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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.61 no.208 Santiago Dec. 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902007000200018 

 

Revista Musical Chilena, Año LXI, Julio-Diciembre, 2007, N° 208, pp. 110

IN MEMORIAM

Carlos Riesco Grez (1925-2007)

Carlos Riesco perteneció a la generación de compositores chilenos del primer cuarto del siglo XX. Desde su infancia sintió una atracción inexplicable hacia la música. Precisamente fue en ese período de su vida, cuando tenía 8 o 9 años de edad, que sufrió una penosa, triste y larga enfermedad que lo mantuvo postrado en cama un año y medio. En ese largo tiempo sin más que hacer que leer y estudiar, su única distracción era tocar y oír un pequeño instrumento musical. ¡Cómo aguardaba su bien merecido "recreo musical"! El universo sonoro que ayudaba a generar, hacía desaparecer sus malestares y su soledad. Fue en ese "instante fecundo", como dijo la gran Violeta, donde decidió ser compositor. Estuvo más de un año prácticamente inmóvil y no cabe duda alguna que la música fue el mejor remedio que pudo tener. Gracias a ella nuestro país pudo contar con un compositor sobresaliente, que llegó a obtener merecidamente el Premio Nacional en Artes Musicales del año 2000.

Es verdad que la música nos regala y nos obliga a tener una disciplina estricta y dedicación exclusiva, pero también es cierto que en el caso del maestro Riesco eso era parte de sí mismo. Disciplinado, estudioso, cómo no evocar sus comentarios de su estudio de griego clásico o su conocimiento de las nuevas tecnologías. Matizaba su rigurosidad con humor fino, casi inglés, y no tenía ni temor ni vergüenza en reírse de sus chascarros hasta el final de su tiempo. En la última entrevista que concedió para el programa de televisión "Pentagrama Musical de Chile" relató lo siguiente: "Una de mis primeras obras para piano solo que compuse fueron las Semblanzas chilenas (1. Zamacueca, 2. Tonada, 3. Resbalosa, de 1945) que las dediqué a mi maestro Pedro Humberto Allende. Me solicitó que las tocara, cosa que hice con gran alegría. Allende guardó silencio. Una vez que finalicé, en un tono perentorio me dijo: tóquela de nuevo, orden que obedecí de inmediato y con gran emoción. Terminé de interpretarla y Allende, con cara seria, me señaló: Riesco ¡son muy feas!". Cada vez que contaba esta anécdota lloraba de risa y agregaba: "por supuesto que luego de aquello lo primero que hice fue borrar la dedicatoria".

Su sencillez, humildad y su profundo amor por la naturaleza lo hizo merecedor de un regalo que anheló privadamente por más de 50 años: tener la oportunidad de conocer la Antártida. Su sueño fue cumplido cuando tenía cerca de ochenta años de edad y es muy difícil relatar la emoción que sentía cuando narraba con lujo de detalles la experiencia vivida en el continente helado, pues todo lo que contaba formaba parte de su Sinfonía Antartica. Desafortunadamente para nosotros su Sinfonía sólo quedó en su mente.

Carlos Riesco estudió con Pedro Humberto Allende y posteriormente con Oliver Messiaen, Aaron Copland, Nadia Boulanger y Ernesto Hallfter, entre otros. Paralelamente, demostró su vocación de servicio público realizando labores culturales en Europa y en nuestro país. Fue director del Instituto de Extensión Musical de la Universidad de Chile y posteriormente fue designado miembro de número de la Academia Chilena de Bellas Artes en 1975. Se desempeñó allí como Secretario y Presidente por casi 32 años. Obsequió al país numerosos proyectos, entre ellos el equipamiento del Archivo Sonoro de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile y, los más recientes fueron los proyectos discográficos Bicentenario de la Música Docta Chilena y Colección Histórica de Música de Concierto Chilena.

El maestro Riesco nos ha dejado físicamente, pero en espíritu seguirá siendo el Presidente de la Academia Chilena de Bellas Artes del Instituto de Chile; seguirá acompañándonos a través de su música. Ciertamente su Sinfonía Antartica ya ha pasado a formar parte del universo.

Santiago Vera Rivera
Academia Chilena de Bellas Artes, Chile
sverarivera@gmail.com

 

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