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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.55 n.195 Santiago ene. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902001019500009 

Perspectivas del canto colectivo en nuestra sociedad actual,
como consecuencia de una propuesta de gestión

Cuando se creó la Federación Nacional de Coros de Chile (FEDECOR) en el puerto de San Antonio, V Región, el 7 de enero de 1957 por un grupo de idealistas, verdaderos gestores culturales, cuya influencia aún está vigente, pareciera que este movimiento próximo a cumplir medio siglo de existencia debería estar completamente consolidado en nuestra sociedad, tanto a nivel educativo como en las organizaciones sociales, culturales y laborales. No obstante, la realidad nos indica que lamentablemente no es así.

Cuando asumí la presidencia nacional en noviembre de 1998, lo hice con el apoyo de un reducido pero importante grupo de directores, aun cuando en ese momento existía una corriente de opinión de que FEDECOR estaba superada como una organización válida en nuestro país.

En la oportunidad, antes de la elección, me correspondió presentar una síntesis de las temáticas analizadas durante la última Asamblea General, la cual sirvió de base para la elaboración de mi propuesta de gestión para el período 1999-2000, la que se proyecta para el segundo período 2001-2002. Para poderla exponer como parte de un programa ambicioso, que tiene como objetivo explícito el de posibilitar una orgánica pertinente a nivel país, lo haré basándome en el tradicional análisis FODA, es decir, considerando las fortalezas (F), oportunidades (O), debilidades (D) y adversidades (A) que la realidad y circunstancias actuales implican para una gestión pertinente de la organización.

Fortalezas

La existencia de casi medio siglo, sin duda, permite suponer que la organización posee elementos que la privilegiarían en el contexto cultural musical de nuestro país. Cabe señalar que en cada lugar existe, a lo menos, una agrupación coral. Cada coro tiene sus particulares características, en cuanto a sus integrantes, proyecto de gestión, posibilidades de crecimiento, entre otros.

El coro escolar, por ejemplo, es dirigido generalmente por ese profesor formado en las Escuelas Normales (semilla perenne de la cual nos enorgullecemos), el Profesor de Estado en Educación Musical a nivel de enseñanza media y de destacados maestros atendiendo las selectas agrupaciones de coros de enseñanza superior. En otros segmentos muy importantes se destacan los de tipo laboral, de colectividades, de iglesias, configurando un cúmulo tan rico y diferente como nuestra geografía física y humana.

El conocimiento que se tiene de FEDECOR en organismos internacionales por sus directores y coralistas es otro elemento digno de considerar. Personalidades como Mirta Bustamante, Ruth Godoy, Hilda Ruz, entre otras, representan a la mujer directora. Maestros como Waldo Aránguiz, Guido Minoletti, Guillermo Cárdenas representan al director, a quienes en la actualidad les ha correspondido una notable participación a ese nivel, constituyéndose en embajadores de nuestra cultura coral chilena, tanto en las Américas como en Europa.

Para cimentar estas fortalezas, he planteado como hecho fundamental adherirnos al proyecto "Chile, un país musical", idea fuerza del Consejo Chileno de la Música, organismo rector de nuestras músicas. En respuesta a ello, el fortalecimiento de los coros federados implica la urgente necesidad de hacer un catastro actualizado de los coros de Chile. Esta tarea se debe atender de manera prioritaria e impostergable durante el presente año. (Datos generales, fotos, grabaciones proyectos, entre otros aspectos).

Asimismo, la imagen institucional, la acreditación ante organismos internacionales y el reposicionamiento ante organismos culturales nacionales, regionales, provinciales y comunales, son otras tareas que estamos atendiendo con la constitución de los consejos en cada una de las regiones del país, quienes en conjunto al Consejo Nacional deberán ser capaces de elaborar, ejecutar y evaluar la dinámica coral chilena a mediano y largo plazo.

Oportunidades

La organización político-administrativa de nuestro país favorece el desarrollo de los denominados Consejos Regionales de la Cultura, organismos encargados de generar y ejecutar acciones específicas que abarquen al barrio, a las comunas y a las provincias de su respectiva región.

Gracias a nuestros Consejos Regionales para la Música Coral, la integración a los diferentes organismos culturales permitirá realizar acciones en conjunto de manera sistemática, coherentes y significativas para las propias organizaciones como para su comunidad en las cuales están insertas.

Otro factor importante es la creciente "concientización" de la importancia social y artística que involucra la actividad coral por parte de organismos públicos como privados, posibilitando crecimientos tanto cualitativos como cuantitativos de enormes perspectivas de ella. Para lo anterior es urgente tener una estructura organizativa dinámica, atenta a los requerimientos que surgirán, dando soluciones oportunas y con futuro.

Debilidades

El creciente desarrollo del canto coral en nuestro país ha generado nuevos espacios muy importantes como lo son el laboral, el de iglesias y el de adulto mayor, entre otros, los que necesariamente habrá que atender con efectividad .

Algunas organizaciones, como la Sociedad Coral de Profesores de Chile (SOCOPROCH), la Corporación Sociedad Coral Universitaria, la Asociación Coral de Antofagasta, de la Carretera Austral, de los Coros Municipales, entre otras, presentan acciones específicas, produciendo una aparente "anarquía organizacional" a nivel global del país.

La propuesta de crear un consejo coordinador bajo el patrocinio de FEDECOR tuvo una aceptación parcial en la reunión constitutiva realizada en abril de 1999. La falta de recursos económicos imposibilitó concretar acciones comunes en el área del perfeccionamiento, publicaciones, grabaciones y festivales a niveles regionales, nacionales e internacionales. Sin embargo, debilidades como las descritas anteriormente, con el tiempo, pueden transformarse en fortalezas, dependiendo de una actitud integracionista de todos los organismos involucrados, posibilitando acciones comunes como el Calendario de Música Coral Anual. Se solicitó al Consejo Chileno de la Música incorporar en su Calendario Musical Chileno como día del canto coral el 21 de agosto de cada año, fecha ésta que marca un hito trascendente en la vida coral chilena: es el aniversario del fallecimiento del maestro Mario Baeza Gajardo, insigne gestor, entre otras personalidades, del movimiento coral chileno. La solicitud fue aprobada en la Asamblea de Verano 2000 del Consejo, siendo ese mismo año celebrada por primera vez con encuentros y conciertos corales en el país.

Adversidades

La principal adversidad que la organización coral chilena ha tenido "históricamente" es una característica del mundo actual: el individualismo. Ello ha provocado enormes perjuicios al desarrollo de la actividad, no permitiéndole un crecimiento de manera sostenida. El cómo el proyecto individual (ya sea a nivel del director o de la agrupación coral) puede integrarse en uno de mayor dimensión, con otros que presentan similitud de objetivos o actividades, permitiendo una optimización de los recursos siempre escasos. La tarea es cambiar la perspectiva propia a una de país.

La carencia de patrones organizacionales, con sus diferentes "juegos de roles" entre los propios integrantes de un determinado coro: director, directiva y coralistas, e incluso a la organización a que pertenece, es otro factor negativo. La tarea es provocar la necesidad de tener reglas claras al interior de cada agrupación, que le permitan funcionar y proyectarse con solidez en el tiempo.

La urgente creación de un código de ética profesional del director de coro que regule su ejercicio no ya desde una perspectiva de "mero oficio", sino con todas las características que su rol artístico involucra en la sociedad actual.

La dignificación laboral del director pasa también por planteamientos del factor económico de su desempeño, debiéndose estipular explícitamente aranceles de acuerdo a contextos específicos (coros laborales, estudiantiles, otros). Esta falencia ha provocado que directores deban asumir trabajos a veces en más de cinco coros, deteriorándose con ello el perfil de un trabajo serio, responsable.

La aparición de verdaderos "consorcios laborales" es otro síntoma decadente. No obstante, la creación de nuevas fuentes laborales para el director de coros, dignamente remunerado, cautelando que no se provoquen abusos, es muy relevante. Aspectos como los descritos anteriormente deben constituir un cuerpo regulador de nuestra labor profesional.

La incomunicación en un mundo interconectado constituye una paradoja en nuestra realidad actual. El desconocimiento del paradero, actividad laboral y proyectos específicos entre los directores han entorpecido la oportuna comunicación y valoración del quehacer del director de coros, desde los niveles comunales al internacional.

Otra adversidad es el afán natural de destacarse en un mundo competitivo, deshumanizante, lo que ha provocado una enfermiza autosuficiencia y peligroso aislamiento. La "entropía" afecta a toda organización que no se relaciona con el otro, que no comparte, que no se nutre de las buenas experiencias. Nuestro movimiento no está ajeno a ella. Es necesario crear y fortalecer nexos institucionales con las demás organizaciones que tienen relación con la cultura en todas sus expresiones, siempre con espíritu participativo y transparente.

En el discurso inaugural del reciente I Festival Nacional de Jóvenes, realizado en Santiago en noviembre del año pasado, expuse la preocupante realidad que está afectando al movimiento coral: la existencia cada vez más reiterativa del llamado "coro virtual".

Creo oportuno reiterar esta preocupación que se basa en la existencia de agrupaciones que han surgido con interesantes propuestas interpretativas y de un nivel extraordinario en cuanto a calidad de voces. Es una de las consecuencias de la modernidad que privilegia a quienes por oportunidades, como financiamientos especiales, eventos trascendentes entre otras, pueden ofrecer un espectáculo digno de destacar. Pero ese coro no es producto de un trabajo sistemático con integrantes permanentes, sino producto de la ocasionalidad, creando una falsa imagen del nivel coral que puede alcanzar una agrupación normal.

Es un deber destacar a aquellas agrupaciones que en base a un proyecto sistemático, con integrantes que se identifican con su agrupación, desarrollan su actividad artístico-musical. La rotativa de integrantes produce un efecto similar al que desarrolla un director que debe atender a más de tres coros simultáneamente.

Por lo expresado, se puede inferir que son más los desafíos que las bondades. Sin embargo, aparece el verdadero espíritu de servicio, con esfuerzos muchas veces no recompensados, pero que posibilitan el fortalecimiento de ideales como el de contribuir para hacer de Chile un país musical. El desafío está planteado.

Eduardo Torres Zúñiga

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