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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.57 no.200 Santiago July 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902003020000025 

Revista Musical Chilena, Año LVII, Julio-Diciembre, 2003, N° 200

Guitarra clásica chilena del siglo XIX. CD digital. Dúo Juan Mouras - Guillermo Ibarra. Composiciones de Antonio Alba, Ramón Carnicer, José Hipólito Eyraud, P. Fernández, Pietro Mascagni, Gerardo Metallo, Alberto Orrego Carvallo, Augusto Pérez Soriano, G. B. Pirani, Théodore Ritter, Francisco Rubi y José Zapiola. Arreglos de Antonio Alba, Cailleux, Juan Mouras, Manuel Ramos, Francisco Rubi y Tomás Valdecantos. Santiago: Ministerio de Educación, Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura (FONDART), 2002.

La música hecha en Chile durante el siglo XIX constituye uno de los repertorios menos conocidos e investigados en nuestro país. No nos detendremos aquí a examinar las razones que explican esta situación, pero afortunadamente el fonograma que reseñamos constituye un nuevo aporte hacia el conocimiento de uno de los principales filones de tal repertorio: la música de salón para guitarra y para conjuntos instrumentales donde este instrumento ocupa un lugar privilegiado.

Los guitarristas Juan Mouras y Guillermo Ibarra fueron alumnos del profesor Jorge Rojas-Zegers, el cual, hace cerca de veinte años, realizó una investigación en torno al repertorio chileno de guitarra de 1900. Esta investigación fue plasmada en La guitarra en las tertulias chilenas del 900, una serie de tres casetes que algún día esperamos ver transferidos a un formato digital para beneficio de las actuales y futuras generaciones. Mouras e Ibarra han proseguido este filón abierto por su maestro y el presente CD es una muestra de ello, con dieciocho piezas procedentes en su mayoría de colecciones particulares, a las que estos intérpretes han tenido acceso. Dieciocho piezas que nos remiten a un pasado de tertulias, conversaciones amenas, bailes, óperas, zarzuelas, mandolinas y guitarras, el pasado de un país que aún no superaba el siglo de vida independiente. Dieciocho piezas que corresponden a valses (El vértigo, Segundo vals para dos guitarras, Vals español, El ruiseñor), polkas (Me entusiasmo bailando, Polka Mira-Mar, La Befana), marchas (Himno de Yungay, Artillería de costa, Gloria a Verdi), zamacuecas (Zamacueca White, Zamacueca La popular), una habanera (¡llamada La zamacueca!), un pasodoble (Curro Cúchares), mazurcas (Una lágrima), arreglos de óperas ("Intermezzo" de Cavalleria Rusticana), de zarzuelas ("Jota de Perico" de El guitarrico) y de la Canción Nacional de Chile.

El autor más representado es el guitarrista español Antonio Alba (1870-1940), radicado en Chile desde la década de 1890 y gran propulsor del desarrollo de la guitarra, tanto en su repertorio como en su enseñanza y difusión. Alba es el compositor de los valses El vértigo op.119 para dos guitarras y Vals español op.35 para mandolina y dos guitarras, además de arreglista de la Zamacueca White op.31 para dos guitarras, el "Intermezzo" de Cavalleria Rusticana del italiano Pietro Mascagni (1863-1945) para mandolina y dos guitarras y la "Jota de Perico" de El guitarrico del español Augusto Pérez Soriano (1846-1907) para tres guitarras. El guitarrista Francisco Rubi aparece representado con sus composiciones Una lágrima (mazurca) para dos guitarras y Artillería de costa (marcha). G. B. Pirani, seudónimo del mandolinista y violoncelista italiano Giuseppe Bellenghi (1847-1902), es el creador de la marcha triunfal Gloria a Verdi, arreglada por Rubi para dos guitarras, y de la polka La Befana, arreglada por Juan Mouras para flauta, violín, mandolina, dos guitarras y violoncelo. Otro músico italiano -radicado en Uruguay-, el pianista Gerardo Metallo (1871-1946), aparece representado con su pasodoble Curro Cúchares, arreglado por Manuel Ramos para tres guitarras. Tomás Valdecantos es el arreglista de la Canción Nacional de Chile para tres guitarras y del vals anónimo El ruiseñor para dos guitarras. A José Hipólito Eyraud pertenece la Polka Mira-Mar y al chileno Alberto Orrego Carvallo pertenece el Segundo valse para dos guitarras. Una habanera del pianista francés-alumno de Liszt- Théodore Ritter (1841-1886) equívocamente llamada La zamacueca, aparece en arreglo de Cailleux para tres guitarras. Finalmente, Juan Mouras, gestor de este proyecto, es el arreglista de la polka Me entusiasmo bailando de P. Fernández (violín, flauta, mandolina, dos guitarras y violoncelo), la zamacueca anónima La popular (dos violines, mandolina, dos guitarras y violoncelo), el Himno de Yungay de José Zapiola (flauta, violín, mandolina, dos guitarras y violoncelo) y la mencionada polka La Befana de Pirani.

El resultado sonoro es grato y elegante, hasta tal punto que podríamos hacernos una imagen sonora equivocada de la práctica musical real en los salones y tertulias de 1890 a 1910. No olvidemos que Mouras, Ibarra y los músicos que los acompañan son profesionales, en tanto este repertorio fue concebido para músicos aficionados en su mayor parte, independientemente de las evidentes exigencias técnicas que presentan las partituras de algunas de estas piezas. No se trata, ciertamente, de establecer una discriminación entre músicos profesionales y aficionados, ni de desmerecer los méritos de aquellos primeros intérpretes de las piezas de Antonio Alba o de Francisco Rubi. Se trata de aclarar que Guitarra clásica chilena del siglo XIX no es un intento de reconstitución de la sonoridad "real" de una tertulia decimonónica bajo el criterio de la autenticidad, sino una elaboración destinada a la sala de concierto. Una elaboración y un destino que, tal vez, eran el deseo íntimo de autores como Alba o Rubi.

El folleto que acompaña al CD presenta primeramente datos básicos acerca de las piezas y a continuación, información acerca del arte musical de salón del siglo XIX en Chile, la guitarra clásica chilena del siglo XIX y la práctica musical en el siglo XIX. Tal vez en una segunda edición convendría replantear este orden, presentando primero la información contextual (la práctica musical, el arte de salón, la guitarra) y después los datos del repertorio. Asimismo, advertimos algunos errores que en una segunda edición debieran ser corregidos. Primero, Ramón Carnicer compuso la música de nuestro actual Himno Nacional en 1828 y no en 1847, este último año corresponde a la publicación del texto de Eusebio Lillo. Segundo, José Zapiola nació en 1802 y no en 1801. Tercero, la Sociedad Filarmónica de Santiago fue organizada por Drewetcke e Isidora Zegers entre 1827 y 1828, por lo tanto es imposible que las obras de Kiffne y Gragnani, interpretadas en Chile en 1824, hayan sido presentadas en dicha institución. Cuarto, el Método de bandurria de Manuel Ramos fue publicado en 1899 y no en 1889. Y quinto, la Estudiantina Fígaro fue fundada en España en 1878 -no en Chile por Joaquín Zamacois en 1894- y llegó de visita a Chile en 1884 y 1886. Zamacois, al llegar a Chile en 1894, fundó la Estudiantina Española de Santiago.

Por otro lado, la información del folleto y la música misma nos generan ciertas inquietudes respecto a los flujos culturales y musicales entre Chile y otros países en aquellos años. Es el caso, por ejemplo, de la zamacueca. En 1856 el flautista italiano Aquiles de Malavassi, de paso por Chile, creó una serie de variaciones sobre una melodía popular de zamacueca que presentó con gran éxito en sus conciertos. Esto, seguramente, impulsó al pianista y compositor chileno Federico Guzmán (1836-1885) -mencionado como "la personalidad más relevante de la segunda mitad del siglo XIX" en el folleto del CD que comentamos- para realizar su propia versión para piano de la popular melodía, la famosa Zamacueca en Re mayor, elogiada por Carlos Vega. Y es esta misma melodía la que aparece bajo el nombre Zamacueca "La bella santiaguina" en versiones de Nicolás Castillo para guitarra sola (grabada por Juan Mouras en el CD De España y América) y para canto y guitarra. ¿Fue Nicolás Castillo su autor, tanto de texto como de música? ¿Habrá sido la popularidad de La bella santiaguina, o tal vez esta misma pieza lo que le permitió obtener el tercer premio en aquel concurso musical de 1855-hecho mencionado en el folleto del CD que comentamos-, un año antes de la llegada de Malavassi y de la publicación de la Zamacueca de Federico Guzmán? Recordemos además que Guzmán estuvo en París en dos períodos de su trayectoria y allí le sorprendió la muerte. ¿Habrá contribuido Guzmán a "la difusión que alcanzó la zamacueca en el siglo XIX", como afirma el folleto del CD? ¿Habrá escuchado Théodore Ritter la Zamacueca de Guzmán en alguna presentación del chileno en París? Pero si es así, ¿a qué se debe la confusión del pianista francés -o de su editor o del arreglista Cailleux- entre dos especies tan diferentes como son la habanera y la zamacueca?

En síntesis, Guitarra clásica chilena del siglo XIX constituye, tomando una frase del mismo folleto, un CD "de amable sonoridad, mesurado y elegante". Un trabajo en el que, además de Mouras e Ibarra, participaron su maestro Jorge Rojas-Zegers (guitarra), Gonzalo García (flauta), David Linárez (mandolina), Mauricio Valdebenito (mandolina), Héctor Viveros (violín), Katia Miric (violín) y Juan Ángel Muñoz (violoncelo). Un CD que nos aproxima sonoramente a un Chile del pasado, un Chile que aún nos genera preguntas, el Chile de nuestros abuelos y bisabuelos. Un pasado que, sin embargo, aún pervive. Escuchemos y observemos atentamente la música popular en ciertas localidades campesinas, más alejadas de la urbe, ¿no viven aún, ocultos o confundidos entre cumbias y rancheras, aquellos valses, polkas, marchas y aires de zarzuelas? En este sentido, este CD no sólo nos acerca a un Chile del pasado, sino a un Chile del presente.

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