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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.57 no.200 Santiago July 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902003020000007 

Revista Musical Chilena, Año LVII, Julio-Diciembre, 2003, N° 200

Fernando García, maestro. Testimonio de sus ex alumnos

Por
Cristián Guerra Rojas

1. INTRODUCCIÓN Y UN PRIMER TESTIMONIO.

En el momento de reflexionar acerca de las facetas que Fernando García Arancibia presenta como académico, su trabajo como docente ocupa un lugar fundamental. Sin embargo, a diferencia de sus facetas como compositor o como musicólogo, no existen, o al menos no hemos encontrado, trabajos o aproximaciones hacia este aspecto específico. Por esta razón, para este número especial de la Revista Musical Chilena, tomamos la decisión de abordar a Fernando García como profesor, como maestro, a través del medio que nos parece más directo y humano, esto es, el testimonio de profesionales de la música que han sido alumnos suyos. Con este propósito, hemos resuelto enfocar nuestra indagación entre los estudiantes que cursaron asignaturas impartidas por el maestro García en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Sería muy interesante, ciertamente, recoger en otra ocasión testimonios procedentes de otras instituciones e instancias, dentro y fuera de nuestro país, que aporten a este tema.

A nivel de pregrado, Fernando García se ha desempeñado como profesor de las asignaturas de Análisis de la Composición (1969-1973), de Audición Dirigida (1970-1973) y de Música Chilena (1990-1997), denominada posteriormente Música en Chile y América (desde 1998). Cabe señalar que todos los estudiantes de las menciones de Teoría de la Música, Interpretación y Sonido deben cursar la última asignatura mencionada. A nivel de postgrado, ha impartido el curso de Música en Chile para el programa de Postítulo en Gestión y Administración Cultural mención Música y pertenece al claustro académico del programa de Magíster en Artes mención Musicología. En esta última dimensión lo ha conocido el autor de estas líneas, el que tuvo el privilegio de tener a Fernando García como profesor guía de su tesis La práctica musical en las iglesias bautistas de Chile, defendida exitosamente en 20021. Y precisamente dejo en este punto el plural mayestático para contar mi propio testimonio al respecto.

Debo confesar que al presentar mis primeros esbozos de lo que sería mi proyecto de tesis al ingresar en el programa de Magíster en Artes mención Musicología, no estaba seguro si encontraría demostraciones de interés específico en ese tema por parte de alguno de los académicos que en ese momento constituían el claustro del programa. Sin embargo, para grata sorpresa mía, el maestro García manifestó dicho interés y así tuve la oportunidad de contar con un profesor guía casi desde el comienzo de aquella aventura académica. Posteriormente, a medida que el proyecto maduraba y yo recibía, por otra parte, más responsabilidades docentes que limitaban cada vez más mi tiempo, Fernando García tuvo una gran paciencia para esperarme y en ningún caso recibí presiones para apresurarme, de hecho me bastaba con las presiones y remordimientos que yo mismo me generaba.

Finalmente, al presentar la primera edición de la tesis, un gigantesco volumen de 700 páginas, encontré en el maestro García un revisor y consejero de primera línea. No sólo tuvo la paciencia de esperarme, además la tuvo para leer íntegra y meticulosamente aquel volumen y hacerme sugerencias de todo orden, desde el cambio de una mayúscula o de una coma hasta planteamientos globales sobre la estructura del trabajo. Y lo más importante es que en todo momento manifestó respeto por mi integridad como investigador-aspirante-a-musicólogo. Pese a todas las falencias de aquella primera edición me felicitó por el trabajo realizado y sus sugerencias fueron precisamente eso, sugerencias, recomendaciones que, por supuesto, recogí y me condujeron a la redacción final y definitiva de mi tesis. La buena acogida y la buena calificación que recibió mi tesis, reducida a un texto de 600 páginas en dos volúmenes, las debo en gran medida, no me cabe duda, a las recomendaciones de mi profesor guía.

Presentado mi testimonio, expongo a continuación algunos testimonios recogidos de otros ex alumnos de Fernando García y un comentario final para esbozar los rasgos que definen su faceta como profesor.

2. ALGUNOS TESTIMONIOS BREVES

Raúl Alarcón, Florcita Motuda, cantautor de destacada trayectoria. Fue alumno de Fernando García en el curso de Audición Dirigida (Composición) en 1970.

En aquella época la universidad era gratuita y podíamos estudiar libremente allí. Con él escuchábamos música de concierto, música sinfónica. Pero éramos un grupo de "rebelditos", que nos preguntábamos: Si toda esta música clásica, con sus melodías y armonías, tiene sus orígenes en la música popular europea, ¿qué tipo de música podría evolucionar a partir de la música mapuche? Y eso le planteábamos porfiadamente a García. Él nos escuchaba, pero igual hacía su clase. En cambio, nuestra inquietud se satisfacía en parte en la clase de Gonzalo Toro Garland acerca de problemas de la cultura y sobre todo con María Ester Grebe, en cuya clase nos hacían escuchar músicas de distintas etnias.

Sin embargo, de las clases de García me quedaron nociones de toda esa música docta europea, sobre todo su sonido y algunos temas. Por ejemplo, en una producción realizada el año pasado con orquesta sinfónica, hice un arreglo de mis canciones Gente y Pobrecito mortal donde incorporé trozos melódicos de obras clásicas, como la "Danza de los cisnes" de El Lago de los cisnes de Tchaikovsky. Por otro lado, sé que ahora García hace la asignatura de Música en Chile y América, donde los estudiantes pueden hacer trabajos con la música que les interese, sea docta, popular, étnica o folclórica. Creo que por ahí quedó algo de nosotros y nuestra inquietud por saber de otras músicas diferentes.

José Pérez de Arce Antoncich, investigador musical y museógrafo. Fue alumno de Fernando García en el curso de Audición Dirigida (Composición) en 1970 y de Análisis de la Composición en 1972.

Con los años transcurridos, mis recuerdos son algo vagos. Tuve clases con García entre 1970 y 1973. Recuerdo los cuestionamientos latentes acerca de la música, la preocupación por buscar la raíz frente a la influencia europea. Yo escuchaba rock y tenía un grupo con Eduardo Opazo y Joaquín Eyzaguirre. Había clases donde se abrían las discusiones. En mi caso, recuerdo mi impresión con Ummagumma de Pink Floyd y un disco de Terry Riley. Era un grupo muy heterogéneo de intereses musicales, una verdadera olla de grillos. Recuerdo que debíamos estudiar piano y cuestionábamos por qué el piano debía ser el "rey" en la base de nuestra formación. Aparte de eso, estaba todo el tema político.

En ese contexto, García hacía clases de Audición Dirigida y de Análisis de la Composición, quizás una vez a la semana. Se trataba de un panorama de la música, presentaba ejemplos, veíamos la estructura de las obras. Recuerdo que él me ayudó, a través de sus clases, a enfrentar ese universo musical, nos dio herramientas para abordar un material musical nuevo, extraño para mí y para varios. Lo recuerdo alegre, vital, muy preciso al mismo tiempo, clases gratas y agradables, él paseándose por la sala y hablando. Antes de sus clases, yo escuchaba música como cualquier hijo de vecino. Él nos enseñó a definir el objeto musical y su articulación, respecto a lenguajes conocidos y otros que no lo son tanto.

Bárbara Osses Alvarado, Licenciada en Música y académica del Departamento de Música y Sonología de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Fue alumna de Fernando García en el curso de Música Chilena en 1996.

Bueno, mis recuerdos son de una persona seria pero no grave, responsable. Un punto muy importante es que siempre llegaba temprano a la clase, estaba siempre antes de las 8:30 y eso no es un detalle menor. El curso se llamaba Música Chilena, pero la primera clase abordó toda Latinoamérica. Se habló de Bolívar, de distintos instrumentos étnicos que aún sobreviven, de cosas que no conocíamos y muy sencillas. Él no se quedaba en un campo estrecho, siempre abarcaba más.

Otra cosa bella que recuerdo es que para una clase él llevó un libro de pintura, para ampliar nuestra cultura. En el fondo, es una persona que le interesa abarcar distintas áreas. Lo que más aprendimos fue la parte de la historia del movimiento chileno docto correspondiente a la generación de Domingo Santa Cruz y los que lo rodearon.

Yo hice un trabajo final sobre folclore, nos tocó tratar algunas danzas como el Cuando y exponer lo que realizamos. Eso me pareció entretenido y didáctico para nosotros, como también escuchar a otros alumnos presentando temas que él o ellos habían planteado. En síntesis, un excelente profesor muy responsable.

Milena Viertel González, Licenciada en Artes con mención en Teoría de la Música, actualmente es alumna de la mención en Teoría General de la Música. Fue alumna de Fernando García en el curso de Música en Chile y América en 1999.

Fernando García destacaba mucho por su humildad. Era una persona que en clases trataba a cada uno como un igual. Siempre desde ese lugar demostró gran interés por la música chilena, un gran pedagogo, a mí siempre me satisfizo. Tenía una personalidad muy especial, hacía de sus clases algo muy entretenido. Un gran aporte de un gran maestro.

Recuerdo que indagaba mucho en la música étnica y en el concepto de la música docta. Quizás eché de menos otro tipo de música, no étnica y tampoco académica. Sin embargo, al final del curso se dio libertad absoluta para elegir un tema. Yo elegí el jazz en Chile, recuerdo que otros trabajaron sobre la guitarra campesina y aún otros sobre otros temas. Ese fue el momento de apertura hacia otro tipo de tendencias. Y no sólo escuchábamos música chilena, sino de Latinoamérica.

Me hubiera encantado que el curso hubiera sido más extenso, con más horas, más tiempo. Quedé con gusto a poco, me hubiera gustado tener más clases con él, tener más información, conocer más música chilena.

Francisco Miranda Fuentes, Tecnólogo en Sonido, con Postítulo en Restauración del Patrimonio Cultural Mueble, encargado del Archivo Sonoro de Música Chilena de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Fue alumno de Fernando García en el curso de Música Chilena en 1994.

El maestro García empieza a aparecer en mi vida en la Universidad de Chile como profesor de Música Chilena. Su asignatura era como un viaje a través del tiempo donde se hacía una detallada incursión por la música chilena desde sus comienzos. A través de clases explicativas y teóricas o trabajos de investigación que realizábamos y exponíamos, teníamos acceso a esta música que para la mayoría era desconocida. Estábamos familiarizados con la música universal y con él por primera vez tomamos contacto con nuestras raíces en la música culta y no sólo en la música folclórica, y con músicos como Leng que produjeron gran cantidad de obras aunque fueron profesionales en otras áreas.

Con su capacidad histriónica nos hacía viajar desde Chile por América. Sabemos que él ha viajado por diversas razones y ha conocido gran parte de América desde el punto de vista de músico. Esto es importante porque no tienes delante sólo a un gran profesor, sino a un músico que hasta hoy está produciendo.

Todo ese conocimiento me permitió entender mejor la tarea que yo desarrollaría acá, en el archivo del Centro Tecnológico, desde que fui ayudante hasta mi actual responsabilidad. Con sus clases realmente pude empezar a imbuirme de este tipo de trabajos y creo que fueron la mejor introducción a estos conocimientos y a la música que conservamos en este archivo. Él fue muy claro respecto a la presentación de la génesis de este movimiento, expuso las leyes que respaldaron el establecimiento de instituciones como el IEM. Me permitió asumir tanto el aspecto técnico como el artístico de mi trabajo. Yo no me defino como músico propiamente tal, por opción individual estoy abocado más al cruce de lo tecnológico y lo artístico, pero aún así el profesor García ha podido, de un modo ágil, agradable y convincente, desarrollar un tema árido en la mentalidad de jóvenes que traen una estructura clásica. Más aún escuchando sus composiciones, sus anécdotas, se puede tener una idea más clara y una conciencia mayor sobre la música chilena contemporánea.

Es un gran artista, académico y consecuente con sus ideas. Todo su quehacer ha tenido que ver con una línea que nunca ha abandonado. Su ejemplo es muy entendible. Es una persona muy carismática y tiene una gran cualidad que lo pone por sobre toda vicisitud, él puede manejarse sin la carga de sus malos recuerdos. Es un músico de primera línea.

Rodrigo García González, Licenciado en Artes con mención en Sonido, académico del Departamento de Música y Sonología y Coordinador del Centro Tecnológico de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Fue alumno de Fernando García en el curso de Música Chilena en 1992 y en el programa de Postítulo de Gestión y Administración Cultural mención Música en 1997.

Fui alumno de él tanto en Música Chilena como en el Postítulo de Gestión. Lo primero que destaco es la puntualidad, siempre a las 8 y media. Su metodología era muy clara, se notaba el manejo de los tiempos y del conocimiento. Me llamaba la atención que él hubiera vivido lo que nos hablaba. A manera de ejemplo, sobre Cotapos narraba anécdotas de primera mano. Él hablaba con propiedad y eso es muy valioso. Se puede aprender sobre Beethoven o Mozart, pero cuando habla alguien que ha vivido, es muy profundo.

Daba mucha libertad para los trabajos de investigación, abiertos a todo tipo de música. Yo hice un trabajo sobre el grupo Congreso y le encantó, aunque no conocía tanto sobre eso pero lo valoraba, no había ningún tipo de tabúes hacia ciertas músicas.

En Gestión trató más el tema de la relación entre música e industria. También demostraba maestría en la enseñanza, su método y preparación, además de su agudo sentido del humor, gran ingrediente de la clase, relajada y amena sin dejar de ser profunda.

Manuel Espinoza Hall, Licenciado en Educación Ritmo-auditiva, Solfeo y Armonía, Coordinador del Programa Vespertino del Departamento de Música y Sonología de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Fue alumno de Fernando García en el programa de Postítulo de Gestión y Administración Cultural mención Música en 1997.

Yo lo tuve como profesor cuando hice el Postítulo de Gestión. Fueron sólo tres meses, un período corto. Desgraciadamente no tuve más tiempo con él, me hubiera gustado conocer más de sus facetas como músico o musicólogo. Un profesor muy interesante, que en primer lugar tiene algo especial que es el anecdotario. Ese es un elemento esencial para imbuir de vida las actividades sistemáticas, sin él se resta espíritu. Por lo tanto, es una de las cosas más interesantes que recuerdo de él.

En segundo lugar, es una persona muy afable, con un lenguaje muy coloquial, lo cual acerca más el conocimiento. Y en tercer lugar, en nuestro caso abarcó los hitos de la música chilena hasta 1943 aproximadamente, cuando se funda el Instituto de Extensión Musical (IEM). Esos aspectos históricos fueron bien tratados con descripciones vívidas, a manera de ejemplo, cómo se transportaban los instrumentos a través de la cordillera de los Andes. También recuerdo que habló de los grandes músicos que llegaron en la época de las salitreras.

Recuerdo que todo lo hizo desde sus apuntes a mano, a la antigua usanza; él iba entre relatando y leyendo, siempre sentado y cambiando de posición cada cierto tiempo. Su dinámica se realizaba, por un lado, desde el libro y, por el otro, desde su humor y creatividad.

Leonora Letelier Rodríguez, pianista, actualmente se desempeña como pianista acompañante en el Departamento de Música y Sonología de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile y en la Universidad Austral de Chile. Fue alumna de Fernando García en el curso de Música Chilena en 1992.

La asignatura en sí misma no era muy entretenida para mí, era más bien algo árida, pero él la hacía amena con sus anécdotas y su aliño. Contaba historias de compositores poco conocidos para nosotros y de la época en que él mismo era estudiante, cuando el Conservatorio no era exactamente universitario, cuando se hacían más cosas en los años 60, los comienzos de la Orquesta Sinfónica de Chile, los Festivales de Música Chilena. Se trata de un testimonio de primera fuente. Otro aspecto interesante era la comparación con otros países latinoamericanos, considerando que él vivió también afuera.

Con Pachi (María Paz) Santibáñez, Paola Urbina y alguien más hicimos un trabajo sobre música contemporánea chilena que ligamos con un proyecto que realizamos. Entrevistamos a compositores e intérpretes, tocamos cosas y yo misma toqué cosas de Fernando García. Expusimos el trabajo y tocamos en esa oportunidad. Todos los trabajos se vinculaban con música chilena, algunos relacionados con el estudio de instrumentos, otros hacia investigación musical.

Rodrigo Kanamori García, percusionista y académico del Departamento de Música y Sonología de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Fue alumno de Fernando García en el curso de Música Chilena en 1994.

Fui alumno de él hace nueve años en Música Chilena. El ramo era interesante, el único problema era su horario, muy temprano en la mañana, así que frecuentemente yo llegaba tarde a las clases o desvelado en la confección de trabajos. Pero como profesor era sumamente flexible y muy claro para explicar. Aprendí mucho sobre la música chilena y el repertorio latinoamericano de orquesta.

Fue importante conocer los compositores chilenos y algo de su repertorio, el cual nunca conocí como estudiante. Siempre me dediqué a tocar repertorio internacional o latinoamericano, pero no chileno. Descubrí entonces nombres y establecí contactos con algunas de esas personas. Recientemente tuve la experiencia de grabar con Miguel Villafruela un disco con compositores chilenos. Varios de esos nombres los conocí a través de las clases de García, como Juan Orrego-Salas o Fernando Carrasco. Ahora estoy trabajando con algunos compositores para que compongan obras para percusión y quiero desarrollar más ese aspecto. Con el maestro García pude apreciar que nos falta identidad como músicos, aún tenemos muy fuerte la matriz europea, si nos comparamos, por ejemplo, con la música argentina que siempre se vincula con sus raíces.

Por otro lado, él siempre realiza sus clases, enseña y está presto a explicar cualquier duda o responde cualquier pregunta que se plantee. Después de la clase uno se puede quedar un rato conversando con él en otro lugar sobre aspectos de la clase. Un aspecto que me gusta es que, con él, el que quiere aprender aprende y el que no quiere no aprende nada. Eso me llamó la atención, otros profesores están con el látigo y forzando el aprendizaje. Con él, en cambio, poner atención es responsabilidad de cada alumno.

Carlos Pérez González, guitarrista de destacada trayectoria nacional e internacional. Fue alumno de Fernando García en el curso de Música en Chile y América en 1999.

Sobre los recuerdos de mi experiencia como alumno de Música Chilena, aún me acuerdo del horario, los viernes a las 8 de la mañana, horario inquebrantable. Son gratos recuerdos, había una entrega del conocimiento en una forma interesante para mí. Resulta interesante que un músico sepa sobre los antepasados de la música chilena, los antecedentes. Y además él entregaba todo con mucha sencillez, sin ostentación ni afán de querer impresionar con grandes discursos. Eso es un motivo de agradecimiento, porque así se efectúa el acercamiento de una forma más agradable para el alumno, todo se hace más cercano. Esos temas que se trataron, sobre todo la primera música de concierto chilena, constituían un relato que se contaba con mucha compenetración, no un recuerdo vago sino algo vivido.

En muchos casos, se hablaba que en tal concierto pasó eso y que él había tenido la experiencia. Personas o figuras que conocemos vagamente por nombres, él los conocía. Eso hacía de la clase algo activo e interesante, no era un conocimiento recogido en anales antiguos.

Fue importante porque me dio una idea general del desarrollo del ambiente musical chileno, siempre hay un hilo conductor que se desarrolla a veces bien o mal, es un camino que se va siguiendo. Conocimos fundamentalmente la música de concierto, pero en los trabajos finales había libertad de investigación. En la última parte del curso teníamos que presentar un trabajo de tema libre, respecto a lo que más nos interesaba. En mi caso, puse énfasis en mi contacto con poetas y payadores y trabajé eso con Jorge Aravena. Los estudiantes abordaban diversos temas y eran expuestos en disertaciones. Y recuerdo también, a modo de anécdota, cómo el maestro García a veces peleaba con el equipo de sonido que de repente le jugaba malas pasadas.

Romilio Orellana Cruces, guitarrista y académico del Departamento de Música y Sonología de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Fue alumno de Fernando García en el curso de Música Chilena en 1994.

La verdad es que principalmente evoco una sensación de relajo de la clase, de respeto muy grande por el alumno y su persona. Sus conocimientos y su manera de hacer la clase era algo muy feliz, muy liviano. De repente había gente que llegaba tarde, pero a él no le molestaba. Nunca trató de meternos las cosas a la fuerza. Él no intentaba molestarnos, era muy humilde, su clase nos interesaba porque a él le gustaba, era entretenido y muy claro en las cosas básicas, como en la lógica de la expansión de las distintas corrientes, como se difundía un instrumento en distintos lugares y fenómenos como esos. Me recuerda otro profesor que tuve, un historiador, el Padre Acuña. También tenía mucha claridad al explicar la lógica en que se desenvuelven los fenómenos.

Él estaba muy bien con lo que enseñaba, muy alegre, entretenido, con historias vividas. Yo percibía a la vez un carácter liviano y mucho conocimiento sólido, es evidente que es un gran maestro, pero todo lo presentaba como una especie de cuento: aquella vida de antaño que nosotros conocemos sólo por referencia, a través de él la conocíamos como si él fuera —y lo ha sido— uno de los protagonistas de ese relato, aquellos próceres aparecían como seres humanos al igual que nosotros, aburridos o alegres y haciendo su música. Nos transportaba hacia el aspecto vivencial, de los sentimientos. Había mucha cercanía en lo que contaba, casi como historietas con personajes y todo.

Recuerdo que fue muy amable conmigo. Siendo muy sincero, lamentablemente no aprendí tanto en sus clases debido a mis inasistencias, con concursos, viajes al extranjero, matrimonio, un hijo, trabajando y estudiando en la etapa final de mi carrera. Pero él no quería molestar con su clase, si uno se interesaba estudiaba e investigaba pero sin presión. Así que hice un trabajo a partir de ciertas fuentes bibliográficas y posteriormente él fue muy considerado conmigo, permitiendo que yo me pusiera la nota final. El recuerdo más grande que tengo de él es el relajo y la alegría que comunicaba.

Cristián González Vivanco, Licenciado en Artes con mención en Teoría de la Música y pianista acompañante del Departamento de Danza de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Fue alumno de Fernando García en el curso de Música en Chile y América en 1999.

Lo recuerdo como una persona muy amable, muy acogedor como profesor, una excelente persona. Me acuerdo que llegábamos temprano a las 8:30 y siempre tenía un ánimo increíble para hacer una clase completa.

Me sirvió mucho la cantidad de información acerca de la música chilena del pasado, no recuerdo mucho sobre lo contemporáneo pero sí sobre datos históricos que los músicos no sabemos u olvidamos. Me abrió la perspectiva para indagar sobre música colonial, renacentista hecha en Chile.

Recuerdo que nos ayudó en un trabajo que hicimos sobre el charango, nos entregó datos claves para abordar el tema, su introducción en Chile, sus primeros cultores y aclaraciones de algunas informaciones falsas a partir de su vasto conocimiento.

He conversado con otros compañeros y nos hubiese gustado que la clase durara más, la asignatura debiera durar un par de años más, siempre se hace corto. El único ramo que teníamos con él era precisamente ese, pero creo que necesitamos más de él, creo que tiene mucho que entregar.

Pedro Pagliai Fuentes, Licenciado en Artes con Mención en Teoría de la Música, actualmente es alumno de la mención en Teoría General de la Música. Fue alumno de Fernando García en el curso de Música en Chile y América en 2001.

Don Fernando es una persona muy cálida, eso destaco sobre todo considerando que estamos insertos en esta comunidad que es la Facultad de Artes, así que destaco ante todo su calidez como persona.

Como su ex alumno, recuerdo la pasión que él tenía para entregar la historia que contaba, las muchas experiencias que él vivió, es indudable que se trata de un testimonio de primera mano. Por ese lado valoro toda esa información recibida sin intermediarios. Nos hablaba de su estancia en Cuba, en Perú y todo eso, unido a su calidez como persona, muy agradable y respetable en todo el sentido de la palabra, muy comprensivo.

También había espacios de discusión en la clase, muy necesarios. En cada uno quedaba la responsabilidad de hacer uso de ellos, por supuesto había algunas diferencias ideológicas, pero humanamente nada hay que objetar. Recuerdo que se colocaban en tela de juicio algunos conceptos o ideas manejados convencionalmente; a manera de ejemplo, qué es la música chilena. La idea era que, junto con lo que él nos entregaba, nosotros sacáramos una conclusión de eso, una visión de las épocas pasadas y de lo actual. Él vivió todo eso y así lo entregaba.

3. UN TESTIMONIO EXTENSO

Jorge Aravena Décart, Licenciado en Artes con mención en Teoría de la Música, colaborador de Revista Musical Chilena, actualmente realiza estudios de postgrado en Francia. Fue alumno de Fernando García en el curso de Música en Chile y América en 1999.

Del discreto encanto de las utopías...

Como la mayoría de los estudiantes de licenciatura, tuve un encuentro más bien breve con el maestro García, con ocasión del curso de Música en Chile y América que él impartía hacia fines de la carrera. En realidad este encuentro académico fue doblemente breve, pues al igual que esa mayoría de estudiantes debo de haber faltado a la mitad de sus clases. No me interesa esbozar las razones de esta práctica cimarrera _cada cual habrá tenido sus propios móviles_ sino resaltar la norma implícita que la hacía posible: el profesor manifestaba menos interés en la persecución de cimarreros que en hablar a quien quisiera escuchar. La situación describe, me parece, el contorno de una comunicación universitaria sana, donde las normas no se dictan, en un caso ideal, para todos, sino para cada uno de los participantes. Bajo esta perspectiva yo no diría que falté a la mitad de las clases del maestro García, sino más bien que asistí a la otra mitad, aquella en la cual el mutuo acuerdo fue posible gracias a un marco "reglamentario" trazado a mano.

¿Qué recuerdo de aquellas ocasiones? Si pienso estrictamente en las materias abordadas, tendría que confesar que recupero por aquí y por allá "despedazadas ruinas del Mapa", como diría Borges: algunos autores y obras chilenas, cubanas, peruanas, algunos datos y sucesos significativos, etc. Pero la verdad es que lo que recuerdo ante todo es el testimonio valioso y vívido -porque vivido- de aquel universo musical chileno que le cupo presenciar y construir junto a tantos otros músicos e intelectuales. En esas ocasiones las hojas manuscritas del maestro -hojas de una elegancia protagónica y diría casi jactanciosas de haber sido concebidas sin intermediarios computacionales- se veían sobrepasadas por el testimonio de primera mano, por esa oralidad que nos acerca del punto de inflexión en donde el relato histórico deviene en relato mítico: en ese momento los datos, las fechas, los nombres dejaban de ser la explicación evidente de un hecho para abrirse a un universo que solicitaba ser dicho de otra manera, que ofrecía ser la respuesta a otras preguntas. Fue fácil intuir que el sustrato de aquel universo era la pasión por la creación, por la discusión, por un ideal. Fue menos fácil aceptar que aquélla era una pasión que nos llegaba de oídas, radiografía a contraluz e impertinente de un presente que a veces se nos duerme en una dolencia perezosa, en una inapetencia que nos eterniza en un no-lugar que tiene poco de la utopía de Tomás Moro: la invitación a habitar una sociedad _o más modestamente, una universidad-que no existe en ninguna parte parece haber sido trocada por una invitación que no ha tenido lugar. Nunca he sido un incondicional de las grandes quimeras, pero evidentemente un tal canje no puede efectuarse sin engendrar en todos nosotros-en mí al menos- una pequeña muerte.

No puedo omitir, en todo caso, el recuerdo más patente que guardo del maestro García. La clase había terminado y alguien se apresuró a reemplazar la cassette que el profesor había utilizado en clase y del aparato comenzaron a salir las agudas parodias de Les Luthiers. Creo que fuimos tres o cuatro los que quedamos plantados en la sala gozando de la rutina de los cómicos argentinos hasta el fin de la cinta, el maestro García en primera fila. Que las penas del cielo y el infierno me caigan encima, pero debo confesar que no fue ese día la música de don Acario Cotapos la que me hizo asistir con más asiduidad a las clases siguientes, sino la esperanza de que la sesión humorística se repitiera. No fue el caso pero, sea como sea, ese sencillo y alegre gesto no tuvo lugar en ninguna otra instancia dentro de mi formación universitaria. Intuyo que las utopías, los "en ningún lugar" pueden ser también discretos y fugaces. Creo que revisaré más cuidadosa y justamente mis años de estudiante en la Facultad para descubrir más de estos instantes, e intentar elaborar así, a partir de este tipo de fragmentos, el esbozo de un ideal y de un anhelo más amplio y generoso.

4. COMENTARIO FINAL

Los testimonios presentados nos permiten esbozar ciertos rasgos definitorios de la pedagogía de Fernando García, rasgos que lo han hecho merecer el cariño y respeto de colegas y estudiantes:

- Ante todo, el respeto al otro, al "otro" que es el estudiante o la estudiante, respeto a su particularidad, a sus intereses musicales e incluso a sus intereses en la asignatura. Los que conocemos al maestro García siempre recordamos que él nos trata a nosotros como "maestros".

-La apertura a la diversidad musical, un rasgo que multiplica hacia los estudiantes, una actitud fundamental para comprender y disfrutar de la riqueza cultural y musical de nuestro continente.

-El testimonio de primera mano, el contacto directo con los próceres de nuestra historia musical, relatado a los estudiantes con claridad y sencillez, el anecdotario vivido y compartido que nos invita a considerar que nosotros mismos estamos protagonizando un momento de la historia y un día nosotros seremos los testigos que compartan su vivencia a las nuevas generaciones.

- La responsabilidad en los horarios, en la dedicación, en la atención a los estudiantes que consultan y en la minuciosidad en la revisión de pruebas o trabajos. Se trata de un aspecto del respeto al otro en su tiempo y su desarrollo personal.

-La afabilidad, el buen humor, la buena disposición, la calidez que hace de sus clases una instancia agradable pero al mismo tiempo profunda, momentos gratos pero que nos invitan a reflexionar con seriedad sobre nuestra música y nuestra historia.

Creemos que varios de nosotros que hacemos labores de docencia nos beneficiaríamos si algunos o todos estos rasgos caracterizaran nuestra propia pedagogía. Una pedagogía que en su fundamento asume a cada estudiante como persona cultural y musicalmente competente, un miembro activo de la comunidad universitaria, un "maestro" él mismo y no un "sin-luz (un "a-lumno", etimológicamente hablando)". He ahí una enseñanza tácita del maestro García, el tiempo dirá, o mejor, nuestros estudiantes-maestros dirán cuántos docentes-maestros en ejercicio hemos aprendido esa enseñanza.         [ Links ]

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