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Revista chilena de pediatría

versión impresa ISSN 0370-4106

Rev. chil. pediatr. v.71 n.3 Santiago mayo 2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0370-41062000000300001 

Publicaciones científicas:
una identidad pediátrica nacional

Francisco Cano Sch.1, Francisca Ugarte P.1, Angela Delucchi B.1,
Ignacio Sánchez D.1, Cristián García B.1

Un problema que debemos enfrentar a menudo en nuestra vida diaria y en nuestro quehacer médico es rescatar el sentido tras el cual hemos definido nuestros proyectos y las acciones que los conforman, pues este sentido es el que debe imponer la dirección, el ritmo y la forma de nuestro caminar; sin él se torna incierto el camino a seguir, las acciones a desarrollar se vuelven equívocas y el rumbo termina por extraviarse.

En estos tiempos en que la acción médica debe sostenerse entre el vertiginoso ritmo de la vida diaria impuesto por la inmensa cantidad de tecnología que usamos día a día, resulta fundamental no perder de vista los pilares que sostienen nuestra profesión, que podríamos resumir en la dedicación al paciente en el ejercicio clínico diario, la trasmisión gratuita de nuestra experiencia y conocimientos a los que nos rodean y comparten esta vocación, la constante búsqueda de nuevos conocimientos a través de una investigación básica y clínica, que es inseparable de los aspectos anteriores, todo ello enmarcado en el contexto de una ética y moral de sólidos principios, que resista incluso la agitación, el relativismo y los trastornos valóricos a los que está expuesta una sociedad que privilegia el éxito y el tener por sobre el ser.

En el terreno de la investigación médica el problema se ha ido trasladando desde el cómo conseguir la información necesaria para nuestro estudio, al cómo seleccionar y procesar la inmensa cantidad de datos que la tecnología pone a nuestra disposición, haciéndose imperativo desarrollar un certero espíritu crítico y una profunda capacidad de reflexión, que nos mantengan correctamente orientados en la dirección que el sentido de nuestro accionar nos indica seguir.

Al cumplirse 70 años de la creación de la Revista Chilena de Pediatría, queremos compartir una reflexión respecto a la razón de su existencia en forma general y en lo personal con los pediatras de nuestro país.

En el mes de enero de 1930, en el primer número de nuestra Revista, el profesor A. Baeza Goñi señalaba en el Editorial los motivos que habían impulsado a un grupo de profesores a la creación de este medio de comunicación científico: "Nos faltaba, sí, un órgano de publicidad en que pudiéramos recopilar el tesoro científico de nuestra experimentación y de nuestro estudio. Toda tentativa había fracasado hasta hoy día porque es humano que en la edad inicial de una institución que nace sin ambiente preformado, que tiene que crearlo todo porque nada existe, haya también que sembrar semilla de cooperación para esperar fundadamente una cosecha. Existe ahora ya aquel ambiente; existe espíritu de unión, sentido de solidaridad profesional y conciencia pediátrica."1.

Hoy queremos hacer un alto en la historia de nuestra Revista para revisar lo que se ha sembrado, cosechado y lo que esperamos del futuro. En este sentido es importante señalar que las acciones de esos hombres pioneros, que no contaban con los adelantos tecnológicos actuales sino solo con el esfuerzo de sus manos y privilegiada visión, estaban destinadas a crear un instrumento de difusión, de comunicación y docencia en la pediatría nacional: ellos nos dejaron un legado para que lo hiciéramos crecer, fortalecerse y enriquecerse con el paso de los años. La pregunta es si lo hemos logrado, si la tecnología y los cambios sociales, económicos y culturales han sido puestos al servicio de esos principios que inspiraron su creación, o más bien estos adelantos nos han hecho perder el espíritu que impregnaba los primeros años de nuestra Revista, donde es fácil percibir el anhelo de compartir las experiencias clínicas y de investigación, entregando lo mejor del trabajo realizado en los hospitales, con un sentido docente en su más desinteresada expresión para provecho de la comunidad médica pediátrica nacional.

Hoy la Sociedad Chilena de Pediatría cuenta con 1 409 socios inscritos, 672 de ellos en regiones. El análisis del año 1999, nos muestra 23 artículos originales publicados, todos provenientes de la comunidad médica que lidera y sostiene la investigación científica en las universidades más prestigiosas del país, de los centros docente-asistenciales más importantes y de los organismos de investigación de más alto nivel. Al contrastarlo con los 22 artículos publicados en 1930, nos preguntamos si es ésta la realidad de la investigación pediátrica en Chile, o es quizás que el fruto de nuestros más avanzados esfuerzos es ofrecido, repartido y puesto a disposición de revistas extranjeras en desmedro de la comunidad pediátrica nacional. La marginación de la Revista Chilena de Pediatría, en junio de 1994, del principal índice internacional, Index Medicus, junto con la mayor valoración que hacen nuestras universidades de las publicaciones internacionales para efectos curriculares, han dado inicio a un círculo vicioso que pasando por el desincentivo progresivo para el aporte de nuevas publicaciones a nivel local, empobrece los órganos de comunicación nacional "en que podemos recopilar el tesoro científico de nuestra experimentación y de nuestro estudio"1, como se escribió allá por 1930 al iniciar nuestra publicación. La Revista Chilena de Pediatría, consciente de la realidad actual, ha abierto sus puertas a aquellos autores que, habiendo publicado un artículo en el extranjero, y que sea considerado de alta importancia para su conocimiento en nuestro medio, puedan reproducirlo en esta Revista con el correspondiente permiso de los editores de la publicación original. Los invitamos igualmente a participar en una futura sección en la cual se revisarán brevemente artículos publicados en otras revistas científicas, a través de la cual será posible entregar una reseña de aquellos artículos que, a juicio de sus autores, sean de importancia poner en conocimiento de los pediatras de nuestro país, incluyendo las investigaciones locales publicadas en otros medios. Más allá de estas invitaciones, el grupo editorial ha realizado un detallado trabajo durante el año 1999, destinado a lograr la reindexación de nuestra Revista en los archivos de la National Library of Medicine, Index Medicus, cuya versión electrónica corresponde al Medline. Estos editores aprovechan este espacio para agradecer la permanente y desinteresada colaboración de cada uno de los miembros asesores editoriales, del editor emérito y de cada uno de los árbitros que día a día contribuyen con su experiencia y consejos para mantener y mejorar nuestra publicación.

Cada uno de los médicos chilenos, especialmente los pediatras, por mucho interés e importantes razones que posean para saltar las fronteras de nuestro país en busca de nuevos y renovados éxitos en el campo de la publicación, mantiene una deuda con aquellos que abrieron los caminos cuando había que "crearlo todo porque nada existía, cuando había que sembrar una semilla de cooperación para esperar fundadamente una cosecha, cuando había que hacer realidad en obras concretas un espíritu de unión, un sentido de solidaridad profesional y una conciencia pediátrica"1. A través de esta reflexión invitamos a cada uno de ustedes a ayudarnos a recuperar, para la comunidad pediátrica de este país, la fuerza vital que nace de la entrega solidaria y gratuita, más allá del éxito personal, del fruto de nuestra investigación y de nuestro estudio hacia nuestras raíces. De lo contrario vendrán generaciones médicas que como herramientas profesionales de aprendizaje navegarán en un web impersonal y carente de sentido solidario, para aprender de culturas extranjeras aquello que nosotros dejamos morir en la medicina chilena, consumirán artículos y conocimientos generados en otras realidades, guiados por otros intereses, nacidos de lejanos y nunca compartidos esfuerzos, y finalmente, perdido el sentido y extraviado el camino, no existirá ni siquiera la autocrítica necesaria para volver los ojos a una identidad propia. Sufrirán ellos, sufrirán aquellos que los siguen y los enfermos que estén al cuidado de todos los médicos que sin entender lo que pasa y siendo una mayoría, hayan dejado de recibir la enseñanza a la que tienen derecho por el simple hecho de haberse formado como médicos en nuestro país.

Es una deuda que debemos reconocer y enfrentar, una deuda con nuestros alumnos y todos los que vienen más adelante en este camino; por eso pedimos dar, al fruto de nuestro esfuerzo de investigación, un justo equilibrio a la hora de la cosecha, pedimos a los responsables de las políticas de calificación y reconocimiento académico, y a aquellos que asignan los recursos para la investigación, que nunca más la labor de enseñanza diaria ni la entrega docente que significa la publicación nacional, quede relegada por el brillo del trabajo que es entregado lejos de nuestras escuelas, hospitales y enfermos.

1. Comité Editorial Revista Chilena de Pediatría.

REFERENCIAS

1. Baeza A: La Revista de la Sociedad Chilena de Pediatría. Rev Chil Pediatr 1930; 1: 3-5.        [ Links ]

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