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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.51 n.188 Santiago jul. 1997

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27901997018800017 

Donald Little (1914-1997)

Más que un profesor, Donald Little fue un artista. Su finura de alma le permitió rayar a gran altura en el arte musical que cultivó durante toda su vida, excepto en los últimos años en que fue abatido por una cruel enfermedad. Aunque fue un violinista de primer nivel, no tuvo, en nuestra ciudad, muchas oportunidades para integrar o dirigir orquestas, aún cuando en muchas ocasiones lo hizo. Fue en el arte de la dirección coral donde pudo realizarse plenamente. Formó muchos grupos corales, prácticamente en todos los liceos y colegios en los que trabajó como profesor de Educación Musical. Recordemos, por ejemplo, el Coro Mixto del Liceo de Hombres y la Escuela Técnica Femenina, sin duda uno de los mejores coros juveniles que se hayan dado en Valdivia.   Sin embargo, me atrevo a afirmar que, en el ámbito de los coros estudiantiles, fue con el Coro del Liceo de Niñas con el que alcanzó las más altas cimas. Creo que nadie ha hecho cantar tan bien a las niñas de esta ciudad.
       Donald tenía una voz pequeña por lo que recurría a su inseparable violín y a un casi inaudible falsete para sus indicaciones melódicas. Con esos elementos él lograba verdaderos milagros de sonido, afinación, trabazón armónica y riqueza de matices. Siempre tuvo tiempo para preparar y presentar varios coros juveniles, incluso cuando creó su obra mayor, el Coro Polifónico de Valdivia, al que atendía en horario vespertino, luego de finalizada su larga y agotadora labor de profesor. Es con este coro de adultos con el que Donald escribirá hermosas páginas de la historia musical de Valdivia. Lo formó con sus mejores ex-alumnos cantores y con escogidos aficionados de la ciudad, más el respaldo vocal y material que por muchos años le brindara el matrimonio Beltrán-Vives, ex integrantes del Orfeo Catalá de Barcelona, en la que fuera sede del Coro, la Sociedad Protectora de Empleados de Comercio, donde funcionaba. Todos los logros que jalonaron la nutrida vida artística de Donald Little fueron posibles por su gran talento musical, oportunamente reconocido por dos grandes maestros europeos, su profesor alemán en la Normal de Chillán, don Otto Schaeffer, y luego en Valdivia, el maestro Roberto Mahler de quién fue alumno predilecto y depositario de su obra musical.
       El actual predominio de la cultura televisiva y los medios de reproducción musical electrónicos han alejado al común de la gente de las prácticas musicales que encontraban en el coro el lugar adecuado para su afirmación. Esos treinta años, entre las décadas del 40 al 70, constituyeron la época de oro de la actividad coral valdiviana. Nuestra ciudad brilló junto a Concepción y Santiago por la cantidad y calidad de sus coros. Los festivales en el Teatro Cervantes y los cursos de dirección coral involucraban a toda la ciudad y provincia. Allí campeaban los coros de Donald Little quien aún tenía tiempo para acercarse a muchos de los que nos parábamos frente a un coro, siempre con el consejo y la enseñanza oportuna, con su proverbial modestia y su finura de trato, regalándonos sabiduría y brindándonos confianza. Sus cantantes, sus discípulos, sus colegas y amigos preferiremos recordarlo en esa etapa de su vida, en esos sus mejores años, cuando derrochaba vida y amistad, cuando prodigaba su arte. Porque su prolongado ocaso nos entristeció a todos.

Leonardo Mancini

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