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EURE (Santiago)

versão impressa ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) vol.44 no.132 Santiago maio 2018

http://dx.doi.org/10.4067/s0250-71612018000200295 

Eure Reseña

HABITAR

Cynthia Pedrero1 

1Logit, Santiago, Chile

HABITAR. Pallasmaa, Juhani. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 2016. 128 p.p.

“Nuestro domicilio es el refugio del cuerpo, la memoria y la identidad”.

(Pallasmaa, 2016)

En una recopilación de cinco ensayos escritos entre los años 1994 y 2005, el arquitecto finlandés Juhani Pallasmaa nos invita a una reflexión crítica sobre la arquitectura actual y sobre el concepto de habitar. A lo largo de un recorrido con diversos puntos de partida –el cuerpo, el refugio, la casa, la ciudad– y con un lenguaje sencillo y filosófico a la vez, lleva al lector interesado a imbuirse en las diversas formas de construir dicho concepto. Con argumentos que incluyen desde la fenomenología del habitar como refugio y pasan por concepciones ligadas a la construcción de la identidad del que habita, Pallasmaa despliega a lo largo de su texto una mirada estética e interdisciplinaria sobre el habitar. Defiende la concepción del “habitar” por sobre el concepto de “la casa” como construcción meramente formal, construyendo su texto desde disciplinas como la arquitectura, la filosofía, la estética, el cine y la literatura, y aboga por la necesaria relación entre el arquitecto y el habitante, relación clave en la construcción de la vivienda para el hombre y su entorno construido.

Habitar es un texto indispensable para investigadores ligados a la arquitectura y el urbanismo, así como para personas interesadas en la reflexión sobre el habitar desde las ciencias sociales y las humanidades.

La arquitectura como manifestación filosófica y estética del habitar

La casa ha sido considerada a lo largo de la historia no solo un lugar de cobijo; también ha sido un lugar simbólico del habitar y de la conformación del hogar.

El acelerado proceso de globalización y crecimiento de las ciudades contemporáneas, sumado a la exacerbada valoración de la imagen, actualmente hacen de la casa un bien de consumo para ser vista, en lugar de un bien para ser habitado, experimentado y vivido. Actualmente prevalece la funcionalización y estetización de la casa, un espacio que debiese simbolizar –de acuerdo con Juhani Pallasmaa– una experiencia estética del habitar.

La idea de que el hombre se relaciona con el mundo por medio del acto de habitar, y que es a través de la arquitectura que experimentamos lo que ya conocemos, acompaña todo el trabajo del autor. Para Pallasmaa, la casa, a partir de su materialidad, se transforma en un lugar y en un ser y estar en el mundo, y se hace así una extensión de la necesidad del hábito. Etimológicamente, la palabra “habitar” proviene de “hábito”, que en latín adquiere el significado de tener –ser o estar– de manera reiterada. Si el hombre está de manera reiterada en un lugar –en contraposición a sus orígenes nómadas–, el hombre es, vive y está ahí en el mundo, domesticando y controlando su hábitat. En este sentido, Pallasmaa coincide con Heidegger en que el hombre es un ser-en-el-mundo, y en que el pensar sobre el acto de construir debiese ser una reflexión basada en su propósito de habitar, que finalmente no es más que la necesidad de habitar en el mundo.

De acuerdo con esto, el acto de habitar supondría un escenario material, funcional y técnico, a la vez que un acontecimiento y una experiencia; un acto simbólico característico de nuestra propia esencia y que deviene hogar e identidad.

En su primer ensayo, “Identidad, intimidad y domicilio” (1994), Pallasmaa realiza una aproximación al concepto de hogar, haciendo una revisión fenomenológica desde diversas disciplinas. Señala que, si bien a los arquitectos se les enseña a proyectar casas, a los habitantes les interesa la capacidad que tiene una vivienda para brindarles un domicilio que albergue la dimensión y construcción simbólica del hogar. En este sentido, podemos comprender que la crítica hacia la arquitectura en general por parte del autor se asienta en que el espacio material construido debe ser pensado no solo para ser visto, sino para ser habitado, como una manifestación filosófica del espacio. Un espacio donde conviven aspectos sutiles y emocionales; aspectos provistos de vida.

Si bien es cierto que tendemos a relacionar la idea de “hogar” con enfoques de la sociología o la psicología, Pallasmaa nos invita a reflexionar acerca de la construcción material de los espacios en los que los habitantes conformarán dicho hogar, y es por esto que su libro merece ser valorado como un aporte al pensamiento arquitectónico actual y futuro. Para el autor, comprender que es posible una necesaria fusión entre aspectos arquitectónicos y la dimensión del mundo privado y personal de la vida del que habita, solo será posible si se incorpora al mero aspecto formal del espacio construido, un espacio para albergar la identidad; un símbolo de protección, seguridad y orden que albergue la experiencia de la memoria, la intimidad y las emociones. En este sentido, la problemática de la arquitectura, que a lo largo de toda la historia ha estado ligada a situaciones de escasez, a la construcción de viviendas con materiales, funcionalidad o emplazamiento adecuados, hoy se transformaría en un problema multidimensional. Para Pallasmaa, una casa debiese ser construida a la vez que pensada “esencialmente” para recuperar su sentido, invitándonos con ello a comprender que el asunto primordial es construir a la vez que habitar.

En “El sentido de la ciudad” (1996), su segundo ensayo, Pallasmaa advierte que la ciudad es el espacio donde convergen las manifestaciones de lo privado y lo público, señalando que el hogar debiese ser concebido como institución vivida y vivenciada en el ámbito de lo privado, que a la vez se extiende hacia lo colectivo, hacia la vida pública y hacia la ciudad. Un lugar de unión y ruptura donde se reúnen simbolismos, intercambios y organizaciones sociales, y donde conviven fenómenos planificados y accidentales; un artefacto que expone la cultura y manifiesta el sentido de la vida social en un escenario común y que contribuye a la representación de los espacios habitados.

Si bien es cierto que la crítica a la sobrevaloración del sentido de la vista se hace patente a lo largo de todo el texto de Pallasmaa, nos encontramos frente a un corpus que también contribuye a la concepción del habitar a través de las diversas formas de percibir por medio de las imágenes. Se entiende, a partir de esto, que cuestionar la exacerbación de la imagen permite la valoración de lo creado a partir de lo imaginado y lo imaginario, a la vez que fomenta la crítica hacia los excesos de la estetización de lo construido: “Necesitamos el secreto y la opacidad con la misma urgencia con la que deseamos ver y conocer; lo visible y lo invisible, lo conocido y lo que está más allá del conocimiento deben encontrar un equilibrio” (p. 49).

Habitar nos invita a comprender que mientras la arquitectura contemporánea sufre los embates de la sobrevaloración de lo visual, la ciudad se transforma en un espacio alienante y obsesionado por el predominio de la mirada. A la vez que el ojo vuelve todo imagen, convierte a los habitantes de la ciudad en espectadores pasivos, en espectadores de la arquitectura como forma artística que cumple los servicios de uso y función de hábitat. La reflexión planteada por Pallasmaa acerca de la arquitectura hace de la experiencia de habitar, una experiencia de habitar consciente, capaz de transformar el espacio habitado en hogar construido. Entendemos, entonces, que esta experiencia estética del habitar debiese mantener la perfecta ecuación entre la salvaguarda de la autenticidad de la experiencia humana, los nuevos ideales y los modos de percepción. Todo esto, para permitir la apertura de los límites del mundo. De esta manera, la arquitectura como forma artística articularía nuestras experiencias existenciales y formas de pensar, y las transmutaría en forma e imagen viva para ser habitada. Como señala Pallasmaa en su tercer ensayo, “El espacio habitado” (1999), la arquitectura no solo tiene relación con las formas constructivas, sino que alberga un problema existencial y trascendente.

Por medio de Habitar, Pallasmaa nos acerca al origen de la problemática de la arquitectura contemporánea: materialismo, estetización y alienación. Al darnos indicios de un “ocularcentrismo” en las formas de enfrentar el mundo actual, propone repensar la construcción de la casa como un espacio existencial multisensorial, espacio construido para ser habitado, vivido y experimentado. En un espacio físico construido se vinculan entre sí las vidas de las personas, de la familia, y el que habita es precisamente un individuo junto con su historia, en un tiempo y espacio que determinan su identidad. El construir pertenece al habitar porque habitamos siendo en el mundo, y la casa es una metáfora del espacio donde refugiar el cuerpo y desde el cual afrontar el mundo.

Referencias

M. Heidegger, “Construir, habitar, pensar”, en Conferencias y artículos (pp.127-142). Trad. de E. Barjau. Barcelona: Ediciones del Serbal, 1994.Links ]

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