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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.63 n.211 Santiago jun. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902009000100005 

Revista Musical Chilena, Año LXIII, Enero-Junio, 2009, N° 211, pp. 29-35

EDITORIAL

 

Opiniones sobre Miguel Letelier Valdés


 

La Revista Musical Chilena ha recogido opiniones de una serie de personalidades de la cultura, especialmente de la música, a propósito del Premio Nacional de Arte, mención Música 2008, recibido por el compositor y académico de la Universidad de Chile y de la Academia Chilena de Bellas Artes del Instituto de Chile, profesor Miguel Letelier Valdés. A continuación se transcriben algunas de ellas: Carlos Aldunate del Solar, director del Museo Chileno de Arte Precolombino y presidente de la Corporación del Patrimonio Cultural, expresó:

"Conozco y admiro la destacada trayectoria de Miguel Letelier quien, tras una seria y rigurosa preparación y estudio en ámbitos nacionales e internacionales, ha destacado en la composición musical y en la docencia de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile por más de 30 años. Destaco en el profesor Letelier especialmente el haber 'resucitado' al órgano en Chile, instrumento musical que permaneció dormido casi en estado terminal por décadas en nuestro país. El premiado ha investigado este instrumento, ha aprovechado sus extraordinarias posibilidades musicales en la composición de significativas obras y es un eximio intérprete de este instrumento. Por otra parte, la labor efectuada por Letelier en cuanto a la valorización, restauración y puesta en valor de antiguos órganos en Chile es por sí sola meritoria de un premio especial".

Elisa Alsina, pianista y profesora titular de piano de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, manifestó:

"Deseo expresar que la trayectoria de Miguel Letelier como académico, compositor e intérprete le hacen merecedor del Premio Nacional de Música 2008, distinguiéndose así, entre otras cosas, por su dilatada y exitosa trayectoria profesional y académica en las cátedras de órgano y composición en el Departamento de Música de la Facultad de Artes; por su excelente desempeño en la carrera docente, contribuyendo a través de su trayectoria como profesor de la Facultad en la formación y preparación de alumnos, quienes con su apoyo y colaboración profesional han logrado realizar una destacada carrera, tanto en el plano nacional como internacional; por su vasta experiencia, profundos conocimientos, cultura y criterio musical, habiendo sido invitado en numerosas oportunidades a integrarse como jurado y maestro en clases magistrales, en eventos musicales y culturales de carácter nacional e internacional, y por su condición de compositor y organista, destacándose por ser un músico dotado de una amplia, dilatada y variada cultura musical y una atrayente personalidad creativa, especialmente en el ámbito de la composición musical".

Gustavo Becerra-Schmidt, compositor, profesor emérito de la Universidad de Chile, Miembro de Número de la Academia Chilena de Bellas Artes del Instituto de Chile, Premio Nacional de Arte, mención Música 1972, radicado en Alemania, escribió:

"(...suena el río...).

Me he enterado tarde del excelente desarrollo de la personalidad de Miguel Letelier Valdés, que conociera cuando niño en "Aculeu" y que entrara brevemente, en su adolescencia, en contacto con mi actividad docente. Nuestro artista pertenece a una generación pionera de la música chilena, tanto en su aspecto instrumental como en su aspecto creativo. Roberto Falabella, Carlos Botto, Cirilo Vila, Luis Merino, Enrique Rivera, Sergio Ortega, Fernando García, Luis Advis, Hernán Ramírez y Gabriel Brncic integran, entre otros, este selecto grupo. Todos ellos han escrito obras muy interesantes y meritorias, de un reconocimiento especial, tanto por parte de nuestro público como de los críticos, de sus colegas y profesores y, finalmente, de las autoridades de nuestro mundo musical. Algunos de ellos han sido fieles a sus actividades creadoras y otros, desgraciadamente, han abandonado este campo. De entre ellos debemos lamentar pérdidas definitivas como las de Roberto Falabella, Carlos Botto, Sergio Ortega y Luis Advis. Lo más importante es que Miguel Letelier y el grupo mencionado han impulsado, en forma decisiva, la creciente profesionalización de la creación musical en la vida de conciertos y como componente de actividades tales como el teatro, el cine, la televisión y los templos religiosos. Letelier se destaca por su responsabilidad social, que lo ha acompañado en toda su trayectoria profesional. De entre los creadores de esa generación sobresalen algunos por su trabajo siempre apoyado en una reflexión musicológica, pero, de entre ellos, hay un grupo mucho más pequeño formado por aquellos que son además destacados instrumentistas. Mencionaremos a modo de ejemplo sólo a tres, Alfonso Montecino, Cirilo Vila y Miguel Letelier. Este último, es acreedor de un reconocimiento por sus esfuerzos y logros en la restauración de órganos todavía recuperables de algunas iglesias chilenas. Estos instrumentos son la base de una riquísima tradición que es imprescindible recuperar y desarrollar. Vivo en un país donde la mayor parte de los templos se usan como salas multifuncionales, no sólo para la música religiosa, y deseo que la labor de Miguel Letelier avance por el camino que lleva a dar vida a esos espacios, los que en muchos sentidos están descuidados y musicalmente reducidos a un mínimo culpable.

Miguel Letelier actúa y se desarrolla en un mundo que experimenta un poderoso proceso de integración. Dentro de éste la cultura, y especialmente la música, acrisolan importantes elementos de una humanidad futura. Así se entiende en Letelier el natural y orgánico contacto con el jazz, con distintas formas de la música popular y folclórica y, como es natural, un profundo lazo que lo une a las tradiciones chilenas de una música sin límites de tiempo o estilo. Como la mayor parte de los integrantes de su generación, Miguel Letelier es inseparable de su pensamiento musicológico, según se puede leer en su discurso de incorporación a la Academia Chilena de Bellas Artes del Instituto de Chile. Lo que expresa sobre la música docta es una muestra de lo que va siendo una musicología sin fronteras. Surge con fuerza la interrogante de cuál sería su evaluación del proceso de cambio del uso de elementos 'tonales', por ejemplo, en el jazz, con sus avances hacia una 'atonalidad' (Bebop) y a su siempre presente forma especial de una especie de polimodalidad. Es obvio que su pensamiento musicológico puede enriquecer la discusión sobre contenidos y formas de nuestra música popular y folclórica y de la historia de su uso en la música religiosa.

Finalmente, Miguel Letelier Valdés crece en una familia en la que se cantaba en casa. Motetes, madrigales y canciones de diversos estilos y épocas resonaban en sus espacios. Esta tradición cultural, lamentablemente en vías de desaparición, fue el instrumento de su primera obra, surgida en plena niñez, un coral a cuatro voces. Lo excepcional de este hecho es que no todas de entre las pocas familias que practican esta tradición llevan a sus miembros a desarrollar una actividad creativa. Recordemos en Chile a la familia Huerta (emigrados de España) y Colli-Hurtado (de Argentina y Chile). Fecundo camino ha recorrido desde entonces. En éste ha recibido el reconocimiento por sus trabajos. En la cumbre de estos reconocimientos, el Premio Nacional de Arte, mención Música. ¡Enhorabuena!"

La musicóloga Raquel Bustos Valderrama ha dicho sobre el más reciente galardonado con el Premio Nacional de Arte, mención Música, lo siguiente:

"Desde 1940 en adelante el desarrollo integral de la música en nuestro país tuvo una época de real trascendencia en el ámbito nacional e internacional. Bajo diversas denominaciones, la actual Facultad de Artes de la Universidad de Chile reunió en sus aulas y salas de concierto un excelente grupo de los más connotados maestros y artistas nacionales y extranjeros que formaron una generación de compositores y especialistas notables en todas las disciplinas musicales.

Miguel Letelier Valdés perteneció a la generación privilegiada de alumnos de estos maestros, puesto que pudo seguir su camino en el exterior, con una sólida base que destacó a los chilenos en todos los países donde postularon para continuar su perfeccionamiento.

Desde mi perspectiva de musicóloga, estimo como muy significativas las siguientes realizaciones de Miguel Letelier: el compositor, que dejó una huella no sólo en el Instituto Torcuato Di Tella, de Buenos Aires, sino que también en el exigente Conservatorio de París y en el de Hamburgo; el organista, que asimiló las enseñanzas de sus maestros, Perceval y Zeoli, que lo formaron no sólo como un intérprete de excelencia, sino que le inculcaron el respeto por un instrumento -prácticamente olvidado- que yace mudo en tantos lugares de nuestro país, pese a los numerosos proyectos presentados por Letelier para su restauración; el docente, que ha formado de manera continua y sin pausa en la Facultad de Artes varias generaciones de compositores que han tenido exitosas trayectorias personales.

Mi sabio maestro, Gustavo Becerra, que también lo fuera de Letelier, decía que lo fácil para un músico era irse, salir a buscar nuevos rumbos y, estando abierta la alternativa del no retorno, lo desafiante era volver y quedarse en la Patria.

El actuar profesional de Miguel Letelier y las obras de su catálogo trasuntan el apego a sus ancestros, el respeto por los representantes de los diversos estratos de la cultura nacional, su abierta colaboración con otras expresiones artísticas del país y, por último, un trabajo de creación musical al servicio de los intérpretes chilenos, jóvenes o consagrados".

Por su parte, David del Pino Klinge, director artístico de la Orquesta Nacional de Georgia y docente de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, ha declarado:

"Es un placer expresar mi satisfacción por el galardón conferido al profesor Miguel Letelier.

Prolífero creador de partituras sinfónicas y de cámara en diversos estilos, maestro comprometido con la formación de la nueva generación de compositores y especialistas en la ejecución de órganos de iglesia, Miguel Letelier resume en su persona tradición y modernidad, creación y pedagogía.

Si a lo anterior añadimos la maestría con que ha desarrollado otras áreas profesionales, estamos sin lugar a dudas frente a un digno, talentoso y multifacético músico".

El compositor argentino Gerardo Gandini, Premio Iberoamericano de la Música Tomás Luis de Victoria 2008, afirmó:

"Conozco a Miguel Letelier desde los legendarios años 60, cuando con una beca llegó a Buenos Aires para estudiar en el Instituto Di Tella, donde yo trabajaba como ayudante de Alberto Ginastera y daba las clases de análisis musical.

Tengo un gran aprecio por él, así como lo tuve para don Alfonso, su padre, y su hermana Carmen Luisa, gran cantante, que ha interpretado varias obras mías en Chile. Desde entonces nos hemos encontrado algunas veces en Santiago y siempre aprecié su musicalidad y su talento.

Me parece que el reconocimiento que se le ha dado al otorgarle el Premio Nacional de Arte, mención Música es muy merecido por sus cualidades y larga trayectoria".

El Dr. Luis Merino, Académico de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile y de la Academia Chilena de Bellas Artes del Instituto de Chile, opinó:

"El señor Letelier proviene de una familia de legendaria importancia en la vida musical chilena. Su padre, el recordado compositor don Alfonso Letelier Liona, Premio Nacional de Arte, mención Música, su madre, Margarita Valdés Subercaseaux, y su hermana, doña Carmen Luisa Letelier Valdés, han contribuido de manera señera tanto a la creación como a la interpretación musical en Chile. De ahí que el señor Letelier Valdés tuviera desde sus más tiernos años una preparación completa y refinada, tanto en la interpretación como en la composición musical en un entorno familiar que marcó toda una era en la historia de la música chilena.

Sus estudios como creador los realizó en Chile con destacados maestros de la talla de Gustavo Becerra-Schmidt, Premio Nacional de Arte, mención Música, continuándolos en Buenos Aires en el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales, dirigido entonces por el gran compositor y maestro argentino Alberto Ginastera. En este Centro pudo interactuar con las más destacadas figuras de la vanguardia musical de los 60, lo que junto con sus estudios en París con figuras de la relevancia de Olivier Messiaen y Max Deutsch, y en Alemania con el profesor H. de la Motte, le permitieron alcanzar un dominio consumado del oficio creativo que le ha servido de base para la realización de una importante obra musical, tanto en lo que concierne a la música de cámara como a la música sinfónica. Su obra ha sido presentada tanto en Chile como en América Latina, Estados Unidos y Europa con un gran éxito de público y de crítica, que avala su exquisita sensibilidad de músico, contando con la ejecución de importantes intérpretes y con la publicación de relevantes editoriales. Desde el año 1980, Miguel Letelier ha enseñado la composición en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, a figuras que después se han destacado en la escena de la creación nacional.

Además de la creación musical, el señor Letelier Valdés es un importante cultor del órgano, instrumento que ha sido denominado el "instrumento rey". Después de iniciar sus estudios en Chile con el gran maestro belga-argentino, prematuramente fallecido, Julio Perceval, se perfeccionó en Alemania con el profesor U. von Kameke. Aparte de una importante labor como solista tanto en Chile como en el extranjero, con el estreno en Chile de obras claves de la música de órgano contemporánea, y de un dedicado trabajo como maestro formador de numerosas generaciones de organistas en Chile, muchos de los cuales han alcanzado éxito en el extranjero, el señor Letelier Valdés, con una gran vocación de servicio público, ha luchado incansablemente por la restauración de estos instrumentos en Chile, de modo que no se pierda, por el descuido y la incuria, tan comunes en nuestro país, un legado cultural que forma parte de la memoria de nuestra patria.

Además de la música, el señor Letelier Valdés ha manifestado una permanente preocupación por el drama ecológico de Chile y del mundo en general. Como un activo defensor de los sistemas naturales, ha sido parte del directorio del Comité de Defensa de la Flora y Fauna por muchos años. Sobre el particular son múltiples sus actividades, como escritor de artículos en diferentes revistas y periódicos, tanto en Chile como en el extranjero. Ha sido merecedor de una medalla de oro y diploma de honor concedido por la Dirección Meteorológica de Chile, por sus servicios prestados por más de 20 años a esa institución. Esta actividad se sustenta en largos años de estudio sistemático dedicados a la botánica, geología, ecología, meteorología e ingeniería forestal".

Juan Orrego-Salas, compositor, profesor emérito de la Universidad de Indiana (Bloomington), Premio Nacional de Arte, mención Música 1990, entre otras muchas distinciones logradas, radicado en Estados Unidos, expuso lo siguiente:

"Conozco bien el progreso de Miguel Letelier Valdés como músico desde su más temprana edad, junto a su padre, Alfonso Letelier Liona (Premio Nacional 1968), y posteriormente las expresiones de reconocimiento a su obra de compositor y actuaciones como organista en Chile y el extranjero.

Me cupo personalmente escuchar de sus maestros Domingo Santa Cruz, del organistas belga Julio Perceval y de los compositores argentinos Alberto Ginasteray Gerardo Gandini, entre otros, entusiastas palabras de apreciación de su talento y acerca de su profundo deseo de formarse dentro de los cánones más estrictos de la creación musical y técnica organística.

Hoy, Miguel Letelier, poseedor de una extensa lista de obras de variados géneros de la música, con una reconocida carrera como organista y valiosa actividad docente como maestro de composición de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, representa para el país una realidad artística digna de ser reconocida dentro de la más elevada categoría.

Conozco algunas de sus obras que me parecen propias de un creador que en ningún momento pierde contacto con lo más profundo de sus convicciones artísticas, junto con ser un aporte indispensable a las ideas y estéticas de nuestro tiempo.

Termino por expresar que más de un par de alumnos de Miguel Letelier me han manifestado el reconocimiento entusiasta de su desempeño como maestro".

Francisco Rettig, director de la Orquesta Filarmónica de Santa Fe de Bogotá, ha sostenido:

"Durante mis años de trabajo en Chile tuve la ocasión de conocer al compositor Miguel Letelier como intérprete en las Pasiones de Bach, así como también su producción musical.

Lo dicho, así como la formación académica y la vasta trayectoria docente del Sr. Letelier, me hacen pensar en un músico altamente profesional que, desde sus diferentes facetas como compositor, intérprete y docente ha brindado durante toda su carrera grandes beneficios musicales y culturales al país".

El profesor Guillermo Scarabino, MA, Decano de la Facultad de Artes y Ciencias Sociales de la Universidad Católica Argentina, aseveró:

"Formado a la vera de distinguidos maestros en importantes centros educativos de diversos países, desde su juventud el Licenciado Miguel Letelier Valdés ha desarrollado una intensa actividad artística y profesional valorada internacionalmente. Su titularidad de cátedra en la Universidad de Chile, su calidad de Miembro de Número de la Academia Chilena de Bellas Artes del Instituto de Chile, su participación en el Directorio de la Asociación Nacional de Compositores, su intervención como Jurado del Premio Nacional de Arte, mención Música y del Fondo Nacional de las Artes (FONDART), constituye en su propio país un amplio reconocimiento a su trayectoria de compositor, intérprete y pedagogo".

La clarinetista Valene Georges, manager y fundadora del Ensemble Bartók Chile, escribió lo siguiente, con ocasión del galardón recibido por el compositor Miguel Letelier:

"Es bastante natural que don Miguel Letelier Valdés se haya convertido en uno de los músicos más importantes de Chile. No puede haber sido diferente, ya que proviene de una de las familias artísticas más distinguidas del país, los Letelier-Valdés. Miguel, junto con su padre, don Alfonso Letelier Liona, quien también fue recipiente del Premio Nacional de Música, su madre, la contralto, doña Margarita Valdés Subercaseaux, y su hermana, doña Carmen Luisa Letelier Valdés, conforman una verdadera dinastía musical chilena.

La música de Miguel Letelier es un espejo del delicado mundo interior del compositor, influenciado por las armonías visionarias de Scriabin, los juegos timbrísticos de Debussy y, a veces, la diabólica realidad distorsionada de los expresionistas. Letelier ha evitado el sendero de la uniformidad y de la "moda" composicional y ha forjado su propio camino. Este lenguaje musical original es el que utiliza en su trío para voz, clarinete y piano, "La Detresse" de Tres canciones (O- 25), con texto en francés de la Comtesse de Noailles, compuesto en 1985 para los miembros del Ensemble Bartók Chile.

El ambiente sonoro de esta obra es un fiel reflejo del estado de ánimo del creador al momento de componerla. Nunca se supo ningún detalle personal de su origen, pero la música de esta época del compositor revela un alma en estado de cambios y transformaciones violentos, reflejados en la iridiscencia de una música que es, a la vez, apasionada, pero atormentada; cristalina, pero turbia; extasiada, pero angustiada. Transporta tanto a los intérpretes como a los oyentes a un extraño mundo "entremedio", donde no hay nada real, sino añoranzas de un mundo soñado, mucho más tierno y sin asperezas.

El éxtasis que exuda esta extraordinaria obra nos lleva a niveles de una intensidad bordeando la locura, demostrando el genio del compositor al poder invocar semejante estado de ánimo a través de sus armonías angustiadas. La desesperación de un alma joven atormentada, la frustración teñida de una sensibilidad casi enfermiza, habitando regiones desconocidas, donde el espíritu oscila entre la luz y la oscuridad, junto a intensos arpegios y trinos, escalas pentatónicas y armonías densas, nos llevan a un mundo sonoro cada vez más distorsionado, hasta que, al fin, nos priva de la voluntad de resistir. Nos dejamos llevar y nos perdemos en regiones crepusculares, morbosas, impregnadas de la dulzura de la muerte.

Como intérprete, Letelier se destaca como gran solista en órgano. Su mentor argentino, Julio Perceval, le influyó a tal punto que ha hecho una cruzada personal para rescatar y restaurar los órganos más importantes de Chile.

Aparte de su obra original como compositor, se debe señalar su imprescindible contribución como autor de un importante artículo sobre la conocida cantautora chilena, Violeta Parra. Miguel Letelier no solamente la conocía bien, sino fue un amigo personal y su consejero musical. Como ella no sabía escribir música, Miguel le transcribió toda su obra. Su profundo conocimiento de esta idolatrada artista chilena se refleja en un extenso artículo que escribió sobre ella y sus creaciones musicales, que debiera figurar en todas las colecciones de estudios sobre Violeta Parra. Del ambiente musical chileno se puede decir que Miguel Letelier, junto con su padre Alfonso Letelier, fueron los únicos compositores del área de la música "docta" que siempre ayudaron, apreciaron y ampararon a esta mujer solitaria durante su corta y trágica vida. En el plano personal, Miguel Letelier es una persona extremadamente comprometida con el medio ambiente, y su bombardeo a los medios a través de cartas y artículos nos mantienen la conciencia siempre en alerta. Tal vez algún personero iluminado del gobierno chileno futuro lo nombre Ministro del Medio Ambiente. No sería tan desacertado.

Mientras tanto, nuestras sinceras felicitaciones por su merecido Premio Nacional de Arte, mención Música 2008".

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