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Revista chilena de pediatría

versión impresa ISSN 0370-4106

Rev. chil. pediatr. v.70 n.6 Santiago nov. 1999

http://dx.doi.org/10.4067/S0370-41061999000600010 

PREMIO DR. JULIO SCHWARZENBERG LÖBECK
1999

Como es tradicional durante el XXXIX Congreso Chileno de Pediatría, realizado en Iquique desde el 16 al 19 de noviembre de 1999, se hizo entrega del Premio "Dr. Julio Schwarzenberg Löbeck 1999", otorgado al Dr. Alberto Moreno Parra. La presentación del galardonado estuvo a cargo del Dr. Jaime Tapia Z., Presidente de la Sociedad Chilena de Pediatría, Filial Concepción, quien se expresó de la siguiente manera:

Señora Presidenta Sociedad Chilena de Pediatría, Dra. Nereyda Concha, Miembros del Directorio Nacional, Socios Fundadores y Honorarios, Colegas Pediatras, becarios, Señoras y Señores.

Tengo el privilegio, de presentar hoy al Dr. Alberto Moreno Parra, Premio Dr. Julio Schwarzenberg Löbeck 1999, reservado a los pediatras chilenos de excepción, miembros activos de esta Sociedad Científica, que se puede obtener por una sola vez en la vida.

Se otorga ininterrumpidamente desde 1981 para reconocer en un profesional concreto el esfuerzo, abnegación y afecto en la relación con los niños enfermos, y su familia; pero por sobre todo, por "haber contribuido al desarrollo o participado activamente en grupos humanos que tengan directa relación con la atención de los niños en hospitales o consultorios, y demostrado esfuerzos concretos por el perfeccionamiento científico personal".

Ha distinguido a pediatras notables, conocidos en Chile de Norte a Sur, y también a otros que han impulsado desde regiones, polos de desarrollo en los diferentes ámbitos de la Pediatría.

Es la sexta vez que se distingue a un pediatra de provincia, y la tercera que recae en un miembro de la Filial Concepción, que este año cumplió 55 años de actividad, con cerca de 100 socios.

Alberto Moreno Parra, nació en el Yumbel agrícola hace 68 años, un 1 de mayo. Cumple su enseñanza básica en Los Angeles y Chillán, e ingresa a estudiar Medicina en 1948 a la Universidad de Concepción, su internado en Pediatría lo realiza en los Hospitales Roberto del Río y José Joaquín Aguirre, en la cátedra del Dr. Arturo Scroggie Vergara. Se recibe el 6 de julio de 1955 con título otorgado por la Universidad de Chile. Después de un año en que se desempeña como médico general en el Servicio de Urgencia, motivado fuertemente por profesores de pediatría que conoció en Santiago, como los profesores Aristía, Baeza-Goñi, Stteger y el propio Dr. Schwarzenberg; inicia su beca de Pediatría en 1956 en el Servicio que dirigía interinamente el Dr. Daniel Campos Menchaca, en el Hospital Guillermo Grant Benavente. El programa de formación de becarios se había iniciado en Concepción tres años antes y ofrecía solo una beca anual. Alberto Moreno Parra fue el cuarto becario. Se distinguía ya entre sus pares, por su espíritu inquieto y gran interés científico. En aquellos años, la poliomielitis, el sarampión, la meningitis tuberculosa y las diarreas eran patologías prevalentes en el país. Al término de su residencia, aprueba sus exámenes en Santiago y es certificado como Pediatra, por la Universidad de Chile en 1959.

Inicia su carrera docente en 1963 como Ayudante I, alcanzando el grado de Profesor Asociado en 1973 y el de Profesor Titular en 1990, desde entonces hasta el 31 de marzo de este año, se desempeña como Profesor D.E. 33 horas. Jubila siendo Director del Departamento de Pediatría, cargo que desempeña en tres oportunidades, desde 1975 y por un período total de 10 años. Subrogó al Decano de la Facultad de Medicina durante 1998.

Es aquí, en la docencia, donde el Dr. Moreno entrega su mayor aporte, dedicando los primeros 10 años al Pregrado, y desde 1972 hasta hoy, al Posgrado. Treinta y cinco promociones de médicos lo conocieron como monitor clínico, y más de 250 becados de pediatría convivimos diariamente con él durante nuestra formación. Integró una dupla docente excepcional en este campo, junto al maestro y profesor Jacinto Rojas Pizarro (Q.E.P.D). Cuando las mañanas de hospital se hacían cortas, la tarea continuaba en las noches, donde nos recibió muchas veces en el calor de su hogar, para preparar presentaciones o trabajos a congresos. Al despedir la promoción de becarios 81-83 nos dijo: "gracias por la oportunidad que ustedes me brindan día a día de poder compartir conocimientos y otros obsequios del espíritu. Por esta razón, el Programa de Becados se ha convertido en una motivación de mi vida. Ustedes se proyectan, en una promesa de futura realización científica y profesional, pero sobre todo, humana. Una realización de servicio, abnegación y entrega que todos elegimos libremente, pero que hoy la vemos transformada en una obligación irrenunciable e indelegable".

Para él, la formación del pediatra actual se sustenta en tres pilares inseparables: una sólida formación profesional y humana proyectada hacia el servicio, una formación científica continua, y una formación en el amor a la familia.

Apoyó y dio vida a muchos proyectos de investigación sin afán de figurar y permitió siempre a sus residentes becarios mostrar el trabajo generado en la Unidad de Lactantes, donde trabajó y fue jefe más de 20 años. Tiene así más de 90 contribuciones de este tipo, publicaciones personales, proyectos de investigación universitaria, de apoyo a la docencia, y colaboraciones en textos clásicos de Pediatría.

Alberto Moreno Parra llegó a constituirse en un fiel representante de la generación de pediatras clásicos que de joven él admiró, con una visión integral del niño y su entorno familiar, y con un amplio dominio en todas los ámbitos de la especialidad. Su área de preferencia fue siempre la Gastroenterología Pediátrica ­en particular la Hepatología­, la Infectología y en los últimos años, la Inmunología.

Socio activo de la Sociedad Chilena de Pediatría desde hace 41 años. En la Filial que hoy lo patrocina, ha ocupado prácticamente todos los cargos directivos. Fue presidente en 1972. Pertenece además a la Rama de Gastroenterología, a la de Infectología, y al Comité de Sida Pediátrico de Chile. Preside en Concepción la Sociedad de Infectología desde 1996 y es miembro de la Academia Americana de Pediatría desde 1962.

Ha participado como docente en casi un centenar de cursos de Posgrado en la Octava Región, y en el sur del país. Coordinó o presidió más de 60 veces, mesas redondas, o paneles.

Cree y se ha comprometido profundamente con el desarrollo docente-asistencial, por eso desde hace más de 20 años, tiene a su cargo la educación continua y las Reuniones Clínicas del Servicio, lo que lo mantiene al día y vigente hasta hoy. Ocupó entre 1973-77 la Subjefatura del Servicio de Pediatría.

Ganó una Beca OMS para el Curso Latinoamericano sobre adolescencia en 1976 y ha participado en Congresos en Bogotá, Buenos Aires, Barcelona, y Puebla, donde fue declarado visitante distinguido en 1998.

En Chile, la labor docente ­incluso la sobresaliente como en este caso­ es muy poco reconocida. No resulta extraño, entonces, que su primera distinción por esta fructífera labor docente en la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción, se la otorgue el Municipio de su pueblo natal, que le otorga en 1992 el título de "Vecino Ilustre de Yumbel" .

Otra distinción le ha otorgado CONIN, en el año internacional del niño 1979 y posteriormente en 1981, por colaborar en su creación, en Concepción y desde entonces, permanentemente, al otorgarle especiales esfuerzos a la recuperación de los lactantes desnutridos hospitalizados en la Unidad de Lactantes del hospital.

Alberto Moreno Parra, hijo de Luis y de María, pediatra de tres generaciones de penquistas, vive hoy, aquí y ahora, el momento más importante de su vida. Sus discípulos dispersos a lo largo de todo el país y sus pares en la Sociedad Chilena de Pediatría, nos hemos reunido solemnemente en el Iquique histórico, para otorgarle la distinción más grande que puede recibir un pediatra clínico en Chile. Recae en el docente y maestro, formador de hombres y mujeres médicos, que ha dado suficiente testimonio de sacrificio personal por lo que tanto ama: ustedes pediatras y médicos formados en Concepción. Queremos compartir esta alegría y sano orgullo con Ximena Figueroa su esposa, sus hijos Alberto, María Soledad y Juan Pablo. Su nieta María Trinidad, recién de un año, simboliza la semilla que germinó con fuerza en los campos del sur, en las aulas del Hospital Guillermo Grant y que desde ahora recorrerá el país cubierta de merecida gloria. El profesor entra hoy en la historia ilustre de la Pediatría nacional. Gracias.


El Dr. Alberto Moreno agradeció
la distinción con estas palabras

Señora Presidenta de la Sociedad Chilena de Pediatría, Dra. Nereyda Concha, Dra. Orquídea Arredondo, Presidenta Sociedad Chilena de Pediatría, Filial Iquique, miembros del Directorio, socios honorarios, colegas pediatras, señoras y señores.

Con profundos y encontrados sentimientos de sorpresa, emoción y orgullo que comprometen mi modestia, recibo esta distinción, sin duda la más importante de toda mi vida profesional.

El premio Dr. Julio Schwarzenberg Löbeck 1999, que me ha otorgado la Sociedad Chilena de Pediatría, constituye un reconocimiento y un estímulo no exento de responsabilidad para quienes hemos sido distinguidos con tal galardón desde 1981. Los que tuvimos la gratificante oportunidad de conocer al egregio maestro de la pediatría nacional, en cuya memoria fue instituido, pudimos aquilatar su valiosa personalidad en que se reunían virtudes como la abnegación, esfuerzo, dedicación, constancia y caballerosidad. A estas dotes unía un espíritu generoso que se volcaba en el tratamiento afectuoso y preocupado hacia el niño enfermo, sus padres y familiares.

Formado en la Escuela Alemana de la especialidad, mantenía fuertes vínculos con maestros europeos, a muchos de los cuales a través de gestiones personales logró traer a nuestro país para que difundieran los avances de la pediatría moderna de aquellas latitudes, en esa época. No conforme con el acercamiento de estas figuras a las cátedras más importantes metropolitanas, el profesor Schwarzenberg llegó con regularidad con tan distinguidas visitas científicas a diversas ciudades, entre otras a Concepción, al centro académico docente asistencias recientemente creado.

Este contacto aunque esporádico nos permitió compartir sus inquietudes, conocimientos y proyectos que nos hacía sentir de alguna manera depositarios de su entrega que con grandeza y señorío volcaba en nuestro grupo. Configuraba así para nosotros un modelo que constituía un desafío difícil de imitar y en el que resaltaban elevados valores humanos, y un profundo sentido ético en el ejercicio de su profesión.

En lo personal debo señalar que llegué a Concepción a mediados de la década del 50, estimulado por la provocación determinada por una elevada mortalidad infantil, muy por encima del nivel nacional de 120 o más por 1 000 nacidos vivos, consecuencia de la angustiante pobreza, hermanada a la deficiente educación que convocaban de inmediato a la desnutrición, sustrato sobre el cual se desencadenaban las más violentas infecciones, como sarampión, poliomielitis, difteria, coqueluche, infecciones entéricas y a veces en forma solapada la tuberculosis. Me integré al grupo de no más de 8 pediatras que laboraban en el Hospital Guillermo Grant Benavente, consagrados por la experiencia, autoformación y observadores atentos de tan adversas condiciones que, desde el punto de vista de la salud, le correspondía vivir a gran parte de la comunidad, especialmente sus niños.

Poseedores de agudeza y sagacidad en el terreno clínico, estaban dispuestos a progresar en el desarrollo de un proyecto de servicio, docencia e investigación orientada al reconocimiento y documentación científica de la percepción que hasta ese momento tenían de dichas circunstancias. Estos estudios deberían configurar el fundamento de una intervención rectificadora de esta dura realidad.

Por aquel entonces, distinguidos colegas penquistas, como Daniel Campos, Próspero Arriagada, Jacinto Rojas, Raúl Tapia y Pedro Araya, entre otros, daban impulso a las ideas planteadas e impulsadas previamente por el doctor Raúl Ortega Aguayo, en el breve pero fructífero período que dirigió el servicio y la emergente Cátedra de Pediatría de Concepción.

Amante de mis raíces, realicé el Programa Formativo en la especialidad, precisamente allí en una Cátedra nueva, enfrentada a desafíos e importantes proyectos de desarrollo.

Después de cumplir con las etapas de mi formación básica en pediatría, me incorporé a la labor asistencia en los consultorios externos de los Hospitales de Lota y Coronel. En ese ambiente observé directamente el impacto de las patologías antes mencionadas, en los numerosos menores consultantes a dichos servicios, como asimismo su repercusión en la mortalidad registrada.

Años más tarde ya como miembro del cuerpo docente del Departamento de Pediatría de la Facultad de Medicina, volví a la zona en varias oportunidades como integrante de equipos multidisciplinarios de carácter docente-asistencial de apoyo a los programas específicos destinados al control de aquellas enfermedades. Pude advertir que en un medio, que no había cambiado sustancialmente desde un punto de vista socioeconómico, las acciones que redituaban mayor éxito eran aquellas destinadas a elevar la educación en salud, de los programas de alimentación complementaria, la prevención de enfermedades evitables mediante inmunizaciones y las medidas de vigilancia de enfermedades infecciosas. Por aquella época, en virtud de la precariedad sociocultural, aún no se asignaba el énfasis deseado al estímulo de la lactancia materna.

En un principio la labor universitaria que me correspondió desarrollar estuvo enmarcada en los programas de pregrado. Dicha actividad fue defendida con vehemencia por alguno de nosotros por la significativa responsabilidad que en la formación del médico general nos correspondía. Sin embargo, no fue sino que al advertir la lentitud de nuestro progreso científico, así como una menguada participación académica en el concierto nacional de nuestra especialidad, que ya desde cargos directivos, asumimos la necesidad de apertura hacia el desarrollo de núcleos de subespecialización y la definitiva estructuración de los programas de Posgrado.

En íntima relación con este planteamiento se inicia la organización y desarrollo cada año de cursos, seminarios, talleres y visitas a hospitales periféricos que en conjunto dieron origen a los Programas de Educación Continua del Postítulo que nuestro equipo diseñaba. Creamos así una capacidad convocatoria importante que hasta ahora se mantiene. No obstante, es sin duda el desarrollo de las anuales Jornadas de Residentes Becarios en Pediatría, cuyos 25 años se han celebrado en el mes pasado, es la actividad que más me satisface, al participar en forma permanente en su comité organizador.

Enfrentados a los desafíos que impone un mundo que se hace estrecho para albergar una población que supera los seis mil millones de habitantes, que por lo demás tan solo en dos a tres décadas llegarán a nueve mil millones, en que la pobreza sigue lacerando a un importante segmento de la humanidad, especialmente en regiones como la de nuestra América peyorizada con la denominación de "área en desarrollo", debemos desplegar todas nuestras capacidades para contribuir a mejorar tan ominosa y circunstancial calificación. Es precisamente por esta situación que nuestra obligación es sumarnos a los esfuerzos para elevar con equidad el bienestar general a través de la generación de nuevos conocimientos que la investigación de amplias proyecciones debieran prodigar. Este desafío futuro pasa en el intertanto por la rápida y racional utilización que el avance científico tecnológico foráneo ofrece para el área de la salud.

Es posible que nosotros los pediatras nos encontremos en una situación de privilegio, dado el vínculo estrecho con las familias, para advertir importantes señales provenientes de la comunidad y su entorno en relación a identificar condiciones favorables o adversas en el desarrollo de la condición de salud entendida en el amplio espectro conceptual de este momento.

El comportamiento de las innumerables variables que rigen la vida del ser humano, en nuestro medio, nos indican la orientación que debemos conferir a las investigaciones destinadas a estructurar una posterior intervención de acuerdo a los hallazgos que ellas ofrezcan.

Luego de estas reflexiones termino mis palabras, expresando mis más sinceros agradecimientos en primer lugar a los colegas del Servicio de Pediatría del Hospital Guillermo Grant Benavente, con quienes me ha correspondido trabajar a lo largo de mis ya casi 45 años de profesión; a los docentes del Departamento de Pediatría, que dirige actualmente el Dr. Guillermo Venegas; al Directorio de la Sociedad de Pediatría de Concepción, que preside el Dr. Jaime Tapia Zapatero, por valorizar mis posibles méritos y haber propuesto mi nombre para este galardón; a los miembros del Directorio de la Sociedad Chilena de Pediatría, que decidieron otorgármelo; a mi esposa Ximena, a mis hijos, quienes me han apoyado a través de su tolerancia, amor y afecto brindados e forma permanente. Gracias.

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