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Revista chilena de pediatría

versión impresa ISSN 0370-4106

Rev. chil. pediatr. v.70 n.5 Santiago set. 1999

http://dx.doi.org/10.4067/S0370-41061999000500013 

EDUCACION CONTINUA

Eosinofilia y parasitosis

Isabel Noemi H.1

Se habla de eosinofilia cuando existe una cantidad igual o mayor a 400 eosinófilos circulantes. En la vida neonatal y fetal pueden ser producidos en sitios extramedulares (hígado, bazo, timo, nódulos linfáticos), pero en el adulto son elaborados exclusivamente por la médula ósea; constituyen el 2 a 5% de los leucocitos periféricos, son esféricos y miden 10-15 µ de diámetro, con un núcleo con dos lóbulos unidos por un puente de cromatina. En la membrana del 20% de los eosinófilos humanos existen gránulos específicos, generalmente esféricos u ovoides, los cuales contienen un componente cristalino rodeado por un material electrodenso, y en el citoplasma existen gránulos acidófilos de tamaños diferentes. Algunos son grandes (1 x 0,6 µ) y presentan una matriz electrodensa en la que se pueden encontrar enzimas como la peroxidasa, betaglucuronidasa, fosfatasa ácida, histaminasa y una proteína básica mayor (MBP) con un peso molecular de 10 000 daltons. Además existen tres tipos de gránulos proteicos, la proteína catiónica (ECP), la peroxidasa eosinofílica (EPO) y la neurotoxina derivada de eosinófilos (EDN o EPX), proteínas básicas que se tiñen con la eosina, de ahí el nombre de esta célula. En los gránulos pequeños (0,2 x 0,2 µ), se hallan las enzimas arilsulfatasa y fosfatasa ácida. El resto del citoplasma posee los organelos habituales de todas las células. En la membrana celular se ha descrito recientemente fosfolipasa A, D y lisolecitinasa. Los eosinófilos contienen también cuerpos lipídicos, organelos no unidos a membranas y que esencialmente contienen ácido araquidónico. Los gránulos primarios de los eosinófilos poseen organelos intracelulares tales como los cristales de Charcot-Leyden (CLC), dispersos en el núcleo y en el citoplasma de estas células cuando son activadas. Los gránulos primarios son de mayor tamaño que los específicos. Los eosinófilos en el hombre tienen una vida media de horas.

Estas células provienen de sus precursores, las Stem cells de la médula ósea y constituyen el 3% del total de estas. Una vez maduras, migran a los tejidos en un lapso de 18 h. Más que células circulantes son células tisulares y se las encuentra distribuidas fuera de la médula ósea, en la piel, pulmones, aparato gastrointestinal y urinario, sitios próximos al contacto de diferentes estímulos antigénicos con una proporción en los tejidos de cien por cada célula circulante. Entre los eosinófilos existe una gran heterogenicidad, así, los pacientes con eosinofilia poseen un gran número de células con menor número de gránulos (hipodensos) y estos son más pequeños, están vacuolados, tienen un mayor consumo de oxígeno, mayor capacidad tóxica para helmintos, aumento en la producción de CD4 (LTC4). Además liberan menos factor activador de plaquetas una vez estimulados con IgG y serían el resultado de un fenotipo parcialmente activado. Tal como otras células, los eosinófilos tienen múltiples receptores de membrana, entre los que destacan los de adhesión, ligandos del endotelio vascular, integrinas que se unen a las inmunoglobulinas, receptores de selectinas que están en la célula endotelial, y ligandos de los carbohidratos que permitirían a esta célula atravesar al espacio intravascular. En los focos inflamatorios existiría una adhesión selectiva vía interleukina (IL) 5 y 3, además de una adhesión de estas células a moléculas del endotelio vascular (VLA)-4 por la vía VCAM-1 de forma dependiente, cuya expresión es regulada por la IL-4, facilitando de este modo la migración de estas células a los tejidos en donde existe inflamación. Además el eosinófilo se une a las proteínas de la matriz aumentando los niveles de LTC4 y la liberación de peróxido de hidrógeno, nocivo para los tegumentos del parásito y, en ocasiones, también del huésped.

El eosinófilo también posee receptores para IgG, IgA, IgD e IgE. La unión del eosinófilo a dos IgE específicas contiguas en presencia de suero opsonizado es capaz de destruir larvas de Schistosoma en estudios in vitro. Se ha involucrando a estos mecanismos y receptores en especial, al CD32 en la fagocitosis, secreción de gránulos de proteínas, generación de mediadores lipídicos como el PAF y el LTC4. Si al eosinófilo se lo estimula con interferón gama se expresan los receptores CD16, CD64 y CD32.

El eosinófilo, al poseer receptores para IgA, puede desencadenar una degranulación de sus proteínas en forma importante. Si se le enfrenta a citoquinas como GM-CSF en un medio de cultivo celular, son capaces de expresar antígenos de leucocitos humanos como HLA-DR y aumento de los niveles de ICAM-1, sustancia relacionada con la presentación de antígeno a las células T. También esta célula responde a mediadores solubles: f-MLP, C5a, C3a y RANTES, como asimismo a los lipídicos como el PAF.

Para que el eosinófilo migre a los sitios en que por su función es necesario, se requiere quimioquinas específicas, por ejemplo, el PAF, C5a, IL-5, IL-3, GM-CSF y quimoquina selectiva de eosinófilos RANTES. A su vez los eosinófilos son capaces de liberar potentes mediadores, como son las proteínas básicas, mediadores lipídicos, citoquinas, proteasas, radicales superóxidos y peróxido de hidrógeno.

Por su dotación enzimática, el eosinófilo es capaz de neutralizar la acción de las células cebadas, y así la arilsulfatasa neutraliza la acción de SRS-A de estas células, la fosfolipasa D inactiva al PAF, la histaminasa a la histamina, etc., asumiendo un papel importante en el control de las reacciones de hipersensibilidad, inhibiendo y neutralizando la degranulación de basófilos y células cebadas.

Existen estudios in vivo e in vitro, en que se demuestra control inmunológico en la producción de eosinófilos. Se ha comprobado que el aumento de eosinófilos en las infecciones parasitarias es dependiente de las células T. Tres citoquinas se han citado como relacionadas a su crecimiento y diferenciación, IL-3, IL-5 y el factor de crecimiento estimulador de colonias (GM-CSF). La IL-5 es un disúlfido ligado en forma homodimérica a una glicoproteína, cuyo peso molecular es de 40-45 kDA, los dímeros deben alinearse de la cabeza a la cola para que se produzca la dimerización, esencial para cumplir la función que aparentemente se potencia en presencia de IL-3 y GM-CSF. En el hombre, los genes que comandan la producción de IL-3, IL-4, IL-5 y GM-CSF se hallan en el brazo largo del cromosoma 5, y los receptores de estas son similares del punto de vista estructural, con alta afinidad a las citoquinas. Anticuerpos antiIL-5 suprimen la respuesta eosinofílica generada por parásitos. Los linfocitos Th1 estarían relacionados a la producción de IL-2 e interferón gama (IFN-?), las células Th2 se relacionarían con la génesis de IL-4, IL-5, mientras que IL-3 y GM-CSF son elaboradas por ambos tipos de celulas. Por lo tanto la eosinofilia es una respuesta al estímulo de células T por diferentes alergenos dentro de los que destacan los antígenos de helmintos histoparásitos.

La célula cebada libera un factor quimiotáctico de eosinófilos, estimulándose al enfrentarse a IgE, la cual se sintetiza frente a la presencia de ciertos antígenos, fundamentalmente parasitarios, existiendo estudios que demuestran que en la mayoría de las histoparasitosis producidas por helmintos esta inmunoglobulina se halla muy elevada. El linfocito T activado es también capaz de estimular el aumento de eosinófilos circulantes a través de la síntesis del factor ECF1, y de otro factor que estimula las colonias de esinófilos medulares. Además el macrófago activado frente a un antígeno extraño al organismo liberaría interleucinas, que también tendrían una función en el aumento de los eosinófilos. Por otra parte, se ha visto que algunos parásitos como Trichinella spiralis, Ascaris lumbricoides, Schistosoma mansoni y Taenia taeniform son capaces de liberar factores quimiotácticos de eosinófilos, ya sea directamente o a través de la activación de las fracciones C3a C5a del complemento.

Todos estos factores contribuyen probablemente en la génesis del aumento de eosinófilos frente a antígenos extraños al organismo y explicarían el hecho de encontrar eosinófilos en animales linfocito T deficientes.

Los eosinófilos presentan una variación diurna, alcanzando un número superior en la noche, lo que se ha atribuido a la variación diurna del ciclo del cortisol.
 

PAPEL DEL EOSINÓFILO EN
LAS INFECCIONES PARASITARIAS

La función y características del eosinófilo en infecciones parasitarias se ha esclarecido recientemente. Se ha visto que estas células en presencia de antígenos parasitarios poseen un tiempo de generación medular menor y emergen desde la médula en 18 horas. Además se ha comprobado que expresan un mayor número de receptores Fc para IgE, IgG y complemento (C3b, C4), lo cual sería una evidencia de que el parásito influye en la maduración celular.

Acerca de su función, hay evidencias que indican su tendencia a la destrucción y/o al daño de los parásitos, hecho observado a la microscopía electrónica con la demostración de eosinófilos adheridos a la superficie de larvas de S. mansoni, descargando su contenido citoplasmático al evaginar su membrana produciendo fracturas y lesiones de los tegumentos del parásito, no permitiéndole la sobrevida. Una situación semejante ocurre al enfrentar eosinófilos con larvas de T. spiralis, pero en este caso, para ejercer su efecto parasiticida deben contar con la presencia de anticuerpos y complemento. Efectos similares se han observado en Onchocerca volvulus y Trypanosoma cruzi. Además el eosinófilo es capaz de producir daño por complejos antígeno-parásito y anticuerpos IgG e IgE. Comprometidos en el daño parasitario están la proteína básica mayor (10 000 daltons) y radicales superóxido, que llevan a cabo su efecto parasitida, debiendo contar con la presencia de C3 (larvas de Nippostrongylus y Schistosoma spp). Otra propiedad descrita recientemente para el eosinófilo es su capacidad fagocitaria de complejos antígeno anticuerpo. El rol protector del eosinófilo en las infecciones parasitarias se ha hecho evidente al usar suero antieosinófilo. En tales circunstancias, infecciones por F hepática, Trichinella spiralis, Schistosoma mansoni y DViviparus tienen un curso más prolongado y severo. El daño local al parásito, especialmente migrante, lo logra el eosinófilo en presencia de IgE e IgG.

De lo expuesto se desprende que el eosinófilo es capaz de dañar al parásito directa e indirectamente, y de disminuir los daños desencadenados por su presencia al modular las reacciones de hipersensibilidad. Sin embargo, una elevación mantenida y prolongada de estas células y su degranulación progresiva llevaría a un daño en los tejidos.

Esto ocurre por acción de su proteína básica mayor (PBM), radicales superóxidos, hidrolasas lisosomales y productos del ácido araquidónico, entre los que destacan los leucotrienos, prostaglandinas y otros productos del eosinófilo activado, lo que en estas condiciones produce daño en el epitelio respiratorio. Estudios recientes han atribuido un papel muy importante al eosinófilo en la patofisiología del asma: la proteína básica mayor (PBM) es capaz de producir daño directo a las células ciliadas del epitelio respiratorio, y se ha observado aumento del número de gránulos de PBM en pacientes muertos presuntamente por asma. Además se le ha relacionado a daño de los endotelios vasculares, síndromes hipereosinofílicos, o del corazón (endocarditis eosinofílica de Loeffler).

Son numerosas las patologías asociadas a eosinofilia. Entre ellas debemos destacar las patologías alérgicas (asma bronquial, fiebre de heno y urticaria), desórdenes gastrointestinales (gastroenteritis eosinofílica, colitis ulcerosa, enteropatía perdedora de proteínas), hematológicas (enfermedad de Hodgkin, recuperación de una linfocitosis), pulmonares (eosinofilia pulmonar), eosinofilias familiares y hereditarias, postinfecciones bacterianas (estreptococcias), virales (hepatitis y mononucleosis infecciosa), y tras el uso de ciertos medicamentos como penicilina, fenobarbital, postirradiación y en ciertas mesenquimopatías.

Dentro de las posibles causas parasitarias destacan las producidas por helmintos tisulares. Evidentemente, al investigar la causa de una eosinofilia debe contemplarse la edad del paciente, la zona geográfica de la cual procede, antecedentes mórbidos, saneamiento ambiental de la región donde vive, características climáticas de la zona, hábitos alimentarios, costumbres, existencia de animales domésticos, etc. Así por ejemplo, en estudios practicados en adultos en la Clínica Mayo (USA), se atribuyó a los agentes parasitarios solo 4% de las eosinofilias estudiadas, en tanto que en Chile, en población pediátrica, los agentes parasitarios serían los responsables de alrededor del 80% de las eosinofilias investigadas.

Se considera como eosinofilia todo aumento de estas células en circulación por sobre 400 cels/mm3, cifra absoluta que tiene mayor valor que las eosinofilias relativas o porcentuales, las cuales pueden aparecer como normales en presencia de leucopenias o leucocitosis. Así, por ejemplo, se podrían considerar normales eosinófilos del 5% con leucocitosis de 20 000, y en realidad en este caso existe un aumento absoluto de eosinófilos.

En la fase invasora o migratoria de las helmintiasis, la eosinofilia es uniformemente elevada mientras exista una respuesta tisular inflamatoria mantenida. En la fase crónica de la infección se pueden presentar alzas fluctuantes de los eosinófilos que, en ocasiones, persisten por meses.

En la tabla 1 se resumen las parasitosis más frecuentes de Latinoamérica, su ubicación definitiva en el huésped y la cuantía de las eosinofilias.

Tabla 1

Cuantía de la eosinofilia en algunas parasitosis


Parasitosis del intestino
Eosinofilias
Parásitos de los tejidos
Eosinofilias

Protozoosis:  
Protozoosis:
 

Amebiasis

(-) Tripanosomiasis (-)

Giardiasis

(+ -) Toxoplasmosis (+)

Balantidiasis

(-) Malaria (-)

Isosporosis

(+ +) Leishmaniasis (-)

Sarcocystosis

(+) Tricomoniasis (-)

Helmintiasis:  
Helmintiasis:
 

Ascariasis

(+)

Larva migrante visceral

(+ + + +)

Oxyuriasis

(+) Filariasis Hidatidosis (+ + + +)

Tricocefalosis masiva

(+ + +) Hidatidosis (+)

Excepción hecha de la isosporosis y de algunos casos de toxoplasmosis ganglionar, los protozoos, cualquiera sea su localización, no producen eosinofilia. Esto es valedero para la amebiasis, la giardiasis, la balantidiasis, la tripanosomiasis y el paludismo. Prácticamente la única protozoosis cuya infección produce un aumento de los eosinófilos es la isosporosis, la cual se desarrolla con un cuadro infeccioso inicial de corta duración, diarrea y eosinofilia elevada. También se han descrito eosinofilias de hasta 20% en algunos pacientes con toxoplasmosis linfoganglionar, pero lo habitual en esta, como en otras localizaciones del toxoplasma gondii, es que se desarrollen sin eosinofilia.

Si se considera en conjunto a los helmintos, se advierte que los del intestino producen una eosinofilia discreta, lo que contrasta con los gusanos de los tejidos, en los cuales el aumento del número de eosinófilos es considerable. De aquí surge un segundo concepto: las más altas eosinofilias de origen parasitario se observan en las infecciones provocadas por helmintos tisulares, es decir, en aquellas infecciones en las que el parásito guarda una estrecha o íntima relación con los tejidos del huésped.

Entre los nematodos intestinales, la uncinariasis y la estrongiloidiasis son las que presentan eosinofilias más elevadas. En la primera, la eosinofilia aparece alrededor de una semana después de la infección y, por consiguiente, durante la migración de las larvas por el organismo. En los casos agudos se presentan hasta 6 000 a 7 000 eos/mm3, pero en los cuadros crónicos es frecuente encontrar cifras de 3 000 a 4 000 eos/mm3. Algo similar ocurre en la estrongiloidiasis, en cuyos cuadros subagudos alcanza entre 15 y 40%, cifras que van decreciendo a medida que la infección se hace crónica. En la ascaridiasis, cuando el gusano se encuentra en el estado adulto en el intestino, se puede observar una ligera elevación de los eosinófilos en un tercio de los casos. Algo similar ocurre a la mitad de los pacientes de oxyuriasis, en los cuales se encuentra una eosinofilia también discreta, alrededor de 600 eos/mm3. En las tricocefalosis masivas, caracterizadas por episodios disentéricos repetidos, prolapso rectal, anemia y desnutrición, se presenta una eosinofilia elevada de alrededor 2 000 eos/mm3.

En el grupo de los cestodos intestinales, la infección provocada por las lombrices solitarias (Taenia saginata, Taenia solium y Diphyllobothrium spp) inducen una eosinofilia moderada o, lo más frecuente, no produce aumento de eosinófilos. En cambio, la presencia de Hymenolepys nana, el más pequeño de los cestodos que parasitan el intestino del hombre y el más frecuente en los niños, evoluciona con una eosinofilia discreta (900 eos/mm3). En la cistercosis tampoco se observa aumento de los eosinófilos en la sangre periférica; sin embargo, cuando se encuentran uno o más eosinófilos en el líquido cefalorraquídeo unido a un cuadro neurológico, constituye un importante signo diagnóstico de la neurocisticerosis.

En resumen, las eosinofilias más elevadas producidas por parásitos se van circunscribiendo, fuera de algunas enteroparasitosis, al grupo de las parasitosis tisulares producidas por helmintos.

La migración de larvas de nematodos por el organismo desencadena habitualmente eosinofilias muy elevadas. Esta migración puede afectar, sobre todo, al pulmón, constituyendo el síndrome de Loeffler, originado por las larvas de los parásitos de los que el hombre es el huésped principal (Ascaris lumbricoides, Ancylostoma duodenale, Necator americanus y S. stercoralis). Además el hombre puede ser huésped accidental de las larvas del áscaris del perro y del gato, las que provocan granulomas inflamatorios en el hígado, pulmón, ojo, encéfalo, etc., determinando un cuadro de larva migrante visceral. En estos casos, además del síndrome infeccioso y de la hipergamaglobulinemia, puede existir un recuento mayor o igual a 8 000 eos/mm3. Esta afección se presenta muy frecuentemente en niños preescolares, contituyendo una importante causa de eosinofilia en este período de la vida.

El examen hematológico de la triquinosis revela, habitualmente, una discreta leucocitosis y una eosinofilia elevada, con la presencia de eosinófilos maduros. Son frecuentes las cifras del 40 al 60% y 4 500 eosinófilos por milímetro cúbico de sangre.

El quiste hidatídico, a pesar de ser un helminto que se desarrolla íntimamente en los tejidos del hombre, no produce una eosinofilia elevada constante, presentándose en 30% de los casos y, cuando existe, no alcanza cifras elevadas (10 al 20%). Cuando se encuentra una eosinofilia alta en la hidatidosis, es un signo indicador de complicaciones del quiste (rotura, vaciamiento a serosas, vía biliar, etc.). De lo expresado se puede concluir que la eosinofilia elevada es un signo de poco valor en la hidatidosis; si se presenta en un paciente con una tumoración, apoya el diagnóstico, pero si no existe no la descarta.

Los trematodos, parásitos del hombre, constituyen también un grupo cuyo cuadro clínico evoluciona con altas eosinofilias. En la infección producida por fasciola hepática no es infrecuente encontrar eosinofilias que sobrepasan el 40% ya en la etapa de invasión del parásito antes de su ubicación definitiva en los canalículos biliares. Como ya se comentó en el LCR de pacientes con neurocisticercosis también suele observarse eosinófilos, aunque en una cantidad menor que en esas parasitosis exóticas.

Con respecto a cualquier parasitosis hasta aquí no nombrada, valen las reglas generales ya enunciadas: las protozoosis no producen eosinofilia; en cambio se presentan en las helmintiasis tisulares del hombre. Es probable que discretas eosinofilias se deban a infecciones subclínicas provocadas por helmintos del hombre o por estados larvales de helmintos de animales domésticos, los cuales, en general, son muy difíciles de diagnosticar.

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO

La investigación de una eosinofilia de origen parasitario se efectúa basándose en los antecedentes clínicos y epidemiológicos del caso y en algunas ocasiones en los del grupo con el cual vive el enfermo (brotes epidémicos familiares de triquinosis, fascioliasis, etc), siendo orientadoras las costumbres y hábitos alimentarios, la existencia de cachorros en el hogar, la existencia de diarrea, cuadros pulmonares asmatiformes recidivantes, etc.

Estudios practicados a una población con eosinofilia del área oriente de Santiago de Chile, demostraron que las enteroparasitosis son responsables del 45% de las eosinofilias en niños. De estas, Enterobius vermicularis fue demostrado en el 25,8% de los casos, los histoparásitos 34,8% de las consultas, y la infección que con mayor frecuencia se encontró fue larva migrante visceral con 20% de los casos. Este mismo agente se halló en el 20% de los pacientes asmáticos, en tanto que tan solo en el 8,8% de la población presuntamente sana.

La magnitud de las eosinofilias orientan hacia su origen parasitario. Así, la larva migrante visceral, isosporosis, distomatosis y triquinosis cursan con las eosinofilias de origen parasitario más elevadas (promedios de 4 500 eos/mm3).

Una vez orientados por los antecedentes clínicos, epidemiológicos, la magnitud de la eosinofilia y el examen físico, se procede a su investigación, por regla general se práctica un estudio seriado de las deposiciones, prueba de Graham y reacciones serológicas para poder dar un informe global de la posible causa parasitaria de la eosinofilia.

Una vez encontrado el agente parasitario, debe procederse a tratársele, controlando al paciente con hemogramas periódicos, exámenes coproparasitológicos, prueba de Graham y serologías específicas para asegurar la cura parasitológica, que en estos casos redundará en la normalización de los eosinófilos circulantes, puesto que cada vez hay mayores evidencias de que la elevación mantenida y sostenida de estas células en el organismo serían nocivas para algunos parénquimas.

1. Hospital Luis Calvo Mackenna, Unidad de Parasitología.

REFERENCIAS

1. Ackerman SJ, Loegering D., Gleich G: The human Charcot-Leyden crystal protein. Biochemical charac-teristics and measurement by radioinmunoassay. J Inmunol 1980; 125: 2118-2126.         [ Links ]

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