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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.59 no.204 Santiago Dec. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902005020400001 

 

Revista Musical Chilena, Año LIX, Julio-Diciembre, 2005, N° 204, pp. 6-10

EDITORIAL

 

A propósito de los sesenta años de la Revista Musical Chilena:Algunas reflexiones sobre los horizontes musicológicos de Chile y América Latina

 

Luis Merino

Facultad de Artes, Universidad de Chile. Chile.


Sesenta años. Para que la Revista Musical Chilena haya alcanzado este período de tiempo y se haya transformado en una realidad plena y madura, se ha tenido que producir la concatenación de esfuerzos de muchas personas en este largo período. En primer término, cabe señalar los ideales que han iluminado la trayectoria de la Revista y su realización en la práctica, formulados por su fundador, el ilustre Domingo Santa Cruz, quien escribiera como editorial del primer número aparecido en mayo de 19451, lo siguiente:

“Chile dispone hoy del suficiente número de estudiosos de la música [...]. Nuestra revista pretende como uno de sus fines, servirles de medio de expresión, así como a los críticos y estudiosos americanos y europeos con residencia en este Continente, que tanto habrán de ilustrar con sus contribuciones al desarrollo de nuestra propia cultura. Al mismo tiempo que la Revista Musical Chilena cumple con los propósitos dichos, queremos también ofrecer a nuestros lectores en sus páginas la información más completa y sucinta sobre las actividades musicales de nuestro país y de aquellos del extranjero que las actuales circunstancias de la guerra lo permitan. Junto al ensayo extenso, tendrán cabida artículos más breves, comentarios y noticias en los que se procurará reflejar cuantos hechos animan el discurrir de las principales corrientes de la música al día […]”.

“La fisonomía de América parece haber sufrido una segunda crisis de independencia y el avance de las comunicaciones ha hecho que, para nosotros todos, las repúblicas americanas hayan dejado de ser simples nombres geográficos y que los hombres que trabajan en el arte no puedan ya ni tengan por qué seguir en la obscura figuración de epígonos que se citan por condescendencia en las anotaciones marginales de la historia cultural de Occidente[…]”.

“Esto hace que nuestra Revista tome, sin desconocer el valor de lo universal y de lo europeo, una fisonomía ante todo americanista y que reforcemos por todos los medios posibles las relaciones musicales de esta parte del mundo que nos cupo por destino […]”.“Publicamos sus páginas sin prejuicios ni banderías; las ofrecemos al progreso de la música... La Revista Musical queda abierta a toda expresión sana y bien intencionada de las ideas […]”.

Treinta años después don Domingo se refería en términos globales a la labor de los diez directores que ha tenido la Revista, manifestando que todos ellos “han sentido por igual su tarea, abriendo las páginas de la Revista sin banderías a colaboradores eminentes de todos los países, además de dejar constancia de nuestro suceder musical en forma valiosísima”2. Efectivamente, ellos plasmaron con esfuerzo y dedicación una larga y hermosa tradición que perdura hasta la fecha, consecuente con su relevancia como personalidades señeras de la vida musical y cultural de Chile. Entre los directores figuran el historiador Leopoldo Castedo, el arquitecto y hombre de teatro Pedro Mortheiru; el musicólogo español Vicente Salas Viu, su primer director; los compositores Juan Orrego-Salas, Alfonso Letelier y el mismo Domingo Santa Cruz, el musicólogo Samuel Claro Valdés, la esforzada e inteligente Magdalena Vicuña y el creador, pianista y maestro Cirilo Vila. Junto con dejar plena constancia de su legado, aprovecho de manifestar un emocionado recuerdo de aquellos que ya han partido.

Desde abril de 1973 hasta hoy día, con una breve interrupción en 1981, me ha correspondido desempeñarme como director de la Revista. Desde el inicio sentí el peso de la enorme responsabilidad de continuar con esta hermosa tradición, especialmente considerando las difíciles condiciones –tanto económicas como de administración y funcionamiento– en que este tipo de publicaciones se desenvuelve en Chile y Latinoamérica. Baste señalar solamente que las revistas de este tipo han tenido en general una vida efímera en nuestro medio3 y que ninguna revista ha alcanzado una duración semejante a la nuestra en todo el mundo de habla hispana. Un apoyo inestimable para la realización de esta tarea fue Magdalena Vicuña. Hasta acogerse a un merecido retiro en 1993, antes de fallecer el año 2005, Magdalena fue un verdadero motor que, con total entrega, empuje y coraje en tiempos favorables y adversos, levantó la Revista de la situación de postración en que se encontraba en 1953, para situarla en una posición de relieve en el concierto de Chile, Latinoamérica y el resto del mundo4. Como fruto de esta labor, la Revista cuenta en la actualidad con suscripciones de personas o instituciones de Chile, Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela, Cuba, República Dominicana, México, Puerto Rico, Canadá, Estados Unidos, Inglaterra, España, Alemania, Australia y Japón. Cabe agregar el proceso de canje que la Revista mantiene con instituciones relevantes de Chile, Bolivia, Argentina, Brasil, Ecuador, Colombia, Venezuela, Costa Rica, Cuba, México, Estados Unidos, Inglaterra, España, Italia, Francia, Bélgica, Alemania, Hungría, las repúblicas Checa y Eslovaca, Rumania, Finlandia y Japón.

Con ocasión de cumplir treinta años la Revista Musical Chilena, el año 1975, formulamos las ideas matrices que orientaran nuestra gestión como director de esta publicación, que nuestro amigo, el gran musicólogo Francisco Curt Lange, calificó como la decana de las revistas musicológicas de lengua castellana. Estas ideas matrices se plantearon en los siguientes términos:5

“Su núcleo debe estar constituido por trabajos que se ajusten a las categorías de objetividad, rigor científico, originalidad, claridad y consistencia en la presentación, y que en su sustancia conformen una ‘fisonomía ante todo americanista’ […]”.

“Esta línea americanista conlleva un enfoque integral de nuestra música, por un lado, considerando sus características intrínsecas y su calidad de fenómeno cultural y, por otro, examinando los diferentes tipos de música involucrados, vale decir, la música docta en su devenir histórico, la música folklórica de ascendencia hispana, y la música indígena, en la que se fusionan la vertiente autóctona con el acervo hispánico y el negro. La Revista continuará impulsando el estudio de la vida y obra de nuestros creadores con el mismo espíritu con que lo iniciara en 1945, en aquel número dedicado a Pedro Humberto Allende, primer músico que obtuviera el Premio Nacional de Arte (N° 5, septiembre 1945). Similar impulso se continuará dando a los otros estratos musicales”.

“Complementan a este núcleo de la Revista, las reseñas de publicaciones y de discos, enfocadas objetivamente y en profundidad. El reflejo que la Revista ofrece de nuestro quehacer musical se ha planteado y se seguirá planteando alrededor de dos puntos fundamentales: en primer término, la información objetiva y veraz acerca de nuestra vida musical y, en segundo término, los planteamientos acerca de ella”.

Esta fisonomía americanista se justifica en que “nadie más indicado que los latinoamericanos para preocuparnos del acervo cultural del continente, algo que, más que una tarea urgente, constituye casi un imperativo moral”.

Estas ideas se sustentan en el clásico dictum del gran pensador cubano Alejo Carpentier, quien afirma que la cultura musical latinoamericana debe ser considerada como un todo sin jerarquizaciones a priori entre las diferentes manifestaciones que la componen6. Por lo tanto, su estudio debe abarcar tanto la música académica como la popular urbana y las diferentes manifestaciones de la música de tradición oral, en cuyo conjunto e interacción mutua con la sociedad yace la médula de la identidad musical latinoamericana. Para ello el estudio de la música debe hacerse tanto en su calidad de configuración sonora como en su significado cultural, o, en otras palabras, tanto del texto (música) como del contexto (sociedad).

De esto surge un perfil de la Revista Musical Chilena que difiere radicalmente de aquel de las revistas norteamericanas de investigación musical. Estas últimas se segmentan de acuerdo a subdisciplinas de la musicología, tales como la musicología histórica (Journal of the American Musicological Society) o la etnomusicología (Ethnomusicology), dentro de las cuales se abordan temas relativos a diferentes culturas musicales del mundo. La Revista, en cambio, ha asumido un compromiso pleno con la cultura musical del país y del continente, que evita en todo caso lo lugareño o lo provinciano. El perfil multifacético de la cultura musical chilena y latinoamericana se ha develado de manera ampliamente ecuménica en la temática, propendiendo a la flexibilidad e interacción disciplinaria y la vinculación nacional e internacional.Esto se traduce, en primer término, en una gran variedad de subdisciplinas musicológicas en que se sustentan los artículos publicados. Junto a la musicología histórica, etnomusicología y musicología sistemática, están la organología, la antropología de la música, la etnohistoria de la música y la arqueología musical, entre otras. Estas subdisciplinas confluyen en temáticas relativas a las culturas musicales indígenas de Chile y la música mestiza chilena de tradición oral. Por su parte, la música artística de Chile y América Latina constituye un área de estudio preeminente que se traduce en monografías de corte historiográfico e histórico-musicológico. Un área poco abordada de esta temática por los musicólogos latinoamericanos ha sido la cultura musical decimonónica. Esta situación, en lo que a la Revista respecta, cambia gradualmente a contar del año 1973. Promisoria en esta línea de trabajo ha sido la colaboración de investigadores residentes en diferentes países de América Latina, para abordar tópicos de perspectiva continental, como una manera de superar las barreras existentes entre los musicólogos latinoamericanos. La música artística del siglo XX ha sido, sin duda, el área de mayor relevancia para la investigación musicológica en lo que a la Revista Musical Chilena se refiere. Aparte de los múltiples y variados trabajos sobre los compositores chilenos, los estudiosos nacionales han ampliado su mirada a la cultura musical latinoamericana. Como contrapartida grandes musicólogos extranjeros han hecho significativos aportes sobre compositores latinoamericanos del siglo XX o sobre otras figuras relevantes de la cultura musical europea, junto a músicos y musicólogos chilenos que han escrito sobre la incidencia en la cultura chilena y latinoamericana de compositores universales. La Revista ha también recogido trabajos de investigadores chilenos que han residido o residen en el extranjero. Un interés especial reviste la superación de barreras ideológicas, políticas y económicas, que subyacen detrás de ciclos históricos de la magnitud de la diáspora chilena después de septiembre de 1973. Las páginas de la Revista han estado abiertas a los musicólogos jóvenes de Chile y Latinoamérica, quienes, entre otras líneas de trabajo, han reivindicado con entusiasmo la importancia de la música popular urbana, como objeto de estudio válido de la musicología, siguiendo la línea señalada por Richard Middleton, Robert Albrecht, Sara Cohen y otros. El complejo perfil de la cultura musical latinoamericana, junto a la necesidad de abordar de manera integrada sus diferentes manifestaciones: músicas de tradición oral, músicas de arte, músicas de raigambre popular urbana y sus variados modos de interacción, ponen de manifiesto el desafío de formular modelos metodológicos, teóricos y disciplinarios. En este sentido reviste interés otra línea editorial de la Revista, dedicada al estudio del aporte musicológico de grandes americanistas de Chile y América, o al estudio de temáticas tales como el trasplante y sincretismo, otro rasgo clave de la cultura musical latinoamericana, según ya se ha señalado. Paralelo a esto discurren los estudios sobre las múltiples facetas de la musicología en el contexto de la cultura latinoamericana. La reflexión disciplinaria ha servido también de base para una vinculación en el continente entre los musicólogos latinoamericanos, que ha cobrado un auge creciente desde fines de la década de 1980. Hace cincuenta años el historiador Hubert Herring7 señaló que los lazos que ligan a los países latinoamericanos son tenues y las fuerzas que los dividen son formidables. Esto permanece aún en el presente, con especial énfasis en el arte y la cultura. Una línea editorial sustentada en el triple eje del estudio de tópicos locales, continentales y disciplinarios se erige como un horizonte musicológico que, esperamos, sirva de aporte a la inserción de la musicología y la cultura musical latinoamericana como un todo en el mundo ampliamente interconectado del siglo XXI.

BIBLIOGRAFÍA

Carpentier, Alejo1985 “América Latina en la confluencia de coordenadas históricas y su repercusión en la música”, en Isabel Aretz (relatora), América Latina en su música. Quinta edición. UNESCO, México, España, Argentina, Colombia: Siglo Veintiuno editores, pp. 7-19.        [ Links ]

Herring, Hubert 1968 A History of Latin America from the Beginnings to the Present. Tercera edición [primera edición, 1955]. Nueva York: Alfred A. Knopf.         [ Links ]

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Santa Cruz, Domingo. 1945 “Nuestro propósito”, RMCh, I/1 (mayo), pp. 1-3.        [ Links ]

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