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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.57 no.200 Santiago July 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902003020000008 

Revista Musical Chilena, Año LVII, Julio-Diciembre, 2003, N° 200

A Fernando García, un recuerdo y un homenaje

por
Juan Orrego-Salas

El pensar que ha transcurrido más de medio siglo desde que conocí a Fernando como mi alumno de composición, me hace retornar a un tramo en mi camino que ya ha penetrado en esa nebulosa con que los años le van reduciendo a uno el espacio para recordar cosas buenas y caritativamente olvidar los errores cometidos. Sin embargo en el caso de este discípulo son imágenes claras y afecto profundo lo que prevalece.

¿Cómo lo recuerdo? Serio, reservado, de pocas palabras y unas pequeñas explosiones de humor que le fueron aumentando con los años. Comenzó a reírse de sí mismo y nunca de los demás, porque fue y sigue siendo un hombre de bien y generoso.

¿Y como músico? Aún entonces, seguro de lo que buscaba y sin arrogancia. Recurrió a mí en busca de soluciones para lo que deseaba expresar. Se las di después de explorar sus sueños y observar sus reacciones. Me alegra que hoy me impresione como un creador perceptivo, singular y atrayente, consciente del mundo y del momento en que vive. Sabe que escribir música no consiste sólo en poner una nota después de la otra, sino que ésta se levanta de una experiencia interior engastada en motivaciones de todo orden que impulsan el gesto de los sonidos.

Lo que Fernando García ha expresado en su obra es esto; la realidad del mundo en que vive, del medio social que lo rodea y con ello ha logrado proyectarse más allá del consejo de sus maestros. Esto me halaga, porque habiendo yo sido uno de estos me sugiere que en algo lo haya ayudado a descubrir lo que llevaba adentro.

Mucho tiempo después que dejó de ser mi discípulo, y enseguida de haberlo sido de Gustavo Becerra, escuché su cantata América insurrecta (O-26, 1962), obra de un oficio posiblemente incompleto, pero genuina y profundamente representativa de un creador nihilista en su interior, pero sereno y espacioso en sus maneras. Después de ésta he escuchado sus Crónicas americanas (O-79, 1991), su Bestiario (O-69, 1987) y otras, siempre perceptivas y consecuentes con la estética de su predilección, la que maneja con convicción y seguridad técnica.

El total de su obra es parte integrante de su personalidad, se apoya en sus ideas, en su visión del momento histórico en que vive, del espacio y la sociedad que lo rodea y es esto lo que le da profundidad y consistencia.

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