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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.52 n.189 Santiago Jan. 1998

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27901998018900013 

RESEÑAS DE PUBLICACIONES


Besoaín Armijo, Raúl. René Amengual, un enamorado de la música. Santiago: Tiempo Nuevo, 1997, 87pp.

La figura de René Amengual Astaburuaga (1911-1954), como ha dicho un ilustre colega de la Escuela Moderna de Música, es una figura meteórica pero de importancia capital, puesto que su corta vida se vincula a la historia y a la imaginería de importantes instituciones de nuestro país y de nuestra vida musical. Director del Conservatorio Nacional de Música desde 1946 hasta su muerte, co-fundador de la Escuela Moderna de Música en 1940, compositor del Himno de la Universidad de Chile, co-autor de clásicos de la enseñanza pianística chilena como Mi amigo el piano, Selección de clásicos y Los maestros del clavecín. Pianista, compositor y docente, todos quienes hemos tenido el privilegio de pasar por las aulas de alguna de las instituciones mencionadas, hemos tenido algún contacto con el legado artístico y pedagógico de Amengual. Pero además, existe un legado humano, en la dimensión de la calidad o de la calidez personal, que los estudios musicológicos y los catálogos de obras, tanto en el caso de Amengual como de otros grandes maestros, no contemplan. Y en ese sentido se orienta, sin desconocer la herencia musical, la obra de Raúl Besoaín Armijo, financiada con el aporte del Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura (FONDART).
       No se trata de una obra musicológica, sino de una obra de difusión del legado musical y especialmente el legado humano de René Amengual. Como el mismo autor plantea, no se trata de una tesis o de una obra modelo de originalidad, ya que todo tipo de comentarios o análisis estilísticos de las obras de Amengual y de su contexto proceden de trabajos realizados por compositores y musicólogos consagrados, como Samuel Claro, Jorge Urrutia, Vicente Salas Viu, Miguel Aguilar y Roberto Escobar. En cambio, el autor afirma que la personalidad de Amengual, "atrayente y carismática para quienes lo conocieron, es ejemplar para las nuevas generaciones y merece que sea conocida más allá del círculo estrecho de los estudiosos de la música culta de Chile" (p.17). Y en verdad, con un estilo claro y ameno, sin llegar a profundidades técnicas, históricas y analíticas que no todos comprenden, Besoaín nos entrega la imagen de Amengual como la de un hombre lleno de alegría de vivir, afable, estudioso, preocupado más de los demás que de sí mismo, y sobre todo, como expresa el título de este libro, un enamorado de la música. En otras palabras y en otro sentido, el libro consigue dejarnos una leve sensación de frustración por no haber tenido la oportunidad de conocer personalmente a René Amengual. Pero queda su legado, a través de sus obras y sus discípulos. Y no podemos evitar mencionar un interesante dato que nos aporta el libro (p.43): durante el primer año de funcionamiento de la Escuela Moderna, Elena Waiss y René Amengual, verdaderos profesionales de la enseñanza, recibieron siete alumnos de piano y reprobaron a cuatro, y esos cuatro, al año siguiente, fueron los primeros en matricularse. Interesante dato histórico para quienes generan las políticas de administración, gestión y promoción de nuestras instituciones de enseñanza musical superior.
       Aunque se trata de una obra de difusión, no podemos dejar de mencionar un pequeño gran desliz. En la página 50, al comentar la postura de Amengual frente a la composición musical, se menciona a Stravinsky como partidario de "una tendencia de la música contemporánea en que todo se va dejando al azar". Quizás se trata de un error en la redacción(la mención de Stravinsky aparece entre paréntesis), pero lo cierto es que, si ha habido algún compositor opuesto a ceder espacio a la aleatoriedad en la composición musical, es precisamente Stravinsky. Por otro lado, hubiera sido más efectivo en términos de difusión, precisamente, indicar en el catálogo de obras los archivos o bibliotecas donde se encuentren las partituras respectivas, así como señalar aquellas obras que están registradas en fonogramas y dónde se pueden encontrar. Sin embargo, este aspecto se ve compensado con el CD (sello SVR 3006-3) que acompaña al libro, el cual incluye tres canciones para voz y piano y tres obras de cámara de Amengual, interpretadas por músicos chilenos bajo la dirección de Guillermo Rifo y Vladimir Groppas.
        En síntesis, ya que el propósito de este libro es la difusión del legado amengualiano, debe ser entendido y valorado en esos términos. Y sin duda, agradezcamos que existan personas interesadas en este tipo de labores y pueda generarse un contacto más rico entre investigadores, profesores y difusores de nuestro patrimonio musical y artístico. De este modo, otras importantes figuras del quehacer musical chileno podrán ser conocidas, valoradas y apreciadas.

Cristián Guerra Rojas

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