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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.58 no.201 Santiago Jan. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902004020100021 

 

Revista Musical Chilena, Año LVIII, Enero-Junio, 2004, N° 201, pp. 130-131

IN MEMORIAM

La música de Sergio Ortega seguirá sonando

José Weinstein
Ministro de Cultura.Chile.


Nos convoca a este lugar un hecho triste. Toda muerte siempre recuerda el límite infranqueable de la vida humana. Pero cuando lo que lamentamos es la muerte de un artista, esta penuria de ser hombres y mujeres pareciera todavía más dolorosa. La creación es como una doble vida que pareciera sumarse a la vida natural y multiplicarse en obras que desafían los poderes corrosivos del tiempo.

Pero el dolor de la muerte se mitiga con la permanencia de la obra. Un artista como Sergio Ortega ha desplegado un ímpetu vital tan extraordinario y poderoso que su vida parece multiplicarse y prolongarse más allá de la muerte. Su vida, desde el 2 de febrero de 1938 en que nació en Antofagasta hasta su muerte en París hace unos pocos días, es un itinerario de constantes búsquedas y prodigiosos descubrimientos que han dejado una huella profunda en la historia de nuestra cultura y de nuestra música. Más de 10 óperas, varias cantatas, música sinfónica, música de cámara, canciones, poemas sonoros, música para teatro y cine y hasta jingles y música para radio y televisión.

Es cierto que Sergio Ortega conoció el éxito y el reconocimiento durante su vida. Algunas de sus canciones más conocidas recorrieron el mundo, se tradujeron a remotos idiomas, alcanzaron versiones insólitas como las 36 variaciones sobre El pueblo unido que hizo el músico Friedrich Rzewski. Algunas de sus óperas fueron estrenadas en Berlín y en París y la mayor parte de su obra clásica llegó a tener interpretaciones públicas en diferentes países del mundo. Sus canciones contingentes fueron coreadas por miles de chilenos durante masivas manifestaciones y llegaron a otras latitudes. Su música para teatro y cine ha quedado en nuestra memoria identificada con expresiones ya clásicas de estas artes, como la obra de teatro sobre Murieta de Neruda o El Chacal de Nahueltoro de Miguel Litin.

Pero la obra de Sergio Ortega es extraordinariamente variada y sería injusto no recordar otras facetas. Su extensa obra, como compositor de música de cámara, abarca obras de diferentes formatos y es extraordinariamente audaz. Fue un músico de frontera que supo originalmente cambiar géneros y olvidar convenciones estancos.

Pero Sergio Ortega también fue un notable maestro. Participó activamente en la Escuela Musical Vespertina, anexa al Conservatorio, en la que estudiaron músicos que llegarían a tener una gran importancia en la música popular, como algunos integrantes de Los Blops, de Los Inti-Illimani y de los Quilapayún, en los que sin lugar a dudas influyeron sus clases de armonía y composición. Fue él también el que en el exilio ganó por concurso la dirección de la École Nationale de Musique de Pantin, trabajo que mantuvo hasta poco antes de su muerte y que le permitió continuar su obra formativa y pedagógica hacia nuevas generaciones.

Sin embargo, muchos aspectos de su obra musical siguen por descubrirse. Especial importancia tendrá para Chile el poder escuchar su última obra escrita, madurada durante largos años y basada en la obra Pedro Páramo del escritor mexicano Juan Rulfo.

El recorrido de ayer del cortejo por distintas instituciones es un reconocimiento plural de Chile a Sergio Ortega. Este reconocimiento es una suerte de correspondencia con el amor sincero que Sergio Ortega sintió por Chile. La palabra "patria" es una de las que más se repite en sus canciones, tanto en los tiempos de su lucha política en apoyo del gobierno de la Unidad Popular, como en los tiempos de su exilio en Francia. Ninguna de sus obras desconoce este lazo original con su tierra madre y en todas ellas reconocemos el deseo de ahondar su vínculo original con los chilenos. "Cantos para chilenos" es el subtítulo de una de sus obras más conocidas, La fragua reeditada hace algunos meses en Chile y su cantata Bernardo O'Higgins Riquelme 1810 lleva como subtítulo "Poema sonoro para el padre de mi patria". Por eso, es tan conmovedor este último deseo de Sergio Ortega de ser enterrado en Chile y cerca de la tumba de Víctor Jara.

Sergio Ortega fue un gran luchador social, un hombre solidario que mantuvo una fidelidad sin fisuras hacia sus convicciones más profundas. El deja muchos amigos y muchas personas interesadas en preservar su memoria y en hacer revivir su obra. La gran familia de los artistas se ha hecho presente en este funeral, pero también instituciones políticas y sociales con las que mantuvo lazos de militancia, amistad y reconocimiento. Como representante del Estado chileno, como Ministro de la Cultura, como portavoz de una voluntad nacional que quiere manifestar su pesar por esta muerte, quisiera rendirle el más sentido homenaje y entregarle el mensaje esperanzador de que su obra sabrá ser recordada y valorada por nuestro pueblo como precioso don que ha enriquecido nuestra cultura y ha contribuido a que nuestra vida colectiva sea un poco más feliz y valedera. El mejor homenaje que podemos hacerle a un artista es mantener viva la llama que encendió su creatividad. Seguiremos escuchando su música, porque en ella nos hemos descubierto un poco más a nosotros mismos y porque ella ha buscado enraizarse en nuestra tierra. Que nuestro adiós sea un "hasta siempre" porque en la música de Sergio Ortega ha sonado, suena y seguirá sonando el ritmo y el latido del corazón de nuestro Chile.

 

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