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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.53 n.192 Santiago July 1999

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27901999019200019 

Música de arte. Disco compacto (DDD). Obras de Jorge Martínez Ulloa. Intérpretes varios. Ministerio de Educación, Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura (FONDART), 1999.

Sin duda que el Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura, FONDART, del Ministerio de Educación, se ha constituido en un importante respaldo para la edición fonográfica de música chilena. En efecto, en los últimos años se ha editado un número significativo de nuevos discos, gracias a lo cual diferentes compositores han podido registrar parte de su trabajo creativo y exploratorio, enriqueciendo con ello las alternativas de acceso al universo musical chileno.

En este sentido,cabe destacar una serie de fonogramas que está publicando la Asociación Nacional de Compositores de Chile (ANC) –Música chilena del siglo XX–, la cual constituye una valiosa antología de las diversas tendencias estéticas de la creación chilena contemporánea, a manera de síntesis del patrimonio y herencia musical aportado por el siglo XX. Paralelamente, el FONDART ha apoyado publicaciones colectivas, surgidas del trabajo de talleres o escuelas de música, donde existe la enseñanza de la composición. Es el caso de la Compañía de Pilcomayo, constituida por un grupo de alumnos y compositores encabezados por Andrés Alcalde, que trabajan en la Universidad Católica de Valparaíso y que recientemente publicaron El sonido de la escritura (1998), consistente en un valioso material con documentación, partituras y la correspondiente música grabada en CD. Como una tercera línea de publicaciones están los discos dedicados a compositores individuales, lo cual constituye un importante material complementario a los anteriores, que permite profundizar en el mundo creativo de cada compositor en particular. Entre quienes ya han publicado, a través del FONDART o con el apoyo de otras fuentes de financiamiento, se puede mencionar a Andrés Maupoint, Santiago Vera y Alejandro Guarello. De esta manera, nuestro patrimonio musical está adquiriendo mayor cuerpo, diversificación y proyección en la sociedad chilena e internacional.

En este contexto, bajo el sugerente título de Música de arte, el compositor, musicólogo y guitarrista chileno Jorge Martínez Ulloa recientemente publicó su primer CD (1999), incorporándose así a este importante registro fonográfico de fin de siglo. Se trata de nueve obras de su factura, escritas entre 1983 y 1998, aunque una de ellas está basada en un tema de Violeta Parra. Al tener el disco en la mano llama la atención su carátula, en un vivo color rojo que contrasta con el blanco, acaso haciendo juego con las obras incluidas en el CD: Ojorojo y Tonada trunca para muchacha roja. El diseño presenta imágenes pictóricas del compositor, junto a una serie de bosquejos, textos, diagramas de flujo, algoritmos, códigos geométricos y matemáticos, que corresponden a extractos de las partituras de la música contenida en el fonograma. La diagramación en sí misma es una composición visual que da cuenta del contenido musical del disco.

El trabajo está bien documentado. Incluye una breve biografía sobre Jorge Martínez, junto a una explicación de cada obra y una presentación a cargo de Fernando García A., quien hace una referencia general al contenido musical del CD. Al respecto dice: "Este fonograma es una muestra de Jorge Martínez compositor, quien no tiene prejuicios ni reparos para abordar cada una de sus obras como universos independientes unos de los otros, pudiendo resolver cada caso –si así lo requiere–, desde posiciones estéticas disímiles, con la única condición de no traicionar el presente. Esto da a la muestra una rica variedad en el lenguaje, lo cual sumado a la diversidad de los medios (piano solo, guitarra sola, flauta sola, conjuntos diversos, música electroacústica, música concreta, música electrónica), nos conduce por un mundo sonoro heterogéneo –pero siempre actual– en el que cada cual podrá encontrarse".

Efectivamente, la muestra resulta muy variada, abarcando universos tan diferentes como la música popular, la música docta y concreta, incluyendo obras instrumentales, electrónicas y mixtas, con escrituras desde una polifonía neoclásica a otras de carácter experimental, donde el intérprete también está invitado a crear. Y ello de por sí es provocador, por cuanto se sale de los cánones oficiales de cualquier escuela purista, a cambio de una propuesta que hace pensar en una estética "posmodernista" –con referentes de diferentes órdenes–, que busca dar cuenta de la diversidad de mundos que caracteriza a nuestra época contemporánea. Por ello, el auditor se encontrará con un abanico de posibilidades y aventuras musicales, donde por una parte se escuchan melodías diáfanas que hacen recordar épocas pasadas, y por otras se exploran sonoridades usando una gran gama de recursos instrumentales, propios de los tiempos actuales. Efectivamente, se escuchan glisandos, diversas articulaciones, golpes de lengua y llaves, respiraciones de los propios intérpretes, soplidos, entonaciones simultáneas con el "toquido" del instrumento, etc.

El contenido musical del fonograma es el siguiente: Tema y variaciones sobre un tema de Violeta Parra (1998), para guitarra, a cargo de Romilio Orellana; Forma (1998), para saxo y banda sonora, a cargo de Miguel Villafruela; Tres canciones (1998), a cargo de Tiziana Palmiero (voz), Gabriel Cruz (flauta), Jorge Martínez (guitarra) y Polette Juic (cello); Migraciones (1994) a cargo de Jeff Parker (Tuba); Ojorojo (1983), música electrónica; Leimotiv Nº4 (1993), a cargo de Gabriel Cruz (flauta); Poesía (1998), a cargo de Jorge Martínez (voz recitante); Quid est veritas (1986) a cargo de María Paz Santibáñez (piano) y Tonada trunca para muchacha roja (1992), a cargo de Tiziana Palmiero (voz) y el Cuarteto Sur (Sebastián Leiva, violín I; Florencio Jaramillo, violín II; Claudio Gutiérrez, viola, y Alejandro Tagle, cello). En general, el trabajo de los intérpretes es de primera factura, tanto en la ejecución misma como en la creación que permiten algunas partituras, donde el propio compositor también participa como guitarrista y poeta. Sin embargo en ciertos pasajes de la música vocal, como ocurre en Tres canciones, la voz solista no se escucha cómoda en su registro.

No es fácil emitir un juicio global sobre un fonograma que presenta mundos musicales tan diferentes. No obstante, de alguna manera tiene un carácter biográfico, por cuanto da cuenta de la trayectoria musical y geográfica del compositor, quien vivió 17 años en Europa, donde también se desarrolló como intérprete solista y en grupos de cámara. Asimismo el fonograma da cuenta del oficio de musicólogo de Jorge Martínez, en cuanto a su afán por investgar los diversos universos musicales que nos rodean. Así aparecen motivos de La Tirana, La jardinera de Violeta Parra, el huayno Quisiera ser picaflor de la tradición peruana y, por cierto, los afanes propios de la música experimental del siglo XX. Sin duda se trata de una propuesta atrevida donde cada auditor libremente podrá encontrar su lugar. Lo importante es que Jorge Martínez con este CD se hace presente en la sociedad de auditores chilenos, nos saluda con su música y nos invita a interactuar y a seguir sus pasos en ésta y en futuras publicaciones. Talvez la diversidad sea su sello; no obstante, sus propios trabajos y el tiempo serán los encargados de confirmarlo.

Gabriel Matthey Correa

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