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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.50 n.186 Santiago July 1996

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27901996018600001 

Editorial

La Asociación Nacional de Compositores-Chile
en sus 60 años de vida

El acta de fundación de la Asociación Nacional de Compositores-Chile (ANC) data del 8 de agosto de 1936. Don Domingo Santa Cruz y don Armando Carvajal convocaron a una primera reunión, a la cual adhirieron un grupo importante de compositores chilenos. Así se dio inicio a una organización musical que ha perdurado en el tiempo, como pocas lo han logrado en el campo de la creación, cumpliendo 60 años el recién pasado mes de agosto.
       Desde sus primeros días la Asociación contó con un amplio respaldo de músicos y otras instituciones del país. La mayoría de los compositores chilenos de música docta pertenecieron o son actualmente socios de ella, incluyendo a varios que recibieron el Premio Nacional de Música. Su primer directorio estuvo constituido por don Pedro Humberto Allende como presidente, don Domingo Santa Cruz como secretario y don Samuel Negrete como tesorero. Posteriormente, en tales cargos se han sucedido diversos nombres, cada cual con su estilo, entregando parte importante de sus energías en beneficio de la organización. Dentro de sus socios honorarios figuran: Aarón Copland (Estados Unidos), Alberto Ginastera (Argentina), Manuel Ponce (México) e Igor Stravinsky (Rusia-EEUU).
       Los principales objetivos de la institución son procurar el acercamiento entre los compositores chilenos, estimular su producción artística por medio del mejor conocimiento y divulgación de sus obras, y contribuir al desarrollo del intercambio musical a nivel nacional e internacional, de preferencia con los países americanos. En general estos objetivos se han conseguido, con los naturales altos y bajos propios de cualquier actividad humana.
       Durante el régimen militar (1973-1989) en nuestro país se produjeron muchas divisiones en las más diversas esferas. El caso de los compositores no fue una excepción. Varios de ellos fueron exiliados y otros tantos prefirieron permanecer al margen de las organizaciones oficiales. Naturalmente, tales ausencias se hicieron notar, llevando a nuestra Asociación a vivir períodos bastante críticos. No obstante, gracias al compromiso y perseverancia institucional de unos pocos miembros, en especial de doña Ida Vivado, quien fue presidenta por cuatro períodos consecutivos (1979-1987), y don Juan Amenábar, también presidente y miembro del directorio en varias oportunidades, la Asociación Nacional de Compositores logró sobrevivir a la espera de mejores tiempos.
       Frente a esa realidad, sin duda que uno de los principales desafíos de estos últimos años ha sido trabajar -con especial énfasis- por hacer de la ANC un espacio de reencuentro entre los compositores, incorporando un espíritu y mística renovados, valorando la tolerancia y el respeto a la diversidad, fomentando el intercambio y la convivencia. Estos aspectos, por cierto, son imprescindibles para el fortalecimiento del alma y sentido de la organización.
       A partir de esta motivación, se han realizado una serie de encuentros -algunos memorables- que han contribuido enormemente a concretar el buscado acercamiento. Ello ha permitido la reincorporación de antiguos miembros y la incorporación de jóvenes compositores, constituyéndose en la actualidad un grupo muy rico y diverso, donde los puentes y vínculos generacionales se han ido reestableciendo y reforzando. Especialmente valiosa resulta ser la posibilidad concreta de que -en una misma mesa- compartan maestros y discípulos de diferentes escuelas, generaciones y posiciones frente a la música. Gracias a ello, también han surgido oportunidades para realizar asambleas con ilustres compositores invitados, como han sido: Samuel Adler, Gustavo Becerra, Gabriel Brncic, Celso Garrido Lecca y Juan Orrego Salas, entre otros.
       Pero sin duda que la principal actividad e interés del compositor es la creación artística. Por ello, en la Asociación se pone especial énfasis en que sus miembros estén siempre activos en el quehacer composicional, lo cual conlleva una especial valorización y respeto al espacio íntimo de cada uno. Y esto es muy importante tenerlo siempre en cuenta, por cuanto est  claro que el compositor vale por su obra y no por pertenecer a una determinada institución musical. El arte, cuando es auténtico, es suficientemente fuerte como para tener vida propia y sobrepasar, incluso, a su propio autor. No obstante, en la vida cotidiana del espacio público surgen una serie de problemas, necesidades e intereses comunes a los compositores, que, al sumar fuerzas y trabajar en forma organizada, resultan más fáciles y efectivos de resolver y satisfacer. De allí el por qué y el para qué mantener viva y renovada nuestra Asociación, de modo que signifique un real servicio y utilidad al bien común de sus miembros, junto a las demás instituciones musicales del país y a la sociedad toda en general.
       En tal sentido, algunas de las acciones concretas más relevantes realizadas durante los últimos años, gracias al apoyo económico y/o de infraestructura de diversas instituciones nacionales e internacionales, son, entre otras: la actualización de archivos (microfilms y partituras); talleres de instrumentación contemporánea; conciertos de música contemporánea chilena y universal; mesas redondas; conciertos didácticos con participación de estudiantes y profesores de música; constante apoyo e intérpretes y conjuntos de música contemporánea; creación de pequeñas composiciones didácticas para estudiantes de interpretación de nivel básico; reactivación del Consejo Chileno de la Música; comienzo de la descentralización y acercamiento a las diferentes regiones del país a través del intercambio de partituras, conciertos, encuentros y festivales de música contemporánea; participación en la redacción del proyecto de Ley de Fomento a la Música Chilena; edición de fonogramas; asesorías técnicas en jurados de concursos de composición, en confección de bases para encargos de composición y en publicación de antologías de música instrumental y coral.
       Sin embargo, la dinámica actual obliga a estar muy despiertos y a evitar toda suerte de autocomplacencia. Chile cada seis meses parece ser un nuevo país. La confluencia de múltiples iniciativas de diversas instituciones musicales y culturales, durante los últimos años han introducido importantes cambios que comienzan a perfilar un escenario musical muy diferente. En el campo de la creación han surgido nuevas escuelas y talleres de composición, incluida la música popular; se observa una creciente actividad de concursos y encargos de composición; comienzan a surgir y a destacarse compositores en las regiones; el cobro y distribución de los derechos de autor es cada día más eficiente y efectivo; surgen diversos estudios de grabación y laboratorios electroacústicos; aumenta el uso de nuevas tecnologías e instrumentos electrónicos, entre las muchas señales de cambio. Por otra parte, a una escala mayor, el mundo globalizado en que vivimos, la masificación de los medios de comunicación, las políticas de mercado, la presencia permanente de una música comercial unificadora, la falta de silencio, la falta de educación y libertad para saber y poder elegir, el predominio de una cultura tecnocrática y audiovisual, etc., son estímulos y provocaciones diarias que llaman a estar atentos, reflexivos y activos, en un constante replanteo y renovación de las bases y objetivos de la ANC. El discurso quejumbroso definitivamente no aporta nada; en cambio, el espíritu autocrítico, creativo, constructivo y de permanente superación, son actitudes claves para poder avanzar y mantener la vigencia, acorde al contexto en que nos toca vivir.
       "Las instituciones quedan y las personas pasan" es una antigua sentencia que en muchos casos resulta ser verdad; sin embargo, para una organización que integra a artistas ello más bien resulta ser un constante desafío que, incluso, abre muchas interrogantes. ¿Qué ocurre en un país donde las instituciones artísticas tienden a sobrepasar a los propios artistas? ¿Qué presencia tiene el repertorio musical chileno en las escuelas de música y en las temporadas de conciertos? ¿Existe un patrimonio musical chileno vivo partícipe de nuestra cultura cotidiana? ¿Qué rol y responsabilidad tiene el estado, los colegios, las universidades y los medios de comunicación en todo ésto? ¿Qué nivel de responsabilidad tenemos los propios compositores, músicos y sociedad en general?
       Creo que todos estamos llamados a responder estas preguntas a partir de reflexiones y acciones concretas. Debemos seguir trabajando y perseverando por "musicalizar" y humanizar la realidad en que vivimos. Y frente a ésto, ojalá que el aniversario que celebramos en la Asociación Nacional de Compositores -con la adhesión de diversas instituciones musicales del país-, sólo corresponda a los primeros 60 años de vida, pues, mientras estemos vivos, siempre tendremos mucho por hacer.

Gabriel Matthey Correa
Presidente de la Asociación Nacional
de Compositores-Chile

 

 

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