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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.56 n.197 Santiago ene. 2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902002019700016 

Jóvenes músicos para nuevos compositores. CD. Orquesta Moderna, dir. Luis José Recart, Cuarteto de Guitarras Ritmato y Nicolás Láscar, percusión. Santiago: Instituto Profesional Escuela Moderna de Música, EM 004; Ministerio de Educación, Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura (FONDART), 2001.

Desde su fundación en 1998 la Orquesta Moderna se ha caracterizado por un claro interés en difundir música chilena y latinoamericana, generando así importantes espacios al amparo del Instituto Profesional Escuela Moderna de Música, su teatro y su sello discográfico. En ésta, la cuarta producción del sello, la Orquesta Moderna centra su afán en seis jóvenes compositores chilenos, cinco de los cuales han sido formados en el Instituto Profesional Escuela Moderna de Música, en la carrera de Especialista en Composición y Arreglos en Música Popular. Llama la atención el hecho de que dichos autores, habiendo sido formados académicamente en el área de la música popular, se desenvuelvan cómodamente en un medio instrumental y estilístico propio de la música docta.

La música de estos compositores es de expresión muy personal, con un correcto dominio de los aspectos técnicos, formales y de recursos, como el contrapunto (a pesar de la juventud de los autores), el procedimiento que requiere de un estudio paciente y un tiempo de decantación que, a veces, la natural impetuosidad juvenil no tolera.

El disco debe escucharse, en el orden original en que se suceden las obras, ya que se percibe una curva de tensión que le otorga al conjunto un atractivo adicional, aparte del valor de cada obra por separado. Pensando en esa dinámica es que han surgido las siguientes reflexiones al escuchar las obras según aparecen en el disco.

Canción de Piedra, de Jorge Andrés Costa (1977), es una buena opción de apertura para un registro de larga duración. Se trata de la primera incursión de este compositor en el formato de orquesta de cuerdas, en un lenguaje tonal expandido. Es una composición en dos movimientos, de ambiente íntimo, con ecos de post-romanticismo e impresionismo, donde se vislumbran la influencia de Leng y Rifo, maestro directo de todos los compositores del Instituto Profesional Escuela Moderna incluidos en el fonograma. Le sigue Canción Invernal, de Mauricio Yazigi (1977), obra en tres movimientos que continúa la línea general planteada por Costa, aunque obviamente afloran aspectos personales que los diferencian. Yazigi destaca cambios de atmósfera, principalmente a partir de variaciones de tempos y carácter. En su tercer movimiento se destacan sutilmente algunos recursos tomados de la música popular, como ciertas cadencias características y elementos rítmicos, lo cual delata la formación del autor en el área popular y guitarra flamenca.

En Tres Movimientos para Orquesta de Cuerdas, de Sebastián Errázuriz (1975), la presencia de lo popular se hace más evidente. Ritmos valseados, ostinatos y un lirismo directo son elaborados a partir de la estilización propia de la música de concierto. Especialmente interesante es el tercer movimiento, que destaca una referencia a Piazzolla en combinación con procedimientos contrapuntísticos.

Díptico, de Sebastián Rehbein (1975), es la siguiente obra, estructurada en dos movimientos. Desde los primeros compases del primer movimiento se nota un cambio de mano y sensibilidad. Su fuerza emerge de ostinatos en 6/8, rematando en apoyos rítmicos gracias a la cuerda percutida. El extenso segundo movimiento destaca en su parte central sendos solos de cello y violín, que alternan con las secciones extremas, de carácter más movido.

En la obra de Javier Farías (1974), Concierto para cuatro guitarras, percusión y orquesta de cuerdas, el cambio de timbre es evidente. La orquesta de cuerdas ahora acompaña al cuarteto de guitarras, secundado por la percusión. Cabe destacar que el propio autor integra el ensamble de guitarras que participa en la grabación. De acuerdo al esquema tripartito, el movimiento central es un intermedio a cargo del cuarteto. Los movimientos extremos se caracterizan por la vitalidad rítmica y la particular amalgama lograda con la integración de las guitarras al resto del conjunto. De especial interés es el tercer movimiento, rico en ambientes y efectos conseguidos por los ritmos usados y las combinaciones de timbres entre guitarras, percusión y orquesta.

El disco culmina con la obra Tres visiones de un zikuris atacameño, de Carlos Zamora (1968). La obra de Zamora (compositor formado en la Universidad de Chile) representa el retorno a la sonoridad exclusiva de la orquesta de cuerdas y, además, otro cambio de mano en la composición, ya que abunda en elaboraciones y transformaciones a partir de la pentafonía nortina. Su único movimiento está dividido en tres secciones claramente diferenciadas, que nos revelan a un compositor maduro, en pleno uso de sus capacidades y recursos, que a ratos nos recuerdan el portentoso legado de Silvestre Revueltas y Carlos Chávez.

Álvaro Menanteau

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