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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.51 n.188 Santiago jul. 1997

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27901997018800005 

T R I B U N A

Música y sociedad en el Chile actual

La presente versión de esta nueva sección de la revista está dedicada a complementar y profundizar el tema abierto en la Tribuna del número anterior; esto es, las relaciones entre música y sociedad que actualmente prevalecen en el país, tomando como base los puntos de vista, comentarios y experiencias referidas por cuatro figuras destacadas en la gestión y administración cultural en el campo de la música.

Música(s) en el Chile de hoy

El tema de la música nacional no puede tratarse correctamente sin hacer las diferencias entre música popular, música folclórica o de tradición oral y música clasica o de concierto. Estas tres ramas de la música tienen distintos grados de inserción en la sociedad chilena, y por consiguiente, distintas situaciones, distintos problemas que enfrentan y distintas perspectivas hacia el futuro. Por supuesto, estas diferencias no significan una total falta de integración entre ellas y no excluyen una política de desarrollo unitario particularmente en todo lo que se refiere a la iniciativa estatal sobre la música.
       Con respecto a la música popular, ella se representa como la rama de la música que hasta ahora ha tenido un mayor grado de integración en la sociedad chilena. Ello ha ocurrido así, porque es la que se integra de manera más directa al proceso de modernización que ha vivido el país en las últimas décadas. No ha tenido grandes problemas para comercializarse, ha aprovechado de manera muy directa los progresos de la industrialización, fonografía, y los avances en las comunicaciones. Durante largo tiempo fue protagonista en los medios radiales y televisivos. Su integración social se debe a que está directamente ligada al baile, a la expresión de sentimientos al perfilamiento de la juventud como instancia nueva que comienza a tener su propia cultura, diferente a la  de otras edades y a la posibilidad de acompañar casi todas las actividades humanas (música de "fondo", como se dice).
       El gran problema de la música popular nacional se inicia a partir de los cambios culturales que conlleva el mismo proceso de modernización en los  últimos años, el cual, por causas históricas multiples, se traduce en un desinterés por lo nacional y en un consumo masivo de los extranjero, principalmente norteamericano, inglés, español, mexicano, argentino y afrocubano. Esto destierra a los artistas nacionales de la difusión radial, de la difusión televisiva, y de la producción fonográfica, creando graves problemas de fuentes de trabajo y de medios de subsistencia. En la actualidad, sólo muy pocos artistas nacionales pueden sostenerse con su propio trabajo artístico y muchos menos todavía pueden llegar a los medios de difusión masiva.
       La música folclórica o de tradición oral, a pesar de ser la música que marca con mayor fuerza el sello de lo nacional, rara vez ha tenido el conocimiento que se merece. Su inserción en la sociedad, en su origen, tiene que ver con ritos, ceremonias y situaciones de vida que le aseguran su autenticidad y su espontaneidad creativa. A partir del proceso de modernización, ella comienza a vivir transformaciones de importancia que hacen depender su existencia en buena parte de la difusión. Así sale del marco de vida preciso en que ella nace, para entrar en los circuitos de difusión masiva, radio, televisión, festivales folclóricos, etc. Este proceso de difusión tiene consecuencias negativas y positivas. Por una parte se logra que un país multicultural, como es el nuestro, alcance un cieto conocimiento de su real variedad y pueda escucharse música nortina en Punta Arenas, o música mapuche en Arica. Se logra además que, en una cierta medida, los artistas folclóricos entren también a los circuitos comerciales y se incorporen al proceso de industrialización y de avances comunicacionales (graben discos, participen en programas radiales y televisivos, actúen en espectáculos, etc.). Pero, por otra parte, en algunos casos todo esto genera problemas de transculturización, de distorsión de lo auténtico y de falsificación con fines comerciales.
       Los más graves problemas de la música folclórica se producen en el momento en que, por las mismas razones analizadas en el caso de la música popular, la música folclórica deja de interesarles a los medios de comunicación y pierde su espacio en la comercialización y en la difusión. Esto ocurre en los últimos años, llegándose en la actualidad a una situación crítica, en la cual este tipo de música subsiste en medio de una gran indiferencia y gracias al trabajo esforzado y pionero de sus cultores.
       Es verdad que el folclore siempre tendrá su lugar privilegiado en los espacios culturales en que se origina, los que aseguran su supervivencia a largo plazo, pero una sociedad que desee desarrollarse en forma integral y en la cual la cultura cumpla un papel protagónico debe abrirle espacios nuevos a la difusión del folclore y preocuparse de todos los factores en que se juega la preservación de su patrimonio.
       Fimalmente, la música de concierto tiene una presencia importante en la sociedad chilena, a pesar de que ésta tiene lugar en grupos minotarios que la cultivan y la difunden. Esta área de la música ha tenido históricamente un trato preferencial de parte del Estado, debido a las evidentes dificultades de que sean la sociedad civil o la empresa privada las que asuman los costos que implica su mantenimiento. A pesar de ello, se observan notorias falencias en su integración a la sociedad en su conjunto. Esto es particularmente grave en las regiones, que en la actualidad todavía no cuentan con la infraestructura básica para su desarrollo y, muchas veces, ni siquiera  con los medios de formación adecuados.
       En la actualidad, se han desarrollado importantes iniciativas como la formación de orquestas juveniles en Santiago y algunas regiones, pero éstas funcionan con presupuestos mínimos y con grandes dificultades de infraestructura. Por otra parte, la difusión de música de concierto se ha hecho cada vez más dificil y se ha circunscrito a las iniciativas que han tomado las orquestas existentes y los músicos que tesoneramente han cultivado este género. La difusión televisiva nacional es casi nula y la difusión radial, sometida a exigencias económicas y publicitarias, es muy limitada, sin que, por ejemplo, existan programas suficientes de educación musical o programas de difusión de música nacional o de música contemporánea.
       Resumiendo, podríamos afirmar que la verdadera integración de la música en la sociedad chilena es tadavía una tarea pendiente, que requiere de la colaboración de todas las instancias que participan en ella: la empresa privada, la sociedad civil y el estado. Sólo una política que reúna los esfuerzos de todos podrá llevar a cabo esta gigantesca pero urgente tarea de transformar la música en una oportunidad de vida para los chilenos, que abra a nuestro país a la creación mundial, al mismo tiempo que asiente nuestra identidad y nos permita expresar a través de la música nuestra alma profunda. Tal vez un paso hacia esta realización sea la Ley de Fomento a la Música Nacional, que la División de Cultura del Ministerio de Educación, en conjunto con todos los actores involucrados en el desarrollo de música nacional, ha elaborado como propuesta del Ejecutivo al Parlamento.

Eduardo Carrasco

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