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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.55 n.195 Santiago ene. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902001019500008 

El canto de los niños y la reforma educativa

"De todos los instrumentos que usa la música, el de prestigio más
alto y merecido, el de mayor intensidad de expresión, el primero
de todos en el espacio y el tiempo, es la voz humana" (Jaime
Pahissa. Espíritu y cuerpo de la música).

Hasta 1974 existió en el Ministerio de Educación una Asesoría Técnica de Educación Musical que se encargaba de realizar cursos de perfeccionamiento a profesores, proveer repertorio de canciones y danzas folclóricas a los establecimientos de educación básica de todo el país, como también de proporcionarles materiales y apoyo técnico-pedagógico. Este repertorio incluía, además de lo concerniente a las manifestaciones musicales representativas de las distintas regiones, cánones y canciones a dos y tres voces de autores nacionales y extranjeros, orientados estos últimos a estimular la formación de coros de niños. Así, desde temprana edad, con la práctica del canto y el conocimiento de las expresiones musicales nacionales y de otros países, los niños aprendían a querer la música y amar a su propio país.

Los días lunes se hacía un acto matinal en el patio de las escuelas con asistencia de profesores y de todos los alumnos. Nunca se ha escuchado, después de ese tiempo, más bellamente cantado el Himno Nacional, ni con tanto cariño y respeto. En esas ocasiones también solía oírse en las voces infantiles al unísono o a varias voces otros himnos y canciones a la vida, al trabajo o en celebración de efemérides nacionales. Esos mismos patios, que eran todo música y poesía los días lunes, presenciaron la alegría con que generaciones de estudiantes, niños y niñas, llegaban a jugar con canciones y rondas, muchas de ellas con versos de Gabriela Mistral.

Mientras continuaron haciendo clases los profesores normalistas se continuó cantando en las escuelas. Igual sucedió en la enseñanza media. Allí los profesores de educación musical recibían a los alumnos que llegaban de la enseñanza básica con una avidez y gusto admirables por la música. También, entonces, se cultivaba el canto y se organizaban coros en los liceos, en el marco de una referencia histórico-musical de mayor conceptualización.

En aquel Chile de antaño, en donde la amistad y el compañerismo fluían con el cantar, los niños eran felices.

Todos sabemos que el año 1973 fue el inicio en Chile de una etapa histórica de gran conmoción humana. Posteriormente, con la apertura democrática de la última década, se empezó a gestar una reforma educativa, en marcha desde 1997-98, entre cuyos propósitos sustanciales está la preparación de los estudiantes para enfrentar los desafíos de la economía moderna. Ello acorde con la necesidad de insertarnos como país en un mundo abierto y altamente competitivo. Nadie podría discutir la validez de tal finalidad. Pero sucede que este cambio profundo de la realidad educativa chilena se hizo, al parecer, sin un análisis previo objetivo, psicopedagógico y sociológico musical, de la importancia que la música ha tenido desde siempre en la formación del ser humano y en el desarrollo cultural de los pueblos. Y también es probable que quienes adoptaron las decisiones finales sobre el papel que debía corresponderle a la música en la reforma no tuvieron la sensibilidad musical inherente a tan delicada tarea.

La reforma ha copiado lo nefando que el régimen militar nos legó de su propia planificación educativa, acerca de la educación artística. En la práctica, este error ha significado la casi total eliminación del canto y la música de la enseñanza básica, en la mayoría de los cursos de las escuelas subvencionadas y municipalizadas. Los profesores a cargo de estos cursos, a diferencia de los antiguos profesores formados en las Escuelas Normales, no han sido capacitados convenientemente para impartir la docencia musical. Gran parte de ellos prefieren reemplazar las horas dedicadas al canto y la música por cualquier otro ramo. Con estos antecedentes, muchos alumnos, al pasar de la educación básica a la educación media, se encuentran con la obligatoriedad de optar entre dos asignaturas ­artes plásticas y educación musical­ y, naturalmente, sin la motivación suficiente, sin haber cantado nunca en la escuela, eligen artes plásticas. Pierden los niños y pierde el país no por el hecho de que vayan a estudiar artes plásticas, sino porque el sistema no les posibilita que incorporen la música a sus vidas. La música es universal, pero el patrimonio de la música, como lo expresa Violeta Hemsy, es individual. Ese patrimonio lo están recibiendo casi exclusivamente los niños y jóvenes de familias de mayor capacidad económica. Es deber del Estado velar por que ello no siga ocurriendo.

Hay otras situaciones aparentemente arbitrarias en la reforma en cuanto a la música que, tal vez, debieran ser conversadas directamente por representantes de los pedagogos musicales con las autoridades pertinentes.

El propósito de este artículo no es la defensa de la música por sí misma. Interpretando al sociólogo musical Alphons Silbermann (Estructura social de la música), deberíamos entender que lo que se tiene que defender y salvar no es la asignatura de educación musical en este caso, sino que es al hombre lo que hay que salvar. Y el momento es ahora, en que la enorme cantidad de adelantos técnicos que nos abruman aún podemos encauzarlos "para crear un nuevo sentido para la unidad humana, donde las diferencias de sistemas socio-culturales no tienen que existir necesariamente en relación de inferioridad y superioridad".

Todos los que tienen que ver con alguna forma de liderazgo educativo debieran comprender el poder de la música, y del canto colectivo de manera muy especial, para unir a los hombres. Volviendo a la músico y pedagoga musical Violeta Hemsy de Gainza, ella, en su paso reciente por Chile, afirmó que "el arte musical es una experiencia multidireccional, es una forma de energía, tiene poder sobre la actividad corporal, mental y espiritual. Y cinergéticamente se proyecta hacia un profundo sentido social, científicamente comprobado, con valores que únicamente la música puede otorgarnos" (Violeta Hemsy. Entrevista en programa Punto de encuentro de UCV Televisión).

La actividad del canto de los niños es parte de sus vidas, transcurre en el tiempo de su crecimiento, modelándolos, y si los estimulamos inteligente y creativamente contribuiremos a hacer de ellos seres sensibles no sólo al arte y la belleza, sino para que cuando sean adultos puedan buscar y encontrar dentro de sí la capacidad de vivir intensa y productivamente con amor. "Evidentemente los sentimientos estéticos y éticos están muy vinculados entre sí. Tanto la belleza de la naturaleza como la del medio ambiente cultural son indispensables para mantener la salud moral y espiritual de los pueblos" (Konrad Lorenz. Los ocho pecados mortales de la humanidad civilizada).

Guillermo Cárdenas D.

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