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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.61 n.207 Santiago jun. 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902007000100014 

 

Revista Musical Chilena, Año LXI, Enero-Junio, 2007, N° 207, pp. 110-111

RESEÑAS DE FONOGRAMAS

Canto de mi tierra. CD. Grupo Aranto y otros intérpretes. Santiago: Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, FONDART, 2005.


La historia del grupo Aranto está ligada a su fundador y director, el profesor y compositor Fernando Carrasco. Este músico chileno, formado en lo que hoy constituye la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, a partir del año 1972, ha sido integrante de distintos conjuntos musicales, tales como Huamari, Los Curacas, Dúo Coirón, Barroco Andino y Cruz del Sur, entre otros. El año 1982, Fernando Carrasco decidió formar el conjunto Aranto, tomando como base original a los integrantes del grupo Quemchi, quienes entonces eran alumnos del mismo Carrasco. En esos años '80, tan difíciles para el arte y la cultura nacional, el grupo participó activamente en diversos proyectos de conciertos y grabaciones, colaborando con distintos cultores de la música nacional, tales como Silvia Urbina, Rosa Navarrete y Ana María Miranda, por mencionar algunos. Entre las producciones discográficas más importantes del conjunto se encuentran las siguientes: Como es duro este tiempo vamos a vivirlo con ganas (Sello Alerce, 1986), Chilenías de cielo y tierra (FONDART, 1997) y Canciones con memoria (Producción Independiente, 2000).

El presente fonograma, denominado Canto de mi tierra, del año 2005, es una especie de muestra y síntesis de lo que ha sido la trayectoria musical de Aranto bajo la mano de su director y principal compositor, Fernando Carrasco, con canciones y temas instrumentales.

Encontramos en el primer surco una composición instrumental de Carrasco titulada Cuecazul (2001). En ella se aprecia la fuerza y el colorido instrumental a través de distintas cuerdas pulsadas, de la guitarra, tiple, mandolina, charango, guitarrón y bajos, además de la percusión, con una reminiscencia importante, confirmada por el mismo autor, al tema Caicaivilú de Víctor Jara, con quien trabajó Carrasco, en su momento, con el grupo Huamari. La segunda canción, Canto de mi tierra (2004), le proporciona el nombre al disco. Es una tonada muy sencilla, que habla de los recuerdos y sentimientos de amor hacia la tierra, haciendo una analogía con la mujer amada. Aunque participan varios instrumentos y voces, éstos acompañan al canto de manera muy tenue y delicada, sin romper ni interferir la inspiración y sentimiento del cantor. Parral 1904, es una emotiva composición de Leonardo Rojas que data de 1977, dedicada al poeta chileno y Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda. En ella, se alternan la voz del autor con la de Carrasco, acompañados de melancólicas guitarras y acordeón, con la inclusión de zampoña, bajo y percusión de manera muy atinada.

Una interesante creación de Fernando Carrasco es Sol Misterioso (1988). Introduce musicalmente y de manera muy particular un estilo que se acerca al "canto a lo divino" utilizado por los cantores populares, especialmente por el color y ritmo del guitarrón chileno. Recurre en general a armonías tonales y modales, fusionadas con distintos colores de instrumentos tan disímiles como el tiple, acordeón, mandolina, cuatro y bajo eléctrico.

Con un breve texto del poeta chileno y Premio Nacional de Literatura Raúl Zurita, Fernando Carrasco nos entrega Queridos poderosos, queridos humildes (2003), con acompañamiento de una guitarra, que consciente o inconscientemente rememora a "Por qué los pobres no tienen" de Violeta Parra (en versión de Quilapayún). Esta creación logra plasmar de gran manera la relación música y texto, quedando de manifiesto el gusto del compositor por los versos de su amigo poeta.

Salmo Responsorial corresponde a una de las partes del oratorio La cena prodigiosa del Padre Hurtado, compuesta el año 2001 con música de Carrasco, sobre textos del poeta chileno Fidel Sepúlveda. El canto es estilo responsorial, es decir, alternan la voz solista con la exclamación repitente del coro. Además del grupo Aranto, participan un coro mixto y un quinteto de cuerdas. La obra completa, que incluye también actores, cantantes solistas y payadores, fue estrenada el año 2006.

En el surco 7 aparece la canción Vienes de siempre (1976), la que de acuerdo a su propio autor, Fernando Carrasco, es su primera composición, que originalmente correspondió a una canción que formaba parte de una obra de teatro llamada Rancagua 1814, del dramaturgo nacional Fernando Cuadra. Con un texto diferente, el compositor expresa íntimas emociones, en una tonada sencilla que finaliza melancólicamente con el canto del violoncello y bajo fretless.

Apay (2004) es otra creación instrumental de Carrasco. En ella se entrelazan diferentes colores de cuerdas, tales como la guitarra traspuesta (afinación no convencional), bajo fretless y el charango, unidos a la zampoña y al lichiguayo, para crear una atmósfera cercana a lo indígena, con el trompe, distintas percusiones y voces masculinas con murmullos y conversaciones, que se aproximan a lo ritual y ancestral.

El compositor Leonardo Rojas presenta Supo dar, con arreglo musical de Fernando Carrasco y cantada a dúo por ambos. Con ritmo de rin, esta obra originalmente fue creada por encargo de la folclorista Catalina Rojas para un fonograma de homenaje a Fray Andresito, personaje religioso español que vivió en Chile durante el siglo XIX.

Los versos de las siguientes dos canciones, que corresponden al período de apogeo del conjunto Cruz del Sur, fueron tomados del Libro de los oficios, del poeta chileno Efraín Barquero. Corresponden a los poemas El Zapatero y Canción para una lavandera y la música fue compuesta en 1979 por Fernando Carrasco. La primera pieza con ritmo de tonada cadenciosa e íntima, y la segunda, desarrollada con incisiva fluidez, relatan los emotivos momentos y la cruda realidad, de la vida cotidiana de estos típicos y humildes personajes y sus oficios.

Efecto II es otra parte del oratorio La cena prodigiosa del Padre Hurtado, mencionada anteriormente. Está muy bien lograda, con hermosas voces femeninas solistas y coro. La música y texto fluyen y se comunican con emotiva naturalidad, produciendo gran sobrecogimiento en el oyente. Le sigue una pieza sin texto de Fernando Carrasco llamada Girasol, extraída de su obra En lo humano lo divino, que es parte de la Misa de Chilenía de 1997. La música fue originalmente utilizada dentro de la parte de las "ofrendas" en dicha obra. Está arreglada de manera muy interesante en esta versión del año 2004, en una precisa combinación de lo tradicional con lo moderno del lenguaje sonoro. Utiliza originales recursos melódicos y timbrísticos, en los que se destacan los diáfanos instrumentos y las voces de Aranto.

Leonardo Rojas entrega otra composición llamada simplemente Tonada (1981), la que corresponde a su período de exilio en España. Con un sentimiento de desgarrado amor a la "tierra, madre o país", como dice su texto, se afiatan muy bien en ella la voz de su autor con la de Carrasco, en un sólido arreglo de este último para dos guitarras y bajuela.

En una versión actual, se pueden escuchar los versos del Soneto XXIX de Pablo Neruda, musicalizados por Fernando Carrasco en 1980. Con voz hablada y cantada, la música transita por distintos ritmos, compases y agógicas, en que se fusionan estilos que van, desde lo que parece un estilo tradicional de tonada a otro más moderno. Se escucha por momentos un ritmo de trote en un lenguaje contemporáneo, que casi se acerca a la música pop, en un logrado afán de seguir la trayectoria del texto.

Los torrentes hablan de sí mismos (2003) es otra canción de Carrasco sobre un poema de Raúl Zurita, con profundas palabras sobre el amor y la fuerza espiritual que provocan los ríos de Chile. La canción está escrita sólo para guitarra y voz. Se inicia con una pequeña recitación, más bien íntima y evocativa, que da pie a una estructura bipartita de mucha fuerza y convicción, en un claro y decidido acompañamiento de tonada de guitarra traspuesta.

La última canción de este fonograma es Para que vuelvan (1982), en la que la música y poesía de Leonardo Rojas crecen gradualmente en intensidad en la expresión de emotivos sentimientos que produce el vivir fuera de la patria, en el exilio.

A modo de síntesis, lo más importante y destacado en este disco es la musicalización de poesía chilena, de Raúl Zurita, Fidel Sepúlveda, Efraín Barquero y Pablo Neruda. Aparte de las cuatro composiciones de Leonardo Rojas, el eje central de este fonograma es la música de Fernando Carrasco. Se rescatan y recrean composiciones suyas perdidas en el tiempo, muchas de ellas no grabadas anteriormente, así como obras que pertenecen a distintas etapas de su repertorio de música popular de raíz folclórica, desde sus inicios en la década del '70, hasta sus creaciones más recientes de inicios de este milenio. Es un disco muy bien ejecutado instrumental y vocalmente y grabado con excelencia, en el que se funden el canto de la poesía nacional con colores instrumentales de distintas latitudes y zonas geográficas dentro de una sonoridad acorde a estos tiempos, muy enraizada musicalmente con nuestra tierra y siempre al servicio de la tradición popular chilena.

Claudio Acevedo Elgueta
Facultad de Artes
Universidad de Chile, Chile

Claudioacevedo2003@yahoo.es
 

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