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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.57 n.200 Santiago jul. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902003020000012 

Revista Musical Chilena, Año LVII, Julio-Diciembre, 2003, N° 200

Transparente

por
Coriún Aharonián

Con Fernando García nos hemos ido encontrando una y otra vez, aquí y allá, desde el verano de 1966. Desde entonces he tenido la alegría de disfrutar su cálida personalidad, su refinado sentido del humor, su sencillez, su solidaridad. Y desde entonces, o desde antes, he disfrutado su música, valiente, sutil, musical. Desde el riesgo cotapiano de América insurrecta (O-26, 1962), música cívica, y la efectiva concisión de las Estáticas (O-28, 1963), hasta la diáfana expresividad de Tierras ofendidas (O-60, 1989) y la delicadeza antigrandilocuente de Glosario (O-127, 1997)

En ese 1966 yo estaba becado en un curso de verano de dirección coral organizado en Concepción por la Asociación Coral Chilena conjuntamente con la Universidad de Chile. Fernando habló en la sesión inaugural en representación de la Universidad, y allí mismo se estableció entre nosotros un diálogo que fue para mí particularmente enriquecedor.

Poco tiempo después Fernando asistió como invitado al Festival Latinoamericano de Música que el SODRE organizaba por segunda vez en Montevideo. Yo hacía crítica musical y tenía a mi cargo un programa radial de música culta de América Latina. Luego vendrían 17 años de dictadura en el Uruguay (más artera al comienzo, más salvaje luego).

Hubo varios viajes míos a Chile antes del golpe contra Allende. El último fue una escala hacia el Encuentro de Música Latinoamericana que organizaba Casa de las Américas, al que también estaba invitado Fernando, en una fuerte delegación chilena. Fue una experiencia intensa y profunda, durante la cual se fortaleció mi respeto hacia Fernando.

Luego del golpe, no quise cruzar los Andes. Fernando estuvo en Perú, donde hizo un magnífico trabajo como musicólogo-organólogo, y siguió viaje, con Hilda, hacia Cuba. Nos volvimos a ver allí en 1988, y fue una maravilla el poder dialogar con él acerca de lo que nos iba pasando en el congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y en la vida cotidiana. Fernando era el mismo hombre transparente, de pensamiento limpio y lúcido.

Después, fue nuevamente Chile, el Chile post-dictadura. Y su callado trabajo pulcro de cada día, y su inteligente sensibilidad, y su compromiso con la justicia, y su humor, siempre su increíble humor. Y su música, la música transparente del hombre transparente.

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