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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.54 n.193 Santiago Jan. 2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902000019300012 

IN MEMORIAM

Gabriela Eliana Pizarro Soto (1932 - 1999)

El 29 de diciembre recién pasado, en Santiago, dejó de existir la folclorista chilena Gabriela Pizarro. Había nacido en Lebu el 14 de Otubre de 1932, sus padres fueron Hortensia, natural de esa ciudad, y Abraham, procedente de Ovalle. Su infancia fue iluminada por las personalidades de su madre, mujer muy activa con estudios musicales en el Conservatorio y gran organizadora del quehacer musical en Lebu, y la de su "nana" Elba González, una cantora popular. Quiso ser maestra. En 1952 debió interrumpir los estudios que cursaba en la Escuela Normal Nº 2 de Santiago por su precaria visión, problema que la acompañaría hasta su muerte. En 1954 la presentaron a Margot Loyola y se integró como alumna oyente de los cursos de folclore musical que ésta realizaba en la Escuela de Temporada de la Universidad de Chile. Este encuentro permitió que en el terreno fértil de su alma germinara y cristalizara su vocación, en lo que sería la pasión de su vida. En 1955 se incorporó al coro de la Universidad de Chile, en el que permaneció seis años. Los estudios de la escuela de temporada le ayudaron a revalorizar la tradición que le había sido trasmitida desde la cuna y regresó a su pueblo para iniciar su primera labor sistemática de recolección en terreno: viajó a Lebu para entrevistar y trabajar con Noema Chamorro y Olga Niño (1956). El repertorio recogido lo utilizó en la actividad del grupo folclórico del coro de la Universidad de Chile, que había iniciado como producto de los cursos con Margot.
Dos años mas tarde (1958), junto con fundar los cursos de folclore en la Casa de la Cultura de Ñuñoa, agrupó jóvenes para la práctica de la música campesina, originando el Conjunto Millaray. Con este grupo realizó una extensa labor de difusión, especialmente en ámbitos populares: las poblaciones de distintas comunas urbanas y rurales, los sindicatos y las escuelas. Al mismo tiempo inició el primero de varios viajes de recolección a la Isla Grande de Chiloé. Comenzó una extensa e intensa labor en radios, viajó por todo el país actuando y enseñando, organizó cursos y colaboró en la formacion de distintas casas culturales. Casó con Héctor Pavez en 1960 con el cual tuvo cinco hijos: Gabriela, Anaís, Valentina, Héctor y Julieta. Desde 1966 realizó docencia en la Facultad de Ciencias y Artes Musicales y Escénicas de la Universidad de Chile, se desempeñó como profesora de guitarra folclórica en la carrera de Instructor de Folclore de la Escuela Musical Vespertina, impartió desde 1968 la misma asignatura en la carrera de Pedagogía Musical y desde 1971 impartió danza folclórica en la carrera de Pedagogía en Danza. En 1969 fue miembro de la Cátedra Colegiada de Folclore de la Facultad. Fue separada de tales cargos en 1973 por el regimen militar, y fue definitivamente exonerada de la Universidad en 1974. Realizó, paralelamente diversos cursos en varias universidades, institutos, colegios e instituciones diversas a lo largo de todo el país. Colaboró en trabajos de terreno con Ercilia Moreno, profesora del Instituto Carlos Vega de Buenos Aires, Argentina.
Con posterioridad a los sucesos del año 1973 el Conjunto Millaray se disolvió. La situación económica y social del momento la obligó a transformarse en cantora popular callejera, ejerciendo principalmente en La Vega y en peñas folclóricas que fructificaron en aquella época. En esta dificil etapa de su vida, sin embargo, viajó por el mundo, por invitaciones de grupos de exiliados para enseñar folclore, presentarse en radio, televisión y recitales en vivo. En cada uno de sus viajes una de sus actividades principales fue el proporcionar repertorio a los conjuntos que sostenían los exiliados.
En 1997 recibió el Premio Municipal del Folclore que otorga la Municipalidad de Santiago y fue designada Hija Ilustre de Lebu.
Se destacó como colaboradora y organizadora de diferentes organismos gremiales y de difusión de la cultura tradicional campesina: fue presidenta de la Asociación Metropolitana de Folclore de Chile (AMFOLCHI) y posteriormente de la Asociación Nacional de Folclore de Chile (ANFOLCHI) y presidenta del Taller de Cultura Tradicional para la Docencia.
Nos legó una producción amplísima y variada. Con el grupo Millaray grabó para el sello Odeón los long-plays: Geografía musical de Chile (1961), Cantos y danzas de Chile (1963), Navidad campesina (1969), Cuecas con brindis (1970) y La ramada (1971). Como solista grabó para el sello Alerce, Folclore en mi escuela (1978) y Canciones campesinas (1982). Grabó en España para el sello FONOMUSIC, Romances de acá y de allá (1986), en colaboración con Joaquín Díaz, folclorista español. Para la Universidad de Chile grabó Romances cantados (1991), en 1987. Autoeditó Canto a seis razones (1987) y Cantos de Rosa Esther (1989), en cooperación con Carmen López. Con el financiamiento y auspicio del Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura del Ministerio de Educación (FONDART) editó sus tres últimas producciones: Veinte tonadas religiosas (1993), Las estaciones del canto (1998) y Veinte cuecas recopiladas por Violeta Parra (1999), fonograma póstumo que no alcanzó a finalizar.
Dejó dos libros: Cuaderno de terreno, apuntes sobre el romance en Chile (1978), autoeditado, y Veinte tonadas religiosas (1993), con el auspicio y financiamiento del FONDART. Tenía en elaboración un tercer escrito titulado Danzas tradicionales de Chile.
También dejó numerosas filmaciones: Cantores populares (1976), cine documental sobre su propia actividad en la Vega Central de Santiago, Delgadina (1978), filmación sobre el romance homónimo, Canto a seis razones (1986), video para el Museo del Trópico de Amsterdam, Holanda, y para el archivo del Instituto de Tradiciones Populares de Valladolid, España; El agua de nieve (1993), video para el programa Equinoccio de la TV española, con motivo del 500 aniversario del descubrimiento de América, y Agencia de Empleos, la fe (1996).
Pero más que su produccíon de soportes físicos, lo que más importa de su legado se encuentra en su producción dentro de los ámbitos sutiles. Fue un mujer consecuente con sus ideas, con su visión de mundo, la que impregnó profundamente su labor en el ámbito de la cultura folclórica. El amor y el respeto al pueblo desposeido fueron su marco de referencia vivencial, la difusión y práctica de la cultura musical campesina fueron sus instrumentos de acción. En medio de la más terrible represión y persecución de las ideas que ella profesaba, trabajó incansablemente con abnegacion, convencimiento y fuerza admirables sin importarle las consecuencias que podrían traerle sus acciones. Se consideraba una artista popular que se debía a su pueblo, a los más desposeidos.
Fue débil físicamente, pero con una gran firmeza para sostener sus convicciones. Tuvo grandes problemas con su visión; a pesar de esto siempre se las arregló para mirar y ver aquello que le interesaba, todo aquello que ayudara al respeto y la dignidad de la cultura popular. Producto de este impedimento físico tenía grandes problemas para movilizarse, a pesar de él siempre llegaba donde quería llegar, donde creía que era necesaria su presencia. De una gran capacidad de entrega y generosidad, participaba aun a costa de no tener el trato mínimo y digno que correspondía.
Respetuosa y con gran capacidad de asombro frente a lo nuevo, apoyaba especialmente todo trabajo creativo que ayudara a rescatar y desarrollar nuestra música y cultura popular. Tenía una gran fineza y delicadeza para entregar sus juicios en torno al arte y la cultura. Su estética penetraba en los elementos sutiles del canto rescatando la sencillez y delicadeza de lo mejor de la cultura campesina, pero agregando elementos que la ligaran a lo actual. En el último espectáculo que presentara en público con una puesta en escena en que mezclaba el canto con la danza contemporánea y elementos de teatro, nos sorprendió con un delicado y fino gesto que permitió conectarnos de manera instantánea con todo el sabor del campo; como inicio de la actuacion entregó a cada espectador una olorosa y verde ramita de albahaca, que inundó rápidamente con su perfume la adusta sala del Centro de Extensión Cultural de la Universidad Católica
Tuvo una permanente actitud positiva frente a los demás, entregando siempre la palabra apropiada, e incentivaba el seguir trabajando. Siempre respetuosa. Jamás le conocí algún gesto de arrogancia o prepotencia. Era, eso sí, de una gran intransigencia y firmeza a la hora de aplicar sus principios y valores. Jamás aceptó en los últimos años de su vida invitaciones a la televisión, pues consideraba que no se respetaba la cultura de los pobres y de los campesinos.
Fue incansable en el trabajo. Previendo su pronta partida, nos anunciaba que el espectáculo Las estaciones del canto (1998) sería el último, pues estaba cansada. No obstante, su pasión por el arte popular la mantuvo ocupada hasta sus minutos finales de lucidez y en su lecho de enferma dio instrucciones para su proyecto sobre la Violeta.
Si bien, dada su fragilidad, pudo pasar casi inadvertida su presencia física en el mundo, todos sus aspectos sutiles y profundos nos harán mucha falta en esta sociedad acostumbrada a lo banal, sin valores trascendentes. Te guardaremos en nuestros corazones. Gracias Gabriela.

Sergio Sauvalle

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