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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.55 n.195 Santiago ene. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902001019500019 

Octuor de Violoncelles. CD digital. Octeto de violoncellos de la ciudad de Beauvais. Transes Européennes. TE 013. París.

Bajo el sello artístico de Transes Européennes y con la intención de presentar una colección musical que integre la existencia de las culturas con sus múltiples resonancias musicales, ha salido al mercado este disco compacto con obras de Heitor Villa-Lobos (Brasil), Arvo Part (Estonia), Pierre Boulez (Francia), Pascal Dusapin (Francia), Edmundo Vásquez (Chile), Jean-Charles Capon (Francia) en el que se muestran las virtudes del violoncello como instrumento que evoca melancolía, fuerza, brillo y elegancia bajo el tapiz del lenguaje musical contemporáneo.

Con su inconfundible pluma magistral, Villa-Lobos muestra en la Bachiana brasilera N° 1 (1938) el embrujo del ritmo y la suntuosidad melódica que se abrazan en una amplia gama sonora de un conjunto de violoncellos dentro de una infinitud de posibilidades técnicas. Mantiene el admirable sabor de la sensualidad y en las frases lentas recoge la profundidad expresiva de la sutileza que caracteriza al violoncello. El ensemble orquestal logra reconstruir la atmósfera de Bach. Se aprecia en los espacios de la introducción, Embolada, una evocación de una canción popular brasileña; el preludio Modinha designa una canción popular de Portugal. El tema principal es una melodía amplia con aire lamentoso. El final es una fuga, Conversa, que evoca una conversación entre los instrumentos de cuatro músicas populares, tal como sucede en una fuga a cuatro voces. El lenguaje está cargado de belleza y contemporaneidad, manteniendo al oyente sumergido entre Occidente y el abrazo del Caribe.

Fratres (1977) es la obra de Arvo Part, quien se expresa mediante una arquitectura sonora de gran simetría. Logra un equilibrio entre el sentimiento y la austeridad. Los espacios temáticos son separados por golpes percutidos de color casi ancestral que preparan la atmósfera sonora para el surgimiento de una música progresiva. Mediante una dinámica en juego, la música se atreve a resonar sobre la espiritualidad más profunda.

Pierre Boulez suena en su obra Messagesquisse (1976). Con la forma orquestal de un grupo concertante y un violoncello solista, reproduce esferas sonoras con perspectivas de color contrarias y contrastantes. Se aprecia el frenesí y la impetuosidad sonora lograda por la yuxtaposición de efectos sobre el instrumento que, con una voz apretada, expresa su fuerza vital. El sonido se extiende a espacios opuestos y se buscan sonidos metálicos que sugieren el caos de la modernidad. Una obra de bastante envergadura que se enriquece por los elementos de la tecnología actual.

Loop (1996) escrita por Pascal Dusapin, se exhibe en una pulsación sonora de registro grave con semejanza a una percusión profunda. Los registros extremos del timbre del violoncello producen una sensación de fuerza y poder. El lenguaje de la concordancia vibracional de los efectos técnicos sobre el instrumento reproducen distintos brillos que acentúan la atonalidad reinante. El repliegue sonoro del vaivén de polaridades en las notas produce agitación y movimiento. El oyente se introduce en el ámbito de un organismo vivo que está impregnado de una magia especial que hace aflorar un sentimiento de vitalidad. Elementos como juegos de glissandi, golpes de ponticello, frotar con firmeza el arco, alternancia de registros entre lo más grave y lo más agudo, son los modos en que el autor busca conmover toda pasividad intelectual del escucha.

Edmundo Vásquez con su obra Migration (1996) narra el drama, el dolor, el decaimiento de los hombres que sobreviven en un espacio vital restringido. El discurso se despliega mediante complejos polirrítmicos de las distintas voces y una sonoridad que se disuelve entre la calma y la agitación. Se aprecia un ambiente espacial dibujado por las células rítmicas que se mezclan a una distancia de quintas y cuartas justas, al ser repetidas en ostinato permanente. El velo de la sutileza mezclado con la irreverencia de la disonancia, se conjugan para recrear una sonoridad cargada de abstracción y fuerza expresiva.

La producción se cierra con la obra de Jean-Charles Capon llamada A tempo (1992). Está escrita en tres movimientos. Juega de manera brillante sobre las cuatro octavas de la tessitura del violoncello, y genera, por cierto, la estereofonía natural de los violoncellos que se visten de jazz. Es la recreación de la vida y la emoción hechas sonido. Riqueza rítmica y abundancia de color melódico son los elementos que resuenan sobre el auditor, dejando un sabor a modernidad que aflora desde la innovación, pero que aún se complace en la simpleza sonora. Cuando el compositor exhibe una melodía la deposita en una armonía fluctuante con rasgaduras del timbre del violoncello. Originalidad en la exploración técnica del instrumento y pulcritud en su lógica musical, son los hilos que sumergen al oyente en una experiencia de magia y color sonoro. La calidad de este trabajo es inconfundible, es el riesgo para un público que juega con su intelecto y se enlaza con lo contemporáneo mediante la grandeza del violoncello, que se exhibe sabiamente en la imaginación de los compositores.

Diana Gutiérrez Toro

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