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EURE (Santiago)

versão impressa ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) vol.44 no.131 Santiago jan. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612018000100005 

Artículo

Trabajo y territorio en el nuevo agro chileno. Un estudio de commuters en tres comarcas del Valle Central

Alejandro Canales1 

Manuel Canales2 

María Hernández3 

1Universidad de Guadalajara, Guadalajara, México

2Universidad de Chile, Santiago, Chile

3Consultora independiente, Santiago, Chile

RESUMEN

El nuevo modelo agrario desarrollado en Chile implica la separación entre el trabajo agrario y la vida rural. Trabajadores agrarios que se urbanizan junto a trabajadores no agrarios que viven en la ruralidad configuran un nuevo cuadro en donde la movilidad cotidiana entre los espacios de trabajo/producción y los de hábitat/reproducción constituye uno de los mecanismos que dan forma a los territorios agrarios. Su origen se vincula con los nuevos modos de relaciones campo-ciudad que ha propiciado la modernización del agro chileno en las últimas cuatro décadas. Esta variable, la conmutación, interesa en sus dos sentidos. Por un lado, respecto a la masa, al volumen y tasas de movilidad intracomarcal en un territorio. Por otro lado, respecto a las formas que adopta, según sea desplazamientos entre localidades rurales, entre estas y urbanas (principales o secundarias), o entre urbanas y rurales, o urbanas y urbanas. Asimismo, según sea de trabajadores agrarios o bien de trabajadores en actividades secundarias o terciarias.

PALABRAS CLAVE desarrollo territorial; movilidad; relación campo-ciudad

ABSTRACT

The new agricultural model in Chile involves the separation of agricultural work and rural life. Agriculture workers that urbanize along with non-agrarian workers that live in rural areas configure a new scheme in which daily mobility between work/productive spaces and those of habitat/reproduction conform one of the mechanisms that give form to agrarian territories. Its origin is linked to the new modes of rural-urban relations that have led to the modernization of Chilean agriculture in the last four decades. The commuting variable was of interest for two reasons: on the one hand, regarding the mass, volume and rates of intra-regional mobility; on the other hand, regarding the forms they configure, whether it involves commutes between two rural localities, between rural and urban (both principal and secondary), between urban and rural or between urban and urban. The analysis also considers the categories of agrarian workers, secondary and tertiary activity workers.

KEYWORDS territorial development; mobility; countryside-city relationship

Introducción

En Chile, el análisis de la conmutación se ha centrado en dos grandes modalidades. Por un lado, en la movilidad intrametropolitana, especialmente en el Gran Santiago (Rodríguez, 2012); y por otro, en la conmutación de larga distancia o interregional (Aroca & Atienza, 2007). En nuestro caso, queremos presentar un estudio sobre un tercer tipo de conmutación que, siendo de corta distancia, no se corresponde con la movilidad intrametropolitana. Nos referimos a la movilidad de trabajadores en espacios locales que abarcan varias comunas colindantes entre sí y que conforman las distintas comarcas y provincias en cada región del país.

El nuevo cuadro agrario en Chile desde su inicio ha implicado la separación entre el trabajo agrario (producción) y la vida rural (reproducción). Trabajar en el agro y vivir en ruralidad pasan a ser asuntos independientes, al menos relativamente (Canales & Canales, 2016). Trabajadores no agrarios que viven en la ruralidad, y trabajadores agrarios que se urbanizan, configuran un nuevo cuadro en que los conceptos hasta pierden pie en lo que refieren. La separación entre ambos ejes (rural y urbano) ha de reconectarse de algún modo, y aquello además ha de ser espacializado o geográficamente identificable.

Para identificar las articulaciones entre el nuevo productor y el nuevo poblador conviene observar qué forma toman los recorridos (rutas, distancias y trayectorias) que caracterizan el movimiento cotidiano del nuevo trabajador: su movilidad laboral, que lo mismo señala al productor (en su orientación hacia el trabajo) como al reproductor (en su regreso a la casa).

Nuestra tesis es que esta movilidad laboral cotidiana constituye uno de los mecanismos que contribuyen a la configuración de los territorios agrarios,1 y que su origen se vincula con la emergencia de nuevos modos y patrones de relaciones campo-ciudad que ha propiciado la modernización económica y transformación productiva del agro chileno en las últimas cuatro décadas.

En este sentido, resulta fundamental analizar y dimensionar el papel de la conmutación en los territorios agrarios, entendida como el desplazamiento cotidiano del trabajador entre una localidad de hábitat y una localidad de trabajo y empleo. Esta variable, la conmutación, interesa en sus dos sentidos. Por un lado, respecto a la masa, al volumen y a las tasas de movilidad intracomarcal en un territorio. Por otro lado, respecto a las formas que adopta, según sea desplazamientos entre localidades rurales, entre estas y urbanas (principales o secundarias), o entre urbanas y rurales, o urbanas y urbanas. Asimismo, según sea de trabajadores agrarios o bien de empleados en actividades secundarias o terciarias.

La conmutación y la movilidad de la fuerza de trabajo en Chile

Se entiende la conmutación como la movilidad cotidiana entre el lugar de residencia y el lugar de trabajo. En tanto proceso social, la conmutación así entendida constituye un fenómeno eminentemente urbano, originado en el contexto de los cambios en la organización social y productiva de las ciudades que surgen con la revolución industrial (Bairoch, 1988).

En el caso de Chile, los estudios sobre la conmutación son muy recientes. En gran medida, se debe a que solo a partir del censo de 2002 se cuenta con información estadística sobre la movilidad cotidiana intercomunal de la fuerza de trabajo (Jiménez, 2009). Aunque dichos estudios no son muy numerosos, los podemos agrupar en dos grandes áreas: aquellos que se han ocupado de la movilidad intraurbana e intrametropolitana; y los que se han centrado en el estudio de la conmutación de larga distancia, en este caso, interregional.

Conmutación intrametropolitana

La conmutación intrametropolitana se considera una manifestación de la expansión urbana y metropolitana, especialmente del Gran Santiago en el caso de Chile. Distintos autores, Castells y Sassen entre ellos, han desarrollado tal enfoque, con estudios abocados al análisis de las ciudades duales. En dichos estudios, sin embargo, la movilidad opera más bien como un componente secundario del debate. Es el caso de los trabajos de De Mattos (2002 y 2010) y de Carroza y Valenzuela (2010), donde, a propósito del debate sobre ciudades duales versus ciudades fragmentadas y policéntricas, el tema de la conmutación se subentiende como una forma que asume la polarización y desigualdad social en el área metropolitana del Gran Santiago, en un caso, o de Valparaíso, en el otro. El énfasis de estos trabajos está en discutir el carácter de la expansión urbana de esas metrópolis en el marco del debate de las ciudades globales, más que en el análisis concreto de la movilidad y conmutación de los trabajadores. Otros estudios se enfocan en la movilidad y el transporte, lo que en un caso permite vincular la estructura urbano-residencial de las áreas metropolitanas con la funcionalidad de sus territorios (Cerda & Marmolejo, 2010); y en otro, analizar la movilidad y el transporte como condicionantes de la desigualdad y exclusión social (Avellaneda & Lazo, 2011).

Por su parte, Jorge Rodríguez (2007, 2008, 2011 y 2012) es probablemente el autor que ha trabajado más profundamente el tema de la conmutación y movilidad intrametropolitana. Sus trabajos se centran en el caso de la ciudad de Santiago, y ha abordado esta problemática desde la perspectiva de su vinculación con los procesos de segregación residencial socioeconómica, en el marco del debate sobre el paso de ciudades monocéntricas a policéntricas, derivado de la globalización y auge de la nueva economía de la información.

Considerando que la movilidad cotidiana de los trabajadores es reflejo de las diferencias en los patrones de localización de sus residencias respecto a los patrones de localización de sus empleos, en el caso de la ciudad de Santiago se produce una situación particular. La desindustrialización y desmantelamiento del sector fabril en los años setenta y ochenta del siglo pasado, junto al auge de la economía del comercio y servicios sociales y personales de atención hacia las clases medias y altas, conllevan nuevos patrones de localización de los puestos de trabajo. Si en el pasado los empleos fabriles tendían a localizarse en suelos urbanos de menor valor, ubicados muchas veces en las periferias de la ciudad y cercanos a los asentamientos de los trabajadores, hoy en día los puestos de trabajo tienden a seguir el patrón de localización de las residencias de las clases medias y altas.

En este sentido, se seguiría la tesis de Sobrino (2007), quien señala que en el contexto intraurbano son los empleos los que tienden a seguir a la población. Para el caso de la ciudad de Santiago, cabría especificar que los empleos no siguen a cualquier población, sino a la de mayor poder adquisitivo, con lo cual se concluye, además, que el patrón de asentamiento y concentración espacial de las elites en determinados barrios y comunas de la ciudad (el tradicional “barrio alto” de Santiago), junto con ser expresión de una histórica forma de segregación residencial, es también hoy en día un factor determinante en la conformación de centros y subcentros laborales en la ciudad (Rodríguez, 2008). Resulta evidente, así, que la alta concentración de puestos de trabajo en la zona céntrica de la ciudad y en los barrios históricos de residencia de la elite metropolitana, junto a la localización de las residencias de los trabajadores en las comunas de la periferia de la ciudad, hace de la movilidad cotidiana y la conmutación un factor esencial para entender la configuración de la desigualdad social en el Gran Santiago (Rodríguez, 2012).

La conmutación de larga distancia: desplazamientos interregionales

Un segundo tipo de análisis se refiere a la conmutación de larga distancia, la cual se ha convertido en un fenómeno interregional de creciente magnitud (Paredes & Soto, 2015). Si, en el pasado, frente a los desajustes en cuanto a la localización de los lugares de residencia y de empleo los trabajadores solo tenían como opción el traslado de su residencia y sus familias hacia los lugares de empleo (migraciones internas), hoy en día y como resultado de los avances en las tecnologías de las comunicaciones y transporte pueden optar por la conmutación, esto es, por una movilidad cotidiana entre sus lugares de residencia y sus lugares de empleo (Aroca & Atienza, 2007). Ello pone de relieve que la importancia de la conmutación de larga distancia se refiere no solo a los volúmenes de trabajadores involucrados en estos desplazamientos, sino también a sus causas y determinantes, así como a sus consecuencias e impactos económicos tanto en las regiones receptoras como de origen de los commuters.

En el caso de los determinantes, Sasonov y Paredes (2013) encuentran que los salarios recibidos por los trabajadores constituyen un importante incentivo para la conmutación de larga distancia. Con base en modelos econométricos, estos autores estiman que los trabajadores que ejercen una conmutación de larga distancia reciben, en promedio, un premio salarial del orden del 19%. Concluyen que la conmutación de larga distancia en Chile constituye un mecanismo eficiente de reasignación laboral, contribuyendo a ajustar el exceso de demanda y la escasez de mano de obra local en las regiones emisoras y receptoras de commuters, respectivamente.

Por su parte, Aroca y Atienza (2008), desde una perspectiva de análisis regional, identifican tres factores que inciden en que una región en particular se convierta en receptora de trabajadores commuters de larga distancia: las diferencias en los costos de vida entre las regiones de origen y destino; luego, la inversión extranjera directa, como factor que permite incrementar la oferta de empleos y de sus salarios, generando brechas regionales; y, por último, las brechas en cuanto a los niveles de capacitación que requieren los puestos de trabajo que se generan, versus los perfiles de la fuerza de trabajo local. En este contexto, destaca el caso de la Región de Antofagasta en el norte de Chile, donde se dan las mayores tasas de conmutación de larga distancia, fenómeno derivado en gran medida de los altos salarios vinculados a la Gran Minería, que atrae un importante flujo de inversión extranjera directa.

En cuanto a las consecuencias e impactos económicos de la conmutación de larga distancia, Aroca y Atienza (2011) señalan que en la medida en que una gran parte del salario de los trabajadores commuters es remitido hacia las regiones donde residen ellos y sus familias, los efectos multiplicadores del consumo se ven reducidos en la región de trabajo y se canalizan hacia la región de residencia. En el caso de la Región de Antofagasta, estiman que este gasto que los trabajadores commuters dejan de realizar es realmente relevante, a tal punto que resulta superior al Fondo Nacional para el Desarrollo Regional, el cual es el principal instrumento público destinado a la reducción de las disparidades regionales.

La conmutación intrarregional y de corta distancia

Junto a la movilidad intrametropolitana e interregional (de larga distancia), existe en Chile un tercer tipo de conmutación que no ha sido debidamente analizada y dimensionada en los estudios señalados. Nos referimos a la conmutación intrarregional, esto es, la que se da entre comunas vecinas dentro de las regiones y provincias del país, y que dan forma a las distintas comarcas que configuran la geografía social y humana de Chile.

Como indican los datos, no hay duda de que en Chile la conmutación es esencialmente intrametropolitana. En conjunto, en el año 2009, las tres principales zonas metropolitanas de Chile (Santiago, Valparaíso y Concepción) concentraban el 73% de los trabajadores commuters. Asimismo, la conmutación de larga distancia —esto es, trabajadores que se desplazan de una región a otra— conformaban el 8% del total de trabajadores commuters. El 19% restante corresponde a trabajadores que cotidianamente se desplazan al interior de cada región, configurando desplazamientos de corta distancia. No es una cifra menor, que en 2009 involucró a 420.000 trabajadores.2

Un dato relevante es que mientras la conmutación de larga distancia se vincula directamente con las actividades mineras del norte del país (Aroca & Atienza, 2011), en el caso de la conmutación intrarregional, esta se concentra en las regiones del centro del país, donde la actividad agrícola y agroindustrial es predominante, y define la especialización productiva y dinámica de los mercados locales de fuerza de trabajo. Es así que la conmutación intrarregional refleja el hecho de que, hoy en día, la localización de la residencia del trabajador agrario ya no depende, como en el pasado, de la localización de su lugar de producción y trabajo. En este sentido, nos interesa analizar y describir con cierto detalle las características y patrones que adquiere este tipo de movilidad cotidiana de la población en tres comarcas del Valle Central de Chile, y cómo ello contribuye y se materializa en su configuración como territorios agrarios.

Delimitación de las tres comarcas agrarias del Valle Central

Los territorios seleccionados corresponden a las comarcas de Aconcagua, en la Región de Valparaíso; San Vicente de Tagua Tagua, en la Región de O'Higgins; y Talca, en la Región del Maule. La delimitación de estas tres comarcas se basó en la estimación del grado de intensidad de la conmutación laboral intercomunal. Para ello usamos el índice propuesto por Tolbert y Killian (1987), que pondera el volumen bruto de desplazamientos entre dos comunas con respecto a la población de las comunas involucradas.

Rij=FBij/PMij

donde:

Rij es el Índice de Intensidad de los flujos cotidianos de población ocupada entre las comunas “i” y “j”.

FBij es el flujo bruto entre las comunas “i” y “j”, y corresponde a la suma del flujo de la comuna “i” a la comuna “j”, y el flujo en sentido inverso, de la comuna “j” a la comuna “i”.

PMij es el volumen de la población ocupada de la comuna de menor tamaño demográfico.

Con base en los datos de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica (CASEN) 2009, estimamos el grado de intensidad de conmutación para cada par de comunas de todo Chile en ese año. Esto nos permitió identificar y agrupar las comunas que conforman los diferentes territorios y comarcas que hay a lo largo del país. El criterio para la delimitación de estos conjuntos intercomunales es que la intensidad de la conmutación sea relativamente alta entre ellas, y relativamente débil con el resto de las comunas de la región y del país. Con base en este criterio, hemos delimitado las tres comarcas que seleccionamos para nuestro estudio, cuya intensidad de conmutación ilustramos en la figura 1.

FUENTE ELABORACIÓN PROPIA CON BASE EN CASEN, 2009

FIGURA 1 Intensidad de los flujos cotidianos intercomunales. Comarcas de Aconcagua, San Vicente y Talca, 2009 

Como se observa, en cada comarca se cumple el criterio de que los flujos internos son relativamente intensos (índices superiores al 5%), a la vez que prácticamente no existen flujos y desplazamientos hacia otras comunas fuera de la comarca que sean estadísticamente significativos (índices inferiores al 5%). En ninguna comarca hay comuna alguna que muestre una interacción significativa con alguna otra comuna ubicada fuera de su comarca correspondiente, a la vez que, por el contrario, en cada comarca, todas las comunas tienen un flujo de alta intensidad con al menos alguna otra comuna de su propia comarca.

La conmutación laboral en tres territorios agrarios del Valle Central

Los territorios agrarios conforman espacios policéntricos, donde lo esencial no es la centralidad de un lugar en y por sí misma, sino la movilidad interna de todo tipo que articula los distintos centros y lugares, y da forma a dichos territorios. Entre estas movilidades adquiere relevancia la conmutación laboral, producto de la creciente desvinculación entre lugar de residencia y lugar de trabajo que surge frente a la modernización productiva del agro y el auge de actividades agroindustriales. En este sentido, analizaremos la conmutación laboral en las tres comarcas mencionadas, basándonos en la información que surge de la Encuesta Sociodemográfica en Territorios Agrarios (ESDTA, 2014).3

De acuerdo con la fuente mencionada, en 2014 se habría registrado un total de 320.000 trabajadores en las tres comarcas. De ellos, 88.000 corresponden a trabajadores commuters, esto es, que declaran trabajar en una localidad diferente a la de su residencia habitual, lo que representa una tasa de conmutación del 27,5% (tabla 1). Aunque la comparación con los datos nacionales no es 100% válida, porque en este caso incluimos un tipo de movilidad intracomunal que no es captada en el censo 2002 ni en las encuestas de hogares, lo cierto es que esta tasa de conmutación es significativamente superior a la de prácticamente todas las regiones y zonas del país, con excepción de la que prevalece en el Gran Santiago y el Gran Concepción.

TABLA 1 Población ocupada según condición de conmutación y tasas de conmutación, comarcas y zonas metropolitanas de Chile 

ENCUESTA SOCIODEMOGRÁFICA EN TERRITORIOS AGRARIOS 2014 ENCUESTA DE CARACTERIZACIÓN SOCIOECONóMICA 2009
TOTAL COMARCAS ACONCAGUA SAN VICENTE TALCA GRAN SANTIAGO GRAN CONCEPCIÓN GRAN VALPARAÍSO REGIONES
Total 319.129 112.564 48.770 157.795 2.428.956 259.344 310.427 3.306.789
No conmuta 231.085 68.455 30.508 132.122 955.843 173.648 244.294 2.958.747
Conmuta 88.044 44.109 18.262 25.673 1.473.113 85.696 66.133 348.042
Tasa de conmu-tación 28% 39% 37% 16% 61% 33% 21% 11%

FUENTE ESTIMACIONES PROPIAS CON BASE EN ESDTA 2014 Y CASEN 2009

Por comarcas, la situación no es homogénea. Mientras Aconcagua y San Vicente muestran altas tasas de conmutación, cercanas al 40%, en Talca la proporción de trabajadores commuters se reduce al 16% de la población ocupada, cifra en todo caso superior al promedio nacional. Este menor índice de conmutación se debe al gran peso de la ciudad de Talca, que por sí sola concentra casi el 60% de la población ocupada de esta comarca a la vez que el 61% de los puestos de trabajo. En otras palabras, una muy alta proporción de los trabajadores reside y trabaja en la ciudad de Talca, reduciendo así la proporción de trabajadores que conmutan cotidianamente entre su localidad de residencia y la de trabajo.

En las tres comarcas destaca que solo el 9% (8000 trabajadores) corresponde a commuters que se desplazan hacia alguna localidad fuera de su comarca pero dentro de su entorno regional inmediato. Asimismo, el 19% (16.000 trabajadores) corresponde a commuters extrarregionales, conformando lo que se conoce como conmutación de larga distancia (figura 2). En conjunto, estos datos indican el bajo nivel de interacción que estas comarcas tienen tanto respecto a su entorno regional inmediato, como con el resto del país. Por el contrario, los desplazamientos al interior de la comarca muestran una situación muy diferente, y representan el 72% (64.000 personas) del total de los trabajadores que conmutan.

FUENTE ESDTA, 2014

FIGURA 2 Comarcas de Aconcagua, San Vicente y Talca. Trabajadores commuters según tipo de traslado 

Composición origen-destino de la conmutación intracomarcal

En cuanto al origen de la conmutación laboral, se observa que solo el 46% de los trabajadores que conmutan proviene de localidades rurales, mientras que el 54% restante se origina en localidades urbanas (tabla 2). Entre estas últimas destaca el peso de los pueblos y ciudades pequeñas, que contribuyen con casi un tercio del total de los commuters. Por su parte, en cuanto al destino de los flujos, se observa que solo el 41% de los desplazamientos se dirige a las ciudades medias y grandes (con más de 20.000 habitantes), mientras que el 59% restante se distribuye entre pueblos y ciudades pequeñas (28%) y localidades rurales (31%).

TABLA 2 Comarcas de Aconcagua, San Vicente y Talca. Conmutación según localidad de origen y destino. Conmutación neta, conmutación bruta e índice de eficacia 

TIPO DE LOCALIDAD LOCALIDAD (N) LOCALIDAD (%) CONMUTACIÓN NETA (N) CONMUTACIÓN BRUTA (N) ÍNDICE DE EFICACIA(%)
ORIGEN DESTINO ORIGEN DESTINO
Ciudades 14.206 25.880 22% 41% 11.674 40.086 29%
Pueblos 19.871 18.074 31% 28% -1.797 37.945 -5%
Rural 29.452 19.575 46% 31% -9.877 49.027 -20%
Total 63.529 63.529 100% 100% - - -

FUENTE ESTIMACIONES CON BASE EN ESDTA, 2014

Los datos señalados indican que, contrariamente a lo que se hubiera esperado, no son los desplazamientos del campo hacia las grandes ciudades los de mayor relevancia cuantitativa. Ni las localidades rurales son las principales fuentes de origen de la conmutación, ni las grandes ciudades son las principales receptoras de esos desplazamientos. En estos territorios, la presencia de pueblos y ciudades pequeñas (con menos de 20.000 habitantes) resulta de gran importancia en la configuración de las trayectorias y desplazamientos de la fuerza de trabajo, como lugar tanto de origen de los flujos como de destino de los mismos. Se trata de un sistema de desplazamientos a tres bandas, donde lo relevante no es cuánto gana o pierde cada uno de los actores (ciudades, pueblos, localidades rurales), sino la intensidad de los flujos que se da entre ellos. Al respecto, considerando el peso específico de cada flujo, se observa que prácticamente no hay un tipo de flujo origen/destino que predomine por sobre los otros. De hecho, el flujo más importante es el que se da entre los pueblos y las localidades rurales, el cual concentra el 30% del total de trabajadores que conmutan (figura 3). Se trata de una cifra que supera levemente el flujo entre localidades rurales y ciudades, el cual involucra al 27% del total de trabajadores commuters de las tres comarcas. Solo el flujo entre pueblos y ciudades se ve con menor peso, pero aun así involucra a uno de cada cinco trabajadores que conmutan. Igualmente relevante es el análisis del índice de eficacia para cada tipo de localidad. Este índice permite estimar cuán concentrado o cuán diversificado es el flujo de commuters en cada caso. Así, valores cercanos a la unidad (saldo neto es igual al saldo bruto) indican una marcada unidireccionalidad del flujo y, por tanto, una alta eficacia para la localidad que los recibe. Por el contrario, valores cercanos a cero indican una alta diversificación de los flujos y, por tanto, alta presencia de flujos bi o tridireccionales, donde las ganancias en un sentido se ven compensadas por las pérdidas en sentido opuesto, o bien en flujos hacia terceros ámbitos.

FUENTE ESDTA, 2014

FIGURA 3 Comarcas de Aconcagua, San Vicente y Talca, 2014. Flujos de conmutación según localidades de origen y destino 

Al respecto, los datos indican que, en general, cada localidad tiene una muy baja eficacia global, es decir, que lo que ganan o pierden por conmutación es una muy baja proporción del total de trabajadores que se desplazan desde o hacia ese tipo de localidad (tabla 2). En el caso de las ciudades, de cada diez trabajadores commuters solo tres representan una ganancia neta para ese tipo de localidades. Asimismo, en el caso de las localidades rurales, aun cuando la conmutación implica una pérdida neta de trabajadores, lo cierto es que por cada cinco trabajadores que en su desplazamiento involucran una localidad rural, solo uno representa una pérdida neta para este tipo de localidades. En el caso de los pueblos esta situación es aún más evidente, pues en ellos el saldo neto es muy cercano a cero. De esta forma, solo uno de cada veinte trabajadores que se desplazan por pueblos, involucra una pérdida neta para estas localidades.

Los datos anteriores indican que si bien las ciudades surgen como ganadoras netas en este juego de conmutación, y las localidades rurales como perdedoras netas, más relevante que ello es el gran peso que tiene la conmutación en todas ellas. En tal sentido, cabe destacar el papel de los pueblos y ciudades pequeñas (con menos de 20.000 habitantes), que constituyen ámbitos de gran relevancia en la conformación de los mercados locales y regionales de fuerza de trabajo.

La tesis de la conmutación como flujo compensatorio entre localidades urbanas y rurales imprime un carácter específico y diferente al papel que ella representa respecto del que desempeña en otros contextos. En las comarcas estudiadas la conmutación opera más como un mecanismo de integración territorial y no tanto como un modo de segregación residencial, a la manera de lo que ocurre en las grandes zonas metropolitanas (Rodríguez, 2008). En efecto, en las zonas metropolitanas la dinámica de la conmutación indica que los trabajadores se desplazan desde comunas de bajos ingresos hacia otras de altos ingresos, ilustrando la desigual distribución territorial de los empleos y de la fuerza de trabajo, a la vez que da cuenta de la forma e intensidad que asume la segregación residencial socioeconómica en las grandes ciudades, como el Gran Santiago. Según se observa en la tabla 3, en las zonas metropolitanas conmuta el 54% de los trabajadores. De ellos, el 71% se desplaza a comunas donde el ingreso per cápita es superior al de sus comunas de residencia, y solo el 29% hace la trayectoria compensatoria inverso.

TABLA 3 Trabajadores commuters metropolitanos (2009) y de las tres comarcas (2014), según ingreso per cápita en la comuna o localidad de trabajo, comparado con la comuna o localidad de origen 

LUGAR DE DESTINO TRABAJADORES COMMUTERS (N) TRABAJADORES COMMUTERS (%)
METROPOLITANOS TRES COMARCAS METROPOLITANOS TRES COMARCAS
Comunas o localidades con menor ingreso per cápita que en lugar origen 461.568 29.387 29% 46%
Comunas o localidades con mayor ingreso per cápita que en lugar de origen 1.144.844 34.138 71% 54%
Total 1.606.412 63.525 100% 100%

FUENTE ESTIMACIONES PROPIAS CON BASE EN CASEN, 2009, Y ESDTA, 2014

En el caso de las tres comarcas agrarias que estamos analizando, la situación es muy diferente. Por un lado, solo el 54% de quienes conmutan lo hace a localidades con mayor ingreso per cápita que el que prevalece en las de origen, a la vez que quienes hacen el desplazamiento inverso se eleva al 46%. Se trata de una relación casi 1 a 1 entre los flujos que van en uno y otro sentido, compensándose mutuamente. El resultado es que en estas comarcas no existe una diferenciación tan evidente entre la distribución territorial de los puestos de trabajo y la distribución territorial de los trabajadores.

Cabe señalar que, no obstante estos datos, en las comarcas estudiadas sí prevalece una forma territorial de la desigualdad socioeconómica. Por de pronto, en las ciudades el ingreso per cápita es casi un 50% superior al de las localidades rurales, y más de un tercio superior al de los pueblos. El punto es que la conmutación no es una expresión de estas formas de desigualdad o segregación residencial socioeconómica ni las reproduce, al menos no en la forma e intensidad con que ello ocurre en las zonas metropolitanas. Esto se debe a que mientras en las zonas metropolitanas los flujos de conmutación se dirigen principalmente hacia las pocas comunas de altos ingresos, en los territorios agrarios la conmutación adopta una forma policentrada, donde los flujos tienden a compensarse mutuamente entre los que van en un sentido (rural a urbano, de bajos a altos ingresos) y los que van en sentido opuesto. En términos del enfoque de Sobrino (2007), en los territorios agrarios la localización de los empleos —y, por ende, la conmutación— no sigue a la localización de la población; más bien, se ubican de acuerdo con aquel patrón territorial que surge directamente de la economía y la producción, y en particular de la especialización agrícola y agroindustrial de los territorios estudiados. Esto se expresa también en que, en ellos, los trabajadores que conmutan se insertan preferentemente en actividades y ocupaciones agroproductivas, y no tanto en servicios y distribución, como en el caso de las zonas metropolitanas.

Conmutación y mercados de trabajo

En cuanto al peso de la conmutación en la configuración de los mercados laborales locales, los datos indican que en los pueblos y localidades rurales, la conmutación pasa a ser un componente fundamental en la composición de la fuerza de trabajo empleada; en las ciudades, en tanto, aunque no deja de ser importante, su peso relativo es menor.

En conjunto, en las tres comarcas, el 22% de los trabajadores corresponde a commuters intracomarcales, lo que indica el nivel de integración territorial entre las localidades de residencia y de trabajo de la población. Esta situación es particularmente relevante en el caso de los pueblos y ciudades pequeñas (con menos de 20.000 habitantes) y en las localidades rurales (con menos de 2.000 habitantes). En ambos casos, la proporción de las ocupaciones que son cubiertas por trabajadores que conmutan bordea el 30%, esto es, casi uno de cada tres puestos de trabajo es ocupado por un trabajador commuter (tabla 4).

TABLA 4 Composición de la población ocupada en localidades de destino (trabajo) según condición de conmutación 

TIPO DE LOCALIDAD TOTAL CONDICIÓN DE CONMUTACIÓN TASA DE CONMUTACIÓN
COMMUTER NO COMMUTER
Ciudades 168.811 25.880 142.931 15%
Pueblos 54.405 16.703 37.702 31%
Rural 71.046 20.946 50.100 29%
Total 294.262 63.529 230.733 22%

FUENTE ESTIMACIONES CON BASE EN ESDTA, 2014

En las ciudades medias y grandes (con más de 20.000 habitantes), aunque se reduce el peso de la conmutación, no deja de ser relevante el hecho de que prácticamente el 15% de los puestos de trabajo generados sean ocupados por trabajadores procedentes de otras localidades. Es decir, prácticamente uno de cada seis trabajadores que labora en las ciudades, proviene de otra localidad de la misma comarca. Estas relaciones entre la movilidad laboral cotidiana y la dinámica de los mercados laborales pueden ser documentadas más detalladamente si se analiza la conmutación según los grandes sectores de actividad económica. Al respecto, se puede clasificar los sectores de actividad en cuatro grandes categorías, según el peso específico de la conmutación en la provisión de mano de obra en cada caso (figura 4).

FUENTE ESDTA, 2014

FIGURA 4 Comarcas de Aconcagua, San Vicente y Talca. Tasas de conmutación, según sector de actividad 

En primer lugar, destaca el caso de la minería, donde casi el 80% de los trabajadores conmuta. Sin embargo, se trata de una actividad que genera solo el 3% del empleo en estas comarcas, el cual se concentra en la comuna de Los Andes, donde se ubica la División Andina de Codelco. De esta forma, aun cuando la minería es esencialmente un área de trabajo donde se conmuta, su carácter de enclave laboral no genera mayores impactos en la dinámica de los demás mercados de trabajo locales intracomarcales.

En segundo lugar, identificamos el caso de la agroindustria y la agricultura, sectores económicos donde la movilidad cotidiana de la fuerza de trabajo involucra al 30% de los trabajadores. Sin embargo, a diferencia de la poca representatividad porcentual de la minería en materia de empleo, la agricultura y la agroindustria, sectores con un gran dinamismo y que definen la especialización económica y productiva de las tres comarcas estudiadas, concentran en ellas el 28% del empleo general. Así, la situación de alta conmutación en estos dos sectores indica que se trata de un fenómeno estructural y de la mayor trascendencia, el cual se vincula directamente con los impactos de la modernización del agro en la desvinculación entre los espacios y tiempos de la producción y aquellos de la reproducción de la fuerza de trabajo en los mercados agrarios.

En tercer lugar, cabe señalar el caso de los trabajadores en servicios sociales y profesionales, así como en la construcción y en el sector de comunicaciones y transportes. En todos ellos, la movilidad es sin duda menor a la de los sectores ya analizados, pero similar al promedio global de las tres comarcas, fluctuando entre el 20% y 22%. Se trata de sectores que aunque en el contexto local no están entre los de mayor conmutación, cuando se compara su situación con lo que sucede a nivel nacional, sí representan a trabajadores con un grado importante de movilidad cotidiana.

Por último, cabe señalar el caso de los trabajadores en otras industrias manufactureras, así como en el comercio y en los servicios personales. Se trata de los sectores con menores niveles de movilidad cotidiana de su fuerza laboral, que en ninguno de los casos logra involucrar a más del 15% de sus trabajadores. En el caso del comercio y los servicios personales, son actividades eminentemente urbanas y con un alto grado de concentración, lo que se expresa en el hecho de que más del 60% de los trabajadores y de los puestos de trabajo se localizan en las tres grandes ciudades: Talca, Los Andes y San Felipe.

Por otro lado, la movilidad cotidiana también se diferencia según el mercado ocupacional, esto es, de acuerdo con los oficios y ocupaciones de los trabajadores. Al respecto, considerando su nivel de movilidad, identificamos cuatro grandes grupos de ocupaciones (figura 5).

FUENTE ESDTA, 2014

FIGURA 5 Comarcas de Aconcagua, San Vicente y Talca. Tasa de conmutación, según ocupación principal 

En primer lugar, destaca el caso de los temporeros y jornaleros agrícolas y agroindustriales, pilares del éxito del modelo agroexportador chileno, especialmente en las tres comarcas seleccionadas. En el caso de los temporeros agrícolas, ellos alcanzan una tasa de conmutación del 32%. Por su parte, los temporeros y jornaleros agroindustriales presentan una tasa de movilidad muy similar y que involucra al 29% de ellos. Lo relevante en ambos casos es su directa vinculación con las actividades agrarias y que se trata de trabajadores de baja calificación y de empleos temporales, inestables y de alta precariedad. Estos datos, por sí mismos, refuerzan lo ya señalado en términos de cómo la conmutación laboral es un fenómeno que adquiere relevancia a partir de la trasformación productiva y modernización del agro chileno, y sobre la cual se configuran e integran los territorios agrarios. En este ámbito, los temporeros y temporeras constituyen actualmente una figura icónica del modelo agroexportador chileno, y su alta movilidad cotidiana representa una de las principales características de estos territorios (Canales, 2001; Caro, 2012; Valdés, 2014). Los trabajadores que han sido expulsados de sus tierras como lugares de residencia y se han desplazado hacia los pueblos y ciudades, regresan a los campos agrícolas como trabajadores asalariados, jornaleros de temporada en unos casos, jornaleros agroindustriales en otros, reconfigurando así los vínculos y nexos que integran los campos y las ciudades, lo rural y lo urbano en los territorios agrarios.

En segundo lugar, destaca el caso de los profesores y maestros de escuelas primarias y secundarias. Prácticamente en todos los pueblos, así como en una gran cantidad de localidades rurales, hay establecimientos escolares donde se imparte al menos la educación de nivel básico. Esto hace que en no pocos casos, los profesores y personal de apoyo tengan que desplazarse cotidianamente hacia esas localidades. Se trata, en síntesis, de un tipo de ocupación que por su propia naturaleza conlleva un importante grado de movilidad cotidiana.

En tercer lugar, ubicamos ocupaciones con nivel medio de movilidad. Es el caso de los técnicos y de los trabajadores manuales con algún grado de calificación (operarios de maquinarias, equipos, vehículos, etcétera, en actividades de producción manufacturera, minería, agrícola, construcción, y otras). Son ocupaciones que se podrían ubicar en los niveles medios de la estructura de ocupaciones y empleos, con cierto grado de capacitación y capacidad de decisiones en la ejecución de tareas. Por de pronto, en cuanto a su posición en la estructura ocupacional, están muy distantes de los temporeros y jornaleros en general. Suelen gozar de mayor estabilidad y mejores condiciones laborales, así como remuneraciones más altas, además de prestaciones y otros beneficios contractuales.

Finalmente, están las ocupaciones de muy bajo nivel de movilidad cotidiana. Entre ellas se identifican oficios y puestos de trabajo muy diversos y que se ubican en distintos estratos de la estructura ocupacional. Por un lado, se tiene a los directivos y gerentes de empresas, así como a los profesionales. Se trata de ocupaciones de los niveles más altos de la jerarquía laboral. En este caso, la tasa de movilidad es muy baja y no llega al 15% de los trabajadores. Asimismo, están los empleados y oficinistas, quienes presentan una tasa de conmutación de solo el 15%, muy inferior al promedio comarcal. A su vez, los trabajadores en servicios personales y no calificados (servicio doméstico, trabajadores de limpieza y mantenimiento, entre otros), junto a los obreros no calificados, tienen un nivel de conmutación algo mayor, pero no supera el 19%, siendo aún inferior al promedio comarcal. Por último, cabe señalar el caso de los pequeños agricultores y campesinos propietarios de tierras. Son quienes muestran la menor tasa de movilidad, y reflejan precisamente el contraste con los otros trabajadores agrícolas (temporeros y jornaleros). El mantener la propiedad de sus tierras configura una situación de baja movilidad territorial, pues en lo general, su lugar de trabajo tiende a coincidir con su lugar de residencia.

Conmutación y remuneraciones

En diversos estudios se señala que uno de los principales incentivos y determinantes de la conmutación es el acceso a puestos de trabajo con mejores remuneraciones y condiciones laborales que aquellos a los que puede acceder el trabajador en su localidad de residencia (Paredes & Soto, 2015; Sasonov & Paredes, 2013). Esta no parece ser la situación en el caso de las tres comarcas que estamos analizando. Las remuneraciones promedio son prácticamente las mismas para trabajadores que conmutan y para los que no lo hacen. Los primeros ganan en promedio casi 320.000 pesos mensuales (a precios de julio de 2014), cifra que es solo un 6% superior al promedio de las remuneraciones de los trabajadores que no conmutan (tabla 5). Asimismo, pruebas estadísticas indican que esta diferencia no es significativa, en términos de que las varianzas respectivas son relativamente importantes y anulan la leve diferencia de los promedios generales.

TABLA 5 Remuneraciones de población ocupada según condición de conmutación (pesos a precios de 2014 y 2009, respectivamente) 

COMMUTER NO COMMUTER DIFERENCIA % SIG.
Tres comarcas (2014) $318.887 $301.956 6% .152
Metropolitanos (2009) $515.550 $461.920 12% .000
Intrarregionales (2009) $350.892 $309.222 13% .000
Interregionales (2009) $545.974 $358.039 52% .000

FUENTE ESTIMACIONES PROPIAS CON BASE EN CASEN, 2009, Y ESDTA, 2014

Lo relevante es que esta situación contrasta con lo observable a nivel nacional, especialmente respecto a la conmutación de larga distancia. En este caso, los datos indican que las diferencias salariales son superiores al 50% a favor de los trabajadores que conmutan. Asimismo, en el caso de los commuters intrametropolitanos así como los de corta distancia (intrarregionales), las diferencias salariales, aunque son menores y no llegan al 15%, son estadísticamente significativas y también favorecen a los trabajadores que conmutan.

En el caso de las tres comarcas en estudio, la nula diferencia salarial señalada indicaría la presencia de mercados de trabajo y estructuras ocupacionales más homogéneas que lo que puede verse a nivel nacional o en las grandes ciudades metropolitanas. En otras palabras, en estas comarcas tanto los commuters como los no commuters se insertan en similares condiciones de trabajo y remuneraciones, lo que indicaría que la conmutación opera más como un mecanismo de integración territorial de los mercados laborales que como un mecanismo de diferenciación salarial entre los trabajadores. En cierta forma esto es esperable, pues se trata de territorios con una alta especialización agroproductiva que se expresa en una menor diferenciación y heterogeneidad en cuanto a las ocupaciones y actividades productivas locales.

Cabe señalar, sin embargo, que esta falta de diferencias en las remuneraciones se refiere a los promedios globales, que —como todo promedio— pueden ocultar importantes diferencias locales y sectoriales en los mercados de trabajo. Según hemos visto, la conmutación no se distribuye homogéneamente por tipos de localidad, y tampoco por sectores y ocupaciones. Por su parte, las remuneraciones y condiciones laborales sí se diferencian por tipos de localidad (ciudades, pueblos, rurales), así como por sectores, y sin duda por grupos de ocupación y puestos de trabajo. En este sentido, resulta relevante analizar y contrastar las diferencias salariales entre commuters y no commuters que pudieran prevalecer en cada situación particular.

En cuanto a las diferencias según tipo de localidad, la hipótesis es que la conmutación se incentivaría en la medida en que las remuneraciones a las que puedan acceder los trabajadores fueran significativamente superiores a las que prevalecen en sus localidades de origen. En este caso, la conmutación implicaría una especie de movilidad ascendente, que facilitaría el acceso a mejores puestos de trabajo, con mayores remuneraciones e ingresos para los trabajadores, que los que prevalecen en sus lugares de origen.

La identificación de los lugares de destino de los trabajadores que conmutan permite, entonces, determinar la existencia de nichos laborales a los cuales ellos acceden, los mismos que implican condiciones laborales y remuneraciones diferentes al promedio local. Y ello, a su vez, abre la posibilidad de analizar las condiciones de inserción laboral de los trabajadores commuters, comparando su situación con la de los demás trabajadores en los mismos mercados de trabajo locales.

Al examinar las diferencias salariales de la población según condición de conmutación, se observa que los commuters acceden a puestos de trabajo que ofrecen remuneraciones superiores en 16% a las que prevalecen en sus localidades de origen, y 11% superiores a las que prevalecen en las localidades de destino (figura 6). En otras palabras, parece comprobarse la tesis de que la conmutación sí genera un beneficio económico para los trabajadores.

FUENTE ESDTA, 2014

FIGURA 6 Comarcas de Aconcagua, San Vicente y Talca. Promedio de diferencias salariales entre commuters y no commuters según localidad de origen y destino 

Sin embargo, aunque estas diferencias son estadísticamente significativas, se trata en ambos casos de montos muy pequeños, que bordean los 40.000 pesos chilenos (60 dólares estadounidenses, aproximadamente), lo que indica que el impacto en las condiciones socioeconómicas y de vida no es necesariamente significativo. Esta situación contrasta con lo observado en el caso de la conmutación de larga distancia, donde las diferencias salariales entre commuters y no commuters bordean los 200.000 pesos chilenos mensuales (algo más de 300 dólares). En este caso, la conmutación sí parece generar beneficios económicos directos y significativos para los trabajadores y sus familias.

Esta tesis se refuerza cuando analizamos las diferencias salariales de los trabajadores commuters y no commuters según los sectores de actividad y las ocupaciones en las que se emplean. En ambos casos, los datos indican que no habría diferencias significativas ni estadísticamente, ni en términos de sus valores absolutos (figura 7).

FUENTE ESDTA, 2014

FIGURA 7 Comarcas de Aconcagua, San Vicente y Talca, 2014. Remuneraciones promedio según condición y nivel de conmutación y sectores de actividad (miles de pesos a precios de 2014) 

Así, al controlar las diferencias salariales por sectores de actividad, se observa que en ninguno de ellos la conmutación implica una mejoría en las remuneraciones. En todos los casos, las diferencias observadas son estadísticamente no significativas, a la vez que son de muy bajos montos en términos de sus valores absolutos. Incluso en el caso de la minería, donde las diferencias alcanzan un valor cercano a los 90.000 pesos mensuales, ellas no son estadísticamente significativas. Además, si lo fueran, operarían en contra de los trabajadores commuters. En este sentido, la diferencia negativa implica que los commuters corresponden a trabajadores ubicados en los estratos bajos de la estructura salarial del sector minero, esto es, obreros y jornaleros no calificados.

En el caso de la agricultura y la agroindustria, los otros dos sectores con alta conmutación, las diferencias salariales son inferiores a los 10.000 pesos mensuales (menos de 15 dólares), lo que representa menos del 3% de los salarios de los trabajadores del sector. Algo similar ocurre en las demás ramas de actividad, donde se agrega el hecho de que corresponden a sectores de niveles medios o bajos de conmutación laboral.

Por su parte, en cuanto a las ocupaciones, la situación es muy similar. Por un lado, en todos los casos las diferencias salariales entre commuters y no commuters no son estadísticamente significativas. Por otro lado, en aquellas ocupaciones de alta conmutación, las diferencias absolutas en ningún caso superan los 40.000 pesos mensuales (menos de 60 dólares). Lo mismo sucede en las demás ocupaciones de nivel medio y bajo de conmutación. Solo en el caso de los operarios (operadores de maquinarias y equipos, entre otros), las diferencias bordean los 55.000 pesos (menos de 85 dólares), pero se trata de un tipo de ocupación con alta variabilidad, en la medida en que incluye operadores en actividades tanto agrícolas como manufactureras y mineras, tres sectores donde las remuneraciones son muy diversas entre sí, y donde la conmutación también es igualmente variable y diferenciada.4

FUENTE ESDTA, 2014

FIGURA 8 Comarcas de Aconcagua, San Vicente y Talca, 2014. Remuneraciones promedio según condición y nivel de conmutación y grupos de ocupación principal (miles de pesos a precios de 2014) 

Conclusiones

En Chile, los territorios agrarios presentan un patrón de hábitat complejo que reúne tres características: a) es crecientemente urbano, pero b) con permanencia de la ruralidad, y sobre todo c) con permanencia de un pluricentramiento. Este cuadro es el que permite situar el hallazgo que documentamos en este texto: la conmutación de trabajadores, esto es, los movimientos interlocalidades por razones de trabajo como proceso clave en la configuración de los territorios agrarios. La conmutación ya no es solo un fenómeno metropolitano, como tampoco un proceso interregional de provisión de fuerza de trabajo para los enclaves mineros del norte de Chile.

En el caso de los territorios agrarios, los datos indican que los principales desplazamientos corresponden a trabajadores agrarios en sus dos modalidades: agrícolas y agroindustriales. Asimismo, estos desplazamientos no parecen estar asociados a un mejoramiento de las condiciones laborales, como tampoco en las condiciones de vida. Las diferencias salariales entre commuters y no commuters, además de no ser estadísticamente significativas, tampoco alcanzan volúmenes relevantes como para indicar algún tipo de movilidad socioeconómica ascendente. En este contexto, lo que caracterizaría a estos flujos de trabajo es precisamente su recorrido, su continuo ir y venir entre localidades relativamente homogéneas en sus estructuras sociales, económicas y laborales.

A través de la conmutación se da la articulación de los distintos modos de habitar (ciudades, pueblos, localidades rurales) con un modo de producir sustentado en una alta especialización agrícola y agroindustrial, donde los desplazamientos operan como un mecanismo de articulación de los ámbitos de vida y de trabajo, de producción económica y reproducción social.

Se da, entonces, en el territorio agrario una figura nueva que se caracteriza por:

  • una red de recorridos entre localidades similar a la que parece darse en las metrópolis, pero que no lo era por definición en la forma urbana tradicional y en la forma rural tradicional;

  • una red de recorridos entre la ruralidad y lo urbano, de doble dirección continua y cotidiana, para ir al trabajo, a las compras, al ocio, a los servicios públicos;

  • una red de recorridos entre comunas, y no solo dentro de la comuna. En ello vuelve a asemejarse a la metrópoli; pero, en este caso, la analogía es frágil: al movimiento unicentrado de la metrópoli se opone uno pluricentrado en estos territorios;

  • esta red de recorridos entre comunas, sumada a los múltiples intracomunales, marca los límites de la zona; o, dicho en directo, la clausura de los commuters a un interior territorial: la comarca agraria.

La conmutación se trata, así, de un sistema de desplazamientos y movilidad interior de personas, trabajo, capital, mercancías, bienes y servicios materiales y simbólicos, que van describiendo al mismo tiempo una estructura que los contiene. Las localidades componentes no son ya, como en los tiempos de los antiguos fundos y latifundios, unidades completas, sino parcializadas desde una entidad superior, comarcal.

En suma, al observar la comarcalidad, como lo hemos hecho a través del flujo de commuters, observamos la incompletitud de las partes y la completitud del conjunto. Con ello estamos atendiendo a la nueva estructuración del espacio social agrario: la refuncionalización de lo urbano como forma de hábitat de un productor agrario, así como la refundación de una ruralidad como hábitat de un trabajador que se desplaza fuera de su pueblo. Pero también asistimos a la refundación de las zonas o comarcas agrarias, donde dichos movimientos y flujos tienen por primera ley construir una malla continente. En cada flujo detectado, un lugar compensó a otro. El conjunto de las compensaciones mutuas entre lugares componentes, que sería lo que cada dato de flujo habría captado, forma red de pasos y de cierre, interior y exterior; movimientos desde la parcialidad de los componentes, y estructuración, tejido u organización como tal del conjunto. En síntesis, un sistema comarcal de flujo generalizado entre todos los tipos y modos de lugares considerados: rural-rural, rural-urbano, urbano-urbano, intracomunal e intercomunal.

En este contexto, quisiéramos destacar el caso de las agrourbes, esto es, de las ciudades dentro de este sistema de relacionamientos pluricentrados. Su población empieza a trabajar en parte importante “fuera” de sus límites urbanos, en los campos, aldeas y pueblos, lo que es en sí una novedad histórica. Cuando en la antigua o clásica ciudad de campo un conjunto de profesionales iba a hacer “zona” a los pueblos y aldeas, llevaba la ciudad al campo. Así lo hacían los profesores “rurales”, los extensionistas agrarios, las clínicas rurales, y hasta el mismo cura del campo, que siempre venía de pueblos y ciudades vecinas (algo de esto se mantiene con la movilidad intracomarcal de los profesores). En la nueva situación, en cambio, se trata de ir a trabajar a zonas rurales en trabajos propios de esos ámbitos productivos. Es, acaso, el movimiento más sorprendente, pues implica un modo urbano de poblamiento para un modo agrario de producción. No todo lo agrario es rural: cada vez es más decisivo el modo urbano en el habitar de la agricultura. De ahí el concepto de agrourbes: ciudades cuya base y destino están asociados a la actividad agraria, a la que primero sirvieron como ciudades funcionales del productor agrario tradicional “rural”, y a la que vuelven a servir ahora como ciudades también “habitacionales” para sus trabajadores. Así, de ciudades de servicios a la población agraria-rural, pasan a ciudades de residencia de trabajadores agrarios.

1Entendemos por territorio agrario una unidad sociofísica en que puede constatarse: a) el predominio de la producción agraria, sea en aporte al pib o en empleo; b) una continuidad de paisaje, y su propia delimitación geofísica (cuencas, subcuencas, pisos, etcétera), como es consustancial a los territorios donde se cumple (a); y c) una articulación de trabajos (agrarios y no agrarios) y poblamientos (urbanos y rurales, comunales e intercomunales) en que la unión o separación de las funciones productivas/reproductivas se proyectan espacialmente como parte de sus recorridos estructurantes.

2Estimaciones con base en Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (casen) 2009, Ministerio de Desarrollo Social, Gobierno de Chile.

3La Encuesta Sociodemográfica en Territorios Agrarios se basa en un muestreo probabilístico estratificado, que considera tres estratos en cuanto al tamaño de las localidades: rurales (hasta 2.000 habitantes), pueblos (hasta 20.000 habitantes) y ciudades (más de 20.000 habitantes). Se levantó en forma independiente en cada una de las tres comarcas del Valle Central de Chile (Aconcagua, San Vicente y Talca) entre los meses de marzo y julio de 2014. El tamaño de muestra fue de 2.279 personas en Aconcagua, 1.889 en San Vicente y 2.363 en Talca, lo que permitió tener, en promedio, un margen de error del 2%, con un 95% de nivel de confianza. En el módulo sobre empleo se incluyó una batería de preguntas sobre el lugar de trabajo, identificándose hasta el nivel de localidad. Esto permitió que, a diferencia del Censo de Población 2002, de la Encuesta casen 2009 y de la Nueva Encuesta Nacional de Empleo (nene) de años recientes, en esta encuesta se estableciera a la localidad, y no la comuna, como la unidad de análisis y registro de lo que se entiende (y se mide) como “lugar de residencia” y “lugar de trabajo”. Ello permite identificar las diferentes modalidades de conmutación según el tamaño y tipo de localidades (movilidad rural-urbana, rural-rural, urbana-urbana y urbana-rural), tanto a nivel intracomunal como intercomunal.

4De hecho, al hacer un análisis más desagregado, se observa que estas diferencias vienen dadas por la situación en la minería, en donde efectivamente los operarios commuters perciben remuneraciones muy superiores a los no commuters. Sin embargo, se trata de muy pocos casos que no permiten dar sustento estadístico a esos datos.

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Recebido: 22 de Abril de 2016; Aceito: 20 de Junho de 2016

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