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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.51 n.188 Santiago July 1997

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27901997018800007 

Mi experiencia musical en el Chile de hoy

Pienso que las personas de mi generación tienden a recordar sus años dejuventud como años de una época dorada de la actividad musical en Chile. En efecto, en la década de los cincuenta y comienzos de los sesenta, nos enfrentábamos a una vida musical en expansión, caracterizada por un ente musical que era la Universidad de Chile en pleno desarrollo y que en tomo a ella se comenzaban a generar otras instituciones tanto en Santiago como en provincia, cuyos objetivos eran en alguna forma hacer cosas parecidas o complementarias con lo que hacía dicha universidad.
       Pienso que el haber denominado época de Domingo Santa Cruz a dicho período, es hacerle justicia al más importante de los ideadores de instituciones musicales que tuvimos en Chile. Sin embargo, no se han recalcado suficientemente dos proyectos musicales que calaron muy profundamente en nuestra realidad musical. El primero de dichos proyectos fue el de Mario Baeza que, con palabras de él, pretendía "que todo Chile cante". Tengo la impresión que el objetivo se cumplió en una parte muy importante y para mí la última gran realización de este proyecto fue el notable festival internacional de coros que se realizó en 1965 en Viña del Mar, en el cual por única vez en Chile, junto con encontrarse los principales coros chilenos y muchos de otros países, sejuntaron en Viña del Mar todas las orquestas del país desde Antofagasta hasta Concepción, participando orquestas de La Serena, Valparaíso, la Orquesta de la Universidad de Concepción y todas las de Santiago.
       Posteriormente, por razones que todavía no han sido suficientemente estudiadas, las agrupaciones corales se convirtieron en agrupaciones folclóricas y dichas agrupaciones se convirtieron en agrupaciones políticas, no faltando aquellas que pasaron a la actividad política directa con acciones de violencia, características del fin de los años sesenta.
       El otro gran movimiento paralelo al de Mario Baeza, podemos definirlo como "para que todo Chile toque". El autor de este igualmente notable programa fue el recordado maestro Jorge Peña, padre del Programa de Orquestas juveniles en La Serena y que por su influencia directa fue seguido en Antofagasta, Copiapó y otros lugares.
       La violenta muerte de Jorge Peña, el 16 de octubre de 1973, como asimismo el retiro de Mario Baeza de sus cargos, nos llevaron a una grave crisis musical después del golpe militar.
       El autor de estas líneas, quien en la segunda mitad de los sesenta con ilustres colaboradores había ideado un desarrollo musical alternativo a nivel de grupos musicales pequeños de gran calidad, pudo cosechar notables éxitos con conjuntos tales como el Quinteto Hindemith, Cuarteto Chile, Conjunto Pro-Música, Conjunto de Música Antigua de la Universidad Católica y Orquesta de Cámara de la Universidad Católica. Los grupos chilenos de reducido número de personas, pudieron viajar por todo el mundo mostrando la existencia de una importante realidad musical de nuestro país.
       Del mismo modo, la Universidad Católica de ese período pudo crear festivales de música contemporánea, sucesores de los festivales de música chilena de la Universidad de Chile, con notable éxito. Recordemos los estrenos a cargo de Juan Pablo Izquierdo de la Orestiada de Xenakis, la venida a Chile de Gunther Schuler de Estados Unidos, la primera venida de Astor Piazzolla, la venida de Duke Ellington. Paralelamente, los festivales de la nueva canción chilena, organizados por notables compositores con la Vicerrectoría de Comunicaciones de la Universidad Católica, marcaron un hito en el desarrollo musical chileno.
       Los años posteriores, con el gobierno militar, complicaron las cosas. Lentamente fue apareciendo una nueva realidad, el renacimiento de la ópera en el Teatro Municipal, que con los años fue logrando un nivel de desarrollo nunca antes alcanzado.
       En la etapa que fue llamada "el apagón cultural" la ópera fue una brillante muestra de vida cultural. Sin embargo, la ópera desde los primeros años se caracterizó por una organización que ha pretendido traer muchos artistas extranjeros a Chile. La labor del Teatro Municipal en ese sentido no ha sido primariamente una impulsora de los valores culturales nacionales, sino que eso ha resultado como consecuencia de una labor realizada en gran parte por extranjeros que han venido de paso a Chile. Sin embargo, estos extranjeros, en muchos casos, han efectuado una trascendente labor docente que ha contribuido en forma importante al desarrollo de valores nacionales.
       La vuelta al régimen democrático nos colocó en una situación nueva. El estado dejó de invertir cifras importantes en el desarrollo cultural a través de las universidades como lo había hecho antes. El ejemplo del Teatro Municipal de Santiago no fue seguido por otras municipalidades.
       Lentamente apareció un nuevo elemento, derivado del concepto que ha pretendido reducir el rol del estado en la vida nacional. El aporte privado hacia la cultura ha contado con personas pertenecientes a ese sector, que han tomado conciencia de la necesidad que éste sea un importante artífice en la actividad cultural. Debemos mencionar algunas de estas personas que han tenido una actividad particularmente relevante. Entre ellas don César Sepúlveda, quien desde distintas instituciones ha estado muchos años trabajando en esta materia, Mary Rose McGill dejarpa y muchos otros.
       Sin embargo, a pesar de la inmensa energía desplegada por éstas y muchas otras personas, el aporte privado todavía es inferior a lo que antes gastaba el Estado en actividades culturales. Por esta razón nuestra situación en este momento dista de ser satisfactoria.
       Por nuestra parte, a través de la División de Cultura del Ministerio de Educación y la Fundación Beethoven hemos impulsado un plan de desarrollo de la música orquestal, siguiendo la inspiración de Jorge Peña en los años sesenta y la realización venezolana del Programa de Orquestas juveniles durante los últimos 22 años, con las innovaciones derivadas de nuestra particular situación. Hemos llegado a tener una Orquesta de Cámara del más alto nivel nacional y un Programa de Orquestas juveniles con dos orquestas en Santiago y colaboramos directamente con programas similares de Viña del Mar y Rancagua. Indirectamente colaboramos con las otras orquestas juveniles del país que se originan en municipalidades, universidades, escuelas experimentales e instituciones de muy diversa índole. Pese a nuestro gran empeño todavía no hemos concitado un apoyo económico masivo para llevar esta actividad al nivel que nos parece adecuado. Del mismo modo pienso que los esfuerzos de Mario Baeza y los programas que en alguna forma son continuadores del suyo, como es Crecer Cantando a cargo del talentoso director Víctor Alarcón y respaldado por el Teatro Municipal, todavía no han obtenido los recursos suficientes para constituirse en programas consolidados en nuestra vida cultural.
       En resumen, en la actividad cultural el gran respaldo público ha sido, en principal medida, para las actividades extranjeras que han venido ocasionalmente a Chile. Nuestro gran público todavía no concibe una actividad artística realizada por chilenos desde Chile. Es evidente que no se trata que rechacemos lo extranjero, si lo que viene a nuestro país es de primera calidad; de lo que sí se trata, como tarea principal, es potenciar al máximo lo propio, ya que es esta actitud la que permitirá que la actividad cultural alcance a grandes sectores de la comunidad nacional que en estos momentos están ausentes e indiferentes a nuestro desarrollo cultural.
       Concebimos un desarrollo cultural equilibrado, lo que significa que éste debe abarcar la mayoría del territorio nacional, con la creación de instituciones culturalmente fuertes en las regiones, debidamente equipadas y que sean focos iluminadores del quehacer cultural de norte a sur del país. Esto logrará que la cultura tenga un carácter nacional y no esté dirigida todavía en forma principal a pequeñas elites, como ocurre generalmente entre nosotros.

Fernando Rosas

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