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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.57 no.200 Santiago July 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902003020000001 

Revista Musical Chilena, Año LVII, Julio-Diciembre, 2003, N° 200

Editorial

Sergio Ortega Alvarado, el recordado músico chileno, nació el 2 de febrero de 1938 y falleció el 16 de septiembre de 2003.

Entre 1963 y 1967 trabajó como músico y compositor del Instituto del Teatro de la Universidad de Chile (ITUCH). De esta labor surgió una importante serie de obras de música incidental, para piezas de teatro, de las cuales dos -Romeo y Julieta de 1964 de Shakespeare y Fulgor y muerte de Joaquín Murieta de 1967- las trabajó directamente con nuestro gran vate y Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda, una de las luces inspiradoras de su música y la de tantos otros compositores chilenos.

En el antiguo Conservatorio Nacional de Música, antecesor del actual Departamento de Música y Sonología de la Facultad de Artes, Sergio fue estudiante del notable maestro Gustavo Becerra, quien junto a Roberto Falabella fue un referente basal de su formación como creador y de su quehacer como combativo dirigente estudiantil, encargado del archivo del Instituto de Extensión Musical (IEM) y profesor de la Facultad. De ahí pasó a ser, entre 1970 y el 11 de septiembre de 1973, director del entonces Canal de Televisión de la Universidad de Chile.

En su archivo sonoro, nuestra Facultad de Artes conserva un tesoro de sus obras, las que constituyen una muestra de los repertorios musicales cultivados por tantos creadores de la vibrante época de los 60 y los 70. Junto a obras instrumentales de cámara, tales como el galardonado Sexteto de 1966, o instrumentales de cámara con voz, entre ellas Primeras noticias de mi muerte de 1968, con textos del poeta magallánico Marino Muñoz Lagos, están sus «cantos de calle», como es el caso de la Marcha para los mineros del carbón de 1970, para tenor y piano, o en una dimensión más compleja La fragua de 1972, un «canto para los chilenos», dedicado a los 50 años del Partido Comunista de Chile, su partido, junto a obras corales, como el también galardonado El viejo gallego trueba de 1968 y muchas otras obras, entre las que destaca su Vals peruano de 1962 y el Bossa nova de 1963, proféticas en su mixtura de lo docto y lo popular.

Junto a tantos otros músicos chilenos, compositores, intérpretes, directores de orquesta y coro, musicólogos y educadores, Sergio sufrió el exilio. En su caso Francia fue el país que lo acogió con una solidaridad admirable, junto a numerosos otros chilenos. Desde Francia, Sergio se proyectó al mundo como creador de géneros mayores, como es la ópera-de la que hemos podido recientemente apreciar en Chile Fulgor y muerte de Joaquín Murieta, que surge en parte de la música incidental escrita para nuestro ITUCH en 1967- hasta llegar a ser uno de los más importantes compositores chilenos que cultivara este género. Fue además profesor del Taller Recabarren y de la Escuela Nacional de Música de Pantin. Por sobre todo, fue un hombre imbuido de la más profunda solidaridad hacia quienes golpearon su puerta parisina en busca de cualquier tipo de ayuda.

Más allá de su valor como hombre y de su labor como artista, Sergio participó de uno de los grandes paradigmas de su época, la postura ética inclaudicable de solidaridad ante el hombre y la sociedad, no doblegada jamás por ninguna circunstancia adversa, de las muchas que le afectaron.

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