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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.58 no.201 Santiago Jan. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902004020100022 

 

Revista Musical Chilena, Año LVIII, Enero-Junio, 2004, N° 201, pp. 131-132

IN MEMORIAM

Gabriel Coddou: hombre del Sur (1944-2004)

Gabriel Matthey Correa
Facultad de Artes, Universidad de Chile.Chile.


Es normal que cuando una persona querida deja este mundo sintamos dolor y, si su edad no es muy avanzada, es natural que nos cueste entender y aceptar su partida, como quien emprende un viaje anticipadamente sin explicaciones. Y si esa persona además en su vida se destacó por su vocación pública, el dolor se hace social y se multiplica más allá del círculo íntimo de la familia y las amistades. Sin embargo, lo que no es habitual, es cuando la persona que se nos ha ido pertenece a un mundo diferente, a un mundo que muchos necesitamos -es decir, que inconscientemente añoramos- pero que no sabemos reconocer y menos intuir.

Aquellas personas que se atreven a circundar esos otros mundos suelen ser pioneras, sin duda singulares y aventureras, muy escasas entre nosotros. Por ello, cuando se van lo sentimos doblemente y, si ellas no alcanzaron a hacer escuela y a dejar discípulos, entonces se llevan consigo preciosos tesoros-que supieron explorar, descubrir y gozar- los que nosotros no supimos captar ni apreciar a tiempo y, una vez más, nos quedamos aquí, huérfanos y atrapados en las garras de la inercia que nos impone el conformismo, la cobardía, la pasividad intelectual y creativa, el colonialismo, la ansiedad del éxito inmediato.

¿Pero de qué mundo tan especial se puede tratar si hoy tenemos acceso a tantos mundos?

Por cierto que no se trata del mundo globalizado ni menos del mundo de la farándula o del ciberespacio. Tampoco se trata del mundo de aquellos artistas o intelectuales sofisticados que, incomprendidos, se autoconsuelan convencidos de que son los nuevos profetas de la cultura contemporánea. En este caso se trata de un mundo simple de música y lenguas nativas. Más precisamente, se trata del mundo del Sur que Gabriel Coddou logró atisbar y empezó a plasmar a través del canto coral y la lengua de las comunidades huilliches. Se trata de un mundo escondido en un rincón del planeta, que él -gracias a su sensibilidad, independencia y coraje artístico e intelectual- se atrevió a explorar, allá lejos, en la isla de Chiloé.

Y es necesario precisar que al hacer referencia al mundo del Sur no se está aludiendo a una cuestión meramente geográfica, sino a un pensamiento y cultura del Sur que late entre nosotros quienes vivimos en el hemisferio del mismo nombre. Con más de 500 años de colonización de la cultura del Norte, nos cuesta bastante tener una mirada, una cultura y sensibilidad para captar lo que el Sur diariamente nos entrega. La mayoría de la gente vive buscando su Norte para orientar sus pasos; pocos lo hacen buscando su Sur. De allí que sean pocas las personas que pueden entender y valorar en profundidad el aporte que nos dejó Gabriel Coddou, cuyo mensaje conlleva una tarea inconclusa que debiéramos ser capaces de heredar y asumir con urgencia: hacer Sur (palabras de Tomás Lefever).

Gabriel Coddou, entre sus afanes de explorar, descubrir y hacer Sur, fundó en 1979 la Academia de Música de Ancud y, desde 1984 hasta su partida, dirigió las Jornadas Musicales de Chiloé. No obstante, uno de sus principales logros fue la creación del Coro de Niños Huilliches de Molulco, al sur de Chiloé, con el cual en 1998 grabó un disco dedicado a registrar el Cancionero jesuita mapuche -único corpus de canciones catequéticas en lengua nativa conocidas hasta hoy-, rescatando con ello un importante eslabón de la cadena cultural del Sur y de Latinoamérica. Según sus intenciones, el propósito era servirse de la música "como un factor de colaboración en la recuperación de la lengua huilliche o a lo menos de conocimiento de lo que era su dialecto".

Así entonces, con su clara misión de hacer Sur, Gabriel difundió su trabajo en Chile y Argentina, sabiéndose desplazar entre el mundo rural de los pequeños pueblos y el mundo urbano de las ciudades del cono sur. Y su pasión por la música contagió a muchos niños, quienes después de participar en el coro cambiaron para siempre. El propio Gabriel una vez declaraba: "Los niños han sido aplaudidos y valorados. Se les han abierto expectativas con los viajes y los conciertos […]. Algo ha pasado con ellos en estos años de trabajo musical, de conciertos y giras. Se han ampliado sus horizontes, se ha elevado su autoestima, saben que si se esfuerzan pueden lograr superarse…".

Dentro de sus aportes también los hubo para esta revista, como fue su artículo sobre "El coro de los niños huilliches de Chiloé" (RMCh, LIV/194, julio-diciembre, 2000, pp.81-86). Y entre sus apreciaciones, que ayudan a comprender su pensamiento y visión de mundo, escribió: "En Chile, en nuestras escuelas y colegios, se canta en español, inglés, alemán, francés y otras lenguas extranjeras, pero nunca o casi nunca en alguna de nuestras hermosas lenguas originarias…¡Así pasa en este maravilloso país nuestro!".

En octubre del año 2001, como reconocimiento a su compromiso cultural, aporte y trayectoria musical, el Consejo Chileno de la Música le otorgó La Medalla de la Música, distinción que se entrega a quienes abnegadamente han trabajado por el desarrollo y enriquecimiento de la vida musical chilena. Dos años y medio más tarde Gabriel dejó esta tierra y conmovió a todos quienes tuvimos el privilegio de conocerlo. Entonces vinieron nuevos homenajes, escritos y publicaciones en diarios locales y nacionales (ver por ejemplo: "Muerte y resurrección de Gabriel Coddou", crónica de Enrique Lafourcade, diario El Mercurio, domingo 15 de febrero, 2004).

Huilliche significa gente del Sur. Gabriel, hombre del Sur, se reconoció en ellos y supo acercárseles, valorando su lengua y su cultura. Frente a esa actitud -que nos muestra una nueva perspectiva- la principal enseñanza que tal vez podamos sacar es que todos quienes vivimos en este lado del planeta -en el hemisferio sur- somos gente del Sur y, por lo tanto, para orientar nuestros pasos tenemos que hacerlo según el Sur que cada uno tiene latente en su inconsciente. Se trata de descubrir y desarrollar la cultura del Sur, que es la que nos corresponde vivir para poder ser más nosotros mismos: más libres, creativos y felices. Quizás ése sea el gran secreto de Gabriel Coddou, aquél que, de generación en generación, nos ayudará a justificar mejor nuestra existencia y el sentido de nuestras vidas.

Mientras tanto Gabriel descansa en el Sur eterno y, desde allá, en medio de las islas y los mares australes, nos está invitando a continuar con la misión que él se atrevió a emprender en este mundo.

 

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