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Revista chilena de pediatría

versión impresa ISSN 0370-4106

Rev. chil. pediatr. v.70 n.6 Santiago nov. 1999

http://dx.doi.org/10.4067/S0370-41061999000600001 

Al umbral del tercer milenio

Dra. Nereyda Concha C.

Estar cruzando el umbral del tercer milenio nos permite detenernos, mirar hacia atrás, desde donde venimos, y tratar de visualizar el futuro, hacia donde nos dirigimos.

Durante este siglo hemos obtenido grandes logros de la pediatría, visto en índices demográficos. Hemos doblado la expectativa de vida, disminuido la mortalidad infantil, mejorado los indicadores nutricionales y otros, en gran medida gracias a los inventos y descubrimientos que han afectado favorablemente al ser humano. Por otra parte, los medios de comunicación y de transporte han transformado al mundo en una aldea global, permitiendo una mayor difusión del conocimiento y un mejor acceso a la nueva tecnología.

Recordar en este contexto la finalidad de la pediatría, que es velar por la salud integral del niño, permitiéndole un desarrollo armónico que lo lleve a ser un adulto feliz y pleno, adquiere especial importancia, pues nos llama a enfocar estos avances hacia lograr mejor este objetivo.

Nuestro trabajo nos hace ver en forma frecuente al niño y sus padres, lo que nos da la oportunidad de conocer sus características personales, vigilar su desarrollo y detectar enfermedades que lo puedan aquejar; por otra parte nos permite observar la relación entre el niño y sus padres, así como el tipo de crianza que los padres desean establecer. Esto nos da la oportunidad de promover estilos de vida saludables, que permitan a este niño un crecimiento normal y un desarrollo armónico.

La relación médico-familia-paciente es nuestra mejor herramienta y la que nos asegura un rol importante en la educación y orientación de los padres respecto de la adecuada crianza de sus hijos; lo cual nos permitirá lograr nuestro objetivo. Al pediatra es a quien los padres recurrirán con sus inquietudes que van desde lo más simple, como qué zapato comprarle al niño, qué alimentos deben incorporarse en cada etapa del crecimiento, cuántas horas de sueño deben tener según la edad, cuántas horas de televisión es aconsejable y qué programas son más beneficiosos, etc.

En nuestra especialidad la prevención juega un papel fundamental, debemos reconocer en cada etapa las dificultades que puedan producirse, advertir de los riesgos a que el niño va a estar expuesto y enseñar u orientar a sus padres cómo preparar al niño para enfrentar estos desafíos. Debemos ser los primeros en sospechar un maltrato, en detectar el riesgo de abuso sexual y orientar a los padres cuando tenemos un niño proclive a conductas de riesgo que lo puedan llevar a una adicción.

Nuestra formación como pediatras nos da la posibilidad de responder a estas necesidades, y la actualización de estos conocimientos en distintos cursos, congresos o talleres que se ofrecen en el seno de nuestra Sociedad y de sus Ramas nos permiten mantener al día esta capacidad. Sin embargo, el avance explosivo del conocimiento y tecnología en la pediatría ha llevado a la formación de subespecialidades a las que cada día más pediatras jóvenes están optando. Con esto corremos el riesgo en el próximo siglo de llegar a un nivel de especialización tan abstracto y refinado que haga perder la visión global del niño y los problemas que sufre, dejando de ser él el centro de nuestro quehacer, avasallado por el progreso, olvidando que la finalidad última del conocimiento es mejorar la calidad de vida.

Evitar, por lo tanto, la deshumanización de la medicina en general y de la pediatría en particular es uno de nuestros principales desafíos para el próximo siglo. Es el pediatra quien debe mantener su situación privilegiada de conservar la visión global del paciente y orquestar la participación de los subespecialistas cuando sea necesario. El subespecialista, por su parte, debe resolver patologías puntuales en nuestro paciente, dar las indicaciones específicas para el tratamiento de dicha patología e informar, al pediatra que lo derivó, su opinión especializada del caso. Sin duda esta adecuada interacción favorecerá al paciente, dándole una atención de salud integral y oportuna, que le permitirá las mejores posibilidades de crecimiento y desarrollo normal.

Esta especialidad, que es parte de nuestra vida, tiene la maravillosa particularidad de trabajar con la naturaleza a nuestro favor, una y otra vez el niño nos sorprende con sus infinitos recursos para mejorar, crecer y desarrollarse.

Todo esto a mí me lleva a agradecer día a día el estar aquí y ahora haciendo lo que más amo.
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1. Presidenta de la Sociedad Chilena de Pediatría.



 
 

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