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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.52 n.189 Santiago ene. 1998

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27901998018900001 

E D I T O R I A L

Señales de (re)activación de la música
contemporánea en Chile
 

Es posible que, en tiempos futuros, el año 1993 sea considerado como un hito importante dentro de la vida musical chilena de fin de siglo, por cuando es un punto de inflexión que cambia la trayectoria de los acontecimientos musicales de nuestro país. De hecho ese año significó la reactivación de una serie de instituciones que se encontraban dormidas o rezagadas, junto al surgimiento de nuevos espacios para la música, de donde comenzaron a brotar ideas, creaciones, motivaciones y, en general, diversos proyectos y realizaciones artísticas.
       Cabe señalar que esta (re)activación es bastante amplia, pues comprende a la música docta, folclórica y popular; al nacimiento de nuevas escuelas de música, al nacimiento de nuevas carreras de composición, de nuevas revistas musicales, de conjuntos, cátedras instrumentales, programas de magister en musicología y composición, postítulos y diplomados en gestión y administración musical, estudios de grabación, ediciones fonográficas y antologías corales en partitura, encargos y concursos de composición, espacios de encuentros, conciertos, festivales, organizaciones y tanto más (ver h a partir de: año XLVIII/181 [enero-junio, 1994] en adelante).
        Dentro de este proceso, junto a la gestión y esfuerzo que están realizando las propias instituciones y organizaciones musicales, cabe mencionar a una serie de instancias o fondos concursables que han significado un valioso apoyo financiero, como es el Fondo de Desarrollo de la Cultura y las Artes del Ministerio de Educación (FONDART), la Fundación Andes, algunas corporaciones culturales y municipalidades, además de institutos binacionales, tales como el Instituto Chileno-Norteamericano, el Goethe Institut y el Centro Cultural de España, entre otros.
        Claro está que todo esto es demasiado reciente y aún no logra articularse convenientemente, pues ha surgido en forma muy dispersa y los esfuerzos por establecer vínculos y generar una red requieren de mayor tiempo. Por de pronto, poco a poco van aflorando señales positivas que insinúan que "algo nuevo está ocurriendo" para la vida musical chilena. De perseverar esta tendencia, es probable que en el mediano plazo se logren apreciar resultados más permanentes y articulados, que ubiquen a la música en un nuevo nivel de presencia e influencia dentro de nuestra sociedad.
        Ahora bien, en el trasfondo de este proceso hay un cambio radical que es de suma importancia destacar, cual es el hecho que se haya empezado a percibir -y a pensar- a Chile como un país descentralizado, diverso y multicultural, constituido por un conjunto de regiones y culturas locales interconectadas que, a su vez, se empiezan a relacionar con el mundo en forma diferente e independiente, sin la soberbia mediatización de Santiago. De esta forma, del viejo esquema de confundir la unidad con la uniformidad (impuesta y dirigida por Santiago), se está observando una transformación a una dinámica muy diferente y estimulante, cual es buscar la unidad en la diversidad, lo cual es clave para dejar ser y fluir a nuestra "polifonía cultural"- tanto tiempo reprimida-, con el consecuente enriquecimiento que ello significa para Chile.
        Dentro de esta nueva dinámica, gradualmente comienzan a surgir nuevos centros culturales, focos de creación y núcleos de trabajo, que obligan a repensar al país y a reubicarse en él en forma radicalmente diferente. Es cierto que esto puede resultar paradójico ahora que estamos viviendo tiempos tan difíciles, con tanto materialismo, tecnocracia y consumismo; pero las artes son así: se potencian justamente cuando existe mayor adversidad y, de paso, vitalizan a la cultura en general. La sed llama al agua, el espíritu reclama su parte y, sea como sea, aflora a la superficie.
        Lo anterior no significa que todo esté comenzando desde cero; sino que es la perspectiva la que está cambiando. Hay instituciones y organizaciones muy antiguas, como la Asociación Nacional de Compositores de Chile (ANC), la Federación de Coros de Chile (FEDECOR), agrupaciones folclóricas, conservatorios, escuelas y conjuntos musicales, entre otras, que en estos últimos años se han venido replanteando su posición y forma de ubicarse y relacionarse con un país que busca la descentralización.
        Por ejemplo, en el ámbito específico de la música docta contemporánea, una primera señal articulada dentro de este proceso, fue el Festival de Música Contemporánea realizado en el año1994 en la ciudad de Temuco, organizado por el Departamento de Cultura de la Municipalidad de Temuco. Por primera vez en la historia de Chile, 15 compositores, junto a 15 intérpretes y 3 musicólogos, viajaron a esa ciudad a vivir la música actual. A ellos se sumó la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Temuco, que tuvo una interesante participación en el Festival. Y no sólo se trató de música, pues hubo propuestas diversas, donde confluyeron el teatro, la poesía, la música y la arquitectura. Esta idea inmediatamente generó interés en la vecina ciudad de Valdivia, la cual, el año 1996, realizó el Primer Encuentro de Música Chilena Contemporánea, con músicos invitados de Concepción, Santiago, Temuco y Valdivia. Posteriormente, el año 1997, se realizó el Segundo Encuentro, abriendo sus puertas a Latinoamérica, con la simbólica visita del compositor Celso Garrido-Lecca a esas hermosas tierras sureñas.
        En el norte, gracias a un proyecto FONDART 1996, desde Arica se viajó a la zona central para realizar una compilación de músicos chilenos contemporáneos, con grabaciones y videos, destinados a un uso didáctico, en una ciudad fronteriza que a la distancia busca acercarse a la música actual. Lo propio ha hecho el Departamento de Música de la Universidad de La Serena, el mes de octubre de 1996, con la ilustre visita de Gustavo Becerra, gracias a un proyecto FONDART, y los Encuentros Musicales de La Serena -ya en su décimoquinta versión-, que se realizan anualmente el mes de enero, donde se incluye música chilena, latinoamericana y universal.
        Paralelamente, en Santiago también se ha observado una paulatina (re)activación de la música contemporánea. Por ejemplo, el Instituto de Música de la Pontificia Universidad Católica de Chile, año a año a venido fortaleciendo,- con ayuda del FONDART-, sus Festivales de Música Contemporánea, con una importante participación de público y una gran variedad de compositores de diferentes épocas, incluidos las referencias de otros países. Por su parte, Juventudes Musicales de Chile inició el año 1994 los encuentros anuales de Nuevas Resonancias Musicales. La ANC, gracias a un proyecto FONDART 1993-94, actualizó el archivo de microfilms de música de autores nacionales (Sala de Música y Medios Múltiples, Biblioteca Nacional) y el archivo de partituras de compositores chilenos (Facultad de Artes, Universidad de Chile) hasta el año 1993. Además, organizó en los años 1995 y 1996 conciertos y mesas redondas en homenaje a Fré Focke y sus discípulos chilenos, estableciendo puentes con el pasado, con la intención de recuperar importantes hilos conductores de nuestra historia musical. Por su parte, la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, el año 1995, inició los ciclos anuales de Creación y Educación, donde profesores, intérpretes, alumnos y compositores han tenido la posibilidad de conocerse e intercambiar ideas y experiencias en torno a la música de hoy. A esto hay que agregar el proceso de restauración,- iniciando en 1992 y concluido en 1996-, de las grabaciones conservadas en el Archivo Sonoro de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, colección heredada del desaparecido Instituto de Extensión Musical. El proyecto de restauración contó con la cooperación de la Academia de Bellas Artes del Instituto de Chile, la Fundación Andes, FONDART y el Fondo Universitario de las Artes (FUAR). Gracias a su realización, en la actualidad se encuentran traspasados a sistema digital (DAT) todas las obras de compositores chilenos grabadas desde 1946, lo que representa un volumen de más de 300 horas de música.
        El campo de la música sinfónica -que es el más afectado y talón de aquiles de nuestra creación musical actual-, poco a poco está rebrotando, aunque por ahora tímidamente. La Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD) está llamando a un concurso bianual para composiciones sinfónicas, incluyendo como premio la interpretación de la obra ganadora. Asimismo, el Centro de Extensión Artística y Cultural (CEAC) de la Universidad de Chile, desde el año 1997, por primera vez está realizando anualmente concursos para jóvenes directores latinoamericanos y compositores chilenos, cuyos premios consisten en invitar a los ganadores a participar en la temporada oficial de la Orquesta Sinfónica de Chile, dirigiendo, en el primer caso, y estrenando la obra seleccionada, en el segundo. Otras orquestas también están interpretando obras chilenas y contemporáneas en general, pero aún en forma muy ocasional, sin una política de difusión clara y sistemática al respecto.
        En el área de la música de cámara, también existe una serie de conjuntos e intérpretes que han estado difundiendo la música contemporánea chilena, latinoamericana y/o universal. Entre otros, se pueden mencionar los siguientes: Ensemble Bartók, Quinteto Proarte, Musicámara-Chile, Quadrivium, Ensemble de Vientos del Instituto de Música de la Universidad Católica, Cuarteto Sur, Cuarteto Austral, junto a una serie de solistas, dúos y agrupaciones ad-hoc. Por otra parte, la música electroacústica ha tenido un especial desarrollo en los últimos años, con varios compositores que están trabajando en ese campo.
        Así entonces, según se aprecia, el proceso de (re)activación de la música contemporánea en Chile se está expandiendo como un abanico. Sin ir más lejos, recientemente, como broche de oro, se produjo la recuperación del Festival de Música Chilena, -en su versión décimotercera-, por parte de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Después de casi 30 años, se volvió a reeditar gracias al FONDART, el recién pasado mes de enero. El Festival se realizó mediante una convocatoria abierta y se presentaron sobre 80 obras (sin estrenar), quedando seleccionadas 34, con tendencias estéticas muy diversa. En él participaron compositores chilenos y extranjeros residentes en Chile, junto a chilenos que viven fuera del país. Sólo se incluyó música de cámara, en esta primera versión, pero se espera en el futuro ampliar la convocatoria a música sinfónica, tal como fue originalmente. Lo cierto es que esto es de suma trascendencia, pues se recupera parte de la tradición de nuestra vida musical, lo cual contribuye a que esta (re)activación de fin de siglo adquiera mayor relieve y consistencia. De esta manera, ha de esperarse que el proceso continúe tomando fuerza y ampliando sus proyecciones, de modo que signifique una sólida plataforma para iniciar el siglo XXI con entusiasmo y en sintonía con el tiempo que nos toque vivir.

Gabriel Matthey Correa
Presidente del Consejo Chileno de la Música

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