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EURE (Santiago)

Print version ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) vol.41 no.122 Santiago Jan. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612015000100014 

RESEÑAS

 

MODERNIZACIÓN URBANA EN AMERICA LATINA. DE LAS GRANDES ALDEAS A LAS METRÓPOLIS MASIFICADAS

 

Arturo Almandoz Marte
SANTIAGO DE CHILE: INSTITUTO DE ESTUDIOS URBANOS Y TERRITORIALES, PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE, 2013


 

 

Como ensayo ilustrado con un recorrido por la literatura latinoamericana, Modernización urbana en América Latina. De las grandes aldeas a las metrópolis masificadas es un estudio comprensivo cuya contribución se centra justamente en las tres partes de su título: modernización urbana; su perspectiva latinoamericana; y un arco temporal que abarca desde las grandes aldeas a las metrópolis masificadas.

¿Cuáles son las formas materiales y las representaciones, las concepciones y los alcances de la modernización urbana en el periodo examinado por el autor? Almandoz sitúa el punto de partida en la ciudad poscolonial en tanto arranque de un proyecto de renovación burguesa, momento que, con pocas excepciones -como las de José Luis Romero- ha sido más visitado en la historiografía de ciudades que en miradas continentales. Adhiriendo a la tesis de Romero, Almandoz privilegia el rol de las burguesías criollas en el proceso modernizador. Se aproxima al proceso de modernización urbana justamente desde las grandes aldeas, situadas en el contexto de las reformas liberales y progresistas de mediados del siglo XIX, hasta incluir las ciudades masificadas de mediados del siglo siguiente, como ámbito en el que surgía y se fortalecía el urbanismo moderno a raíz de las propias exigencias de la modernización.

El autor identifica aquella variante del proyecto modernizador latinoamericano que habría sido conducido por oligarquías con miras a convertir -en palabras que cita de Juan Bautista Alberdi- "los desiertos en repúblicas". Las conocidas obras de remozamiento de la ciudad colonial y el gradual término de la preeminencia residencial del centro histórico, indicarían el lento "fin de las grandes aldeas". Es una concepción que, según advierte Almandoz, quedó plasmada en la novela de Lucio López, en la cual "se recogían los primeros efectos del crecimiento urbano, de la inmigración y los cambios en los modos de vida de la ciudad" de Buenos Aires. Esa modernización embellecedora, señala, no había logrado eludir la problemática sanitaria y habitacional, cuestiones puestas en la agenda europea y norteamericana desde mediados del siglo XIX y que fueron "asumidas por el Estado y sociedad civil" en el camino a "la emergencia del urbanismo a principios del siglo XX" (p. 137).

Como trabajo perteneciente a la historia cultural urbana, donde la representación es central, en su libro Almandoz concede a la dimensión cultural de la urbanización -incorporada en el proceso modernizador- el rol conductor del ensayo. En él va más allá del análisis de las trabas económicas, territoriales e institucionales que el periodo colonial legó a las ciudades poscoloniales, "territorios rotos", en palabras del autor, para mostrar cómo las conocidas contraposiciones sarmientinas entre civilización y barbarie, que aparecieron en distintas representaciones hasta entrado el siglo XX, son "escenificadas" en ensayos y novelas de la mayor parte de los países latinoamericanos, contribuyendo a la reflexión sobre algunas dimensiones de la noción de civilización. Esas representaciones también son elaboradas por Almandoz a partir de la forma en que referentes franceses y británicos "iluminan" los programas burgueses, y también según los mitos que se manifestaron en las formas de habitar la ciudad.

La rica aproximación a la modernización que el autor propone desde voces, políticas y disciplinas distintas, pero especialmente desde el ámbito literario e intelectual, plasma las reacciones a los programas liberales. Por citar algunos ilustrativos capítulos, Almandoz recuerda que dichos programas se manifestaron en el temprano costumbrismo de Blest Gana en Martín Rivas, o en las obras de fin de siglo, tal como Tradiciones peruanas, de Ricardo Palma. Entretanto, señala, la literatura continuaba reflejando la tensión entre barbarie y civilización, según ocurre en obras de corte criollista como las de Jorge Isaacs, Rómulo Gallegos y José Hernández, mientras paralelamente surgía un realismo de corte naturalista que registraba la mutación de la ciudad burguesa. En esta tendencia sería emblemática la obra de López titulada La gran aldea, o el sentido de lo metropolitano en las novelas de Martí, y otras más lúgubres descripciones de lo urbano en obras como Juana Lucero de D'Halmar para el barrio Yungay. Siguiendo las huellas de tales autores, entre otros, el autor recorre un itinerario literario entrecruzado por miradas, temáticas y estéticas diferentes, que dan cuenta de cómo la novela va dejando atrás temáticamente las grandes aldeas de los primeros tiempos republicanos, para incursionar en la nueva ciudad que se hacía presente en la región.

"La tardía pero atropellada urbanización de Latinoamérica" -en palabras del autor- y el tono diferente de la modernización al promediar el siglo XX, originaron otras narrativas y otras representaciones. Ellas se dieron en el marco de los regímenes estatistas, liberales y democráticos surgidos en la región, y aun del desarrollismo respaldado desde 1948 por la OEA y la CEPAL, mientras pervivía hasta los años sesenta la ecuación de la sociología funcionalista entre industrialización, urbanización y modernización.

Pax dictatorial, positivismo, revolución y democracia de fondo, más allá de contextos específicos, permiten comprender la emergencia de diversos elementos culturales en América Latina; por ejemplo, los que surgen desde el mundo indígena y mestizo. Con matices, la agenda de reivindicaciones políticas y sociales a escala continental dio lugar a respuestas en las primeras tres décadas del siglo XX que, con diferencias, ilustraron lo que Almandoz identifica como "embellecimiento urbano". Apunta con ello, en general, a procesos ocurridos a la luz de los centenarios y las renovaciones en las zonas centrales de las ciudades, seguidos por reformas higiénicas y habitacionales, por una transformación de la trama urbana y por la expansión residencial burguesa.

¿Qué significó la modernización urbana, si se habla de América Latina? La escala continental, como se advirtió, implica asumir ciertos riesgos, que tienen que ver con el análisis de las trayectorias singulares. En este sentido, uno de los principales aportes de la obra está en ofrecer el punto de partida para estudios comparados. Sin ser forzadamente comparativo, el trabajo presenta con transparencia componentes y procesos, por ejemplo de la agenda institucional de América Latina, cuya identificación permite aproximarse al estudio del urbanismo del siglo XX sin periodizarlo ni vincularlo a orientaciones teóricas, sino más bien iluminándolo mediante referentes interpretados desde lo propio y que, ciertamente, aportan al debate sobre la modernización durante el siglo XX. Esos significados son rastreados por el autor en ciudades -capitales y primadas- brasileñas, argentinas, chilenas, peruanas, venezolanas, colombianas, mexicanas y, desde La Habana, ilustra el mundo de las Antillas. La obra no solo permite examinar ciudades, sino también barrios -en repetidas ocasiones mediante novelas y ensayos poco conocidos-. Se trata de voces de estos tránsitos, de barrios que se constituyen como los suburbios burgueses o pobres de la ciudad sumida en procesos de cambio. Barrios que evidencian distintos matices: el temprano desplazamiento de la burguesía habanera fuera del área central, hacia El Reparto y El Vedado, o de la burguesía porteña hacia Recoleta y Retiro; la migración de la burguesía mexicana a las colonias de Juárez o Cuauhtémoc y de la bogotana hacia Chapinero. En ese mapa, el autor ubica los sentidos que van desde la expansión de infraestructura a los nuevos modos de transporte y cambios cotidianos, en lo que denomina la "diáspora" de las burguesías hacia los suburbios. De interés es la mirada al barrio en el tránsito de las ciudades burguesas a las metrópolis masificadas de Romero, mientras va consolidándose como "recinto primario comunitario de esta nueva ciudad".

Un significativo aporte de Modernización urbana en América Latina, que surge también desde la atención al escenario continental, es la forma en que el autor se aproxima, críticamente, a las influencias e interpretaciones que en Latinoamérica se dieron a las distintas tendencias urbanísticas, representadas por figuras extranjeras, y posteriormente también criollas. Cubre así desde el haussmanismo en sus distintos momentos, al modernismo corbusierano o el Stadtbau racionalista de Hegemann, enfoques que nutrieron el desarrollo de las primeras oficinas de urbanismo en la región y dieron forma a los primeros planes urbanos, mientras consolidaron el urbanismo en los medios académicos y profesionales.

Así, a propósito de los referentes internacionales, no pocas veces revisados, la obra contribuye a plantear críticamente las distintas versiones de la modernización urbana, para una aproximación justa a los componentes de ciertos modelos, a sus alcances e interpretaciones, respecto de los cuales Almandoz se aventura a plantear cómo muchas veces fueron imagen más que modelo, en tanto influencia modernizadora. El conocido proyecto parisino, tantas veces puesto en perspectiva de la renovación burguesa, se examina aquí a partir de la revisión del proyecto original galo desde los principios fundamentales del urbanismo pragmático de regularización de Haussmann. Las referencias a los componentes de las reformas liberales en el marco de la transformación de las aldeas en ciudades burguesas son así atendidas desde algunas ciudades, pero sin perder el foco panorámico. Observa Almandoz cómo el mensaje higienista no había sido anotado como prioritario en la mayoría del continente, mientras la articulación de servicios, circulación y monumentalidad aparecerían como componentes ya entrado el siglo XX, incluso "cuando el urbanismo profesional" comenzaba a despegar. Mientras el autor sugiere que una de las mayores contribuciones británicas al town planning como movimiento internacional fue el modelo de Howard de ciudad jardín, indica que estos proyectos deben primero abordarse en su sentido original. Esto es, más allá de sus posibles vinculaciones con aquellos barrios que dieron forma a las expansiones urbanas de la bella época latinoamericana -Higienópolis o las colonias durante el porfiriato-, o del rótulo que llevó a identificar. El Vedado como la primera ciudad jardín latinoamericana. Los nuevos barrios residenciales representaron una evidente modernidad burguesa, menos monumental y académica que los embellecidos centros del Centenario; muestra de ello serían el Paraíso en Caracas, el primer barrio burgués que salió del centro tradicional, o Jardim América de São Paulo, liderado por el propio Parker. Como sea, modernizaciones que escaparon al trazado ortogonal y compacto de los dameros coloniales son cuestionadas por el autor en tanto etiquetadas como ciudad-jardín, mientras sugiere pensar en barrios ajardinados, como el barrio El Golf o Los Conquistadores, en Santiago de Chile.

Resulta de interés que, de fondo, el autor interprete los atributos del planning anglosajón en los suburbios y el prestigio del academicismo francés que embelleció los centros del Centenario, en tanto ideales presentes en la literatura, la cual también registra los valores que prevalecen en los centros y las nuevas alternativas residenciales que representan los ajardinados suburbios burgueses.

En esta línea, rastrea cómo el paso del centro a los suburbios se reflejaba en el lento tránsito de la bella época a los años locos norteamericanizados por medio de personajes literarios de Diez Canseco, Carpentier, Gallegos, Picón Salas, que anunciaban la ciudad masificada.

Resguardar la comprensión de referentes internacionales, cosa que procura esta obra, es central para atender la forma en que la urbanización y la masificación arrancaron en la profesionalización e institucionalización del urbanismo y la planificación, plataforma de la cual emergían planes urbanos que reflejaron distintas versiones y concepciones disciplinares de la modernidad. Tales planes, según plantea el autor, aparecen como "ejercicios manifiestos" de la nueva disciplina, más allá de que muchos no llegaron a implementarse. Así, el relevo del urbanismo de las primeras décadas del siglo XX por la planificación después de la segunda posguerra, evidenciaba cambios disciplinares en el marco referencial del modernismo y desarrollismo de Latinoamérica.

Un tercer y último punto desarrollado en el libro, el paso de las grandes aldeas a la ciudad masificada, remite a las categorías de las cuales arranca y con las que concluye el estudio, surgidas de la imagen de la obra de Lucio López y de la categoría romeriana, respectivamente. En este arco de tiempo que delinea el ensayo, extractos de obras literarias más o menos conocidas no ilustran sino que constituyen el argumento en torno a las representaciones y cambios sociales y urbanos de Latinoamérica.

De la inicial modernización burguesa a la primera posguerra y la ampliación de la agenda modernizadora en las primeras tres décadas del siglo XX, el estudio avanza hacia un escenario que ya se asomaba como metropolitano a la luz de ciudades masificadas. Así, mientras las tempranas renovaciones de las ciudades burguesas fueron acompañadas de cambios institucionales -algunos flamantes ministerios- y de cambios tipológicos de los edificios, y las burguesías emigraban de los centros históricos tradicionales a nuevos barrios, buena parte de la narrativa latinoamericana mutaba en estilos y perspectivas, coloreando el proceso de cambios sociales y culturales (p. 297). La transición demográfica y la urbanización del segundo tercio del siglo XX, que daba paso a las ciudades masificadas, se vio plasmada en la narrativa latinoamericana que, atravesada por distintos estilos y temáticas, registraba los cambios culturales y sociales del momento.

En síntesis, las dimensiones de la modernización son atendidas en el libro con rigor, desde una ilustrada y sensible aproximación que recoge aspectos tanto materiales y culturales como estéticos, y con una mirada que anota procesos comunes y disímiles, pero que en definitiva logra poner en perspectiva muchas de las monografías y microhistorias desarrolladas hasta ahora. Modernización urbana en América Latina. De las grandes aldeas a las metrópolis masificadas nos obliga a recordar la necesidad de elaborar obras panoramicas. Al reconocimiento de esta empresa habría que sumar los agradecimientos por la lúcida, depurada y asertiva escritura de la obra, oficio que ha caracterizado la trayectoria del autor.

 

Macarena Ibarra
INSTITUTO DE ESTUDIOS URBANOS Y TERRITORIALES
PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE
E-MAIL: MIBARRAA@UC.CL

 

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