por medio de la lectura de las nuevas tendencias tecno-económicas en cadenas productivas basadas en la explotación de recursos naturales, teniendo en cuenta aquellas que repercuten en ciudades y regiones, tanto en sus articulaciones externas como en su propia dinámica y configuración interna. Finalmente, se esboza una reflexión más general sobre contenidos de la futura agenda de investigación en el campo urbano regional, reposicionando la problemática de la acumulación bajo la particular incidencia del nuevo paradigma científico-tecnológico (ciencia propietaria).

PALABRAS CLAVE | desarrollo territorial, transformaciones socioterritoriales, innovación tecnológica.


ABSTRACT | This paper discusses the theoretical and political ascent of the spatial dimension and its application to the current hierarchization of territorial referencing. It outlines the most adequate theoretical and methodological references for interpreting the new social and spatial dynamics of capitalism, with a particular emphasis on Latin American thought and experiences. These processes are illustrated through a reading of emergent economic and technological trends regarding natural resource exploitation-based production chains, taking the way they affect cities and regions both in terms of external linkages and internal configurations and dynamics into account. Finally, a more general reflection on a future research agenda in the field is presented, repositioning the issue of accumulation in the context of the influence of a new scientific and technological paradigm (proprietary science).

KEYWORDS | territorial development, sodo-territorial transformations, technological innovation.


 

Introducción

El discurso teórico difundido desde la década de los ochenta del siglo pasado ha evolucionado del término región a la alusión más frecuente a territorio para referirse a las problemáticas y abordajes de la dimensión urbano-regional· Este cambio no es solo semántico; más allá de su ambigüedad, la referencia territorio involucra nuevas nociones y categorías analíticas elaboradas en el amplio campo de las Ciencias Sociales, además de la Geografía y la Economía, en el marco de una perspectiva multidimensional que indaga las dinámicas socioespaciales del capitalismo.

La recuperación de estas visiones, de fuerte influencia en los debates sobre desarrollo urbano y regional en las últimas décadas, resulta oportuna en el actual contexto político de América Latina, caracterizado, en términos muy generales, por las actuaciones de gobiernos que, con sus especificidades, encarnan posiciones contrarias al ideario neoliberal· Se plantean tensiones discursivas con los organismos multilaterales de financiamiento2, si bien es difícil advertir una ruptura paradigmática con los enfoques de intervención que estos recomiendan, particularmente los referidos a las políticas urbano-regionales·

Este artículo intenta una lectura de las concepciones que influenciaron el abordaje de la cuestión regional en su tránsito desde el paradigma keynesiano al localismo de la década de los noventa del siglo pasado, período en el que cristalizó cierto consenso teórico y político en torno a la importancia y posibilidades del ámbito local frente al proceso de globalización, junto al ascenso discursivo de la referencia territorio y su jerarquización en el campo de las políticas públicas.

La reflexión sobre los rasgos constitutivos de este enfoque, considerando los planteos críticos que han puesto en tensión sus supuestos simplificadores, remite a otras evidencias sobre las dinámicas de globalización y localización en curso. Desde esta perspectiva, aquí se asocian experiencias recientes en territorios latinoamericanos, donde se despliegan actividades intensivas en recursos naturales cuyas tendencias de cambio están incidiendo en la sociedad y la economía de ciudades y regiones. La comprensión de un conjunto de fuerzas que tensionan las condiciones y los procesos de desarrollo en estas u otras realidades remite, finalmente, a ciertos ejes temáticos que deberían profundizarse en los debates futuros, reposicionando la problemática de la acumulación en la agenda teórica.

El artículo se organiza en tres secciones. En la primera se analizan las mediaciones teóricas que permiten explicar la estructuración de la problemática regional y su abordaje hasta el presente, con particular énfasis en el pensamiento latinoamericano. En la segunda sección se estilizan aspectos del referencial teórico-metodológico para comprender la producción social del espacio y las diferentes dimensiones de la espacialidad -el lugar, las redes y las escalas-, en el contexto de ciertas nuevas dinámicas socioespaciales que estarían moldeando o redefiniendo territorios. Se pone el acento en actividades intensivas en recursos naturales, capturando y jerarquizando los factores (endógenos y exógenos) que revelan rupturas o continuidades de las lógicas de acumulación y sus impactos territoriales en algunos de estos países. Esta problemática se retoma en la última sección, donde se esboza una reflexión más general sobre contenidos de la futura agenda de investigación. También se subraya la necesidad de contemplar la particular incidencia del nuevo paradigma científico-tecnológico en la dimensión espacial del proceso de desarrollo.

Desde el "recorte oportuno" a la construcción social del territorio

La región, concebida metodológicamente como "recorte oportuno"3, constituía el campo de observación de los procesos y fenómenos "contenidos" en determinado espacio, dotado de recursos y factores de producción fundamentales para su desarrollo. En este sentido, la Cuestión Regional de los años sesenta y setenta del siglo anterior estaba asociada básicamente a las desigualdades en el crecimiento y desarrollo de los espacios subnacionales.

La acumulación del capital y, en ese marco, la dinámica del proceso de industrialización, estuvieron en el centro de estos debates teórico-políticos que, con el armazón conceptual de los enfoques keynesianos y estructuralistas, problematizaban las desigualdades regionales existentes, integrando, con diversos énfasis, otros elementos sociales y políticos que sostenían y retroalimentaban las relaciones centro-periferia a nivel subnacional4.

Durante el proceso de industrialización sustitutiva que atravesaban los países más grandes de América Latina en los años sesenta y setenta, los impactos sumamente reducidos de las políticas nacionales de desarrollo fuera de las áreas metropolitanas o centrales de cada país operaron como argumento y fundamento de los lineamientos de política regional difundidos. Existía una nítida concepción del desarrollo como un fenómeno esencialmente urbano-industrial, en paralelo con la idea de lo rural como sinónimo de pobreza, atraso y marginalidad. Asimismo, en economías nacionales relativamente cerradas, el principio teórico keynesiano de la demanda efectiva sustentaba la necesidad de intervención estatal por medio de estrategias deliberadas de inducción del crecimiento regional, entre las cuales destacaban la creación de polos de crecimiento, la fijación de prioridades para inversiones en el sector industrial y mecanismos promocionales aplicados en las regiones más rezagadas, inversiones estratégicas realizadas por el sector público (energía, infraestructura vial, etcétera), y mecanismos de compensación para actividades económicas y población localizadas en regiones marginales.

Los magros resultados de estas políticas fueron objeto de un intenso debate durante casi una década 5. De Mattos (1984) identifica dos cuestiones importantes en esta discusión que, en cierto modo, permiten explicar la instalación de la visión localista y su hegemonía posterior. Por un lado, en las conclusiones del seminario sobre la Cuestión Regional (1978) se criticaba el "espacialismo" de la planificación regional (keynesiana), consistente en "reubicar elementos materiales en el territorio como estrategia", omitiendo el necesario análisis de las "fuerzas sociales operando en los procesos sociales"6. Por otro lado, la corriente latinoamericana más vinculada al "desarrollismo" destacaba "el papel de dos actores fundamentales: el Estado y la Región, esta última no concebida como mero hecho geográfico, sino como un actor social del proceso de planificación" (p. 25).

Dicho de otro modo, la irrupción del localismo en el debate teórico latinoamericano no solo obedeció a la traslación automática de las ideas producidas por el llamado Nuevo Regionalismo, de vertiente europea o anglosajona. El rechazo al "espacialismo" en ambas corrientes y la mayor atención sobre las "fuerzas sociales" o los "actores sociales", en uno u otro caso, muestran los inicios del viraje teórico motivado por el fracaso o magros resultados de las políticas regionales propias del período sustitutivo.

La Cuestión Regional se convirtió en la Cuestión Local con la ascendencia teórica y política del paradigma neoliberal. Paralelamente se difundió la idea de territorio como construcción social no cristalizada, con pasado, presente y futuro, en el que se despliegan e interactúan múltiples dinámicas (económicas, sociales, políticas e institucionales)7. En el territorio, y sus diferentes escalas, se plasma la posibilidad de las políticas públicas para impactar las características y la sustentabilidad de los procesos de desarrollo. Este reposicionamiento del territorio, por su parte, no puede disociarse de los relatos sobre experiencias exitosas -como la de los distritos italianos- y del posibilismo gestado desde visiones que neutralizan las contradicciones y conflictos (económicos, sociales, políticos) que operan a escala local.

El ideario localista fue cuestionado teóricamente desde su inicio. Durante su primera etapa de difusión surgieron serias críticas tanto en el debate europeo como en el latinoamericano (Amin, 2000; Hajimichalis & Papamichos 1990; De Mattos, 1990). Casi en forma paralela, se difundieron otras contribuciones que pusieron el acento en las transformaciones urbano-metropolitanas8 y los procesos de reestructuración del modo de regulación, subsumiendo el énfasis en lo local en la dimensión urbana y en las múltiples escalas generadas por las dinámicas de reescalamiento (Brenner, 2003).

Desde entonces, la discusión transita diversos andariveles con planteos que ponen en tensión los aspectos centrales de esta corriente de pensamiento, sus límites teóricos y, más específicamente, los supuestos que subyacen en la homogeneización de las políticas económicas supeditadas a las exigencias del capitalismo liberal global (Jessop, 2002; Fernández, 2007; Brandão, 2007; Peck, 2010, entre otros). Sin embargo, su influencia está lejos de haberse agotado. En tal sentido, aquí interesa subrayar ciertos aspectos clave para explicar el tránsito teórico y político desde la Región (recorte oportuno para el análisis y/o la acción) al Territorio (construcción social), asociable a las políticas territoriales de las últimas décadas. Entre tales aspectos, en primer lugar, la concepción del espacio y la espacialización que se produce en el seno de la teoría económica.

La disciplina económica, históricamente, asimiló el espacio al ámbito geográfico que "contiene" o "soporta" la actividad económica y que influye -espacio/costo-en los procesos de producción, circulación y distribución de bienes y personas. El cambio se produjo no hace mucho tiempo. Por un lado, están los modelos de crecimiento endógeno que cuestionan el supuesto mecanismo automático (movilidad de factores, mercado) que provocaría la convergencia regional y contemplan los determinantes de largo plazo del crecimiento asociados, en buena medida, a los rendimientos crecientes originados en el cambio tecnológico. Por otro lado, también dentro del mainstream de la Economía, se tiene el posicionamiento de la Nueva Geografía Económica (NGE), a partir de las contribuciones de Krugman (1992), que vuelve teórica y políticamente correcto el tratamiento analítico de la dimensión territorial, con sus implicaciones en los hechos económicos y sociales. Como señala Cuadrado Roura (2012), llega el reconocimiento de que "el territorio no es neutral. (...) Pero esta no fue en absoluto la posición dominante en las sucesivas corrientes que fueron dando forma al análisis económico hasta confluir en 10 que hoy es la Ciencia Económica" (p. 8).

Los procesos que se analizan por medio de las formulaciones teóricas de la llamada Nueva Geografía Económica no son novedosos. Krugman (1992) retoma variables y fenómenos analizados desde el paradigma teórico del desequilibrio, y formaliza un modelo de crecimiento urbano utilizando la noción myrdaliana de la causación acumulativa circular. Rescata la presencia de los rendimientos crecientes (economías externas tecnológicas, de mercado, etcétera) y su tesis central consiste en demostrar que el crecimiento regional obedece a una lógica de causación circular acumulativa inducida por los encadenamientos productivos de las empresas. Este proceso de causación acumulativa, lejos de producir la equiparación territorial, conduce a una mayor divergencia entre regiones, debido a que las actividades económicas tienden a concentrase de acuerdo con la posibilidad de aprovechamiento de las economías de aglomeración. En este sentido, el análisis pasa del espacio como una fuente de costes económicos -teoría de la localización- al espacio como fuente generadora de economías externas.

Desde esta perspectiva, y como sugiere Harvey (2003, p. 77), la necesidad de producir un "espacio adaptado" -es decir, un paisaje geográfico (de relaciones espaciales, de organización territorial, etcétera) adecuado a la dinámica de acumulación del sistema capitalista en un momento particular de su historia- incide en la gravitación tanto teórica como política del discurso de la competitividad. De la mano de las formulaciones de Porter (1990), y seguido por el enfoque de la competitividad sistémica, se fue afirmando la idea sobre la importancia del territorio para generar y/o recrear ventajas competitivas dinámicas en los mercados globalizados. El territorio, con sus atributos, se constituye entonces en un factor más para la puja competitiva de las empresas. De ahí se transita al empresarialismo (territorio/ciudad empresa) en el análisis y la práctica en el campo urbano que se fue consolidando en los noventa y que en forma lúcida y oportuna fue criticado por Vainer (2000).

Por último, en el modelo de desarrollo endógeno, en su vertiente italiana y europea en general, el territorio se visualiza desde una perspectiva analítica que pone énfasis en lo relacional. El ámbito local se concibe como el "lugar" de encuentro entre agentes y actores económicos. Es allí donde se producen diversas modalidades de colaboración interempresarial, donde se concreta y decide la división social del trabajo; en resumen, donde se configura el espacio de encuentro entre las fuerzas del mercado y las formas de regulación social (Becattini, 2002). Se pone el acento, entonces, en la autonomía del proceso de transformación de la economía local, subrayando la centralidad de los procesos decisorios de los actores locales y su capacidad para controlar e interiorizar los conocimientos y las informaciones externas, en una senda de desarrollo autosostenido9. Esta concepción, con sus matices diferenciales, entronca con la óptica institucionalista y su énfasis en las externalidades no comerciales: un tejido institucional adecuado viabiliza posibilidades locales de una adaptación progresiva ante la incertidumbre económica (de mercado, tecnológica, etcétera).

En suma, existe un replanteo teórico que rechaza comprensiblemente la visión del espacio "contenedor" de recursos y factores productivos. El lugar importa y el territorio se convierte "en una referencia apropiada para aproximarse a un hecho complejo que requiere de maleabilidad y flexibilidad" (Cuervo, 2012, p. 21)10. En este sentido, y siguiendo las reflexiones de Castells (1990), la nueva problemática del desarrollo regional se plantea en el marco de la dialéctica entre la dominación global del espacio de los flujos y las aspiraciones segmentadas de las sociedades locales.

Ahora bien, desde la óptica de una buena parte de las lecturas localistas, el rescate de la dimensión espacial, con el posicionamiento de la referencia territorio, implica rupturas no poco significativas con las proposiciones fundamentales del campo de la teoría de la acumulación. Brandão (2007) explicita las categorías analíticas del enfoque localista que han reemplazado la noción de espacio como producto de las relaciones sociales (Massey, 1984) y, en tal sentido, como ámbito donde se reproducen las contradicciones y conflictos sociales, enmarcando una "enorme paradoja":

[O] bien el espacio local es meramente un nodo en una inmensa red (i.e., un cuasi anónimo punto subsumido en un conjunto gigantesco, funcional a las determinación instrumental de una totalidad omnipresente); o bien aparece como un recorte singular, dotado de ventajas idiosincráticas y únicas, capaz de autopropulsión, identidad y autonomía. O bien lo local se presenta como "entidad del futuro" a merced de una razón fundamental avasalladora, o bien se cae en el anacronismo de proclamar el resurgimiento de un agrupamiento comunitario solidario, basado en relaciones de reciprocidad, en que las relaciones mercantiles fueron subordinadas por el consenso cívico y ciudadano, en que parece no haber lugar para conflictos (Brandão, 2007, p. 43; traducción propia).

¿Cuáles son las ventajas idiosincráticas? Aquellas que viabilizan la atracción de nuevas inversiones y, a la vez, la recreación de ambientes capaces de propulsar actividades locales competitivas. Los desarrollos teóricos posicionan nuevos conceptos que complejizan las tradicionales economías de aglomeración, para identificar condiciones o ambientes económicos propicios a la construcción de ventajas competitivas dinámicas. Desde esta perspectiva ponen el énfasis en las instituciones, y su preocupación central gira en torno al rol del conocimiento y la innovación en el actual estadio del desarrollo. La asociación industria-desarrollo urbano regional, planteada en las formulaciones estructuralistas de los años 1960, es ahora mediatizada por análisis que subrayan los factores que condicionan la innovación y las dificultades del proceso de industrialización con mayor contenido tecnológico, sin descartar las posibilidades de las aglomeraciones primarias o terciarias especializadas en agroindustria o agroturismo.

Tres breves observaciones respecto de estas contribuciones.

La primera se refiere a la heterogeneidad teórica que sostiene este rescate del territorio. Por un lado, están los aportes que se apoyan en el instrumental desarrollado desde la llamada NGE; por otro, los que se enmarcan en el llamado Nuevo Regionalismo (NR), abarcando diversas corrientes, ninguna de ellas claramente dominante (neoinstitucionalistas, evolucionistas; regulacionistas, neoestructuralistas).

La segunda observación remite al pensamiento regional latinoamericano reciente. Existe una vasta y profunda literatura sobre las repercusiones urbanas y regionales que se fueron produciendo a medida que se consolidaban los lineamientos de las políticas inspiradas en el Consenso de Washington. Varios de estos estudios fueron contrastados en el contexto de una exploración más amplia, y sistemática, desarrollada en el ámbito de la Red Iberoamericana de Investigadores en Globalización y Territorio (RII), cuyas ideas fundacionales sugieren cierta continuidad con el pensamiento estructuralista latinoamericano. No es la intención aquí revisar estas contribuciones; sí, en cambio, subrayar que pese al localismo predominante -la "nueva ortodoxia" noventista según la secuencia que en su momento plantearan Benko y Lipietz (1994)-, el punto de partida fue el reconocimiento de las lógicas globales de acumulación bajo las que se subsumían las dinámicas y tensiones en los territorios subnacionales. En ese marco, los estudios se enfocaron en los procesos de reestructuración productiva y organizacional, en las repercusiones y cambios en los mercados locales de trabajo, en las transformaciones y nuevas dinámicas en las regiones metropolitanas, en los sistemas productivos locales relacionando dinámicas de innovación en un sentido amplio y en la reorganización de la gobernanza territorial.

La tercera observación tiene que ver con las traducciones efectuadas al plano de las formulaciones políticas. Aquí, necesariamente, cabe ubicar el localismo discursivo e instrumental instalado por las usinas de difusión de los organismos multilaterales de crédito (Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo), inspirado en el tratamiento académico de la competitividad. Ello derivó en lineamientos de políticas públicas que enfatizaron y promovieron las "capacidades" territoriales para competir en la economía global, la "ciudad competitiva" como referente y consigna (Mancheno & Terán, 2012, p. 147), los clusters competitivos, etcétera. El fomento a la competitividad se combinó, un poco más adelante, con la irrupción de la "economía del conocimiento" y los "nuevos" formatos de parques industriales -parques tecnológicos y/o polos científico-tecnológicos-, concebidos como ámbitos donde la acumulación de conocimientos tácitos (enraizados) viabiliza la transmisión de los saberes-conocimientos codificados (globales) (Campolina Diniz, Santos & Crocco, 2006). En el ámbito de las políticas rurales, por su parte, primó el enfoque del desarrollo territorial rural, también inspirado en las concepciones básicas del paradigma localista.

Por último, y relacionado con el punto anterior, dos perspectivas críticas. La primera, realizada por Favareto (2009), refiere al caso de las políticas rurales en Brasil con observaciones que pueden generalizarse, sobre todo, por las dificultades inherentes a la implementación de las políticas localistas. Sintéticamente: i) el predominio de la lógica sectorial, pese a la referencia territorial que se ha afirmado en el discurso público, y, en este sentido, la "resiliencia" institucional que subyace en el aparato del Estado; ii) las dificultades para gestionar componentes "no monetizables"/ "no mercantiles" (capital social, saberes, etcétera) a la hora de influenciar sobre la apropiación o regulación del uso social de estos espacios; iii) la multiplicidad y diversidad de agentes involucrados con un enfoque territorial frente a la nitidez de los intereses implicados en las políticas sectoriales.

La segunda crítica remite al supuesto implícito de las políticas localistas, referido a la capacidad de organización, y autonomía decisoria, de lo "pequeño" (microempresas, PYMES, proyectos familiares, etcétera) enraizado en lazos de solidaridad y complementariedad socioterritorial. Esta supuesta virtuosidad del tejido microeconómico localizado debe enfrentar, sin embargo, las fuerzas que habitualmente operan en realidades económicas marcadas por estructuras de mercado oligopólicas (e incluso monopólicas) sujetas a poderosas economías de escala y barreras de entrada, así como a decisiones gestadas fuera de los ámbitos locales o regionales (Brandão, 2007, pp. 47, 48)11.

Finalmente, cabe hacer notar que la crisis de acumulación de los países centrales ha puesto en tensión ideas y lineamientos de política del paradigma localista. En la Unión Europea, particular laboratorio empírico en las últimas décadas, se observa la presencia e incidencia de factores que, en su momento, fueron señalados desde visiones críticas a este enfoque: los factores exógenos al ámbito local, derivados, por ejemplo, del contexto y las políticas macroeconómicas; las jerarquías y roles generados por el proceso de división territorial del trabajo; y, más en general, las estructuras de poder, disputas y conflictos sociales propios de cada período de acumulación12.

Nuevas dinámicas de acumulación. Una mirada desde territorios latinoamericanos

Los estudios sobre la reterritorialización del capitalismo han planteado nuevas categorías analíticas para capturar las complejidades que se vienen manifestando a 10 largo de las tres últimas décadas. La noción de polarización, por ejemplo, no parece suficiente para entender los fenómenos de integración-exclusión de territorios que se han puesto de manifiesto en los albores del nuevo siglo. La visión dicotómica centro-periferia tampoco alcanza para interpretar las dinámicas espaciales y económico-territoriales del sistema capitalista en su reciente fase de globalización. Harvey (2003) expone con claridad la esencia de esta lógica: "el capitalismo está sometido al impulso de eliminar todas las barreras espaciales, (...) pero solo lo puede hacer mediante la producción de un espacio adaptado" (p. 77). Desde esta perspectiva, tal como el autor remarca, cabe plantear la volatilidad y el dinamismo de las formas geográficas contemporáneas, sistémicamente desiguales.

Los tópicos analíticos consistentes con este enfoque se relacionan, por un lado, con la configuración espacial de las redes (hubs y networks); y, por otro, con las escalas y reescalamientos de la gobernanza territorial. En forma estilizada:

•
Frente a los cambios en la organización del capital tecnológicamente potenciado, la imagen del archipiélago formulada por Veltz (1992, pp. 57-61) puso en discusión las configuraciones espaciales ordenadas por la distancia física -el esquema de Christaller—, señalando el tránsito a una organización en redes. "La imagen de un territorio en red -territorio a la vez discontinuo y en capas (feuillete), pues las redes son múltiples, se superponen y se entremezclan- se diseña en contraste con aquella del buen viejo territorio de zonas" (Veltz, 1992, p. 61). En este contexto se plantea la diferencia entre el espacio dominado-dependiente (asociado a las lecturas perrouxianas y myrdalianas de las décadas anteriores) y el espacio excluido, en el marco de un proceso en el que la segregación disociada reemplaza cada vez más a la segregación asociada.
   
•
Se "indefinen los modelos heredados de centralidad urbana, mientras que simultáneamente se reconstituyen los patrones de polarización centro-periferia y de desarrollo espacial desigual, a través de los cuales el capital afirma su poder hegemónico sobre el espacio social" (Brenner, 2003, p. 8). Los espacios no excluidos económicamente son, como en el pasado, los que poseen las condiciones más favorables para la valorización del capital. En tal sentido se distinguen ámbitos integrados a la sociedad global, de otros que quedan excluidos, dentro de economías nacionales abiertas y espacios de acumulación "desfronterizados" por nodos de empresas reticuladas, diversas, encuadradas en dinámicas de dispersión-concentración territorial (De Mattos, 2010).
   
•
Los procesos sociorregulatorios funcionan por medio de las escalas y son esencialmente dinámicos. Se entiende, entonces, que el "poder hegemónico está reflejado en el control de las escalas y/o la afirmación de un arreglo escalar particular". Las transformaciones en las relaciones de poder resultan "en cambios en las relaciones de escala, a menudo involucrando a actores poderosos, agentes e intereses 'saltando escalas' con el fin de obtener una ventaja táctica o estratégica" (Peck, 2010, pp. 86-87).

¿Cómo se manifiestan estas tendencias en las economías urbano-regionales de los países latinoamericanos? Para aproximarse a ellas, un breve análisis de algunas repercusiones por medio de dos ejemplos, en buena medida interconectados. Así, dichas tendencias se manifiestan en:

a)

sectores intensivos en recursos naturales, orientados locacionalmente por la cercanía a estas fuentes de materias primas (minerales, energéticos, superficie cultivable), en los cuales se identifican fuerzas socioeconómicas que resultan de las nuevas dinámicas (globalizadas) que modulan el acceso a los recursos y a los mercados;

   
b)
economías urbanas no metropolitanas relacionadas con este tipo de estructuras productivas (actividades intensivas en recursos naturales), debido a que el espacio urbano articula (mejor o peor) y potencia (más o menos) un conjunto de dotaciones, equipamientos, actividades productivas, empleos, sinergias y otras capacidades ("economías de aglomeración").

Complejos o cadenas globales basados en recursos naturales

Los sistemas de producción (nacionales, subnacionales) remiten ahora a escalas de observación mucho más amplias. Desde el punto de vista metodológico, se produce el tránsito desde los complejos productivos, concebidos como ámbitos nacionales regionalizados de producción, circulación y apropiación del excedente económico, a los complejos o cadenas globales (Gorenstein, 2012).

Entre las actividades intensivas en recursos naturales, las experiencias comprenden desde los nuevos territorios surgidos al calor del "boom económico" de los agronegocios (fruticultura de exportación, soja, forestal, etcétera) hasta la proliferación e intensificación de las tradicionales economías de enclave mineras. En estas cadenas productivas se expresan las lógicas globales de acumulación que dirigen el acceso a los recursos y a los mercados, en el marco de una generalizada internacionalización de la propiedad patrimonial (tierras, "paquetes tecnológicos" prediseñados, infraestructuras y equipamientos, etcétera). Las empresas transnacionales (ETN) son los motores de esta configuración productiva, enmarcando diversas posibilidades para la integración de las zonas de producción locales bajo diferentes cadenas y/o redes globales. La "integración" (subordinación) de cada complejo productivo a estos circuitos se traduce en su capacidad efectiva para estimular la economía local o, en su defecto, deteriorar y empobrecer los tejidos socioeconómicos locales.

En la agricultura, por ejemplo, se puede comprobar el alcance e impacto de estas dinámicas. Por un lado, está la red global de la industria de semillas, agroquímicos y otros insumos liderada por la empresa Monsanto y otras ETN (Howard Philip, 2009), donde -como se analiza en el apartado siguiente- las innovaciones, así como la difusión y alcance de las mismas, tienen particular relación con la discusión teórica sobre el actual paradigma científico-tecnológico.

Por otro lado, la primera fase de producción, adscrita a un espacio que posee determinados recursos y atributos (tierra, agua, clima, minerales, etcétera), tiene, con las nuevas tecnologías y formas de organización, mayor flexibilidad locacional y potencial de reproducción en otros sitios. Los territorios ganan "atractividad" por su dotación de recursos naturales -ventajas comparativas estáticas o ricardianas- y, al mismo tiempo, son integrados a las nuevas modalidades de expansión de los capitales con capacidad de actuar en múltiples localizaciones y de capturar rentas extraordinarias asociadas a sus encadenamientos globales.

El proceso expansivo del cultivo de soja en Argentina y Brasil constituye una buena ilustración de estas dinámicas. En ambos países convergen diversos factores: disponibilidad de tierras cultivables; el paquete tecnológico que se difunde asociado, entre otros aspectos, a nuevas posibilidades para diluir barreras naturales; un marco institucional y regulaciones que recrean condiciones atractivas para la inversión (políticas de tierras, tecnológica, de promoción de biocombustibles, de tratamiento de los bosques, de infraestructuras de transporte, entre otras); incremento de la demanda internacional a partir de la incorporación de China e India; las estrategias de las grandes empresas agroprocesadoras en su integración a los mercados globales; y las modalidades organizacionales que se consolidan en el agronegocio, siguiendo la terminología de los estudios en Brasil, o el complejo sojero argentino (Bisang & Gutman, 2005; Giancola, Salvador, Covacevich & Iturrioz, 2009; Gorenstein, Schorr & Soler, 2011)

Existe un amplio y profundo campo de discusión sobre este proceso agroindustrial expansivo. Aquí solo cabe mencionar algunos aspectos, resaltados en trabajos recientes, relacionados con repercusiones espaciales y económico-territoriales.

Heredia, Palmeira y Leite (2010) realizan un mapeo de la ocupación de la nueva superficie agrícola brasileña, desde los años 1990, y muestran cómo ese proceso se combina con el desplazamiento locacional de las infraestructuras agrocomerciales en el marco de una mayor internacionalización de esta estructura empresarial13.

El estudio de Gorenstein, Schorr y Soler (2011) identifica fenómenos semejantes en las nuevas zonas de expansión sojera en la región norte de Argentina; allí se despliegan equipamientos e infraestructura para la exportación, surgen nuevos poblados y, entre otros procesos, se reconfiguran relaciones intra- e interregionales hacia dentro y hacia afuera (con especial orientación al espacio del Mercosur).

Las experiencias regionales son heterogéneas, con elementos específicos en aspectos como historia productiva, densidad del tejido urbano, capacidad de reproducción económica, infraestructuras y conectividad, etcétera (Ramírez, Silva & Cuervo, 2009). Las trayectorias exportadoras exitosas pueden combinarse con indicadores de crecimiento económico regional o local; sin embargo, no necesariamente se traducen en dinámicas virtuosas en términos de desarrollo, incluso cuando se analizan evidencias relacionadas con la industria, como en el caso mexicano. En un contexto marcado por los efectos del Tratado de Libre Comercio, Capdevielle (2005) observa que "tres décadas de actividad global han permitido a las empresas correspondientes integrarse a redes productivas globales, empresas que han sustentado su competitividad, en 10 fundamental, en las diferencias salariales y la proximidad geográfica con los Estados Unidos, sin que ello haya ido acompañado de un aumento significativo de la integración local de la producción global" (p. 124).

En síntesis, se observan renovadas formas de anclaje/desanclaje territorial, en el marco de estrategias de acumulación de agentes que operan en diversas escalas (global, nacional, local) y que derivan en no pocos conflictos sociopolíticos por la incidencia de diferentes factores (estructura agraria, uso de los recursos y ecosistema, relaciones laborales, entre otras). Así, por ejemplo, en territorios exitosos, definidos por su "vocación natural" y ventaja comparativa asociada a la minería o el paisaje, se imbrican diferentes disputas (por el cuidado del medioambiente, el agua y el uso del recurso tierra, el hábitat, entre las principales), como analizan Manzanal y Villarreal (2010) en el norte argentino14.

Espacios urbanos no metropolitanos

Un eje de reflexión conectado al punto anterior remite a procesos urbanizadores, en general menos estudiados. En la literatura existente se destacan las investigaciones sobre ciudades y regiones metropolitanas15, pero faltan análisis sobre los cambios que estarían experimentando espacios urbanos de otro tipo, diversos en tamaño, funciones y dinámicas económicas.

La urbanización de la población se traduce en un aumento importante del número y el tamaño de las ciudades de América Latina y el Caribe. Más de la mitad de la población urbana de la región vive en ciudades con menos de un millón de habitantes16. Asimismo, son numerosas las ciudades entre 20.000 y medio millón de habitantes y existe un grupo heterogéneo "formado por ciudades de 2.000 a 20.000 habitantes, cuyo peso relativo es progresivamente menor, pero que todavía representa una porción nada despreciable de la población urbana (el 19%, frente al 30% de 1950)" (ONU-Habitat, 2012, p. 26). Se trata, entonces, de un universo grande y heterogéneo, que abarca desde las muy pequeñas localidades, con características cercanas al medio rural, hasta ciudades que presentan y/o consolidan un tejido económico articulado a sistemas regionales, en general altamente especializados (recursos naturales renovables y no renovables; industria manufacturera liviana, industria maquiladora) (Ramírez et al., 2009).

En el continente, y particularmente en países como Argentina y Brasil, las investigaciones muestran diversos movimientos poblacionales, abarcando desde los cambios en lugar de residencia (emigración rural-urbana) a los movimientos pendulares (rural-rural; rural-urbano) inducidos por la búsqueda de trabajo, educación, salud, etcétera. Estos procesos involucran dinámicas de "involución" urbana -en el sentido socioespacial planteado por Davis (2004)17-, y la conformación de unidades espaciales de interacción (económica, poblacional) entre la jerarquía urbana (capital provincial, estadual, etcétera) y el resto del sistema, integrado por centros de más bajo nivel, expulsores de población y escasa economía de aglomeración.

Los sistemas urbanos regionales constituyen, entonces, un buen prisma analítico a la hora de explorar los procesos articulados con la actual expansión e intensificación de la frontera agrícola y/o minera en el continente. Un estudio reciente sobre tres centros regionales argentinos (pampeanos y norpatagónicos), articulados a cadenas productivas intensivas en recursos naturales (agricultura, fruticultura y petróleo), muestra de qué modo se conjugan los "viejos" y nuevos condicionantes sobre las posibilidades de generar encadenamientos con el tejido económico local (Gorenstein et al., 2012).

En las tres ciudades, Bahía Blanca, Neuquén y Rio Cuarto, como en el pasado, la circulación de la renta (agraria o hidrocarburífera) tiene un rol preponderante en tanto fuente de la demanda agregada que se vuelca en las economías urbanas. El nivel de empleo está fuertemente determinado por la demanda regional, definida de manera relevante por la magnitud monetaria del excedente registrado en la producción de los commodities, y sus efectos expansivos o de retracción se traducen en el desempeño de los sectores de servicios, comercio y actividad de la construcción, también vinculados a los diversos ciclos macroeconómicos y políticos. De este modo, los procesos de transnacionalización, concentración y centralización del capital en los respectivos complejos productivos regionales (atravesados por las tendencias reseñadas más arriba), ejercen influencia por la magnitud de los excedentes que se territorializan, influencia expresada, particularmente, en la capacidad de potenciar o retraer las posibilidades de reproducción y diversificación de la base económica urbana.

En los tres casos se advierte, a su vez, que una parte de la territorialización de la renta se traduce en estrategias del capital inmobiliario que intensifican la puja por la apropiación de la tierra urbana y suburbana, con visibles consecuencias en materia de segregación socioterritorial. Ahora bien, la renta no solo se recicla en estas ciudades, sino también en la forma de segundas residencias en las localidades turísticas más cercanas y/o en algunos núcleos rurales regionales revalorizados en el marco de las nuevas formas de integración rururbana.

La importancia de una estructura productiva urbano-regional sesgada a favor de los sectores intensivos en recursos naturales, que también sustentan el patrón de exportación, se traduce en la composición y dinámica de los sistemas de innovación local. No puede ignorarse, entonces, la naturaleza exógena de las innovaciones incorporadas en la producción agropecuaria ni en el dominio de las tecnologías de los sectores extractivos (petróleo, gas, minería), bajo la fuerte incidencia de nuevas formas organizacionales, institucionales y regulatorias que lideran la difusión de nuevos conocimientos científicos y tecnológicos.

Asimismo, el estudio de las tres ciudades muestra la importancia de la trayectoria en la especialización sectorial-regional (hidrocarburos, petroquímica, agroindustria) en la conformación de cierta masa crítica (pública) de 1&D, con incipientes muestras de nuevas capacidades vinculadas a las estrategias y activos, principalmente públicos, ligados al desarrollo de sectores intensivos en conocimiento (bio- y nano-tecnología). En este sentido, las evidencias revelan, en rasgos estilizados: destacado potencial científico y tecnológico alojado en el ámbito universitario; incidencia de la política pública reciente que estimula el desarrollo de estos campos y la conformación de spillovers entre las universidades locales y empresas (nacionales, regionales, e incluso internacionales); y debilidades endógenas que inciden sobre la posibilidad de transmisión de nuevos conocimientos e información a lo largo de las estructuras productivas urbano-regionales.

Desde esta perspectiva surge una serie de interrogantes a la hora de indagar en las interrelaciones y dinámicas impulsadas por sistemas de innovación local.

A modo de cierre: aportes para la agenda de investigación

Las ideas y problemáticas presentadas hasta aquí sugieren diversas perspectivas y dimensiones de análisis para esbozar un debate en torno al tratamiento temático del cambiante escenario urbano regional latinoamericano.

En el actual contexto de América Latina, y más allá de las discusiones sobre los diversos matices del proceso político abierto por gobiernos posneoliberales, es difícil sostener que se han producido cambios estructurales significativos. Estos nuevos aires políticos en el continente de ningún modo han significado una transformación en el modo de acumulación y, en general, tampoco se produjeron alteraciones en el modo de regulación.

El patrón de especialización productiva, basado en recursos naturales, se ha profundizado y extendido. En este sentido, como lo advierten diversos estudios, la diferencia más marcada entre América Latina y otras periferias mundiales, como Asia, es que su proceso de crecimiento económico tiene lugar sin alteraciones sustantivas en la clase de productos exportados. Se trata este de un patrón de exportación diferente al que presentan los países asiáticos como consecuencia de un proceso paralelo de industrialización y diversificación estructural (Amsden, 2004; Cimoli, 2005) Así: "La participación de la industria manufacturera en América Latina se reduce y es menor al 17% mientras que en el Este de Asia pasa, entre 1994 y 2005, del 29% al 33% del PB1, siendo su motor, sobre todo en Corea, Taiwán y China, la expansión de exportaciones de mayor valor agregado y complejidad tecnológica" (Arceo, 2009, p. 100).

Este proceso de reprimarización en Latinoamérica se realiza sobre la base de un uso eficiente de las "tecnologías de frontera". En este plano surge, entonces, un tema recientemente instalado en el debate teórico sobre el desarrollo: la reversión de la "maldición" de los recursos naturales (Pérez, 2010; Cimoli, 2005). Sintéticamente, los recursos naturales tendrían un rol clave para "moldear los mercados y las tecnologías relacionadas con la energía, los materiales, el agua y los alimentos", convirtiendo su posesión en una ventaja aún mayor. Al mismo tiempo, en la medida en que los precios de las materias primas se elevaran por la incidencia de los costos de transporte, habría incentivos para un mayor procesamiento local (Pérez, 2010, p. 141).

La discusión sobre estas nuevas probabilidades de desarrollo asociadas a los recursos naturales plantea no pocos interrogantes, muchos de ellos formulados y respondidos por el pensamiento estructuralista latinoamericano hace décadas. Entre las "viejas" preguntas, están aquellas referidas al tipo y complejidad de la trama, estructura de propiedad, nivel y características de los empleos creados-desplazados, así como respecto de las posibilidades de captación de las rentas tecnológicas. Volviendo a Hirschman (1961): la alternativa entre un sendero de desarrollo o uno de subdesarrollo, inducido por las exportaciones de materias primas, se explica a partir de los encadenamientos hacia arriba y hacia abajo generados por estos productos exportados.

Asimismo, los grandes capitales que conducen los procesos de acumulación en las principales actividades intensivas en recursos naturales (agricultura, minería), ya sean ETN, grupos económicos nacionales y/o, más recientemente, los llamados "translatinos" (empresas/grupos), despliegan estrategias que intensifican la concentración económica en cada una de estas cortas cadenas de valor. En economías urbano-regionales que están ligadas a dichas cadenas de valor, la atención analítica sobre las mismas introduce nuevos desafíos metodológicos para explorar las correas de transmisión económica "hacia afuera" generadas por estos centros de decisión exógenos. Aquí surge con nitidez la necesidad de avanzar en perspectivas analíticas "multiescalares", como se ha comenzado a plantear en ciertas lecturas regionales (Fernández & Brandão, 2010), identificando los procesos, mecanismos y actores económicos que viabilizan y lideran, en definitiva, los "saltos de escala" (global, suprarregional, nacional) para superar barreras espaciales (Peck, 2010).

Desde la perspectiva de los nuevos paradigmas tecnológicos, y con una visión inspirada en el enfoque evolucionista, la posibilidad de realizar un uso eficiente de las "tecnologías de frontera" no significa que se adquieran las capacidades adicionales que permitan, en el mediano-largo plazo, la generación de los conocimientos científicos y tecnológicos necesarios. Los países en desarrollo son fundamentalmente adoptadores/adaptadores, en un proceso impulsado por las estrategias de deslocalización/relocalización de partes de la cadena de valor de las ETN. Entre otros factores, la división del trabajo entre la casa matriz y la filial localizada de las ETN en la periferia y, en muchos casos, la indivisibilidad locacional de las actividades de 1&D, explican que las subsidiarias en estos países desarrollen básicamente aspectos increméntales de innovación de productos o procesos, relacionados con esfuerzos de adopción y adaptación a las condiciones locales. En el caso de la agricultura, por ejemplo, los paquetes tecnológicos implementados por las ETN solo han inducido innovaciones incrementales, derivadas de los procesos de adaptación de las tecnologías importadas (maquinarias agrícolas, semilleras), como se ha señalado en la sección anterior.

Con este debate, que se está dando en el seno de la Economía Política, se abren nuevas temáticas. Entre ellas, sin duda, la cuestión de la Ciencia y la Tecnología en su relación más general con el proceso de acumulación en el actual contexto de difusión de nuevos paradigmas tecno-económicos y, particularmente, en el entendimiento de sus vinculaciones con la dimensión territorial del desarrollo. Se trata de una problemática insuficientemente estudiada para los países en desarrollo, pero de importancia crucial tanto en el campo teórico como en el político. De manera estilizada:

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Los nuevos paradigmas tecnológicos, fuertemente basados en el conocimiento científico -tecnologías de la información y la comunicación (TICS), biotecnología, nanotecnologia-, reconfiguran la relación entre los agentes productivos y la comunidad científica, volviendo cada vez menos clara la separación entre ciencia y negocios. Con la monetización de los conocimientos científicos cambian, por un lado, las relaciones entre este tipo de conocimiento y el conocimiento tecnológico, diluyéndose la frontera entre investigación básica y aplicada. Por otro lado, se produce la reformulación del rol de las universidades y las instituciones de I&D en la generación y apropiación de conocimientos científicos (CC) y tecnológicos (CT), redefiniéndose los espacios y las articulaciones entre Ciencia, Tecnología y Mercado, y el rol del Estado, con el surgimiento de nuevas formas organizacionales, institucionales y regulatorias (Coriat, Orsi & Weinstein, 2003; Cimoli, Ferraz & Primi, 2009) Así, las alianzas o redes público/privadas, en tanto formas de gobernanza multiescalares, constituyen la modalidad central del funcionamiento de los mercados de Ciencia y Tecnología en el nuevo paradigma.
   
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El proceso de difusión de los nuevos CC y CT, en su expresión espacial, se traduce en significativas mutaciones y alta selectividad. Sectores y regiones que eran centrales en los períodos de predominio de paradigmas tecnológicos previos, comienzan a perder relevancia relativa, mientras que surgen nuevos espacios como lugares privilegiados de acumulación del capital. Diversos elementos de contexto e institucionales (tanto a escala nacional como local) cobran relevancia; entre otros: la existencia de recursos humanos altamente calificados; una infraestructura de ciencia y tecnología, que abarca instituciones de 1&D y de servicios especiales a la producción; universidades especializadas en el desarrollo, articulación y formación en las disciplinas que están en la base de los nuevos CC; infraestructuras avanzadas de transporte18. Los modelos de innovación territorial (milieux innovador, regiones o ciudades de aprendizaje) han dado cuenta de estas condiciones, especialmente en el marco de experiencias en países desarrollados19.
   
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Estudios recientes realizados en algunos países del continente muestran que, pese a la fuerte transnacionalización de las actividades basadas en conocimiento científico, particularmente la biotecnología, existen activos científicos, tecnológicos y productivos, a escala nacional y regional o local, para avanzar en los procesos de diversificación industrial apoyados en las nuevas tecnologías. Estas oportunidades pueden generar espacios de desarrollo local o territorial, sustentados en la profundización/generación de articulaciones proveedor/usuario y la conformación de alianzas precompetitivas entre empresas existentes, nuevas empresas de base tecnológica, y universidades e instituciones de C y T (Gutman & Lavarello, 2012).
   
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Estas posibilidades están estrechamente vinculadas a la implementación de políticas que articulan varias dimensiones (productiva, social, tecnológica) en diversas escalas espaciales. Varios desafíos: la coordinación de acciones sobre el sistema de innovación (nacional), y en sus vinculaciones con determinadas circunscripciones espaciales (local-regional); la articulación entre los niveles micro y meso (complejos o subsistemas); la integración de innovaciones económicas con innovaciones sociales; la definición acordada y consensuada de jerarquías y prioridades; y la introducción de innovaciones institucionales acordes con los objetivos de desarrollo económico y social (Gutman & Lavarello, 2012).

En suma, la difusión espacial de los nuevos CC y tecnológicos CT puede ser entendida como una forma particular de "territorialización del capital". Este proceso es espacialmente selectivo y cada vez más dinámico, tanto por la distribución desigual de atributos y factores territoriales (recursos naturales, humanos, economías de aglomeración, etcétera), como por la aceleración de los cambios en los CC y CT. Así, las problemáticas centrales relacionadas con la acumulación -es decir, con la capacidad para capturar los excedentes generados por las actividades económicas localizadas- adquieren nuevas dimensiones. En la escala local se definen interacciones multiescalares (global, nacional, regional) que se entrelazan con determinantes sectoriales y/o científicos tecnológicos.

Se trata de una agenda de investigación que trasciende el análisis sobre contenidos y alcances de las economías de aglomeración requeridas por inversiones científico-tecnológicas o, más en general, las actividades intensivas en conocimiento. El tema científico-tecnológico, bajo el nuevo paradigma de "ciencia propietaria", no solo interpela sobre posibilidades y caminos -cuya importancia es indiscutible-, sino también respecto de las nuevas arenas políticas y económicas e intereses en juego. Así, frente a ciertos actores territoriales importantes, como los centros de investigación o universidades, por ejemplo, surgen renovados interrogantes sobre las dinámicas que estarían tensionando su rol y definiendo nuevas funciones. Si de nuevas oportunidades locales-regionales se trata, y más allá de la óptica de los requerimientos, cabe indagar en la naturaleza de las asociaciones y actores que los motorizan: dónde, cómo, quiénes y por qué se conectan son interrogantes para abordar en nuevos estudios que, por un lado, remiten a la génesis del debate regional latinoamericano; y, por otro, estimulan el desafío de nuevos estudios territoriales focalizados en el análisis de las diversas fuerzas que moldean el desarrollo o su ausencia.

En definitiva, y volviendo al planteo inicial, el reposicionamiento teórico y político de la Cuestión Regional, en su actual referencia al territorio, involucra lecturas enfocadas por mediaciones teórico-metodológicas que interpretan, y discuten, las dinámicas socioespaciales de esta época y los nuevos ropajes de la acumulación del capital.

Notas

1 Este artículo retoma aspectos abordados en conferencias presentadas en dos seminarios del 2012· La primera -"De la región al territorio. Un análisis estilizado sobre abordajes, debates y nuevos desafíos del desarrollo urbano-regional"— tuvo lugar en el I Seminário de Desenvolvimento Regional, Estado e Sociedade (Instituto de Pesquisa e Planejamento Urbano e Regional, Universidade Federal do Rio de Janeiro, Associação Nacional de Pós-graduação e Pesquisa em Planejamento Urbano e Regional/IPPUR-UFRJ-ANPUR), Rio de Janeiro, 31 de agosto. La segunda conferencia fue realizada en el XII Seminario Internacional de la Red Iberoamericana de Investigadores en Globalización y Territorio (RII), Universidad Federal de Minas Gerais, Belo Horizonte, 3 de septiembre. Se agradece a Carlos de Mattos sus comentarios a una versión anterior de este texto, así como las sugerencias del arbitraje anónimo.

2 La crítica gira en torno a la visión promercado/desplazamiento del Estado, inspirada en las ideas del Consenso de Washington, y viene asociada a otras que se realizan en el marco de algunos procesos políticos y económicos encarados por gobiernos posneoliberales en el continente (i.e.: el esquema de integración UNASUR, Unión de Naciones Suramericanas, enfrentado a los Tratados de Libre Comercio que promueve Estados Unidos, a un rol más activo del Estado, a políticas sociales de corte universal, etcétera).

3 Este enfoque operativo refleja la idea de Walter Isard (1956), el fundador de la ciencia regional, sobre la importancia de analizar las estructuras y flujos que caracterizan a determinada porción del espacio económico considerado por el analista.

4 Tres grandes contribuciones tuvieron particular influencia en el pensamiento regional latinoamericano de esa etapa: los enfoques de tradición keynesiana, específicamente los aportes de Myrdal (1959), Hirschman (1961), Kaldor (1970) y Perroux (1967); la teoría de inspiración marxista sobre la división interregional del trabajo (Massey, 1984; Lipietz, 1988; Topalov, 1979), más los trabajos y discusiones desde la perspectiva centro-periferia desarrollados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

5 Veáse, por ejemplo, los materiales de circulación dentro del Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social (ILPES-CEPAL) (1976-1987), las ponencias y la declaración final del Seminario sobre la "Cuestión Regional", realizado en México en 1978, entre otros materiales difundidos en el continente. Véase, por ejemplo, Centro de Estudios Económicos y Demográficos, El Colegio de México (1978) y Coraggio y Sabaté (1978).

6 En el contexto del debate más general sobre las determinaciones estructurales del capitalismo, las mediaciones analíticas de esta corriente regional argumentaban sobre la necesaria orientación crítica de la planificación regional tras el objetivo de una nueva sociedad (Coraggio, 1987).

7 La creación colectiva e institucional del territorio está asociada a la idea de que las transformaciones de las propiedades de un territorio dado pueden generar y maximizar el proceso de valorización de diversos recursos (genéricos y específicos). Así, las iniciativas que procuran transformar un territorio dado en "territorio construido" se asientan en la creación de ventajas diferenciadoras, propias de ese lugar y no de otro.

8Particularmente, los trabajos de Sassen (1999) y Castells (1990) ejercieron una fuerte influencia en esta perspectiva analítica.

9 El desarrollo endógeno identifica una senda de desarrollo autosostenido, al argumentar que los factores que contribuyen al proceso de acumulación de capital generan economías, externas e internas, de escala y de aglomeración; reducen los costes generales y los costes de transacción; y favorecen las economías de diversidad. La teoría del desarrollo endógeno reconoce, por lo tanto, la existencia de rendimientos crecientes de los factores acumulables, pero también el papel de los actores económicos, privados y públicos, en las decisiones de inversión y localización (Vázquez Barquero, 1999).

10 Cuervo rescata la idea siguiente: "El territorio es también objeto de operaciones simbólicas y una especie de pantalla sobre la que los actores sociales (individuales o colectivos) proyectan sus concepciones del mundo. Por eso el territorio puede ser considerado como zona de refugio, como medio de subsistencia, como fuente de recursos, como área geopolíticamente estratégica, como circunscripción político-administrativa, etc.; pero también como paisaje, como objeto de apego afectivo, como tierra natal, como lugar de inscripción de un pasado histórico y de una memoria colectiva y, en fin, como 'geosimbolo'" (Giménez, 2000, p. 93, en Cuervo, 2012, p. 20)

11 Esta paradoja ya fue remarcada por Amin y Robin (1994) en el momento en que comenzaba a instalarse el enfoque localista. Hadjimichalis y Papamichos (1990) pusieron en evidencia los rasgos de funcionamiento de los mercados locales de trabajo -muy lejanos a la idea de "solidaridad"-que caracterizaban tanto a ciertos distritos italianos como a otras realidades regionales del sur de Europa.

12 Para el caso europeo, Zurbano, Bidaurratzaga y Martínez (2012, p. 1001) son elocuentes al explicitar las razones. En primer lugar, porque es una crisis de acumulación asociada al modelo de globalización liberal y precipitada por la dualidad entre la esfera económica global y los espacios de regulación nacionales obsoletos, pero que lejos de resolver o redirigir la paradoja, la refuerza en un escenario de debilidad en la concertación y coordinación de las medidas y las políticas. En segundo lugar, la inestabilidad y crisis financiera han provocado en los países europeos un drenaje de recursos de la esfera productiva a la financiera que prioriza a esta última y cuestiona la efectividad de las aportaciones teóricas del desarrollo local restringidas a la reactivación productiva en un entorno de volatilidad e inseguridad macroeconómica permanente.

13 "É central destacar que os estados do Mato Grosso, Goiás e Bahia apresentaram as maiores taxas de crescimento absoluto da capacidade instalada entre 1993 e 2009, aumentando 468%, 389% e 176%, respectivamente". Asimismo, "[a] participação do capital internacional no total do capital aplicado no setor agroindustrial - em particular o chamado grupo A, B, C, D (ADM, Bunge, Cargill, Dreyfus)-, de esmagamento do grão que era de 16% em 1995 sobe violentamente para 57% em 2005, caracterizando um forte processo de concentração econômica e desnacionalização do setor" (Heredia et al., 2010, p. 162).

14 En algunos lugares se difunden movimientos que militan contra la intensificación del capitalismo "extractivista", como se observa con el rechazo de ciertos proyectos mineros en el norte y en la Patagonia en la Argentina. Al respecto, el estudio de Manzanal y Villarreal ya mencionado analiza La diversidad de conflictos sociales locales que subyacen tras la reciente expansión de la minería y el desarrollo a gran escala de las actividades tradicionales de turismo rural y de montaña.

15 Estos análisis han sido desarrollados, fundamentalmente, por la prolífica corriente de estudios urbanos enfocados en las características y dinámicas de las ciudades-regiones globales (Sassen, 1999, entre otros).

16 La distribución de la población urbana según el tamaño de la ciudad en esta región es muy similar a la mundial, aunque sigue siendo la región del mundo que concentra la mayor cantidad de habitantes en las megaciudades (14% de la población total) (ONU-Habitat, 2012, p. 26).

17 Esta dinámica está basada en un profundo y acelerado proceso de urbanización, con la recreación recurrente de áreas urbanas de exclusión social y atraso estructural (favelas en Brasil; villas miserias en Argentina, etcétera).

18 Como anticiparan Massey, Quintas y Weld (1992), estos son algunos de los factores de localización necesarios para atraer las actividades de "alta tecnología", propias de la nueva economía del conocimiento; en este sentido, los tecnopolos constituyen los más poderosos "iconos" de esta nueva economía y son también elementos de una geografía emergente, violentamente desigual.

19 El territorio funciona, de acuerdo con estos enfoques, como espacio de interdependencias intencionales y no intencionales, tangibles e intangibles, comercializables y no comercializables. Estas interdependencias se concretan al movilizar interacciones y relaciones de proximidad de diferente tipo (cognitivas, organizacionales, sociales, institucionales y geográficas) entre agentes del sector productivo y el científico-tecnológico, que actúan en múltiples escalas, originando procesos de aprendizaje colectivo (Campolina Díniz et al., 2006; Boschma, 2005).

 

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Recibido el 31 de enero de 2013, aprobado el 8 de junio de 2013.

Correspondencia: Lavalleja 50, 3° C, CP 1414 Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.

 

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