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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.56 no.197 Santiago Jan. 2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902002019700001 

Editorial

La presente edición de nuestra revista incluye, tanto en los trabajos centrales como en la tribuna, aportes en torno a prácticas musicales cuyos elementos provienen de etnias que constituyen elementos fundantes de nuestra población, como lo son amerindios y afroamericanos. Si fuese el caso de músicas indígenas del Ecuador o negras de Colombia, no nos sorprendería tanto como comprobar que los trabajos de Mercado (Chile) y de Cirio (Argentina) dan cuenta de remanencias de prácticas musicales en países que tradicionalmente han ignorado el reconocimiento de tal patrimonio étnico.

En ambos casos son prácticas vigentes y, por lo mismo, constituyen otro aspecto que permite valorizar estos estudios. No se trata de noticias remotas sobre una música que una vez fue, sino que se trata de músicas de minorías sociales y étnicas actuales, que arrastran consigo un tiempo histórico del que el resto de nuestras sociedades parece ya haberse desprendido, perdiendo con ello la dimensión más vívida y esencial de la práctica musical: la ritual.

En ambos trabajos es posible advertir que los casos abordados se sustentan en un proceso histórico común, cual es la evangelización de nuestra población amerindia y negra, proceso interrupto y dinámico que llega a constituir formas de religiosidad popular, en las que se percibe un importante grado de autonomía que la iglesia ya advertía a comienzos de la colonia y que intenta dominar hasta nuestros días.

Pero estos aportes, más que en la historia, se sustentan en la etnografía, en donde a menudo la palabra es la de los propios cultores, a pesar que las estructuras profundas no siempre aparecen conscientes en sus discursos. Revelan los dos trabajos sensibilidades y aproximaciones diferentes que, de cierta manera, pueden ilustrar los ya clásicos enfoques émicos y éticos. Así, mientras el artículo de Mercado evidencia una apasionada valoración de los bailes chinos y una decidida denuncia a los intentos hegemónicos de la autoridad eclesial "desde dentro", en la que "prima el sentimiento de pertenencia que me da el ser chino desde hace ocho años, por sobre el de ser antropólogo", según sus palabras, el de Cirio constituye un cabal ejercicio de descripción e interpretación que sólo es posible desde una observación externa que le permite determinar, incluso, una tripartición analítica de "lo que la gente hace, lo que la gente dice, y lo que la gente dice que hace" pudiendo considerarse su escrito, entonces, como "lo que el autor dice de lo que la gente dice que hace".

Ambos enfoques etnomusicológicos, solo en apariencia constituyen modelos antagónicos y no hacen más que evidenciar los diversos grados de subjetividad y preconcepción del interpretante, que ya Gadamer a comienzos de los sesenta se encargará de absorber, señalándola como nuestra única y real oportunidad de comprender. Son muestra, además, del estado de la producción etnomusicológica de una nueva generación de investigadores en nuestra área sudamericana.

Por su parte, la Tribuna recoge dos visiones referidas al fenómeno cultural que constituye el Festival de Música Renacentista y Barroca Americana Misiones de Chiquitos, que se realiza bienalmente en los pueblos misionales de Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, y a la que acuden centenares de músicos provenientes de diferentes países con la finalidad de recrear el repertorio colonial americano y preclásico europeo en general y las obras correspondientes a esas misiones jesuitas en particular, conservadas en el Archivo Musical de Chiquitos, en el pueblo de La Concepción. Estos puntos de vista corresponden a su tercera versión, que tuvo lugar en agosto del año 2000 y que fueron formulados en tal fecha a distintos medios de comunicación bolivianos como reacción espontánea e inmediata que frente al evento tuvieron los músicos Cergio Prudencio (boliviano) y Víctor Rondón (chileno). El primero, desde fuera del evento ­una vez más se repite la dicotomía análoga a los artículos centrales­, plantea una vehemente crítica a aspectos ideológicos del festival, basado en información proporcionada por la televisión y la prensa escrita, por su supuesto carácter colonialista y atentatorio de la cultura indígena local. El segundo, desde el interior del evento, reseña algunos aspectos de pertinencia musicológica respecto de ciertos procesos culturales ­tales como la irrupción sincrónica del historizante término 'barroco' y los universos musicales paralelos del habitante chiquitano actual­ que el festival pareciera haber contribuido a provocar en la población local.

Tanto estos dos puntos de vista, como las investigaciones centrales, resultan complementarios respecto de problemas más generales en nuestra área, tales como "patrimonio musical e identidad", "música, ideología y poder", "música, ritualidad y comportamiento festivos populares" por sólo mencionar tres cuestiones cuya discusión en el medio de los estudios culturales, en donde la investigación musical aún puede alcanzar un rol de mayor preponderancia, resultan vigentes, pertinentes y urgentes, toda vez que ya el tema de la globalización pareciera haberlos dado por agotada.

V. R.

 

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