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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.53 n.192 Santiago jul. 1999

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27901999019200014 

RESEÑAS DE FONOGRAMAS

Juan Mouras. Guitarra clásica. Casete stereo. Juan Mouras (guitarra), Héctor Viveros (violín) y orquesta de cámara. Camerata, JMA-002. Ministerio de Educación, Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura (FONDART), [1998].

Éste, como muchos otros fonogramas que se están produciendo en el país en los últimos tiempos, fue financiado con aportes del Fondo de Desarrollo de la Cultura y las Artes del Ministerio de Educación (FONDART). Ello debe ser resaltado ya que, en la práctica, es la única fuente financiera a la que pueden recurrir intérpretes y compositores nacionales si desean dejar testimonio de su trabajo artístico. En esta ocasión ha sido el guitarrista Juan Mouras el que ha querido tomar contacto con el público a través de una grabación, para dar cuenta de su calidad de intérprete avezado y también de compositor y arreglista para la guitarra.

El lado A de la casete comentada contiene dos obras. La primera es el Concierto chileno, para guitarra y orquesta de cámara, en tres movimientos, del propio Mouras, quien interpreta la parte de solista y dirige el pequeño conjunto. Éste está formado por cuatro violines primeros, tres violines segundos, dos violas, un violoncello, un contrabajo, una flauta, un acordeón y percusiones (bombo legüero y pandereta). El Concierto chileno se basa, como parte importante de la obra compositiva de Juan Mouras, en las expresiones musicales latinoamericanas. En el caso del Concierto, en el primer movimiento (Allegro) emplea un rin de Chiloé como sustento esencial de esta parte, donde la flauta juega un papel significativo; en el segundo (Tonada lenta), es esta forma, la tonada, la que se hace presente en el espíritu de la pieza central de la obra, y en el tercero (Allegro americano), el autor incursiona más libremente en varias de las formas musicales del continente y recurre en este energético movimiento más asiduamente a las percusiones. El tratamiento que hace el compositor de la combinación elegida (orquesta de cámara-guitarra solista) no se aparta de lo tradicional y el solista-compositor muestra su diestro manejo del instrumento como intérprete y creador. En la versión se debe resaltar el eficiente desempeño de la orquesta acompañante.

La segunda obra contenida en el lado A de la casete es un arreglo para guitarra de Gracias a la vida de Violeta Parra. Difícil compromiso fue el que asumió Juan Mouras al abordar un arreglo de la mundialmente conocida y admirada canción de la recordada artista chilena. El resultado obtenido por el arreglista es sin duda loable y su conocimiento del instrumento y su sensibilidad musical le permiten compenetrarse en el contenido de la canción que recoge y trasmite a través de la guitarra sola con gran eficacia.

El lado B de la casete de Juan Mouras es una selección de obras de su repertorio, siendo algunas propias y otras de diversos autores, en arreglos del guitarrista. La primera pieza es Milonga perpetua que, así como la siguiente, Tango argentino N°2, son de Mouras. Ambas muestran un lenguaje sin complicaciones, directo, que llega con facilidad al auditor, pero que al mismo tiempo muestra sabiduría guitarrística en todo sentido. La versión que Mouras hace de Alfonsina y el mar de Ariel Ramírez, que es la obra siguiente, está muy finamente lograda, mientras que en el vals peruano Vamos amarraditos de Pérez y Durán, no es tan convincente como en el trozo anterior, si bien el buen manejo del instrumento siempre llama la atención. En Bajando pa Puerto Aysén, la quinta pieza del lado B, Mouras, como en otras piezas de esta selección, tiene logros indiscutibles en su búsqueda de sonoridades en la guitarra, que enriquecen el original de José Bernal.

Las últimas obras del lado B del fonograma son dos zamacuecas del siglo XIX arregladas para violín y guitarra por Mouras. La primera es una Zamacueca de Federico Guzmán y la segunda es una versión del intérprete-compositor sobre la hecha por Antonio Alba de la "Célebre Zamacueca de White". Ambas composiciones están muy acertadamente interpretadas por el violinista Héctor Viveros y el guitarrista Juan Mouras, también editor del fonograma.

Fernando García

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