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Revista chilena de pediatría

versión impresa ISSN 0370-4106

Rev. chil. pediatr. v.71 n.2 Santiago mar. 2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0370-41062000000200001 

Medicina y ciencia: una relación indispensable

Colomba Norero V.1

Los increíbles progresos producidos en distintos campos de las ciencias en el último tercio del siglo XX obligan a reflexionar de qué manera un país en vías de desarrollo como el nuestro puede diseñar estrategias para adecuarse e intentar disminuir la brecha con el mundo desarrollado.

El problema pasa por una consideración cultural la ausencia generalizada de una percepción en la sociedad chilena sobre la importancia de la ciencia y la tecnología para el progreso de la nación. Es el primer hecho que deberíamos intentar revertir, haciendo el máximo de los esfuerzos para crear la conciencia de lo urgente de nuestra incorporación plena en el mundo de hoy.

En el caso de la Medicina, las consideraciones anteriores tienen una gran validez: los avances en el conocimiento biomédico han sido espectaculares y, al mismo tiempo, escalofriantes por las connotaciones éticas que implican para el ser humano. Este punto pone el problema en su doble dimensión de conocimiento y de responsabilidad moral. Lo que parecía una posibilidad teórica muy lejana está aquí y ahora, y no podemos soslayar la necesidad de enfrentarlo.

La pregunta que cabe hacerse es cuán preparados estamos como médicos clínicos para internalizar esos conocimientos y los que aparezcan en el futuro, abandonando la actitud de quedarnos satisfechos con una información superficial y casi anecdótico de lo que está sucediendo en el mundo científico.

Dos aspectos prácticos que dimensionan la real disociación que existe entre los nuevos conocimientos biomédicos y la práctica de la Medicina, se aprecian en la dificultad creciente de una gran mayoría de los médicos para leer la literatura biomédica y en la aplicación mecanicista de nuevas herramientas diagnosticas y terapéuticas, sin una real comprensión de sus mecanismos de acción.

Hay que reconocer que el volumen de información con que se cuenta es abrumador y, peor aún, que el intervalo entre la generación de un nuevo conocimiento y su aplicación en la práctica es cada vez mas corto como producto de la globalización.

¿Qué hacer en estas circunstancias?

Sin entrar en consideraciones de política científico-tecnológica en Chile, quisiera solo abordar algunos aspectos de educación superior/investigación que parecen relevantes para solucionar el problema.

Debemos partir reconociendo que la Medicina clínica se apoya fuertemente en la investigación básica y que la preparación actual de nuestros médicos no ha enfatizado la importancia de este punto.

Por otra parte, la necesidad de efectuar investigación propia en el país no admite réplica: es la única manera de permanecer vigente en el concierto internacional y no tener dependencia cultural. Pero junto a esta premisa debe agregarse una segunda: la investigación que se efectúe debe ir dirigida a resolver nuestros propios problemas, debe ser sentida como útil y relevante por nuestra población.

Todos sabemos que la investigación de frontera en Medicina, no solo en Chile sino en todo el mundo, no está en manos de los médicos, sino más bien en biólogos, bioquímicos y otros profesionales, hecho que se explica por el énfasis profesionalizante que se le ha dado a la carrera, sin el adecuado incentivo a la vocación científica.

El impulso al desarrollo de la investigación por médicos debe iniciarse con profundas modificaciones en los currículos de las carreras médicas. La manera como enseñamos Medicina y sus carreras afines debe ser cambiada. La enseñanza debe ser planteada como una guía para entender, para desarrollar un pensamiento crítico, para lograr independencia de criterio y preparación para los cambios. Todo estudiante de Medicina debe ser preparado para prevenir y atender los problemas prioritarios de salud de la población en un marco ético, pero también para desarrollar su eventual capacidad de efectuar investigación, no importando cuál vaya a ser su destino final: generalista, especialista, Ph D. Este planteamiento no significa una imposición de trabajo de investigación o de tesis en las carreras, sino más bien a un cambio de actitud: el estudiante no debiera ser un banco de datos, sino un ser inquieto, capaz de cuestionar y resolver problemas.

Factor primordial en este enfoque medicina/investigación es el desarrollo más y mejores programas de doctorado en el país y el aseguramiento de una oferta laboral interesante para sus egresados.

Junto al impulso a los doctorados en Medicina, los actuales programas de especialización de postítulo deben profundizar el conocimiento de las bases conceptuales de la respectiva especialidad (cursos de enlace básico clínico) y preparar a los recién egresados para la compresión de las tecnologías emergentes.

En resumen, debiera existir un apoyo importante para que cada vez un número mayor de médicos decidan incorporarse a la investigación, favoreciendo la existencia de núcleos clínicos de investigación temática que sean focos de irradiación de nuevos conocimientos y de resolución de problemas.

Los médicos egresados con algunos años de profesión y alejados de los centros formativos, debieran contar con programas de actualización con énfasis en conocimientos básicos aplicados a la clínica, para mantener la eficiencia profesional y permitirles una acreditación periódica que es deseable para la población.

Todas estas consideraciones caen en el vacío más absoluto si el país no sabe elaborar una política coherente y mantenida de Ciencia y Tecnología, con recursos económicos que se relacionen adecuadamente a sus expectativas de crecimiento. Esta política debe apoyar fuertemente la formación y permanencia de los recursos humanos especializados, la investigación de excelencia, el desarrollo de líneas prioritarias de investigación, la creación de fondos sectoriales para los temas de interés, el compromiso de las empresas, la renovación de equipos y tecnologías y, más que nada, lograr la conciencia en la sociedad que el progreso y la independencia intelectual de los pueblos depende del nivel cultural de ellos.

1. Vicedecano Facultad de Medicina, Universidad de Chile. Miembro Academia de Medicina. Instituto de Chile.

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